Buenas a todo el mundo! Aquí está, ya llegó: ¡Capítulo nuevo! Perdonad por la espera. Como siempre, espero que os guste y muchas gracias por leer. ^^
Genkan: Zona de quitar se los zapatos de en las casas japonesas.
Desde aquella primera vez en las celdas subterráneas del Shinsengumi, quedó abierta la veda. Sádico y China comenzaron entonces un "algo", difícil de definir a ojos de un tercero. Y esto era porque, a simple vista, el comportamiento del uno con el otro no había variado en absoluto: Las mismas peleas, insultos, piques y destrucción que los habitantes de Kabuki-cho llevaban viendo desde hacía años. No obstante, ese "algo" estaba ahí ahora. Se olía, por así decirlo; se percibía en el aire cuando se tenían frente a frente. Las gentes de Edo comenzaron a cuchichear, a prestar más atención cuando se encontraban. Como si ambos fueran protagonistas de una telenovela de sobremesa, la gente se interesaba y quería saber.
"Nee, nee, ¿no les veis diferentes?"
"¡Sí, es cierto! Los vi el otro día, cerca de la plazoleta. Parecía que iban a discutir, pero se marcharon sin decir una palabra. ¡Se marcharon juntos, lo juro!"
"¡No puede ser! ¿Y a dónde irían?"
"¿Acaso no es obvio? ¡Una cita, tuvieron una cita!"
"¿Tú crees? No se comportan como novios..."
" ¡Estoy segura! Esos dos han tenido algo, lo veo en sus ojos! Quizá no han llegado a un acuerdo sobre ello, o les da vergüenza ir cogidos de la mano..."
"¡O tal vez quieren llevar su romance en secreto!"
- Sexo esporádico -respondió Okita en su habitual tono llano y tranquilo, con el chuubert sabor lima colgando de entre sus dientes.
- ¿NA- NANI? -Se le escapó el grito a un escandalizado Yamazaki, que se volvió hacia el Capitán. Estaban en un descanso del entrenamiento. - ¿¡Cómo puedes decir eso tan tranquilo!?
Sus otros compañeros estaban tan sorprendidos como él, pero no se atrevieron a demostrarlo tanto. Okita continuó sorbiendo durante un par de segundos, ignorándoles.
- Zaki, tú mismo has preguntado. -dijo por fin- No preguntes si no estás preparado para oír la respuesta.
- Pero...
- Entonces, Okita- san -se atrevió por fin uno de sus compañeros, curioso- La chica Yorozuya... ¿no es su novia? Sólo es... Bueno, ya sabe...
- ¡Oye! -se quejó Zaki.
- ¡Fiuu! -Silbó otro sonriente, estirándose y descansando las manos en la nuca- Pues menuda pieza ha conseguido, Capitán. Qué delicia debe ser. Ya me gustaría a mi...
El uniformado enmudeció mientras hablaba, amedrentado por la severa mirada que le dirigió su superior. Yamazaki le ignoró y preguntó:
- ¿Qué ha dicho Danna?
El joven castaño se relajó de nuevo, sonrió. Y Yamazaki sintió un escalofrío al verle.
- No estoy seguro. Pero creo que no le hace mucha gracia.
¡Pum! Deslizó la puerta de un golpe y entró decidido al genkan. Se quitó las botas con los pies, casi sin detenerse, y entró a la salita. No había nadie. Miró ora derecha ora izquierda, corrió hacia el armario y vio que estaba vacío. El desgreñado masculló, apretó los dientes. Se le encendió la bombilla y fue corriendo al baño, donde obtuvo el mismo resultado. Salía decepcionado de este cuando oyó unos pasos que subían las escaleras de la Yorozuya.
- ¡Estoy en casa!
La Yato cerró el paraguas y apoyó en la pared. Tras quitarse las botas entró al salón.
- Ohayo -saludó Gin-chan, tumbado en el sofá, vagueando, sin apartar la Shonen Jump de su cara.
Kagura no dijo nada. Echó un vistazo a la habitación.
- ¿Y Shimpachi?
- Habrá salido.
- So.
¡Pum! Kagura se tumbó en el otro sofá, boca arriba, metiéndose el dedo en la nariz.
- Ah, ah~, -cerró los ojos- tengo tanto sueño...
"¿Que tienes sueño? ¡Claro que tienes sueño, desgraciada!", pensó Gintoki, rabioso, ocultando su rostro en la revista. "Las niñas buenas duermen por las noches. ¿¡Qué has estado haciendo tú para no dormir, eh!?". El papel se arrugaba entre sus dedos, un poco más y rompería su pasatiempo favorito.
- ¿Hm? ¿Qué estás haciendo?
Gintoki dio un bote.
- ¡Nada! ¡Nada en absoluto! -La miró nervioso, riendo sin mucho entusiasmo. Ella frunció el ceño- Todo está bien, sí...
La pelirroja se incorporó, observándole sin entender demasiado. Por fin, bostezó. Se estiró.
Y fue por culpa de este movimiento, en el que alargó los brazos y se apartó un poco el pelo, que Gintoki lo vio.
- ¿Gin- chan? - Kagura hizo una mueca fea con la boca. Gintoki le seguía sonriendo, pero sus dientes sangraban mucho, de tan fuerte que los apretaba. La sangre caía en hilillos por sus labios. Era siniestro. - ¿Qué te ha dado?
- Na- da -masculló sin dejar de sonreír. Sus ojos tampoco parpadeaban. - N- No me pasa nada, Kag- Kagura-chan.
Ella resopló.
- Me voy a duchar.
- ¡ESO! -Gintoki se levantó de un salto, con evidente tono sarcástico- ¡ENCIMA DESNÚDATE!
El puñetazo de Kagura le hizo sangrar la boca mucho más que antes, hasta el punto en que casi le arranca la mandíbula de cuajo. Gintoki voló, chocó contra la puerta de su cuarto, que cedió, y se estrelló contra el suelo.
- ¿Se puede saber qué te ha dado, pervertido de mierda? -Le encaró pero Gintoki estaba demasiado grogui para contestar. Kagura, altiva, se dirigió al baño rápidamente. Sus finos cabellos anaranjados se movieron gracias a eso, apartándose, dejando a la vista una manchita pequeña y colorada en la base de su cuello.
Hundió los dientes con fuerza, la cual, siendo una Yato, era mucha.
Al instante sintió un tirón en el cabello, se dejó echar la cabeza hacia atrás y, si no hubiera dejado de morder, habría arrancado la carne con la misma facilidad que a una alita de pollo.
- ¡Ahg! ¿¡Qué te has creído, idiota!? - Ahora que había cogido distancia, podía ver al chico a los ojos. Brillaban con fuerza- ¡Una cosa es morder, otra morder con fuerza y otra arrancarme la yugular!
Kagura se limpió la comisura de la boca con el dorso de la mano, manchada de saliva y algo de sangre.
- Me dejaste marca, pervertido gilipollas.
- ¿Ja? ¿De qué estás hablando?
Ella se señaló la base del cuello, justo al lado de la clavícula. Okita siguió su mano con los ojos.
- ¿Estás bebida? No hay nada ahí.
Kagura frunció el ceño y se miró, como si fuera capaz de verse la piel desde ese ángulo. No pudo y bufó.
- Bueno, se habrá curado. Pero antes había una marca, la vi mientras me bañaba.
Okita la observó fijamente, escrutándola. Estaba desnudo de cintura para arriba y tenía el cabello despeinado. Se incorporó un poco sobre la cama.
- ¿Y?
- ¿Cómo que "y"? ¿¡Quién te ha dado permiso para dejarme marcas, pervertido!?
El castaño arqueó una ceja. Kagura vio en el brillo de sus ojos que se había cabreado.
- Ah, ¿que necesito permiso? ¿Yo? Esto es nuevo, China. La próxima vez te preguntaré antes de meterla.
Ella le dio un puñetazo en el muslo. Okita ni se inmutó.
- ¿Qué? -continuó- Tampoco vi que te quejaras cuando lo hice. ¿Es que te da vergüenza?
- ¿Vergüenza?- repitió ella, con una sonrisa ruda- En absoluto. Es sólo que no quiero que me relacionen contigo.
El joven frunció el ceño.
- Un poco tarde para eso. La gente sabe lo nuestro.
Ella hizo una mueca. Se puso el cabello por delante para disimular la desnudez de su pecho (demasiado tiempo expuesto) y se sentó sobre las piernas.
- ¿Qué es "lo nuestro"? ¿Qué somos, Sadist? Porque te advierto que yo no le pertenezco a nadie. -La mirada de ella refulgía.
- En eso te equivocas, mocosa -Okita enseñó los dientes, se aproximó a ella como un zorro a una gallina- Me perteneces desde el mismo momento en que pisaste esta tierra y hasta el final de tus días. Tenlo claro.
Ella relajó el rostro. Indiferente.
- Me parece que se te ha subido la sangre a la cabeza. Lo que no sé es a cual.
- A las dos -Acto seguido se echó hacia delante para buscar sus labios. Pero ella, dura como una piedra, giró la cabeza.
- Piensa lo que quieras, pero yo no te pertenezco. Ni a ti ni a nadie.
Okita gruñó para sus adentros. La miró a los ojos.
- ¿Te acostarías con otro?
Los trocitos de cielo de ella le devolvieron la mirada de soslayo.
- Si tengo ganas, - se encogió de hombros- no veo porqué no.
Esperó un arrebato. Espero que se él se le abalanzara encima, que la besara con fiereza y que la mordiera por todo el cuerpo. Se preparó para ello, tensó los músculos.
Pero no lo hizo. En vez de eso se levantó y empezó a vestirse.
- ¿Qué haces? - la sorpresa se reflejó en su voz.
- Tengo bastantes cosas que hacer como para perder el tiempo aquí.
- ¿Me vas a dejar así? -La joven estaba boquiabierta.
- ¿Te sorprende que no te siga como un perrito faldero? -preguntó él mientras se abrochaba la camisa. Ni la miraba. Y no esperó respuesta, cogió la chaqueta. Se volvió a mirarla, con el desdén reinando en su cara- Toma la libertad que querías.
Y se fue. Salió de la caseta abandonada que utilizaban como nidito de amor (reformado) y dejó a Kagura medio desnuda, medio excitada, medio confundida, y en la cama.
Primero se indignó. ¡Vaya si se indignó! Echaba chispas y maldiciones, pisaba el suelo como un titan y estaba más irascible que un ogro con la regla. Después, en segundo lugar, se enfurruñó, justificándose a sí misma, criticándole y renegando de su sola existencia.
Pensó en desahogarse con Gin-chan, quien no perdería una oportunidad para meterse con él, pero en cuanto este escuchó que habían discutido y que Okita se había marchado de malas maneras, se emocionó, dijo que iba a celebrarlo, y no volvió hasta la mañana del día siguiente, todavía algo "animado" por el alcohol.
Esto, como era de esperar, no ayudó a que mejorara el humor de Kagura.
-Es decir -resumió Otae Shimura, sirviendo el té con unos modales dignos de una geisha- Que tu amiga discutió con su novio por q...
- ¡No es su novio! -interrumpió la Yato, perdiendo la compostura. La mujer sonrió con dulzura.
- Entonces tu amiga discutió con su... ¿amigo? -preguntó, Kagura negó con la cabeza- ¿Compañero? -tampoco le convencía- Ara, ¿qué será...? ¿Conocido?
Lo pensó durante un momento.
-Vale, sí.
- Vamos avanzando. -Sirvió té a la alienígena. El susurro del líquido cayendo fue el único sonido de la habitación durante un momento- Pero es un conocido con el que, según me has dicho antes, tiene mucha confianza en algunos casos, ¿cierto?
Kagura no estaba muy satisfecha con esa afirmación, pero terminó asintiendo.
- ¿Por qué discutieron?
- Él se puso posesivo.
Otae ladeó la cabeza, confundida.
- Umm... ¿podrías especificar más, Kagura-chan? ¿Qué pasó? -preguntó Otae mientras aproximaba a Kagura un bol con pastas. Ella cogió un par.
- Empezó -gruñó Kagura con la boca llena- a decir tonterías como que ella le pertenecía, y ella sólo pertenece a Kagura, quiero decir... A ella misma.
Otae depositó la palma de la mano en su mejilla.
- ¿En algún momento este chico ha coartado la libertad de tu amiga como para que ella tenga que estar a la defensiva?
- No, porque ella no se ha dejado. Pero si pudiera, estoy segura de que lo haría.
- Qué hombre más inadecuado, entonces -respondió cerrando los ojos. - ¿No sería mejor que tu amiga no se volviese a acercar a ese tipo?
Kagura calló.
- Bueno, -reculó- pero también es divertido. Discuten todo el tiempo, pero no es molesto en realidad.
- Me da la impresión de que es alguien insistente... -Comenzó Otae con voz suave, acariciando el vasito con la punta de los dedos- ¿No es entonces extraño que haya sido él quien se haya enfadado?
- Puede ser -concedió ella tras un momento de silencio.
- ¿Sabes por casualidad qué dijo el chico?
La pelirroja cogió un puñado más de pastas.
- Algo de que no quería ser un perrito faldero.
- Ara -Otae se cubrió la boca con la mano, sorprendida- ¿Por qué diría eso? ¿Se hartó, tal vez?
Kagura estuvo a punto de preguntar "¿de mí?" pero se mordió la lengua en el último instante. En vez de eso dijo:
- Como si supiera.
- Umm... -Otae parecía preocupada- Quizá deberías hablar con tu amiga, Kagura-chan. Creo que ese chico sólo quería un poco de interés por parte de ella, ¿no crees? A todos nos gusta -sonrió con dulzura- que nos presten atención, ¿verdad?
Kagura arrugó la nariz.
- ¿Y por qué tiene ella que prestarle atención? Ya es mayorcito.
- Bueno, -el tono de la mujer se volvió profesoral- Una relación, sea de amistad, amor, o... conocidos, requiere que ambos implicados pongan de su parte. Cuando es uno quien tiene que tirar del otro siempre, a la larga esa persona se desgasta, se harta. Y si persiste la relación se romperá. Kagura-chan, la reciprocidad es bonita. Sienta bien a la mente, aligera las cargas y une a las personas. Yo creo que tu amiga debería plantearse lo que supone tener una relación... de conocidos. ¿Entiendes?
La pelirroja se puso en pie.
- Pero, pero, ¡ella vale demasiado como para irse arrastrando!
- ¡ES CIERTO! -Saltó de pronto una voz nueva, al tiempo que la puerta del armario empotrado se deslizó, dejando visible a un gorila, encogido como buenamente podía en un sitio tan pequeño- ¡OTAE-SAN, SIEMPRE SOY YO QUIEN TIRA DE ESTA RE-
- ¿¡QUIÉN TE HA PEDIDO OPINIÓN!? -Otae le estampó el bol de las pastas en la cara, su rostro era como el de un diablo. El de Kondo, sin embargo, quedó plano como una hoja de papel. - ¿Ves, Kagura-chan?-se volvió hacia ella con la simpatía de un ángel- No todos los hombres son tan simples como este. Cuida bien de tu amiga, ¿ne?
Pasear es entretenido: Sentir el aire en la cara, el frescor de la sombra bajo la sombrilla, el calorcillo del asfalto en los zapatos... Kagura estaba más que acostumbrada a ello, le gustaba recorrerse Kabuki-cho de arriba a abajo, a veces a pie y otras montada sobre Sadaharu.
Pero aquel día, oh, aquel día estaba bastante harta de paseítos.
"¿Dónde diablos está?", pensó por trigésimo cuarta vez esa tarde. Miraba y miraba, recorría los mismos sitios donde había visto trillones de veces a alguno del Shinsengumi patrullando... Y no le encontró. Ni a él ni a ningún compañero uniformado. "¿Será su día libre?", se le pasó por la cabeza. Era realmente extraño no toparse con algún policía, aunque fuera vagueando en algún rincón.
Por eso...
Toc, toc. Esperó. Toc, toc. Llamó un poco más fuerte. Toc, toc. La madera comenzó a ceder bajo sus nudillos.
- ¡Ya va, ya va, por favor! - escuchó tras el portón. Un chasquido. Un arrastre. La puerta se abrió y Kagura se encontró de frente con Yamazaki, quien llevaba una mascarilla, un kimono holgado y tenía mal aspecto- ¿Are? ¿La chica Yorozuya? ¿Qué haces aquí?
Ella frunció el ceño.
- Oe, ¿por qué llevas esa mascarilla? -preguntó.
- Ah, ¿esto? -Se señaló la prenda- ¿No lo sabes? Es que hay un virus circulando por el cuartel, la mitad de la gente está en cama. Dicen que es muy contagioso, así que hemos aislado esto hasta nuevo aviso. -La miró de arriba a abajo, dudó- ¿Querías algo?
Kagura abrió la boca, mas tardó en saber qué decir. Su primer impulso fue decir "no realmente", pero se obligó a preguntar:
- ¿El Sadist está aquí?
Aunque la mascarilla ocultaba la mitad inferior de la cara de Yamazaki, la joven habría apostado su postre de un mes a que acababa de sonreír.
- Ah, eh... Sí, está aquí... ¿Quieres que le deje un recado?
Ella bufó. Si tenía que decirle algo, debía decírselo a la cara, ¿no? Apartó a Yamazaki de un empujón y entró al recinto.
- E-Ey, ¡espera! ¡espera! - el obseso del anpan la siguió- ¿Es que no me has oído? ¡Es contagioso! Hijikata-san dice que es una bacteria alienígena que inhaló la primera división durante una redada que... Pero, ¿¡me quieres escuchar!?
- Urusai, bastardo - gruñó ella caminando a paso rápido. Pocas veces había entrado en el cuartel del Shinsengumi, y se sentía bastante desubicada. No había ni un alma, y pese a que estaban bajo cielo el aire estaba cargado, sucio. Podía sentirlo. - ¿Te crees que me voy a infectar por una mierda como esa? Yo no soy tan débil como vosotros. Buscó con la mirada, sin detenerse- ¿Dónde está su habitación?
- ¡N-No creo que él esté en condiciones de recibir a nadie!
- ¡Cállate y dime que sitio es! -repuso ella- ¡No quiero ir abriendo puerta por puerta!
- ¡Pero...!
- Zaki. -escucharon frente a sí una voz que intentaba hacerse oír- Déjala en paz. ¿No sabías que los idiotas no pueden resfriarse?
Okita Sougo estaba apoyado en una pared, sonriendo de medio lado. Tenía la boca entreabierta, como si le costase respirar, y su frente brillaba de sudor. Cruzado de brazos, llevaba un kimono holgado con los mismos tonos sobrios que el de Yamazaki. Aunque su apariencia reflejaba una evidente debilidad, sus ojos mantenían un brillo afilado e inteligente.
- Déjala estar, Zaki. -repitió.
Yamazaki se quejó un poco más, sin embargo no tardó en percibir el aura de tensión de la joven Yato. Miraba fijamente al sádico.
- Etto... Bueno, intenta que Okita-san no se mueva mucho, ¿ne? Estaré cerca.
Kagura siguió al castaño hasta su habitación, justo al lado de donde le habían encontrado. Era un cuarto aburrido, de paredes despejadas, mobiliario simple, ordenado, limpio y con pocos detalles que reflejaran la personalidad de su propietario. Okita se sentó sobre el futón abierto y desecho que descansaba en el suelo. Estaba claro que había dormido allí hasta hacía poco. Kagura permaneció de pie.
- ¿Y bien? - esperó Okita cruzado de piernas.
Ella le miró.
- Deberías tumbarte, ¿no?
Okita rió entre dientes, cerrando los ojos.
- ¿Te ha dado el complejo de madre ahora?
Ella gruñó, se agachó y le cogió por los hombros. Él la apartó de un manotazo y le lanzó una mirada de advertencia. Kagura no abandonó, volvió a sujetarle y le obligó (sin demasiada fuerza, él tampoco opuso mucha resistencia) a acostarse. Permanecieron en silencio lo menos dos minutos, ignorándose como si el otro no estuviera ahí. Kagura aprovechó para cotillear la habitación con la mirada: Vio varios libros, instrumentos de limpieza para katanas y sábanas dobladas en montoncitos. Casi ni le oyó suspirar. Le miró, él la miraba también. No dijeron nada. Kagura estaba tensa.
Por fin, se levantó y salió de la habitación. Okita frunció el ceño, masculló algo entre dientes. Ya pensaba en levantarse y seguirla cuando la vio aparecer por la puerta con una escudilla llena de agua y un trapo en el brazo.
- ¿Quién te ha dicho que te puedes levantar, Sadist?
Se sentó a su lado, dejó las cosas en el suelo y volvió a empujarle para que se tumbara. Quizá con algo de rudeza.
- No me trates como a un enfermo.
Ella fingió un suspiro.
- ¿Qué le voy a hacer si eres tan débil como para enfermar?
Hundió el trapo en el agua, lo escurrió y se lo puso sobre la frente.
- Joder, qué frío.
Ella sonrió.
- Señal de que no estás tan malo como te crees.
- Yo no he dicho que esté malo.
- Ya, bueno.
Silencio.
Silencio.
"Vamos, -pensaba ella- ¡Levanta la vista y dilo, no puede ser más fácil!".
Como si se lo oliera, Okita fue el primero que entabló contacto visual. Firme, serio. Esperando sin decir nada. Sin meter prisa.
- Lo siento, ¿vale? -dijo ella.
- ¿El qué?
No trataba de picarla, quería oírlo. Ella apretó un poco la mandíbula.
- Siento haber sido tan borde. No pretendía tampoco que fueras mi perrito faldero ni nada por el estilo.
Él la escrutó.
- Pero dices que no me perteneces.
- Y no te pertenezco -afirmó tajante- Pero... Puedo tolerar lo que creo que esperas de mí -le miró severamente- Mientras no te pases, claro.
- ¿Y te acostarías con otro si tuvieras ganas?
La pelirroja titubeó, apartó la mirada.
- Como si fuera tan pervertida como tú.
- Claro que lo eres. No me alcanzas, -sonrió- pero tampoco te quedas corta. En fin, ¿lo harías?
- No.
- Vaya, vaya... -Okita suspiró, parecía cansado- Y por último: ¿Qué soy para ti?
Ah, la pregunta del millón. Kagura no hizo ningún gesto, ninguna mueca. No quería que el sádico se percatara de su nerviosismo, de la lucha entre su orgullo, su cabeza y... Otras cosas que no terminaba de definir. "Maldita sea, ¡es el Sadist de quien estamos hablando!", exclamaba para sus adentros una y otra y otra vez. El joven no interrumpió su lucha mental.
- Se podría decir... Que somos novios.
- ¿Por lo tanto soy...? -comenzó él.
Ella chasqueó la lengua.
- Mi novio.
- Perfecto. Ahora, para dejarlo claro... - Carraspeó- Has venido hasta aquí para disculparte, arriesgándote a una enfermedad, me has cuidado como una enfermera novata y has dejado a un lado tu orgullo tan grande como tu estupidez, ¿ correcto?
Ella cerró los ojos, cediendo a regañadientes.
- Correcto. ¿A dónde quieres ir a parar?
- ¿Y por qué lo has hecho? -preguntó sin darla pausa.
Hizo una mueca con los labios, molesta.
- Porque me importas. -Su tono era más cortante que dulce teniendo en cuenta que era una confesión- ¿Te vale ya, o seguimos el interrogatorio?
- Así está bien -dijo. De pronto, se incorporó a la velocidad del rayo y la asió del cuello del vestido, acercando tanto su rostro al suyo que sentía el calor de su respiración. Sus ojos brillaban de un rojo intenso-Sólo quería comprobar cuán bajo has caído por mi.
- ¡Q-Qué...!
Interrumpió su pregunta un beso apasionado, furioso, tan rudo que la tiró al suelo, Okita se acomodó sobre ella, tocándola, explorándola y bebiendo de ella. Al final, Kagura le hizo retroceder con su fuerza.
- ¿DE QUÉ DIABLOS VAS?
La sonrisa de Okita, amplia de dientes, se oscureció. Dos orbes rojos la miraban como dos estrellas escarlatas.
- Are, China, ¿pensabas que me había enfadado contigo? Eres demasiado inocente para no ser virgen. -Chasqueó la lengua tres veces- Me menosprecias.
- ¡S-Serás...! ¡Encima que vengo hasta aquí...!
Él acarició sus labios con el pulgar, suavemente.
- Precisamente, China. Has venido, has cedido y te has arrastrado. Has aprendido bien. - Ella le insultó. Él se rió. Aproximó sus labios a los de la joven- De veras te lo digo: Muchas gracias.
El sádico recibió un puñetazo en la tripa que le dejó sin aire, mas aguantó el beso y respiró desde la boca de la chica. Todavía le dolía el golpe cuando Kagura empezó a corresponder. Se sumergieron en el futón con su frenesí habitual, esa furia que tanto les gustaba.
- Tú encárgate - susurró- de no cambiar nunca.
C'est fini! Espero que os haya gustado. ¡Muchas gracias por leer! Como siempre, no os olvidéis de comentar, por fi, me da muchas ganas de escribir -^^- Cualquier indicación o consejo será bienvenido también. :D Ah, os recuerdo esto, IMPORTANTE: Las imágenes OkiKagu me inspiran mucho. Así pues, había pensado en que me pasarais imágenes OkiKagu que os gusten y yo haré Oneshot con ellos ^^ Para a quien le interesa la idea, que me pase el enlace de la foto (y si tiene alguna petición conectada con ella, también) por MD o por mi Tumblr (URL en mi perfil). Sólo dos avisos: No escribo sexo ni universos alternativos (excepto el escolar). Y no sé si mostraré las imágenes cuando suba el oneshot, pero si alguien así lo quiere, entonces que en el pedido me adjunte la fuente, y así la cito. Al fin y al cabo, el que lo dibujó también tiene su mérito. ^u^ Cualquier dudilla, podéis preguntarme por MD. ¡Gracias a todos!
