Brindemos por un presente eterno
El mes de octubre en el Colegio Hogwarts se caracteriza por la apertura de los numerosos clubes de actividades; el Quidditch, desde que se puede recordar ha sido el más popular, al fin y al cabo sus miembros suelen ser los más populares y el triunfo de la Copa otorga gran cantidad de puntos a la Casa ganadora; pero además de volar sobre escobas, el resto de alumnos invierten su tiempo libre en otro tipo de grupos en los que es igual de fácil divertirse (o casi). Peter cabecea delante del tablón de anuncios que hay en la pared de entrada al Gran Comedor; después de su fracaso en las pruebas para entrar en el equipo de Quidditch de Gryffindor no le queda más remedio que buscar otra cosa a la que dedicar su tiempo cuando sus dos amigos sobrevuelan el campo en el exterior o cuando Remus se exprime el cerebro entre libros en su querida Biblioteca.
La verdad es, que una vez que descartas el Quidditch, el resto de actividades resultan un poco o más bien un mucho menos atractivas; pero aún así, Peter pasa el dedo regordete por todos los títulos en letra cursiva y se pasa la lengua por los labios, humedeciéndolos y siendo consciente de que dependiendo de su decisión será "ese tipo que es del Club tal" o "ese pringado que es del Club cual"; y Peter no tiene ningunas ganas de parecer un pringado. Las opciones le parecen reducidas: no sabe jugar al ajedrez mágico, o al menos es demasiado malo como para apuntarse y ganar. El tablero de James parece odiarle por alguna razón y las piezas nunca obedecen sus órdenes, probablemente porque no son acertadas. En realidad no le gusta el ajedrez, le parece un juego para gente mayor. Gente aburrida. Y Peter no se considera ni mayor ni aburrido. Otra opción es ese Club de Arte del que ha oído hablar; es tentador, muy tentador, tal vez sería la opción perfecta si Peter fuera capaz de dibujar algo aparte de pequeños perritos deformes en las esquinas de sus pergaminos. Un poco más abajo hay varios nombres apuntados al Club de Pociones, ¿quién en su sano juicio querría seguir practicando cómo hacer pociones fuera del horario de clase? además sabe que será el hazmerreír de sus amigos si se apunta, al menos por parte de James y Sirius. Le llama la atención un pequeño grupo de alumnos que parecen reunirse dos veces por semana para estudiar aspectos muggles, pero claro, el padre de Peter ya es muggle y desde luego cree que no habrá nada en ese club que pueda sorprenderle lo más mínimo. Probablemente a James le gustaría, así dejaría de preguntarme cada tres segundos para qué sirve la "electrifidad" o la función de las casitas para pájaros. Después recuerda que él ya tiene el equipo de Quidditch y prefiere no contar nada; además sabe que probablemente James le diría algo como "Peter, ¿qué dices? Yo ya sé todo lo que tengo que saber sobre muggles. En realidad sé todo lo que se tiene que saber sobre absolutamente todo." y probablemente Sirius añadiría que él también y después Remus murmuraría que son unos descerebrados.
Tras más de diez minutos sin decidirse, y creyendo que es imposible encontrar algo adecuado para él, Peter se pone de puntillas para ver un anuncio escrito en letras doradas y marrones (alguien lo ha encantado para que parpadee como el neón). Suelta un pequeño grito de felicidad; es perfecto, es casi tan perfecto que parece que lleva su nombre escrito. Saca una pluma de su cartera, escribe con tanta prisa que la letra se desfigura un poco: Peter Pettigrew.
Sirius acaba sus deberes de Transformaciones no entiendo por qué tenemos que estudiar este tipo de milongas y bufa tantas veces que Remus levanta la cabeza de su lectura con impaciencia. Llevan un par de horas encerrados en el nuevo dormitorio; la cercanía de las camas les priva de todo tipo de intimidad, condición que no parece importarle a ninguno de ellos; pero cuando intentas concentrarte en aprenderte el siglo XIV de la historia de la magia y Sirius Black no deja de respirar tan fuerte como si le faltase el aire, ya no sabes si a Wendolin "la Rara" la quemaron en la hoguera 40 o 47 veces. Remus es consciente de que Sirius lleva un rato frustrado y atascado en su redacción, pero desde luego él no va a ayudarle, no al menos hasta que considere que ha pasado el tiempo suficiente como para que el joven Black lo haga por sí mismo. James está sentado a su lado, con las piernas cruzadas y le coge mechones de pelo rubio y los cambia de lugar; a Remus no le importa, le gusta la sensación de que le toquen el cabello y el cosquilleo leve que se extiende por todo su cuello y hace que se le erice la piel, y ya que el chico de gafas (por una vez en su vida) parece haber acabado la tarea, no va a ser él quien le diga que pare.
- Mira, Remus, tienes una cana. - James estira sin cuidado de una de las hebras de pelo blanco del niño.
- ¡Ay! ¡Pero no me estires!
- Es que solamente había visto canas en el pelo de las personas mayores… - susurra bajito - ¿No es malo que te salgan canas, no?
- No… - Remus se lleva la mano a la barbilla - Mi pelo es claro, las tengo desde que era pequeño, pero tampoco se ven demasiado, a no ser que estés como un mono rebuscando. Además si te salen canas no te quedas calvo.
- ¿En serio? Pues entonces seguro que cuando sea viejo tendré muchas canas y utilizaré un hechizo para teñirlas de negro y que así la gente piense que sigo siendo joven.
- Igual es sospechoso que tengas sesenta años y sigas teniendo el pelo tan negro como ahora - le avisa Remus -, piensa en lo que dirá Lily.
- A ella le gustará, Remus, quiero decir, estaremos los dos sentados en el sofá de casa, pero ella seguirá siendo tan pelirroja como ahora, y entonces vendréis vosotros a comer y ella nos preparará algo muy muy rico y yo te compraré chocolate. Después os presentaré a los niños y Sirius les dará miedo, pero tú no, tú Remus te llevarás bien con ellos. Tengo total seguridad de eso. Y te tocarán el pelo y te dirán que tienes muchas canas y yo les explicaré que si tienes muchas canas no te quedas calvo.
- Seguro que Lily preparará zumo de calabaza - sonríe Remus siguiendo el juego completamente infantil y soñador -. Y se enfadará porque Sirius pondrá los pies en la mesa. Y te echará la culpa a ti.
- Y en ese momento yo vomitaré sobre todos vosotros porque pensaba que estaba compartiendo habitación con dos tíos y no con dos niñas, ¿queréis unas muñecas para tomar el té y jugar a papás y mamás? - Sirius ladra con el pergamino en la mano completamente arrugado.
Los dos niños callan, Remus murmura algo como "qué insoportable que es cuando se pone así" y vuelven a su tarea, pero tampoco dura demasiado el silencio, porque Peter abre la puerta con un leve "perdonad" y pisa la cama de Sirius y la de James "te voy a arrancar las piernas, Pettigrew" y les mira emocionado.
- ¡Adivinad qué!
- ¿Qué? - Sirius responde con tal expresión de mal humor que Peter duda de si seguir hablando, pero al final se arma de valor y sonríe ampliamente.
- ¡Me he unido al Club de Gobstones!
- ¡Qué bien! - Remus asiente con la cabeza con lentitud y luego empuja levemente a James, que ha empezado a hacerle cosquillas en la nuca - Eso ocupará tu tiempo y es un juego muy interesante.
- ¿Interesante? Sí, interesante si tienes setenta años y no puedes mover ni los brazos.
- A mí me da asco eso de mancharme con el líquido ese… - James casi gime y finge una arcada.
- Pero… Pero hay jugadores profesionales de Gobstones, por ejemplo Roland Kegg sale en como de las ranas de chocolate y…
- Creo que lo tengo repetido trescientas veces aproximadamente. - gruñe Sirius; se pone en pie y camina hacia la puerta con pesadez y sin mediar palabra se marcha.
- James… - Remus le mira casi suplicando y el chico moreno suspira, asiente (no sin antes agacharse y rescatar la capa de debajo de la cama y deslizarla bajo el jersey) y sale corriendo tras su mejor amigo.
Lupin se vuelve hacia Peter, que desanimado se mira los pies y empieza a morderse el labio con preocupación.
- Peter, no te preocupes, Sirius está enfadado, lo del Club es genial y dime, ¿qué tipo de cosas haréis?
- ¿Sí? - Peter sonríe y se acerca un poco más a Remus, moviendo las manos mucho - Bueno, pues para empezar hay muchas reglas que no puedes incumplir, quiero decir, no es un juego que sea tan fácil como puede parecer al principio. Hay muchas estrategias y muchas historia detrás de un deporte tan antiguo y…
Remus no desconecta, no puede hacerlo, no es el tipo de persona que se queda en cuerpo presente y deja que su mente vuele por otros lugares; es incapaz de perderse ninguna de las palabras que dice Peter durante más de media hora, así que al finalizar el día es capaz de recitar todas las reglas a la perfección, es consciente de que existe una Liga Internacional de Gobstones y que incluso fabrican tableros de oro sólido, tan caros que pocos magos se los pueden permitir, y que se pueden adquirir en un lugar tan común como el Callejón Diagon.
- ¿Tenías que hablarle así al pobre Peter? - James alcanza a Sirius cuando este baja las escaleras del séptimo piso.
- ¿Tenías que hablarle así al pobre Peter? - repite el otro con tono de voz agudo.
- ¡Sirius! - James le coge de la manga - ¿Se puede saber que te pasa?
- ¡QUE ME ABURRO, JIMMY! Me aburro mortalmente, y creo que acabaré saltando por un hueco de una escalera a ver en cuántos cachitos me deshago cuando llegue al primer piso.
- Eso tiene fácil solución… - James sonríe pícaramente y se inclina en una suave reverencia, extendiendo la mano con la palma hacia arriba - ¿Me acompaña en esta aventura, señor Black?
- Eres lo más inútil que he conocido en mi vida - pero Sirius ríe demasiado alto y con el puño golpea la mano que le ofrece su amigo y juntos saltan por las escaleras. James da vueltas, gira sobre sí mismo y Sirius tiene que sujetarle en más de una ocasión en la que sus piernas se cruzan amenazando con hacerle caer; pero el niño es feliz, no le importan las miradas divertidas del resto de alumnos, tampoco le preocupa que cuando pasan por el cuarto piso a la carrera, Peeves le señale con el dedo gritando "Potter, está mal de la azotea, Potter", es más, James grita aún más alto, repitiendo la frase del poltergeist, lo que confunde al pseudofantasma y da media vuelta para perseguir a una niña cargada de muchos libros -. Eres una auténtica vergüenza para la sangre pura, Potter.
- ¡Y jamás he estado más orgulloso!
Sirius cree que le va a doler la cara de la sonrisa permanente que tiene, pero no puede evitarlo, para él James es una de las razones por las que le es imposible amargarse, tal vez porque cuando está con él nunca se aburre. Se pregunta qué haría sin James, qué haría sin tenerle a su lado, y está claro: aburrirse. Aburrirse mucho. Casi preferiría que me encerraran y volverme loco que tener que vivir sin las tontadas de este imbécil.Sirius está seguro de que nunca esperó encontrar a alguien como su mejor amigo; capaz de ir bailando por los pasillos de Hogwarts al mismo tiempo que canta a voz de grito la letra de Wild Things de The Troggs; no es que a Sirius le guste ese grupo, pero después de dos semanas de tener a James al lado en clase murmurándola tendría que ser más tonto que Lucius para no reconocerla. Wild thing, you make my heart sing, you make everything groovy giran la esquina con un salto y James se detiene apoyándose en la pared wild thing, I think I love you but I wanna know for sure Sirius sabe perfectamente qué es lo que se le está pasando por la cabeza a su amigo en el mismo momento en el que se da cuenta dónde se encuentran come on and hold me tight I love you.
- No puedo creer que tengamos tanta suerte. - Sirius se frota las manos y da un paso al frente.
- Espera, toma - James saca la capa que ha mantenido escondida y se la tiende -. Usémosla.
Se cubren con ella y caminan con pasos lentos y seguros. Con un leve "shhhh" empujan la puerta y James agradece llevar la capa, o de otro modo sus gafas se habrían empañado al instante. Uno de los baños masculinos, en concreto uno de los baños del segundo piso, en especial el que suelen usar los alumnos de Slytherin y Merlín, qué ganas de hacer algo interesante. Se pegan a la pared y se contienen para no reírse cuando ven a dos Slytherin de varios cursos superiores charlar animadamente sobre Quidditch. Podrían haber sido ellos sus víctimas, o podría haberlo sido un chico de aspecto musculoso en la ducha contigua, o simplemente podrían haber dado media vuelta y marcharse, pero entonces no habrían sido James y Sirius. No habrían sido Potter y Black. No habrían sido ellos mismos. Así que los ojos de los dos se posan en un cuerpo delgaducho y pálido, de piel casi grisácea, que envuelto en jabón se atreve incluso a cantar una canción que ninguno de los dos conoce por lo bajo. "Es Gerard Snape, Jimmy, oh, por favor, ¡qué suerte!" susurra Sirius y James suspira "que se llama Severus, tío". Ninguno de los dos puede creer la suerte que han tenido, es más, en ese momento ambos creen que es cosa del destino y que ese destino quiere que Snape sufra. Y como a James Potter no le gusta llevar la contraria al destino actúa con la rapidez propia de un vándalo, tal vez un delincuente o… un mendrugo, cómo diría Remus; estira el brazo utilizando la velocidad que le ha concedido el honor de ser el buscador del equipo de Quidditch de Gryffindor y en apenas un segundo introduce varias capas de ropa negra bajo la capa. Son conscientes de que no pueden quedarse mucho rato allí, así que simplemente, entre los dos, sacan las varitas y apuntando a la ropa interior efectúan un sencillo hechizo para hacer cambiar las cosas de color.Benditas clases de Encantamientos. Y de la misma forma que la primera vez, depositan suavemente los calzoncillos de Severus Snape en el lugar exacto en el que se encontraban; la capa, la camisa, la corbata y los pantalones prefieren seguir en su posesión y los dos niños se aguantan la risa durante los diez segundos que les cuesta salir de allí.
- No me creo lo que acabamos de hacer. - Jadea Sirius.
- Pues créetelo, Sirius, porque de aquí a un rato vamos a tener la visión más perfecta del universo.
Se quedan de pie en la esquina, con la ropa de Snape guardada bajo la capa, ahora escondida en la espalda de Sirius, y así, los dos, con posturas que es imposible aprender y una chulería innata observan el pasillo con maligno deseo. Finalmente, tras varios minutos en los que los dos especulan sobre la reacción del "pobre Severus Snape", el niño de pelo grasiento tío, en serio, se acaba de duchar, es imposible que lo tenga ya sucio murmura James segundos antes de echarse a reír tan alto que retumba en el pasillo.
Snape tiene las mejillas encendidas, el pelo delante de los ojos y la cara humedecida; no lleva nada de ropa a excepción de unos calzoncillos de rosa intenso. El niño arrastra los pies por el suelo de piedra y se cubre el pecho con los brazos; unas chicas de tercero pasan a su lado y ríen al mismo tiempo mientras le señalan, reacción similar a la de todos y cada uno de los alumnos que por suerte (o por desgracia) deciden cruzar ese pasillo. Pero por encima de las risas de las chicas, los gemidos avergonzados de Snape y las carcajadas de los más mayores, retumba la felicidad de dos personas que se apoyan el uno en el otro para no caerse.
Severus se detiene, les mira, con las rodillas dobladas hacia el interior y la piel de gallina; se aparta el pelo de la cara y sus ojos brillan amenazando lágrimas.
- Bonito modelito, Snape. - Se burla Sirius.
- Sí, me gusta cómo pega el rosa con tu pelo sucio. - Completa James.
- V… Vosotros…
- ¿Aparte de no saber ducharte tampoco sabes hablar?
- ¿Sabes hacer algo aparte de quejarte?
- Os odio - el chico de pelo lacio se da la vuelta, con los ojos llenos de lágrimas, y los dos chicos aún aprovechan para pasar por su lado y darle un empujón con el hombro -, pero el tiempo da lo que se merece a cada uno.
Ninguno de los dos le escucha; tampoco disfrutan del momento en el que Lily se encuentra a su mejor amigo en ropa interior en mitad del pasillo y le presta su capa, con las mejillas sonrosadas, para que deje de ser el centro de atención; tampoco escuchan a la chica despotricar contra ellos "Sev, se lo contaremos a Dumbledore, él…" Pero Snape niega con la cabeza, como siempre, porque en el fondo de su corazón sabe que un día de esos alguien le dará su merecido al estúpido de Potter y a su perro faldero Black. Tarde o temprano… Lily le mira con preocupación y sus ojos verdes se apagan un poco, porque odia a James Potter, le odia con toda su alma.
James y Sirius vuelven a la habitación todavía riéndose y se encuentran a Remus tirado en la cama, con la cabeza a punto de explotar y a Peter acariciando al ratón. Los dos se echan encima del pequeño licántropo "parad, chicos…", pero ellos no paran, y Remus acaba enterrado bajo el peso de Sirius mientras James vuelve a cantar para ellos y Peter coloca la aguja para que suene el gramófono y una melodía de música clásica llena la estancia. A ninguno le importa; Remus pelea con Sirius para que se le quite de encima "¿te das cuenta de que pesas, Sirius?" y lo único que consigue es que el chico le abrace con más fuerza.
Alrededor de las ocho les empiezan a rugir los estómagos, pero están demasiado cansados para bajar al Gran Comedor para cenar, así que James se tira al suelo, aparta varios pantalones de uniforme y un vaquero y lanza a cada uno de sus amigos barras de chocolate. Con ojos golosos, los niños las abren y alzando los brazos al aire brindan, brindan con sus barritas de chocolate que se empieza a derretir; brindan por haberse conocido, brindan por el Club de Gobstones de Peter, brindan para que Remus siga siendo igual de repelente que siempre y brindan para que las leyes del universo cambien y puedan detener el tiempo y vivir eternamente ese momento.
