Hay días buenos, días malos o simplemente días a secas

El dormitorio en el que tiene que vivir Lily a diario está formado por cuatro camas, en realidad son literas y ella, que llegó la última el primer día del curso no ha tenido opción de elegir el colchón sobre el que quiere dormir, en realidad tampoco es que le importe. Está contenta, duerme en la parte de abajo, cerca de la ventana y desde allí se pueden ver los jardines de Hogwarts. En ese momento, la niña retira sus zapatos del alféizar, donde todas los dejaron la noche anterior, y sentándose sobre una de las sillas de mimbre, se los ata para luego recogerse el pelo en una alta coleta. A Lily le gusta su pelo, algunos días un poco más que otros. Probablemente nadie se de cuenta, pero en realidad la chica suele llevarlo suelto cuando está contenta con su aspecto o lo disimula en una coleta o un moño cuando los mechones ondulados se vuelven imposibles de domar. Lily tiene el pelo rojo, intenso, con brillos anaranjados en las puntas y una cana blanquecina que se niega a que nadie conozca se reirían de mí eternamente, los niños no tienen canas. Sabe que tiene ojeras, es lo lógico; sobre todo porque ha dormido escasas dos horas después de que su cabeza cayese sobre el libro titulado Corazón y que encontró entre los viejos libros de su madre ese verano. Lily lee mucho, no es ningún secreto, es más; para muchos es imposible imaginarse a Lily Evans sin ir cargada con varios libros de lectura sacados de la biblioteca o de su propiedad. Lo que mucha gente no sabe es que a Lily le gusta escribir; escribe cuando le apetece, escribe cuando está inspirada, pero también escribe cuando está cansada e incluso cuando la inspiración se le escapa entre los dedos, porque con cada letra, de caligrafía redonda y clara, siente que deja parte de ella misma en el pergamino. Puede que no sean buenos escritos, muchos ni siquiera son historias, pero para Lily, una hoja de pergamino puede ser un buen lugar en el que ordenar sus pensamientos. Es por eso, que cada vez que le ocurre o algo, o incluso cuando no tiene nada que contar, moja la pluma y la desliza, a veces con calma, otras con ardiente entusiasmo, por el papel.

Antes de salir hacia la Sala Común, guarda un par de escritos entre las hojas de uno de los libros, donde nadie más que ella pueda leerlos y coge la bolsa, cargada de ingredientes y objetos mágicos. Ninguna de sus amigas sigue en el dormitorio, probablemente estén en los bañoscomo siempre, como cada cambio de clase, como cada día. Lily no siente la necesidad de mirarse al espejo cada dos horas para ver si la línea de ojos sigue siendo tan oscura como a las ocho de al mañana o la base de maquillaje no ha desaparecido. Principalmente porque Lily Evans no se maquilla.

Es martes y la niña no necesita consultar su horario para saber que tiene que pasar la siguiente hora y media en el invernadero número 3, y después doble clase de Pociones con los Slytherin, ojala pudiera dormir eternamente. Recuerda entonces el cuento de la Bella Durmiente y piensa que desde luego ella no necesitaría el beso de un príncipe para despertarse, probablemente alguien le daría un antídoto para romper el maleficio. Sale por el retrato de la Dama Gorda, no sin antes inclinar levemente la cabeza y pronunciar un suave "buenos días" que es respondido con un "buenos días, señorita Evans". Los alumnos de la casa de Gryffindor suelen decir que la Dama Gorda es desagradable, pero a Lily nunca se lo ha parecido. Es más, en alguna ocasión la ha dejado pasar sin decir la contraseña, pero es un secreto entre las dos.

Baja las escaleras, deslizando la mano por la barandilla y maravillándose por vez infinita de lo limpio y brillante que es el castillo; no se atreve a mirar hacia abajo, solamente cuando queda un piso se arriesga a asomar la cabeza y observar el suelo de piedra. Sonríe y dando pequeños pasos se envuelve en la capa para salir al exterior; Lily es una persona friolera, le gusta el sol. Recuerda con añoranza los últimos días de curso, tumbada en la hierba al lado del Lago Negro y leyendo con el único sonido de las hojas movidas por el suave viento y las risas, para ella lejanas, de su grupo de amigas.

El invernadero 3 es el que usan los alumnos de segundo y tercero de Hogwarts; a Lily no le apasiona Herbología, de hecho podría decirse que es una de sus asignaturas "menos preferidas", porque desde luego no hay ninguna clase que la niña no considere extremadamente interesante, pero dentro de las asignaturas menos interesantes, Herbología ocupa el primer puesto. No es que no le gusten las plantas: desde pequeña le gustó pasear y recoger flores, llevarlas a casa y prensarlas, para después colocarlas en cuadros. Pero Herbología es diferente, no hay flores, no hay margaritas, no hay rosas, es más, no hay nada que no parezca estar vivo y expulsar sustancias malolientes y desagradables por lugares que no te lo esperarías. Cuando entra en el invernadero casi no hay nadie, un par de chicos sentados en una mesa a la derecha, así que ella prefiere ocupar un pupitre en la parte delantera de la clase. El invernadero 3 cuenta con un aula específica para poder tomar apuntes, casi nunca la usan, pero la profesora Sprout siempre les pide que la esperen allí. Al fondo de la habitación, cubriendo la práctica totalidad de la pared, una Tentácula Venenosa emite pequeños ruidos y chasquidos y Lily evita acercarse demasiado. Es consciente de que si esa cosa la agarrase por detrás la inmovilizaría y acabaría por matarla.

Pronto la clase se llena, Sabine y Lucy se colocan a su lado y el silencio solamente se rompe por el vozarrón de Sirius Black cuando camina con pasos largos "Odio este sitio, huele a abono por doquier y es la asignatura más inútil que ha podido existir", seguido de la voz siempre excesivamente alta, nunca se da cuenta de que todo el mundo le escucha cuando abre la bocaza de James Potter "Creía que el olor a abono te era familiar Sirius. Ya sabes, tus pies…"

Lily se sorprende a sí misma dejando escapar una risa casi inaudible, y al segundo se lleva la mano a la boca avergonzada y enfoca los ojos en la Tentácula que estira las ramas hacia el techo.

- ¡Vamos, vamos! - La profesora Sprout aparece, rechoncha, con un gorro de aspecto ridículo cubriéndole el pelo castaño - Todos a las mesas de trabajo, ¡hoy vamos a hacer algo interesante!

Lily, Sabine y Lucy caminan juntas, como una piña, y sin embargo, los ojos de la pelirroja no pueden evitar apartarse del grupo de cuatro niños que van delante de ellas. Sirius sigue quejándose, moviendo tanto los brazos que parece que se le van a salir de los hombros; Remus a su lado le pone la mano en la espalda intentando calmarle "Sirius, que grites no te va a librar de tener que aprobar esta asignatura, así que ahórrale al mundo tener que escuchar tu melodiosa voz cada tres segundos"; James camina de espaldas, con los brazos detrás de la cabeza y se tropieza con una maceta del suelo, empujando al pequeño Peter que cae de bruces sobre un montón de sacos de tierra. Los tres ríen como idiotas, incluso Remus, que intenta fingir que no le ha hecho gracia y utiliza la misma técnica de taparse la boca que ella ha usado minutos antes.

Lily medio sonríe observando al chico rubio, maldición, ¿qué me pasa hoy? y después les adelanta con pasos rápidos, escuchando un último "Ay, Lily", del niño de gafas.

Después de más de diez minutos de explicación, Lily está delante de un enorme saco de abono no puede ser, no quiero hacer esto dispuesta a fertilizar un gigantesco bulbotubérculo.

- Profesora, mi bulbotubérculo se mueve… - Gime Justin Craig, un chico alto y delgado con el pelo corto pegado a la cabeza.

- ¡Eso es que lo está haciendo bien, señor Craig!

Lily mira su propio bulbotubérculo; es lo más parecido a una babosa asquerosa que ha visto en su vida, tiene pequeñas protuberancias brillantes en la superficie, que de repente explotan. Lucy y ella gritan y dan un paso hacia atrás Merlín, esto huele como la gasolina… El pus mancha la mesa, dejando pequeños círculos de color verde amarillento, y Lily tiene que sacar fuerzas de donde no las tiene para dejar de respirar y echar parte del abono sobre la maceta.

- James, deja de hacer eso, en serio, no tiene gracia.

- Es caca, Remus, es solamente caca.

- ¡Por eso mismo te pido que no me toques con esas manos!

James y Remus discuten; el primero lleva las manos llenas de abono, después de haber roto el saco, que ha manchado todo el suelo. El segundo, con los ojos excesivamente abiertos por el pánico se intenta apartar.

- ¡Deberías echarte abono encima a ti mismo, Potter, a lo mejor crecías un poco! - berrea Sirius desde el otro lado de la mesa, donde Peter y él han conseguido satisfactoriamente fertilizar el pequeño bulbotubérculo, que ahora emite un suave ronquido.

- Te diría lo mismo a ti, Black, pero la estupidez no tiene solución. Te vas a quedar así eternamente.

- Cierra el pico, imbécil.

Lily observa atentamente, ha perdido el interés en la estúpida planta que no deja de saltar para llamar su atención, y Lucy a su lado no deja de suspirar.

- Lily, ¿los ojos de Potter siempre han sido tan… tan?

- ¿Tan qué?

- Tan bonitos… Y esa sonrisa… Ay, ojala me mirase a mí como mira al raro de Lupin.

- Lupin no es raro - bufa Lily de forma espontánea -, quiero decir, es el más normal de todos ellos, Lucy.

- ¿Tú crees? Si va con ellos es por algo… Seguro que tiene algún encanto que desconocemos.

- Bueno, Lupin por lo menos parece listo; me resulta más interesante por qué Peter Pettigrew va con ellos.

Las dos niñas se echan a reír, con cierta maldad infantil disimulada y cuando la Profesora Sprout se acerca se apresuran a terminar su trabajo y recibir cinco puntos. La jefa de la Casa Hufflepuff les sonríe a todos y decide (como casi todos los profesores) dejar la revisión de "esos cuatro" para la última.

- ¡¿Pero se pude saber qué demonios hace?! - El grito no es ninguna sorpresa. Al menos no para los alumnos que llevan observando más de cinco minutos cómo James, con la mano llena de abono simula tener un avión de juguete entre los dedos y "sobrevuela" la cabeza de Remus, que desesperado lo único que hace es gemir por lo bajo "James, para, en serio, para". Lily sabe lo que va a pasar a continuación; tal vez es ese instinto femenino del que la gente habla, puede que sea simplemente que ya los conoce (para su desagrado) demasiado bien, o únicamente porque su atención está puesta en Sirius cuando este se levanta, coge los restos de su saco de abono y con una sonrisa tan amplia que da envidia, le da la vuelta encima de la cabeza de su mejor amigo.

- S… S… Sir… - James escupe, pero no se mueve; nadie dice nada, ni siquiera la Profesora Sprout, que con la boca en forma de o mira al niño lleno de… caca.

El pelo oscuro de James está lleno de trozos de color marrón, también sus hombros, y el interior de las gafas. Se las quita rápidamente y las sacude para volver a ponérselas. Lily sabe que está enfadado, tiene que estarlo es su mejor amigo, pero le acaba de echar un saco de abono encima, no es posible que no lo esté. La Profesora Sprout hace ademán de ponerle la mano en el hombro a James, pero en el último momento se arrepiente y con cierta mueca de desagrado simplemente se aclara la garganta.

- Potter, ¿está usted bien?

- No lo sé - James vuelve a escupir -, no lo sé, Profesora Sprout, quiero decir… ¿estaría usted bien después de que un energúmeno le hubiera ECHADO UN MALDITO SACO DE MIERDA ENCIMA?

El gemido escandalizado de la profesora se ve eclipsado por la risa de "el energúmeno", a quien ahora le lloran los ojos y se apoya en la pared para no caerse.

- No aceptaré ese tipo de lenguaje en mi clase, señor Potter, ¿entiende?
- Claro que lo entiendo, profesora - James gruñe y se sacude las mangas del jersey -, pero también quiero que entienda usted que nunca nadie me había llenado de mierda de esta forma.

- ¡Incluso así estás guapo, Jimmy!

Lily mira a Sirius, luego mira a James. Sabe que ese es el momento se van a pegar, se van a insultar, está claro. James abre la boca, levanta la mano y entonces… Simplemente se ríe. Se ríe tan fuerte que le tiene que doler la tripa. No puede ser.

- ¡Estaría guapo de cualquier forma, Sirius! - el niño se vuelve hacia la clase -Pero las citas me las pedís luego, chicas.

- Primero deberías darte una ducha… - murmura Remus bajito.

La Profesora Sprout pone los ojos en blanco, abre la puerta del invernadero y señala la salida, "vamos, váyase a dar una ducha, Potter", después se acerca a Sirius y le quita diez puntos "por mal uso del material escolar". Lily no se mueve de donde está; se siente confusa, Sirius Black acaba de llenar a James Potter de excrementos y lo único que han hecho ha sido reírse, ¿qué se supone que significa eso? ¿Qué clase de relación es esa? Nunca jamás les entenderé, supongo que es cosa de chicos…

Lily, ofuscada como no lo ha estado antes espera con impaciencia el final de la clase, y cuando acaba sale como alma que lleva el diablo hacia las mazmorras. Sus pensamientos vuelan; siempre se ha considerado una persona empática, capaz de entender a las personas, comprender absolutamente todo sobre ellas y sin embargo, esos cuatro son imposibles. Tal vez sea esa la razón por la que no les aguanto.

El Profesor Slughorn espera sentado tras su escritorio y le dedica una amplia sonrisa que Lily acepta de buen grado. La niña ocupa la primera mesa y comienza a sacar sus cosas cuidadosamente ordenadas de la bolsa. Raíz de jengibre, comino, asfodelo, ajenjo… varias botellitas para llenarlas después de acabar y un par de cuchillos de plata. Nadie se sienta a su lado cuando los alumnos de Slytherin empiezan a llegar, ni tampoco lo hace ningún Gryffindor: los niños prefieren ocupar las mesas del final para poder charlar entre los vapores de los calderos, pero Lily prefiere sumergirse por completo en los misterios de una buena poción; el sonido burbujeante, el vapor agobiante e incluso el espesor del contenido de su caldero la transportan a un estado completo de sopor en el que solamente existe ella y el elixir perfecto.

Slughorn se aclara la garganta delante de toda la clase y con su característica expresión bonachona les comunica que al final de las tres horas de clase todos tienen que haber conseguido realizar una sencilla "poción de resistencia".

Los niños se colocan por parejas; pero Lily trabaja sola, no necesita la ayuda de nadie para conseguir un resultado perfecto. Suspira y comienza a calentar el caldero y se acerca a los armarios de material para coger varios huevos de doxy; tiene la mano sobre el frasco cuando escucha una voz que hubiera reconocido en cualquier parte.

- Escuche, profesor, he tenido que ir a ducharme por problemas académicos, se lo puede preguntar usted mismo a la Profesora Sprout. Tiene usted mi palabra de que no miento, palabra de Potter.

- Sí, sí… Póngase con Evans - Slughorn murmura algo como "como si me pudiera fiar de su palabra…" y se acerca al caldero en el que Sirius y Remus discuten sobre en qué sentido darle vueltas al contenido.

La mano de Lily se crispa en el aire, respira hondo no me puede estar haciendo esto y se gira con expresión imperturbable no es como si fuese a dejar que él crea que me afecta su presencia. Vuelve a su sitio y finge no darse cuenta de que James está esperándola con una sonrisa de oreja a oreja y las manos sobre la mesa. Lily entrecierra los ojos y la mano le tiembla cuando se dispone a cambiar la temperatura del fuego.

- ¿Qué hago?

- Pues… - podrías cerrar la boca, o mejor, podrías marcharte de aquí - Pásame esas alas de hada y ten cuidado no las rompas.

James asiente y con un cuidado que ella no le ha visto jamás se las ofrece, con la palma de la mano abierta, mirándola fijamente a los ojos. Lily las coge con precaución no vaya a ser que le roce. Se sorprende, el niño no hace amago de interactuar con ella, se mantiene callado y le hace caso en todo lo que dice a lo mejor no es tan idiota como parece.

- Guau, trabajar contigo es más fácil que con Peter, eres muy lista Lily.

- G… Gracias. - Contesta ella tensa.

- Lo digo en serio, ¡podrías llegar a ser una maestra de Pociones o algo así! Yo iría a tus clases.

Lily tuerce la boca y vierte los últimos restos de caballito de mar necesarios para completar la poción. En ese momento un papelito en forma de pájaro se posa sobre la mesa y se despliega cuando James lo coge entre las manos ¿cómo hacen este tipo de cosas si no tienen ni dos dedos de frente?

La niña no puede con la curiosidad y echa un vistazo "cuidado, Potter, estropearás la poción de Evans si sigues babeando de esa forma". Lily se sonroja y se vuelve para ver cómo Sirius levanta las cejas en su dirección estúpido pretencioso. A su lado, Remus la mira y al encontrarse sus ojos, baja la vista hacia el caldero, empezando a boquear nervioso.

- Potter.

- ¿Sí, qué? Lily, ¿qué? - James, que ya ha mandado el papel de vuelta se gira hacia ella con ojos brillantes - ¿Necesitas algo más?

- ¿Por qué va Remus Lupin con vosotros?

- ¿Eh? - Merlín, qué forma de poner cara de besugo - ¿Remus? No sé… Es Remus, ¿por qué no iba a venir con nosotros?

- Porque… - Porque es listo, no es un borrego, no molesta en clase cada tres minutos, no se parece en nada a ninguno de vosotros y no lleva tatuado en la frente ignorante - Porque no tenéis mucho en común…

- ¿Tú crees? - James se apoya sobre la mesa y por primera vez desde que la clase ha comenzado no parece prestarle atención a ella - No sé, no entiendo por qué tendría que ser Remus alguien parecido a mí para poder considerarle mi amigo. Además, te sorprendería conocerle de verdad - sonríe -, creo que no puedes llegar a entender lo genial que es Remus.

Lily se calla, observa a James, de perfil; nariz respingona, varias pecas prácticamente invisibles en la zona de las mejillas y unos ojos grandes y marrones; el pelo le cae de forma alborotada por la frente y le confiere ese aspecto salvaje del que todas hablan en los dormitorios. James es un engreído, Lily lo sabe; lo sabe porque se mete con Severus, lo sabe porque siempre está molestando, gritando, corriendo por los pasillos y perdiendo puntos para la Casa; lo sabe de la misma forma que adivina los finales de sus libros y lo sabe con tanta seguridad como sabe que acónito y luparia son la misma planta. Es una evidencia; ¿entonces por qué no se ha enfadado con Sirius en Herbología? ¿Por qué habla de Remus como si fuera la persona más maravillosa del mundo? Lily sabe que James y Sirius siempre alardean de su físico, de sus capacidades físicas y sin embargo… Sin embargo Remus Lupin está por encima de eso, por encima del físico, por encima de las gamberradas. Cuando Remus tropieza ellos están ahí para preocuparse, cuando Remus parece triste ellos le preguntan el por qué y cuando Remus quiere estudiar en la Biblioteca ellos le incordian como si les fuera la vida en ello. ¿Qué tiene de especial Remus? Lily es consciente de que Lupin lee libros parecidos a los que ella guarda en su baúl, también cruzan miradas de entendimiento muchas veces, sabe que para él sus amigos son igual de insoportables que para ella, entonces, ¿por qué va con ellos? ¿Qué se me escapa?

- Yo… - Lily observa como el niño rubio golpea a Sirius con el puño cuando el primero le coloca una babosa sobre el pelo "Sirius, te haré comértela como no me la quites" - No sé…

- Tú eres una repelente como él y me gustas. - Suelta a bocajarro James, como quien dice "hace buen día" o "uno más uno son dos".

Lily abre la boca para quejarse, para decirle que esas cosas no se dicen, que no puede ir por ahí diciendo que ella le gusta porque… Porque no está bien y Merlín, no quiero que la gente me relacione con él es indecoroso; pero en su lugar, observa como el papel vuelve y James garabatea otra respuesta, para luego volverse hacia ella como si tal cosa.

- ¿Hemos acabado?

- ¿Qué? - Lily no puede creer que el niño esté ignorando por completo una frase como la anterior.

- Que si hemos acabado la poción…

- ¡Otra maravilla! - Slughorn abre la nariz sobre su caldero - ¡Diez puntos para los dos! Evans, ejerce usted una buena influencia sobre el señor Potter; es la primera clase en la que no me rompe algo del material del aula…

- Esa es mi especialidad, señor. - Asiente James como si lo que acaban de decirle fuese un cumplido; después se levanta, coge sus cosas y se acerca a la mesa de Sirius para ponerse a hablar con él.

Lily guarda los restos en una bolsita y se coloca el pelo detrás de las orejas, todavía perdida en sus reflexiones, y como si fuese el Barón Sanguinario se desliza hacia la salida. Creo que necesito dormir, sí, podría dormir un rato… Pasa la mano por la barandilla y sube un tramo de escaleras a paso lento o podría leer algo, siempre me refresca las ideas se queda mirando uno de los cuadros en el que varias personas disfrutan de una merienda campestre y una señora en cueros la saluda amablemente o podría escribir en…

- ¡Rayos!

Le da un vuelco al corazón cuando abre la bolsa y rebusca entre sus cosas y se da cuenta de que hay un vacío que no debería existir mi cuaderno, mi cuaderno, he perdido mi cuaderno,jadea, baja los escalones de uno en uno para no caerse pero con una rapidez envidiable. Ni siquiera se detiene cuando pasa al lado de Peter, Sirius y James, que charlan animadamente y en voz (por supuesto) excesivamente alta.

- … y huele, Sirius, no te puedes imaginar cómo.

- ¿A pergamino y tinta?

- A ella, huele a ella…

Lily entrecierra los ojos y recorre el pasillo como una bala, gira la esquina y se lanza como quien llega a la meta de una carrera a la entrada del aula de Pociones.

- ¡James, James! ¡Mira, Lily se ha dejad…

Remus está en la puerta mi cuaderno con un objeto en la mano y sonríe ampliamente, o al menos lo hace hasta que se da cuenta de que Lily está mirándole con ojos acusadores.

- ¿HAS LEÍDO ALGO?

- ¿Qué? ¿Qué? - El niño se sonroja apurado y extiende los brazos - No, no, te lo dejaste encima de la mesa y lo cogí para devolvértelo, nunca leería algo de una chica. Nunca.

- Yo… - Lily suspira me he quitado cien kilos de encima - Está bien, gracias.

- De… Nada. Lily.

Lily. Me ha llamado Lily. Es la primera vez que Remus Lupin se dirige a ella de esa forma, tan directamente, sabe mi nombre. Se siente estúpida al segundo por haber pensado en eso, es obvio que Remus se sabe su nombre, como el del resto de personas que viven en ese castillo.

Ninguno de los dos se mueve, finalmente Lily da un paso a la izquierda, Remus a su derecha, repiten el proceso hasta tres veces, y nervioso, el chico acaba por romper la sincronización y da un paso al frente recolocándose la cartera, con la bandolera tan larga que parece que toca el suelo. Lily se queda apoyada en el marco de la puerta y observa cómo se marcha; cómo alcanza a sus tres amigos, cómo James le pasa el brazo por los hombros como puede, cómo Sirius le propina un suave empujón y cómo Peter le da unas palmaditas en el costado. Y por primera vez, por primera vez desde que Lily les conoce se da cuenta de algo, algo que hace que su pecho se encoja tristemente y que ella misma se sorprenda. Tiene envidia. Tiene envidia de ellos. No de lo borregos que son, no de lo creídos que son, tampoco de su habilidad innata para llamar la atención y causar problemas. No, Lily tiene envidia de su amistad, que por alguna razón no se parece a nada de lo que ella haya visto antes en su vida.