Don't Stop Believin

¡Sorpresa!


Si le preguntaban a la Lucy de 15 años si alguna vez imagino que algo como eso iba a ocurrir, ella respondería que no y se marcharía a una de sus clases. En cambio, si le preguntaban al Natsu de 16, esté diría que no de una forma poco convincente y algo rojo de la vergüenza.

La Lucy adulta estaba todavía flipando en colores. Como si acabara de tomar una droga muy potente y todavía sintiera sus efectos en el cuerpo. Lo que estaba haciendo era algo que jamás hubiera pensado que pasaría ni por un reto con el valor de 1.000 monedas. No podía.

¡Se había casado por lo civil con Natsu y estaban volviendo a la ciudad!

La idea de Natsu era simple: al estar casada, su padre no podría obligarla a que se casara con el imbécil de turno y podría dejarla en su casa tranquila trabajando en otro lugar aquello que ella realmente quería. No le hacía mucha gracia, su idea sobre el matrimonio no era para nada como la que había sucedido en el registro, pero sabía que el divorcio rápido no tardaría en volver a ser libre.

Agradecía a Natsu la locura que acababa de cometer con ella, pero no estaba realmente convencida. Si finalmente lo hizo así de rápido y apresurado solo era para que cuanto antes, su padre la dejara en paz y no tuviera que huir más. Estando ahí, podrían resolver el problema de Levy y hacer una vida no tan absurda y monótona. Anularía su matrimonio y podría ser libre. Sabía que después de todo lo que había vivido, no tenía mucha fe en ellos, pero realmente lo quería intentar. Debía arriesgarse.

No podía estar quieta.

Sabiendo que las empresas iban mal, por no buscarse un problema, fueron a la casa del padre, en las afueras. Lucy se puso triste al instante, ver como el lugar cada vez tenía una apariencia más abandonada, como si su padre realmente no viviera en ese lugar. ¿De verdad la cosa estaba tan mal?

Agradeció el tener a Natsu al lado suyo en esos momentos.

Pasaron al despacho, donde el padre estaba sentado, mirando hojas y sacando cálculos para volver a flote. Se veía que necesitaba afeitarse, que necesitaba descansar y un traje nuevo, además de comer algo más sano que la gelatina energética.

- Lucy...¿por fin vas a acceder?- se fijo en el pelirrosa al lado de su hija- ¿Que hace este músico en mi casa?

- Papa, por favor, vengo a decirte que ya no podrás usarme para la boda...porque ya estoy casada. Por lo que puedes dejar de llamar a tus contactos para que no me admitan

- ¡Eso no es verdad!

- Pues si- se metió en la conversación Natsu- Y viendo que te estas quedando solo y sin dinero, no te quedará otra que aceptar

- ¡Jamás! Después de todo lo que he gastado en ti, el dineral que me costaste, lo mínimo sería que me obedecieras. ¡Tienes que sacarme la de la bancarrota!

Aquella palabra fue la última que compartieron padre e hija. Ambos salieron de la casa y para ir de vuelta a la suya y empezar una nueva vida en auténtica libertad