El primer partido de Quidditch en el que jugaron James Potter y Sirius Black fue recordado por todos los alumnos de Hogwarts durante semanas. Unas chicas de segundo entre las que se encontraba Sabine Lingwood se dedicaron a hablar por los pasillos a voz de grito de "cómo nosotras confiamos desde el primer momento que James atraparía la Snitch" mientras que la Casa Slytherin insistió en que todo había sido cuestión de suerte.

A pesar de que todo el equipo de Gryffindor se vio atosigado por la marea de alumnos que insistían en felicitarles por el "espectacular triunfo", sin duda, fueron James y Sirius los que recibieron más atención. Los dos chicos se dieron cuenta la semana después del triunfo que a veces tampoco es demasiado agradable ser el centro de miradas; McGonagall castigó a James por llegar tarde (mucho más tarde que habitualmente) a su clase a pesar de que el chico se excusó en que "las chicas no me dejaban avanzar, señorita" y Sirius explotó un día por la tarde en mitad del corredor que llevaba al aula de Encantamientos cuando una chica le pidió una foto y el muchacho gritó que no tenía ni idea de cómo demonios iba a hacer eso pero que si no quería salir herida que se apartase. Después de eso, Remus tuvo que pedir perdón y asegurarle a la chica que Sirius había tenido un mal día. Finalmente, la mañana antes de Navidad, los chicos decidieron que lo mejor sería pasar el día tirados en la habitación que al fin y al cabo, como dijo Peter "no tenemos otra cosa que hacer".

- No pensé que diría esto pero tengo ganas de irme a casa - suspira James, sentado, con la espalda apoyada en la pared y la almohada de Remus entre las piernas -. Aunque por otro lado no sé si estoy preparado para aguantar a mi madre cantando villancicos.

- No te quejes, maldito - Sirius está sentado en el alféizar de la ventana, con la mirada perdida en los terrenos del castillo desde hace un rato, vestido todavía con el pijama -. Yo voy a tener que aguantar a Régulus. A RÉGULUS.

- No veo el problema, Sirius - Remus murmura. Lleva el pelo pegado a la cabeza después de haberse duchado y cubre el cuerpo con varias mantas -. De nosotros cuatro eres el único que tiene hermanos y la verdad es que siempre he considerado que es bastante bueno compartir la infancia con otros niños.

- ¿Le pego yo o le pegas tú, Jimmy?

Sin apenas mostrar reacción, James pone los ojos en blanco y estira el brazo para golpear suavemente la nuca de Remus que emite un quejido lastimero.

Los cuatro baúles permanecen abiertos sobre sus camas, apenas hay espacio en el suelo. El de Peter todavía está medio vacío y el chico se esfuerza por colocar y doblar las camisas en orden "tengo que dejarlo como lo dejó mi madre cuando me preparó la ropa antes de empezar el curso".

- Yo le diré a mi madre que lo coloqué en orden pero que Sirius me lo desordenó.

- ¿Pero en serio te crees que tu madre se va a creer todo lo que salga de esa bocaza? - Sirius se deja caer en su cama indignado - El día que se te rompa la fachada me reiré tanto que me oirán en América.

- ¡Pero eso nunca pasará!

- Hay más posibilidades de que le gustes a Evans de que eso no pase.

- ¿Por qué siempre mencionas a Lily?

- ¿Por qué siempre la mencionas tú?

- Cállate.

- Cállate tú.

- Remus, dile algo.

- Remus.

- ¡CALLAD! - Remus se acerca a su baúl, coge un libro y se tumba cuan largo es.

- Y ahora se enfada. - Sirius se acerca un poco más a sus amigos, mientras Peter, desde el otro extremo de la habitación observa con los ojos brillantes.

- Remus, no te enfades.

- Siempre te enfadas, Remus.

- Siempre lo haces, Remus.

James mira a Remus durante varios segundos, casi se puede ver cómo en sus ojos empieza a maquinarse "el plan perfecto"; es por eso que Sirius guarda silencio, sin moverse, únicamente prestándole atención a su mejor amigo mientras este piensa. Porque siempre será así, siempre que el iris marrón de James Potter se torne tan oscuro como sus malas intenciones, Sirius Black callará y esperará con impaciencia las instrucciones. Por supuesto, estas no tardan en llegar. James le hace un gesto con la mano, le guiña un ojo y luego se inclina hacia Remus, que con despreocupada actitud ha sido lo suficientemente crédulo como para pensar que sus amigos le van a dejar en paz por una vez en su vida. Remus lee El Gran Gatsby, lleva un par de días fascinado por una atmósfera mística y llena de lujos; casi se ve a sí mismo recorriendo los largos pasillos de la mansión, así que cuando siente cómo su oreja se humedece, tarda algo más de tres segundos en salir de ese mundo en el que se encuentra sumergido.

- ¿Q… Qué? - Tartamudea llevándose la mano al lateral derecho de la cabeza - ¿QUÉ HACES?

- Chuparte la oreja. - James le observa como si hubiera llevado a cabo la acción más normal y común del mundo.

- ¿Y POR QUÉ HAS HECHO ESO? - Remus empieza a mover los brazos y la cabeza con una mueca de asco - ¡NO ME VUELVAS A HACERLO EN TU VIDA!

- ¿Por qué?

- ¿P… POR QUÉ? PORQUE ES ASQUEROSO, ESE ES EL PORQUÉ Y ADEMÁS - Apenas tiene tiempo de continuar con su discurso, porque entonces, de nuevo siente cómo el dedo de Sirius, empapado en saliva se desliza suavemente por su mejilla - ¡AHHHHHHHHHHHHHHH SIRIUS AHHHH!

Sirius y James, James y Sirius ríen al unísono y esas risas únicamente se ven apagadas por los movimientos bruscos de Remus mientras se frota las mejillas desesperado.

- Tendrías que ver tu cara, tendrías que verla… - Sirius es incapaz de contener las lágrimas.

- Os odio.

- ¡Ay, cómo te voy a echar de menos estas Navidades, Remus! - James hace amago de abrazarle, pero entonces un fuerte golpe le interrumpe y un par de calzoncillos caen sobre sus brazos.

- Ayudadme a preparar el equipaje. - Peter les observa, con el ahora vacío baúl en las manos y sonrisa amplia.

- Ve preparando tu réquiem Pettigrew, porque voy a acabar contigo. - Sirius se lanza contra Peter en un revuelo de camisas, pantalones y una capa desgastada que pertenece a Remus y se enzarzan en una pelea. Sirius sabe que Peter no es un oponente a tener en cuenta, así que lo único que hace es buscarle las cosquillas y el más pequeño intenta zafarse sin resultado.

- Son como niños… - James apoya el brazo en el hombro de Remus, que le devuelve una larga mirada de reproche - ¿Crees que Lily se dará cuenta estas vacaciones de que su corazón me pertenece?

A pesar de haber invertido toda la mañana en preparar el equipaje, como no podía ser de otra forma, los cuatro llegan tarde a la entrada del colegio y reciben la mirada enfadada de McGonagall: "¡pero es que ustedes no son puntuales ni cuando les interesa?".

Remus piensa que no, que ninguno de sus amigos serían puntuales ni el día de su boda.

El camino hacia Hogsmeade se les hace eterno; cuando bajan de los carros que se mueven solos, arrastran los pies sobre la tierra y Peter se queja varias veces de que le duelen las rodillas y que no entiende por qué la estación queda tan lejos de allí.

- No está tan lejos, mira, se ve. - Señala Remus un poco más adelante.

- No seas cruel, Remus - Sirius camina con el pecho erguido -, no hables como si todos fuéramos iguales, el pobre James seguro que no ve nada, como está ciego…

- Espero que algún día te canses de hacer la gracia, inútil.

- Es que nunca va a dejar de tener gracia, gafotas.

- Bueno, yo llevo gafas, pero tú tienes el mentón muy grande - James entrecierra los ojos, mirándole con atención. Le señala -. Sí, sí, justo… Sí, cómo pensaba. Como sigas así no habrá quien te mire, amigo.

James se adelanta, un par de pasos, riéndose, contento, casi exultante de haber ganado la discusión, mientras Sirius estira del jersey a Remus y le obliga a admitirle "que ese estúpido gafotas ha mentido, ¿verdad?". Las respuestas no parecen convencer demasiado al mayor. Peter asegura que no es para tanto, que si no te fijas detenidamente no se nota y Remus susurra que un mentón grande no tiene que ser algo malo.

Una vez en la estación es Remus el primero que sube al vagón, y allí arriba, con los pies sobre la escalerilla puede ver el colegio de Hogwarts a lo lejos, enorme, imponente y ahora increíblemente vacío. Piensa en su abuela, en el pavo que hará la noche antes de año nuevo y por alguna razón eso le anima. Remus sabe que pasará las vacaciones sumergido en sus libros, bajando al salón únicamente para hacer compañía a la única persona que le presta atención cuando no está en los terrenos del castillo. Probablemente escucharán viejos villancicos en la gramola y tal vez, si tiene suerte, la mujer cocinará galletas con formas navideñas y podrán ver juntos en la televisión esos festivales que emiten los muggles para celebrar la entrada del nuevo año. Sí, no parece tan mal plan.

Peter también piensa en lo mismo, en que probablemente pase las Navidades castigado porque no ha cumplido con las expectativas de sus padres respecto al nuevo curso, si su madre no se enfada demasiado tal vez le deje visitar a ese chico que vive dos calles más abajo y que tiene una televisión con la pantalla muy grande, casi tan grande que asusta y juntos podrán pasar buenos ratos disfrutando de la programación de la festividad. Puede que su madre le de bizcocho, bizcocho de chocolate, y si no supiera que probablemente se pondrá malo les llevaría un trozo a cada uno de sus amigos.

Sirius por su parte gruñe internamente, observa cómo Régulus sube con un grupo de Slytherin a uno de los vagones de más atrás; con el pelo estúpidamente repeinado y ¿de dónde demonios ha sacado esa estúpida americana que parece de una película del siglo XVIII? Sirius no quiere volver a casa. No quiere beber licores caros ni tampoco quiere volver a ver a toda la familia Black; lo único de lo que tiene ganas es de pegarle patadas al estúpido de Kreacher cuando esté fuera del campo de visión de su madre, o de alguno de esos estúpidos cuadros con gente muerta que siempre le han dado malas vibraciones.

James lleva pensando en las Navidades muchos días, pero a diferencia de sus amigos, en ese momento su mente está demasiado ocupada en algo distinto. James se pregunta cosas. Se pregunta muchas cosas. Entrecierra los ojos mirando el número 5972 que adorna el expreso de Hogwarts y siente curiosidad:¿cambiarán de expreso cada cierto tiempo? ¿Llevarán utilizando el mismo tren desde el inicio de los tiempos? James no sabe lo que es "el inicio de los tiempos", pero tiene muy claro que tiene que ser hace mucho, mucho, mucho, y casi diría que muchísimo tiempo. Probablemente, piensa, los fundadores tendrían que haber ido a ese lugar de alguna forma. James no cree que utilizaran en tren, pero se pregunta si ellos fueron los que diseñaron el expreso y si a lo mejor, de entre todas las posibilidades del mundo, Ellos (y piensa en Ellos con mayúscula) pisaron el mismo suelo que está ahora bajo sus pies. La verdad es que sería increíblemente genial que Godric Gryffindor hubiera caminado por esta estación. Oh Merlín, tal vez incluso durmió en nuestro dormitorio. ¡Igual se sentó en "nuestro" compartimento!

- ¿Qué haces, Potter? - James sale de su ensimismamiento para encontrarse con los ojos oscuros de Mary MacDonald. - ¿Buscas otra snitch? Espero que seas más rápido que en el último partido.- La chica le observa con sonrisa socarrona, con provocación, esperando que él le siga el juego. Y cuando se trata de jugar no hay quien pare a James Potter.

- ¿Por qué no te vas a practicar comentarios ingeniosos, MacDonald?

- Si sigues jugando así tendré comentarios ingeniosos para mucho tiempo - Mary ríe de una forma que muchos considerarían exagerada -, ¡Feliz Navidad, Potter!

Ella da un par de saltos, le golpea en el hombro con el puño, de un forma parecida a cómo lo hace Sirius pero al mismo tiempo de un modo completamente diferente y con un último guiño una complicidad que el chico no comprende se pierde en el interior del expreso.

- ¿Pero qué le pasa a esa chica?

- Que está loca - gruñe Sirius a su lado -. Todo el mundo lo sabe, que Mary McDonald está loca.

- ¿Quién dice que está loca? - Remus, desde el escalón superior del tren les mira con sus ojos azules encendidos, como si fuera algo personal.

- Los mismos que dicen que tú eres un repelente y… Y yo no quiero hablar, Remus, pero…

- Eres un idiota, Sirius Black.

- ¡Y tú eres tan repelente, Remus Lupin!

Remus se cruza de brazos y se pierde por el pasillo y al momento Sirius le sigue gritando con tanta fuerza que los alumnos se vuelven "¡pero Remus que era broma!" o "va, Remus, que seguro que te ha hecho gracia" y "en serio, Remus, ¿no pensarás dejarme de hablar en vacaciones?".

James no tarda en seguirles, con Peter a su lado que murmura nerviosamente, repasando mentalmente la lista de cosas que podrían habérsele olvidado en el dormitorio. El chico de gafas asiente sin mucho entusiasmo y le pregunta que si ha cogido el par de calcetines que Sirius le escondió la semana anterior y que llenó de moco de troll. Peter, compungido niega con la cabeza. Ahora que el número del expreso no es motivo de su atención, James no puede dejar de pensar en Navidad. En un principio le pareció una buena idea dejar el colegio, volver a casa, con sus padres y sin embargo hay algo en su pecho que rodea su corazón con una pequeña capa de escarcha. Espero que mamá y papá estén bien. Se acuerda de los regalos, del pudding de Nochebuena de su madre, casi puede saborear los bastoncitos de caramelo muggle que sus vecinos siempre les llevan en un intento de ser educados. Se acuerda de su habitación, con el póster de los Chudley Cannons firmado por la selección de 1968; se acuerda de las tardes con su padre en el salón, sentados frente a la chimenea encendida, escuchando una emisora de radio y tratando de reconocer las canciones. James recuerda muchas cosas y odia hacerlo, porque el simple hecho de recordarlas le hace temer que pronto las va a echar de menos.

Cuando llegan a su compartimento, Remus habla tan alto que no parece él. Está de pie, con la palma de la mano hacia arriba y mirada siniestra.

- O me lo devuelves o tendremos problemas.

- ¿Qué harás? ¿Recitarme poemas?

- Sirius, ¡que no tiene gracia!

- A mí me hace mucha.

- ¿Se puede saber qué haces, Sirius? - James se apoya en el brazo en el marco de la puerta y se baja las gafas por la respingona nariz con un gesto que él considera "intelectual" - ¿No puedes dejar al chico en paz?

- Jimmy, creo que Evans acaba de pasar, ¿por qué no vas a perseguir su falda como en Halloween?

Se hace el silencio. Remus va a abrir la boca para decir algo como "Sirius, será mejor que pidas perdón y…", pero no lo hace. No lo hace por la sencilla razón de que James le mira de una forma que dice "cállate, Remus". El chico de gafas suspira hondo, del mismo modo que suspira antes de subirse a la escoba, de la misma forma que suspira cuando sabe que va a recibir una mala nota y con la misma intensidad que cuando descubre que Sirius le ha escondido los calzoncillos. El movimiento es rápido, casi tanto que a Peter no le da tiempo ni a apartarse y se golpea la cabeza con el cristal. James le arrancha de las manos el libro de grosor medio, viejo y con las tapas gastadas y se lo extiende a Remus.

- ¿Qué se supone que haces?

- Cerrarte la boca, eso es lo que hago.

De nuevo nadie dice nada; James se deja caer en el asiento que da a la ventanilla y en ningún momento hace mención de volverse hacia ellos. Sirius mira a Remus, Remus mira a Sirius, y por primera vez, el chico rubio no tiene respuesta. "No, no tengo ni idea de lo que le pasa", parecen decir sus ojos azules.

Peter cierra la puerta y en ese silencio sepulcral dejan que los ruidos propios de la vuelta a casa sean la única melodía digna de sus oídos. Remus se concentra en su libro, y aunque parece que no aparta la vista de las líneas escritas a máquina, en realidad no puede dejar de mirar a su mejor amigo, todavía con esa expresión que no le pega en absoluto. Sirius por el contrario se dedica a deshilachar las rodilleras de sus pantalones, a sabiendas de que eso enfurecerá a su madre pero qué más da. Finalmente, cuando la tensión se puede hasta palpar, Remus se da por vencido.

- James, que Sirius siente mucho lo que ha dicho - el tal "Sirius que lo siente mucho" abre mucho los ojos con una mueca de indignación.

- ¿Qué? - James mira largamente a sus tres amigos - ¿Que siente el qué?

- Lo de Lily…

- ¡Ah! - La sonrisa del chico se hace más amplia - ¡No estoy enfadado! ¡Hace un frío increíble ahí fuera! Estaba mirando la nieve. Ha nevado mucho.

El suspiro de alivio de Sirius puede escucharse casi en el primer compartimento del expreso; el joven Black abre los brazos y se los pasa por los hombros a su amigo, descolocándole las gafas y estampando un fuerte beso en su mejilla.

- ¡Las vacaciones sin ti se me van a hacer eternas!

- Está bien, está bien… - James se frota la mejilla con expresión de asco - Si me sigues sobando sí que me enfadaré. Además… Seguro que Lily estuvo persiguiéndome toda la noche a mí y por cuestiones del destino no nos encontramos…

Pronto el compartimento se llena de teorías conspiratorias sobre "por qué a Lily Evans no le gusta James Potter", entre las que destaca una de Peter "igual en una realidad paralela sois hermanos y no podéis estar juntos por eso… Lo del infesto…" y que es rebatida durante más de diez minutos. Remus no participa, lo único que hace es observar a James, con esa sonrisa permanente, una sonrisa tan amplia que asusta. Y Remus siempre piensa que la sonrisa de James asusta demasiado, pero en ese momento, bajo la bombilla que parpadea sobre sus cabezas asusta mucho más; porque si el pequeño hombre lobo no supiera que es imposible, creería que es tan falsa como la suya las mañanas después de luna llena.

N/A: ¡Ya hemos terminado los exámenes! Podéis esperar actualizaciones más rápidas a partir de ahora. Además, a lo mejor reestructuramos un poco los capítulos, agrupando todos los del primer año para que se lean más rápidamente, así que no os asustéis si un día entráis y hay menos de los que recordáis. Y muchisimas gracias a todos los que comentáis. Tenemos unos pocos comentarios que aún no hemos contestado, pero la respuesta os llegará rápido. Un saludo :)