Palabra de MacDonald

Mary MacDonald se pasea por el corredor del cuarto piso; camina sola, como casi siempre, con únicamente la compañía de sus propios pensamientos y de su pluma favorita sujeta en la mano derecha. A Mary le gusta imaginar que los pasillos son pistas de carreras y por eso algunas veces se dedica a correr de arriba abajo ganándose las acusadoras miradas de sus compañeros. Es consciente de que para ellos es "la rara", "esa Mary MacDonald" o cosas peores que prefiere no saber. Mary no está loca, o al menos eso es lo que ella piensa, porque desde luego sabe que si estuviera loca, se habría dado cuenta de ello.

De hecho, Mary considera que no hay nadie en ese maldito castillo que tenga la menor idea de cómo es ella, pero tampoco tiene ningún tipo de intención en que lo comprendan.

Mary recibió la carta de Hogwarts pocos días después de su once cumpleaños; estaba sentada en el porche, saboreando un helado de pistacho, su favorito. A su lado, Magnus, su hermano mayor la hacía rabiar tratando de darle lametones al cucurucho. Mary adora dos cosas en el mundo: una es el Quidditch y la otra es su hermano. Magnus tiene siete años más que ella, y tal vez es por esa diferencia tan grande de edad que siempre se consideraron parte de la misma cara de un galeón. Ese día caluroso, la carta llegó atada a la pata de una lechuza de color negro intenso que se posó sobre las rodillas del chico y ululó con entusiasmo por haber realizado bien la tarea requerida. Ninguno de los dos hermanos tardó más de un segundo en saber quién mandaba el mensaje y lo que suponía.

Para cuando la noticia llegó a manos de los señores MacDonald, ésta estaba lo suficientemente manchada de helado como para que se quedase pegada a las manos. La señora MacDonald es muggle; maestra en un colegio de educación infantil y el señor MacDonald nació con tanta sangre mágica en las venas que desde que levantó un palmo del suelo decidió que consagraría su vida a trabajar con la mayor magia que poseen los magos: volar.

Que el señor MacDonald trabajase en una empresa de fabricación de escobas hizo que tanto Magnus primero, como Mary después volcasen su infancia en aprender absolutamente todo sobre el deporte más famoso del mundo de los magos. Magnus se empleó a fondo y después se esforzó en transmitirle esa información a su hermana pequeña; Mary se sentaba en sus rodillas, abría mucho sus ojos castaños y escuchaba, con bastante más atención de la que prestaría a nada en su vida, cómo el chico, de pelo oscuro y sonrisa amable le explicaba todas y cada una de las técnicas de juego del Quidditch o las partes de una escoba.

Así que cuando Mary fue aceptada en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, nadie en la familia lo consideró una sorpresa. Mary cogió el teléfono, marcó con rapidez el número de teléfono del hermano de su madre, también poseedor del don de la magia, y explicó con pelos y señales lo emocionada que se encontraba por comenzar aquella aventura.

La "aventura" no resultó tan maravillosa como la niña pensó en un primer momento; Mary estaba acostumbrada a ser la sombra de Magnus, de ser su protegida, de no estar sola. Hogwarts le brindó la oportunidad de conocer a niñas y niños de su edad, con sus mismas cualidades y por lo tanto experiencias similares, pero desde el principio la chica sintió en lo más profundo de su corazón que de algún modo u otro tampoco encajaba bien en aquel lugar mágico.

Pasa al lado del grupo de Sabine Lingwood; sentadas en uno de los bancos del castillo, con las piernas cruzadas y deseosas de que alguien se fije en ellas. En cualquier otra ocasión a Mary le habría dado igual la presencia del grupo de idiotas; pero se sorprende a sí misma buscando a Lily Evans y sintiéndose triste por no encontrarla allí.Mejor que no esté con ellas, cualquier compañía es mejor que estas tres.

A Mary no le gusta prejuzgar a la gente; no le gusta por el simple hecho de que no le parece bien que la prejuzguen a ella. Sin embargo, con aquellas tres y en concreto con Sabine, cree que se puede permitir la excepción.

Las ignora, no presta atención cuando la miran, porque sabe de sobras que ellas quieren provocarla, como siempre hacen; y Mary es orgullosa, es tan orgullosa que los siete pasos contados, ni uno menos ni uno más, que da delante de ellas, los realiza de una forma tan elegante que bien podría pertenecer a la aristocracia.

En cuanto da la vuelta a la esquina recupera su postura habitual y arrastra los zapatos por el suelo, jugueteando con los puños de su jersey del uniforme. Anda perdida de nuevo en sus pensamientos que casi no se da cuenta cuando se golpea la nariz con alguien.

- ¡Ay! - Se queja la chica.

- ¡Camina con más cuidado!

No tiene que levantar la cabeza para saber de quién se trata, pero aún así lo hace, porque ella es desafiante y tiene que demostrarlo con una fiera mirada. James Potter se frota el hombro con mueca de protesta y sigue quejándose durante unos segundos más.

- Lo siento, ¿vale? - Dice ella finalmente.

- No me has hecho nada - en su expresión parece dibujarse lo contrario, pero aún así Mary no quiere discutir -, mira por donde vas, porque chocarse con alguien como yo es agradable, pero imagínate que soy ese tipo de sexto que se sigue comiendo los mocos.

- Eso es un rumor.

- Todo comienza siendo un rumor, Mary, pero se convierte en verdad cuando lo sabe mucha gente.

- ¡Eso no es cierto! - Protesta la chica, al mismo tiempo que se da cuenta de que él la ha llamado por su nombre y no por el apellido.

- ¿Tú crees? - James estira el brazo y detiene a un grupo de chicos de primero de Ravenclaw - Tíos, tíos, no os lo vais a creer, pero acabo de ver a Severus Snape salir del baño de chicas… ¡Se estaba probando la falda del uniforme de las Slytherin!

- ¿En serio? - Ríe el más alto de todos - ¡Ya verás cuando se enteren en la Sala Común!

- ¿Usa ropa de chica? - Repite otro - ¡Increíble!

Mary observa como los chicos siguen hablando, en voz cada vez más alta sobre lo que les acaba de decir James y se sorprende a sí misma con la boca abierta. Finalmente consigue articular palabra.

- ¿LES HAS MENTIDO?

- He contado un rumor; puede que sea verdad… O puede que no - James se encoge de hombros - La verdad es que no sé si Snape se pone faldas de chica pero seguro que lo hace. Tiene cara de eso.

- Pero… Pero no puedes decir cosas que no son verdad y que un chico tenga esa reputación porque… - Mary es incapaz de pensar con claridad: una parte de ella se está riendo internamente y la quiere sepultar con toda sus fuerzas, y la otra tiene ganas de protestar - ¿Y qué haces aquí? ¿Dónde está Black?

- Aunque parezca mentira… No sé si te lo vas a creer, pero Sirius y yo somos personas separadas - el chico se despeina el pelo y mira a izquierda y derecha -, a veces el pobre tiene que ir al baño y no es de mi agrado hacerle compañía.

- ¿Y qué haces?

- ¿No te enseñaron en casa que no hay que meterse en la vida de la gente?

- ¿Y a ti a no ser tan creído?

- Bueno, - James decide mirarla directamente; tienen prácticamente la misma altura, no se podría decir quién es más bajo o menos, y ambos mantienen una postura a la defensiva - tienes tres minutos para disfrutar de mi compañía hasta que acabe la clase de Encantamientos de los Slytherin.

- ¿Q… Qué? ¿Disfrutar de tu compañía? ¿Pero quién te crees que soy? - La chica estira el brazo y le coloca un dedo en el pecho al chico - ¿Por quién me tomas, Potter?

- ¿Por una chica? - Se encoge él de hombros - Muchas pagarían por hablar conmigo, siéntete afortunada de que te regale mi tiempo. De hecho creo que últimamente te dedico demasiado…

- Pero serás…

- ¿Te molesta mucho la chica esa que va con Lily? La de la cara estándar.

- ¿La de…? - Mary se lleva la mano al pecho y comienza a reírse a mandíbula batiente de acuerdo, es un imbécil, pero esa descripción de Sabine es lo mejor que he escuchado en mi vida. Y la tonta de ella se cree que tiene posibilidades - Bueno, son siempre así.

- Eres idiota y estás loca, pero no sé… - James vacila - Al menos tienes buen gusto en Quidditch, para ser una chica, digo… Así supongo que si te dicen algo malo pues…

- ¿Estás sugiriendo sacarme la cara?

- ¡No! - Exclama indignado - ¡Claro que no!

- Pensaba - sonríe Mary internamente -, eso habría destrozado tu reputación, Potter. Alguien como tú perdiendo el tiempo con gente rara…

- Oye, que soy amigo de Remus Lupin.

- ¿Qué tiene que ver Rem… - Mary no llega a terminar la frase porque la puerta del aula de enfrente se abre y los alumnos comienzan a salir.

Le da tiempo a reconocer a un par de chicas; no sabe sus nombres, pero Mary nunca olvida una cara. En realidad para ella es sencillo recordar rostros, nombres, apellidos e incluso datos sobre las personas; al fin y al cabo aspira a vivir de eso: comentar los partidos de la Liga, comentar los mundiales y que su voz sea reconocida en cualquier rincón del mundo mágico. Sabe que es difícil, que probablemente no sea capaz de cumplir su sueño, pero para Mary toda cosa, toda aspiración, por complicada que sea, puede conseguirse si se invierte el tiempo y el esfuerzo necesarios. Por eso, a veces, por las noches, se abraza a la almohada, cierra los ojos con fuerza y se imagina sentada por encima de las cabezas de los aficionados y gritando los nombres de los deportistas más famosos. Quién sabe, tal vez algún día el récord de conseguir la Snitch se bata y yo esté allí para anunciarlo. Puede que sea mi voz la que grite que "ha sido el partido más largo de la historia" o miles de cosas más que todavía no se atreve a imaginar. Pero no puede seguir fijándose en nadie más porque James la empuja con suavidad contra el muro y la mira de una forma que parece decir "disimula"; y Mary le hace caso. Se pone a hablar animadamente, del mal tiempo que hace, de lo rico que estaba el pan esa mañana en el desayuno y lo estúpidos que son casi todos los alumnos de primeroyo no recuerdo que fuéramos así. James no habla, simplemente la escucha con una sonrisa amplia y ojos brillantes. Mary no le conoce lo suficiente como para saberlo, de hecho ni se da cuenta, preocupada en su monólogo, pero es en ese momento, enero, a las cuatro y treinta minutos, pasando diecisiete segundos exactos de la media hora que James Potter decidió que Mary MacDonald era diferente.

Cuando la chica ve que el profesor Flitwick sale correteando entre los alumnos, y mira al chico con expresión interrogante. Él asiente y la coge de la manga, y solamente se para en seco cuando una figura oscura aparece ante ellos. Severus Snape los observa casi con miedo y da un traspié para darles la espalda. Mary nunca comprenderá muy bien qué ocurrió en ese momento, ni cómo diablos James fue capaz de sacar la varita con tanta velocidad y volverla a esconder bajo la manga.

- ¡Snape! - El chico de gafas se lleva la mano al pecho con aprensión - ¡Estás que ardes!

- ¿Qué dices, imbéc…? - Severus abre mucho los ojos, oscuros, adornados con profundas ojeras fruto del estudio intensivo y las pesadillas nocturnas. Comienza a gritar cuando el fuego sube a velocidad de espanto por su capa negra como la noche.

- ¡Merlín! - Chilla una niña justo a su lado.

Mary no puede unirse al pánico, porque James vuelve a tirar de ella y entra en la clase como alma que le lleva el diablo. Mira a izquierda y derecha y luego sus ojos se posan sobre el escritorio del profesor Flitwick. Mary observa desde la puerta, con quejidos a su espalda cómo el chico se coloca de rodillas y abre docenas de cajones, uno detrás de otro y soltando varios improperios de vez en cuando.

- Pero, ¿qué haces? - Mary se da cuenta de que Snape no ha conseguido apagar el fuego y que alguien está llamando al profesor Slughorn - ¡Va a venir alguien!

- Necesito un minuto más… - James se rasca la cabeza y la mira estrechando los ojos - ¡Sí! Vale, creo que ya lo tengo - levanta la varita de nuevo y susurra un hechizo que la chica no conoce, pero que provoca que el papel que sostiene entre las manos se duplique ¿pero no se suponía que este tío era un idiota? -, ¡Vámonos, MacDonald!

Salen corriendo al pasillo; en él el espectáculo no ha cambiado demasiado. Snape da patadas al suelo intentando que el fuego no se propague hacia su túnica, y justo en ese instante, el profesor Slughorn llega jadeante, con sus rechonchas piernas arqueadas y la varita en la mano, pidiendo de mil formas que los alumnos se aparten y le dejen paso. James y Mary no se quedan a ver cómo acaba el problema; se escabullen entre un grupo de mirones y la chica corre tras él, sintiendo cómo el corazón le late a mil por hora fruto del peligro a ser atrapada en medio de un problema como ese y quién sabe si ser señalada como culpable. Se sorprende, James apenas parece mirar por donde va, sus pies se mueven con demasiada familiaridad por el suelo que pisa, como si de alguna forma se supiera aquellos pasillos de memoria, como si fuera capaz de moverse en la oscuridad por ellos con tanta soltura como a plena luz del día. Pierde la cuenta de las vueltas que dan, de las miradas acusadoras que reciben, pero por alguna razón Mary se siente como cuando ella se dedica a hacer carreras, como cuando imagina ser un piloto de motos o coches, (deportes favoritos de su madre), pero ahora no está sola; James se ha unido al juego.

El chico abre la pesada puerta que da a los jardines y la sujeta para que ella pase primero; después sale al exterior dando un par de saltos y con sonrisa triunfal.

- ¿Me puedes explicar qué acaba de pasar? - Jadea Mary sentándose en la hierba, cansada, sintiéndose como si acabara de correr un maratón.

- A mí no me mires, Snape tiene tanto entusiasmo por la vida que se le ha quemado la capa.

- ¡Pero si lo has hecho tú!

- ¡Rumores!

- ¿Por qué siempre que me acerco a ti acabamos así?

- No sé, el destino supongo - Ríe él dejándose caer a su lado y observando el papel con atención - Maldición…

- ¿Qué es eso? - Mary estira el cuello y al instante se da cuenta de qué es lo que llama la atención de su compañero - ¡Es un examen!

- Casi - niega él con la cabeza -, es la estúpida prueba escrita que tenemos pasado mañana con Flitwick… ¿Por qué demonios tiene que hacernos algo así? ¿No tiene suficiente con los exámenes finales? Sirius me dijo que no sería capaz de encontrar el examen y tuve que aceptar el desafío.

- ¿Has montado todo ese espectáculo por una apuesta con Black? - Exclama ella horrorizada - ¡Podrían haberte pillado! Y castigado y…

- Pero no lo han hecho… Mira - señala la segunda pregunta -, esto es demasiado fácil… Creo que cambiaré las preguntas y se las daré mal a Sirius para que se estudie otra cosa.

- ¿En serio? ¿Harías eso?

- Claro, el muy idiota se lo creerá y luego suspenderá - se ríe James -, pero no se lo digas a nadie… Es más, si no se lo dices a nadie te puedes quedar con esta hoja. Sacarás una puntuación perfecta.

- Yo… - Mary se ve tentada de aceptar, pero en el último momento se muerde el labio y niega con la cabeza - Se notaría un montón que he hecho algo para sacar buenas notas; me quedaré con mis resultados mediocres de siempre.

- ¡Di que sí! - James se guarda el papel en el bolsillo y se estira - No hay nada mejor que la mediocridad, MacDonald. Menos cuando hablamos de Quidditch, pero eso tú ya lo sabes, cuando hablamos de Quidditch hay que ser el mejor sin importar lo que ocurra. Es por eso que yo soy el mejor, ¿comprendes?

- Si no tuvieras tanto ego y mejorases tu técnica de vuelo, entonces a lo mejor Gryffindor tendría más oportunidades de ganar. - gruñe ella con frialdad.

- ¡Gryffindor ganó gracias a mí! - Protesta él indignado - ¿A qué te refieres con mejorar mi técnica?

- Lo tuyo es innato, Potter - explica ella -, no tengo ni la menor idea de cómo lo haces pero verte volar me provoca lo mismo que ver volar a los más grandes. Eres bueno, demasiado bueno, cabría decir… Pero necesitas trabajar, necesitas táctica, necesitas preocuparte por el vuelo de los demás además de por el tuyo. Cuando veas más allá de tu nariz entonces serás un profesional de verdad.

- Para eso entreno, idiota, para mejorar y… ¡Y claro que veo más allá de mi nariz!

- ¡No es cierto! - Mary se cruza de brazos - Necesitas una buena paliza o en su lugar una cura de humildad para comenzar a ser bueno.

- ¿Y tú vas a darme la paliza?

Mary frunce el ceño, se pasa la lengua por los labios y sonríe con lo que podría ser cierta maldad; la chica hace un movimiento brusco y consigue en casi un segundo sujetar el brazo de James contra su espalda. El chico forcejea sin resultado y la mira por encima de las gafas.

- ¿Qué haces? Se supone que eres una chica. Las chicas no hacen eso.

- Soy Mary; Mary MacDonald - ella estira la mano que le queda libre en forma de saludo -, me gusta el Quidditch, el helado de pistacho y dormir hasta tarde, y tú eras…

James aprovecha el gesto de cortesía para empujar a la chica contra el suelo e inmovilizarla.

- Alguien a quien más te vale que no toques las narices, aunque también me conocen como James Potter.

- Oh, comprendo… - Mary gruñe intentando levantarse - ¿Querrás entonces, James Potter, que te ayude a ser mejor jugador?

- Depende… - Él permite que ella se levante - ¿Me prometes que harás de mí el mejor jugador de Quidditch que ha existido nunca?

- Palabra de MacDonald. - Mary se alisa la falda y se coloca las mangas del jersey.

- ¿Y por qué será que eso de "palabra de MacDonald" no me da demasiada seguridad?

- Porque a lo mejor no eres tan tonto como pareces.

Mary da una vuelta sobre sí misma y echa a correr, levantando la mano en un gesto de despedida, y James se queda en el suelo, sentado, con las piernas cruzadas; sonríe ampliamente sí, no puedo esperar a ver la cara de Sirius cuando le devuelvan un suspenso más grande que su casa.