¡Hola, querida gente! Primero que nada: ¡MIL DISCULPAS POR DEMORARME TANTO! Pasa que he estado SUPER ocupada con temas de la universidad, y apenas tuve tiempo para nada. Pero ahora tengo algo de tiempo libre, así que voy a aprovechar para ver si continúo esta historia, ojalá no me hayan dejado olvidada (?)
Pero bueno, no las demoro más con tonterías de mi vida diaria, sé que quieren seguir leyendo este fic, así que no interrumpo más ^^
Disclaimer: Diabolik Lovers y todos sus personajes, exceptuando a Dabria, pertenecen a Rejet
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Capítulo 1: "Mis caminos malvados"
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"Han pasado unos días muy largos y duros
Ellos no dicen que Dios ha cambiado mis caminos
…Mis caminos malvados"
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Luego de un rato las cosas ya se habían calmado en la mansión Sakamaki, principalmente gracias al hecho de que a pesar de que la visita de Dabria, "La loba negra", había sido inesperada y además si no se hubiera tratado la situación con delicadeza alguien podría haber muerto, no había sucedido nada: Salvo una ventana rota y un Ayato malhumorado gracias a la forma tan rápida en que había sido inutilizado, no había escalado a mayores. El humor del pelirrojo era fácil de ignorar y la ventana se podía arreglar en un periquete, pero si alguien se moría… Bueno, esa era otra historia.
La única habitante humana de la mansión se encontraba actualmente en la cocina, ayudando a Reiji a lavar los platos después de que a la gran mayoría de los hermanos se les fuera el apetito luego de aquella pequeña invasión a su hogar. De todos modos ni siquiera tenían hambre. Aunque de todos modos… El ambiente era demasiado tenso, y el aire básicamente se podía cortar con un cuchillo. Si esa cazadora de verdad tenía los ojos puestos en ellos, entonces debían estar alerta. Habían oído un montón de historias sobre ella, y ninguna era precisamente para ayudar a dormir a los niños.
Yui desvió un poco la mirada y observó a Reiji, quien estaba concentrado en sus propias tareas del hogar y ni siquiera sin mirarla, pero sabía que de todos modos debía estar pensando en algo. Ella no era precisamente la que iniciaba las conversaciones, pero ahora simplemente no podía quedarse callada. Será porque no podía aguantar el ambiente tan pesado que había en toda la mansión, o simple curiosidad sobre la mujer que supuestamente podría matarlos a todos algún día de estos… Quién sabe.
—¿Sucede algo? —Preguntó intentando romper el hielo, recibiendo una mirada dura de parte del vampiro como respuesta que le hizo tragar saliva nerviosa—L-Lo siento…
—Se en que estás pensando. —El peliazul se giró hacia ella lentamente sin cambiar su expresión—Quieres saber sobre la Loba Negra ¿Verdad? —La rubia solo asintió lentamente, con temor a hacer algún tipo de movimientos bruscos. Ya sabía lo que pasaba cuando intentaba resistirse, o peor…
—Solo… ¿Quién es ella? ¿Qué es lo que podría querer de ustedes?
El vampiro suspiró y miró hacia un muro, recolectando en su mente toda la información que tenía sobre ella… La cual a fin de cuentas no era mucha, y casi todo eran solo rumores.
—No tengo ni la menor idea sobre cuál podría ser su identidad. Lo único que sé es que apareció de la nada: Una cazadora enmascarada y despiadada, quien asesina a cualquier vampiro que se le ponga en frente y que blande principalmente una espada forjada y encantada específicamente para matar vampiros. —Se ajustó los lentes y se cruzó de brazos— Por eso la hoja de la espada es de un color rojo carmesí, por la cantidad de encantamientos que tiene. Está hecha para anular y contrarrestar nuestros poderes de curación automática.
—Y… ¿Cómo hace eso?
—No se los detalles exactos, pero sé que cada herida provocada por esa hoja básicamente es incurable y quema si el que la recibe es un vampiro. Y si el golpe es profundo… Básicamente empezarás a arder por dentro. Si tienes suerte, un golpe directo al corazón o al cerebro te matará casi al instante, pero si no… En cuestión de momentos esa… Llamémosla toxina recorrerá todo tu cuerpo, será difícil solo respirar, y no vas a morir hasta que básicamente tu cerebro reviente. En pocas palabras, nos quema por dentro. Es una muerte lenta y muy dolorosa.
—¡Eso es horrible! —Yui se llevó las manos a la boca cuando Reiji terminó de explicarle los efectos que aquella arma tenía sobre un vampiro. Entonces básicamente una puñalada bien puesta era una sentencia de muerte, tarde lo que tarde en hacer efecto.
—Para responder tu otra pregunta, no sé qué es lo que podría querer aquí. Usualmente diría que solo está haciendo su trabajo de cazadora y nada más, pero… Podría habernos matado a todos hace minutos, y sin embargo prefirió irse. Es difícil creer que no está buscando algo más después de haber hecho eso. —El vampiro volvió a ajustar sus gafas y se dirigió a la puerta de la cocina— Termina de lavar los platos y sal, quedan 15 minutos hasta que empiece nuestro turno en la escuela nocturna.
Yui soltó un suspiro pesado al quedar sola en la habitación, al parecer esto no iba a acabar tan pronto como parecía… Y si esa mujer volvía… No podía asegurar de que esta vez los Sakamaki tengan la misma suerte que antes. Sacudiendo la cabeza decidió terminar pronto con su tarea, quería salir de ahí pronto… Miró hacia una esquina de la habitación justo para ver como una rata la miraba fijamente, pero luego rápidamente se metió a una madriguera que habrá excavado ahí en algún momento. Tragó saliva… ¡No más ratas, por favor!
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"Así que salí, crucé aquel camino
Los derroté para hacerlos pagar.
Cambiar sus caminos…
Sus caminos malvados"
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Yui suspiró cansada al volver a casa, había sido un día largo… Entre los acosos constantes de los Sakamaki, el estrés de tener que ir a clases POR LA NOCHE y encima volver a casa tan tarde… Lo único que quería hacer era dormir, descansar y preferiblemente no ser interrumpida, aunque sabía que en esa casa pedir una noche de sueño era demasiado. Entrando a su cuarto y encendiendo la luz procedió a desvestirse rápidamente para ponerse su camisón, solo quería conciliar el sueño al menos por unos minutos… Así que apagando la luz se subió a la cama, se cubrió con las sábanas y apoyó su cabeza sobre la suave almohada, sonriendo un poco al sentir la paz y la calma que le daba esa sensación. Extrañaba mucho eso, poder estar tranquila sin preocupaciones, sin peligro, sin vampiros que la molestaran día y noche… ¡Oh! Cuanto daría por volver a su vida normal.
Justo cuando el sueño parecía que la iba a atrapar… Un aire frío recorrió la habitación, junto con una sensación de… Peligro. Su cuerpo se tensó de inmediato y abrió los ojos espantada, pero no realizó ningún movimiento. No era la típica sensación que sentía cuando alguno de los Sakamaki la veía como una presa para alimentarse de su sangre… No, esto era completamente diferente. Este miedo era mucho peor que el que sentía usualmente. Lo que la buscaba no quería su sangre… Quería su vida.
—…Aquí estás.
La voz femenina y amenazadora la hizo tragar saliva nerviosa. Sin pensarlo cubrió su cabeza con la sábana, pensando quizás de forma inocente e ingenua que eso la ayudaría a salvarse de lo que sea que le esperaba.
—…¿Crees que todo es un juego? ¿Qué lo controlas todo? ¿Qué puedes hacer lo que quieras con la gente y te salvarás de cualquier castigo solo por ser la fulana del rey? —Escuchó unos pasos mientras la intrusa hablaba, como si supiera perfectamente que estaba despierta y que la podía oír. Continuó hasta que quedó parada justo frente a la cama.— Pues me temo que las cosas no funcionan así… Todo vuelve, pedazo de escoria. Y ahora… Es momento de que recibas tu merecido por todo lo que hiciste, maldita zorra.
Antes de que Yui pudiera darse cuenta la sábana básicamente fue arrancada de su cuerpo, dejándola completamente descubierta e indefensa. Abrió los ojos horrorizada justo para ver a una figura vestida completamente de negro, con una máscara cubriendo su rostro y empuñando una espada roja con sus dos manos. Espada que ahora mismo se dirigía directo hacia su pecho.
La rubia cerró los ojos con fuerza y ahogó un grito, esperando que llegara el momento del dolor…
Pero no sintió nada.
Lo único que escuchó fue un jadeo de sorpresa. Su corazón estaba latiendo a mil por hora gracias al pánico y al miedo que le había dado lo que acababa de ver. Abrió un ojo lentamente para ver la espada roja a centímetros de su pecho y a su portadora observándola fijamente, al parecer examinándola como si hubiera visto un fantasma. Habría tratado de leer su expresión, pero la máscara con forma de cráneo le impedía ver cualquier tipo de rasgo facial.
—¿Qué? Como… ¿Cómo es posible?
La mujer que ella identificaba como "Loba negra" retiró lentamente la hoja de su posición, envainándola pero sin dejar de mirarla tomó una postura un poco más relajada, todo lo contrario a las ganas de matar que parecía tener hace segundos. Parecía una persona completamente distinta.
—¿Qué hace una humana aquí? ¿Y por qué tienes la misma esencia que…? —La cazadora sonaba incrédula. Unos segundos después sacudió la cabeza y se sentó en el borde de la cama como si nada— No importa… ¿Quién eres? ¿Qué haces aquí?
—M-Me llamo Yui Komori —Respondió ella intentando no intimidarse por la presencia que tenía en frente suyo— Y yo… Em… Vivo aquí.
—Vives aquí. —Contestó Dabria, como si acabara de haberle dicho algo imposible bajo cualquier circunstancia. Lentamente ella llevó una mano al rostro de la joven para examinarla, logrando así ver las múltiples marcas de mordidas que tenía en el cuello y en la zona del pecho. Yui suspiró, ese toque no era forzado… Parecía una madre fijándose donde es que su hija se había lastimado— Tch… Mira lo que te hicieron, pequeña. No quiero ni imaginar lo que te habrán hecho esos vampiros… —Soltó lo que pareció ser un suspiro antes de ponerse de pie y ofrecerle la mano, cosa que confundió un poco a la rubia— Ven conmigo. Te llevaré a un lugar seguro, pequeña. —Pasaron un par de segundos en silencio, con la joven observando su mano fijamente antes de dirigir su mirada al suelo con una expresión de pena— ¿Qué pasa?
—Yo… No quiero irme. Creo que a pesar de todo lo que me hicieron puedo hacer algo para salvarlos, además… De todos modos no tengo a donde ir. —Contestó ella soltando un suspiro pesado. Sabía que, debajo de la máscara, la mujer estaba arqueando una ceja tratando de comprender lo que acababa de decir, pero esos pensamientos fueron cortados ya que escucharon pasos acercarse fuera de la recámara. Yui miró a su acompañante, quien reaccionó acorde y se dirigió rápidamente hacia la esquina del cuarto antes de cruzar sus brazos y bajar la cabeza, básicamente volviéndose uno con las sombras y fundiéndose en la oscuridad hasta el punto de ser prácticamente invisible mientras no se moviera. Era un buen plan… Mientras quien sea que venía no encendiera la luz.
La puerta del cuarto se abrió lentamente, dejando ver una cabellera castaña que Yui reconoció de inmediato.
—Nee, Bitch-chan~ ¿Estás despierta? —La voz de Laito resonó por todo el cuarto, provocando que la rubia tragara saliva nerviosa. No era muy fanática de quedarse sola (Aunque en este caso no lo estaba) con uno de los hermanos —Podría jurar que escuché tu voz… ¿No estarás trayendo a alguien a casa a nuestras espaldas, verdad~?
—¿Eh? ¡N-No Laito-kun, para nada! —Contestó levantando las manos y mirando de reojo a la sombra con forma humanoide, quien seguía tan inmóvil como antes. Si no la hubiera visto meterse allí, podría haber jurado que no era más que una mala broma de su mente.
—Hmm… Bueno, si tú lo dices~ —El vampiro se encogió de hombros de forma exagerada antes de que, tal y como se lo esperaba, se colocara encima de la rubia y le dedicara una mirada seductora y candente— Pero ya que estoy aquí… ¿Qué te parece si jugamos un rato~?
Yui suspiró, también veía venir eso. Ya era la rutina diaria: Se burlaban de ella, solo por ser la "Presa". Ella nunca había pedido esto… Cuanto daría por volver a su vida normal. Lo lamentaba mucho, pero vivir en una casa llena de vampiros guapos no era ni la mitad de bueno de como lo pintaban los libros para adolescentes y las películas. Cerró los ojos con fuerza al ver como los colmillos del vampiro se acercaban lentamente a su cuello repleto de hematomas y cicatrices, pero… Un chillido agudo obligó a Laito a dirigir su atención a otra cosa. Separando su cabeza de mala gana se giró para ver no a una, no a dos, sino a TRES ratas observándole con el ceño fruncido, y rugiéndole como si fuera su enemigo mortal. Chasqueando la lengua se levantó y miró a la rubia volviendo a sonreírle.
—Nee, lo siento Bitch-chan, pero estos animalejos me quitaron las ganas de jugar— Comentó burlón al ver como entre las tres se acercaban a sus pies para intentar morderlo a través de sus zapatos— Será para la próxima, no quiero hacer enfadar a nuestros invitados~
Y tal como llegó, Laito salió de la recámara soltando una risa burlona. Las tres ratas se dispersaron justo al mismo tiempo que Dabria salía de su escondite, volviendo a pararse frente a la rubia quien había quedado confundida por lo que acababa de pasar. Había sido demasiado oportuno… No solo ahora, sino también cuando Ayato había ido a despertarla hace unas horas. Lentamente las piezas del rompecabezas se juntaron en su cerebro, y cuando la idea finalmente hizo clic… Miró a la cazadora sin palabras, quien solo la observaba con los brazos cruzados.
—Tu… Tu trajiste a esas ratas ¿No? —Preguntó, a lo cual la otra mujer asintió sin rechistar.
—Podría decirse que sí. —Un suspiro se escapó de sus labios ocultos por la máscara— ¿Estás segura de que no quieres venir conmigo? Porque para serte honesta… No he visto que hayan hecho una sola buena obra por ti. Te tienen como si fueras su esclava… ¿Es esta la vida que quieres en realidad? ¿Ser un dispensador de sangre gratis para unos vampiros?
—Yo… —La rubia tragó saliva, cada vez le era más difícil negar la verdad que tenían las palabras de Dabria— Ya te lo dije, creo que puedo hacer algo para salvarlos…
—No hay peor ciego que el que no quiere ver. Yui ¿De verdad crees que vale la pena sacrificar tu vida para salvar a alguien que simplemente no quiere ser salvado?
Esas palabras golpearon a Yui como si fuera una jugadora de hándbol a la que le tiraron el balón en la cabeza sin que pudiera esquivarlo. Sacrificarse básicamente por nada… Había demasiado sentido en lo que decía. Porque… ¿Quién podía decir que si algo pasaba con ella simplemente no buscarían a otra para que tome su lugar? Era fácilmente… Reemplazable…
—Pero aun así… —Continuó la enmascarada— Si no puedo convencerte, entonces está bien… Pero al menos déjame ayudarte un poco. —Agregó antes de meter una mano dentro de su gabardina. Curiosa, la muchacha intentó ver que es lo que podría llevar en sus bolsillos pero de nada sirvió gracias a la enorme oscuridad que había en el cuarto. Diablos… Eso no era problema para los vampiros. Al cabo de unos segundos la cazadora le enseñó un pequeño tubo del tamaño de un dedo con una sustancia celeste dentro, la cual brillaba un poco. Cogió suavemente la mano de Yui y colocó el recipiente sobre esta, dejándola sorprendida —Bebe esto, quizás ayude un poco en tu situación.
—Pero… ¿Qué es esto? —Preguntó, tampoco iba a tomar cualquier cosa sin saber que era.
—Es un repelente de vampiros, por así decirlo. —Contestó para tratar de darle confianza— Cuando bebas eso cualquier vampiro que intente morderte para quitarte sangre… Básicamente va a beber ácido, un solo sorbo de eso y no van a querer volver a morderte ni aunque seas la última humana sobre la tierra. No te preocupes, no te va a hacer ningún tipo de daño a ti, es completamente seguro.
Yui parpadeo. ¿Acaso esa cazadora despiadada y cruel… Le había dado algo para protegerla? ¿Y encima cuando hace segundos parecía haber querido matarla como si fuera una plaga?
—No te obligaré a venir conmigo, pequeña… —Continuó hablando, colocando una de sus manos sobre la cabeza de la rubia— Pero de todos modos… Haré lo posible por protegerte. No puedo estar siempre pendiente de ti, pero prometo que haré lo posible. Ahora si me disculpas… Debo irme antes de que alguien me descubra.
Dichas esas palabras Dabria se dio vuelta y se dispuso a salir de la recámara, tan tranquila como si nada hubiera pasado.
—¡Espera! —Yui la llamó, aún tenía una última duda muy importante— Por… ¿Por qué estás haciendo esto?
La mujer enmascarada giró su cabeza para verla, y por alguna razón Yui juró que debía estar sonriendo un poco debajo de su máscara.
—Porque… Digamos que veo una parte de mí en ti.
Al terminar su frase la cazadora abrió la puerta y se retiró sin decir nada más, dejando sola a Yui en el cuarto oscuro. La rubia tragó saliva y miró al pequeño tubo en sus manos, el cual aún brillaba como si fuera una luciérnaga en medio de la noche.
¿Qué debía hacer? No lo podía negar, hasta ahora la persona que se supone era una asesina cruel y sanguinaria… La había tratado con toda la delicadeza y cariño del mundo. Más de la que se esperaba de… De cualquier persona. ¿Podía confiar en ella?
…Solo había un modo de averiguarlo.
Decidida destapó el pequeño tubo de cristal y se bebió su contenido entero de un solo trago. Se estremeció un poco, la solución estaba helada, parecía hielo a pesar de que el recipiente parecía estar a temperatura ambiente. Tragando hasta la última gota suspiró y escondió el pequeño objeto debajo de su cama.
Quien sabe… A lo mejor había tenido la impresión equivocada de Dabria. Pero eso solo lo decidiría el tiempo.
A lo mejor estaba cometiendo un error al confiar ciegamente en una desconocida, pero… Ahora no tenía muchas opciones.
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Había sucedido de nuevo. Esa maldita zorra a la que llamaba "Madre" había vuelto a golpearle solo por no ser el típico niño perfecto.¡¿Qué mas quería esa estúpida de él?! ¡Solo tenía ocho años, no podía culparle por no saber hacer ecuaciones de tercer grado! ¡Ni que fuera Isaac Newton para saber todo eso!
Tirado en el piso y con lágrimas en los ojos la miró con rabia, pero ella solo soltó una risa antes de irse, dejándole solo con la mujer que estaba a su lado y observaba todo con una expresión de incomodidad evidente. La observó fijamente, aun sin querer levantarse pero tampoco queriendo llorar en frente suyo. Odiaba mostrar cualquier tipo de debilidad en frente de cualquier persona… La mayor giró la cabeza para asegurarse de que Cordelia se había ido en serio, para luego ponerse de cuclillas y tratar de auxiliar al niño.
–Déjame ver el golpe —Susurró con una pequeña pista de dulzura, haciéndole chasquear la lengua. Terminó haciendo caso a regañadientes, quitando su mano de su ojo para dejar ver el moretón que había dejado hasta que se tornara de un color púrpura. La mujer frunció el ceño y trató de socorrerlo como pudo, utilizando un paño que se le había caído a la madre del pequeño y mojándolo con agua del baño que estaba al final del pasillo. Pasó varios minutos tratándolo hasta que el dolor desapareció, aunque su ojo aún seguía de color morado.
—…Te va a gritar cuando descubra que me ayudaste. —Murmuró el pelirrojo poniéndose de pie. Al menos ya no tenía ese horrible dolor en la cabeza.
—Que lo haga, tampoco debo estar de acuerdo con todo lo que hace. A veces se pasa demasiado. —Contestó ella con una pequeña sonrisa— ¿Aun te duele?
—No, ya está. —Miró hacia arriba para intentar mirarla a los ojos, pero por alguna extraña razón… No podía hacerlo. Lo único que podía ver de ella era su larga cabellera rojiza y la dulce sonrisa que le estaba dedicando.
—Entiendo. Mira, debo volver con la señorita… Cuídate, Ayato. —Contestó de forma nerviosa antes de darse la vuelta y salir corriendo en la dirección donde se había ido Cordelia.
Suspirando Ayato se recostó boca arriba sobre la cama y se quedó observando el techo. A veces, solo a veces… Hubiera querido que ella sea su madre, y no el demonio con el que convivía. El afecto que no recibió nunca de parte de Cordelia, lo recibía de parte de su guardaespaldas. ¿Algún día cambiarían las cosas?
…Solo podía esperar que sí.
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Un grito se escapó de su boca al despertar de aquel sueño, completamente sudado y con una expresión digna de haber visto un fantasma en frente suyo. Sobresaltado se sentó sobre la cama y trató de recolectar lo que acababa de ver en ese sueño, tragando saliva y jadeando.
—Demonios… ¡Demonios! —Frustrado se puso de pie y caminó hasta la ventana para ver como la fuerte tormenta que había empezado hace un rato caía sobre la tierra y sobre el cristal, reflejando su expresión asesina y el eventual calor que sentía. —¿Por qué ahora? —Murmuró.
Había prometido que iba a borrar todos sus recuerdos de aquella mujer…
Aquella mujer que, durante su época más oscura, se había atrevido a intentar ayudarle…
Y terminó pagándolo caro por eso.
Sacudió la cabeza y trató de relajarse. No, de nada servía lamentarse por eso. Ella se fue. Se había ido hace muchísimo, y no importa cuanto lo intente, nada iba a hacer que vuelva. Pero aun así… La culpa le azotó con fuerza.
Demonios. Por algo se había prometido a si mismo olvidarla…
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Una sombra recorría las calles de la ciudad, atravesando callejones y atravesando los lugares menos concurridos para evitar ser vista. Se sabía el camino de memoria, lo había estudiado mil veces y recorrerlo no era para nada complicado, especialmente gracias a la lluvia que ocultaba su silueta y sus pasos, haciendo su trabajo mucho más sencillo.
Dabria no podía dejar de pensar todo lo que había sucedido durante ese día. Estaba preparada para ejecutar su plan que tanto tiempo había pasado preparando, solo para descubrir una cruda realidad. No solo su objetivo principal había desaparecido sin dejar rastro… Sino que la pista que siguió para encontrarla terminó guiándola hacia una joven que no se parecía en NADA a la escoria con forma humana que quería asesinar. ¿Qué demonios había pasado durante todo el tiempo que estuvo aislada y sin contacto con el exterior? Habían cambiado demasiadas cosas, pero… Eso ya era demasiado. Y eso era sin mencionar el hecho de que aquella pobre e inocente joven no quería irse con ella a un lugar más seguro, lejos de esa familia de vampiros que solo la querían para drenarla y a veces jugar un poco con ella. Era un comportamiento demasiado extraño y que nunca llegaría a comprender, usualmente cuando una persona está en cautiverio ansía la libertad… Tal y como la había ansiado ella misma. Lo único que parecía tener sentido era que la hayan inducido en algún tipo de trauma o hasta un embrujo, pero… Ahora no podía pararse a descifrar eso.
Siguió caminando hasta llegar a su destino, la entrada del viejo Hotel Misaki. Ese lugar había sido abandonado hace más de 30 años gracias a un incendio, por lo cual nadie siquiera se molestaría en revisar si había algo de valor o algo por el estilo. El lugar perfecto para utilizar como escondite. Ingresó por la puerta de enfrente, sin siquiera pararse a encender la luz. De todos modos ahí no había ni electricidad ni agua corriente desde hace años, por lo cual ni se iba a molestar en ver si conseguía un poco de iluminación. De todos modos la falta de luz no le afectaba en lo más mínimo. Subió las escaleras hasta alcanzar una habitación vacía y se sentó en un rincón de forma despreocupada, quitando su espada envainada de su espalda y tratando de recuperarse un poco. No iba a perder el tiempo saliéndose de sus ropas mojadas por la lluvia ni quitándose su máscara, eso no le hacía falta para nada. Solo estaba allí para calmar sus pensamientos y tratar de divisar un nuevo plan, ya que evidentemente el anterior se había ido al garete.
—…Ni un paso más. —Pero eso tampoco significaba que iba a bajar la guardia, ya que había podido escuchar a los cuatro intrusos en su guarida desde que pusieron un solo pie en el hotel. Levantando la vista se encontró con cuatro muchachos bastante jóvenes: Uno con un cabello negro azulado, otro era rubio, el tercero era castaño claro y el último tenía el pelo gris oscuro.
El peliazul, quien parecía ser el líder del grupo, dio un paso al frente y fue el primero en hablar.
—Permítame presentarme. Me llamo-
—Ruki Mukami. Conozco el nombre de todos los vampiros de la ciudad, no creas que tú y tus hermanos son la excepción. —Interrumpió la enmascarada sin siquiera levantarse de su lugar— Aunque debo admitir que admiro su coraje. Cualquiera diría que meterse en la guarida de una cazadora de vampiros siendo uno de ellos es una idea terrible.
—Eso es porque nos enviaron para que te eliminemos. —Continuó el peliazul, tratando de sonar autoritario— Tus pequeñas… "Actividades" podrían arruinar los planes de alguien cercano a nosotros. No podemos permitir eso.
—"Los enviaron", dices… ¡Ja! —Dabria no pudo evitar el esbozar una sonrisa bajo su máscara, en cierto modo eso se lo esperaba— Amigo… Lamento decirte que estás tomando la decisión equivocada. Algo me dice que el rey solo quiere quitarte de en medio así que te mandó a una misión suicida.
Uno de los vampiros, a quien ella reconoció como Yuma, se cruzó de brazos y chasqueó la lengua.
—¿Qué demonios sabes de nosotros?
—Lo suficiente como para saber que también son una amenaza, y que no puedo dejarlos vivir. En cualquier caso… —La mujer se puso de pie, con su espada enfundada en mano, y se estiró de forma despreocupada— Puedo usar el ejercicio extra. No se preocupen, chicos… Me aseguraré de enviar sus cabezas a Karlheinz. O al menos lo que quede de ellas. Estoy segura de que le encantaría tener un recuerdo de ustedes.
Los cuatro hermanos apretaron los dientes. Sabían muy bien que era hora de luchar… Esto solo podía acabar una de dos formas. O exterminaban a la cazadora… O los que acababan exterminados eran ellos.
Y no iban a permitir que el desenlace sea el segundo.
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¡Y aquí se acaba! De nuevo, lamento muchísimo haberme tardado tanto, estuve muy ocupada y con falta de ideas, pero por suerte logré terminar este capitulito a tiempo.
No tengo mucho que decir sobre este, solo que mi objetivo sigue siendo el mismo, intentar hacer que nazca la intriga~
Ahora bien… ¡Duelo a muerte! ¡Los Mukami vs Dabria! Hagan sus apuestas, a ver quién gana.
¡Nos vemos luego! ¡Hasta otra!
