Árboles de nombre desconocido y gritos en la noche

El 18 de enero de 1973 es el primer entrenamiento de Quidditch para el equipo de Gryffindor desde que acabaran las vacaciones de navidad. El tiempo es perfecto, al menos teniendo en cuenta que el colegio Hogwarts vive un invierno lo suficientemente frío como para que ninguno de sus alumnos se despegue en ningún momento de las largas bufandas de punto. El equipo de Gryffindor al completo permanece en pie, en una fila de uno, con las escobas sujetas firmemente entre las manos y esperando a que Jack, el capitán, haga acto de presencia. Pasan cinco minutos de la hora acordada y él suele ser estrictamente puntual, del mismo modo que les exige a ellos estar preparados a la hora exacta, ni un segundo más ni uno menos.

Sirius apoya la mejilla en el palo de su escoba y pierde la mirada en el campo; la hierba permanece de un verde intensísimo, pero la nieve ha empezado a cubrir la superficie con una pequeña capa que bien podría asemejarse más a la escarcha propia de una mañana gélida como en la que se encuentran. Gideon a su lado también cabecea, notablemente cansado y con pocas ganas de subirse a una escoba; lleva el pelo cuidadosamente peinado detrás de las orejas, pero como en cada entrenamiento, todos saben que acabará en una maraña de hebras rojizas onduladas. James por su parte charla animadamente con Noah Collins; la chica es cazadora, lleva el cabello rubio platino recogido en una alta coleta y sus ojos verdes oscuros son lo suficientemente bonitos como para que Sirius se haya fijado en ella. Noah cursa tercero; ella y Gideon son buenos amigos y casi siempre caminan juntos, a pesar de que la chica se lleva bastante bien con la otra cazadora: Martha.

Martha Simmons es más mayor, tiene dieciséis años y es tan alta que incluso es capaz de mirar a Jack directamente a los ojos. En ese momento, Martha bromea con Kirk, el tercer cazador del equipo, de piel oscura pelo rizado de igual color y de su misma edad.

- ¡Hola! – Jack aparece en ese momento, vestido con el chándal de entrenamiento del equipo: pantalones rojos sujetos a la cintura por una goma elástica y un cordón de color dorado, del mismo dorado que la sudadera que uniforma la parte de arriba, únicamente adornada por una línea horizontal de color granate intenso y el escudo de la Casa - ¿Estáis preparados?

- No, solamente llevamos esperando aquí un cuarto de hora. –Gruñe Sirius.

- Bueno es saberlo, Black – Jack sonríe -; fíjate, he conseguido que seas puntual en unos pocos meses.

Sirius va a abrir la boca para replicar pero Gideon le da un codazo y pone los ojos en blanco en un gesto que significa "cállate, pesado". Los siete se colocan sobre sus escobas y con una patada se elevan en el aire.

- Está bien… - Jack se coloca delante de los demás – Creo que todos sabemos qué fue lo que falló en el partido contra Slytherin.

- Yo os aseguro que no. – Fanfarronea James.

- Cállate, Potter – el capitán murmura un "siempre igual" y continúa -, está claro que nuestro punto débil son los pases: Noah, Martha y Kirk, tenéis que ser mucho más rápidos. El fallo está en la velocidad, no en la calidad de los pases. Así que hoy dedicaremos todo el entrenamiento a que os paséis la quaffle y yo ocuparé mi puesto.

- ¿Pero por qué tenemos que pasarnos nosotros la pelotita? – Gideon mueve su bate en el aire – Lo nuestro es golpear, pegar, zurrar… ¿Recuerdas, Jack?

- No soy imbécil, pero necesito que ayudéis a vuestros compañeros; ¿somos un equipo o no?

Se escucha un leve "sí, lo somos…" entre los presentes y da comienzo al entrenamiento. No tardan mucho en darse cuenta de que Jack tiene razón, que el problema básico de los cazadores es que sus movimientos son predecibles; tanto que Gideon y Sirius consiguen arrebatarle la quaffle a Martha y Kirt tres veces seguidas. James se encarga de cubrir a Noah, pero es incapaz de interponerse entre ella y el guardián porque, con sus propias palabras, "no puedo tratar así a una señorita". Después de varias tandas de gritos, quejas y muchos "esto es inútil, Jack", Sirius llega a una conclusión lógica.

- Si el problema está en que los pases son demasiado lentos… ¿No sería una buena solución utilizar más peso en los lanzamientos?

- ¿Qué? – Preguntan Gideon y Martha al mismo tiempo sin comprender. El resto del grupo parece igual de confuso.

- Sí, no sé… Cuando masticas carne dura te cuesta mucho; si te comes otra que está aún más dura te acostumbras a esa dificultad y, después, al volver a la carne anterior te parece que es más blanda. Si usamos balones más pesados que las quaffle para entrenar, entonces tal vez a la hora de usar las verdaderas quaffle tengáis más facilidad para hacer los pases.

Todos se quedan en silencio y vuelven la cabeza hacia Jack, que delante del poste más grande observa a Sirius como si le viese por primera vez.

- ¡Diablos! – Exclama al fin - ¡Es brillante! ¡Sí! Tienes razón… Podemos utilizar balones más pesados… Pero… ¿De dónde los sacamos?

- Los muggles utilizan unos balones que llaman "medicinales" – interviene Noah-, podríamos pedirle a McGonagall que nos trajese algunos. Seguro que ella lo consigue y si le explicamos el porqué entonces no pondrá ninguna pega.

- ¿Y pesan mucho? – Pregunta Gideon – ¿Pesan más que las quaffle?

- Sí, mucho más – explica la chica -, cuando era pequeña me golpearon con uno en la cabeza y creedme que dolió.

- ¡Perfecto! – Jack está tan emocionado que da una vuelta sobre la escoba – ¡Eres un genio, Noah!

- Pero… - Sirius abre la boca anonadado – Pero que la idea ha sido mía…

- Ya has tenido tu segundo de gloria – James pasa a su lado a gran velocidad y le da un golpe en el hombro -; ahora deja paso a los listos de verdad.

- Me juego mi cromo de Godric Gryffindor a que a ti no se te habría ocurrido lo del peso en tu vida, gafotas.

James no parece ofendido, al contrario, se ríe y vuela un poco más alto para luego volver a descender y continuar con el entrenamiento. No invierten demasiado tiempo; a la media hora todos están cansados y deseosos de volver a sus respectivas habitaciones, así que guardan las escobas no propias en el almacén de material, junto con la quaffle que han estado usando y se dividen en dos grupos: Martha y Noah por un lado y los chicos por el otro.

Los vestuarios están situados en la parte de atrás del campo de Quidditch; son usados tanto por los miembros del equipo de Gryffindor como por todos los demás: con varias taquillas con su nombre escrito y siete duchas, es el lugar perfecto para reposar después de un duro entrenamiento o un complicado partido.

Gideon y Sirius son los primeros en desvestirse y dejar que el agua caliente les recorra la espalda; los dos llevan el pelo largo, sin embargo, el del primero, indomable, es de un rojo intenso y el del segundo, mojado, se torna casi negro.

Cuando Jack se quita la sudadera y la camiseta es imposible no fijarse en él: es el más mayor, pero además tiene una gran corpulencia y su espalda, según dicen, es admirada por muchas de las chicas de su curso. Kirk hace lo mismo; también tiene brazos fuertes y piernas potentes. James es el último en quitarse la ropa, observa sus brazos, delgados y debiluchos bueno, tampoco necesito mucha fuerza para atrapar la snitch pero por otro lado se pregunta si realmente a las chicas lo que les gusta de los jugadores de Quidditch son sus cuerpos musculados y no el hecho de saber volar bien. Como James no tiene pelos en la lengua y es de firme creencia de que "lo que no se sabe se tiene que preguntar", no duda en abrir la boca.

- Jack, ¿tú les gustas a las chicas por tu cuerpo o porque juegas en el equipo?

- ¿Qué? – El chico no sabe si reír o no - ¿A qué viene esa pregunta?

- No sé, tú le gustas a las chicas, ¿no?

- Bueno…

- Sí, es muy popular – Gideon escupe el agua que lleva en la boca -, el año pasado estuvo con esa chica de séptimo tan guapa… Melanie no sé qué más.

- Sois unos cotillas, ¿lo sabíais? – Se queja Jack – No sabía que Hogwarts era un criadero de rumores.

- ¿Entonces no es verdad? – Insiste James - ¿No has estado con Melanie?

- ¡Claro que sí, pero…!

- ¡Lo sabía! – Grita exultante Gideon – ¡Eres genial, tío!

- Merlín, me vas a sacar los colores… - Jack se sonroja y esconde la cabeza bajo el agua que cae de la ducha – Más os vale que no vayáis por ahí contando estas cosas porque…

- ¿Pero es por tus músculos o por jugar en el equipo?

- ¡Circe poderosa, James Potter! – Exclama el chico - ¿Qué demonios se está pasando por tu cabeza en estos momentos?

- No sé, no sé… - El joven de pelo desordenado les da la espalda – Era simple curiosidad. Curiosidad científica de esa que dicen.

- ¿Y ahora te gusta alguien? – Kirk se une a la conversación – Te pidió salir Jones la semana pasada y le dijiste que no… O eso ha llegado a mis oídos.

- No… Es posible que me guste alguien, pero no os pienso decir el nombre. Así que podéis desistir.

- ¡Qué aburrido eres, Jack!

Poco a poco van acabando y saliendo, y los últimos en recoger todo son James y Sirius. Este último se seca el pelo con la toalla y encadena una serie de protestas sobre si lo tiene demasiado largo para su comodidad o si debería mantenerlo así simplemente para seguir molestando a su señora madre. Finalmente, con el uniforme puesto, los dos salen por el pasillo que da directamente a uno de los corredores del castillo. Es casi la hora de la cena y los dos saben que sus amigos ya estarán allí, esperándoles o en el peor de los casos atiborrándose de comida a su salud.

Sin embargo, en el Gran Comedor únicamente encuentran a Peter, que con sonrisa amplia se alegra de poder ver a sus mejores amigos.

- ¿Dónde está Remus? – Pregunta Sirius casi antes de sentarse.

- Se marchó a mitad de tarde… - Explica Peter – Me dijo que se encontraba mal y la verdad es que digo yo que será cierto porque tenía la cara muy pálida… Parecía a punto de vomitar.

- Siempre está igual – James estira el brazo para coger una alita de pollo y darle un enorme bocado -: bebe zbumo de baranja que tiebe musas vitaminas… - traga - ¡Y las vitaminas le faltan a él!

- En realidad es lógico que se ponga malo cada dos por tres – dice Sirius -, cuando empieza el calor sigue durmiendo con cien mantas encima. Siempre va con la bufanda esa y ¿le habéis visto los brazos? Parece que se vaya a partir… ¡La solución es fácil! Algún día le cogeré y le enseñaré a comer bien… Mal acostumbrado es lo que está, ¿veis sus platos? Todo mierda verde. Así es normal que esté muriéndose semana sí semana también.

- Eso es cierto, ¿por qué come cosas verdes? – Se estremece James mientras bebe un sorbo de agua - ¡Las cosas verdes para los conejos!

- Igual simplemente le gusta la enfermera. – ríe Peter en voz alta. A sus dos amigos no les da tiempo a soltar un "Peter, te has pasado", "¿Ves? Eso ya no tiene gracia" o "Siempre igual, Peter" porque alguien se sienta con brusquedad al lado de James.

- Hola, chicos – Sabine Lingwood se coloca a una distancia que James considera "excesiva" y se pasa la lengua por los labios -, ¿qué tal?

- Ahora mal, hace un segundo bien. –Gruñe Sirius y James deja escapar una carcajada.

- Oh… - La chica duda - ¿Qué tal el entrenamiento?

Normalmente tanto James como Sirius están dispuestos a entablar conversación con cualquier chica que se les acerque, pero justo en ese momento, el segundo se encuentra demasiado entretenido con su plato de pato a la naranja esto sabe como los ángeles esos por lo menos y el segundo no puede evitar acordarse de su conversación con Mary y cómo esa chica "la de la cara estándar" se metió con ella días atrás; así que ninguno de los dos abre la boca.

- Muy bien, la verdad es que hoy he ganado dos partidos pero me he pringado en otro – Peter estira la palma de la mano en la que hay varias ampollas llenas de pus a punto de estallar - ¿ves?

- ¡Les preguntaba a ellos! – La chica se aparta con asqueada.

- Ah…

James y Sirius vuelven a reír al unísono y Peter se les une, hasta que finalmente Sabine se levanta con un soplido de resignación y vuelve a su asiento donde Lucy y Sophie la esperan impacientes. Lily, justo a su lado introduce un trozo de tomate natural en su boca y se limpia con una servilleta de color dorado.

- La miraría comer toda mi vida… - Susurra James.

- Cállate o llamo a la tía esa para que vuelva – protesta Sirius -, ¿quién es, por cierto?

- No sé, es esa chica que va con Lily… Que tiene nombre de árbol, ¿no? – Piensa en voz alta James.

- No, ¿eso no es una sabina? –Pregunta Peter atacando una tarta de melaza.

Ninguno de ellos lo sabe, únicamente coinciden en que Remus seguro que lo sabría; se atiborran de tarta, de unos bollos rellenos de crema que guardan con disimulo bajo la capa y después abandonan el comedor, con paso rápido. Se plantean ir a visitar a Remus a la enfermería, pero luego Peter les recuerda que al chico no le gusta que le molesten y que Remus enfadado, es peor que cualquiera de ellos de mal humor. De nuevo vuelven estar de acuerdo en eso, así que sin más dilación suben las escaleras con parsimonia hacia la Sala Común de Gryffindor.

La Dama Gorda los mira con recelo cuando los tres se colocan delante de ella.

- ¿Qué le pasa? – Bufa Sirius observando a la mujer vestida de rosa.

- Que sus intenciones nunca son buenas, eso me pasa – se queja ella-, algún día no los dejaré pasar…

- ¡Qué bien nos conoce! – James levanta el pulgar – Y ahora deje de hacernos perder el tiempo y… Plumas de hipogrifo.

- Espero con ansias el día que se le olvide la contraseña y…

- ¡Déjenos pasar! – Se queja Peter.

Todavía escuchando las protestas de la Dama Gorda atraviesan el retrato; la Sala Común está prácticamente vacía a excepción de varios alumnos mayores, así que suben las escaleras hacia los dormitorios sin siquiera pensárselo dos veces.

Una vez allí, uno tras otro se quitan la ropa: Peter abotona su camiseta del pijama, a rayas azules y blancas que le regalaron por navidad y se deshace de los calcetines, porque Peter Pettigrew no puede dormir con calcetines, no importa el frío que haga, él necesita no llevar calcetines para caer en un sueño profundo. Sirius por su parte se viste cuidadosamente pero deja la parte de arriba de su pijama abierta, dejando al descubierto el pecho del que poco a poco van desapareciendo las formas infantiles.

James se quita las zapatillas, los pantalones y el jersey y se queda en camisa y calzoncillos y los lanza por encima de si cabeza, después se tira con fuerza sobre su cama y se cubre la cara con la almohada.

La ausencia de Remus está latente en el ambiente; a pesar de que el muchacho es callado, los otros tres echan de menos sus silenciosos quejidos al vestirse y colocar la ropa del día siguiente en una esquina, cuidadosamente, en perfecto orden, ni un milímetro más a la izquierda ni un milímetro menos a la derecha.

- Son las nueve todavía – dice Sirius mirando el reloj de mesa de Remus, el cual descansa encima de su colchón -, ¿creéis que volverá esta noche?

- No creo, ¿no? – Musita James apartando la almohada y volviendo a la realidad – Por lo que dice Peter se encontraba muy mal.

- Pues más le vale a ese idiota estar bien para mañana por la mañana o tendré que prestar atención en Historia de la Magia y Merlín sabe que eso es tarea imposible.

- ¿Estás seguro que serías capaz de tomar apuntes tú solo? – James se pone en pie sobre la cama con cara de preocupación – Creía que no sabías ni cómo coger una pluma.

- Oye, Pettigrew – Sirius mira a Peter con una amplia sonrisa-, ¿cuántos galeones quieres a cambio de ayudarme a matar a Potter y enterrar su cuerpo en el Bosque Prohibido?

- Yo…

El chico de gafas se ríe y comienza a saltar, girando sobre sí mismo, al tiempo que evita que Sirius le agarre por la cintura y antes de que pueda impedírselo alguien intenta entonar la letra de una canción.

- People need hope – canturrea mientras Sirius le da un codazo en el costado -, people need loving, people need a fellow man!

- ¿Qué demonios estás ladrando?

- People need love to make a good living, people need faith and a helping hand… - James le esquiva y le da un golpe en la frente – ABBA, ¿no tienes cultura musical?

- ¡Merlín! – Sirius consigue tirarle contra la cama y se pone encima de él – Creía que eras mi mejor amigo, no mi mejor amiga.

- La la la la, la la la la-la – insiste el chico -, no todos los grupos necesitan no ducharse en semanas para ser masculinos.

- ¡El único que no se ducha aquí eres tú!

- Por el olor de tus axilas más bien diría que eres tú el que…

- ¡Chicos! – Peter salta por encima de ellos, gatea y luego se encarama a la ventana - ¿Qué es eso?

- ¿El qué? – Gruñe Sirius al mismo tiempo que le tapa la boca a James con la mano y este empieza a patalear - ¿La luna? Sí, es preciosa, ¡vamos a escribir poemas! A ver si vuelve Remus y devuelve algo de masculinidad a este dormitorio…

- ¡No hablo de la luna! – Protesta Peter mientras asoma la cabeza por la ventana y deja que el frío invernal le golpee – Escuchad.

Y escuchan. Normalmente se dice que cada ser humano percibe la realidad de una forma distinta; que los ojos no captan los colores con la misma tonalidad, que los sonidos llegan a los oídos en distintas intensidades, y por supuesto no hay olor que no sea captado con mayor o menor agrado. Pero en ese momento, ese sonido provoca entre los tres chicos un sentimiento común que ninguno olvidará jamás. Los pelos de la nuca de James se erizan, casi al mismo tiempo que los del brazo de Sirius y los ojos de Peter no pueden apartarse de la oscuridad. Ellos no lo saben, en realidad en ese momento nadie se lo podría imaginar, pero ese sonido, ese grito angustioso de ayuda, ese aullido que bien podría hacer desvanecerse al más fuerte será la sintonía que marque sus pasos y que sentencie su futuro.

- ¿Qué es? – Murmura James en un tono tan débil que no es propio de él.

- Viene de allí – Sirius levanta el brazo, señala las pequeñas lucecitas que brillan en Hogsmeade y luego lo vuelve a pegar al cuerpo, temeroso de que algo pueda arrebatárselo -, ¿creéis que es…?

- La Casa de los Gritos. –Susurra Peter.

- ¿La qué? – James mira a su amigo del mismo modo que mira al profesor Binns durante las clases de Historia de la Magia.

- Merlín, Potter… - Sirius pone los ojos en blanco – La Casa de los Gritos está cerca de Hogsmeade ¿no has escuchado hablar de ella? Hace ya bastante tiempo que corre el rumor entre los alumnos de que está encantada; dicen que hay monstruos allí, fantasmas horribles, mucho peores que el Barón Sanguinario o cualquier bicho que haya en el Bosque Prohibido.

- Muchos la han mirado de lejos, desde el pueblo – explica Peter -, dicen que está cerrada, que no se escucha nada durante el día y que por la noche pueden escucharse sonidos de tortura. Dicen que alguien murió allí y su espíritu quedó atrapado e intenta escapar.

- ¿En serio? – James abre la boca sorprendido - ¿Y…? ¿Y por qué diablos no hemos ido a investigar eso? ¡Merlín! ¿Lo sabíais y no me lo habéis contado? ¿Y tú Remus no has sido capaz de…? – el chico se vuelve hacia la cama vacía y luego recuerda que su amigo pasa la noche en la enfermería – Tenemos que contárselo a Remus.

- Él ya sabe lo que es la Casa de los Gritos, imbécil – Sirius se aparta de la ventana y se tumba sobre su colchón con los brazos detrás de la cabeza -. Creo que eres el único idiota que no lo sabía.

- A mí no me apetece saber lo que hay – Peter se estremece y gatea de nuevo hacia su cama -, si es un misterio mejor que lo siga siendo.

James no se mueve; apoya los brazos sobre el alféizar de la ventana y luego deja caer la cabeza con cansancio. Los quejidos se siguen escuchando a lo lejos; demasiado distantes como para interpretarlos pero lo suficientemente intensos como para que el chico no se los pueda sacar de la cabeza. Así que la Casa de los Gritos…

Esa noche James Potter se resfría; si Remus Lupin hubiera estado allí le habría dicho que no es prudente dejar la ventana abierta en pleno invierno, le habría obligado a ponerse el pijama y a meterse en la cama. Pero Remus Lupin no está. Y es por esa razón que James permanece más de una hora allí, incapaz de moverse, observando la Luna y luego el bosque, después la oscuridad y un poco más tarde simplemente la nada. Si Remus Lupin hubiera estado aquella noche allí probablemente le habría dicho a James que no se dejara llevar, que las historias que se cuentan nunca son verdad y posiblemente James le habría hecho caso. Pero Remus Lupin no está. Y es por esa razón que James es incapaz de pensar en la forma de acercarse a esa casa misteriosa y descubrir lo que nadie sabe.

El 18 de enero de 1973 fue la primera noche en la que los aullidos del lobo penetraron en el pecho de Sirius, James y Peter. El 18 de enero de 1973 fue la primera noche en la que los aullidos del lobo mantuvieron a James Potter en vela hasta horas de la noche que él no sabía ni que existían. Y solamente cuando el sol empezó a emerger a la espalda del castillo y los primeros pájaros comenzaron a trinar el ruido de la noche cesó.

La mañana del 19 de enero de 1973 recibió a un niño de pelo revuelto dormido sobre sus brazos, perdido en unos sueños plagados de lobos, fantasmas, casas encantadas y misterios que resolver.