Planes y promesas

Remus no volvió de la enfermería hasta dos días después, la tarde del viernes de aquella misma semana; James, Sirius y Peter insistieron incesantemente en tratar de verle una y otra vez, hirviendo en emociones y preguntas sin respuesta que necesitaban comunicarle a su amigo con urgencia. Pero las negativas de la señora Pomfrey se volvieron más y más tajantes a cada intento, e incluso trasladaron al joven hombre lobo a una zona más apartada de la habitación, donde los tres inquietos chicos no podían ni siquiera comunicarse con él desde la puerta. Al final, y tras la proposición de Peter de fingir estar enfermos para poder acceder a la sala durante al menos unos minutos, y una tajante negativa de Sirius "eso no funcionará dos veces, tío", el jueves a la hora de comer deciden que no quedará otro remedio que esperar a que Remus se recupere para contarle lo que escucharon la noche anterior.

Las clases del viernes transcurren asfixiantemente lentas para Sirius, que no puede evitar sentirse extraordinariamente inquieto. No es solo el misterio la Casa de los Gritos lo que mantiene su mente ocupada mientras juguetea con la varita entre las manos debajo del pupitre, distraído: el lunes, James había descubierto (y cómo lo había descubierto era aún un misterio) que "el sitio del chocolate", el lugar tras el pasadizo secreto del tercer piso al que los cuatro amigos frecuentemente acudían, no era sino el sótano de Honeydukes, la popular tienda de dulces de Hogsmeade, el pueblo mágico que se encuentra a tan solo unos metros del castillo, al otro lado del lago. En un principio, no le había dado demasiada importancia al hecho, pero su mejor amigo ha logrado poco a poco despertar su interés, hasta el punto de que en aquel momento no puede esperar ni un segundo más sentado en aquella habitación. Necesita ir a aquel lugar, y lo necesita con tanta urgencia que no es capaz de aguantar ni un solo segundo más allí sentado, en una soporífera clase de Defensa Contra las Artes Oscuras. James saborea su nerviosismo como una pequeña victoria personal, y no escatima esfuerzos en recordárselo a la mínima oportunidad "qué, Sirius, ¿ves?, tenía razón, tenías que haberme hecho caso… No sé qué harías sin mí…".

James, Sirius, Remus y Peter decidieron que pospondrían su excursión a Hogsmeade hasta el fin de semana: las clases, deberes y trabajos (aunque Remus y Peter son los únicos que realmente hacen estos dos últimos) no les dejan demasiado tiempo entre semana para explorar propiamente aquel lugar. Es por eso que aquel día ninguno de los tres es capaz de mantener la calma: la anticipación tanto por ver a Remus como por lo que sucederá la mañana del día siguiente ocupan cada rincón de su pensamiento. Finalmente, cuando han perdido todo tipo de esperanza de que su amigo vuelva deciden que es hora de ir a cenar. Entran en el Gran Comedor cuando las mesas ya están prácticamente llenas y se están encaminando hacia un hueco al inicio de la sala cuando un brazo largo se levanta en el aire con desgana y se escucha un débil "¡Chicos!".

Remus tiene aspecto enfermizo, más pálido que habitualmente, y cuando dices habitualmente te refieres a los días siguientes a sus periódicas visitas a la señora Pomfrey. Los ojos del joven Gryffindor brillan en un azul apagado que muestra el cansancio de una noche de forcejeos e inconsciencia de la que nadie mas que él, Dumbledore y algún que otro profesor saben. James se siente inmediatamente a su derecha y aparta un gigantesco periódico doblado, Sirius a su izquierda y Peter al lado de este último y antes de que pueda añadir más sus tres amigos empiezan a hablar muy rápido y al mismo tiempo.

- ¡Remus, por fin! – Sirius le da una palmada en la parte superior de la espalda que le empuja hacia delante, golpeándose la tripa con la mesa – Creía que te habrías muerto esta vez.

- ¿Muerto? – James muestra preocupación y coge a Remus del brazo, tal y como ha visto a la enfermera hacer con algunos de los chicos que pasan por sus manos – Tienes un aspecto horrible, Remus, te lo digo en serio.

- Oh, vaya… Gracias, supongo. – Ironiza el apelado sonriendo con una mueca de dolor.

- ¿Te duele algo? – Interviene Peter – ¿Qué ha sido? ¿Una gripe? Las gripes son horribles y…

- Estoy bien…

- ¡Han pasado muchas cosas en tu ausencia! – Exclama Sirius de repente, como si se diese cuenta en ese instante que lleva más de un día mordiéndose la lengua para no gritar a los cuatro vientos los últimos descubrimientos - ¡Es algo genial!

- ¡Sí! – Coincide James - ¿Te acuerdas de que nunca me hacéis caso? ¡Pues yo tenía razón! Merlín, siempre tengo razón.

- Tú qué vas a tener razón siempre, cabezahueca.

- Es aterrador, Remus… - Se encoge Peter en su sitio.

- En serio, Sirius, cada día tienes menos gracia.

- ¿Aterrador? – Remus da un par de vueltas a la crema de calabaza que ha decidido elegir como cena - ¿A qué te refieres?

- Supongo que es porque estoy siempre cerca de ti y lo malo se pega, imbécil.

- No es seguro contártelo aquí… Acabamos de cenar y subimos y…

- Pesado.

- Cerdo.

- Original.

- ¡Ya vale! – Remus da un golpe en la mesa – Acabo de salir de la enfermería, estoy cansado y tengo hambre, ¿os importaría dejar de discutir aunque sea solo por un momento?

- Que conste que me callo porque a los enfermos no hay que llevarles la contraria y no quiero que te mueras aquí mismo – gruñe Sirius cogiendo una bandeja de plata y sirviéndose una cantidad escandalosa de huevos revueltos -, con un poco de mala suerte nos acusarían de asesinarte y no me apetece pasar años en la cárcel con este par de imbéciles.

- Oh, vamos… - James le da un mordisco a un trozo de pan al mismo tiempo que ataca con el tenedor un filete de pavo en salsa de nueces – Estar en la cárcel juntos sería divertido.

- ¿Por haberme matado a mí?

- No… - El chico de gafas parece encontrar el problema en el plan y al segundo su sonrisa se ilumina- ¡Ya está! Matamos a Snape, nos mandan a la cárcel y podemos estar los cuatro juntos.

- Y he aquí la razón por la que decimos que eres el tonto del grupo – Sirius fija entonces la vista en el periódico que su mejor amigo ha apartado minutos antes y frunce el ceño -, ¿qué es esto?

- El Profeta – Remus se limpia la boca cuidadosamente con una servilleta y le da un sorbo a su vaso de agua -, la señorita Pomfrey lo tenía y me lo ha dejado. Yo solamente lo recibo los domingos. No me ha dado tiempo a leerlo, ¿qué pasa?

- Esto… - Señala una noticia a doble página en la que una mujer solloza repetidamente, al mismo tiempo que una bruja de mediana edad y pelo revuelto sostiene una libreta y una pluma revolotea en el aire y escribe a su antojo – "Seis desaparecidos en Birmingham Cuatro de ellos, todos magos mayores de edad residían en el barrio de Warstock desde hace más de diez años y eran amigos de los otros dos desaparecidos, un matrimonio de avanzada edad" – Lee – Mirad, el hombre tendría quinientos años aproximadamente por esta foto de aquí.

- Y quien dice quinientos dice setenta – gruñe James -, ¿qué les habrá pasado?

- Seguro que uno de ellos era un asesino psicópata – aventura Sirius -; tal vez se comieron unos a otros.

- Sois idiotas – Remus le quita el periódico y lo guarda en el bolsillo de la túnica -, me voy a comer esta manzana y subiré al dormitorio, así que si tenéis que contarme algo más os vale acabar pronto con esos platos inhumanos que os habéis servido.

Peter da un par de mordiscos a su sándwich de queso y da un trago largo a su copa de jugo de uva verde; Sirius mastica a dos carrillos y con las manos coge varios pastelillos de chocolate y nata que llevan llamando su atención desde que se ha sentado, los desliza bajo el jersey y sonríe; James coloca la servilleta encima de lo que ya no le resulta una comida apetecible y repite el proceso de su amigo, pero además añade una tarta de color azul que tiene tan mala pinta que es incapaz de resistirse a ella.

Una vez que los cuatro han terminado salen del Gran Comedor de vuelta a la Sala Común; pasan por delante de múltiples cuadros que deciden saludarles en alguna ocasión y otros que prefieren hacerles la burla con descaro. Después de que Sirius se detenga durante cinco minutos para amenazar de muerte a un señor vestido con armadura y mejillas sonrosadas que ha considerado que sería divertido gritarle al joven Black "palurdo, que eres un palurdo y no tienes remedio", pasan por el retrato de la Dama Gorda y sin ningún ademán de perder el tiempo con el resto de alumnos de la Casa suben las escaleras.

James cierra la puerta y le pega una patada suave asegurándose de que nadie la va a abrir y se vuelve casi dando saltos de emoción hacia sus amigos. Remus suspira, sentado encima de su cama, con las piernas cruzadas y las manos apoyadas en las rodillas; Sirius se tumba cuan largo es y mueve los pies en el aire de forma brusca; Peter por el contrario decide coger su almohada y empezar a mordisquearla suavemente.

- Tío, Peter, pareces tu puñetera rata – murmura James mientras cruza los brazos y sacude la cabeza inconscientemente -; tenemos que hablar.

- ¿Tienes que sonar tan sectario? – Remus pregunta con desgana.

- No sé que es eso pero cállate, Remus.

- ¡¿Puedes ir al grano?! – Berrea Sirius – Creía que no podía haber nada más aburrido que las clases del profesor Binns pero…

- Las clases del profesor Binns no son aburr…

- ¡TENEMOS QUE IR A HOGSMEADE! – Interrumpe James levantando el brazo hacia la ventana.

- Ah – Remus ríe en bajo -, claro y a mí me apetece viajar a Australia y no sé, aquí sigo, ya ves tú.

- ¿Eres tonto? – Sirius se incorpora para mirar a su amigo rubio fijamente – Si el idiota dice que quiere ir a Hogsmeade es que vamos a ir a Hogsmeade. Si el idiota dice que quiere ir a Hogsmeade es que podemos ir a Hogsmeade.

- ¿Pero cómo diablos pretendéis hacer eso? ¿Sabéis dónde está ese pueblo? Los alumnos que pasan el fin de semana allí tienen un largo camino y los profesores están vigilando y además, necesitáis autorización de un padre, madre o tutor. Y McGonagall sabe que sois de segundo.

- Gracias por la aportación – sonríe James -, y si ahora me dejas hablar… El otro día llegó a mis oídos algo increíble.

- ¡Algo impresionante! – Corrobora Peter enseñando los dientes.

- Te acuerdas, Remus, de que el sitio del que cogíamos el chocolate era Honeydukes, la tienda, ¿verdad? . – Pregunta Sirius, sin esperar una respuesta.

- Honeydukes, la tienda de caramelos, chocolate, algodón de azúcar y todo lo que te puedas imaginar. En Hogsmeade; el pasadizo de la bruja tuerta lleva a Hogsmeade.

- Sí. Lo recuerdo.

- Es genial, claro. – Sirius asiente con la cabeza.

- ¿GENIAL? ¡¿GENIAL?! ¿ESTÁIS MAL DE LA CABEZA? MERLÍN, MERLÍN Y CIRCE PODEROSA, LLEVAMOS ROBANDO MESES. SOMOS UNOS LADRONES. ESE CHOCOLATE… ¡PODRÍA HABERLO COMPRADO UN NIÑO Y YO ME LO COMÍ! NOSOTROS… SOMOS DELINCUENTES. Dejad de recordármelo.

- Remus… - James se sube a la cama y le pone la mano en el hombro apaciguadoramente – No te estreses; yo era un delincuente antes de llegar aquí. Tampoco es para tanto.

- Sí, somos ovejas descarriadas.

- Pues eso no es todo – Peter levanta las manos para que se calmen todos -, tenemos algo más, algo más… Aterrador.

- ¿Algo más? ¿Algo más genial?

- La Casa de los Gritos – la voz de Sirius adquiere un tono de siniestralidad que hace que Peter y James se encojan y que el rostro de Remus se vuelva de un color similar al verde -; escuchamos cosas.

- ¿La Casa de los… - Remus traga saliva va, cálmate, es absurdo, todo el mundo habla de la casa de los gritos – Gritos? No… No entiendo.

- Oh, vamos – James abre mucho los ojos y mueve las manos en el aire -; los rumores sobre fantasmas, monstruos y todo tipo de cosas que dicen que viven allí. Escuchamos ruidos, ruidos que no eran humanos, tío.

- Pero… - Remus crispa las manos sobre las sábanas y se bendice a sí mismo una vez más por saber mantener una cara de póker la mayoría de las veces en las que está a punto de perder los nervios – Pero ese sitio no está embrujado de verdad… Y si lo estuviera seguro que sería peligroso, ¿qué estáis intentando decirme?

- Pareces tonto, rubiales – Sirius coloca los brazos detrás de la cabeza y se estira bostezando -, tenemos un pasadizo para ir a Honeydukes; la puerta de esa tienda nos permite salir a Hogsmeade y desde allí…

- ¡Podemos ir a la Casa de los Gritos! – Completa James emocionado – ¡Seremos los primeros en saber qué se esconde tras esas paredes!

- ¡No! – Remus jadea y gime en bajo varias veces la negativa – No os dejaré, no podemos ir allí. Es peligroso, James, no es como… No es como escabullirse por el colegio; puede que haya algo muy malo allí. Imagínate que nos pasa algo, imaginad que nos… No quiero ir allí.

- ¿Tienes miedo? – Peter asiente con la cabeza, intentando decirle que él también tiene miedo, que le comprende – Es lógico, Remus… Yo tampoco quiero ir.

- ¿Pero sois idiotas? No son más que rumores… Seguro que lo que se escuchó la otra noche no era más que un bicho en el Bosque Prohibido; podemos ir, ver que no hay nada y que James se calle la boca de una vez por todas.

- ¡Pero si hace un par de horas tú también pensabas que habría algo! – Se queja el chico de pelo revuelto indignado – Si no queréis ir ninguno ya iré yo solo.

- No – Remus entrecierra los ojos –. No irás tú solo, no… Iremos… Y… Podemos ir un día por la mañana con cuidado y… Desde lejos. Prometedme que no intentaréis entrar.

- ¡Vayamos mañana! – Exclama Sirius encaramándose a la ventana y observando las pequeñas casitas a lo lejos – Mañana por la mañana.

Peter se acerca a Sirius, apoya la mano en su hombro para impulsarse y poder mirar y sonríe; tiene miedo, claro que lo tiene, tengo miedo hasta de acercarme a esta ventana, pero con el contacto de Sirius todo parece menos peligroso. Sabe que tenerle cerca, con su risa de perro y su mal temperamento es como un escudo protector. Sirius nunca dejaría que le pasase nada malo a ninguno de ellos.

Remus no se mueve de donde está, observa a James; preocupado trama algo, sé que trama algo y no puedo permitir que entren allí… No puede asimilar todavía la idea de que al día siguiente sus mejores amigos se van a acercar tal vez demasiado a su prisión las noches de luna llena. James se vuelve hacia él, sin sonreír, con la sombra de la duda en sus ojos oscuros.

- ¿Qué te pasa?

- Que no me gusta ese sitio, y no podemos perder puntos… No, peor; pueden expulsarnos. No tenemos permiso para salir del castillo y menos para merodear cerca de esa casa. No quiero que nos pase nada.

- Va, Remus, estaremos bien – James le da un golpecito en la frente con el dedo y luego pone las manos detrás de la espalda -; te prometo que todo irá bien. Nunca dejaría que te pasase nada malo; ni a ti ni a ninguno de vosotros. No haré nada idiota – cruza los dedos a la espalda -. Palabra de Potter.