¡Hola, gentecita! Aquí les traigo la tercera parte del fic ^^ No tengo mucho que decir por ahora, así que simplemente disfruten el capítulo que hice con bastante esmero (?)

Disclaimer: Diabolik Lovers y todos sus personajes pertenecen a Rejet.

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Capítulo 2: "Sin piedad"

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"Nadie la quiere.

Ella solo mira fijamente al mundo.

Planeando su venganza.

Que pronto desatará."

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Esto no debería haber acabado así.

Simplemente, esto no debería haber acabado así.

Ruki tosió sangre y jadeó cansado, sentado sobre una pared y sujetando con fuerza la herida profunda que tenía en el estómago para intentar detener el sangrado, aunque sabía que eso no serviría ni para prolongar lo inevitable. Sabía muy bien que, después de recibir una estocada directa de esa espada, le quedaban solo minutos como mucho.

Chasqueó la lengua y trató de enderezarse un poco, le costaba solo mantener la consciencia ya que podía sentir como su interior comenzaba a arder como si tuviera una fiebre altísima, y una potente migraña se había hecho presente junto con ese síntoma. Un hilillo de sangre resbaló por sus labios y parpadeó varias veces para intentar aclarar su borrosa visión, todo el peso que sentía sobre el cuerpo parecía volverse más intenso por cada segundo que pasaba… Cosa que, en cierto modo, era verdad.

Volvió a toser y observó la aún oscura habitación, donde solo quedaban un ser moribundo –él mismo- y la cazadora que habían venido a exterminar… Rodeada de tres cadáveres completamente brutalizados y apenas reconocibles. Lo que había transcurrido allí ni siquiera contaba para ser una batalla, directamente había sido una carnicería. Los Mukami no tuvieron ni una sola oportunidad. Dabria ni siquiera sudó mientras los despachaba uno por uno como si se tratara de un simple ejercicio matutino.

El primero en caer fue él, ya que apenas intentó dar un paso al frente para dar inicio a la lucha la mujer ya estaba en frente suyo, espada en mano y, antes de que pudiera siquiera reaccionar ya la había enterrado profundamente en su estómago, removiéndolo rápidamente de la ecuación.

Esa agilidad no era humana.

Intentó rememorar en su mente que se desvanecía el resto de los hechos. Luego de apuñalarlo y tirarlo al piso como si fuera un trapo viejo ella se lanzó directo al que tenía más cerca: Yuma. Observó sus restos en el piso recordando que fue de él, y… Unas arcadas se hicieron presentes solo de recordar lo que sucedió con las dos mitades verticales que estaban en el suelo sin vida. Ya que antes de darse cuenta Dabria también había dado una estocada en el abdomen del rubio, pero en lugar de dejarlo para que la herida se encargara de él rápidamente enfundó su espada y embistió con sus manos justo dentro de la herida antes de aplicar fuerza hacia los lados, como si estuviera intentando partirlo en dos mitades.

Cosa que consiguió.

En tan solo unos cuantos segundos el cuerpo de Yuma había terminado dividido en dos mitades, soltando un enfermizo "CRUNCH" mientras sus huesos se rompían y lo que antes era un vampiro se separaba y caía al suelo, quedando reducido a solamente una pila de sangre, tripas y entrañas disgustante a la vista.

Esa fuerza… No era humana.

El siguiente fue Kou, quien, al ver como ese… Ese monstruo con forma humanoide se había cargado a Yuma de una forma tan sanguinaria simplemente tragó saliva y dio un paso hacia atrás en cuanto notó que ahora esos pozos celestes estaban observándole fijamente. Pero, en tan solo un parpadeo, la cazadora ya estaba en frente suyo gracias a esa agilidad que poseía y le cogió del cuello con fuerza. Intentó liberarse desesperado, especialmente cuando vio como la mujer utilizaba su mano libre para tomar fuerza como si fuera a hacerle algo. Cosa que no se hizo esperar, ya que pasados unos segundos hundió dos dedos profundamente en los ojos de Kou, haciéndole gritar y dejándole prácticamente ciego en cuanto los retiró con fuerza, permitiendo ver que le había destruido los dos –el verdadero y el implantado-. Lo que ocurrió después por poco y le hacía vomitar solo de recordarlo: Soltó el cuello del rubio y luego colocó cada mano a un lado de su cabeza, dejándole confundido y asustado hasta que comenzó a aplicar fuerza. El vampiro volvió a gritar, tratando desesperadamente de escapar y básicamente rogando piedad pero de nada sirvió… Al cabo de un rato la cabeza de Kou terminó por reventar como si se tratara de un globo. En cuanto ella le soltó cayó al piso completamente inerte, con lo que antes era su cabeza completamente achatada y destruida, con grandes cantidades de sangre, hueso y cerebro que se desprendían de su piel.

Esa brutalidad… No era… Humana.

Y finalmente, solo quedó Azusa. Bien podría decir que el peligris al menos tuvo algo de suerte al tener la muerte más rápida de sus hermanos… Ya que mientras él aún se encontraba en estado de shock por lo que acababa de ver Dabria volvió a desenfundar su espada y se lanzó hacia él. Lo único que había logrado captar era ver una rápida cuchillada en forma horizontal justo en el cuello, dejándole con los ojos abiertos como platos. Lentamente, como si estuviera saboreando el momento, la mujer enmascarada enfundó su espada nuevamente y luego acarició suavemente el rostro del vampiro antes de cogerle los pelos y… Desprender su cabeza del resto de su cuerpo como si nada. El resto de Azusa cayó inmediatamente al suelo mientras ella continuaba observando la expresión horrorizada del vampiro, como si se tratara de lo más cómico del mundo durante unos instantes antes de dejarle caer junto al cadáver.

Esa mujer… Definitivamente… No era…

Eso era todo lo que podía recordar sobre los acontecimientos de hace minutos. Si ahora mismo no se estuviera muriendo desangrado y con el cuerpo ardiéndole, habría soltado una risa amarga. No sabía si le había dejado vivir por unos minutos más para que pudiera ver exactamente a quien había tratado de enfrentar, o simplemente no se dio cuenta de que aún estaba respirando. Las palabras que le había dicho antes de la masacre resonaron por su mente. "Misión suicida". No, eso no podía ser cierto… Karlheinz nunca les pondría en peligro a propósito, o peor, con la intención de que no volvieran jamás… ¿Verdad?

Aunque por otro lado, como el plan de Eva había terminado siendo un fracaso… Era fácil entender por qué… Ya no tenía necesidad de protegerlos.

Chasqueó la lengua y levantó un poco la mirada, justo para detectar como Dabria le miraba fijamente, esos pozos celestes sin vida que eran el único color que tenía su máscara fijados completamente sobre él. Esa… Esa bestia comenzó a caminar lentamente hacia Ruki, volviendo a desenfundar la espada y apuntándola hacia él pero de manera desinteresada, después de todo ya no representaba la más mínima amenaza para ella. Intentó ponerse de pie pero fue inútil, ya no podía ni mover las piernas por la debilidad que sentía.

—Parece que no pudiste exterminar a nadie. —Logró oír un comentario burlón, lo que faltaba. Se estaba mofando de él. Bueno, estaba en todo su derecho… Había probado ser muy superior a él y a sus hermanos. Debía serlo para poder eliminarlos tan fácilmente antes de que cualquiera pudiera si quiera reaccionar. Ruki apretó los dientes y trató de tomar aire, si iba a morir ahí… Primero quería saber algo.

—Tu… —Logró murmurar con la poca fuerza que le quedaba. Dabria inclinó un poco su cabeza en señal de curiosidad— Tu… No eres… Humana. ¿Verdad?

Eso es lo único que quería saber. Que la muerte le lleve, pero… Necesitaba saber esa respuesta.

La cazadora tomó la hoja con sus dos manos y la alzó para que esta tome impulso. Una risa suave escapó de su garganta, una melodiosa pero siniestra al mismo tiempo.

—No. No lo soy.

Y dichas esas palabras hizo descender la espada directo hacia la cabeza del vampiro, partiéndola y aplastándola con tanta fuerza que terminó básicamente sin forma alguna, reduciéndola a una pila de sangre y acabando con la vida de Ruki Mukami.

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Yui suspiró mientras introducía la combinación de su casillero, tratando de organizar sus pensamientos y decidir qué curso de acción iba a tomar a partir de ahora.

Habían pasado un día desde el incidente donde aquella cazadora enmascarada había irrumpido en la mansión de la familia Sakamaki, pero aun así podía sentir como el ambiente se mantenía tenso entre los seis vampiros habitantes de dicho lugar. No solo porque había mucho más silencio de lo usual, sino porque también parecían estar más centrados en cualquier otra cosa más que en ella misma. Incluso los trillizos, quienes usualmente eran los que más disfrutaban atormentarla, pasaron de ella completamente cuando se los encontró mientras bajaba las escaleras para poder dirigirse a la escuela como si fuera un día normal.

Pero tampoco podía echarles la culpa de estar tan paranoicos. Ella también lo estaría si supiera que había sido marcada para morir a manos de una persona que parece tener absolutamente todos los medios para poder acabar con ella de veinte formas diferentes y en menos de lo que canta un gallo, y que se notaba que iba a disfrutar mucho haciéndolo. Otro suspiro se escapó de sus labios, esta situación solo la ponía más nerviosa por cada segundo que pasaba pensando en ella, en especial cuando su mente regresó a aquella conversación que tuvo con Dabria cuando la visitó el día anterior.

—¡De acuerdo, esto ya no es gracioso! —Aquel grito femenino que resonó a su lado la sacó de sus pensamientos. Giró la cabeza para ver a una joven vestida con el uniforme de gimnasia, clase de la que acababa de salir, mirando a otro grupo de chicas como si fuera a molerlas a golpes una por una—¡¿Dónde demonios está mi uniforme?!

—¡Te digo que no lo sabemos, deja de desquitarte con nosotras! —Disparó en respuesta otra de las muchachas del grupo, quien llevaba lentes y su cabello atado en una coleta.

—¡Pues entonces alguien me lo robó, porque no está en mi casillero!

La rubia parpadeó al terminar de escuchar la discusión. Vaya… ¿Alguien se había robado el uniforme de aquella chica? ¿Quién sería capaz de hacer semejante cosa?

Laito

Definitivamente era su principal sospechoso y el que más encajaba con un perfil así. Pero de todos modos… No, tampoco estaba segura de que haya sido él. Después de todo el vampiro será un salido y un degenerado, pero de seguro tenía cosas más importantes que hacer antes que robarles los uniformes a las chicas durante la clase de gimnasia.

O al menos eso es lo que quería pensar.

Encogiéndose de hombros terminó de ajustarse su propio uniforme y cerró su casillero, de todos modos ese pequeño incidente no era problema suyo. Además ya estaba algo atrasada a su próxima clase, tenía que apresurarse si no quería que la profesora de física le eche una bronca por tardarse o peor, que la castigue con tiempo extra.

—Oi, Chichinashi.

Estaba a punto de salir del vestidor cuando aquella voz y apodo familiar llegaron a sus oídos. Se giró lentamente para ver a Ayato recostado sobre una pared, con los brazos cruzados y mirándola con su característico ceño fruncido.

—Ayato-kun, este es el vestidor de las chicas…

—¿Tengo cara de que me importe?

Yui suspiró, ya se había acostumbrado mucho a la actitud de "Me llevo lo que quiera cuando me dé la gana" que tenía el vampiro pelirrojo. Como se lo esperaba, rápidamente fue tomada de la cintura y el rostro de Ayato fue directo a su cuello.

—También se me antoja algo de takoyaki… Pero ahora no tengo ganas de esperar.

Y dichas esas palabras, los colmillos perforaron su piel y comenzó a succionar.

La rubia apretó los dientes y cerró los ojos, por más que ya haya pasado por esa experiencia miles de veces y todos los días, nunca terminaba de acostumbrarse a eso. El dolor y el picor que sentía, junto al cosquilleo que le quedaba retumbando cuando el proceso terminaba…

Lo que nunca antes había pasado, sin embargo, es que apenas pasó un segundo Ayato abrió los ojos como platos y la empujó con brusquedad, separándose de inmediato de ella y cayendo al suelo de rodillas.

Ella no podía creer lo que estaba viendo con sus propios ojos. El vampiro había empezado a escupir toda la sangre que tenía en su boca, tosiendo mientras cubría su boca solo para luego intentar quitarse el líquido de la mano, como si le diera asco solo tenerlo encima. Hasta podía ver como tenía arcadas, parecía estar por llegar al punto de que iba a vomitar.

Eso… ¿Eso era el resultado de aquel brebaje que le había ofrecido la cazadora? Entonces no cabía duda…

Dabria estaba diciendo la verdad. Estaba intentando protegerla como podía.

En cuanto Ayato terminó de escupir toda la sangre y recuperar el aliento por el pánico que le había dado esa sensación, levantó la mirada hacia la rubia quien solo tragó saliva al ver su expresión de enfado evidente.

—¡¿Qué demonios le pasó a tu sangre, Chichinashi?! —Estalló el vampiro, levantándose de inmediato y cogiéndola de la muñeca con rabia —Ahora… ¡Ahora no solo sabe espantoso, sino que también me quemó! ¡¿Qué fue lo que hiciste?!

—¡Y-Yo no hice nada! ¡Lo juro, Ayato-kun!

Yui le observó con miedo evidente en sus ojos, en parte rogando para que Ayato no termine haciéndole alguna otra locura por el cabreo, y en parte rogando que se trague su mentira.

El pelirrojo la miró fijamente a los ojos con furia hasta que finalmente chasqueó la lengua y la soltó, caminando hacia la puerta y retirándose de la habitación sin siquiera girarse a verla.

La muchacha tragó saliva y llevó ambas manos a su pecho, tratando de equilibrar su respiración para relajarse. Sin lugar a dudas esa era la experiencia más aterradora que había vivido desde que llegó a la mansión y tuvo que aprender a convivir con esos seis locos, había vivido mil cosas pero nunca habían llegado hasta ese punto. Por suerte se había salvado de Ayato por ahora, pero… ¿Cómo iban a reaccionar los demás? Le espantaba solo pensar en eso, faltaba que Kanato le quiera enterrar un cuchillo en el cuello o que Reiji quiera experimentar en ella para ver qué demonios le había pasado.

Suspirando y finalmente calmándose Yui bajó los brazos y colocó las manos en los bolsillos de su uniforme, de repente sintiendo un poco de papel en ellos. ¿Eh? Tomó lo que sea que había en el derecho, descubriendo una pequeña nota que solo tenía un cortó mensaje.

Reúnete conmigo detrás de la escuela al terminar la última clase del día. Ven sola.

Parpadeó releyendo el contenido de la pequeña nota. ¿Qué demonios…? ¿Quién le había dejado ese mensaje? No reconocía la letra, así que dudaba que sea alguno de los diez locos que se dedicaba a hacerla sufrir a diario. Volvió a suspirar, sabía que de nada servía hacerse un dilema sobre el remitente de aquella nota o cómo fue que llegó a parar en su bolsillo. Una partecita de su cerebro le decía que a lo mejor se trataba de un mensaje de amor de parte de alguien interesado en ella, pero rápidamente esa idea fue descartada a un lado.

Ya descubriría de quien se trataba en su momento. Por ahora mejor apresurarse hacia la clase, lo último que necesitaba para empeorar ese día era que la anciana que tenía como profesora de física la haga quedarse después de clase por tardona.

Al menos… El saber que por ahora estaba completamente a salvo de mordidas indeseadas la reconfortaba un poco.

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Entonaba una suave canción mientras caminaba por los pasillos de la escuela sin ninguna preocupación, logrando contener una risa al ver como varias chicas le observaban de reojo, algunas con un sonrojo notable y otras con nervios pero curiosidad y deseo evidentes.

No podían evitarlo, ese era el efecto que tenía Laito Sakamaki sobre casi cualquier hembra que estaba a menos de dos metros de distancia.

Si, el castaño tenía fama de meterse mucho en problemas por su personalidad, había sido suspendido ya varias veces gracias a sus… Pasatiempos bastante únicos, pero nada podía evitar que nazca aquella pequeña pizca de curiosidad y ganas de sentir algo de peligro al estar con él.

Y el hecho de que sea bastante abierto respecto a sus gustos y preferencias respecto a aquellos temas no ayudaba para nada.

Laito sonrió ante las reacciones de las féminas a su alrededor, tampoco iba a negar que le encantaba coquetear con más de una y hasta llevárselas para… Pasar un buen rato. ¿Qué tenía de malo? Si, también tenía a Bitch-chan, pero a ella tenía que compartirla junto con sus hermanos, así que cuando la ocupaban tenía que quedarse observando o irse a buscar entretenimiento a otro sitio, y aunque la primera opción solía ser tentadora tampoco iba a ignorar a todos los demás peces en el mar solo por ella. De todos modos no era como si fuera una relación cerrada o algo, ella siempre acababa en brazos de sus hermanos, así que lo justo era que él también pudiera buscar el consuelo de alguna otra jovencita amable y que tenga ganas de darle un minuto de su tiempo ¿Verdad?

¡Así es! Así que no se preocupen, señoritas. ¡Hay suficiente Laito Sakamaki para todas!

Aunque ahora mismo no le atraía ninguna de ellas precisamente. ¡Tampoco es como que fueran feas ni nada por el estilo! Todo lo contrario, eran unas bellezas casi inigualables, cada una se había ganado su atención por algún motivo diferente, incluso todas le ganaban a Bitch-chan cuando se trataba del busto… Pero aun así les faltaba algo, a pesar de que cualquier otro día de la semana incluso les habría propuesto a todas un pequeño encuentro desenfrenado al mismo tiempo ahora mismo andaba buscando algo más específico.

Cosa de la que se dio cuenta apenas giró en un pasillo, de inmediato captando algo que atrapó su atención de inmediato.

Porque lo único que había allí era una joven de espaldas, con un uniforme apretado y una falda levantada que le permitía ver a la perfección el delicioso par de piernas que poseía, junto con una melena roja que caía de forma ondulada, como una cascada de sangre por su espalda hasta finalizar delicadamente encima de su cintura.

En cuanto terminó de examinarla Laito notó que la muchacha había terminado de caminar, cosa que le hizo sonreír satisfecho. Al parecer había notado su presencia, cosa que había sido confirmada cuando aquella chica había girado un poco la cabeza para mirar hacia atrás, pero no lo suficiente para que él pudiera ver su rostro a través del cabello que lo ocultaba. La observó por un buen rato sin moverse de su posición, aun sonriendo de manera burlona y colocando una mano sobre su sombrero hasta que la desconocida finalmente tomó acción. Concretamente: Colocó una mano sobre la puerta que tenía a su lado, la cual decía "Armario de limpieza", y se metió dentro sin rechistar.

Ooh la la~

¡Eso es exactamente de lo que estaba hablando! Una de dos: O esa era una clara invitación para que entrara a ese armario y pudieran hacer cosas no muy santas, o esa chica era una aspirante a conserje y quería examinar bien los instrumentos. Y estaba un 99% seguro de que era la primera opción.

¡Y encima lo quería hacer en un armario en medio de la escuela! Quien sabe, a lo mejor por fin había encontrado a su alma gemela, un espíritu que comprende el tener sus necesidades tan especiales. Pero bueno, ya tendrían tiempo para hablar sobre eso después de su pequeña "Actividad extracurricular".

Sin perder su sonrisa procedió a caminar hacia el armario donde había entrado la muchacha.

Iba a estar muy ocupado durante los próximos minutos. Hey, de lo que Bitch-chan no se entere no le iba a hacer daño ¿No?

Así que no había nada de qué preocuparse.

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Había pasado aproximadamente una hora y media desde el pequeño incidente que tuvo con Ayato, y Yui aún seguía repitiendo lo que había sucedido en su mente.

Estaba dirigiéndose hacia la salida trasera de la escuela, camino que emprendió apenas escuchó sonar la última campanada del día, y obviamente obedeciendo el pedido de la nota de que fuera sola. De todos modos el único que usualmente se encargaba de hacerle la vida imposible cuando estaba en la escuela era Ayato, pero desde que descubrió lo que había pasado con su sangre había empezado a evitarla, ni siquiera se molestaba en verla cada vez que se encontraban. No sabía si era por su orgullo herido o por su enfado debido al incidente, cuando se trataba de ese vampiro siempre podía ser una de las dos cosas.

Pero tampoco estaba muy molesta precisamente por eso. Ahora un poco de paz y tranquilidad era lo que más quería en el mundo, y ese pequeño momento de soledad lo iba a aprovechar al máximo, por más que ahora mismo estaba de camino a un encuentro con algún desconocido.

En cuanto alcanzó las puertas las empujó sin dificultad para luego cerrarlas, tratando de hacer el menor ruido posible. Ese pequeño periodo de libertad que tenía solo duraría hasta que terminen las demás clases en curso, en cuanto eso suceda iban a llamar a todos los alumnos para que comiencen con la limpieza del edificio entre todos, y naturalmente nadie podría irse hasta que el lugar esté reluciente. Como no había conserje los que debían hacer eso eran los estudiantes, estrategia que les funcionaba bastante bien: Además de ahorrarse un par de salarios, se aseguraban de que intenten mantener la institución en condiciones por más que a varios les importe un comino esa regla.

No sabía quién ni porqué la habían citado en ese lugar, pero sabía que el tiempo que dispondrían sería bastante corto.

Saliendo hacia el pequeño patio trasero escaneó el lugar con sus ojos, pero para su sorpresa no había un alma a la vista. ¿Tal vez quien sea que le haya dejado el mensaje aún no había llegado? ¿O todo había sido una broma? No lo sabía. Pero mejor prevenir que lamentar.

La rubia caminó lentamente hasta alcanzar una banca que estaba debajo de una ventana y, muy para su sorpresa, apenas tomó asiento sintió una presencia a su lado. Girando su cabeza quedó pasmada al ver cómo, de la nada, había aparecido una joven en el asiento junto al suyo, quien vestía un uniforme igual al suyo y poseía una cabellera rojiza, pero no podía ver su rostro debido a la posición. En medio de su estupor, sin embargo, también había logrado darse cuenta de que las ropas que llevaba la muchacha estaban manchadas de… Algo. No lograba ver bien qué, pero era un líquido rojizo oscuro…

¡¿Sangre?!

—Mira al frente. —Fue lo primero que dijo aquella chica, sacándola de sus pensamientos y devolviéndola a la realidad— Solo somos un par de desconocidas teniendo una conversación casual antes de que nos llamen para limpiar. Hagamos que parezca eso.

Yui tragó saliva y obedeció, devolviendo su cabeza a su posición original y evitando siquiera mover sus pupilas para ver si lograba ver al menos un rasgo de su rostro. Pero la voz… La había reconocido de inmediato. A su lado, ahora mismo y sin su máscara, estaba Dabria. La misma cazadora de vampiros que parecía querer ayudarla con su predicamento.

—¿Por qué me llamaste? —Empezó ella. Hasta ahora le había probado que podía confiar en ella, pero aun así… Tenía muchas preguntas. Por ahora se las guardaría hasta que la oportunidad de hacerlas aparezca, pero si encontraba una en este momento la iba a aprovechar.

—No tengo mucho tiempo, tuve que entrar a escondidas y hacerme con un uniforme solo para intentar contactar contigo.

—Espera… ¿Entonces tú le robaste el uniforme a aquella chica? —Interrumpió Yui incrédula, girando su cabeza nuevamente sin darse cuenta.

—Mira al frente. Sí, yo robé este uniforme, no es algo de lo que esté particularmente orgullosa pero es algo que tuve que hacer. Pero no vine a hablar de esto contigo. Tengo algo más para ti.

Dicha su frase, la cazadora colocó una mano en uno de los bolsillos de su uniforme para sacar de este un pequeño artefacto que dejó sobre el asiento, clara señal de que era libre de llevárselo si quería. Sin dirigir su mirada hacia ningún otro sitio que fuera el árbol que tenía en frente, Yui tomó el objeto y se lo llevó al rostro para poder examinarlo: Lo que vio fue una cadena de plata la cual estaba sosteniendo al final una piedra que brillaba de un tenue color rosa. Era un collar.

Un collar bastante bonito, debía admitir. Pero… ¿Por qué se lo estaba dando?

—Eso es un comunicador. —Informó la pelirroja sin siquiera girarse a verla, como si hubiera notado la duda que tenía— Si vas a insistir en quedarte en esa mansión, entonces me sentiría más segura si tenemos una forma de mantenernos en contacto de una manera que no despierte ninguna sospecha. Es fácil de usar, solo tienes que sujetarlo y centrarte en la persona que estás intentando contactar. Entre más lo hagas más fácil se te hará, pero en un principio es mejor que lo intentes en un lugar donde estés tranquila y no haya ruido.

—Oh… Entiendo. —Respondió Yui suspirando mientras guardaba el objeto en su propio bolsillo, sabiendo bien que encontrar un lugar así en la mansión Sakamaki era una misión imposible— Gracias. Tu poción también funcionó, por cierto.

—Me alegra saber eso. —Contestó Dabria sin cambiar ni un poco su tono de voz. Definitivamente sabía muy bien cómo mantener sus verdaderos sentimientos enterrados— La campana va a sonar en cualquier momento, debo salir de aquí. Mi disfraz funciona si nadie me presta atención, pero si me empiezan a buscar alguien se dará cuenta de que no soy una alumna, no puedo permitir que me vean.

La pelirroja se levantó apenas terminó de hablar, pero entonces giró lentamente su cabeza solo un poco en cuanto se aseguró de que aún no había nadie más en ese pequeño patio detrás de la escuela. Miró a Yui fijamente, quien finalmente había logrado ver un poco de su rostro aunque no fue mucho: El único rasgo notable que había logrado distinguir era un ojo de una tonalidad azulina.

—Y Yui… Sabes que puedes contar conmigo. Soy tu aliada, no tienes nada que temer de mí. Sé que piensas que mis métodos son bastante… Inortodoxos, pero hay una razón por la cual estoy haciendo todo esto. He visto mil situaciones como esta, y ver la forma en que tratan a los humanos nunca se vuelve más fácil. Solo piensa en ese cementerio que tienen detrás de su hogar… ¿Crees que esas chicas que estuvieron antes que tu escogieron ese destino? —Pausó, como si le estuviera dando un minuto a la rubia para pensar en sus palabras— Si de verdad pensara que vampiros como los Sakamaki pueden ser redimidos o salvados, no estaría tratando de sacarte de ahí. No te voy a obligar a que hagas nada Yui… Pero quiero que sepas que todo lo que estoy haciendo ahora es por tu bien. —En cuanto terminó su pequeño discurso, procedió a caminar lentamente hasta la valla alta que evitaba que cualquiera salga de la escuela por ahí— Puedes confiar en mí. Y si tienes cualquier pregunta, la que sea, solo utiliza el comunicador. Te prometo que te responderé con total honestidad. No tengo razones para ocultarte nada. Recuérdalo.

Apenas terminó de hablar, Dabria se colocó de frente a la valla provocando que Yui la mirara confundida. ¿Cómo iba a salir por ahí? Era muy alta, incluso para escalar. Y sin embargo, logró escuchar como ella susurraba algo casi inaudible, pero que de todos modos llegó a sus oídos. Era tan bajo que pensó que había sido el viento o algún animal.

Toki yo Tomare.

Yui parpadeó, y en cuanto abrió los ojos… Dabria ya no estaba. Literalmente el lugar donde hace menos de un segundo estaba parada ahora estaba completamente vacío.

¿Qué demonios?

¿Cómo había… Bueno, hecho eso? Sin lugar a dudas ESO debía ser obra de algo sobrenatural. ¿Quizás tenía un artefacto de teletransportación? ¿O uno de invisibilidad? Si tenía cosas como el comunicador que le acababa de dar, entonces no era tan descabellado pensar que debía tener más objetos que puedan hacer de todo. Y a todo eso ¿De dónde sacaba esas cosas? Diantres… Tenía demasiadas preguntas para hacerle, pero al menos ahora tenía el método para formularlas. Ahora solo necesitaba la oportunidad.

Antes de que pudiera seguir pensando en eso el sonido de la campana llegó a sus oídos, haciéndola suspirar. Bueno, era hora de limpiar la escuela. Solo podía pedir que el trabajo de hoy no sea tan pesado, después de todo lo que había pasado solo quería una noche de sueño reparador.

Volvió a entrar en la escuela por la puerta trasera y se abrió paso por los pasillos hasta alcanzar el primer armario de limpieza que encontró, mejor tomar los instrumentos ahora y hacer las tareas que pueda, entre más rápido haga todo, más rápido podría irse a casa.

Dobló por el pasillo y alcanzó la puerta del armario, abriéndola desinteresadamente.

Lo que vio dentro por poco la hace gritar.

Porque allí, sentado frente la pared y sobre un charco de su propia sangre, se encontraba Laito Sakamaki con un corte tan profundo que iba desde su estómago hasta su s hombros que varias de sus entrañas se estaban escapando, sin mencionar el enorme corte que tenía en su cuello, básicamente su cabeza estaba a punto de despegarse de su cuerpo. Además había un montón de otras heridas sobre sus extremidades, sangre desparramándose de cada una de ellas.

Sin mencionar que sus ojos ahora estaban completamente vacíos, su mirada perdida y fijada en medio de la nada.

Está muerto.

Está muerto.

Está muerto.

Temblando, Yui se echó hacia atrás y se cubrió la boca con las manos, el estado del cuerpo por poco haciéndola vomitar… Parecía el trabajo de una bestia. No tenía que pensar mucho para saber quién era responsable de esto… Pero el grito que soltó se escuchó por toda la escuela.

Definitivamente, esto iba a ir a peor.

Muy, muy rápido.

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¡Y se acabó!

Que. ¿Qué se esperaban? ¿Qué sea el típico fic de "Se va a dar cuenta de sus errores por el amor que sentirá hacia uno de ellos y entonces vivirán felices para siempre"?

Pff. Esto no es un cuento de hadas sobre princesas y dragones.

No, pero ya, hablando en serio, espero que las fans de los Mukami y de Laito no me odien… Mucho después de este capi, pero les daré un consejo: Guárdense esa ira. Porque para lo que sigue (Si es que deciden continuar leyendo mi historia después de esto, claro) va a ser todavía peor. Aún no han visto ni la punta del iceberg.

¡Pero bueno! Quiero aprovechar para avisar que pronto traeré más fics, quizás de otras franquicias o algo, ahora por fin tengo algo de tiempo libre de la universidad y lo quiero aprovechar en otras cosas además del mundial de League of Legends. Ya veremos que les traigo, querido público~

Nos vemos pronto~

~Chronophantasma