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Phoebe observaba las manos de su padre con ojos amplios y con una sonrisa a punto de reventar en su pequeña carita.

Ella no entendía porque a su papi le gustaba hacer aquella cosa con sus manos pero cierto era que la divertía enormemente cada que se ocultaba detrás de ellas.

-Pica...Pica...- la niña comenzó a agitarse en su mecedora, intentanto huir de lo que ella sabia se aproximaba -¡Picaaabuuu!- chilló el hombre, apartando las manos de su rostro cubierto y saltando a besar y hacerle pedorretas en la pancita mientras ella reía a carcajada suelta.

-Dmbrrr- balbuceo hasta hacer que burbujitas se asomaran por sus rosados labios, haciendo que los de Christian se curvaran hacia arriba, completamente hipnotizado con su hija. Phoebe era una de las cosas más bellas que le habían podido pasar en la vida. Incluyendo noches sin dormir, cambio de pañales, cuarentena luego del parto, la cual había sido lo peor de todo, todo ello valía la pena cuando veía aquellos ojos tan iguales a los suyos, llenos de vida y de luz y de los cuales él se encargaría que jamás desaparecieran de ellos.

Un ruido en el pasillo lo hizo girar la cabeza para ver una pequeña sombra pasar camino a algún lugar fuera de la sala de juegos. Su sonrisa se ensancho aun más al pensar en su selección de palabras. Cuan cierto era que los hijos cambiaban enormemente la forma de ver las cosas y de pensar.

-¿Theodore? ¿Que estas haciendo?- demandó cuando lo vió reaparecer en la habitación y cargar su tren azul de los rieles y el helicóptero a control remoto que se encontraba cerca de donde él estaba sentado con Phoebe en la alfombra.

-Estondo mis buguetes.- contestó el pequeño como si nada, acomodando los objetos en sus manos para que no se le resbalaran.

-¿Por que los escondes?- frunció el ceño, curioso.

-Pote son mios.- se encogió el niño. Una respuesta sencilla y muy al estilo Grey, pensó en secreto su padre.

-Si Ted, son tuyos pero los debes compartir. Ava vendrá a jugar contigo y Phoebe y debes prestarle tus juguetes. - razonó el adulto, tomando a Phoebe de la mecedora y sentándola en su regazo. La niña se estiro por un cubo de colores brillantes que estaba junto a ella y fue a parar directo a su boca.

-Tu no tompastes.- lo acusó el niño muy serio. Sus pequeñas cejas obscuras juntándose justo en medio de su cara. Ana le decía siempre que era su viva copia cuando hacia tal gesto.

-¿Eh?- imitó su entrecejo fruncido. Descifrar el habla de los pequeños no era un trabajo sencillo para los padres.

-Tu no tompastes.- repitió Ted sin quitarle la mirada -No tompastes a mami.- sus cejas se dispararon hacia arriba en claro entendimiento. Estaba siendo acusado por su hijo de 3 años y no sabia si reírse o derretirse de ternura.

-Claro que comparto a mami- dijo casi ofendido, quitándole a Phoebe el cubo de la boca. La niña se quejó con un gritito, moviendo los brazos en alto y haciendo pucheros, cosa que hizo a su padre regresarselo inmediatamente.

-No es cieto. Semple dices que es solo tuya.- ¡touche! exclamó para si mismo, comenzando a ponerse nervioso al no saber que responder. Su hijo tenia un argumento bien definido y él no tenía con que defenderse. ¿Como le explicas a un bebe las tendencias obsesivas y maniaticas de su progenitor? se preguntó el mismo.

Dos palabras, Es imposible.

-Es que...- comenzó a decir. Phoebe se removió, lanzando el cubo a algún lugar del salón ya aburrida de él y rió cuando éste emitió un sonido de campaneo. Se apoyo de sus rodillas y manos y comenzó a andar hacia donde había caído, repitiendo la acción y riéndose de ello. Christian siguió el andar de su hija como un halcón, sólo para evitar la mirada inquisitiva de Tedd, la cual, al final fue mas fuerte -Es que...No se comparten las cosas que amamos mucho, Ted.- fue lo que soltó. No era una respuesta muy inteligente, pero era la más sencilla de darle y se permitió festejar cuando el niño se quedó pensativo un momento. Lo que él no se esperaba era que la cabecita de su hijo estaba maquinando una respuesta que lo dejaría sin palabras.

-Yo amo mucho mis buguetes.- dijo con seguridad, girando sobre sus pequeños pies para seguir con su tarea de esconder sus juguetes y dejando a su padre helado y sin habla. Rara vez alguien lo dejaba estupefacto. Era algo que el pequeño Ted había heredado de su madre.

¿Cómo podía hacer que su hijo entendiera que debía compartir cuando su acusacion era tan cierta? Él no compartía a Ana, recalcó posesivo para sus adentros, bueno, con nadie mas que no fueran sus hijos. Y era un hipócrita al pedirle algo que ni él mismo lograba hacer algunas veces, pero debía enseñarle el valor de compartir sino quería que su hijo fuera un rechazado por ser un egoísta.

-Ok, Phoe. ¿Qué opina de llamar al tío Elliott e informarle que no tenemos juguetes en casa? - dijo en voz alta. Poniéndose de pie y estirándose. Tenia el trasero dormido por estar sentado más de una hora en la alfombra. –¿No tiene caso hacerlo venir si Ava no tendrá con que jugar, no es así? - Phoebe lo miraba atentamente y sin entender ni una sola palabra- Sus ojos muy fijos en los de su padre. Luego soltó una risita agitando sus manos en clara petición de ser alzada a lo cual su padre no protestó tomándola y besándole la frente. –¿Y sabes algo? en el parque no quieren a los niños que no comparten así que nos quedaremos en casa. - oyó los pasos pesados del pequeño regresando a la sala y conto hasta tres para escuchar esa palabrita que sabía claramente saldría de su boca.

-NO PAPI!- no era necesario girarse para adivinar el puchero y la cara de arrepentimiento del pequeño.

-¿No que, Tedd?- se hizo el inocente.

-Compadtide mis buguetes.- dijo en tono bajo y mirando sus piecitos.

-Ese es mi campeón- festejo, llegando hacia él y alborotándole el cabello. Tedd sacudió la cabeza sonriendo hacia arriba. Phoebe dio un largo bostezo en el instante que él le sonreía a su vez al niño y recostó tu cabecita en su hombro en claro indicio que ya era hora de la siesta.

-¿Jugamos a las atapadas papi?- pidió el niño esperanzado. Christian suspiro. Una sienta a la que Tedd no parecía querer ser participe.

-Es hora de la siesta Tedd.- informo.

-No, no teno sueño. - negó, rotundamente. El hombre pidió paciencia divina. ¿Porque tenía que haber heredado la terquedad multiplicada de sus padres?

-Pero necesitas dormir, sino estarás cansado cuando vallamos al parque y... - intento razonar.

-No, papi, ya soy glande.- se alzó en las puntas de sus pies para parecer más alto. Los labios del adulto se curvaron, a pesar de todo amaba cada ocurrencia de su hijo.

-Los grandes también dormimos, Tedd.- no iba a dar su brazo a torcer.

-Tu no duelmes siestas- lo reto el pequeño y Christian se rindió ante eso. Ya estaba cansado mentalmente para lidiar con la mente activa del pequeño. ¿Qué era lo peor que podía pasar al dejarlo sin dormir? Que se durmiera en el parque. Que se volviera molesto por el cansancio o que Ana lo matara por cambiarle la rutina. Pero, ella no tendría por qué enterarse de ello.

-Ok, llevamos a tu hermana en la cama y luego jugamos.

-SIII!- Phoebe dio un brinco por el grito y no tardo en arrugar su rostro y comenzar a llorar por haber sido despertada repentinamente. Christian la arrullo por instinto. Meciéndola y silenciando su llanto. Le hizo una señal a Tedd para que no hiciera ruido y este sello sus labios con un cierre invisible haciéndolo reír. Nunca iba a ser aburrida la vida con estos niños rondando.

Una vez Phoebe estuvo en su cuna, arropada y plácidamente dormida Christian le soplo un beso y fue en busca de su hijo que una vez más estaba extrañamente callado. Cerro con cuidado la puerta y se encamino a las escaleras, recogiendo en el camino algunos de los juguetes de Tedd tirados en los escalones. Llego a la sala y no lo vio por ningún lado. Entrecerrando los ojos miro detrás del sofá de cuatro plazas. A Tedd le gustaba jugar a asustar, escondiéndose debajo de las mesas y detrás de las cortinas. La abuela Trevelyan de no ser porque era su bisnieto consentido ya lo hubiera castigado millones de veces por matarla de sustos cada que podía.

-¿Tedd?- llamo, depositando los juguetes en la gran caja en medio de la alfombra. Y dando un brinco de muerte cuando unos brazos se enroscaron en sus piernas.

-Te atape, papi!- exclamo orgulloso. Riéndose de la cara blanca de Christian. Por más que lo hubiera advertido no pudo evitar sobresaltarse. –¿Listo para jugar?

-Pimedo me pono mis zapatos. - dijo corriendo al armario donde estaban.

-¿Por qué? ¿Si estamos dentro de la casa?- lo siguió Christian curioso.

-Si no teno mis zapatos no puedo coded dapido- dijo como si fuera lo más obvio del mundo. Sentándose en el piso para comenzar a calzarse los pequeños converse con velcro.

-Bueno si, tienes razón. - se rió al ver como su cara se coloreaba de rojo por el esfuerzo de no poder calzárselos bien. –Ven, deja que te ayude.

-No, ya soy glande.- torció el gesto. Comenzando a pensar que había sido una muy mala idea decirle a Tedd que era un niño grande. Después de unos minutos de esperar y ver como su pequeño luchaba con el calzado se rindió, frustrado, pateándolos lejos y dándole la espalda a Christian. Esa acción le trajo un amargo recuerdo de su infancia. Cuando se frustraba por no poder hacer una cosa por si solo y tampoco podía pedir ayuda. Aunque Grace o Carick siempre estuvieron allí y lo rescataban cuando se alejaba al rincón de la casa a llorar en silencio. No le gustaba la idea de que Tedd creciera siendo demasiado autosuficiente. Quería que quemara sus etapas cuando debía como un niño normal, que pedía ayuda cuando la necesitaba y abrazos y besos cuando quería.

Se acercó tomando los zapatos y sentándose junto a Tedd quien solo miraba el piso enojado.

-A veces, aunque seamos grandes necesitamos ayuda, pequeño. - dijo poniéndole los zapatos con cuidado –Papa siempre estará aquí para ayudarte. No dudes nunca en pedirlo si lo necesitas, ¿está bien? - el niño asintió aun mirándolo con ojitos tristes hasta que su padre le pellizco las mejillas, acercándose a su rostro y juntando sus narices en tanto hacia una cara graciosa haciéndolo reír. –Creo que ya te atrapé! - exclamo en plan victorioso. Tedd chillo sacudiéndose de sus brazos y corriendo a carcajada suelta lejos de él.

...

El teléfono sonaba en algún lugar de la sala por encima de la risa estridente y los pasos firmes y rápidos de Tedd Grey. Christian daba gracias a dios que las paredes de la casa estuvieran hechas a pruebas de ruido porque si no hace mucho tiempo una muy molesta Phoebe hubiera sido despertada de su placentera siesta.

Las medias resbalaron en el piso de mármol en la entrada de la sala. Hace mucho los zapatos del hombre de la familia habían sido olvidados en la alfombra ya que se le hacía más fácil resbalarse para alcanzar a Tedd si debía pasar por debajo de la mesa.

Con la respiración acelerada, sudor en su frente y una enorme sonrisa en el rostro se deslizo hasta la mesa del comedor para tomar su teléfono. Tenía dos llamadas perdidas de Elliot. Presionó el botón de remarcado y se tiró en el sofá a descansar. Dios! Si hubiese sabido antes que tener hijos te iba a mantener en forma hace mucho habría ahorrado dinero al no tener que pagarle a un entrenador personal.

-¿Grey?- escuchó al otro lado de la linea y rodó los ojos. En ese mismo instante Tedd apareció en la habitación lanzándose encima de él y sacando todo el aire de sus pulmones.

-Te toque papi, aoda mi atapas.- dijo antes de salir disparado y muerto de risa por la sala dejando a su padre buscando la manera de respirar nuevamente.

-¿Pez gordo, estas bien?- se escuchó la voz burlona de Elliot al otro lado de la línea.

-Se...- exhalo –Y no me copies al teléfono, Lelliott.- agregó el apodo infantil con dificultad y escuchó a este resoplar. Decirle así era la única manera de verlo enojado. Eso o tocar a alguna de las personas que amaba.

-¡Hey! no tuve opción de negarme a llevar el mismo apellido que tu, pez gordo.- Fue su turno de resoplar tras una sonrisa -Ya te tenía en casa cuando quise protestar- Rió divertido, ya respirando normalmente. Luego de lo sucedido con Hyde y Mia, su relación tanto con sus padres como con su hermano se había fortalecido muchísimo. Una cosa mas que agregar a la lista de todo lo que le debía a Ana.

-¿Dónde estás?

-Llegando a tu casa. - anuncio el mayor de los Grey.

-PAPI!- llamo Tedd por atención desde la puerta. Sus brazos cruzados en su pequeño pecho. Christian le hizo una señal de que le diera un momento.

-Bien, Ted está algo ansioso por ver a Ava.- agrego.

-¿Él está ansioso o tu quieres que alguien lo distraiga porque necesitas un descanso?.- Se burló como de costumbre.

-Solo trae tu trasero aquí, Elliot.- aprovecho a decir cuando se aseguró de que Tedd no estuviera cerca.

-Llegando. - escucho en el aparato y luego la campana de la entrada sonó dentro de la casa. Dejando el teléfono olvidado se levantó a abrir la puerta.

-Me gusta la eficiencia- se burló al abrir. Elliot rodo los ojos. Cargaba con una enorme pañalera, un bolso de lo que parecían ser juguetes y una muy despierta Ava en brazos que tenía un chupete amarillo cubriendo su pequeña boca. -Hola pequeña princesa- saludo Christian a la niña. Aun le sorprendía el increíble parecido que guardaba con su madre. Era como si hubieran hecho una copia con facciones de Kate en miniatura para crear a Ava. La única diferencia eran sus ojos, tan azul bebé como los de Elliott.

-Saluda al tío Christian Avs.- El moreno la animó dándole un pequeño toque con su cabeza en la frente. La niña le sonrió por debajo de su chupete, luego se lo quito de la boca y le sonrió ampliamente a Christian abriéndole los brazos. Este último no dudo en tomarla, alzándola por los aires.

-TI!- chillo la pequeña. Sacudiendo sus risos recogidos en dos coletas para nada simétricas.

-¡Tio Leliot!- chillo Tedd corriendo desde algún lugar de la casa. Elliot bufo hacia la risa de Christian.

-TI es mejor que Leliott- se burló. De no ser porque sostenía a su hija le hubiera pegado en sus partes.

-¡Tio Leliott!- volvió a llamar el niño. Llegando a él y aferrándose a su pierna. El adulto dejo todo en la entrada y lo tomo como costal de papas mientras Tedd reventaba en carcajadas.

-Hola Tedster.- dijo. Dándole palmadas en el trasero mientras este se removía y reía.

-No le digas así- reprendió Christian por lo bajo, pero fue completamente ignorado.

-¡Tio leliott! ¡Tio leliott! ¡Ya no teno más bibi!- informo el pequeño con orgullo una vez estuvieron todos en la sala. Ava ya se había adueñado del helicóptero azul de Tedd. Mostrándoselo a Christian quien movía las hélices por ella.

-¡No puede ser! ¡Ya eres todo un niño grande! - festejo el moreno de manera sobre actuada. Llevándose las manos a la cabeza como si no lo pudiera creer lo que hizo reír al pequeño.

-¿Tagiste buguetes?- cuestiono ansioso.

-Sí, Ava trajo algunos juguetes para compartir. ¿Cierto Avs?- la niña se retiró el chupete una vez más y le sonrió a su padre. –¿Quieres ensenarle a Tedd tus nuevos legos? - sacudió la enorme bolsa que hizo un sonido estridente. Ava chillo, olvidándose del helicóptero y corriendo hacia la gran bolsa.

-Ete!- señaló la pequeña rubia. Elliot no tardo en desparramar toda la bolsa en la alfombra bajo la mirada incrédula de su hermano. ¡Dios, sería un gran desastre para recoger!

-¿Haz escuchado a tu mujer? la mía me olvidó por completo.?- pregunto mientras jugaban con los niños. Ava se quitó el chupete y se lo entrego a su padre dispuesta a unirse una vez más a Tedd –Avs, Beso para papa- dijo este a la pequeña, quien sin más regreso a darle un baboso beso en la mejilla. Christian rio ante el gesto. Sin duda algunas Ava tenía a Elliot mas allá de lo enamorado. Le encantaba la idea de ser el único hombre en la vida de su hija por un buen tiempo.

-Pobre Kate, la compadezco. No ha de ser fácil soportarte. - bromeo el cobrizo, armando un castillo con los enormes legos que Tedd le iba pasando. Elliot bufo, divertido.

-Ja, diría que se llaman celos hermano. Es comprensible cuando tienes una agenda para tener "sexo" con tu esposa. - Se encargó de que la palabra sexo solo fuera oída por él y rio por su cara de desaprobación.

-Tú no sabes nada. Además, habla el que solo la ha dejado embarazada una vez…- lo ataco de regreso y fue su turno de reír de su cara.

-No papi- Tedd le quito el lego azul que estaba a punto de colocar en la cima del castillo para remplazarlo por uno verde que el mismo puso.

-Eres un sucio que no juega limpio, pez gordo- El cobrizo lo ignora poniéndose de pie aprovechando que Tedd está distraído.

- ¿Café?

-Preferiría una cerveza- anuncia –¡Wow Tedd! Es enorme ese castillo- felicita al niño quien sonríe complacido.

-Enseguida.

-Yo también quiedo eveza papi- anuncia Tedd desinteresadamente. Como si estuviera pidiendo jugo de uva. Christian se congela en el umbral con la sangre drenándosele de la cara. Cálmate, solo se claro y conciso. Se dijo a sí mismo.

-Ted, eso es para los grandes además sabe feo.- claro, arrugando la cara para enfatizar.

-Soy glande papi.- le recordó el pequeño, serio. Ya se estaba cansando de tener que repetir lo mismo. ¿Qué el mismo no le había dicho que era un niño grande? ¿Quién entendía a los grandes?. Elliot quien era testigo de la situación no tardaba en estallar de la risa.

-Ja! te salió el tiro por la culata hermanito.- susurro hacia Christian, ganándose una respuesta gruñida.

-Cállate Leliott

-¡Ceveza papi! quiedo cebeza.- insistía Tedd. Ya había olvidado por completo los juguetes, era un niño con una misión.

-Ted ya te dije que eso es para los mayores.

-Yo soy mayod- continuo con la batalla de voluntades.

-Ya lo escuchaste, mañana te dice que necesita condones porque es mayor. - En ese instante Christian quería guindar a Elliot de las pelotas por no ayudar en un momento como este. Algún día le pagaría todas sus tonterías.

-Teodore ya te he

-odones- fue interrumpido por la vocesita de campana de su sobrina, quien miraba la discusión desde el sillón muy atenta.

-¡Mierda, Ava no!- No reacciono hasta que Elliot salto hasta ella como poseso, llegando hasta su hija negando en voz alta y repitiendo mil veces la palabra "por favor".

-Mieda…- repitió la pequeña demostrando su gran oído. Christian no aguanto por mucho tiempo la risa. Sabía que existía el karma, pero no sabía que fuera así de rápido.

-Para que aprendas a moderar tu lenguaje. - dijo por debajo de su risa y de la voz de la pequeña que cada vez pronunciaba con más determinación aquellas palabras.

-¡Mieda, ondones, ondones!

-¡Ava!, bebe mira el oso, repite oso- Elliot estaba por volverse loco. Kate iba a matarlo. No, peor que eso iba a dejarlo sin sexo o peor aún iba a cortarle sus pelotas y hacérselas comer, o peor aún si es que había algo peor que eso, pensó el moreno. -¡Mira, princesa! Mira el poni, mira.

-¡Odones!- gritaba.

-¡Ceveza papi!- se unio Tedd al coro lo que lo hizo regresar a la realidad. Ana iba a matarlo si Tedd pronunciaba esa palabra cuando regresara a casa, peor aún lo iba a dejar sin sexo o peor aún si es que había algo peor que ello. Pensó.

-¿Sabes que Christian? ya no quiero cerveza, recordé que sabe a… pipi de camello- dijo el moreno, con toda la intención de llamar la atención de Tedd. -Mejor tráeme algo de jugo.- le guiño un ojo al cobrizo quien comprendió inmediatamente la indirecta.

-Claro, hermano. ¿Aun quieres tu cerveza Tedd?.- Si el niño decía que si se lanzaría del segundo piso.

-No, no quedo pipi de tamello, papi.- arrugo la nariz. Christian festejo en silencio.

-Bien, jugo para todos. - y se encamino a la cocina. No sin antes oír el… -¡Odones!- de Ava.

-Ava, cariño. No puedes repetir esas palabras, son malas palabras- Elliot estaba por perder los nervios -¡chocolate!. ¿Quieres chocolate?.- registro como loco sus bolsillos. Podía jurara que había escondido algunos de emergencia por si Ava se aburría demasiado.

-¡Ate!- se emocionó la pequeña. Mostrando la hilera de pequeños dientes. Su padre suspiro al cielo.

-¡Oh dios, bendito seas por inventar el chocolate!- dijo a los cielos.

-¡Ate papi!- demando la rubia, esperando. Había heredado la impaciencia de Kate, eso si.


Soooooo. merecen reviews este par de locos padres xD