Gryffindor vs Hufflepuff

La mañana del día en el que se celebra un partido de quidditch siempre desprende un aura especial; una especie de sensación de nervios, tensión y emoción al mismo tiempo que Remus Lupin no es capaz de compartir del todo. No obstante, disfruta con el entusiasmo ajeno; la ilusión inocente que flota en el ambiente, por los pasillos, en la mirada de los jugadores que aquella tarde deben enfrentarse a algo más que los tres aros y las cuatro pelotas que fundamentan el famoso deporte mágico. No consiste solo en ganar o perder, sino que guardianes, cazadores, golpeadores y buscadores tienen una especie de compromiso no escrito pero no por ello menos válido con sus propias casas: tienen el deber de dar lo mejor de sí para representarlas, por hacer que todos sus miembros se sientan orgullosos de su equipo y sus victorias. En medio de ese clima de excitación y anticipación tan palpable, Remus hubiese esperado que su vuelta a las clases desde la enfermería tras la última luna pasase casi desapercibida, y las nuevas heridas aún sin cicatrizar en el dorso de las manos y en el cuello se tornasen invisibles bajo coloridas bufandas de lana y pancartas y estandartes de ánimo a cada uno de los competidores. Los equipos que debutan aquella tarde son Gryffindor y Hufflepuff, y cuando entra en el Gran Comedor, caminando renqueante con un par de libros bajo el brazo y con mucho más apetito del que le gustaría, cree que encontrará a James, Sirius y Peter discutiendo emocionados sobre las tácticas que utilizarán y las debilidades de sus contrincantes, ansiosos los dos primeros por volar en el terreno de juego, y el último por animarles con todas sus fuerzas desde las gradas. Sin embargo, desde la distancia les observa cabizbajos y callados: Sirius muerde con desgana la esquina de una tostada con mermelada, James juguetea distraídamente con el caramelo líquido sobre su tortita sin probar bocado y Peter mira al infinito mientras remueve con una cucharilla su leche con chocolate. Cuando se dan cuenta de su presencia, tratan de disimular y charlar animadamente como de costumbre, actitud que causa un gran nudo en el estómago de Remus: sus amigos le ocultan algo, y aunque él mismo no sea el indicado para reprochar a alguien que guarde secretos, el simple pensamiento le causa un terror inexplicable e incontrolable. Intentando mostrarse sereno, se sienta al lado de Sirius en la mesa y saluda.

— ¡Hola, chicos! — sonríe forzadamente y coge una tostada de una de las bandejas doradas — Qué hambre, ¿eh?

— Lo dirás tú — gruñe Sirius. Remus puede sentir perfectamente la patada en la rodilla que James, sentado enfrente suyo, le propina en reacción al comentario.

— ¿Qué pasa? ¿Estáis… enfadados conmigo?

— ¡No! ¡Claro que no, Remus! — exclama James, tras fulminar a Sirius con la mirada — ¿Estás bien? ¿Cómo te encuentras? Toma, sírvete una tortita. ¡Tienes que reponer fuerzas! Hoy jugamos contra Hufflepuff y te aseguro que vamos a darles una paliza. ¡Vas a estar orgulloso de nosotros!

— No me cabe ninguna duda — Remus esboza una media sonrisa, no demasiado seguro de si el chico está siendo sincero o simplemente trata de aparentar normalidad — Gracias, James.

— Gracias, James — repite Sirius en tono burlón, lo que le hace recibir otro golpe bajo la mesa.

— ¿Cómo estás tú, Peter? — pregunta Remus, intentando ignorar a su malhumorado compañero, pero no por ello sintiéndose menos dolido a causa de su actitud.

— Bien — contesta el chico — Conseguí terminar el trabajo de Transformaciones sin tu ayuda, Remus. McGonagall me dijo que estaba muy bien.

— ¿McGonagall te dijo eso? ¡Vaya! Eso está muy bien.

— Fascinante. Espléndido — añade Sirius mordazmente — Voy a mearme encima de emoción.

— Oye, Sirius, ya vale, ¿qué mosca te ha picado?

— No sé, Remus, no sé.

— Sí que lo sabes, Sirius, te conozco…

— No, nada. Simplemente estaba pensando en que anoche volvimos a escuchar ruidos en la Casa de los Gritos. ¿Te acuerdas, Remus? No, no te acuerdas, ¡porque no estabas! Y, ¿dónde estabas tú, entonces?

— Sirius, yo… — el nudo en el estómago y en la garganta le impiden pensar con claridad y apenas puede pronunciar esas dos palabras en voz alta. Debería inventar una excusa, algo que sonase convincente… Pero en aquel momento no es fácil, nada fácil, y mentir a sus amigos es lo último que él quiere. Ocultarles un secreto es una cosa, pero mentirles de esta forma… Es algo completamente distinto.

— No. No digas que estabas en la enfermería porque, ¿sabes qué? Fuimos a buscarte. Con la capa, sí. Y en la enfermería no había nadie remotamente parecido a ti, Remus.

— Yo…

— Sirius, ¡ya basta! ¡No tienes que desconfiar de él! ¡Remus no nos mentiría nunca! — interrumpe James, preocupado, y hay algo en aquellas palabras y en cómo las dice, con una enorme fe ciega, que hace que Remus se sienta un millón de veces peor que hace un segundo.

— No, James. Tenéis razón. No estaba en la enfermería — acierta a decir el joven hombre lobo, y traga saliva tan fuerte que podría haberse escuchado desde la mesa de Slytherin. Habla rápido, casi sin respirar ni pensar en si lo que dice tiene sentido o coherencia — Tuve que irme… A cuidar a mi madre. Está muy enferma… Fui a la enfermería porque no me encontraba bien y la señora Pomfrey me dio una poción revitalizante. Después fui a reunirme con vosotros, pero me crucé con McGonagall, que me estaba buscando. Me dijo que había llegado una lechuza diciendo que mi madre había enfermado mucho y que lo mejor era que me fuese unos días, para asegurarme de que todo iba bien… No os lo dije porque… Porque no quería preocuparos. Lo siento mucho. De verdad. Perdonadme, por favor.

Se hace un silencio incómodo, raro, palpable, en el que Sirius mira primero a Remus y luego a sus otros dos amigos, y Peter observa a Remus, también, con los ojos muy abiertos, mientras se rompe dentro de los de James. De repente, todos se sienten tan culpables por haber dudado de su amigo que no saben bien cómo reaccionar.

— ¡Pero tío! — exclama Sirius, y le da a Remus una palmada en el hombro tan fuerte que hace que él se tambalee — ¿Eres tonto o qué? ¿Por qué no nos lo has contado? ¡Si estamos aquí para eso!

— ¡Eso! — continúa Peter — No tienes que preocuparte por eso, Remus.

— ¡Claro que no! — James se agacha y gatea por debajo de la mesa, hasta llegar al otro lado de ella; después, se incorpora, saliendo por el hueco entre ésta y el banco donde Sirius y Remus están sentados. Después, le da un fuerte abrazo a éste último, intentando reconfortarle — Con nosotros no tienes que tener secretos, Remus. No importa lo que pase: ¡siempre vamos a estar aquí para ti! ¡Aunque me dijeses que te gusta Lily!

— James, eres tonto, tío.

— Bueno, a decir verdad espero que no te guste Lily, pero aun así, creo que lo entendería — murmura James, inmerso en sus propios pensamientos — Esto… ¡Bueno! Que lo que quiero decir, Remus, es que nunca vamos a dejar de estar a tu lado. Para eso están los amigos, ¿no?

Remus, aún atrapado entre los brazos de James, suspira y mira hacia arriba. El techo mágico del Gran Comedor de Hogwarts muestra un cielo apacible, despejado y azul, y el sol brilla con gran intensidad: un día cálido y alegre, de aquellos que hacen que parezca que nada puede salir mal bajo la luz anaranjada, la leve brisa y el olor de la hierba y las flores. De algún modo y por una vez, Remus piensa que las cosas también podrían ir bien para él. Al fin y al cabo, tiene tres amigos mejores de lo que jamás hubiese podido imaginar: James, Sirius y Peter le han demostrado tanto y se han ganado su confianza de tal forma en los últimos dos años que quizás, y solo quizás, serían capaces de comprender su secreto, ese que le atormenta físicamente una vez al mes y mentalmente durante cada día de su vida. Suspira de nuevo. No cree que jamás llegue a tener el valor para averiguarlo.

— ¡Eh, MacDonald! Más te vale que estés bien atenta para ver como ganamos por goleada.

Mary continúa caminando con los puños escondidos en las mangas del jersey y dirige una amplia sonrisa a Jack, el capitán del equipo de quidditch de Gryffindor, que acaba de sorprenderla al salir del Gran Comedor a la hora de comer. Si para la mayoría del colegio, la mañana anterior a un partido importante es emocionante y distinta a todas las demás, para ella es todo un acontecimiento: al fin y al cabo, es la comentarista, lo que hace que sea el centro de atención de muchas miradas, tanto de jugadores "eh, Mary, no despegues un ojo de mí porque tengo preparada una jugada espectacular" como de alumnos que le transmiten ánimo y agradecimiento "los comentarios del último partido fueron maravillosos, MacDonald, ¡sigue así!". En un principio, esta actitud de los demás hacia ella le resultó desconcertante y un tanto incómoda, pero con el tiempo ha ido acostumbrándose a sus pequeños minutos de gloria previos y posteriores a cada partido, aunque nunca se lo reconocería a nadie, pues no cree que se los merezca. Yo no hago nada, en realidad. Solo digo lo que veo en voz alta… Lo hago todo el tiempo cuando veo partidos, incluso cuando no estoy en el colegio. ¿Cuál es la diferencia?

Camina distraída por las escaleras. Está nerviosa: no por tener que hablar delante de cientos de personas en tan solo unas horas, sino porque es fundamental que su equipo consiga la victoria también aquella vez. Gryffindor no se enfrentará a Hufflepuff hasta las seis de la tarde y aún son las tres, así que planea pasar el tiempo restante en su dormitorio: quizás incluso se encuentre a James Potter y Sirius Black en la Sala Común y pueda recordarles las tácticas que les enseñó en sus entrenamientos. Pero los dos chicos no se encuentran en la Sala Común. A decir verdad, no recuerda haberles visto en el comedor ni en las escaleras. Pero tengo que hablar con ellos. Tras esperar unos minutos sentada en una de las mullidas butacas frente a la chimenea y preguntar a un par de alumnas de primero "¿Habéis visto a James Potter y Sirius Black?" ante lo que las niñas tan solo responden con risitas ahogadas y sonrojándose levemente, decide que tendrá que ir a buscarlos en el único sitio en el que podrían estar en aquel momento: su dormitorio.

A decir verdad es un impulso; no lo piensa demasiado antes de comenzar a subir las escaleras que conducen hasta las habitaciones de los chicos. Sabe que no son como las de las chicas, a las que los alumnos varones no pueden acceder: ella puede llegar allí sin problemas. Una vez arriba, se da cuenta de que no sabe cuál de las numerosas puertas que allí se encuentran es la que conduce al dormitorio de los dos chicos. Pero no tarda mucho en averiguarlo: tan solo unos minutos en silencio basta para escuchar las voces de Sirius y James hablando demasiado alto en la lejanía, y éstas le conducen hasta la entrada correcta. Se retira el flequillo de la cara, ha crecido demasiado desde Navidades como para poder ver bien y llama a la puerta con dos toques leves.

— ¿Han llamado a la puerta, tío? — se escucha preguntar a Sirius a través de la madera.

— Pero quién va a llamar a nuestra puerta, Sirius, eres tonto.

Mary no puede evitar reír en voz baja. Golpea otra vez.

— Oye, yo creo que sí que han llamado… — no identifica a la voz que dice esta frase, pero no suena como Remus Lupin, así que debe ser su otro amigo, ¿Peter?

— Ve a abrir, Remus.

— ¡No pienso abrir yo! ¡Que vaya James!

— Yo no voy a abrir.

— Merlín, sois insoportables. Ya voy yo.

Sirius avanza hacia la puerta y la abre, casi de mala gana, pero su expresión cambia drásticamente cuando ve a la persona al otro lado.

— ¡Ah! Ah.

— Hmmmm, ¿hola?

— ¡Hola, MacDonald! No sé por qué pensaba que sería ese tipo, hm, no sé como se llama, pero le he copiado la redacción de Pociones esta mañana y juraría que me ha visto. ¡Bueno! ¿Qué haces aquí?

— Yo solo venía a deciros que…

— Oye, oye, Mary — interrumpe James, que se escurre bajo el brazo de Sirius, apoyado en el marco de la puerta, y se coloca frente a ella — No sé si te has dado cuenta, pero esto son los dormitorios de los chicos. ¿Eres un chico? Creo que no, así que no deberías estar aquí. Son las normas.

— En realidad las normas no dicen que las chicas no puedan entrar a los dormitorios de los chicos, tan solo se aplica al revés… — se escucha murmurar a Remus desde dentro de la habitación

— No, lo siento. ¡Nada de chicas en nuestro cuarto!

— Eres idiota, James, en serio. ¡Si estoy aquí por vuestro bien!

— ¿Por nuestro bien? ¿Y qué quieres?

— Venía — gruñe Mary — a recordaros todas esas cosas que os enseñé y de las que ya no os acordaréis porque sois unos patanes y seguro que no las memorizasteis en su día. Que, en realidad, ¡a mí me da igual! ¡Pero no podéis perder este partido!

— ¡Pero es que eres una chica!

Mary se cruza de brazos, malhumorada y sin ganas de discutir más con James y sus ganas de llevar la contraria. Se da la vuelta y se dispone a marcharse cuando una mano en su hombro la detiene.

— Eh — insiste Sirius — no hagas caso a este imbécil.

A regañadientes, el chico de pelo revuelto decide que "no habrá más remedio que dejarla entrar" y no deja de mascullar "una chica, una chica en el cuarto. ¡No me lo puedo creer!". Ella se adentra en la estancia casi temerosa, como si sintiese que de verdad no debe estar allí, y se sienta sobre la cama más cercana a la puerta que, por lo desordenada, adivina que debe ser la de James.

— Has hecho bien en sentarte ahí y no en la de Sirius — comenta éste — la suya huele tan mal que te hubieras pensado dos veces el volver aquí.

— Tú sí que vas a oler mal cuando te haga picadillo, gafotas.

— Basta ya, ¿no? — interrumpe la chica, con expresión muy seria. Ambos dejan de hablar al instante y la miran atentamente. — A ver, vosotros dos, ¿os acordáis de todo lo que os dije el otro día?

— Esto…

— Sí, jo, claro que sí, Mary, ¡qué cosas tienes!

— Sí, sí, eso, MacDonald, maldita sea, ¡que no somos tontos!

— ¡James! ¡Sirius! No puede ser que…

— Yo creo que me acuerdo. — se apresura a decir Sirius — Dijiste que tenía que liarme a golpes con los mendrugos de los golpeadores de Hufflepuff, ¿no? ¿Crees que se notará mucho si le arreo con el bate directamente?

— Y yo… — James mira hacia arriba, pensativo — Yo tengo que estar pendiente de Sirius todo el rato para asegurarme de que no le pillan maltratando a los pobres Hufflepuff, ¿no?

— ¿Estáis…? ¿¡ESTÁIS DE BROMA, POTTER Y BLACK?! ¿¡QUÉ DEMONIOS OS PASA EN LA CABEZA, HINKYPUNKS DESCEREBRADOS?!

— Eh, eh, pero no te alteres, monada… Era broma. En realidad James y yo nos acordamos de todo.

— Está todo controlado, Mary.

— ¿¡Monada?! ¿Broma? Merlín, juro que voy a mataros, a ambos.

— Tienes que reconocer que ha sido divertido — sonríe James — parecía que te iba a dar un inparto de esos…

En ese momento Jack, el capitán del equipo de Gryffindor, entra por la puerta de la habitación de los chicos, notablemente nervioso. Sin darle tiempo a ninguno de los presentes a preguntar, se apresura a decir:

— ¡Tenemos que irnos ya! McGonagall me ha dicho que probablemente haya tormenta pronto, y no estamos demasiado bien equipados para sobrevivir a un temporal, así que han decidido adelantar la hora del partido… Empezamos en unos quince minutos, ¡en cuanto estemos todos listos! ¡Tú también, Mary!

Y sin pronunciar una sola palabra más, sale de la habitación. James y Sirius se apresuran a seguirle y la chica de pelo negro se marcha también tras ellos, sin dejar de murmurar un solo segundo "idiotas, sois idiotas, de verdad que sois idiotas" durante el camino. Cuando llegan al campo, casi sin aliento después de haber caminado demasiado rápido, y justo antes de que los tres chicos se separen de Mary para dirigirse en dirección a los vestuarios, James murmura "lo haremos bien, te lo prometo. Palabra de Potter" y se despide con un gesto de cabeza.

Mary, no demasiado convencida por su amigo, busca su sitio entre las gradas, la pequeña cabina destinada al comentarista. Todavía no hay mucha gente esperando para ver el partido, pero los alumnos van llegando poco a poco y, tal y como Jack ha comentado, las nubes grisáceas en el cielo y el fuerte viento amenazan una gran tormenta que parece a punto de estallar en cualquier momento. Esto lo hará todo más difícil. No es que no confíe en James y Sirius: sabe que son dos buenos jugadores y que solo necesitan un poco de práctica; pero teme que esta vez no tengan tanta suerte como en el anterior partido, que consiguieron salvar en el último minuto. Se encoge sobre sí misma en el asiento y entierra la cabeza entre las rodillas. Antes de que pueda darse cuenta, se encuentra rodeada de gente: todos los asientos están ocupados por entusiasmados alumnos dispuestos a defender a su equipo, y los jugadores de éstos se encuentran abajo, sobre el césped y al lado de sus escobas, esperando impacientes el momento de emprender el vuelo. Da un leve golpecito al micrófono frente a ella para asegurarse de que está encendido. En realidad, nunca se ha parado a pensar cómo funciona. Quizás sea como los que usan los muggles, pero encantado para que sea… Mucho mejor. Sí, será eso. Se da cuenta de que la profesora McGonagall también ha llegado ya. Ella suele sentarse a su lado durante los partidos: en parte para asegurarse de que Mary no hace ningún comentario inapropiado o que muestre favoritismo hacia Gryffindor, y en parte, y eso poca gente más que Mary lo sabe, porque McGonagall disfruta de aquel deporte mucho más que la mayoría de los presentes, y el lugar en el que se encuentran es uno de los mejores lugares para tener una visión completa del campo. Así que decide que no debe esperar ni un segundo más, respira hondo y se acerca al pequeño aparato metálico.

— ¡BIENVENIDOS AL SEGUNDO PARTIDO DE LA TEMPORADA DE QUIDDITCH! — exclama, y su voz resuena por todo el campo, causando ovaciones y chillidos de emoción entre las chicas, sobre todo. Ella sonríe — ¡El encuentro entre Gryffindor y Hufflepuff está a punto de empezar! Es el primero de este curso para estos últimos, y Gryffindor ya lleva una victoria a sus espaldas pero, aun así, ¡se les ve muy confiados! Creo que vamos a presenciar un partido muy reñido…

Mary mira hacia abajo: observa a Sirius y James, aún el uno al lado del otro, pero muy serios, sin apartar el ojo de sus contrincantes un solo segundo. Después puede ver como Jack le da la mano amistosamente al capitán del equipo de Hufflepuff, y el partido comienza.

— ¡La primera quaffle está en juego! Y es para… ¡Hufflepuff! Los cazadores se dirigen hacia los aros… Y… ¡DIEZ PUNTOS PARA HUFFLEPUFF! Wow, eso ha sido rápido…

Gryffindor recupera la posesión de la pelota y, velozmente, los cazadores se las arreglan para esquivar al equipo contrario casi sin dificultad y burlar al guardián.

— ¡Y DIEZ MAGNÍFICOS PUNTOS PARA GRYFFINDOR! Madre mía, está siendo un partido muy intenso… ¿Aguantarán los jugadores este ritmo durante todo el encuentro? ¡Y GRYFFINDOR RECUPERA LA QUAFFLE! Parece que una de las bludgers de Sirius Black ha golpeado al cazador, Bobby Spencer… ¡BIEN HECHO, BLACK! ¡ASÍ ME GUSTA! Quiero decir… perdón, profesora. — se sonroja y tose en voz baja, tratando de disimular — Noah Collins avanza hacia la meta de nuevo… ¡INCREÍBLE! Ha sido un pase arriesgado, pero Kirk ha conseguido atraparlo… ¡DIEZ PUNTOS MÁS PARA GRYFFINDOR, SÍ SEÑOR!

Y el partido continúa: Gryffindor está a punto de anotar otro tanto cuando Noah, una de las cazadoras, no sea capaz de alcanzar uno de los pases dirigidos hacia ella, y éste es interceptado por el equipo contrario. Jack consigue parar dos de los intentos de marcar del equipo de Hufflepuff, pero finalmente la quaffle atraviesa el aro central, resultando en un empate. Mary comenta cada movimiento casi sin pensar, como un reflejo inconsciente, y no pierde el hilo del partido ni un solo momento; sin embargo, no puede evitar estar preocupada. Mientras el resto del equipo parece concentrado en el juego (incluso Sirius muestra haber asimilado increíblemente bien los consejos de la chica) James vaga por el campo con expresión desconcertada, en círculos, como si no estuviese muy seguro de qué debe hacer. Cuando no está hablando, Mary se muerde las uñas, juega con su pelo y mueve los pies, nerviosa. Confío en ti, James, vamos, tú puedes…

No tarda en comenzar a llover. Primero, tan solo son unas pequeñas gotas finas que cubren el terreno de juego. Pero transcurridos unos veinte minutos, la leve llovizna se transforma en un gran temporal que hace que volar resulte cada vez más difícil para los jugadores. Pero ni Gryffindor ni Hufflepuff quieren que el partido se detenga, y se mantienen sobre sus escobas. Los cazadores continúan anotando puntos: primero Gryffindor gana por 70 puntos a 60; después empatan, y vuelven a desempatar, siempre manteniendo una diferencia de puntos mínima entre los dos equipos que hace que ninguno de los jugadores pueda relajarse ni un solo segundo pero que, por otro lado, no añade ninguna emoción al partido.

— Jack detiene un buen lanzamiento por parte de Hufflepuff… Y Gryffindor recupera la quaffle de nuevo… Y… ¡EH! ¡UN MOMENTO! ¿¡QUE ESTÁ HACIENDO POTTER?!

James, que hasta entonces había permanecido casi ausente, sin hacerse notar demasiado, sonríe confiado y vuela en picado y a toda velocidad hacia abajo, en dirección hacia uno de los límites del campo, justo al lado de los aros de Gryffindor. Durante unas milésimas de segundo, incluso los cazadores y golpeadores se quedan inmóviles un instante y observan como el chico de pelo desordenado avanza, decidido.

— ¡Potter parece haber visto la snitch! El buscador de Hufflepuff vuela detrás de él, pero Potter le lleva demasiada ventaja… Estira el brazo y…

Y entonces sucede.

James ya casi puede rozar la snitch con los dedos, pero la pequeña pelotita alada es demasiado rápida y se las arregla para zafarse en el último segundo, justo cuando cree que ya la ha atrapado. Casi desesperado, alarga más el brazo, todo lo que puede, hasta que casi duele, y se incorpora levemente sobre la escoba: el palo está mojado por la lluvia, pero no creo que vaya a caerme, nunca me he caído, al fin y al cabo… La diminuta esfera dorada está cada vez más y más cerca y James juraría que ya la tiene cuando inesperadamente, su cuerpo resbala sobre la escoba y pierde el equilibrio; cae al vacío tan solo unos centímetros antes de lograr volver a aferrarse a ésta, casi por suerte, con la mano izquierda.

— ¡JAMES! — grita Mary, alarmada, sin poder evitarlo, y sin pensar en un solo momento en que todo el colegio puede escucharla. — Merlín, ¿JAMES?

Con el corazón en un puño, observa como James trata de volver a incorporarse sobre la escoba sin éxito, mientras la lluvia comienza a empaparle cada vez más y más. Y también puede apreciar como Sirius, desde el otro lado del campo, deja caer su bate al suelo y, con ambas manos sobre la escoba, se apresura a socorrer a su amigo. Cuando llega junto a él, le sujeta fuertemente de un hombro y le ayuda a recuperar el equilibrio de nuevo. Y solo en ese momento, Mary y todos los demás alumnos de Gryffindor respiran hondo, aliviados. Pero hay algo más: James sonríe.

— Es eso… ¿¡la snitch!? ¡POTTER HA ATRAPADO LA SNITCH! — Mary está casi chillando, y sus palabras desatan la euforia en las gradas — ¡CIENTO CINCUENTA PUNTOS! ¡GRYFFINDOR GANA EL PARTIDO!

James aterriza primero, y le sigue el resto del equipo. El primero en felicitarle es Sirius, que le da un golpecito en el hombro y desde la distancia, Mary casi puede adivinar que dice "lo has hecho bien, tío, lo has hecho muy bien" con su tono de voz característico. Después, Jack le revuelve el pelo con una mano, y le conoce lo suficiente para jurar que le está diciendo algo así como "muy bien, Potter, no esperaba menos de ti". Ella corre a su encuentro, también, bajando de las gradas en medio de la euforia colectiva, y cuando por fin se encuentra abajo los otros dos niños con los que el golpeador y el buscador comparten habitación Peter y Remus Lupin, también han llegado ya para darle la enhorabuena a los chicos. Presencia como unos metros más allá los cuatro, James, Sirius, Remus y Peter, se funden en un fuerte abrazo, y no puede evitar sonreír con ternura. James se da cuenta de su presencia y le indica con un gesto que se acerque; ella se niega en un principio, pero ante la insistencia del chico, termina por caminar hacia donde ellos se encuentran. Y entonces y antes de que le dé tiempo siquiera a sorprenderse, tanto él como Sirius la rodean con sus brazos, uno a cada lado, y ríen y murmuran "ha sido todo gracias a ti, MacDonald, te debemos una" "eres increíble, Mary, eres la mejor, de verdad". Aunque no está demasiado acostumbrada al contacto físico, y mucho menos con personas del sexo opuesto, no opone ninguna resistencia; no puede evitar reír y celebrar con ellos. Y de algún modo se siente bien mientras James y Sirius están cerca, y encuentra en ese abrazo una victoria más grande de la que podría vivir en cientos de partidos de quidditch. Los dos chicos ya no son nunca más "el cazador y el buscador del equipo de Gryffindor". No. Ahora son sus amigos, y nada podría hacer más feliz a Mary que eso.

Nota: No hemos actualizado apenas estos días porque estábamos de vacaciones y no teníamos internet, pero ya hemos vuelto así que en cuanto tengamos un ratito contestaremos todas las reviews. ¡Muchas gracias por seguir apoyándonos y comentando incluso cuando no estábamos! Esta historia no sería nada sin vosotros :)