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-Theodore Raymond Grey Steel, te quiero sentado en esta silla o sino tendremos una muy seria conversación, jovencito.- habló Christian Grey con voz firme señalando el asiento y mirando por donde su hijo se había perdido. A su lado, Elliot Grey intentaba calmar el llanto incesante de la pequeña Ava quien, debido a su claro tono de piel, ya se estaba tornando del mismo color que el jugo de fresa que ahora manchaba su bonito vestido blanco y que Ted había derramado con toda intención, porque ella había tomado una de las galletas de animalitos de su plato.
Hacía poco más de dos horas que habían regresado del parque y era como si los niños tuvieran la batería más recargada que nunca. A Christian nadie le sacaba de la cabeza que era debido a todo el azúcar ingerido y de vez en cuando le tiraba miradas asesinas a Elliot ya que era toda su culpa.
Ava corría por la casa detrás de Ted y Phoebe gateaba tras ellos mientras sus padres hacían desastre en la cocina intentando prepararles el almuerzo, que si bien no era tan complicado como una comida gourmet, los pequeños comensales eran bastante difíciles de convencer.
Kate estaba pasando por una fase de madre fitness o mejor dicho, vegetariana, lo que por lo tanto significaba que Ava no estaba comiendo carne, lo que dejaba al pobre Elliot en la diatriba de intentar que comiera un intento de pasta con alguna salsa pobre que había logrado hacer con tomates. Sus dotes en la cocina al final del día se redujeron a nulos cuando su hija rechazo y tiro todo al piso por primera vez.
Christian en cambio tenía una mano sosteniendo una pequeña cuchara con la papilla de Phoebe y la otra de pasta con vegetales y pollo que había dejado Ana en el refrigerador para Tedd, pero éste al parecer estaba mas interesado en beberse todo el jugo que en terminar la comida.
-Ted, por favor. Debes comer. - rogo Christian ya algo cansado de que el pequeñín girase el rostro al tenedor.
-Quiedo salsicha.- dijo cruzándose de brazos. Odiaba la pastina que no fuera en forma de animales. Su mami lo sabía ¿Por qué no se lo había dicho a su papi?
-No tenemos salchichas en casa.- gruño por lo bajo. Ted adopto aquella mirada acusadora muy al estilo Grace Trevelyan.
-Entonces mi bibi.- pidió esperanzado y su padre rodo los ojos.
-Ted, ya hablamos de ello. ¿Quieres volver a ser un bebe?- el niño se quedó unos segundos en silencio, como sopesando la pregunta y la respuesta no era esperada por ninguno de los hermanos Grey.
-Si,podque ya jugué en el desbalin.- contestó el niño como si nada, dejando a su padre atónito. Y a Elliot muerto de risa, susurrando un "Touch" por lo bajo. Definitivamente el niño tenía una mente ágil.
El problema mayor se presentó a la hora de la merienda cuando las galletas de animales se volvieron el premio mayor y el motivo de las lágrimas de ambos niños. Ava porque habían arruinado su vestido y Ted por haber sido regañado. Eran las consecuencias de mucha azúcar y nada de sueño.
-Ted, regresa a disculparte con tu prima.- pidió el cobrizo al ver que su hijo no regresaba. Podía ver su sombra de pie en el corredor.
-No.- riñó obstinado. Elliot le hizo una señal para que no le diera importancia, al final el chupete había calmado a la pequeña rubia mientras su padre la desvestía para ponerle algo limpio. Aun asi, Christian no dejo el tema pasar. Ted se había comportado mal y eso merecía un castigo. El hecho de que estuviera en la edad no significaba que pudiera hacer y deshacer a su antojo sin que se le pusiera un límite.
Sin decir palabra, llego donde su hijo estaba de pie con los brazos cruzados en su pecho y se hinco. Al verlo, Ted se giró dándole la espalda. Estaba enojado, muy enojado con su prima. Ella le había quitado la galleta en forma de león que estaba guardando para comerse de ultima porque aquel era su animal favorito.
-Ted, debes darle una disculpa a Ava.- repitió su padre. El niño había heredado el gen de la terquedad multiplicada de sus padres y era difícil convencerlo de lo contrario.
-No.- sentencio, alejándose de él hasta las escaleras donde se sentó en uno de los escalones con la vista hacia la pared. Christian se puso de pie despacio, dejando soltar una larga exhalación.
-Entonces te quedaras allí hasta que no te disculpes por ser grosero con Ava.- le dijo desde su posición, dándole una última mirada y atravesando el pasillo hacia la cocina. Le dolió en el alma oír el llanto que inicio minutos después pero era por su bien. No siempre podía ser el padre consentidor y permisivo.
-Tu limpias, yo me encargo de las nenas.- sentenció el rubio. Tomando a ambas niñas en sus brazos como si fueran dos costales y saliendo del lugar, dejando al cobrizo con un desastre de Puré, pasta, jugo y migajas de galletas esparcidas en diferentes puntos de la cocina. En ese mismo instante se maldijo por haberle dado el día libre a la Sra. Jones.
Luego de terminar y de reírse solo, al recordado las muchas veces que su madre lo había hecho limpiar desastres de las guerras de comida cuando Elliot y él estaban en la edad de las peleas constantes, escucho sollozos débiles provenir de la entrada. Habían pasado poco más de diez minutos desde que Ted estaba sentado en la escalera y no se había acercado, lo que significaba que aún estaba terco en la idea de disculparse con su prima. Aun así, llevado por el sentimiento de culpa de escucharlo llorar por estar solo mientras escuchaba las risas de los demás desde la sala, se encamino a su encuentro para levantarle el auto-castigo. Era demasiado para él oír llorar a uno de sus tesoros más preciados.
Ted se encontraba de pie en el último escalón, con la cara gacha mientras se restregaba los ojitos con las manos. Su llanto eran sollozos débiles y desgarradores para el alma de su padre que mentalmente se golpeó por dejar que un tonto castigo llegara tan lejos. ¿Qué clase de padre desalmado deja a su bebe llorar por no pedir disculpas? Los libros de paternidad no sabían nada del tema a menos que el objetivo principal fuera hacerte sentir como una mierda.
-Ted- le susurro, hincándose para tomarlo en brazos, sentarlo en su regazo y consolarlo. Al hacerlo se percató de que su pantalón de jean estaba húmedo –¿Pero qué…?
-Lo siento- dijo bajito el pequeño . Soltando un par de sollozos más cuando Christian levanto su carita para limpiarle las lágrimas. Aquellos ojos azules anegados y dulces le enternecieron el corazón como el primer día.
-¿Por qué no me avisaste que querías usar el baño?- pregunto en tono cariñoso, limpiando el camino acuoso de las mejillas de su hijo quien emitió un sollozo más.
-Estabas enogado tonmigo.- contesto, bajando la mirada hacia su pantalón mojado. Se sentía avergonzado y triste por haber mojado su ropa. Hacía mucho que no mojaba ni su ropa ni su cama y su mami estaba muy contenta por ello y lo premiaba con muchos besos y ahora ella estaría triste y enojada, igual que su papi.
-No estoy enojado contigo, campeón. Pero no estuvo bien lo que hiciste.
-Lo siento.- repitió con un puchero a lo que Christian aprovecho para jugar con el labio del niño que sobresalía y su dedo índice haciendo un sonido gracioso con su boca hasta que el pequeño sonrió por ello.
-Está bien. ¿Te parece si vamos a cambiarte y luego nos reunimos con el tío y las chicas a jugar?.- propuso. El niño asintió enérgicamente con la cabeza limpiándose con el dorso de la mano su carita antes de añadir muy convencido.
-Y le pedide disulpas a Ava, papi.- Christian sonrió. Poniéndose de pie con él en brazos y subiendo los escalones lentamente.
-Ese es mi campeón.- felicito.
-¿Y podemos bugad a los pidatas, papi?- continuaba hablando entusiasmado.
-Cierto que sí.
...
Los hombres giraron la cabeza hacia las voces y el sonido de la puerta principal.
Las risas de Ana y Kate llegaron directamente por el pasillo llamando la atención de los pequeños quienes no tardaron en sustituir sus caras de traviesos por unas hermosas y amplias sonrisas.
Phoebe los miraba con chupete en boca desde el castillo de colchones que le habían fabricado. Según Ted era el refugio de la princesa que querían raptar los malvados piratas de su tío y padre.
-¿Hola?- la voz amortiguada de la mujer rubia resonó en la mansión, haciendo que la pequeña Ava se levantara de donde estaba sentada y fuera la primera en correr a su encuentro gritando enérgicamente.
-¡Mamii!- oyeron los hombres mientras se miraban el uno al otro, aun enredados de pies y manos en las pequeñas sillas. Ted siguió a su prima y lo único que a continuación se escuchaba desde el pasillo eran muchos besos chillones y risas contagiosas.
-¡Hola mi cielo!- se unió la voz de Ana, efusiva y feliz.
¿Qué hacen aquí?- cuestiono el rubio a su hermano por lo bajo, tratando sin éxito de salir del lío de cuerdas de saltar que Ted le había enredado en el cuerpo. Christian respondió con un encogimiento de hombros, la última vez que había hablado con su mujer había sido antes de ir al parque y si se ponía a pensar, ni siquiera sabía dónde estaba su celular desde hacía muchas horas.
-¿Y dónde está papa?- demando la morena, curiosa. La voz de un hombre pareció oírse a lo lejos y los hermanos Grey agudizaron el oído, alertas –Si, Sawyer súbela a mi habitación.- contesto Ana. –¿Y bien?
-Papi y tío Leliot están Atados a la proa, mami- contesto Ted. Se oyó a Kate soltar una risa bufada.
-¿Qué proa?- cuestiono con lo que los hombres percibían una sonrisa en los labios.
-Papi, tian, baco, mami- le contesto Ava, como si fuera algo muy obvio, causando la risa de las mujeres Grey.
Luego de escucharse muchos besos más y risas comenzaron a resonar los tacones por el piso de mármol, cada vez más cerca del salón donde los hermanos Grey estaban atrapados. Era ridículo que no se pudieran liberar de los nudos y enredos de un niño de tres años. Debía hablar con su padre y decirle que olvidara las clases de nudos cuando se llevara a Ted a pescar, penso Christian.
-¡Hey!- dijo la morena al llegar al umbral y ver a su querido esposo atado de espaldas a su rubio hermano. Rió ante la escena y le susurro un "Bien hecho" al oído a Ted en sus brazos. Aunque también otros pensamientos que decidió guardarse fueran los que en realidad quería expresar. Su marido, atado y a su merced. Sacudió la cabeza, aun la altura de dos vuelos en el mismo dia la estaban afectando.
-¿Qué hacen aquí?- demando el rubio, logrando desenlazar las cuerdas que pasaban su cuello, pierna y espalda.
-No queríamos castigar demasiado a nuestros bebes.- respondió Kate meciendo a una consentida Ava en sus brazos, quien jugaba con un mechón rubio de su madre haciéndose cosquillas en la cara.
-¿Nosotros o ellos?- cuestiono Elliot, soltando una maldición por lo bajo cuando Christian tiró de la cuerda que los unía raspándole la piel del cuello.
-Me refiero a nuestros pequeños bebes.- corrigió, riendo.-Era una tortura tener que ser acostados por sus papas.- Añadió luego. Los hermanos bufaron al unísono.
-¿Tortura? ¿no sería al revés?- pregunto Christian solo para Elliot. Este lo ignoro, con los ojos fijos en su mujer. Entre sus miradas bailaba un aire de amenaza de tomar cartas en el asunto y venganza más adelante.
-De seguro no fue nada fácil para nuestros pequeños soportarlos todo e dia.
-Graciosa nena- añadió sarcásticamente..
-Mami- llamo Ava, girando el rostro de la rubia para que la mirase. Kate sonrió a su hija, dándole un sonoro beso en la mejilla. Era la primera vez que estaba tanto tiempo lejos de ella y sentirla en sus brazos era la mejor sensación.
-Sí, cielo ¿Qué hiciste hoy con papa?- pregunto cariñosa, Ava se había distraído una vez más con un mecho de su cabello así que Ted decidió ponerlas al tanto. Christian lo vio venir pero mientras su boca formulaba la palabra "NO" ya su hijo estaba soltado la sopa.
-Yo tomne cebeza, Mami- anuncio el niño inocente, como si estuviera diciendo que había conquistado un nuevo continente.
Ana lo miro confundida al inicio, sopesando y analizando las palabras del escaso vocabulario de su hijo. Lo que había escuchado no podría ser verdad o por lo menos no quería creer que fuese verdad.
-¡¿Qué?!- Con los ojos abiertos de par a par y la expresión de una madre enojada pero aparentemente calma, busco a su marido con la mirada, quien, junto con su rubio hermano se habían liberado del lío de cuerdas y en ese mismo instante estaban huyendo a paso lento y silencioso por el pasillo.
-Y Ava los tondones- agrego Ted señalando a su prima, quien al oír la palabra mencionada volvió la atención a su madre.
-¡Todones!- repitió, riendo -¡Tondones! ¡Tondones!- no era necesario explicar la cara de incredulidad y de terror de su madre.
-¡Christian Alexander Trevelyan Grey!- llamo la morena tratando en lo más posible de sonar serena. Los niños no mentían, mucho menos Ted que era el ser más honesto del mundo pero a ella no le cabía en la cabeza lo que sus oídos habían escuchado.
-¡Elliot Federico Trevelyan Grey!- se unió la rubia con tono histérico.
-Creo que estuvieron hablando con nuestra madre.- Añadió Elliot en un susurro, ganándose un codazo de parte de su hermano. Si solo supiera mantener su maldita boca cerrada esto no estaría pasando.
Ambas mujeres dejaron a los niños en sus pies quienes ahora miraban intercaladamente a sus progenitores. Sus madres con los brazos cruzados a la altura del pecho mientras que sus padres se habían quedado congelados a mitad de camino de su huida.
-¿Tienen algo que decirnos?- inquirió Kate. Sus manos posándose en puños a cada lado de sus caderas y su pie dando toques en el piso de manera frenética. Ella iba a matar a su marido, de eso estaba segura.
-Christian- menciono Ana, aun sin perder la calma, aunque en el fondo estuviera pensando en mil maneras de torturas.
–¡Elliot!- llamo la rubia nuevamente al ver que no contestaban. Ambos hombres se encogieron ante la firmeza del llamado y se giraron al mismo tiempo. Sus caras eran la culpa personificada.
-¿Que te amo?- Susurro el rubio encogido de hombros. ¿Qué más podía decir?
-Elliot…- advirtió.
-Que ya nos íbamos- señalo la salida, con una sonrisa de disculpas. Nadie, ni siquiera él podría lidiar con la inquisición Kavanagh mas adelante. Era hombre muerto por haber pervertido a su hija de un año.
-¿Christian?- Llamo Ana en tono de advertencia cuando este se disponía a dar un paso fuera de la sala. Tanto, él no tenía la culpa de nada de lo sucedido. Su carácter dominante y frentero quedando al olvido cuando los ojos amenazantes de una morena le taladraban el cuello.
-¿Si?
-¿Tienes algo que decir en tu defensa?- cuestiono, alzando una ceja perfectamente depilada. El cobrizo maldijo por lo bajo y se aseguró de que solo su hermano mayor escuchara la amenaza prometida por haberlo metido en ese lío. Si salían vivos de las manos de las mujeres Grey le cortaría las bolas.
-¿Qué te amo?- Opto por seguir la táctica de Elliot. Al final tenia parte de la culpa. Después de tantos años de convivencia aún no había aprendido que a Elliot hay que amordazarlo o en el mejor de los casos sedarlo para que no dijera tonterías.
-Christian…
-Que ya nos íbamos- Señalo la salida. Elliot se acercó a susurrarle.
-Roba líneas.
-Callate.- gruño, lo que desato una lluvia de ataques y de quejas entre ambos hermanos.
-¿Por qué me voy a callar? Eres un…
-Por tu culpa los niños están repitiendo esas cosas.
-¿Mi culpa? Yo…
-¡Pa-pa!- se escuchó aquella palabra proveniente de una vocecita dulce desde la montaña de cojines. Las caras de ambas mujeres pasaron del enojo a la confusión y luego a la sorpresa cuando se repitió varias veces. Unos minutos después una rápida y ágil Phoebe salía de su castillo gateando y sonriendo. Se sentó sobre su trasero para estudiar a los presentes del lugar que la miraban. Al reconocer a su mami, alzo las manitos, abriendo y cerrando los puños. Era su manera de llamarla.
-¿Qué dijiste, mi cielo?- hablo Ana, llegando frente a ella y tomándola en brazos. -¿Dijiste papa?- demando, ilusionada. La nena le sonrió, mostrando aquellos pequeños dientes nuevos en sus encías desnudas.
-Pa-pa- repitió, golpeando el escote de su madre –¡Pa-pa!- Ana la abrazo sonriente. Unas cuantas lágrimas empezando a nacer en aquel azul cielo. Con la mirada busco a Christian quien sonreía de igual manera, él lo sabía.
-¡Sorpresa!- grito Elliot, aprovechando la oportunidad y rogando que las mujeres se olvidaran de lo sucedido. Kate lo miro con una sonrisa fingida, acercándose. Era imposible resistirse a los encantos de una sonrisa de hoyuelos se dijo Elliot pero no fue hasta que su mujer lo tomo de una oreja, tirándolo fuera del salón que se dio cuenta que para nada había funcionado.
-Tú y yo aún tenemos un asunto que arreglar- dijo. Y sin más lo arrastro fuera del lugar.
Ana miraba encandilada a su hija quien parecia haberla estado esperando para sucumbir al sueño ya que de a poco iba cerrando sus ojitos.
Había dicho su primera palabra cuando ella no estaba presente y eso le traía algo de nostalgia pero la llenaba de júbilo el saber que Christian había experimentado el sentimiento cálido y de amor que traía consigo el que tu bebe guardara su primera palabra para ti.
Christian se acercó a sus mujeres, abrazando a Ana por los hombres y besando la frente de una ya dormida Phoebe. Ted y Ava jugaban a sus pies con los cojines.
-¿Qué se siente?- demando la morena mirándolo con ojos brillantes. El sonrió.
-Es maravilloso.- dijo mirando a su hija.
-También será maravillosa la abstinencia que le espera, sr. Grey.- Touch. arrugo su rostro como si alguien le hubiese golpeado el estomago mientras en el piso de arriba Elliot gritaba un NO! que estaba seguro habría oído todo el país. La venganza sería muy dulce.
SI, es el mismo captulo pasado solo que con algunas revisiones de ortografia y parafraseo. No se porque se me corrigieron muchas cosas al pasarlo del word al FF y no lo habia leido antes de subirlo (cosa que debo hacer de ahora en adelante)
Gracias por los RV. hay mil personas que marcan como favoritos la historia pero que no dejan sus comentarios =( me gustaria saber su opinion mas alla de un LIKE (que es como yo veo los Favs y los alertas)
ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO Y GRACIAS MIL POR TODOS SUS COMENTARIOS Y ALERTAS!
BESOSSSSSSS
