Sorprendentemente, a la mañana siguiente a la luna llena de mayo, Remus se encontraba lo suficientemente en forma como para acudir a desayunar a las diez. Una herida superficial en el brazo izquierdo que no dejaría marca si tenía un poco de suerte, un poco de dolor de cabeza, un peso increíble en el corazón, pero aparentemente bastante sano y con ganas de comenzar un nuevo día en Hogwarts. A pesar de que las noches de transformación siempre le dejan exhausto y es algo difícil volver a la realidad, en cuanto Sirius, James y Peter se sientan junto a él un aluvión de recuerdos cae sobre él como una cascada y vuelve a crear ese nudo en la garganta que es imposible deshacer.
- ¿Qué tal estás, Lupin? - Sirius casi nunca le llama por su apellido o cuando lo hace es en tono de burla y diversión, pero en sus ojos no hay ni rastro de sombra de una broma.
- Fuerte como una roca - intenta sonar amigable, despreocupado es sólo una conversación de desayuno. Nada más.
- ¿Seguro? - James le sonríe de medio lado con (por supuesto) segundas intenciones - ¿No tienes más hambre? ¿Has visto aquel filete de pavo de allí? La gente no suele tomar carne para desayunar pero igual a ti te apetece, ¿te apetece carne, Remus?
- Pues… - Remus levanta el cuello para mirar la fuente con pavo adornada con hojas de col y siente que se le revuelve el estómago un poco - No, la verdad es que no. Yo soy más de tomar mi café y una tostada o algo así; luego tengo el estómago muy pesado.
- Eso… Significa… - Peter parece que pierde la respiración - Que… Ya comiste… ¿BIEN ANOCHE?
- ¿Por qué gritas? - Sirius golpea la mesa con la taza y le da un largo sorbo a la leche de color blanco - Creo que no se te ha escuchado en toda Gran Bretaña.
- La enfermera me dio una sopa de ave y ya - se apresura a contestar Remus con precaución.
- Pues claro, ¿qué quieres que le den en una enfermería? ¿Eh? - James parece divertido pero sigue observándole con cuidado. De una forma que empieza a resultarle incómoda. Finalmente se estira y juega con un grano de uva entre los dedos - Tengo tantas ganas de ir a clase como de que me den una patada en la entrepierna.
- ¿Quieres que te la dé yo? - Sirius ríe y levanta el pie tan alto que parece que lo va a colocar encima de la mesa.
Por un momento la tensión parece desaparecer e incluso Remus cree que todo el tema de la Casa de los Gritos y el hombre lobo pasarán a mejor vida. Pero la historia es testigo de que eso no fue así.
Después de desayunar tienen clase de Defensa Contra las Artes Oscuras; James asegura haberse dejado el libro en el dormitorio, en algún sitio que ha olvidado y a Remus no le queda más remedio que sentarse con él, en segunda fila, detrás de una pareja de Ravenclaw, con quiénes comparten el aula. El profesor Shropshire entra lentamente, moviendo la capa a su espalda y con cierto espíritu regio que provoca que la clase envejezca un poco a cada segundo que pasa. El mago se sienta tras su escritorio con un quejido de cansancio y se aclara la garganta antes de comenzar a dar la clase. Con la cercanía de los exámenes apenas dan materia nueva; al menos en la mayoría de las asignaturas: McGonagall les confirmó hace tres días que evidentemente seguirían "aumentando sus conocimientos" hasta la última hora de clase. Pero el profesor Shropshire es demasiado viejo para preocuparse de los cerebros de sus alumnos y por supuesto está demasiado cansado como para tener que enseñar cosas nuevas y hacer que se metan en sus duras cabezotas. Ese día gasta la primera media hora en recordarles que es imposible copiar en sus exámenes, que hacerlo y ser descubierto supone el suspenso inmediato y que no corregirá ningún examen que esté escrito con mala letra.
- Pues vaya, creo que ni me molestaré en estudiar - se queja James abatido.
- El año pasado dijo lo mismo y al final no suspendió a nadie por eso…
- Bueno, con todo eso de los monstruos que he estado investigando para lo de la Casa de los Gritos espero sacar un buen resultado.
- Sí… Cierto.
- Oye Remus, tengo que hacerte una pregunta.
Por Merlín, que tenga que ver con Lily o incluso con Quidditch. Por favor. Por favor.
- Dime.
- Mira, tenemos trece años y eso. Los dos somos unos adolescentes la mar de sanos… Bueno, tú un poco menos, pero el caso es que estamos en plena flor de la vida y… - ¿A dónde demonios quiere llegar? - Me preguntaba si a ti te… ¿Te han salido pelos en sitios que antes no tenías?
- ¡¿Pero qué?!
Se escucha un "shhhh" procedente del pupitre de atrás y James se da la vuelta para hacerle la burla a un par de chicas Gryffindor que se sonrojan y bajan la cabeza a sus apuntes.
- Que si tienes pelos, tío. No te he preguntado nada personal.
- No, para nada es personal - Remus abre la boca con indignación -, ¡podrías haberme preguntado la talla de ropa interior y sería menos personal!
- Pero es que eso ya lo sé - James parece exasperado, como quien habla con un niño pequeño.
- Pues no, no tengo pelos. No soy Sirius, por si no te habías dado cuenta.
- Está bien, está bien.
Remus vuelve a centrar su atención en el profesor, que parece ciertamente compungido y habla de algo relacionado con "la cantidad de años que llevo dedicándome a la enseñanza…"
- Pues que sepas que a las chicas les gustan los pelos.
- Cállate.
- Y no me refiero a los pelos de la nariz, Remus.
- James.
- Remus.
- Señor Potter y señor Lupin, ¿no les interesa lo que estoy diciendo? - El profesor les observa con mueca de enfado y Remus se apresura a poner ojos de culpabilidad y negar con la cabeza - Cómo decía; desde que asistí a Hogwarts por primera vez y dí mi primera clase entre estos muros supe que la enseñanza era lo mío, que lo que quería era recibir a pequeños estudiantes y verles salir por esas puertas como verdaderos magos hechos y derechos. Pero supongo que la edad a veces trunca los deseos de uno y…
- Profesor - Sirius Black se pone en pie con una mano en el corazón -, ¿se va a morir?
- ¡Pero qué me voy a morir! - El profesor Shropshire se exalta y mueve la varita en el aire con enfado - ¡Claro que no me voy a morir, señor Black! He decidido que voy a jubilarme. El profesor Dumbledore y yo hemos estado toda la semana buscando un sustituto y todavía seguimos en ello; alguien que les enseñará al año que viene d e una forma tan correcta como lo he hecho yo estos dos años.
- Esperemos que no sea tan coñazo cómo él o… - James le susurra al oído a Remus y este no puede evitar soltar una risa ahogada para nada pretendida.
- ¿Le hace gracia la mala educación de su compañero, señor Lupin?
- No, claro que no. Profesor. - Cruza una mirada que dice "¿pero cómo te ha oído?" con su compañero que se muerde el labio para no reírse.
- Otra más y se marcharán del aula. Señor Potter, es usted insoportable.
- Esto no va a funcionar, tíos. Tenemos que pensar otra cosa.
James y Peter escuchan a Sirius susurrar, los tres agazapados en una esquina de un pasillo desierto en el cuarto piso. Han logrado dar esquinazo a Remus durante unos segundos en el descanso entre la tercera y la cuarta y última clase de aquel día cuando éste se ha detenido a charlar con Lily durante unos instantes. James ha suspirado y ha murmurado "me habéis estropeado una ocasión de hablar con ella, tíos, seguro que era hoy el día que se enamoraba de mí. Me las vais a pagar" insistentemente hasta que han logrado perderlos de vista, pero no ha opuesto demasiada resistencia porque, y aunque nunca jamás se hubiese imaginado que llegaría el día en el que habría algún asunto que mereciese más su atención que la forma en la que el cabello pelirrojo de la chica se ondula detrás de su oreja derecha, esa mañana hay algo muchísimo más importante que discutir.
- ¿Y cómo piensas descubrir si Remus es un hombre lobo, tío listo? - le espeta James.
- ¿¡Pero te quieres callar?! ¿Qué quieres, que se entere todo el colegio?
- Pero... ¿Estamos seguros de esto? Quiero decir... Seguros-seguros. Seguros del todo.
Peter, a su lado, se encoge de hombros. James le imita. Hay algo en el fondo de sus ojos. Una duda, una pieza que no encaja, la mirada del niño que se resiste a dejar de creer en la Navidad.
- Completamente seguros, Jimmy.
Y en los ojos grises de Sirius hay un brillo amargo, una corazonada.
James suspira.
- Vale, está bien. - le concede - Entonces, vamos a ver. No quería carne cuando se la he ofrecido en el desayuno... Así que no come carne, como los lobos. En realidad sería un poco raro que Remus fuese un lobo carnívoro por eso de que se pasa el día comiendo lechuga y cosas de esas que se les dan a los conejos, pero...
- A lo mejor come tanta carne cuando se transforma que se empacha y luego ya no quiere comer más durante el resto del mes, ¿no? - apunta Peter.
- ¡Tío! ¡Remus no come nada cuando se convierte en lobo! - exclama James - Suponiendo que sea un lobo. Que no creo que lo sea.
- Vale... Café y tostadas no es un desayuno muy de bestia, eso es cierto... ¿Qué te ha dicho de lo del pelo?
- No me ha querido contestar...
- Pero Remus nunca ha tenido mucho pelo - comenta Peter - Nos hemos duchado con él a veces y eso, y nunca he visto que tuviese... Nada raro.
- Sí, Sirius. La verdad es que si es por el pelo corporal, lo más seguro es que seas tú el hombre lobo.
- ¡Cuántas veces tengo que decirte que yo no...! - respira hondo - Hmmmm... Vale. No come carne ni tiene mucho pelo. Aunque bueno, esto no lo sabemos a ciencia cierta, tendremos que buscar la forma de averiguarlo... ¿Qué más? ¿Y si tiene colmillos?
- ¡Colmillos! Pues claro... Y rabo. También tiene que tener rabo. ¿Pero como comprobamos eso? ¿Se te ocurre algo, James?
- Yo... Yo creo que podríamos int...
- ¿Qué hacéis aquí, chicos?
La voz de Remus a sus espaldas les sobresalta súbitamente, y hace que Sirius, James y Peter tengan que abandonar rápidamente el debate que estaban llevando a cabo.
- ¡Anda, anda, Remus! ¡Buena pregunta! ¿Qué haces tú aquí? Te estábamos buscando... - James pasa una mano por el hombro de su amigo y comienza a caminar hacia las escaleras. Los otros dos les siguen - casi pensábamos que ibas a llegar tarde a la última clase de hoy porque no estabas por ninguna parte pero ¡vaya! ¡Qué tontos hemos sido! ¡Tú nunca te perderías una clase ni nada!
Continúa hablando el resto del camino. Está nervioso y cualquiera en cinco metros a la redonda podría notarlo, pero trata de solucionarlo cambiando de tema y hablando mucho, casi demasiado; Peter está pálido y el rostro de Sirius se ha tornado sombrío de repente. Camina en silencio, como si planease algo. No pronuncia apenas palabra en el resto del día; ni a la hora de comer, ni siquiera en los entrenamientos de quidditch. Remus pregunta varias veces: "te pasa algo, ¿Sirius?, ¿estás enfadado conmigo?" y James le mira inquisitoriamente múltiples veces, e incluso intenta hacerle olvidar su sospechoso mal humor haciendo bromas y chistes que terminan por rozar lo absurdo y cuyo principal objetivo es Severus Snape: "mira, Sirius, Snape se ha manchado la nariz comiendo pastel. ¡Claro, como la tiene tan grande! ¿Lo pillas? ¡Ja, ja!". Y él apenas esboza una media sonrisa. Finalmente, cuando cae la noche y todos sus amigos duermen, llega el momento que había estado esperando.El momento de llevar a cabo El Plan.
Se escurre bajo las sábanas y pone los pies en el suelo, con cuidado, en absoluto silencio. Es una norma universal para Sirius Black quitarse pantalones, calcetines y camisa casi nada más entrar en la habitación, así que no hay ropa que pueda delatar sus movimientos. Avanza paso a paso, poco a poco: sabe que el sueño de Peter es bastante profundo y no es probable que le despierte, y James se encuentra en aquel momento riendo y murmurando, dando vueltas en la cama con los ojos cerrados; Remus, sin embargo, duerme ligera e intranquilamente. Es a él a quien Sirius no quiere alertar a toda costa; es él el objetivo de aquella operación que tan delicadamente ha planeado. Cuando ha conseguido colocarse al lado de la cama de éste, respira hondo. Ahora viene lo más complicado. Remus Lupin duerme sobre al menos tres cojines; a veces este número sube hasta cuatro o cinco; y siempre una gran cantidad de mantas, incluso cuando el curso ya está terminando, como en aquella ocasión, y el calor pegajoso y húmedo procedente del Lago Negro arrastra consigo los últimos indicios del frío invernal. Así que lentamente, como si estuviese ejecutando una operación a vida o muerte, procede a retirar las sábanas que cubren al joven licántropo, que aún descansa tranquilo en el colchón. Tarda mucho, muchísimo rato; lo que a él le parecen cinco años que en realidad son poco más de quince minutos pero en realidad sigue siendo demasiado tiempo para él y su espíritu inquieto y su curiosidad incesante. Tan solo un par de segundos después de que finalice, el resto de los ocupantes de la habitación se despiertan súbitamente a causa de un profundo grito.
- ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHH! ¿¡QUÉ DEMONIOS ESTÁS HACIENDO, SIRIUS!? - Remus, asustado, se ha trasladado de un salto hasta el otro extremo de la cama, aún a oscuras; pero no ha necesitado ninguna luz para saber quién era el responsable de aquello.
- Yo... Yo... ¡Nada, Remus! ¡Por qué dices eso!
- Gué... Qu... Qué está pas - James apenas es capaz de articular sonido, y bosteza - pasando aquí...
- ¿Chicos? ¿Habéis gritado? ¿Pasa algo?
- ¡¿ME ESTABAS TOCANDO...!? - Remus hace caso omiso a las voces de los otros dos chicos - Me... Me intentabas... Tocar... El... Esto... ¡SIRIUS! ¡¿QUÉ DEMONIOS TE PASA?!
- Yo... Yo no estaba tocando... Tocándote... Nada. Yo... Esto... Tenías... Tenías un bicho. La rata. Sí, eso. La rata de Peter. Se te había subido a la espalda y he pensado que no te iba a gustar nada si te la encontrabas ahí cuando te despertases así que te la he quitado. ¡De nada, Remus! ¡Ya sé que soy el mejor amigo del mundo!
- Pero si Susan está...
- ¡Cállate, Peter! - murmura Sirius.
Remus no parece muy convencido pero aun así, decide volver a intentar conciliar el sueño, sabiendo de sobra que en muchas ocasiones los actos de los tres jóvenes con los que comparte habitación no suelen tener una explicación que una persona coherente pueda llegar a alcanzar a comprender. Sirius también se tumba en la cama, maldiciendo en voz baja, pero tras unos minutos finalmente duerme, pensando que bueno, no ha salido bien, pero al menos he conseguido mi objetivo y he comprobado que Remus no tiene rabo.
No fue el único suceso similar que ocurrió en las semanas siguientes: durante todo el periodo de estudio de los exámenes finales, James, Peter y Sirius asaltaron a Remus en ocasiones múltiples con el supuesto objetivo de comprobar si sus suposiciones sobre la licantropía del chico estaban en lo cierto o no. Aproximadamente una semana después, durante la cena, James se acercó al joven hombre lobo y comenzó a mirarle fijamente. Se mantuvo así durante gran parte de la velada. Cuando Remus no se sentía capaz de soportarlo más, no pudo evitar preguntar.
- ¿James, qué te pasa? ¿Tengo algo en la cara?
James no contesta, al principio. Después, sonrie con malicia.
- Sí, Remus, verás, tienes algo de comida ahí... - señala con el dedo hacia un punto no demasiado concreto bajo los labios de éste.
- ¿Dónde? Maldita sea, necesito una servilleta...
- Sí, mira, Remus, aquí mismo... - y sin dudarlo un momento, James introduce la mano dentro de la boca de Remus y comienza a palpar en su interior despacio, muy concentrado, como si buscase algo. Él se apresura a apartarle y exclama.
- ¡MERLÍN BENDITO, JAMES! ¡¿QUÉ DEMONIOS ESTÁS HACIENDO!?
James se limita a sonreír y a decir "ayudarte, Remus, para eso están los amigos. ¡Ya me lo agradecerás!" y se sienta de nuevo en su sitio. No, me parece que Remus tampoco tiene colmillos.
Ese fue el último intento desesperado por parte de los chicos de comprobar los síntomas de Remus y la licantropía; al día siguiente de que James tuviera que gastar una mañana entera en pedirle disculpas a Remus, Peter apareció con un libro sobre hombres lobo en el que especificaba que "la licantropía no deja huella en el cuerpo humano. Muchos hombres lobo viven entre nosotros sin que nos demos cuenta"; así que decidieron que si su mejor amigo era un hombre lobo tendrían que encontrar formas mejores para hallar la verdad o preguntarle a él directamente. Sirius protestó diciendo que "no puedes ir por ahí preguntándole a la gente si es un hombre lobo" y James concluyó en que "aunque Remus sea un lobito malo no nos lo va a contar si le presionamos" y así dio por finalizado ese capítulo de su vida que sería recordado como "esos días en los que fuimos más idiotas que habitualmente" y que tiempo después evocarían con cierto cariño. "Ey, Remus, ¿te acuerdas cuando te metí la mano en la boca?", "sí, te habría dado un buen mamporro" y "Ey, Remus, ¿te acuerdas cuando Sirius te tocó el culo en mitad de la noche para ver si tenías rabo?" que seguiría de un "como para olvidarlo".
