Quidditch, cerveza de mantequilla y cosas de las que hablar.

El uniforme de quidditch del equipo de Ravenclaw es de color azul; las chicas tienen la obligación de llevar el pelo recogido en una trenza en la nuca y si la largura del mismo se lo permite a los chicos, estos tienen que hacerlo también. Suelen entrenar una hora y media exacta los días que les corresponde; pero una hora y media, ni un minuto más ni un segundo menos. Cuando caminan, al igual que cuando vuelan lo hacen en perfecta formación y el número de faltas cometidas por sus golpeadores durante tres temporadas seguidas es de cero. Sirius odia toda esa perfección, odia el color azul, odia los pelos recogidos, odia la puntualidad y odia los golpeadores remilgados. Pero si hay otra cosa que odia más en el mundo, y se refiere a él como cosa es Jeremy Lowe.

Jeremy Lowe es prefecto; cursa perfectamente sexto curso, tiene el pelo castaño perfectamente cortado detrás de las orejas, tiene unos perfectos ojos grises, viste perfectamente el uniforme, juega perfectamente en su posición de buscador en el equipo de Ravenclaw y ha castigado perfectamente dos veces a Sirius Black en la última semana por tratar de quitarle a una chica de primero una bolsa de grageas de todos los sabores de Bertie Bott en la que a pesar de las protestas del chico ponía claramente el nombre de la alumna en letras púrpura y por dejar abierto el grifo de uno de los baños del segundo piso argumentando que Myrtle La Llorona le había pedido extender sus dominios.

Y es por eso, por los puntos perdidos y por las dos horas de detención que se ha tenido que zampar que Sirius Black tiene en ese instante a James Potter cogido del cuello y le obliga a comerse una tostada con mermelada mientras da fuertes golpes a la mesa.

- Esa sabandija no puede ganar ¿entiendes? - Berrea y Peter da un salto en su asiento - Y tú estás en los huesos; maldito Potter. Así no se gana. Hay que ser fuerte para ganar. ¡Come!

- Pero que no tengo hambre… Que no me cabe más - James se señala la tripa debajo del uniforme de quidditch - ¿ves? Todo lleno.

- Sirius - Remus le coge del brazo y le obliga a soltar a su amigo -, por mucho que le hicieras comerse a nuestro querido guardabosques, James seguiría pesando y midiendo lo mismo a la hora del partido, así que no hagas que se ponga indispuesto y que tengamos que presenciar cómo vomita por encima de nuestras cabezas, gracias.

Sirius se vuelve hacia Remus con cara de malas pulgas y de un manotazo coge un bollo y se lo introduce en la boca con fuerza. Lupin manotea en el aire y dice algo como "Sgrius egstgas logo o gué" que es ignorado hasta que consigue tragar y reponerse.

- ¡Estás loco o qué!

- Es mi forma cariñosa de decirte que no te metas donde no te llaman.

- ¿Pues sabes quién te va a animar en el partido? - Remus se levanta con desgana.

- ¿Tú?

No recibe contestación y James, Peter y Sirius se levantan para ponerse a su lado. El último pone los ojos en blanco cuando le coloca la mano en el hombro a Remus y se agacha para susurrarle al oído.

- Va, Lupin - parece que se arrepiente y todo -, que si tú no me animas no puedo volar. Eres como los polvos mágicos.

- Ams.

- ¿Quieres que pierda, Lupin? ¿Quieres que la gloria de Gryffindor se reduzca a cenizas? Esto es un crimen muy grave.

- Detenme.

- Haré algo peor; te obligaré a escuchar a los Rolling Stones toda la noche. Y gritaré. Gritaré tanto que me oirán en todos los dormitorios y sentirás vergüenza ajena por la poca educación que tengo.

- Tú asegúrate de ganar, Black o te haré comer tantos bollos seguidos que te quedarás sin respiración.

Después de eso Remus no puede evitar sonreír y desearles buena suerte a los dos mientras él y Peter se marchan en dirección a las gradas. Minutos después James y Sirius llegan a los vestuarios y para variar son los últimos en entrar. Jack da vueltas en círculos, con las manos en la cabeza y resoplando muy fuerte, mientras los demás, sentados en los bancos intentan mantener la calma. Nadie dice nada hasta que alguien toca en la puerta y les indica que es hora de salir.

Se alinean; Jack y James los primeros, con Sirius y Gideon detrás y los tres cazadores cerrando la marcha.

- Ey, Prewett - Sirius le golpea el hombro a su compañero con el bate -, si ganamos te cortas esas greñas que me llevas.

- Y me lo dices tú.

- ¿Lo harás?

- Claro que lo haré, porque necesito un buen corte de pelo.

Es lo último que se escucha antes de que las puertas se abran y las gradas comiencen a gritar y el sol les ciegue momentáneamente. Se suben a las escobas y saben que ha llegado la hora, que no hay nada que hacer, que las piezas han empezado a jugarse y solo ganará el que dé el jaque mate.

Mary MacDonald observa el campo desde su posición, y a pesar de que las figuras son diminutas, en el fondo siente que sería capaz de ver hasta los pelos de la nariz del buscador de Ravenclaw. Toma aire, mira a la profesora McGonagall de reojo y acerca los labios al micrófono.

- ¡BIEEEEEEEEEEEEENVENIDOS! - Grita más de lo que pretende y tose antes de continuar - Soy Mary MacDonald y damas y caballeros hoy hace un tiempo de lo más maravilloso para disfrutar de nuestro deporte faaaaaaaaaaavoritooooooooYLAQUAFFLEESTÁENJUEGO.

Sirius apenas puede escuchar la voz de Mary porque tiene que despejar una bludger que casi le parte la nariz a Noah; recupera la estabilidad de la escoba y se acerca volando a su mejor amigo.

- Patéale el culo a Lowe, Jimmy.

- Cómo si no me conocieras.

Los siguientes diez minutos de partido son un constante ir y venir de quaffle y bludgers y de gritos de Mary por encima de las voces de los alumnos en las gradas; Ravenclaw va perdiendo por veinte puntos y James sólo puede pensar en el buscador del otro equipo. Hace ya dos días que Mary y él se reunieron en un aula vacía para hablar sobre Jeremy Lowe; alto, fuerte, rápido y con tanta confianza en sí mismo que asusta "James, ese chico cree que no puede perder. Su confianza es tu peor enemigo" y "casi nadie puede atrapar la snitch antes que él por una simple razón: su ego aparta a todo ser viviente, pero… ¿Quién tiene el ego más grande de todo Hogwarts?" fueron las dos cosas que la joven Gryffindor tuvo que decirle a James para saber lo que tenía que hacer. Y es que hay dos cosas que James Potter tiene claras en la vida; que nadie vuela mejor que él en esos terrenos y que si por algún casual existiese alguien capaz de superarle él haría todo lo posible para mejorar con tal de no ser el segundón. Así que Jeremy no sabe a quien se enfrenta, no sabe que la Copa de quidditch es totalmente secundaria cuando lo que está en juego es el título invisible de "mejor buscador de Hogwarts" y yo soy el mejor.

- ¿No os parece que Lowe está nervioso? - Mary ha inclinado el cuerpo tanto que parece que se va a caer al campo - ¿Sabrá dónde está la snitch? ¿Tendrá miedo de Gryffindor? ¡SON CUARENTA PUNTOS DE DIFERENCIA, DEMONIOS! Ravenclaw ponte las pilas.

Y es entonces cuando James decide que es hora de machacar a Ravenclaw y darle a Jeremy con toda su perfección en la cara y a ver si se te rompen un par de dientes. Ve el destello a su izquierda, a decir verdad lo siente, su corazón late a mil por hora y con media sonrisa se tira en la dirección contraria, vertical, con el suelo como objetivo; y tal y como espera, Jeremy se lanza detrás.

- ¿Es la snitch? ¿HAN VISTO LA SNITCH? YO NO LA VEO, ¿POR QUÉ NO LA VEO?

Porque tú no eres imbécil, Mary. Y sigue bajando, y siente a Jeremy detrás, prácticamente pisándole los talones, y le quedan cinco segundos para chocar contra el suelo.

Cuatro.

Tres.

Oh, Merlín como esto me salga mal me voy a arrepentir toda la vida.

Dos.

Sirius me debes una.

Uno.

- ¡Chúpate esa! - James vira el mango de la escoba en el último momento, casi notando el césped en la barbilla y sube, sube tan rápido como se lo permite el cuerpo y ríe, ríe tanto que le podría doler el pecho si no estuviera concentrado en perseguir el destello que ha mantenido en su punto de vista todo el rato y que revolotea alrededor de las orejas de uno de los golpeadores de Ravenclaw.

Sirius no entiende lo que pasa cuando ve cómo su mejor amigo se lanza en plan misión suicida contra el suelo, pero observa con deliciosa maldad cómo éste cambia de opinión en el último segundo y es demasiado tarde para el perfecto de Jeremy Lowe.

- OH, DIOS MÍO… - Mary le pone la mano en el brazo a Minerva McGonagall incapaz de creer lo que ve - JEREMY LOWE SE HA COMIDO EL SUELO Y JAMES POTTER VUELA ALTO Y ALTO Y DECIDME QUE NO ESTOY SOÑANDO PORQUE TIENE LA SNITCH. TIENE LA SNITCH.

Pocos entendieron lo que pasó en aquel partido entre Ravenclaw y Gryffindor; pero Sirius comprendió al instante, cuando vio a James jugueteando con la snitch entre los dedos, subido en la escoba con una soltura de vértigo, que su mejor amigo había arriesgado perder la bolita dorada para darle una buena lección al pretencioso.

Jeremy Lowe está sentado en el suelo, le duele la cabeza y nota como un diente ensangrentado le cae sobre la palma de la mano. Sobre su cabeza el cielo se rompe, las escobas vuelan y sólo se escucha una frase.

GRYFFINDOR HA GANADO CHICOS, GRYFFINDOR GANA LA COPA DE QUIDDITCH.

- ¡Te espero en la entrada del campo! ¡Creo que Lupin ha birlado comida de las cocinas y eso no es algo que se vea todos los días! - Sirius se acaba de vestir con una camiseta gris lisa y sale del vestuario dejando a James con el pelo empapado delante del espejo.

El chico limpia el cristal con el brazo para poder ver su reflejo con mayor claridad y sonríe ampliamente. Han ganado. Gryffindor ha ganado la Copa de quidditch y él ha sido parte de ello. ¡Qué demonios! He cogido la snitch de la victoria. Se despeina el pelo un poco y se frota los ojos, como siempre que se levanta de un buen sueño, solo que esta vez se trata de algo tan real que se puede palpar con los dedos. Recuerda el momento de bajar de la escoba; todo el equipo lanzándose sobre él, los abrazos, las palmadas en la espalda y los enhorabuenas. Es uno de esos momentos en los que tu peor enemigo podría acercarse por la espalda a apuñalarte y le recibirías con los brazos abiertos. La profesora McGonagall bajando rápidamente y prohibiendo la entrada al campo a los espectadores. Mary MacDonald detrás de ella, saltando como si el suelo fuera de goma, dándole un golpe en el hombro a Sirius y lanzándose a sus brazos, juntando la mejilla femenina con la suya y "eh, MacDonald, que corra el aire" por parte del golpeador y más y más imágenes confusas. Piensa en la fiesta, en lo que vendrá después y sobre todo en la fiesta privada que se va a asegurar de tener con sus tres amigos esa misma noche. Canturrea una canción de Los Beatles mientras guarda los guantes en la bolsa y se detiene al notar un toquecito en el hombro.

- ¿Has vuelto, Sirius? Se nota que no puedes vivir sin… - Se gira para ver un rostro que en absoluto se parece al de Sirius Black; ella tiene las mejillas sonrojadas, el pelo rubio platino suelto largo, y el flequillo cubriéndole la frente. Está mojado - mí.

- ¡Enhorabuena, James! - Noah Collins tiene los ojos verdes, a veces si miras de cerca puedes ver pequeñas manchitas de color marrón, pero claro, no es que muchas personas hayan estado tan cerca como para poder darse cuenta - Creía que te había visto hacer de todo sobre la escoba y entonces esa finta y la snitch y… - Su voz se torna más aguda -¡NO ME PUEDO CREER QUE SEAMOS CAMPEONES!

- En realidad creía que me iba a estampar contra el suelo - admite él sin reparo - No sabía si saldría bien pero… ¿Por qué te estoy siendo sincero? En realidad claro que sabía que iba a salir bien, no por nada soy el mejor buscador de este colegio y podría asegurar que de todo el mundo.

Se quedan en silencio, James pasa unos tres segundos en pensar si la conversación a terminado, si ella espera que haga algo, si tiene que dar propina o algo parecido, pero Noah simplemente mira a su alrededor, como si le interesase muchísimo el vestuario de los chicos.

- ¿Sabes que teóricamente no puedes estar aquí? - Pregunta de forma estúpida - Aquí los tíos se desnudan y dicen tacos y hablan de chicas y…

- Me gustas - suelta ella a bocajarro -, me gustas mucho, Potter. Y… Y me gustas.

- Oh, pues vaya - oh pues vaya, ¡¿Oh, pues vaya?! ¿NO TENGO NADA MEJOR QUE DECIR?-. Eso está bien, ¿no? A las chicas les gustan los chicos y tú eres una chica y yo soy un chico y al contrario también puede pasar y cómo diría mi madre estamos en la edad y…

Y por primera vez no necesita que esté Sirius a su lado para decir "cállate, Potter", porque sabe que cuanto más hable peor será y que cualquier palabra que salga de su boca será más patética que la anterior. Noah parece concederle el silencio, porque suavemente coloca las manos en los hombros de James, ella es ligeramente más alta, algo así como cinco centímetros pero es lógico, ¿no? Es más mayor y eso es lo último que puede pensar antes de que la mente se le quede en blanco.

Noah posa sus labios, finos y rosados sobre los del chico; con cierta dulzura y temor, no se es su primer beso, pero sí lo es el de James. Y este nunca pensó que sería tan difícil. Repasa mentalmente los pasos: cerrar los ojos, no respirar demasiado fuerte, dejar las manos quietas y seguirle la corriente hasta que tenga capacidad para dirigir él. Y en ese momento es consciente de que no podría ni escribir su nombre en un papel si se lo pidiesen. Sabe bien, le recuerda a las piruletas de caramelo de Honeydukes pero algo así como que cien veces mejor. Al principio simplemente se besan, juntan los labios y ella le acaricia el pelo en la parte de atrás de la cabeza, y a él le gusta; es raro, porque odia que la gente normal le toque los mechones casi tanto como el melocotón, pero en esa situación incluso cualquier fruta asquerosamente aterciopelada habría parecido una deliciosa manzana verde. Después, Noah hace algo que le provoca una sensación de vértigo en el estómago; le obliga a abrir la boca al tiempo que le acaricia suavemente la mejilla. Y James hace caso. Cuando roza su lengua con la de ella se echa hacia atrás instintivamente y ella le empuja contra la pared, acercándose tanto que el chico se ve obligado a darle una utilidad a sus manos y ponerlas en los hombros de Noah.

Es intenso, se separan en un par de ocasiones para tomar aire y no se miran a los ojos, James no recuerda que ese tipo de cosas pasen en las películas de amor, pero en realidad tampoco tiene mucha importancia. Lo único en lo que piensa es que Noah es guapísima, que tiene que ser la chica que mejor bese de todo Reino Unido y que probablemente las hebras de su pelo estarán hechas de oro, o algún material precioso. Por lo menos.

Ella le vuelve a besar, susurra algo que no alcanza a escuchar y él se lo devuelve, mucho más confiado que al principio, siendo él el que la obliga esta vez a abrir los labios con los suyos propios, y Noah deja escapar un ruido que le parece gracioso y extraño al mismo tiempo y probablemente sea en ese momento que James Potter se da cuenta de que hay algo que es capaz de hacer tan bien como volar en escoba.

Cuando se detienen se limpia la boca con el antebrazo y se siente tan exultante que por un momento olvida que son campeones, que Gryffindor ha conseguido algo que durante mucho tiempo parecía imposible y que acaba de besar a la primera chica de su vida, que no tiene el pelo rojo como el fuego, que no habla como si los ángeles tocasen el arpa enfurecidos, que no es más lista que un tribunal de magos entero y que sobre todo no es Lily Evans, pero que es real, es bonita y le está sonriendo. Y con eso basta.

- Vaya - jadea un poco James -, esto ha estado… Ha estado bien.

- Podemos repetirlo siempre que quieras - ahora Noah parece mucho más confiada, no le tiemblan las rodillas y no aparta el dedo del lugar en el que queda la sombra del último beso del buscador de Gryffindor -. Sólo tienes que pedirlo.

- Claro yo… - no, en realidad no - Supongo que sí que puedo pedirlo pero yo… - pero no es Lily. Mierda, no, no es Lily pero es Noah y… Tengo que preguntarle a Remus - ¡Tenemos que celebrar la victoria de Gryffindor con los demás! ¿No?

- Por supuesto - le concede ella sonriente -, seguro que Jack ha conseguido cervezas de mantequilla para todos, ¡te van a encantar!

James asiente, lo último en lo que está pensando en ese momento es en una cerveza de mantequilla y lo único que quiere hacer es salir corriendo y buscar a Remus, o como último recurso a Sirius y atosigarles a preguntas. Porque tiene muchas. Demasiadas.

Salen del vestuario y casi trotan hasta donde el resto del equipo espera, junto con algunos amigos entre los que James distingue a Remus y Peter.

- ¡JAMES, JAMES, HA SIDO GENIAL! - Grita el segundo dando saltos - Primero eso que has hecho y luego lo otro y CAMPEONES, ¡ES INCREÍBLE!

- Ya, ya… - Esboza media sonrisa y se lanza contra Remus, que sorprendido simplemente se deja empujar hasta que salen del corro de celebración, donde nadie puede escucharles.

- Remus, necesito tu ayuda.

- ¿Qué has hecho? - Suspira el chico - No me ha dado tiempo ni a darte la enhorabuena…

- Eso es lo de menos, tío - está nervioso, tan nervioso que podría subirse a la escoba y dar vueltas alrededor del castillo hasta vomitar -. He besado a una chica. He besado a una chica y la he besado BIEN.

- ¿Y me lo vienes a contar a mí porque…

- ¡Porque he besado a una chica! - Mueve los brazos haciendo el molinillo - ¡Toda la vida pensando en este momento y ha llegado cuando menos me lo esperaba y no puedo creer que sea tan increíble besar a alguien!

- ¿Quién? - Remus se pone serio - Dime que no es bizca, o uniceja o algo así.

- ¿Eres tonto? ¿Por quién me tomas? ¿Sirius Black? Soy James Potter - pone los ojos en blanco -. De cero a Lily Evans es Noah Collins.

- ¡No! - Remus se avergüenza de sí mismo después de haber abierto la boca. Se recuerda a esos personajes de las telenovelas que ve su abuela en el televisor entre semana y que actúan tan mal que da pena escucharles - Quiero decir, es muy guapa. ¿Se lo has dicho a Sirius?

- No, no, todavía no… Es que resulta que Noah me ha dicho que si quiero puedo pedirle besos siempre que quiera y no sé qué significa eso, ay madre Remus, ¿y si quiere casarse conmigo?

- Claro, y tener hijos pasado mañana - le pone la mano en la cabeza -. Haz el favor de no montar el drama hoy, que sé que te encanta y celebra con el equipo esa copa de la que tanto hablabais cuando yo quería estudiar.

James asiente con la cabeza, porque en el fondo sabe que Remus tiene toda la razón del mundo. Corre hacia Sirius y le pasa los brazos por los hombros, se abrazan y el joven Black le hace daño por el entusiasmo, pero es que esa noche son inmunes a todo. La fiesta se traslada minutos después a la Sala Común de Gryffindor, donde Jack levanta la copa entre el griterío de los demás. Alguien enciende un gramófono y llena la habitación de música que incita a bailar. Sin embargo hay una persona que no se une al jolgorio y la emoción, una persona que sonríe quedamente apoyada en la pared; con unos ojos verdes tan claros que parecen los rayos de sol que se cuelan a través de una vidriera. Mary MacDonald se acerca a ella y la coge de las manos para que de un par de vueltas pero avergonzada vuelve a su posición original.

- ¡Vamos, Lily! - Exclama la chica de pelo moreno - Hoy Slytherin dormirá tan bien como yo si me pusieran clavos en el colchón.

- Me alegro mucho - concede la otra -. Ha sido un partido emocionante.

Mary le pone la mano en el hombro y sale disparada hacia una de las chicas el equipo que llama su atención con la mano en el aire.

Lily Evans observa al equipo de Gryffindor, en el centro de todo; Jack Sandler, el capitán, le ofrece un sorbo de su cerveza a Noah Collins, la chica rubia que lanza las quaffle y ella lo acepta de buen grado. Existe cierta armonía entre ellos, algo que Lily se atreve a definir como camaradería. Lo mismo ocurre con los demás; es una relación intensa, pero no algo que podría definirse como amistad. Sirius Black bromea con Gideon Prewett, le estira de los mechones de pelo rojizo y le insiste en que se los corte, que "se trataba de una apuesta" o algo así. Son esas cosas que hacen los chicos, apostar por todo. A su lado James Potter ríe hablando con el muchacho de piel oscura del que Lily ha olvidado su nombre; normalmente no se fijaría en él, de hecho sería lo último que haría bajo cualquier circunstancia, pero hay algo en el chico de Gryffindor que parece distinto, algo que la disgusta de una forma incomprensible.

- ¿Quieres cerveza? - No necesita darse la vuelta para saber que va a encontrar a Remus Lupin con dos jarras llenas de líquido amarillento en el interior - No están envenenadas, te lo juro.

- ¿Debería fiarme?

- Por supuesto que no.

Remus es tranquilo, incluso en esa atmósfera llena de gritos y enhorabuenas y cerveza, y chocolate y música él es la persona más calmada del mundo. Apenas se da cuenta de que la manga del jersey del chico roza la de su blusa, pero cuando lo hace sonríe. Mira hacia arriba, porque Remus es alto, no lo parece porque siempre intenta pasar desapercibido pero lo es. Él la observa de reojo, con los ojos azules dudosos y luego le da un sorbo a la cerveza.

- Te has manchado de espuma. - Ríe ella.

- Agh.

- Ven - se pone de puntillas, estira la manga de la blusa hasta que le cubre el puño y lo pasa por la boca del chico, que inmóvil la observa atónito -, ¿ves? Así está mejor.

- No deberías haber hecho eso… Luego las manchas no salen bien de la ropa.

Se ríen de forma absurda; pero a veces esa sencillez es más divertida que buscar una razón concreta por la cual hacerlo. Remus normalmente no tiene razones absurdas ni serias para reírse; las únicas personas que consiguen que se evada de los problemas de su existencia son sus tres amigos, por eso cuando Lily le ofrece la oportunidad de reír sin dilaciones se da cuenta de que hay algo más especial en ella que el simple hecho de que la considere interesante. Sin embargo, no puede evitar sentir una mirada intensa, en algún lugar de esa habitación, y sus ojos se encuentran con los de James. Probablemente cualquier persona en el mundo habría esperado que en ese momento se hubiera desarrollado la típica escena de película de universidad en la que dos amigos se pegan por una chica un "confiaba en ti y me la robaste"; pero es que cualquiera de esos "dos amigos" al lado de James y Remus podrían mejor ser llamados desconocidos. No hay conversación con palabras, no se hablan pero se dicen y en ese silencio roto por la fiesta Remus entiende perfectamente a su mejor amigo, y sabe que lo único que está pensando es lo preciosa que es Lily y lo mucho que pagaría por estar en su lugar. Y Remus lo sabe, y es ciertamente por ese conocimiento tan asumido que desearía poder coger del brazo a James y ponerle la mano sobre la de su amiga, pero es imposible. La conexión se rompe cuando Sirius aparece y le quita las gafas a James, ocasionando una pelea absurda. Bueno, qué clase de pelea entre ellos sería si no lo fuera.

- Sirius es tan palurdo a veces que me sorprende hasta a mí. - Comenta Remus en voz alta. Y la verdad es que no esperaba hacerlo, pero simplemente lo hace. Contarle a Lily lo que se le pasa por la cabeza es tan fácil como respirar.

- Y es eso lo que te gusta de él - murmura bajito Lily -. Admítelo, te gusta sentirte superior cuando estás con ellos. Como quien hace poesía para gorilas.

- No es cierto - el chico ríe pero niega con la cabeza -; Sirius es algo más que un gorila con mal humor… A veces es amable e incluso algo sensible, pero más vale que no me oiga decir eso. No sé cómo explicarlo, sin decir que Sirius es Sirius y ya está y que con eso vale, supongo.

- Sí, supongo. - Lily le escucha pero solo a medias. Sus ojos se fijan en la estúpida pelea entre Potter y Black; la voz de Remus no es más que la melodía renqueante de las acciones de sus amigos. James pierde, se deja caer al suelo y Sirius se le une con el pecho moviéndose rápidamente: hablan durante unos segundos, algo así como "la próxima ganaré yo" y "eres una princesita, Potter", pero después James se inclina hacia su amigo y le dice algo al oído, y Lily no sabe lo que es, pero sí ve la expresión de Sirius, que va cambiando a cada segundo que pasa, hasta terminar con un grito que se escucha en toda la sala "NO PUEDE SER". Y Lily no sabe qué es eso que no puede ser, pero Remus sí parece saberlo porque se ríe en voz baja - ¿Qué ocurre?

- Nada - se apresura a contestar el chico -, ¿sabes cuando las abuelas te dicen que has crecido mucho? Pues eso me pasa a mí, que a veces soy un poco abuela.

Lily asiente, no entiende nada pero lo hace. No hablan mucho más y al rato aparece Sirius, coge a Remus de la cintura con ambos brazos a pesar de las protestas del primero y lo arrastra hasta las escaleras que suben a su dormitorio, donde James y Peter les esperan emocionados.

Lily da un trago a su cerveza, está tibia y sabe deliciosa; para el resto de la habitación la victoria de Gryffindor se siente de la misma forma, reciente y tan deliciosa que si fuera algo físico más de uno querría darle un bocado.

James, Sirius, Peter y Remus se encierran en el dormitorio; Remus se agacha para sacar de debajo de la cama un arsenal de chocolates, y gominolas, bebidas de soda "esto es solamente para que al año que viene no me molestéis mientras estudio" y ellos lo aceptan a pesar de que saben que nada podrá evitar que la historia se repita. A las doce de la noche todavía siguen comiendo; James con el pecho apoyado en las piernas de Remus, que distraídamente le toca el pelo (y sorprendentemente el otro no se queja) al mismo tiempo que se come un buen pedazo de turrón. Sirius gesticula sentado con las piernas cruzadas y cuenta por décima vez cómo hizo que la bludger golpease limpiamente al cazador de Ravenclaw. De nuevo vuelve a salir el tema de Noah y Peter le pide a James que lo vuelva a contar, pero Sirius interrumpe gritándole a Remus que tiene que ser el siguiente en besar a una chica, que le arrastrará de las orejas si hace falta. Remus le ignora y vuelve a morder el dulce.

Una victoria es siempre una victoria, sea del tipo que sea; alguna saben amargas, otras más dulces, pero nunca dejan de ser un triunfo. Esa noche toda la casa de Gryffindor celebró un título que con los años perdería valor, que con el paso del tiempo tal vez no sería recordado por nada especial; pero en aquel dormitorio, "el de los chicos Gryffindor", "el de ellos", "el de Los Merodeadores", como sería llamado después y de cien formas más, la victoria se saboreó tan azucarada que alguno la tildaría de empalagosa. Ninguno de los cuatro olvidaría la noche en la que las cervezas de mantequilla tomaron un papel importante. La noche en la que Sirius casi lloró abrazando a James "te haces mayor, te haces mayor y yo cada vez soy más viejo". La noche en la que las carcajadas de Remus se escucharon por encima de los demás cuando Peter aseguró que si besabas a una chica mucho rato podía quedarse embarazada. La noche en la que Sirius se quedó dormido con la cabeza pegada a la de Remus, y James sobre él. La noche en la que a pesar de no tener nada demasiado especial les hizo conciliar el sueño con unas sonrisas tan grandes que nadie habría dicho que no durarían para siempre.