El código
Peter Pettigrew espera de pie, rígido, rodeado de alumnos vestidos con el uniforme de Hogwarts. Su carrito soporta el peso de un baúl preparado desde hace semanas, una caja con ropa interior de repuesto que no disponía de espacio y la jaula de Susan, donde la rata da vueltas sobre sí misma, chillando cada dos segundos.
- Ey, Susan… No te preocupes… Pronto llegarán y verás a todos y todo irá bien.
Lleva diez minutos allí, en el Andén Nueve y Tres Cuartos, esperando a que aparezcan sus tres mejores amigos. Perdió el tiempo fuera, en la estación, observando un Intercity 125 que tardó un buen rato en abandonar la vía 7. Se mira las manos, la piel morena de haber estado expuesto al sol en las vacaciones con sus padres. Si fuera por él jamás se habría marchado de la India, pero Hogwarts es un gran motivo para volver. Para volver a la rutina, que al fin y al cabo es lo que más le gusta. Cuando pasan cinco minutos más reconoce a dos personas a lo lejos; van discutiendo: el más alto, pelo largo castaño oscuro a la altura de los hombros gesticula mucho. Tiene los hombros anchos, viste con una cazadora negra oscura y empuja el carrito con la mano que le queda libre. A su lado, un chico más delgado y gafas pone los ojos en blanco y le ignora, deteniendo su atención en un grupo de chicas de Ravenclaw a las que les guiña un cautivador ojo.
- ¡Chicos! - Peter se olvida de que Susan es asustadiza y da saltos para llamar la atención de sus dos amigos.
- Ey, Pete - Sirius saluda estiro marinero y sonríe -, ¿qué tal, tío?
- Bien, bien, bien ¡me alegro de veros! ¡A los dos! - Estira la mano hasta tocar la cazadora de su amigo - ¡Es chulísima!
- ¡Vaya! ¿Ves, James? Es chu-lí-si-ma. ¿Has escuchado?
- ¡Claro que lo es! - Suspira el otro - Pero si no la llevases abrochada hasta el cuello quedaría mejor. ¡Es lo único que he dicho!
- Es verdad, se me olvidaba que tienes un título de persona que sabe de moda…
- Eso ni siquiera existe Sirius.
- Vaya - una voz ronca se escucha a su espalda -. ¿Siempre tenéis que estar discutiendo como una pareja?
- Oye, Remus, los servicios están justo al final del andén, ¿por qué no vas y metes la cabeza dentro de un inodoro y tiras de la cadena? Te lo digo con educación, como buen caballero inglés que soy. - Sirius se cruza de brazos y pone esa expresión que es mejor dejar estar y no tratar de solucionar.
- Lo haría, pero me ha costado mucho que el flequillo me quedase bien esta mañana y…
- ¡Hola, Remus! - Peter levanta la mano para que se la choque y el otro le corresponde con un poco de desgana.
- ¡Bueno! - James se frota las manos y a ninguno de los demás le gusta la forma siniestra en la que le brillan los ojos - ¿Por qué no echamos un vistazo a lo que nos trae el nuevo curso?
- Espero por tu bien que no hables de las niñas de primero. - Remus se pasa la lengua por los labios al tiempo que estira el cuello, siguiendo la línea visual de su amigo.
- Siempre pensando en lo mismo… - James le pasa el brazo por la cintura y estira el otro señalando todo el andén - Las chicas son como el vino, mejoran con el tiempo.
- Creía que eso eran los hombres.
- Obviamente. A cada día que pasa soy más guapo, pero no hace falta que me piropees de esa forma.
- ¿Puedes soltarme?
- Estoy seguro de que Lily es ahora un…
- Un gran reserva. - Sirius los separa a los dos de un codazo y con la cabeza hace un gesto hacia una chica a la que los cuatro reconocerían en cualquier lugar, en cualquier rincón del mundo. Porque una vez que has visto a Lily Evans por primera vez es imposible olvidarla.
La chica, (porque desde luego ya no es una niña) lleva el pelo suelto, largo, a media espalda; rojo como el fuego y al mismo tiempo brillante como el sol. Está más delgada, o puede que simplemente haya crecido en altura, sus piernas, desnudas bajo una falda vaquera muestran una piel blanquecina y con pecas. Parecen infinitas pero al final acaban en un par de zapatos de punta redonda y ligero grosor en la suela. James no quiere fijarse en su pecho, pero cuando Lily se aparta un mechón de la nariz, pequeña, respingona, y se lo coloca detrás de la oreja derecha, observa que en eso ha cambiado poco, y por alguna razón, simplemente sonríe. Al chico le gustaría poder pensar cien frases bonitas que describieran lo que está viendo con los ojos en ese momento, pero lo único que es capaz de pensar es que Lily Evans es preciosa, que a la mierda los vinos y la gran reserva, que no hay ninguna mujer en el mundo que pueda hacerle sombra. Porque para James Potter, Lily Evans es el sol más brillante, la luz más cegadora y a su lado todo lo demás deja de tener forma. No hay sombras, no hay relieves, no hay siluetas, no hay nada más, simplemente Lily Evans.
- Lleva una blusa nueva. - Remus permanece también embobado en la chica, perdido completamente desde el rizo que se forma sobre el hombro izquierdo a la arruga de la falda que supone que es causa de haber ido sentada en la parte de atrás del coche de sus padres.
- Es… Es guapa. - Sirius Black habla con voz queda y los otros dos abren mucho los ojos, sorprendidos.
- ¿Qué? ¿Tú hablando de Lily Evans?
- ¿Evans? - El chico frunce el ceño - Qué Evans ni que ocho cuartos. Digo ella.
James gira la cabeza tan bruscamente que se hace daño, pero no se arrepiente.
- Dios bendiga a las mujeres - eso le vale una colleja por parte de Sirius y un pisotón de Remus que murmura algo como "pareces un viejo verde".
A diferencia de Lily Evans, Mary MacDonald nunca abandonará su par de pantalones, claro que en esta ocasión cortos, dejando ver unas piernas más tostadas que las de su amiga, pero aún así bastante blancas. Lleva zapatillas, hasta los tobillos, atadas con cordones de colores. James se encuentra con sus ojos, oscuros, grandes, achinados por la sonrisa amplia que ilumina su rostro en ese instante. El pelo oscuro no le tapa la frente, porque se lo ha recogido en una coleta, en mitad de la cabeza, que en cualquier persona parecería increíblemente ridícula, pero que en ella resulta estúpidamente adorable. Tiene una herida en la mejilla, la nariz quemada y sin embargo, James piensa que es demasiado guapa para su propio bien.
- ¡James! - Arrastra el carrito con una masculinidad que arruina la atmósfera de feminidad que se había creado. Cuando se para delante de James abre los brazos y le guiña un ojo - ¡Vamos! Que sé que lo estás deseando.
El chico pone los ojos en blanco pero se echa sobre ella, con media sonrisa. Mary casi hace que le crujan los huesos cuando le estruja entre los brazos.
- Estás más alto, ¿eh? - Casi grita en su oído, y luego baja el tono - ¿Qué tal?
- Bien… - James se aparta revolviéndose el pelo - Creo que ahora tengo un par de huesos rotos pero…
- ¡Ni hablar! Mi estrella no puede lesionarse.
- Estrella dice… - Sirius bufa con la boca tan torcida que parece que se le va a desencajar la mandíbula.
- Oh, Black - Mary le observa con desprecio -. No te había visto.
- Maldita seas…
- Bueno chicos, - saluda a Remus y Peter con la cabeza - ¡tengo que buscar sitio o me tocará compartir sitio con alguien que tenga la lepra!
Y se marcha, dando saltos, sonriente y solamente se detiene cuando se encuentra de frente con Lily e intercambian un beso en la mejilla.
- La odio. - Gruñe Sirius.
- Eso no es verdad. - Por alguna razón la boca de Remus es una línea recta perfecta.
- Ya, pero aún así la odio.
Remus y Sirius siguen discutiendo mientras James ayuda a Peter, con cierto desagrado a coger la jaula de Susan, que de repente ha parecido encontrar divertido tumbarse boca arriba y emitir chillidos agónicos. "Creo que la va a cascar" dice el chico de gafas mientras sube al expreso" y Peter lloriquea "¡Que no! Es graciosa y le gusta hacer esas cosas…"
- Te digo que no la soporto, Remus.
- Está bien, Sirius. No te digo lo contrario.
- Sí, sí has dicho lo contrario.
- Bueno, es que no entiendo qué te importa que esa chica no se fije en ti.
- ¡Pues me importa! Me importa porque soy Sirius Black y todo el mundo se fija en mí.
- Claro. Pasa tú primero al compartimento. Elige tú el sitio. Sirius Black. No querría que te sintieras ofendido, Sirius Black.
- ¿Y a ti qué te pasa?
- Nada.
Remus ocupa el lado de la ventana, se cruza de piernas y sorprendentemente no saca ningún libro, simplemente apoya el codo cerca del cristal y observa el exterior con la mirada perdida. James se sienta justo a su lado y estira los brazos con un bostezo. Peter ocupa el sitio de enfrente de Remus y Sirius el lado más cercano al pasillo.
- Chicos - Peter ya ha sacado a la rata de su jaula y juega con ella entre los dedos -, ¿qué asignaturas habéis elegido este año?
- Uhmmm - Sirius entrecierra los ojos, pensativo -. James y yo Cuidado de Criaturas Mágicas y Estudios Muggles, ¿tú?
- ¡Criaturas Mágicas también! - Parece tan emocionado que casi se cae del asiento - Y Adivinación… Me da seguridad saber lo que a pasar.
- Eso es una chorrada - James juega con las gafas, quitándoselas y volviéndoselas a poner -. No existe nadie que sepa lo que va a pasar en el futuro. No hay invidentes de esos ni profecías ni nada.
- Son videntes, James - Remus se muerde el labio inconscientemente -. Yo he elegido Cuidado de Criaturas Mágicas también… Y Aritmacia y Runas Antiguas.
- ¿Tres? - Sirius parece escandalizado - ¡Te explotará el cerebro!
- Creo que mi cerebro estará bien, pero gracias por preocuparte.
- Me pregunto qué habrá elegido Lily…
- Aritmacia y Runas Antiguas. - Cuando Remus se da cuenta de lo que acaba de decir abre mucho los ojos y culpable se tapa la boca, para después dejar escapar una media sonrisa incómoda.
- ¿Cómo lo sabes? - James se le acerca demasiado, con el ceño fruncido - Habla.
- Sólo lo he supuesto.
- Que cómo lo sabes, Remus.
- ¡Está bien! Me he carteado un poco con ella este verano.
- TRAIDOR - James le da un empujón y Remus se golpea la cabeza con la ventanilla -, ¿TE HAS CARTEADO CON UNA CHICA? CON LILY.
- Mira quién fue a hablar - Sirius gruñe desde su sitio -, ¡cómo si no te hubieras pegado todo el verano hablando con Mary MacDonald de sus tetas.
- ¿LE HAS PREGUNTADO A UNA CHICA POR SUS PECHOS? - Remus se levanta escandalizado - Dime que no es verdad porque…
- CLARO QUE NO ES VERDAD. ¿Cómo voy a preguntarle por eso?
- No sé, te mandabas cartas con ella. Traidor. - Ahora están los tres en pie, y Peter en una esquina siguiendo la conversación como un partido de tenis interesantísimo.
- Así que tú te mandas cartas con Mary MacDonald y yo no puedo mandarme cartas con Lily.
- ¡A ti no te gusta Mary, pero a mí Lily sí! Hay un código de amigos que tienes que respetar, Remus…
- ¿Qué código?
- Yo ahora dudo de que te guste Evans, Jimmy. Por eso de que te has pegado TODO el verano hablando con otra chica. ¿Ahora te quieres casar con MacDonald?
- ¿QUÉ CÓDIGO?
- ¡Claro que no me quiero casar con ella! Imbécil. Además, ¿por qué te molesta tanto?
- Porque es una chica y va contra el código.
- ¿QUÉ MALDITO CÓDIGO?
- Mary no entra dentro de las "chicas" y ya lo hemos hablado.
- No deja de ser una chica, James.
- ¿Y qué pasa con Remus? Remus habla siempre con Lily. Él es el que ha escupido en el código.
- COMO NO ME DIGÁIS AHORA MISMO QUÉ ES ESE CÓDIGO OS JURO QUE HAGO PARAR EL TREN Y OS TIRO EN MITAD DEL CAMPO.
- ¡Que no grites! - Sirius se vuelve a sentar de golpe - El código de la amistad. Los amigos primero. Nada de chicas.
Hay unos diez segundos de silencio, calma, tranquilidad; James y Remus se vuelven a sentar, a pesar de que siguen sin mirarse a la cara.
- Chicos… - Peter habla muy bajito pero tres pares de ojos se fijan en él - No es que yo vaya a tener razón ni nada pero… Pero creo que James y Mary son amigos como James y Sirius o Remus y Lily y… ¿Es normal que los amigos se manden cartas, no? Quiero decir, no importa que sean chicas mientras las intenciones solamente sean de amistad. ¿Eso dice el código, verdad? Si James sintiese algo por Mary nos lo diría y si Remus sintiera algo por Lily también nos lo haría saber, ¿no?
- Pues claro. Además, yo solo pienso en Lily.
- Y a mí no me gusta Lily.
- ¿Veis? Es todo muy fácil - sonríe a través de los dientes separados -, ¡todos podemos ser amigos!
- Un chico y una chica no pueden ser amigos - Sirius vuelve a la carga -. Es imposible.
- ¡Eso es estúpido! - Remus se aparta el flequillo, demasiado largo de la frente - Sí que se puede ser amigo de una chica.
- Sí… Mary es mi amiga.
- Blahblahblah. Pesados.
Peter parece desesperado por salir de esa situación violenta, porque su cuerpo comienza a convulsionarse; mira por la ventanilla, después a Remus, a quien jamás ha visto con tal cara de enfado, tras él a James, que no aparta la vista de la suela de su zapatilla, siguiendo con los dedos la marca de la goma y por último a Sirius, que le fulmina con la mirada y hace que sienta que se le congela la sangre.
- Y… ¿Y habéis pensado en el nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras?
- No puede ser mucho peor que el profesor Shropshire - musita Remus -. Al menos espero que no se duerma en clase.
- Igual es una profesora guapa - sugiere James -. Joven y atractiva.
- Ya tienes a McGonagall, Jimmy.
- Mira, por qué no te vas a cag…
- Si es la mitad de buena profesora que McGonagall por mí como si nos da clase Lyz Taylor.
- ¿Esa está buena, verdad? - Sirius pone su cara de pensar.
- Es muy buena actriz, si te refieres a eso.
- ¿Creéis que el profesor nuevo irá en el Expreso? - Peter estira el cuello todo lo que puede, como si fuera a encontrar al nuevo miembro docente de Hogwarts en mitad del pasillo.
- ¿Bromeas? - Remus hace girar los ojos de una forma excesivamente dramática - Los profesores no van en el Expreso.
- ¡Pues si yo fuera profesor iría en el tren! - Exclama Sirius.
- ¿Por qué?
- Puede que para recordar las cosas de cuando era alumno… - James se lleva el dedo a los labios pensativo - ¿Os imagináis? A nosotros dentro de veinte años, sentados aquí para ser profesores en Hogwarts.
- Si nos contratan a alguno de nosotros es que tienen serios problemas de personal - ríe Remus.
- Tú podrías ser profesor, Remus - James sonríe ampliamente y por un instante, todos en ese compartimento parecen imaginarse a un crecido Remus Lupin en ese mismo lugar, menos pelo en la cabeza, más en la barba, cicatrices de toda una vida y ganas de enseñar -. Serías muy bueno. Profesor R. J. Lupin.
- Suena tan mal que me dan ganas de cambiarme el nombre…
- A los críos les gustarías, Rem - es la primera vez que Sirius se dirige de esa forma hacia él y algo dentro del propio Remus sonríe inconscientemente -. Tienes esa cosa con los niños… Ya sabes. Les gustas.
- ¡Y todas las chicas jóvenes babearían por ti! - James le pasa el brazo por el hombro - Oh, Profesor Lupin… Me he olvidado mi tarea… ¿Podemos revisarla en su despacho? Profesor Lupin, me he atragantado con veneno, ¿me lo extrae?
- Estoy seguro de que te preparas todas esas frases por las noches, porque es imposible que un cerebro humano sea capaz de crearlas de la nada.
- Tengo un talento natural.
Se quedan así un rato, callados; dentro de la cabeza de cada uno probablemente haya una historia distinta. No se dicen nada así que en realidad no lo saben. En un momento del viaje James y Sirius cogen el baúl de Remus y con la varita graban "Profesor R. J. Lupin" con caligrafía torpe. Años después alguien, en ese mismo compartimento, señalará ese mismo baúl y dirá "es el Profesor R. J. Lupin", pero de eso ellos no son conscientes, por supuesto. Tal vez en lo más hondo de sus subconscientes adolescentes, cuando James Potter y Sirius Black escribieron aquello sabían que su mejor amigo acabaría dedicándose a la enseñanza. Tal vez sin querer realizaron una profecía de esas en las que James nunca acabó de creer del todo durante toda su vida "¡Lily, no me voy a creer lo que un invidente diga!" y ella le contestaría "James, que se dice vidente"; puede que fuera un conjuro que necesitaba de dos personas, almas gemelas, un deseo en mente y unas circunstancias. O puede que simplemente fuera la casualidad del destino.
En ese viaje vuelven a discutir, por las chicas, por lo que no son chicas y por todo en general. Evidentemente se arregla cuando la señora del carrito golpea el cristal y entre Sirius y James llenan los asientos de golosinas, chocolates y chucherías de todo tipo. Las comparten, porque eso es lo que hacen los amigos; pelean por ellas, porque eso es lo que hacen los amigos y le sujetan una bolsa a Peter delante de la boca cuando amenaza con vomitarlo todo, porque bueno, eso es lo que hacen los amigos.
Cuando el tren se para y bajan al andén de la estación de Hogsmeade se vuelven a cruzar con Lily Evans; esta vez, ella se detiene para saludar a Remus, tímida, y James le da un empujón a su amigo para que le dé un par de besos en la mejilla con cortesía. Remus se vuelve para ver cómo el chico de gafas le guiña un ojo y después se gira para hablar con Sirius.
El tercer año de la estancia de Peter, Sirius, Remus y James en Hogwarts fue el año de los enfados, de las broncas, de los "tío, déjame en paz, estás insoportable", de los "no te puede gustar la misma chica que a mí". El año de las dudas, de la confusión, de los "no estoy seguro sobre esto…", de los "Lily, esto no puede estar bien".
El tercer año de la estancia de Peter, Sirius, Remus y James en Hogwarts fue el año en el que la adolescencia les aplastó con una maza y sacó ese material bruto que formaría la leyenda de Los Merodeadores.
