Es más fácil soñar en invierno.

Los miércoles a mitad de mañana, los alumnos de tercero tienen un descanso de una hora escasa; no es lo suficiente como para echarte una siesta, tampoco para perderte un rato por los terrenos del colegio, pero sí para estudiar en la biblioteca o pasear alrededor del castillo. Peter, Remus, James y Sirius todavía están en el aula de Transformaciones; los dos últimos remoloneando apoyados en sus respectivos pupitres mientras esperan a que Peter acabe de consultarle una duda a la profesora McGonagall sobre su último trabajo, que ha consistido en "las 25 prohibiciones del cruce de especies" de las que Peter solamente ha sido capaz de encontrar diez.

Remus por su parte permanece sentado en su mesa, al lado de una chica Hufflepuff, con los que comparten la asignatura ese año. Ella tiene el pelo largo, trenzado, oscuro y parece nerviosa mientras conversa con el chico. Remus está explicándole algo, porque concluye la frase con un "¿entiendes?" y ella asiente, a pesar de que sus ojos dicen todo lo contrario.

- No tienes que estar nerviosa - James se cruza de brazos y sonríe de forma pícara, disfrutando antes de soltar la bomba -. Remus no te va a morder. Al menos hoy no.

Eso no parece en absoluto tranquilizar a la pobre chica, que tira el bote de tinta, manchándose la falda y sonrojándose. James y Sirius ríen de forma escandalosa y Remus gruñe por lo bajo mientras la ayuda.

- Señor Potter, señor Black - McGonagall frunce el ceño, ignorando a Peter durante un momento -, ¿no tienen nada mejor que hacer?

- Nos gusta tanto su clase que no podemos marcharnos. - Explica Sirius con un tono de voz tan convincente que engañaría a cualquiera. A cualquiera menos a Minerva McGonagall, por supuesto.

- O salen por esa puerta a la de ya o lo lamentarán y… - la bruja se vuelve bruscamente hacia un golpe fuerte y encuentra a Remus, desconcertado, mirando el banco que acaba de tirar sin querer al intentar recoger el estropicio de la tinta provocado por la chica - Y por Merlín, señor Lupin, váyase antes de que queme el aula.

Remus se queda con la boca abierta, dispuesto a protestar, pero con mal humor recoge su bolsa, salpicada también de tinta, se la cuelga al hombro y camina hacia la puerta. La chica de Hufflepuff corre a su lado y una vez en el pasillo se despide con un gesto de mano alegre.

- ¿Estabas ligando, Remus? - Sirius no pierde el tiempo en colocarse a su izquierda.

- Sí, ¿no lo veías? A las chicas les encanta hablar de Malecrit conmigo.

- ¿Perdona? - James camina de espaldas, delante de ellos - ¿Qué demonios es eso que acabas de decir?

- Malecrit, el autor francés de "Ay de mí he…

- Está bien, está bien… - Sirius se pone el dedo en la boca - Podrías haber dicho que no ligabas con ella, lo habríamos entendido, no tienes que darnos el coñazo.

- Pero… - James achina los ojos, pensando - Remus, el nombre de ese tío me suena. ¿Por qué me suena el nombre de ese tío, Remus?

- Puede que porque se le menciona en "Quidditch a través de los tiempos" y te lo has leído cien veces desde que te conozco.

- ¡Cierto!

No tienen una dirección concreta que seguir, así que son sus pasos inconscientes los que les hacen salir por la puerta del reloj y atravesar el patio interior del castillo; no hace frío, todavía se puede sentir el verano, a pesar de que en realidad en Hogwarts casi nunca hace calor. La atmósfera está un poco húmeda, fruto de la tormenta furiosa de la noche anterior y las piedras del suelo acumulan pequeños charcos de agua que Sirius se asegura de pisar con la intención de salpicar a sus dos amigos. Remus se queja, coge la capa con ambas manos y enojado esquiva la acumulación de agua en el pequeño desnivel que hay para salir a los jardines.

- Se te va a manchar igual con la hierba, Einstein - Sirius mueve su propia capa como si se tratase de un vampiro de película muggle y gira sobre sí mismo -. Además, la ropa nos la lavan los elfos, ¿qué más da?

- Es cierto, a veces se me olvida que estáis acostumbrados a que os limpien las suelas de los zapatos. Pero ya me perdonarás si me preocupo por mantener mi ropa limpia porque no quiero hacer trabajar de más a unas pobres criaturas que trabajan como esclavos.

- ¿Por qué defiendes a los puñeteros elfos domésticos?

- Porque no es justo cómo les trata la gente.

- Eso es cierto - James asiente con la cabeza -. Yo ya os conté que mis padres decidieron darle la prenda a nuestra elfina doméstica porque estaba obsesionada con el trabajo y todo eso. La pobre tenía ataques de ansiedad si no la obligabas a plancharte el bajo de los pantalones cada diez minutos… ¡Decía que le gustaba ordenar mis juguetes por colores y después empezaba otra vez porque según ella cambiaba la tonalidad según la hora del día!

- James, eso es porque tu elfina estaba loca - Sirius piensa en Kreacher y llega a la conclusión de que ningún elfo doméstico debe estar bien de la cabeza -. Seguro que la volviste loca tú.

- Es que hacía unos ruidos muy graciosos cuando la metías bocabajo en el retrete. - Sonríe, con los ojos brillantes recordando el pasado y Remus se detiene, con la boca abierta.

- ¡¿QUE HACÍAS QUÉ?!

- ¡Oh, vamos! Le gustaba, disfrutaba con ello "de acuerdo, amo Potter" - pone voz aguda y vuelve a reír; Sirius se une con una enorme carcajada - y también se alegraba mucho cuando le encendía cerillas en las orejas.

- SOIS UNOS SERES HUMANOS CRUELES.

- Eh, no te lo tomes tan a pecho - la mano de Sirius se coloca sobre el hombro de Remus y le presiona con actitud apaciguadora -. O es que… ¿Te has enamorado de una elfina, Remus? ¿Es eso lo que te pasa?

- ¿Qué diablos me estás contando?

- A Remus le gusta una elfina… - James canturrea mientras da pequeños saltos por la hierba.

- Remus y la elfina sentaditos bajo un árbol se están…

- Si alguna vez os pasa algo muy muy malo será cosa del karma, que lo sepáis.

- ¿Qué eso del karma? - Sirius se queda quieto estira los brazos para agarrar a Remus de la túnica y hace ademán de besarle - ¿Es tu otra novia, Remus? ¿Con ella te besas?

- A Remus le gusta una tal karma… - James sigue con su cantinela.

Llegados a ese punto Remus es incapaz de decir nada, y si alguien le preguntase el porqué de su silencio probablemente contestaría que tanta estupidez le ha dejado mudo. Tal vez si James y Sirius no hubieran hecho el idiota, tal vez si Remus no se hubiera cruzado de brazos, ignorándoles y centrando su atención en todo menos en sus amigos, tal vez, no se habría fijado en una chica pelirroja, vestida con el uniforme, sentada bajo un árbol, en un trozo de césped seco, con un libro de cubiertas marrones entre las manos. Lily Evans lleva el pelo recogido en un moño alto, y se chupa la punta del dedo distraídamente mientras sus ojos verdes recorren las líneas escritas a una velocidad de vértigo.

Sirius Black: oveja negra de la familia, a veces conocido en el futuro como "el tío ese del pelo largo" o simplemente "ese con el que es mejor no meterse", chasquea la lengua, le pasa el brazo por los hombros a su mejor amigo y le da un suave cabezazo antes de susurrar en voz baja.

- Tu chica te espera, Jimmy.

- Déjame en paz - James intenta zafarse de él pero no lo consigue -, me cansas.

- ¿No vas a saludarla? En el tren querías verla. ¿Ahora te has acobardado?

- Por supuesto que no, pero… ¿No ves que está leyendo? No quiero molestarla. Está guapa leyendo.

- Cómo si alguna vez te importase eso de interrumpir a la gente cuando lee - bufa Remus a su lado.

- Es que tú no estás guapa leyendo - suelta James a bocajarro y luego se revuelve el pelo, se descoloca el cuello de la camisa y pone su mejor sonrisa encantadora -. James Potter no tiene miedo a nada, queridos.

Se aleja de ellos y lo último que escucha antes de que Sirius y Remus sigan su camino es al último reír roncamente y decir "tendrían que darle un premio a la persistencia".

A James no le importa, de hecho en ese momento lo único que le preocupa en el mundo es no empezar a sudar, no atragantarse con las palabras y no parecer un completo idiota delante de la chica que le gusta. Lily es ciertamente guapa, y allí sentada, sola, con ese libro que la hace parecer increíblemente inteligente (al menos para James) parece un ángel que ha decidido pasar su tiempo libre en los jardines de la escuela. Tiene que pensar en cómo caminaprimero el derecho, después el izquierdo porque cuando se trata de estar cerca de ella cualquier capacidad humana, por sencilla que sea parece borrarse de su mente. Hacen falta más de dos minutos para que se decida definitivamente a acercarse; practica doscientas veces aproximadamente la forma de saludarla y ninguna de ellas le parece lo mínimamente buena como para pronunciarla en voz alta. Finalmente se lanza de perdidos al río y respira muy fuerte, hinchando el pecho y cerrando los ojos, como si se dispusiese a levantar una roca de media tonelada. Pero es que la mirada acusadora de Lily Evans puede ser más dura que cualquier mineral de tamaño descomunal.

Piensa que en realidad siempre lo estropea todo cuando abre la bocaza, y Remus siempre dice que le pierden las palabras y que "estás más guapo calladito, James", así que decide hacerle caso a su amigo y simplemente se sienta, a una distancia prudente, de un palmo aproximadamente y se queda ahí, quieto, con la vista fija en las manos de Lily, que sujetan el libro y quien no parece notar su presencia.

James juega primero con los puños del jersey y después apoya la cabeza en el tronco del árbol, distraídamente; a los tres segundos siente la corteza demasiado rugosa y decide mirar por encima del hombro de la chica y lo que descubre le deja un poco desconcertado; tanto es así que suelta un pequeño "¿huh?" que esta vez no pasa desapercibido para ella. Lily suspira, con calma, y después gira el cuello hacia él, tal vez estando más cerca de James Potter de lo que ha estado en su vida.

- ¿Qué quieres, Potter?

- ¿Eh? - La voz de la chica le sobresalta y se golpea la cabeza con una de las ramas más bajas - ¡Ay!

Lily deja escapar una risa cantarina y luego recupera su expresión impasible, jugando con la esquina de la página en la que la han interrumpido. James vacila, intenta pensar en todas las cosas que le ha dicho a Lily Evans desde que la conoció y por primera vez en su vida se da cuenta de que tal vez, y sólo tal vez lo haya estado haciendo mal.

- ¿Te has hecho daño?

- No… Tengo la cabeza muy dura, ¿sabes? Y estas malditas ramas crecen demasiado bajas…

- Es curioso que le eches la culpa a un árbol de tu torpeza.

- No soy torpe yo…

- ¿Vas a decirme que eres el mejor buscador de todos los tiempos? Porque si vas a decir eso es mejor que no lo digas.

- ¡No iba a decir eso! - James deja caer los brazos a los lados con pesimismo Lily actúa como si yo le hubiera hecho algo y en realidad no le he hecho nada, ¿no? - Simplemente iba a decir que me has asustado.

- ¿Qué? - James todavía no conoce a la perfección las expresiones de Lily, pero si lo hiciera probablemente habría podido descifrar un brillo de ternura en sus ojos verdes - Tú has sido el que te has sentado aquí al lado como un acosador sin decir nada.

- Quería saber qué estás leyendo… - Estira el cuello para mirar y ella aparta el libro con media sonrisa - ¡Oh, vamos! Era algo raro.

- ¿Algo raro? -Hay curiosidad en esas palabras, y sus labios, bonitos, rosados lo dejan ver.

- Sí… No es un libro normal, ¿no? Los libros que lee Remus tienen líneas muy pequeñas y muy juntas y este tenía nombres grandes y muchas separaciones.

- ¿Te has fijado en eso?

- Lo creas o no suelo fijarme en las cosas.

Exteriormente parece que James permanece calmado, que está simplemente manteniendo una conversación con una chica como quien habla con una amiga, pero en realidad el corazón está a punto de salírsele del pecho y considera que es una tortura que a Lily le huela tan bien el pelo.

- Es difícil de creer, por eso de que el propio sonido de tu voz te gusta tanto que no escuchas a los demás.

- Bueno, ahora te estaba escuchando a ti.

Lily abre mucho los ojos y luego infla los mofletes, soltando un ligero "buh" y mueve la cabeza, dejando caer un par de mechones sobre su nariz pequeña y salpicada de pecas. Dentro de un tiempo James sabrá que ese es el gesto que la pelirroja suele hacer cuando alguien da un golpe fuerte a la muralla que ha creado a su alrededor. Pero James no lo sabe. Y está bien que no lo sepa, porque las verdaderas historias de amor, como siempre dice Lily, no suceden de un día para otro: no conoces a un Romeo y te conviertes en su Julieta en un segundo. Los auténticos romances surgen del paso del tiempo, aparecen, a lo mejor en el momento que menos lo esperas, pero nunca por completa sorpresa. Y de la misma forma que a Lily Evans le gusta colocar en la mesa los ingredientes de un buen pastel y tomarse el tiempo suficiente para cocinarlo y después y con calma disfrutarlo sentada en el sofá del salón, sintiendo el placer de haber recorrido un largo camino hasta llegar a ese momento, cree que el verdadero amor es el resultado de una aventura llena de paradas e idas y vueltas. Y tal vez, si Lily Evans no hubiera pensado así, jamás se le habría pasado por la cabeza que James Potter iba a ser la persona que la llevaría por ese camino, la cogería de la mano, la estrecharía entre sus brazos y la acompañaría hasta el último capítulo de la historia de su vida. Porque las historias, sean de amor o de aventura se miden en pequeñas cosas y si ese día de septiembre de 1973 Sirius Black no hubiera bromeado con James Potter sobre acercarse a Lily Evans, si ese día de septiembre de 1973 el propio James Potter no hubiera tenido el valor de acercarse a ella y tener la torpeza de golpearse con una rama, tal vez nunca jamás hubiera existido ese capítulo. Y todo el mundo sabe que del mismo modo que toda historia tiene un principio y un final, también tienen paradas, descansos, momentos concretos que le dan sentido al conjunto en sí mismo. Porque ni Lily ni James lo sabían en ese momento, pero esa conversación, sentados bajo un árbol, en mitad de un descanso de Transformaciones y con nada de lo que hablar supuso la tinta que comenzaría a dar forma a su historia, corta, intensa, enrevesada pero compuesta por ese momento crítico en el camino, que aunque en realidad no te lo esperas, nunca jamás llega del todo por sorpresa.

- Está escrito así porque es teatro.

- ¿Qué?

- Que las líneas no están tan juntas como en los libros de Remus - Lily repite el ejemplo que ha usado el chico, segundos antes - porque es una obra de teatro. Está escrita para que alguien la represente.

- ¡Oh! ¿Cómo una película?

- Como una película pero en directo.

- Increíble - James asiente, con la cabeza, visiblemente interesado. Y eso sorprende a Lily, pensaba que solamente le gustaba el quidditch -. Supongo que Remus también tendrá de esos… A veces me gustaría leer mucho, como vosotros, pero es que me duermo sin querer y luego no me acuerdo de lo que he leído y soy un desastre.

- Puede que no hayas encontrado un libro que te guste de verdad - Lily piensa, pero no se le ocurre nada que le pueda gustar al chico, al menos nada que le guste a ella -. Si encuentras algo que te enganche igual eres capaz de leerlo hasta el final.

- ¿Cómo se titula ese?

- El Sueño de una Noche de Verano - Lily cita el nombre con cierta ternura. Lo eligió porque le llamó la atención el mundo de las hadas y la fantasía que envolvían la trama, y porque para qué mentir el título me pareció precioso.

- Es un título muy bonito - James sonríe, y en ese momento, ahí, sentados bajo el árbol Lily casi se olvida de que es el niño impertinente que escribió un poema estúpido de amor en una de las paredes del castillo dos años antes, el mismo crío insoportable que se suele meter con Severus, pero es que cuando James Potter se entusiasma por algo, cuando las comisuras de los labios se alzan y los hoyuelos de sus mejillas se dejan de ver es imposible acordarse de todas esas cosas -. Pero no lo entiendo, en las noches de verano hace mucho más calor que en las noches de invierno y siempre das vueltas en la cama, con la ventana abierta, cambiando la almohada de posición para poder disfrutar de la parte fría que a la tercera vez que lo haces ya está caliente… ¡Es imposible soñar en esas condiciones!

Y Lily asiente. Y lo hace con entusiasmo. Porque sí. Porque es mucho más difícil soñar en verano que en invierno, porque ella también le da la vuelta a la almohada y porque que le parta un rayo si no lleva pensando eso mismo desde que empezó a leer el libro.

- Tienes… Tienes…

- ¡JAMES! - La voz de Peter Pettigrew hace que Lily cierre la boca de golpe y guarde el libro entre los pliegues de la túnica - ¿VIENES?

- Este chico es tonto… - James suspira muy alto - Mírale, ahí donde le ves él no necesita darle la vuelta a la almohada por las noches porque está acostumbrado al calor de mearse encima en invierno.

- ¡Potter! - Y de nuevo el tono duro.

James se levanta y se estira el bajo del pantalón que se le ha subido hasta el tobillo, después se despeina (más) el pelo y la mira tras las gafas de montura de pasta cuadrada.

- Lily, ¿qué optativas has cogido este año? - Lo sabe. Porque Remus se lo dijo en el tren camino a Hogwarts, pero quién sabe igual ha habido un cambio de última hora...

- Aritmacia y Runas Antiguas.

- ¡Maldición!

El chico da una patada al suelo y después musita un suave "jo"; a continuación y con otro "JAAAAMES" a su espalda, pone los ojos en blanco, levanta la mano y dice "adiós, Lily Evans" y le da la espalda, alcanzando a su amigo, que parece tan entusiasmado de verle que en realidad Lily teme que se vaya a hacer pis encima de un momento a otro.

Se queda allí sentada, con las piernas cruzadas y el calor del libro todavía en los brazos; mira el reloj y se da cuenta de que James le ha hecho perder cerca de quince minutos de su descanso. Pero bueno, no importa. Supongo. El tiempo siempre va despacio. Y de hecho todavía le queda tiempo para acabar de leer lo que le queda de acto, después guarda el libro en su bolsa, levantarse, mirar el Bosque Prohibido a lo lejos y suspirar. En ese momento lo último que quiere es ir a clase, de hecho preferiría que fuera invierno, tumbarse en la cama y soñar; con cualquier cosa. Quién sabe. Con hadas, con bosques, con magia, con el viento o el agua. Porque es realmente fácil soñar en invierno.

Sacude la cabeza, recuerda que la siguiente clase que tiene es Defensa Contra las Artes Oscuras y con un grito de emoción interno que jamás le confesará a nadie, camina con rapidez hacia el aula indicada.