CAPITULO 7
Lakewood
Albert desde esa mañana, en que George le conto del incidente en la fiesta de presentación estaba intrigado, si esa niña seria la misma que había conocido unos años atrás. Así que había decidido ir a Lakewood y comprobarlo el mismo.
Una tarde reunido con George en la Biblioteca le dijo:
- George me iré unos días a Lakewood-
- ¿Que vas a donde?- Dijo George con desconcierto
-No puedes ir, sabes que la señora Elroy no quiere que te vean los señoritos, aun no es el momento-
-Lo sé, pero no iré allí sino a la cabaña de campo la que está cerca de la cascada, la recuerdas?-
- Como olvidarla, allí viviste buenos momentos con tu familia- lo decía George con una leve sonrisa
- Si… muy buenos momentos, pero también muy breves – lo decía melancólico y recordaba cuando su padre le enseñaba a pescar, y jugaba con Rose con los animalitos del bosque mientras su madre feliz los miraba, de allí surgió su amor a la naturaleza porque le tría buenos recuerdos de esos días, pero George interrumpió sus pensamientos
- Pero… William esa casa está abandonada hace mucho tiempo, desde que murieron tus padres la Señora Elroy ya no quiso ir allí, y la ha tenido cerrada desde entonces. Así que no creo que esté en condiciones para que vivas allí, espera mejor para hacerla reparar-
- No! - Le dijo con énfasis - Estaré bien George solo serán por unos días me llevare lo necesario, no te preocupes-
George aun intrigado le pregunto -¿Y ese repentino interés por ir a Lakewood?-
- Bueno hace mucho que no voy allí, tú mismo lo has dicho antes, me trae muy buenos recuerdos- aunque era verdad no quería decirle el motivo real, porque seguro George no lo entendería, pero ya se lo explicaría mas adelante.
- Está bien William solo unos días- lo dijo resignado
-Me iré pasado mañana – mientras salía de la biblioteca.
Llego el día y Albert se preparaba para su viaje tomo su mochila y le iba acompañar su inseparable compañera de viaje Poupe.
Buen día William, ¿Te marchas ya? –
-Si, te veré pronto- dirigiéndose a la salida
-¿Se lo digo a la señora Elroy? –
-No es necesario, no le tengo que informar de cada paso que doy George, además estará muy ocupada con mis sobrinos- mientras reía pensando en los dolores de cabeza que le estarían dando, como él se los dio hace unos años
-Si, tienes razón William-
Llego a media mañana a Lakewood y a medida que se iba acercando nuevamente le vinieron los felices recuerdos que ahora le parecían tan lejanos, al entrar a la cabaña vio que estaba abandonada pero aún tenía algo de majestuosidad que tuvo en su día.
-Bueno no está mal del todo- echando un vistazo a su alrededor, pero algo le llamo su atención en una estantería había unos víveres y mantas, sonrió de medio lado pensado que algo tenía que ver George.
–No dejaras nunca de verme como un niño, George-
Muy cerca de allí en la mansión de los Leegan, Candy intentaba encajar en esa familia, pero era inútil se sentía muy triste porque tanto Elisa como Neal le hacían la vida imposible. Y no perdían oportunidad para molestarla y esa tarde no fue la excepción, ya que la acusaron de haber robado unas rosas de Anthony.
Ella queriendo aclararlo todo, fue a la mansión de los Andrew, pero mientras se acercaba por el jardín escuchaba como la tía abuela le decía a Anthony, Archie y Stear que se alejaran de ella porque era una mala influencia, pero Anthony la defendió y empezó a discutir con la Sra Elroy.
Candy al ver eso, se sintió mal que por culpa de ella tuvieran problemas. Por lo que salió corriendo llorando desconsoladamente, ellos la vieron salir de los rosales y supieron que había escuchado todo, así que fueron tras ella pero no la encontraron.
Mientras tanto Albert había decidió ir a pescar cerca de la cascada como lo hacía con su padre, sentado esperando que picara su caña, escucho un ruido se giró y vio que era un guarda.
-Buenas tardes, Señorito William-
Albert sonrió por como lo llamo, se levantó y le dijo – Buenas Tardes, pero mejor llámeme solo William-
-Oh no! Podría enfadarse mucho la Señora Elroy si se enterase, mejor le llamare Señor William ¿no le molesta?-
-No, está bien. No quiero ocasionarle problemas-
-El Señor George me ha informado de su llegada, le he llevado unos víveres y frazadas, ¿Se quedara mucho tiempo por aquí? es para informar a los demás guardas, es que somos varios para proteger estas propiedades y no quiero que lo confundan con un extraño-
-No se preocupé, no será por mucho tiempo. Perdone, no le he preguntado cuál es su nombre-
-Me llamo Joe Carter, Señor William-
-Bueno Joe, gracias por todo - le decía dándole la mano y con una sonrisa
- Que tenga una buena estancia y si necesita algo hágamelo saber- y se retiro
No tan lejos de allí, Candy seguía sin rumbo por el bosque estaba muy triste y sin darse cuenta llego al rio vio un bote y se subió, pensaba que allí no la encontrarían.
Pero de nuevo empezó a llorar porque se sentía muy sola, pensando que Anthony, Archie y Stear ya no le hablarían nunca más por pensar que era una ladrona.
De tanto que lloro se quedó dormida, por lo que no se dio cuenta que el bote se había desatado y que iba sin control, el movimiento cada vez más rápido del bote despertó a Candy, se asustó mucho al ver que no tenía remos y no había manera de dirigir el bote, escuchaba el ruido de lo que más seguro era una cascada…
Empezó a gritar llamando a Anthony, Stear y Archie; con la esperanza de sacarla de allí, pero fue inútil y vio como inevitablemente el bote se acercaba más a la cascada, así que solo cerró los ojos y llamo a Anthony con todas sus fuerzas…
Estaba atardeciendo, Albert estaba haciendo una fogata para preparar lo que había pescado y pensaba: Ahhh que bien me siento aquí, pero ahora tengo que pensar cómo puedo ver a Candy, sin que me descubran…
Cuando de repente escucho unos gritos en lo alto de la cascada, se acercó y vio como un bote caía con alguien aferrado a él.
Albert se lanzo al rio sin dudar, busco desesperadamente pero entre el agua revuelta y la espuma de la cascada era difícil ver.
Pero al fin vio algo flotando, la tomo en sus brazos y la saco estaba desmayada, y la llevo inmediatamente cerca de la fogata y le puso una manta, al verla a la luz del fuego dijo –Es… Candy! Su pelo, sus pecas. Sí, es ella… solo falta ver sus ojos para estar completamente seguro- mientras secaba su rostro.
Ella en ese momento se despertó y abrió lentamente sus ojos, pero al abrirlos bien, vio algo grande y peludo muy cerca de ella lo que se le vino a su mente es que era un oso, se asustó y dio un grito y se volvió a desmayar.
-Vaya! la he asustado - decepcionado pensaba: Al final le daré la razón a la tía abuela sobre la barba…
Así que opto por quitarse los lentes oscuros, para que tal vez así no se asustara y se sentó a esperar, a los minutos despertó de nuevo Candy.
-No te asustes- le dijo apresurado – ¿Te encuentras bien, pequeña?-
Ella se sentó de inmediato –¿Dónde estoy?- Dijo aun confundida
-Te he sacado de la cascada, sino hubiera estado aquí lo más seguro estarías en el cielo- le dijo sonriendo
-Ohh si, muchas gracias ha sido usted mi ángel protector- mientras sonreirá - ¿Y cómo se llama señor?-
-Me llamo Albert- Él la miraba detenidamente y pensaba: Si! Es ella, la misma pequeña de esos hermosos ojos verdes.
-¿Vive aquí Señor Albert?- Le decía Candy mientras se acercaba más a la fogata para entrar en calor
-Eh? Si… si se puede decir que si, pero no me llames señor, que no soy tan viejo y tampoco tan feo para que te desmayes- le dijo divertido
Reía Candy -Lo siento pensé que era un oso es que tanto pelo que fue lo que me imagine jajajaja, lo siento Albert-
-¿Y tú cómo te llamas?-
-Me llamo Candy White-
-¿Que hacías en ese bote?, ¿Acaso escapabas de algo o de alguien?-
A Candy se le entristeció su semblante – Bueno … - un poco dudosa si contarle lo que le había pasado, pero levanto su vista y vio a Albert sentado frente a ella, y pensó: A pesar de su apariencia misteriosa, sus ojos me transmiten confianza y calma. Así que comenzó a contarle, lo sucedido antes de subir al bote y lo mal que lo pasaba en la casa de los Leegan, por lo que no pudo contenerse más y empezó a llorar.
Albert al verla llorar recordó cuando la conoció, pensó decirle de cuando se conocieron pero no era el momento.
Ahora debía de consolarla, la miraba tan triste, así que se levantó y se sentó junto a ella.
- No te sientas triste pequeña, se fuerte, además tienes que confiar en ellos, si son tus amigos te creerán- le decía mientras la abrazaba.
Ella se aferró a él y lloro más como desahogándose, era raro que ella se mostrara tan vulnerable y confiara sus emociones a alguien que acaba de conocer. Pero se sentía reconfortada por sus palabras y por escucharla.
Pasaron unos minutos y Albert al ver que Candy se había calmado le seco sus lágrimas
-¿Estas mejor, Candy?-
-Si Albert, gracias- mientras se sonreía
- Muy bien Candy me alegro verte más animada, en la vida hay dificultades pero se sale adelante – mientras la miraba, le dolía verla así tan desvalida y se dijo que esta vez si la ayudaría y la protegería.
De repente escucharon que alguien llamaba a Candy, Albert a lo lejos vio que sus sobrinos la buscaban, por lo que no podía arriesgarse a que lo vieran por allí así que le dijo a Candy
-Creo que te buscan tus amigos, ve con ellos- mientras se levantaban
- Si! es la voz de Anthony, pero ¿No me acompañara Albert?-
-No, Candy yo estoy sin permiso en este sitio, y es mejor que no digas que me has visto- mientras recogía sus cosas y apagaba la fogata
-¿Pero... entonces no lo volveré a ver de nuevo Albert?- Diciéndolo un poco triste
Un Albert pensativo le dijo:
-Candy si quieres verme, es más fácil los fines de semana-
-Ah si- dijo Candy un poco confundida
-Es que yo ando de un lado a otro para evitar que los guardas me echen de aquí, pero los fines de semana ellos descansan-
-Entiendo Albert pero…- como dudando que lo volvería a ver
Albert la tomo por los hombros se arrodillo poniéndose a su altura y le dijo –Confía en mi Candy, haremos esto, cuando te sientas sola o con problemas escríbeme una nota y métela en una botella rio abajo y yo la recibiré-
- Muy buena idea Albert- lo dijo sonriendo y más animada
- Bueno cuídate Candy, y no estés triste nos veremos pronto- y se marchó rápido.
Mientras Candy corría al encuentro de Anthony, Stear y Archie.
Albert mientras regresaba a la cabaña meditaba sobre la situación de Candy y como podía compaginar su obligaciones y a la vez cuidar de ella, ya que pronto tenía que regresar a Chicago a continuar sus estudios y atender los asuntos de la familia.
Continuara…
Agradezco a Keilanot2, Laila, Rosario, Rosa Amanda, Olimpia, Paolau2, Blackcat2010, Dino Andrew, , monybert-DC, saruyi1707, Lila, Milady por sus comentarios me alegra mucho que les guste la historia.
Nota: Sigo haciendo mis cálculos y ahora Albert tiene 20 años.
Bueno pronto subiré el próximo capítulo, un abrazo a todas y que tengan un buen fin de semana
