"No le busques pelos a un huevo"
Sirius nunca tiene buen despertar; en general tendría que dormir veintiséis horas al día para poder sentirse lo suficientemente descansado. Desafortunadamente, y desde que comparte habitación con sus mejores amigos, sus horas de sueño se han visto reducidas drásticamente. Las razones son múltiples y variopintas; podría hablar de ronquidos que le despiertan a mitad de noche, de la nariz taponada de Peter, de James hablando en sueños, de Remus moviéndose tanto en su cama que crujen los muelles, el viento golpeando la ventana, algún "subnormal", como dice él, que decide bajar a la Sala Común de madrugada... Pero las verdaderas razones por la que Sirius Black no duerme se pueden resumir en dos: James Potter se acuesta muy tarde y Remus Lupin se levanta excesivamente pronto.
Por lo tanto, casi todas las noches, a las dos de la mañana aproximadamente, algunos días más tarde, otros un poco más pronto, James decide que tiene la vista cansada de leer cómics bajo la luz de la varita encendida y tira al suelo todos los tomos que ha ido leyendo, uno a uno, como si fueran piedras. Otras veces lanza los pantalones al otro extremo de la habitación, berrea "qué sueño" y da cien vueltas en la cama haciendo crujir el colchón antes de conseguir dormirse. Para entonces, Sirius ya está despierto y tarda lo que le parecen quinientas doce horas en volver a conciliar el sueño. Exactamente cuatro horas después, alrededor de las seis y media de la mañana, le toca el turno a Remus: silencioso al principio, buenas intenciones, pero no hay un maldito día en el que no se tropiece con algo que esté tirado por el suelo. A eso le sigue un "ay ayayay" al ritmo que trastabilla entre las camas y acaba por golpearse con la puerta. Sirius acepta a Remus, porque es su amigo, y por eso, porque es su amigo, todavía no le ha arrancado la cabeza con los dientes. Todas las mañanas, sin excepción, abre la puerta y la cierra a su espalda . Fuerte. Demasiado. Sirius cree que no se da cuenta; pero por otro lado, piensa que es imposible que alguien como Remus no note que hace casi temblar las paredes. La otra opción que le queda es que sea algo hecho a propósito, en cuyo caso, a Remus Lupin no le quedaría demasiado tiempo de vida.
Pero aquel día, septiembre, es imposible que Sirius abra los ojos sin sentirse extremadamente feliz y afortunado. Está seguro de que es la sensación que tuvo que tener Dumbledore cuando acabó de descubrir los doce usos de la sangre de dragón. Éxtasis. Euforia. El placer de saber que una broma ha sido bien hecha. Abre los ojos y suelta un "ahhhhhggg" que le recorre el cuerpo, le hace vibrar cada músculo y le tensa la espalda. Remus y James están de pie, el uno enfrente del otro. El primero le ata el nudo de la corbata con cuidado, y el segundo tararea una canción. Sirius está seguro de que ese tipo de escenas son las que perdurarán para siempre en su cabeza. Remus esforzándose por que James tenga buen aspecto, le obliga a meterse la camisa por los pantalones y le recuerda que se suba la cremallera después de hacer pis. James no le hace caso y le pellizca le mejilla antes de volverse hacia Sirius. Al segundo los tiene a los dos, mirándole: dos caras que conoce a la perfección y que son tan distintas como la noche y el día.
Remus, ojos azules y ojeras se pone una mano en la cadera cuando le dice "Sirius, ¿se te han pegado las sábanas otra vez?"; James despeinado, las gafas en la punta de la nariz y todavía inmerso y distraído en una estrofa de Do youwant to know a secret? que si George Harrison escuchase le provocaría quince infartos seguidos.
De horror, por supuesto.
Finalmente se levanta y rápido se viste; se permite la licencia de llevar la camisa abotonada hasta el cuello, "solo por esta vez", dice. Cuando se está colocando las zapatillas la puerta del dormitorio se abre y Peter entra animado y sonriente.
- ¿Dónde estabas? - Pregunta James. Claro. No hay algo que él no pueda no saber.
- Dando una vuelta por ahí...
- ¿Te has enrollado con Myrtle la Llorona y no nos lo quieres contar, Peter? - Sirius ataca. Rápido. Brillante.
- No, pero me ha dicho que te de recuerdos, que se lo pasó muy bien el otro día contigo.
James y Remus sueltan un largo "uhhhhh" antes de romper a reír y Sirius acaba de vestirse con furia "sois estúpidos todos". Bajan por las escaleras, "no te preocupes, Sirius. No es tan malo que Peter te la haya devuelto. Podría ser peor. Podría habértela devuelto... Ah no, espera. No, no podría ser peor". Discuten, a voces, como siempre. Delante de ellos Peter susurra con Remus, bajito un "¿cómo te encuentras?", seguido de un "bien, gracias, Pete". Esa noche hay luna llena. Cómo si cualquiera de los cuatro pudiera olvidarlo. Es la primera luna llena que comparten el secreto. La primera de muchas.
El Gran Comedor no está muy lleno; es temprano y alumnos salteados disfrutan del desayuno. Sirius agacha la cabeza a la oreja de James y susurra en bajo "mira a Minerva, qué cara de haba. Seguro que Dumbledore no le ha dado lo suyo esta noche". James suelta una carcajada y le responde algo parecido a "cómo no se de prisa Albus, Hagrid le comerá el terreno". Sirius abre mucho los ojos "no jodas que crees que McGonagall y él..." y James asiente serio "con toda mi alma".
Normalmente, habrían tomado asiento nada más entrar, se habrían lanzado a las bandejas de comida y no habrían apartado los ojos de las delicias con las que los elfos de las cocinas les deleitan cada mañana. Pero aquella mañana es distinta. Es Remus el que se da cuenta, y le da un codazo suave a James en el costado, señalando con discreción a la mesa de Slytherin, donde una persona está de pie, alzando la voz y con (algo poco usual en Hogwarts entre los alumnos) el gorro del uniforme. Sirius se frota las manos, James a su lado musita un "jo, jo" y Peter y Remus bajan la cabeza sentándose en la mesa de Gryffindor. No es que no les apetezca acercarse a curiosear pero es temprano, James y Sirius se la van a cargar y el desayuno sabe mejor sin problemas.
La persona con el sombrero no se trata de otra que SeverusSnape; mejillas encendidas, ceño fruncido y la misma expresión que tendría un ser humano después de haber visto un fantasma. Habla con Regulus Black, que sentado en el banco le da vueltas a sus cereales distraídamente, como si no le prestase atención realmente.
- ... y entonces, y entonces me he levantado así, y ... ¡Cómo sepa quién...!
- Hola, Snape - Sirius es el primero en hablar - ¿de qué te quejas? Siempre te estás quejando. Eres un quejica.
- Quejicus - se ríe James - ¿ha pasado algo? ¡Cuéntanos! Cuéntanos todo con pelos y señales.
- Eh... - Snape duda y mira a Regulus como pidiendo ayuda. Éste se encoge de hombros en respuesta - ¡A vosotros no os importa!
- A nosotros no nos tomes el pelo, Snape - James tiene la cara de sentarse en la mesa, al lado de Regulus, que gruñe en bajo y le da un mordisco a una tostada -. Me gusta tu gorro, ¡por un pelo no me pongo yo el mío esta mañana!
SeverusSnape no es tonto, y aunque él cree que James Potter sí lo es, desde luego no considera en absoluto que la forma de hablar que está utilizando sea casualidad. Tal vez algo así se le habría pasado por alto si no fuera porque ahora mismo bajo ese gorro no hay un mísero pelo que peinar.
- Yo me pondría el mío cuando las ranas criasen pelo - explica Sirius -, ¿a qué se debe este cambio de estilo, quejica?
- Sois unos desgraciados...
- ¡Vaya! - James se sorprende y abre mucho los ojos. Si no quisiera ser jugador profesional de quidditch tal vez se interesaría por el teatro - ¡No tienes pelos en la lengua eh!
- Será mejor que te levantes de ese banco, Potter - una voz fría arrastra las palabras a su espalda -. A no ser que quieras no volver a caminar en tu vida.
- Otro que no se corta un pelo - Sirius le encara con una sonrisa amplia. Lucius Malfoy ha elegido la misma estrategia que su amigo Snape para no enseñar la cabeza esa mañana. Un sombrero acabado en punta tapa lo que habitualmente es su cabello del color de la plata recién limpia -. ¿Qué tal primo?
- Hacía mucho que no te veía el pelo, Malfoy - James se levanta con rapidez y a la velocidad del viento estira el brazo y le arranca el sombrero de la cabeza - ¡Vaya! ¡Me encanta tu nuevo estilo!
- ¡Capullo! - Lucius se lanza contra él pero impacta contra el antebrazo de Sirius, que se coloca entre los dos. James se coloca el sombrero sobre la cabeza y sonríe desde su posición segura bajo la protección de su mejor amigo.
A su espalda se escuchan carcajadas de los alumnos que están contemplando la escena. Sin embargo, Sirius se fija en que Regulus tiene un ojo cerrado y se muerde el labio; y no es que conozca a Regulus desde hace trece años, que de hecho conoce a Regulus desde hace trece años, pero nunca jamás podría errar en saber lo que significa esa expresión. El joven Black se está aguantando la risa y Sirius no podría estar más orgulloso. Por lo menos tiene buen sentido del humor a pesar de ser un cretino lameculos. Le pone la mano en la cabeza a su hermano y le revuelve el pelo.
- ¡Sirius! - Protesta Regulus alzando la voz y volviéndose a pegar el pelo fino a la cabeza.
- Te has reído de Malfoy, Reg. Qué malo eres, Reg. No me extraña que estés en Slytherin, hermanito.
- ¿Por qué no os vais a hacer gárgaras? - Se vuelve hacia los dos con los ojos entrecerrados - Se os va a caer el pelo cuando os pillen.
Hay un segundo de silencio y al instante James y Sirius estallan en carcajadas. Para cuando Regulus se da cuenta de lo que ha dicho es demasiado tarde; mira a Lucius con un brillo en los ojos que dice "lo siento a medias" y luego suspira. Sirius aprovecha para revolverle el pelo otra vez.
- Eres la caña, joder, Regulus.
- TE HE DICHO CIEN VECES QUE NO ME TOQUES EL PELO, HERMANO - da un golpe con el puño en la mesa y la taza en la que estaba bebiendo leche se derrama -. Mierda.
Ninguno de ellos se percata de que el profesor Slughorn se ha levantado de la mesa alertado por el alboroto y que ahora camina, renqueante hacia ellos. Para cuando se dan cuenta, el hombre tiene cogidos por los hombros a Sirius y a Lucio y les mira interrogantes.
- Se puede saber que... ¡¿Qué le ha pasado en el pelo señor Malfoy?!
- HA SIDO BLACK, PROFESOR.
- ¡Han sido Black y Potter! - Snape alza la voz y señala con dedo acusador - Han tenido que entrar en la Sala Común y hacernos algo y...
- ¡Pero qué dices! - James se presenta ofendido - ¿Cómo vamos a entrar a vuestra Sala Común? Los alumnos de otras casas no pueden entrar en las de los demás.
- El señor Potter tiene razón, señor Snape... - Slughorn parece dudar, como si de repente se estuviera cuestionando que la Sala Común de Slytherin no es una fortaleza inquebrantable - Es imposible que hayan hecho algo... ¡Algo como esto!
- Exacto - James está exultante. Como siempre. Sirius sonríe, a su lado, y la mano del profesor en su hombro ya no pesa ni la mitad que antes.
- Profesor... - Un chico delgaducho y de cara cuadriculada se levanta tranquilamente de uno de los bancos y levanta la mano antes de hablar como si eso fuera necesario cuando no estás en clase, anormal. Sirius sabe quién es: RabastanLestrange. Primo hermano de Regulus y él; ahora se arrepiente de no haberle dado de beber matarratas por accidente en alguna cena de Navidad - Aquel día vi al joven James Potter gritar delante de la entrada a nuestra venerable Sala Común y después marcharse de allí con expresión sospechosa.
- Te voy a meter mi expresión sospechosa por el cu... - Sirius le pone la mano en la boca a su mejor amigo antes de continúe hablando y lo estropee. Más. Todavía.
- ¿Es eso verdad, señor Potter? - Slughorn se vuelve hacia James. No parece enfadado. No demasiado al menos. Pero a esas alturas, Sirius sabe que James está más que muerto.
- ¡Claro que no! - Protesta - Profesor, yo nunca jamás haría algo como eso... Sé lo importante que es el pelo para mis compañeros de curso. Sobre todo para Severus... ¡Con lo que se lo lava!
- Eres un hijo de... - Snape da un paso al frente y James se vuelve hacia él con la barbilla bien alta.
- Dilo, di que soy si te atreves.
- ¡Señor Potter! - Slughorn le coge del cuello del uniforme y le arrastra hacia atrás, apartándole del resto del grupo. Quiere hablar con él en privado - Sea sincero conmigo... ¿Ha sido usted?
- Que no.
- Potter.
- ¡Pero que no he sido yo, profesor!
La discusión podría haber seguido horas, de hecho podría haber acabado la Primera Guerra Mágica y James Potter habría seguido sin cantar, pero a veces las circunstancias cambian, hay muros que no puedes superar y... en aquella ocasión ese muro tuvo nombre y apellidos. Cuando Minerva McGonagall se aproxima a ellos dos con la boca tan tensa que parece que se le van a romper los labios, James sabe que está perdido, tan perdido como
- ¿Se puede saber qué pasa aquí, Potter?
- El señor Lestrange asegura haber visto al señor Potter gastarle una poco graciosa broma a sus compañeros Slytherin y él insiste en que no... En que no ha tenido nada que ver y...
- Potter, ¿has sido tú?
- ¿Usted qué cree? - Se cruza de brazos, la mira de reojo. Porque no quiere encontrarse con esos ojos pardos, iguales a los que tiene cuando se transforma en gato. Acusadores. Y con cierta decepción en la parte más honda, esa que es complicado ver.
- Que sí, hijo, ¿después de estos años cómo pretendes que piense lo contrario?
James asiente lentamente y luego extiende los brazos, como un preso dispuesto a irse a Guantánamo. Cierra un ojo y suspira.
- Tómeme. Tómeme y hágame lo que me tenga que hacer.
- Joder, Jimmy, que estamos en horario infantil - la voz de Sirius llega a su espalda.
- ¡Black! - McGonagall se vuelve hacia su otro alumno - Cállese.
- Sí, señorita.
- Estoy hasta el moño, de verdad... Potter, esta tarde en la enfermería. Puntual. Cada minuto tarde será un día más de castigo.
- ¿Y cuántos días tengo de momento?
- No se pueden contar con los dedos de las manos.
Cuando los dos profesores se marchan, los dos amigos tienen que hacer un esfuerzo sobrehumano para no lanzarse al cuello de los Slytherin. James y Sirius vuelven a su mesa, sentándose al lado de Remus y Peter, que los observan con precaución.
James se queda en silencio hasta que muerde una magdalena y mastica lo suficientemente alto como para que le escuchen en las mazmorras. Sirius pincha con fuerza un croissant relleno de chocolate, dudando entre pedir perdón por haber dejado a su amigo en la estacada o servirse un vaso de zumo de piña. Se decanta por lo segundo. Peter mira a sus amigos, uno tras otro y no se atreve a romper el ambiente pesado que se ha creado.
- Bueno... - Remus da un sorbo a su café y mira a Sirius y James de forma grave - Al menos me permitiréis decir que todo esto ha sido una idea bastante... Descabellada.
La carcajada que nace de lo más profundo del pecho de James no es humana y Sirius suena como un búfalo resfriado. Remus no puede soportarlo y se une a las risas "¿en serio, Remus? Por favor, es un chiste tan malo que casi duele" y "sí, tío, está cogido por los pelos".
A lo largo de la mañana y con las clases de por medio, Sirius consigue tener el valor suficiente como para sacarle el tema del castigo a James. Afortunadamente, este le dice que no importa, que está acostumbrado, pero a cambio de no cantar y acusarle, le tiene que hacer los deberes durante cuatro días seguidos. Sirius acepta, y tan pronto como lo hace cruza los dedos tras la espalda porque si no hago mis deberes no pienso hacer los de este borrico.
Esa tarde, Peter se escabulle para ir al Club de Gobstones "empezamos la temporada ya, chicos" y James, arrastrando los pies y con mirada de cachorro remolonea en la cama durante unos minutos antes de marcharse y dejar a Sirius y Remus en el dormitorio a solas.
El primero está tumbado sobre su colchón, con un zapato en la mano derecha que le sirve de juguete, al tiempo que lo tira al aire y se juega romperse la nariz recogiéndolo. Remus por el contrario, intenta con todas sus fuerzas concentrarse en una lectura, pero las líneas se hacen borrosas, las letras no tienen sentido y lo único en lo que puede pensar es en el brillo de la luna recorriendo cada uno de los huesos de su cuerpo, así que hace un rato que el libro descansa sobre el suelo. A los pocos minutos, Sirius se cansa de su tarea y se deja caer con fuerza, rebotando en la cama y extendiendo los brazos.
- Me aburro, Remus.
El apelado se encoge de hombros, recostado, con las manos entrelazadas sobre el estómago.
- Está bien... Dime, ¿si tuvieras que ser uno de los 4 Fantásticos quién serías? - Sirius intenta sacar tema de conversación, incluso se incorpora, apoyándose sobre el codo derecho.
- No sé quiénes son.
- ¿Cómo que no sabes quiénes son? - Sirius abre mucho los ojos - Pero si hablamos de ellos a menudo, tío.
- Tal vez, pero cuando habláis - explica - en realidad gritáis. A voces. Los dos. Y normalmente desconecto.
Sirius niega con la cabeza y alarga el brazo para coger un cómic que descansa sobre la cama de James y mientras habla, se arrastra hasta tumbarse el lado de su amigo. Remus bocarriba y Sirius a su lado, apoyado sobre los codos y señalándole varias viñetas.
- ¿Ves? Este es La Antorcha Humana - señala a un chico en mallas -. Pero ese no lo puedes elegir porque ese ya soy yo, ¿sabes?
- Vaya, justo iba a elegir a ese. - Es ironía. Pura y dura. Pero Sirius no la capta.
- Mierda, bueno, no importa, eso es que tienes buen gusto, Remus - ahora tiene el dedo sobre lo que parece una roca con los ojos muy pequeños -. Este es La Cosa. Es muy fuerte.
- Y muy feo - añade Remus -. No me gusta, ¿y quién demonios le puso un nombre tan horrible?
- La Antorcha.
- Ah, entonces se lo perdono.
- Exacto. Y mira, este es Mr. Fantástico[i], pero ese no te puede gustar, porque ya eres muy alto, joder, y si te alargas más te perderás en las intratosfera.
- Estratosfera.
- Y la única que nos queda es la Chica Invisible. Y bueno, si tuviera que elegir a uno de los cuatro para ser una chica serías tú, tío.
- Qué bien - Remus entrecierra los ojos y observa el dibujo de una chica rubia guapa creando un campo de fuerza a su alrededor -. Bueno, su poder me gusta. La mayor parte del tiempo preferiría ser invisible.
Callan. Sirius tiene la lengua atrapada en la boca, seca, negándose a mover, incapaz de hablar palabra alguna. La última frase de Remus se repite en su cabeza como si alguien le hubiera metido un vinilo a todo volumen entre oreja y oreja: "la mayor parte del tiempo preferiría ser invisible". Y se enfada. No con Remus, claro, porque Remus no tiene la culpa. Se enfada con el mundo y se enfada consigo mismo, Sirius Black, porque no tiene cuerdas vocales para decirle a Remus lo que de verdad piensa, que podría resumirse en un simple "pues yo no quiero que seas invisible, Remus".
- Bueno... - Remus se incorpora, con cuidado, lentamente, como si le doliese incluso mantenerse vivo - Creo que me tengo que ir.
Su voz suena lejana, cavernosa, como si fuera una caja de música a la que nadie le ha dado cuerda durante mucho tiempo y que necesita que los mecanismos vuelvan a ponerse en orden.
- ¿Qué? ¿Por qué?
- Sirius... Hoy... Hoy hay luna llena, ¿te acuerdas?
Por supuesto que se acuerda.
Cómo para no hacerlo.
- Está bien, voy contigo.
- ¿Qué?
- Que voy contigo, Remus.
- No puedes, no... No lo entiendes...
- Claro que lo entiendo - le pone la mano en el brazo -. Eres mi amigo y entiendo que voy contigo.
- ¡Estás loco! Os lo dije, no podemos arriesgarnos de esta forma y soy peligroso y lo último que quiero es - lo último que quiero es haceros daño - que os busquéis más problemas por mi culpa. James está castigado por una niñería, ¿qué crees que os harían si supieran que sabéis lo mío? ¿Si supieran que he sido tan irresponsable como para permitiros acercaros a mí?
- Remus... Déjame ir.
- Es peligroso, no puedo. Sirius, es mi última palabra.
- Eres un cabezón - se vuelve a tirar sobre el colchón. No quiere volver a su cama, no le apetece -. Que sepas que algún día tendrás que dejarnos ir.
- Espero no tener que hacerlo.
Remus suspira y se acerca a la puerta; cuando tiene la mano, dedos largos, sobre el pomo sabe que está dejando una parte de sí mismo en esa habitación. Que esa noche no será como las anteriores; que tres personas estarán despiertas, preocupadas, escuchándole y sabiéndolo todo. Y es un sentimiento nuevo. Algo le golpea en la espalda y no tiene más remedio que girarse.
Es el cómic. Con los 4 Fantásticos en la portada.
- Más vale que te cuides, maldita sea - Sirius le mira con los brazos cruzados -. Y más te vale que no te hagas daño y que no te hagas más heridas porque ya tienes suficientes y no podemos pegarnos toda la vida aprendiéndonos tus nuevas cicatrices. Así que... Vuelve de una pieza y hazlo antes de que nos demos cuenta.
- Yo... - Remus no sabe que decir. Allí plantado. Pies que le pesan una tonelada y que al mismo tiempo le incitan a subir al cielo y flotar por los pasillos del castillo. Traga saliva. Porque si no lo hace revienta - Tendré cuidado.
Cuando se queda solo no se molesta en volver a su cama, se queda allí, en la de Remus; la única que tiene una manta más gruesa que cubre las sábanas. Quiere pensar pero no sabe en qué, se pregunta si en algún lugar de la biblioteca del colegio porque es muy grande, seguro que sí habrá un libro titulado "qué hacer cuando tienes un amigo hombre lobo" en el que aparezcan los pases que ha de seguir para no acabar por volverse loco. No sabe si Peter y James se sienten como él, pero es la primera noche, la primera noche en la que tiene la verdadera certeza de que Remus (porque es Remus, sin importar el cuerpo que tenga) está vagando por ahí solo, sufriendo, aullando entre la niebla. Y por alguna razón u otra Sirius lo daría todo por poder aullar con él. Al fin y al cabo eso es lo que hacen los amigos.
Un golpecito en la puerta le sobresalta; Remus es lo primero que piensa cuando se incorpora. Sin embargo no es él la persona que está apoyada en el marco de la puerta, con un dedo en la comisura de los labios, dudosa. Mary MacDonald, camisa del uniforme, corbata a líneas rojas y doradas y una sudadera de color azul oscuro que le cubre la mitad de la falda gris vacila antes de preguntar.
- Perdona, busco a James.
Sirius frunce el ceño, después levanta el brazo y mira con curiosidad bajo su axila, como si realmente tratase de encontrar algo.
- Nop, aquí no parece que esté.
- Qué gracioso eres. - La chica se da media vuelta, dispuesta a marcharse.
- ¡Espera, MacDonald!
- ¿Uh? - a mí no me hace "uh" nadie maldita desg- ¿Qué?
- Que para qué buscas a Potter.
- ¿Por qué tendría que contártelo?
- Porque me aburro.
- ¿No tienes a ninguno de tus amiguitos para hacerles de mono de feria o qué?
- Uno de mis espectadores favoritos está enfermo y el otro limpiando váteres o culos o yo qué sé qué.
- ¿James está castigado?
- ¿Crees que Remus no puede estar limpiando váteres o culos?
Ella ni siquiera contesta; se agacha y recoge el cómic que Sirius le ha tirado a Remus a la espalda minutos antes. Lo observa durante un par de segundos y después entra en el dormitorio, con calma, para luego depositarlo en la cama más cercana: la del propio Sirius. Después simplemente se sienta.
- Quítate de mi cama.
- ¿No es la de James?
- No, es mi cama.
- ¿Y entonces por qué estás en una cama que no es la tuya? - Sirius supone que Mary ha presupuesto que es la de su amigo por la cantidad de cómics que hay encima, desperdigados.
- Porque... - Gruñe - Cállate y márchate si no tienes nada más que decir. En este cuarto no entran chicas. Son las normas.
Mary murmura "lo que tú digas" y continúa allí, tan tranquila, observando cada rincón de la habitación. Parece concentrada en no olvidar ningún detalle.
- MacDonald, he dicho que te marches.
- ¿Y por qué han castigado a James y no a ti?
- Porque él es un patán y le han pillado y yo soy listo y me he librado. - Explica.
- Ah, ¿y tú no habías participado?
- ¡Por supuesto! - Hay un "¿por quién me tomas?" tras esa exclamación que nunca llega a pronunciarse.
- Entonces, ¿por qué has dejado que James cargue con toda la culpa?
- Porque me ha dado la gana.
- Eso es de ser mal amigo.
Sirius Black tiene un temperamento fuerte; a veces le ha pegado a James un buen puñetazo por robarle un bollito de crema en el desayuno; en ocasiones, Remus se ha ganado un buen grito por no esperarle en el pasillo; Peter ha escuchado más de una vez los famosos "te mataré, te juro que te mataré", por razones que no llega a comprender demasiado. Sin embargo, y a pesar de que al exterior Sirius pueda parecer el tipo de persona que le arrearía un buen mamporro a alguien simplemente por llevarle la contraria, en ocasiones como esa, en las que no es un simple bollito lo que está en juego, se podría decir que el joven Black es capaz de sacar una madurez de debajo de la piel que nadie con dos dedos de frente pensaría que tiene.
- Mira, MacDonald - está sentado, con los codos en las rodillas, inclinado hacia ella. La chica piensa que nunca le había parecido tan mayor en la vida -. Lo que hay entre Jimmy y yo es complicado, ¿vale? Todas esas paparruchas de "mejores amigos para siempre" y "siempre a tu lado en todo" son sólo eso: paparruchas. Si James es tan tonto como para delatarse delante de McGonagall que se coma con patatas su torpeza. No soy un mal amigo por dejar que se zampe el castigo él solo, ¿sabes por qué? Porque James es mi hermano, y los hermanos no se parecen en nada a los amigos. Dejaría cien veces que James cargara con la culpa. Me reiría en su cara durante toda la tarde. Me reiría tanto que me dolería la tripa. Pero después, cuando James llevase cinco minutos con las manos manchadas de pis de niños, entonces iría a su lado, le empujaría y me encargaría yo de ese castigo. Al acabar volveríamos a cagarla con otra broma, y esta vez podría ser yo el estúpido al que acusasen como culpable, y si por algún casual, James tuviera la poca mala baba de hacer que el castigo fuera compartido entonces le tendría que partir la cara. No me malinterpretes, MacDonald. Daría mi vida por James. Una y otra vez. Como en las películas. Una bala, yo su escudo humano. Pero no pienses ni por un momento que no voy a disfrutar de su cara de pánfilo cada vez que McGonagall le pilla haciendo el burro. ¡Ni lo sugieras!
Mary se queda sin palabras. Sirius coge aire y siente cómo las mejillas se le tiñen de color rojo.
- Yo... Yo no quería... - Parece mucho más pequeña que de costumbre ahí sentada, sobre la cama de Sirius. Juega con sus zapatos y los puños de la sudadera.
Sirius se fija en que tiene una pequeña herida en la mejilla, no puede evitar preguntarse de qué será. Pero no es como si pudiera preguntarle a una chica que por qué tiene una tal vez debería hacerlo. Al fin y al cabo James dice que Mary no es una chica. Pero sí que parece una de ellas. Nada qué ver con Evans. Y tal vez es por eso, que Mary no es como Lily Evans, que Sirius acaba por hacerlo.
- ¿Y esa herida?
- ¿Eh? - Mary se sobresalta y se lleva la mano a la mejilla - Oh, no es nada... Un pergamino.
- ¿Un pergamino? - Pregunta confuso. ¿Cómo demonios te haces eso con un pergamino?
- Me quedé dormida y al levantarme de golpe me corté y...
No puede acabar la frase porque Sirius rompe a reír. Mary se enfurruña, y cuando lo hace su nariz se hace mucho más pequeña "¿pero de qué vas, Black?". Sirius se tira a la cama, todavía entre lágrimas y únicamente vuelve a la realidad cuando una voz aguda le perfora los tímpanos.
- SIRIUS, SIRIUS, ME HE CRUZADO CON REMUS POR LA ENTRADA E IBA A LA ENFERMERÍA Y NO CREES QUE DEBERÍAMOS - Peter se detiene en la entrada con los ojos como platos - Mary Mac... Ma...
- ¿Qué leches pasa, Pettigrew?
- Chi... Chica...
- Yo ya me voy... - Mary se levanta con cuidado pero no se preocupa de alisarse la falda - Dile a James que le buscaba, por favor. Es urgente.
- ¿Urgente? - Sirius vuelve a la carga - ¿Me vas a decir para qué le quieres ver?
- Por supuesto que no.
Ella se ríe, dulce, con dos golpes de voz secos que suenan a "ja- jaáá" y luego desaparece.
- Maldito seas, Peter.
- ¿Qué pasa? ¿Os ibais a besar? Pero Sirius... Mary y James... ¿La ibas a besar?
- ¡Por supuesto que no, anormal! - Sirius se levanta y ahora sí, se tumba sobre su cama, que todavía está caliente - ¿Qué diablos te pasa?
- He visto a Remus y...
- Deja a Remus en paz. Cada uno tiene que hacer lo que tiene que hacer.
El resto del tiempo lo pasan tirados en las camas, sin nada que hacer. A veces Peter le explica cosas del Club de Gobstones y Sirius finge que presta atención: en cualquier otra ocasión habría hasta participado en la conversación, pero esa noche su cabeza está mucho más lejos de esa habitación.
Alrededor de las nueve y media de la noche, cuando ya están a punto de bajar a cenar, un cansado James entra por la puerta con un suave "ey..." y se tira en su cama.
- ¿Mucho trabajo en los váteres, tío?
- No, no... - James se incorpora. Tiene la mirada cansada y el pelo considerablemente largo pegado a la frente - He tenido que estar en la enfermería. No había cambiado las sábanas a una cama en mi vida. Que si llenar jarrones de agua, que si poner flores nuevas... ¡Pero si tenían un aspecto estupendo! Y el suelo, me ha hecho limpiar el suelo dos veces. ¡DOS! De rodillas tres horas seguidas, tíos... Me duele hasta el alma.
- ¿La enfermería?
- Sí - asiente -, de hecho he estado con Remus hasta que la enfermera se ha ido con él. Estaba nervioso. Me ha hablado de muchas cosas, supongo que para no acordarse de lo que... De lo que le va a pasar esta noche.
- ¿Qué te ha contado? - Pregunta Sirius.
- Me ha dicho no sé qué de los 4 Fantásticos y que si quién creía que era yo de ellos. Le he contestado que Johnny me define en muchos aspectos y eso pero... Pero que ya te lo habías cogido tú así que no lo sabía. Me ha contestado que él tampoco lo tenía claro, pero que estaba seguro de que no quería ser la Chica Invisible.
- ¿Ha dicho eso?
- Sí, algo como "no querría ser invisible para vosotros..." - James dramatiza - Ha dicho muchas cosas. Ya sabes cómo es Remus, que cuando le das cuerda no sabe cuando parar.
- Eso me suena - ríe Peter desde su cama.
- El caso - James le fulmina con la mirada - es que le he dicho que si quería podía ir con él, que no me importaba. Que me pondría una de esas armaduras de la Edad Media que hay por los pasillos.
Durante unos segundos los tres permanecen en silencio. Después James vuelve a hablar.
- Tíos, ¿os lo imagináis? Estar con él y eso.
- Pero... Pero es imposible para nosotros, ¿no? Y... Da miedo - Peter apoya la mejilla en las rodillas.
- Es peor ahora. Ahora que sabemos que es consciente de que conocemos su secreto - me mata pensar eso, Sirius se recuesta sobre la almohada -. Es como si supiéramos que lo está pasando mal y nos quedáramos de brazos cruzados.
Esa noche no se dicen nada más. La luna pesa sobre ellos cien toneladas, pero tampoco pueden hacer nada más aparte de intentar conciliar el sueño. Alrededor de las diez, un aullido se escucha en la lejanía.
No es algo que se dijeran después, que se mencionase siquiera, pero cierto es que ninguno de los tres consiguió dormir aquella noche.
[i] Mr. Fantástico tiene el poder de estirar y manipular su cuerpo alargándolo de forma sobrehumana.
