Competición de idiotas

Mary MacDonald espera de pie en la Sala Común de Gryffindor, se balancea de atrás hacia delante mientras ve pasar a los alumnos que se dirigen hacia el Gran Comedor a empezar su día escolar. Se ha vestido con el uniforme; por alguna razón ha olvidado subirse el calcetín izquierdo hasta la rodilla, y este reposa, arrugado, sobre el zapato, manchado de barro por un motivo que ya no recuerda. Al tiempo que juega con un mechón de pelo largo que le llega a la altura de la comisura de los labios, canturrea en voz baja wouldn't it be nice if we were older; then we wouldnt have to wait so long and wouldn't it be nice to live together...No sigue con la letra porque no la recuerda; y no es porque no le gusten The Beach Boys. Tal vez sea uno de sus grupos favoritos, pero es que Mary es incapaz de recordar la letra de una canción entera. Nunca lo ha hecho y duda que pueda hacerlo jamás. Tal vez se deba a su naturaleza despistada, puede que a su capacidad para distraerse con lo mínimo o simplemente a su afición a cambiar las letras y tratar de que sigan rimando. Happy times together we've been sleeping.

- ¡Mary! - Una sonriente Lily Evans baja por las escaleras; lleva el pelo recogido en dos largas trenzas, atadas con hilo de color dorado, a juego con los colores de Gryffindor. Mary duda que Lily se haya parado a pensar en eso, pero es el tipo de cosa que le sale de dentro, que nace de su alma. Mary cree que del mismo modo que las princesas nacen de una forma distinta, que de una forma u otra están destinadas a ser parte de la realeza, Lily Evans nació con eso que la hace ser maravillosa con cada gesto que realiza y que la convierte en alguien increíble - Buenos días, ¿me has esperado mucho rato?

- ¡No! - La tranquiliza - En realidad casi cabo de bajar.

- ¡Genial! Me muero de hambre.

Mientras bajan las escaleras, hablando del trabajo de Defensa Contra las Artes Oscuras, que ahora se ha convertido en una de sus asignaturas favoritas, Mary piensa en la forma en la que Lily y ella se han hecho amigas; y la verdad es que si se lo para a pensar no encuentra un punto de inflexión en su historia a partir del cual zarpó esa relación. Y en el fondo lo encuentra divertido, curioso y le hace pensar que si ella no lo sabe, para el resto del colegio tiene que ser un gigantesco misterio. Y no puede estar más feliz de formar parte de ello.

- Me da vergüenza escribir algo que esté mal, ¿sabes? - Lily suspira apurada - No quiero que me diga que hago las cosas mal y...

- ¡Con un poco de suerte igual te castiga! ¡O te da clases de refuerzo! Yo te acompaño. Soy buena amiga.

- ¡MARY! - A pesar del tono autoritario en realidad suena divertida, y las dos ríen cuando entran al Gran Comedor. Ocupan dos lugares vacíos, apartados del resto de alumnos y la morena se sirve una rosquilla, cubierta de azúcar. Lily la observa; piensa en que Sabine no se atrevería a comer eso, "porque va a las caderas, Lily", así que ver a Mary haciéndolo, con gusto y con una sonrisa amplia la hace sentirse feliz.

- Mi madre no sabe cocinar - dice la chica -. En serio, las Navidades eran una tortura para nosotros, así que al final optó por llamar a los servicios de reparto de comida a domicilio. La comida de aquí es mágica.

- No seas glotona - Lily se echa leche caliente con cuidado de no derramarla. Desayunan en silencio; de vez en cuando Mary suelta un sonoro "mmmmm", seguido por una risa suave de su amiga.

A los cinco minutos cuatro personas ruidosas ocupan lugares a su lado; Remus Lupin se sienta al lado de Lily: está discutiendo con Sirius Black, sobre algo que la chica no alcanza a comprender (Sirius grita demasiado y apenas vocaliza), pero al tiempo que estira el brazo para coger la jarra de café de avellana, la mira, reconociéndola por primera vez y suelta un "Buenos días, Lily". Remus ha cambiado durante el verano: sus ojos parecen más pequeñitos pero brillan más, las ojeras son más grandes pero no tan profundas como tiempo atrás. Parece imposible, pero la chica juraría que hay algo diferente en él: la forma de moverse, los gestos libres de tensión cuando tira un bollo de chocolate sin cuidado alguno sobre el plato de Sirius, o tal vez esa sonrisa que acaba en risa cascada cuando James abre su bocaza para soltar un comentario gracioso. Sí, Remus Lupin está diferente.

- Insisto en que nadie me había avisado de que teníamos que hacer doce líneas para Defensa - Sirius golpea con el puño la mesa y Remus chasquea la lengua molesto.

- Te lo dije ayer, y antes de ayer. Tres veces. Y lo dijo en clase.

- No lo dijo.

- Claro, por eso los demás sí que lo hemos hecho - James interviene; Lily se fija en que tiene el cuello de la camisa enrollado con la corbata y pone los ojos en blanco ¿algún día aprenderá a vestirse? -. Tal vez te castigue, Sirius. ¿Quieres que te castigue?

- A mí no me importaría - Mary susurra en el oído de Lily y esta ríe por lo bajo, compartiendo la broma.

- Te he oído, Mary - James se apoya en el hombro de Remus y mira por encima de su cabeza, con las gafas en la punta de la nariz -. Tengo el oído muy fino.

- Tú qué vas a escuchar nada.

- Es posible, MacDonald - Sirius muerde una galleta como si le arrancase la cabeza a un animal -. ¿No ves que el crío es ciego? Tiene buen oído.

- Sois unos idiotas - Lily frunce el ceño y se limpia los labios con cuidado -. Y no deberías meterte en las conversaciones ajenas, Black.

- Y tú no deberías ser tan estirada, Evans.

- Aprende modales... Eres un borrego.

- En realidad creo que le gusta hacer el borrego - Mary sonríe ampliamente -, cree que así le gusta a las chicas.

- ¡Y Mary lanza y anota! - James abre mucho los brazos, dándole un golpe en la cabeza a Remus, que suelta un "au", seguido por un "¿estás bien?" de Lily.

- Mirad - Sirius se levanta, coge un plátano y les señala con él -. No tengo que darle ninguna explicación a un gafotas como tú y a esas dos... A esas dos... Bah.

Sirius Black abandona el Gran Comedor de forma dramática, muchos pares de ojos siguen su recorrido hasta que desaparece por la esquina. Justo un segundo antes, Remus Lupin se levanta, con un fuerte suspiro y le pone la mano en el hombro a James; después se cuelga la bolsa al hombro.

- Yo me encargo. - El chico echa a correr, gritando un "Sirius, ¡espera!", y la mesa se queda en silencio, hasta que James se mueve hacia su izquierda para ocupar el sitio al lado de Lily.

- Sirius es un idiota, ¿eh?

- Ajá.

- No eres una estirada.

- Supongo.

- ¿Vas a ir a clase o...

No termina la frase, porque la chica se vuelve cuando alguien alto, desgarbado y con pelo oscuro y lacio toca su hombro con un dedo, como temiendo contaminarla si el contacto resulta ser mayor. Severus Snape, nervioso, moviendo sus ojos oscuros de un lado a otro: primero a Lily, después a James, se arma de valor y hasta sonríe cuando pregunta.

- ¿Vienes a clase, Lily? - Su voz es gangosa, atrapada en la garganta, como si pasase mucho tiempo sin hablar durante el día. Como si guardase todas y cada una de sus palabras para la chica que tiene delante.

- Perdona, Sev, pero Mary - señala a la Gryffindor que da un sorbo al zumo de naranja - se ha ofrecido a acompañarme y... Bueno, lo entiendes, ¿no? - Las dos chicas se levantan al unísono, Lily se disculpa una vez más y Mary le guiña el ojo a James siguiéndola. Lo último que escuchan las dos antes de alejarse lo suficiente, es al chico de gafas bufar "¿y tú qué miras? Vete, me salpicas con tu mediocridad"

Remus encuentra a Sirius apoyado en la pared de entrada a la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras. Tiene los brazos cruzados sobre el pecho, la boca torcida y esos ojos que gritan "no te acerques o te arranco la cabeza a mordiscos"; pero todo el mundo sabe que esa advertencia tiene una excepción y tiene nombre y apellidos. Remus Lupin jadea, después de la carrera que ha hecho desde el Gran Comedor y se toma su tiempo para recobrar la respiración.

- Respira, lobito, que te vas a morir. - Lo dice con esa sonrisa arrebatadora de la que probablemente no es consciente. Esa mueca que vuelve loca a más de una y que traerá de cabeza a toda una generación.

- Sirius, por favor, no me llames así.

- Seguro que no es lo peor que te han dicho en la vida.

Remus se encoge de hombros y se coloca a su lado, con las manos sujetando la bandolera de la que cuelga su cartera, que pesa, llena de libros; una simple bolsa que le representa como persona más de lo que debería. A pesar de que Sirius es un poco más bajo, ha crecido bastante en los últimos meses y Remus le mira directamente a los ojos: gris y azul, azul y gris y entonces es en esa calma de colores fríos que Sirius deja escapar una carcajada.

- ¿He hecho el ridículo?

- Un poquito - sonríe Remus, cucando un ojo y levantando el lado derecho del labio -, pero creo que nadie se ha dado cuenta. No es como si hubieras salido del Gran Comedor pisando el suelo tan fuerte que parecías un troll.

- Oye, ¿desde cuándo eres tan descarado? El Remus Lupin que yo conocía tenía respeto por sus mayores.

- Ah - abre mucho los ojos, fingiendo sorpresa - pero... ¿Tú eres mayor?

- Bueno, soy un muchacho saludable de catorce años con un atractivo que parece regalo divino y tú eres un crío de trece años con los codos huesudos y un pelo en la barbilla que hace que casi parezcas un hombre.

- No tengo los codos... ¡Y no tengo ningún pelo en la barbilla!

- Uy que no - Sirius le coloca el dedo en el mentón y señala con malicia -, es rubio, ¿ves?

- ¡NO ES CIERTO! - Remus se tapa con las manos y las mejillas enrojecidas - Déjame.

- No es nada malo, ¡esto le gusta a las chicas! ¿No quieres gustarle a las chicas, Remus?

- Vaaaamos - las manos de Sirius buscan los costados de su amigo, que es propenso a las cosquillas, y lo hace con rapidez, así que Remus no tiene tiempo de apartarse y su espalda choca contra la pared -, sé que hay chicas que lo darían todo por esos ojos azules, ¿eh?

- Para - Remus se queja. Poco. Pero lo hace. Entre pequeñas risas forzadas y no deseadas -, en serio, ¡que no me gustan las cosquillas!

- Tú no sabes lo que te gusta o te deja de gustar, Lupin.

- ¡Hola, señoritas! - La voz de James Potter irrumpe en sus oídos y Sirius se estremece, poniendo los ojos en blanco.

- Hola, James - Remus se libera de las manazas de Sirius y se escabulle al lado del chico de gafas -, ¿ya has terminado de acosar a Lily?

- Hemos disfrutado de una larga charla animada.

- ¿Pero de verdad o en tu cabeza?

- Ja- ja.

Los cuatro callan cuando el Profesor Jeffrey aparece por el pasillo, cargado de libros y pidiendo paso entre los alumnos. Al cruzar a su lado sonríe y murmura sus nombres despreocupado. Con cierta torpeza mueve la varita y la puerta del aula se abre para que todos puedan entrar. Remus se contiene para no avanzar corriendo a primera fila. Se tiene que recordar a sí mismo que sus compañeros no tienen especial interés en ocupar el asiento maldito, el de los pringados, el que recibe todas las miradas directas del profesor. Sin embargo, y para su sorpresa, James se deja caer en el asiento de al lado; tira los libros sobre la mesa y bufa en alto. Una, dos, tres, cuatro veces hasta que Remus suspira y se atreve a hablar.

- No te habla Sirius, ¿verdad?

- No te habla Sirius, ¿verdad? - repite con voz aguda - Pues no, no me habla.

- Se le pasará, sabes que siempre se le pasa - Remus saca la pluma y la unta en el tintero para después escribir la fecha sobre el pergamino recién estrenado -. Nunca puede estar enfadado más de una hora contigo.

- Es un idiota de campeonato.

- Sí, es cierto, pero tú y él os disputáis el lugar ganador de ese campeonato, James.

- Y siempre me deja ganar, ¿no?

- A veces lo consigues por méritos propios - la clase se queda en silencio, porque el profesor levanta la mano desde la tarima, pidiéndoles callar. Sin embargo, por primera vez, Remus no le hace caso -. Pero es lo bueno que tenéis los dos, ¿no? Y lo que os hace ser amigos.

James no contesta, en su lugar abre el libro de Defensa Contra las Artes Oscuras por una página aleatoria y se encuentra con un dibujo de un gigantesco hombre lobo, encuadrado en las formas de Hombre de Vitruvio que una vez dibujara Leonardo da Vinci. Es grande, musculado, con el hocico largo y ojos oscuros, como dos luceros amenazadores. Se hace un silencio entre los dos y Remus evita cruzar la mirada con James; al fin y al cabo no está seguro de hasta qué punto son sus amigos conscientes de la verdadera naturaleza de su ser. Sin que pueda evitarlo, James estira el brazo y coge la pluma de Remus; después se inclina sobre el libro y con la lengua en la comisura de los labios sonríe al tiempo que mueve la mano encima del papel. Remus espera, paciente, sin prestar atención al profesor, porque tiene verdadero interés en saber qué trama su amigo.

Cuando James se aparta lo hace con una sonrisa enorme.

- Así mejor. No sé quién hizo este dibujo, pero el pobre hombre estaba enseñándolo todo.

Remus se inclina hacia él y descubre que encima de la entrepierna del hombre lobo James ha dibujado unos pantalones hasta las rodillas. Tiene que llevarse la mano a la boca para no reírse y con una sacudida de cabeza echa el flequillo rubio sobre los ojos. No puede dejar de pensar en que James ha dicho "el pobre hombre" y no "el pobre bicho" o "el pobre monstruo". Algo en su pecho palpita con violentas sacudidas y si no fuera porque está en mitad de una clase probablemente rompería a llorar y se sentiría estúpido.

- ¡Chicos! - La voz acaramelada del profesor le obliga a levantar la cabeza - ¡No se puede pintar en los libros!

- Ay, profesor, que esto se podía considerar literatura erótica, ¿sabe? - James se echa hacia atrás, apoyado en el respaldo, gafas en la punta de la nariz y corbata descolocada - Me sentía incómodo.

- No creo que a un licántropo le preocupe llevar ropa o no en una noche de luna llena, chicos. - Explica pacientemente.

- ¿Y usted qué sabe? - Insiste James - ¿Le ha preguntado a algún licántropo? ¿Eh? ¿Lo ha hecho?

- Por supuesto que no - mueve la varita en dirección a toda la clase -. Los hombres lobo los daremos más adelante, pero supongo que todos sabréis que cuando un hombre se transforma en una bestia de la noche pierde por completo toda la humanidad y ninguna otra persona puede comunicarse con él de forma civilizada. No reconocerían ni a sus mejores amigos.

- ¿No reconocerían ni a sus propios padres? - Pregunta una chica rubia en la segunda fila.

- No, los licántropos solamente son capaces de comunicarse con otras bestias... Como los animales. Supongo que tienen un lenguaje universal o algo parecido y... Sí que hay casos de hombres lobo que han sido vistos cerca de grupos de animales de todo tipo y sin mostrar signos de violencia o... ¡No sé! Volvamos a las bestias de categoría menor, ¿eh? Ya analizaremos eso más adelante.

Remus baja un poco la cabeza, con los dedos entrelazados encima del regazo y un nudo en la garganta; le tiembla un poco el labio y tiene miedo de perder el control de los nervios. Es complicado sobrellevar tu existencia con un secreto como el suyo, y a pesar de que la carga es mucho menos pesada desde que se abrió a James, Sirius y Peter; todavía hay algo en su interior que se retuerce, que gime, cada vez que el tema se menciona. Escuchar en boca de sus compañeros lo que para él es una realidad tan física como dormir por las noches le provoca una sensación de vértigo tan salvaje que se siente al borde de un precipicio, sosteniéndose únicamente con el dedo meñique del pie. Dispuesto a caer de un momento a otro. Solamente el codazo de James a su derecha le hace despertar. El chico ha vuelto a escribir, esta vez en su pergamino, vacío de apuntes.

"Pues usaremos el lenguaje de signos. O ladraremos. Aullaremos. Aprenderemos a croar pero no pienses ni por un momento que vas a divertirte por las noches tú solo"

Quiere escribir gracias, pero le tiembla la mano, así que simplemente boquea, y James le guiña un ojo cordialmente, comprendiendo al instante. Durante una milésima de segundo, Remus es capaz de imaginarse lo diferente que sería una noche de luna llena con ellos. Sin estar solo, por primera vez en su vida. La realidad le golpea justo después y niega con la cabeza, al tiempo que por fin, presta atención a la lección. Solamente se distrae un par de veces más; una de ellas cuando Sirius interviene para decir algo como "¿es posible que un ser humano se fusione con una arpía? Es que no sé yo si mi madre...", James ríe a carcajadas y al otro lado de la clase, su mejor amigo le devuelve una mirada larga y después musita "qué facilón eres, Jimmy" que es respondido con un leve "es porque tú ya me tienes ganado, Black". Remus admira su amistad, y lo hace de corazón. Su relación con Sirius y James es diferente a la que tienen entre ellos, y nunca jamás conseguirá esa facilidad para hacer bromas, para ser uno parte del otro. Nunca podrá considerarse un hermano para ellos del mismo modo que ellos lo hacen. Sin embargo, ahí sentado, con dos líneas de apuntes mal cogidos, una frase con letra desigual al principio del papel y una carcajada atrapada en la garganta, Remus Lupin sabe que nunca jamás dudará de que James Potter es su mejor amigo, y que Sirius... Sirius Black... No cree que exista definición en el mundo que describa lo que es Sirius Black.

Cuando la clase termina, los cuatro se juntan y Sirius bromea "te han echado la bronca eh, ¿Lupin?" y "esto manchará tu expediente, Lupin" y "jo, qué mala reputación vas a tener a partir de ahora, Lupin". Con la charla y las protestas de Remus, que no son escuchadas y sin embargo respondidas con empujón del joven Black, ninguno se da cuenta de que Mary MacDonald pasa a su espalda con rapidez. James se gira un segundo antes de verla desparecer por la esquina y entonces murmura únicamente un "ey, tíos, luego os alcanzo" y antes de que sus amigos puedan añadir nada más se marcha.

Cuando Mary se despide de Lily en la entrada del aula y esta se marcha con Sabine y sus amigas, la chica se queda en silencio, sumergida en una burbuja de pensamientos que vuelan, golpean su mente y la confunden; por primera vez en su vida desearía no estar tan sola. Poder regresar a la Sala Común con alguien, sentarse en un sofá y hablar hasta altas horas de la noche de nada y todo a la vez. Pero para Mary, y con su incapacidad para encajar eso resulta algo imposible, así que da media vuelta, con las manos en los bolsillos, baja las escaleras y únicamente levanta la vista para saludar a algunos conocidos en los cuadros que adornan las paredes. Le gusta especialmente ese cuadro que cuelga a unos centímetros del arco que da al atrio interior de Hogwarts, en el que un bebé con un enorme gorro que le cubre los ojos juega con unos cubos de colores. Es curioso porque es el típico juguete que no tiene un niño mago, que solamente utilizan los muggles. Puede que sea por eso por lo que le gusta. Porque en una pintura tan pequeña se unen dos mundos muy diferentes pero sorprendentemente parecidos al mismo tiempo. Cansada se deja caer en uno de los bancos del exterior, con la cabeza apoyada en la pared. Observa el cielo y se imagina a sí misma sobrevolando las torres más altas, en una escoba. Después recuerda que le da pánico subirse a una y bufa en alto.

- Merlín, cuando quieres eres condenadamente rápida, Mary.

- ¿James?

El chico asiente, como si realmente ella hubiera buscado una respuesta; se alborota el pelo un poco, solo un poco, no demasiado, no es como si Lily Evans estuviera cerca, y se sienta al lado de su amiga. Delante de ellos aparecen dos niños Hufflepuff que cursarán primero o segundo; con las varitas levantadas se amenazan, a pesar de que ninguno es capaz de desarmar al otro siquiera. No pasan dos minutos y el profesor Flitwick aparece, haciendo espavientos con brazos y gritando con voz chillona. Los duelos no están permitidos en Hogwarts, no están permitidos bajo ningún concepto, no importa si eres capaz de hacer una maldición imperdonable o si tu mayor logro en la vida hasta ahora consiste en meterle la varita en el ojo a tu mejor amigo.

- Es mejor pegarse en los dormitorios, nunca te pillan en los dormitorios. - Explica James.

- ¿Y por qué querría alguien pegarse con otra persona?

- ¡Porque es divertido!

- Si yo te provocara podría subir a mi dormitorio y nunca me alcanzarías, ¿a que no sabías que las escaleras no dejan que los chicos sean capaces de subir?

- Eh... - James vacila un segundo y contesta tan rápido como se lo permite la mueca de disimulo que esboza - ¡No lo sabía! ¡Es guay! ¿Y cómo funciona eso?

- No te lo pienso decir. Los chicos siempre queréis ver a chicas en ropa interior y esas cosas. Gryffindor lo sabía y nosotras también, así que es mejor que el secreto se mantenga intacto.

- Así que tiene un punto débil...

- James, no vas a conseguir nada con Lily si sigues con esa actitud. No le caes demasiado bien, ¿sabes?

- Era curiosidad científica, no tengo ninguna intención en veros en bragas y esas cosas que os ponéis en las tetas.

- ¿Te da miedo decir la palabra "sujetador"? - Mary se inclina hacia él moviendo las cejas y James la aparta con ambas manos.

- Claro que no, no tengo ningún problema en decir... En decir eso.

- ¡Te da miedo decir sujetador!

- ¡Mentira!

- Lily seguro que lleva sujetador.

- Me da igual.

- O igual no lleva.

- ¡Calla!

Entran en un forcejeo que comienza como una broma pero que les deja a los dos jadeantes, Mary con el brazo tras la espalda y gruñendo en alto "está bien, está bien, tú ganas". Después se quedan callados; James tiene todavía la mano alrededor del brazo de la chica y a ella no parece importarle. Es más, jamás lo admitirá pero ese contacto es posible una de las cosas que en ese momento la obliga a tener los pies en el suelo.

- ¿Por qué te has ido de clase de esas formas? - Pregunta él al fin, con la cabeza inclinada y con ese brillo en los ojos que ella ya conoce como "preocupación".

- Quedan varios minutos para que empiece la siguiente y quería tomar el aire.

- ¿Y no tiene nada que ver con Lily?

- James, al contrario de lo que tú piensas, la vida de la humanidad no gira en torno a Lily Evans.

- Tiene que ver con Lily.

- ¿Crees que me considera su amiga? - Las pupilas dilatadas de Mary se reducen, entristeciéndole la expresión, obligándola a hacer que sus labios sean una línea recta.

- Sí.

- ¡Pero tú qué vas a saber! - Se ríe un poco, solo un poco.

- Yo sé muchas cosas; sé que le caigo mal y sé que tú le caes bien. Le gustas a la gente, Mary.

- No estoy muy segura de eso.

- ¿Pero estás loca? - James se gira hacia ella y con la mano que le queda libre la obliga a mirarle a los ojos; y durante un instante Mary suelta un profundo suspiro - Eres la chica más genial del mundo, en realidad... En realidad nunca había conocido a una chica que fuera genial. Haces cosas guays como pegarte conmigo o insultarme y no te importa que te llame "tío". ¡Y eso es una pasada! - el chico se da cuenta de que no va por buen camino y sonríe de lado - Y además eres muy guapa, Mary. Tienes una voz que hace que los jugadores de quidditch se distraigan. Me lo han dicho. Lo he escuchado. Es un secreto a voces. Se habla también de tus ojos, ¿sabes? De lo grandes que son. Pero si me preguntas a mí lo que te hace ser más guapa, tan guapa que las amigas de Lily tendrían que hacerte un altar, es la forma en la que sonríes y me insultas. Conquistarías a cualquiera, MacDonald.

- Eres idiota - y sonríe. Sin querer pero queriendo; buscando la reacción en él, que evidentemente aparece un segundo después, con una sonora carcajada.

- Solamente necesitas esperar que la gente se dé cuenta - la coge de la mano con cuidado -. Lily ya lo ha hecho... Esa chica... Se fija en ti y no en mí que soy maravilloso... Y pronto más personas comenzarán a valorar lo que eres. Confía en mí.

- ¿A qué te refieres? Yo solamente quiero tener amigas.

- Claro, y yo con mis amigos me lo paso a las mil maravillas - explica -. Tendrías que ver lo divertido que es observar a Sirius ponerse bizco hasta que le duele la cabeza. Pero eso no significa que a veces te pueda apetecer otro tipo de compañía.

- ¿Hablamos de Lily?

- ¿Hablamos de Lily?

- Supongo que hablamos de Lily, siempre hablamos de Lily.

- Estamos hablando de Lily si es lo que tú quieres, pero si lo que quieres es no hablar de Lily entonces soy todo oídos.

- Te has hecho un lío.

- De eso nada.

Se sobresalta cuando de repente encuentra los brazos de Mary alrededor de su cuello y la mejilla de la chica contra la suya. Corresponde al abrazo, sintiéndola temblorosa ahí, tan cerca, y cierra los ojos. Casi al instante se aparta un poco y la mira fijamente.

- Pero ten cuidado con las compañías que buscas, Mary. No quiero tener que mancharme las manos de sangre porque algún garulo te hace daño.

- James, eres el tío más garulo de Hogwarts.

- Uhmmm - se lleva un dedo dubitativo a la boca -. A veces... En realidad creo que es más como una competición.

- ¿Eh?

- Que vamos a clase, Mary. Que tú serás una irresponsable, pero yo no.

Con un "¡pero tendrás valor!" de la chica, los dos se apresuran a no llegar tarde a su clase de Estudios Muggles.