CAPITULO 12

UN ENCUENTRO

Siguiendo las instrucciones de Albert, George fue en busca de Candy al Hogar de Pony.

Candy estaba subida en el padre árbol y de pronto escucho el motor de un coche, era un elegante Rolls Royce con la insignia de los Andrew.

Candy se extrañó porque sabía que Stear y Archie estaban en Londres estudiando. Así que bajo rápido para ver quién era, solo esperaba que no fuera la señora Elroy, pero para tranquilidad de Candy bajo de él un elegante caballero vestido de negro y que ella reconoció inmediatamente.

-George que alegría verle después de tanto tiempo- decía con una sincera sonrisa

-Hola señorita Candy yo también me alegro verla de nuevo, está cada vez más bella- dijo con una sonrisa

-¿Trae noticias de Archie y Stear?-

-Bueno… en cierto modo si señorita-

-Buenos días Señor Johnson, pase por favor le preparare un te-dijo la señorita Pony

-Muy amable- y pasaron al salón

- Señorita Candy, le traigo una carta del señor William- mientras se la entregaba

Candy empezó a leerla, pero su alegría se trasformó en enojo -No iré, gracias-

¿Cómo?- decía sorprendido George

-No quiero ir a Londres a estudiar, no me gusta que me mande de un lugar a otro como si fuera una muñeca, además ¿Porque no me lo dice él personalmente? ¿Porque aun no lo conozco, George? - decía mientras se ponía con los brazos cruzados y con gesto molesto

-¡Candy! no seas descortés con el Señor Johnson. El señor William es una persona muy ocupada, y a pesar de eso se preocupa por tu educación- le riño la señorita Pony que venía con el té.

-Si señorita, él siempre está pensado en su bienestar y quiere que se convierta en una gran dama-

Candy se quedó callada y pensaba: Es cierto tienen razón, pero me gustaría quedarme aquí en Hogar de Pony. Además Albert no me encontrara si viene, aunque hace tanto que no lo veo...

- Ademas, vera a los señoritos que se pondrán muy felices de verla de nuevo- George se refería también a Albert, aunque Candy no lo sabía.

-Si George lo siento por lo de antes, es que es difícil dejar a las personas y lugares que uno quiere…-

Al día siguiente, Candy se encontraba subida en el barco con George que meses atrás había estado Albert.

A medida que el barco se alejaba del puerto, Candy sentía que dejaba atrás la enorme tristeza y un dio un profundo suspiro,

- Adiós Anthony, siempre te llevare en mi corazón…-

Los días pasaban y Candy se sentía cada vez animada, pensando que pronto vería a Archie y Stear

Era la ultima noche en el barco, Candy y George se encontraban cenando

-George ¿Puedo hacerle una pregunta?-

-Si señorita, que quiere preguntarme-

-Porque no puedo conocer al Tío Abuelo William, quisiera agradecerle todo esto que hace por mí-

-No sea impaciente señorita lo conocerá cuando él lo crea necesario, él es una persona muy ocupada-

-Está bien George, ya no insistiré más- un poco desanimada se levanto

-¿Se marcha ya a su camarote?- le decía mientras él tambien se levantaba

-No George, quisiera dar un paseo-

-No se duerma tarde Señorita Candy, que mañana llegamos a Londres-

-No se preocupe, pase buenas noches George-

Salió a la cubierta era una noche fría y había una espesa niebla, no eran las mejores condiciones para dar un paseo pero quería estar sola y sin más unas lágrimas salieron sin su permiso.

-Anthony!- decía triste -Tengo que ser fuerte y seguir adelante, tal como Albert me aconsejo-

¡Albert! Y suspirando ¿Dónde estará ahora? Hace tanto tiempo sin saber de él, tenía la esperanza de volverlo a ver… pero él es así viene y se va como el viento

De repente vio una figura no lo podía ver muy bien por la espesa niebla, pensó que era Anthony. Y temerosa se fue acercando sin hacer casi ruido por miedo a que fuera a desaparecer -No es Anthony-dijo desilusionada

Era un joven ingles que vestía una capa negra, alto y porte elegante, de melena castaña que le llegaba a los hombros, sus ojos eran de un azul zafiro pero que reflejaban una gran amargura…

Ambos en ese momento tenían en común por diferentes circunstancias una gran tristeza que querían dejar en América.

-Acaso estas llorando – le dijo Candy

-¿Cómo? Jajaja estas equivocada pecosa. ¿ Y dime, que haces aquí caminando sola?-

-Es algo que no le incumbe, y si me disculpa seguire mi paseo- mientras se daba la vuelta

-Uhhh que humor para ser tan pequeña ¡Que carácter pecosa! -

-¿Cómo dices? , me llamo Candy White Andrew-

-¡Oh! encantada señorita pecas-

-Grrrrr Candy!-

Jajajaja reía el chico mientras se perdía por la niebla

En eso llego George -¿Le sucede algo señorita? La está molestando el Joven Grandchester-

-¡Eh! acaso lo conoce- dijo sorprendida

-Bueno, él es Terrence Grandchester es de una familia aristocrática de Londres-

-Oh ya veo, pues para ser noble no tiene educación hmmm-

-Vamos señorita hace frio-

-Si George-

A partir de ese encuentro sin saberlo Candy. Terry formaría parte de su vida, él se convertiría en su amor de juventud, quizás porque en ese momento ambos necesitaban llenar un vacío en su corazón, pero solo el destino daría la respuesta si era el verdadero amor.

Al día siguiente, Albert se levantó muy temprano. No se encontraba en su apartamento sino que estaba alojado en un hotel de Londres, expectante por la llegada de Candy y de George.

Quería estar cerca, aunque había decidido no ir al puerto porque no sería prudente, sabía que Archie y Stear estarían allí, así que no tenía otro remedio que esperar a George a que llegara al hotel con noticias de ella.

-Bueno ya veré en la forma de ver a Candy- mientras se sentaba, para leer un libro. Pensaba que era la mejor manera de que el tiempo pasara más rápido, pero no resulto apenas avanzo unas cuantas páginas, y George no llegaba...

Un par de horas después, llego George con su habitual tranquilidad que le caracterizaba.

-Buen día William tanto tiempo, ¡Vaya! ya veo que has cambiado de aspecto de nuevo- le decía sonriendo

- Jajaja si, la tía se alegrara de mi cambio de imagen. Me alegro verte de nuevo, ¿Que tal el viaje?- mientras se acercaba a darle un cálido abrazo

-Pues muy bien, fue un agradable viaje. Nos hizo buen tiempo…- Iba continuar su relato cuando fue interrumpido por Albert

-¿Y como está Candy? ¿Está bien?- Lo decía con demasiado interés que no pudo disimularlo

George siendo muy observador lo vio y una leve sonrisa le salió

– Si me dejas continuar y no me interrumpes… te lo comentare-

Albert se percató de su evidente interés por Candy y no quería ser descubierto

– Oh, lo siento perdona mi falta de educación. Es que ... bueno hace tanto tiempo de no verla y la última vez que la vi, aún estaba muy afectada por Anthony- mientras se sentaba en el sofá

- ¿La última vez? ¿Acaso fuiste al hogar de Pony a despedirte de ella? - Mientras levantaba una ceja y se sentaba frente a el

Albert sentía que metía la pata cada vez que hablaba, no quería dar más explicaciones, así que solo se limitó a decir –Continua, ya no te interrumpo-

-Bueno pues, no te preocupes que he visto a la señorita Candy mucho mejor. Más animada, se ve que va superando la pérdida del señorito Anthony. Hiciste bien en dejarla allí, además…- y se detuvo

-Además que… - dijo curioso Albert

- Si… que además se ha convertido en una hermosa jovencita- dijo viendo de reojo a Albert para ver su reacción

Albert sintiéndose observado por George se levantó y se dirigió al bar a servir algo de beber

- Bueno es normal está en la edad, además Candy siempre ha sido muy bella- tratando de imaginarse a Candy … y eso lo turbo por lo que cambió el rumbo de la conversación.

- Bueno pues ahora me toca a mí ponerte al tanto de todo por aquí- dijo Albert y empezando hablar de los asuntos de la familia que había estado pendiente, en el resto del día evito volver a tocar el tema de Candy…

Entre tanto Candy entraba al Real Colegio San Pablo, e igual que Albert le gusto que estuviera rodeado de tanta naturaleza.

Su felicidad de ver a Archie y Stear de nuevo, se ensombreció al descubrir que también estaban Elisa y Neil. Por lo que las primeras semanas no fueron fáciles para Candy, entre las duras normas del colegio y que los hermanos Leegan siempre buscaban la forma de hacerle maldades; pero Candy no se imaginó que tendría un guardián dentro del colegio y ese era Terry que también estudiaba en el colegio.

Una noche Albert había quedado con su amigo Edward a un pub de la ciudad, charlaban animadamente de varios temas hasta que uno incomodo a Albert.

- Bueno William ¿Tienes a alguien especial en este momento?-

-¡Eh! No- decía como meditando sus palabras

-¿Estás seguro?- le decía con una sonrisa un tanto burlesca como no creyendo lo que le decía

-¿Porque lo preguntas?- dijo curioso por el interés de su amigo

-Bueno Rachel, ya sabes como es y quiere que te presente a una amiga nuestra. Y quería organizar una cena para que la conozcas- dijo atento a la reacción de Albert

Albert un poco disgustado le dijo – Vaya parece que se ponen de acuerdo todos, mi tía ya comienza a presionarme para que empiece buscar una futura esposa y la verdad Edward no estoy interesado-

-Pero ya estás en edad William, mírame a mí ya estoy comprometido con Rachel. Y por lo que me has comentado, James ha venido precisamente a comprometerse ¿no?-

-Sí, pero creo que todavía no es mí tiempo, dile a Rachel que agradezco su interés y que no se ofenda pero en estos momentos no quiero relacionarme con ninguna dama- Dijo un poco fastidiado, por sentirse presionado en encontrar una esposa. Ya suficiente tenía con hacerse cargo de los asuntos de la familia.

-Lo entiendo William, perdona no quería incomodarte pero ya sabes cómo son las mujeres, que les gusta hacer de celestinas...-

Ya era un poco tarde así que Edward se despidió, ya que que tenía un turno muy temprano en el hospital.

Albert decidió quedarse un poco más pensando en su vida, al haber tocado el tema Edward de buscar esposa le recordó la conversación que tuvo con la Tía antes de venirse a Londres.

-William como te marchas a Londres, debo decirte que es hora de que vayas conociendo alguna dama -

A Albert le cambio la cara –¿A qué se refiere tía? –

Ella le respondió altivamente -Bueno que ya es hora de que vayas eligiendo una futura esposa estas en edad ya, así que me he tomado la libertad de escribirle a mi amiga Margareth, ella te ayudara a presentarte algunas señoritas de buenas familias, que serían dignas candidatas para ser tu futura esposa-

Albert con cara de no creer lo que oía le dijo -Con qué derecho Tía hace usted eso. Creí haberle dejado claro que ya no soy un niño, que puede manipular para donde usted quiera-

- ¡Vamos William! tu deber es preservar el legado de nuestra ilustre familia-

-Pues siento informarle que no estoy interesado en buscar esposa. Ni mucho menos que alguien desconocido se de a la tarea de presentarme señoritas que solo buscan en mi la riqueza y el status que les daría nuestro apellido-

-¡William, por favor! es tu obligación como cabeza de la familia, recuérdalo-

-Como lo he dicho muchas veces nunca pedí ser la cabeza de los Andrew pero así se han dado las circunstancias, me ha costado mucho aceptarlo y cumpliré con ello. Pero obligarme a compartir mi vida con alguien que quizas no ame, solo por el ¨bienestar¨ del clan no lo haré Tia-

-Siempre tan rebelde William, no serias el primero de esta familia que se casaría en esas circunstancias-

-Pues no seré el siguiente, si decido casarme será porque estaré enamorado y ella me ame a mí como persona. Se perfectamente que estas señoritas de sociedad solo buscan nuestro patrimonio y apellido...-

De pronto algo lo saco de sus pensamiento, escucho mucho revuelo en la calle y todos los del Pub salieron incluido Albert, era una pelea de tres contra uno.

Y este último se encontraba herido y tirado en el suelo, pero nadie lo ayudaba eso no lo soporto y sin pensarlo se involucró en la lucha defendiendo a ese pobre muchacho.

Albert al ser muy alto imponía, así que los tres maleantes se pensaron un momento pelear con él, pero uno se envalentonó y fue contra él, más le hubiera valido no pelear con Albert ya que sin dificultad le dio unos buenos golpes que quedo tirado también en el suelo. Los otros dos mejor se fueron corriendo dejándolo allí, por lo que este al verse solo se levantó y se fue por donde se habían ido los otros dos maleantes.

Al ver que la pelea había terminado, todo volvió a la normalidad la gente siguió caminando, Albert levanto al chico que estaba aún un poco aturdido -¿Cómo te llamas? Te llevare a tu casa ¿Dónde vives?-

- Muchas gracias por ayudarme, me llamo Terry y si no fuera mucho inconveniente ¿Me puedes llevar al Real Colegio San Pablo? no está muy lejos de aquí- Dijo con un fuerte aliento a alcohol

- Si, se dónde está. Bueno Terry andando, yo me llamo Albert- le dijo su otro nombre porque al saber que estudiaba en el mismo colegio que Candy y sus sobrinos, no podía arriesgarse que descubrieran su identidad.

Mientras caminaban rumbo al colegio hablaron un poco. Lo suficiente para saber Terry, que Albert trabajaba en un pequeño zoo por las mañanas.

Al llegar, entraron por una parte del muro que no era muy alto. Eso él lo sabía, porque Terry no era el único que había escapado alguna vez del colegio.

Terry le iba diciendo por donde llevarlo, a Albert le extraño que quería que lo llevara a las habitaciones de las chicas, pero pensó que en estos años quizás habían cambiado.

Después de dejarlo al principio del pasillo del edificio, Terry le dijo que ya podía seguir solo.

Así que Albert se marchó, aun no quería ir a su apartamento y decidió regresar al pub.

Se sentó sólo, cerca de una ventana y recordaba cuando vivió en el colegio. Fueron buenos tiempos a pesar de lo estricto de las normas y sonreía de cómo escapaba de Helen… de repente se le vino a la mente Candy y se preguntaba si se adaptaría en el colegio. A él le costó un poco pero lo logro, por eso estaba casi seguro que ella también lo conseguiría.

Quería verla y como si la llamara con el pensamiento, paso lo mismo cuando el estaba en la cascada y el destino se encargo de reunirlos de nuevo.

De repente Albert vio como una chica muy parecida a Candy pasaba por la calle, dejo su bebida en la mesa, se froto los ojos pensando que quizás estos le estaban jugando una mala pasada.

-¿Es Candy?- No puede ser, será mi imaginación ¿pero y si fuera ella? Y sin pensarlo más se levantó de su silla y salió tras ella…

Candy había cruzado en una esquina pero la alcanzo a ver y la siguió, estaba unos pasos atrás dudaba si era ella, se miraba diferente. Un poco más alta y su figura más estilizada, en eso recordó lo que George le dijo que se había convertido en una bella jovencita. Y sin hacer más conjeturas la llamo.

-¡Candy! ¿Eres tú?-

Ella se detuvo en seco, un poco desconcertada porque no conocía a nadie en Londres

Se dio la vuelta y un tanto nerviosa pensando que podía ser algún malhechor le dijo –Usted se equivoca, Buenas Noches-

Candy no lo había reconocido ya que la luz de la farola no lo alumbraba lo suficiente

Pero Albert si la reconoció, pero no quería asustarla por eso iba acercándose despacio esperando que lo reconociera. Al fin paso bajo la luz de la farola, entonces le dijo – ¿Acaso Candy ya te has olvidado de mí?

Ella al escucharlo Pero… esa voz, entonces lo vio mejor Pero es Albert siii su sonrisa, su mirada cálida… ya no había duda era su amigo Albert

-Albert es usted- Así que ella corrió hacia el, abrazándolo con mucha fuerza. Él la recibió encantado y feliz que lo reconociera.

-Hola pequeña- dijo Albert mientras acariciaba su cabello

– Albert no pensé verle aquí, no sabe cuánto le extrañe, me parece un sueño. Es que sin la barba se ve mucho más joven- mientras unas lágrimas de felicidad salían de sus ojos

-Pues en ese caso no me trates de Usted, que aun soy joven- le decía mientras le guiñaba un ojo

-Está bien Albert, sabes me quede muy triste por no haber podido decirte que venía a Londres a estudiar y mira estas aquí…- mientras lo seguía abrazando con fuerza.

Él cerró los ojos disfrutando su cercanía y se alegraba que despertara en ella ese afecto hacia él.

La separo despacio y la miro detenidamente y pensaba que era verdad, se había convertido en una hermosa jovencita y sin pensarlo le dijo- Estas muy linda Candy- mientras le acaricio la mejía, al percatarse lo que hacía retiro su mano, pero ella no se incomodó al contrario lo sorprendió al decirle que él estaba muy guapo.

Después de la sorpresa y la emoción de volver a verse después de tanto tiempo, empezaron a caminar por las calles de la cuidad solo iluminadas por las luces de las farolas sin salir de su asombro Candy le dijo ¿Albert cómo es que estas aquí? Le preguntaba expectante.

Albert tenía que pensar rápido ya que no podía decirle la verdad, que estaba en Londres por ser el cabeza de los Andrew y mucho menos que estaba allí también por ella

–Bueno sabes que me gustan los animales y me ofrecieron un trabajo de cuidador en un pequeño zoológico- no le había mentido del todo, solo había omitido que él era el tío abuelo William. Pero aun no era el momento de revelar su identidad.

-Albert tenia muchas ganas de verte de nuevo, para darte las gracias- ella se detuvo y le sonrió

-Las gracias ¿Porque Candy?- decía curioso

-Si no hubiera sido por ti, con tus palabras aun seguiría muy triste y desde entonces me he esforzado mucho para seguir mi vida con alegría- mientras le sonreía

-No Candy, no es nada solo quería ayudarte y lo hare siempre que pueda- mientras le ponía la mano en su hombro

Se quedaron callados viéndose uno al otro sin decir nada, pero Albert rompió ese silencio

¿Dime Candy que haces a esta hora deambulando por las calles? Candy reacciono -¡Oh no, me había olvidado por completo de Terry, necesito encontrar una farmacia-

-Bueno no te preocupes Candy, sé dónde hay una abierta- y se fueron en busca de los medicamentos que necesitaba Candy para curar a Terry

Y por segunda vez en esa noche Albert fue al Colegio -Mira Candy, por aquí puedes entrar-. Y antes de ayudarla a subir el muro, la despidió con un dulce beso en su frente al que Candy recibió complacida.

-Gracias Albert por acompañarme, te iré a visitar en mis días de permiso... - y pronto Candy se perdió entre los arboles del colegio.

Albert ya en su apartamento recostado en su cama cerro los ojos y recodaba lo bella que estaba Candy, le emociono como ella reacciono al verlo y ese cálido abrazo que se dieron.

¿Que me pasa contigo Candy? Decía para si, abriendo los ojos queriendo encontrar una respuesta pero era al revés se confundía más, se volvió a recriminar sus pensamientos.

Se sentó un poco afligido, mientras se pasaba la mano sobre su cabello revuelto

-Será que… me estoy enamorando de ti…

Continuara…

Gracias por sus comentarios y que les guste como se va desarrollando la historia, ahora Albert tiene un conflicto interno ya veremos quien gana si su mente o corazón ;). Bueno les mando un fuerte abrazo y que pasen una buena semana :)