¡VIVA LA FRANCE!
Es octubre de 1973, Remus Lupin tiene trece años; el pelo rubio pajizo sobre la frente, enredado en la zona de la nuca y unas patillas incipientes que aunque nunca admitirá, luce con cierto orgullo. Envuelto en la bufanda de los colores de Gryffindor: escarlata y dorado.
Los vivos colores del fuego que arde en los corazones, de dorado y rojo se tiñen los sueños de la noble casa de la que somos dueños; dice el himno.
Remus lee, su mano izquierda reposa sobre el regazo, sentado en un banco de piedra a las espaldas del Castillo: allí donde no se escucha nada porque las palabras se las lleva el viento; allí donde parece que todo lo que dices se queda atrapado en cada rincón. Lily Evans, cruzada de piernas le observa, con los ojos verdes bien abiertos: ojos que devoran los sueños de James Potter y que lo seguirán haciendo durante el resto de su vida. Ella le escucha, él habla. Remus, sombra de un viejo cuentacuentos; Lily, deseosa de empaparse con cualquier historia nueva para ella. Le pregunta, le interrumpe, abre la boca en los momentos adecuados y el chico sonríe, primero con los ojos, la boca después. Lily cree que Remus es mágico. Remus opina que Lily es magia en ebullición. Lily sabe que a Remus le silban las eses a veces, que le gusta cambiar las voces en los diálogos, que hace las pausas entre punto y seguido excesivamente largas, que se distrae con pasmosa facilidad, que es incapaz de contenerse la risa si algo le resulta gracioso y que después esconde la carcajada entre los dedos de la mano izquierda, mientras con la otra continúa sujetando el libro. Pero, todas esas cosas son las que hacen que él sea su lector favorito, y que durante las últimas semanas haya perdido la sensación del tiempo embobada en cada palabra que el chico arranca de su propia garganta. Lo que Lily no sabe en ese momento, es que cuatro años después, sentados en ese mismo lugar, el pelo más largo, las ideas menos claras, Remus leerá el mismo libro, porque nunca te cansas de algo que te gusta con todo tu ser, algo que te penetra los huesos y te perfora el alma de lado a lado. Cien cuchillos, trescientas espadas una tras otra. Sin piedad.
- ¡Profeta!, grité, ser malvado, profeta eres, diablo alado! Por el Dios que veneramos, por el manto celestial, dile a este desventurado si en el Edén lejano a Leonor, ahora entre ángeles, un día podré abrazar. Dijo el cuervo: - dirá Remus. Voz adulta; más grave, barba en el mentón.
- Nunca más - añadirá Lily. Más pecas en las mejillas. Nariz recta y perfecta y una belleza digna de ser transformada en canción.
- ¡Diablo alado, no hables más!, dije, dando un paso atrás; ¡Que la tromba te devuelva a la negrura abisal! ¡Ni rastro de tu plumaje en recuerdo de tu ultraje quiero en mi portal! ¡Deja en paz mi soledad! ¡Quita el pico de mi pecho y tu sombra del portal! Dijo el cuervo:- Remus subirá la voz al exclamar, se volverá hacia Lily y la instará a continuar.
- Nunca más.
- Y el impávido cuervo osado aun sigue, sigue posado, en el pálido busto de Palas que hay encima del portal; y su mirada aguileña es la de un demonio que sueña, cuya sombra el candil en el suelo proyecta fantasmal; y mi alma, de esa sombra que allí flota fantasmal, no se alzará...
- ¡Nunca más!
Reirán. Mucho rato, como cada vez que concluyen el poema. Siempre de la misma manera: Remus narra y Lily replica. Y es un ritual que nunca se saltan, de hecho es algo que quedará escrito en los libros de hojas imaginarias que cuenten su vida: "se sentaban a repetir como idiotas los mismos versos una y otra vez". Después se quedarán en silencio, observando el Bosque: Remus recordará la noche anterior, apoyado en la corteza de un árbol, brazos cruzados, Canuto y Cornamenta jugueteando en un claro y Peter animando desde una rama. Lily no verá nada más que oscuridad y se estremecerá.
- En fin - Remus suspirará, exageradamente. Es lo que toca -, creo que estos me estarán echando en falta. No quiero que James me vuelva a someter al tercer grado.
- ¿Qué vais a hacer?
Remus mentirá, se inventará una excusa "a dar una vuelta", "en la habitación, cosas de chicos, ya sabes" porque siempre es mejor que decir la verdad "usar el Mapa para salir al bosque en cuanto se ponga oscuro. Esta noche James quiere ir a Hogsmeade a robar un poco de chocolate" o "además creo que Sirius quería subir al baño de las chicas a ver si es cierto que Sabine Lingwood ha usado un hechizo para aumentar la talla de sujetador"; esto último despertará cierta curiosidad en Remus, curiosidad científica, pero por supuesto tampoco podrá decirlo delante de Lily. Porque es Lily. Porque no es una de ellos. Antes de marcharse ella le cogerá de la mano, curiosa, como siempre: "¿por qué te llaman Lunático, Remus?", que será respondido con un "¿Porque estoy loco?". Lily colocará los labios en una línea recta perfecta "¿Tus amigos están desequilibrados y eres tú el que se lleva el mote de la locura?"; Remus reirá y antes de darle la espalda por completo contestará "A veces la carne no revela la locura interior, Lily" y yo de locura sé mucho.
Pero para ese momento quedan muchos días, muchas travesuras, muchas idas y venidas, unas cuantas lunas llenas y escapadas en la noche. Ahora mismo son demasiado inocentes, hace frío y están tanteando hasta dónde llega la confianza que tienen el uno con el otro. A veces, sin darse cuenta, Lily coloca una de sus manos en la rodilla de Remus, otras él se olvida de que no es uno de sus amigos y le da un suave golpecito en el hombro con la palma de la mano. Y poco a poco, con pequeños gestos como esos van construyendo una atmósfera que es únicamente de los dos, hasta que llega el día en el que el uno al otro se pueden referir como amigos sin que la Tierra se abra, un volcán erupcione o los dioses del Olimpo amenacen con destruir la raza humana.
Ese día Lily le cuenta a Remus sobre Petunia: le habla de sus padres, de su habitación, de la foto de Ella Fitzgerald que reposa sobre su mesilla de noche, firmada por ella "una copia, seguramente", le explica. Se aturrulla cuando trata de recordar la primera vez que descubrió que tenía magia, que había algo diferente en ella, algo que la hacía especial según su madre. Un bicho raro, según su hermana. "Sólo sé que la flor estaba marchita y entonces ya no lo estaba". Remus calla, después sonríe de medio lado, con la cabeza gacha, pensando que no podría haber existido una manifestación de magia más acorde a la personalidad de la chica. Recuerda la primera vez que sintió algo especial en sus manos, eso que le valió las caricias de su madre y la mirada aprobadora de su padre "serás un gran mago, Remus". Y no, no lo será. Lo siente en las carnes, en los huesos, en cada cartílago, es la amenaza de la Luna, de lo diferente. Un auténtico bicho raro. Es esa sensación que le obliga a abrazarse la cintura para evitar romperse en dos.
Al rato se despiden, un beso fugaz en la mejilla. "Nos vemos luego, Remus" y esa promesa en el fondo de la garganta que los dos guardan con cuidado. Remus sube hacia la Sala Común de Gryffindor y una vez allí supera escalón a escalón; sabe que Sirius le buscaba desde hace un buen rato, sabe que probablemente vaya a estar enfadado, "Remus, ¿por qué llegas tarde?" y otras acusaciones dignas de un drama televisivo. Abre la puerta con cuidado, cerrándola a su espalda y mira a las tres personas que se encuentran allí.
- Remus, ¿por qué llegas tarde? - Sirius está de pie, apoyado en la pared y con los brazos cruzados en el pecho. Ceño fruncido.
- Estaba dando una vuelta.
- Eso no te servirá para quitarte la culpa sobre este asunto.
- ¿Qué asunto?
- A Sirius le ha desaparecido algo - James habla, sentado en su cama, con las gafas enredadas en el pelo azabache y por supuesto, expresión divertida -. Algo importante.
- Algo muy importante, capullo. Y sé perfectamente que ha tenido que ser uno de vosotros.
- Te he dicho que yo no he sido, Sirius - insiste James -. Siempre te la pido cuando la quiero.
- ¡Ah! - Remus entiende y desvía la mirada a la parte inferior de la cama de Sirius, donde vio ese "algo" por última vez - No he sido yo, no es como si necesitase eso para... - James y Sirius arquean una ceja al mismo tiempo - ¡Que no he sido yo!
- ¿Pero el qué ha desparecido? - Peter parece perdido y los mira a todos, uno tras otro.
- Así que prefieres hacer uso de tu imaginación eh... - James se levanta, acercándose lentamente a Remus, notablemente divertido.
- Remus, si has sido tú te juro que...
- ¡Que no he cogido la maldita revista!
- ¿Y entonces cómo sabes que tengo esa revista?
- Porque el otro día estaba buscando mi periódico - frunce el ceño -. Exacto, ese periódico que hicisteis trizas y me sorprendí al ver a tantas señoritas ligeras de ropa cuando se supone que ese tipo de material está prohibido en Hogwarts y que perdóname que me meta, Sirius, pero dudo que tu madre aprobase que tuvieras.
- Me cago en mi puñetera madre, Remus, eso es lo que te digo. No salimos de aquí hasta que alguno de vosotros confiese.
Se quedan en silencio, únicamente interrumpido cuando Peter le pregunta muy bajito a James algo que suena a "¿cómo eran esas chicas?" que es contestado con una colleja. Sirius se ha colocado delante de la puerta, titánico, más alto que de costumbre, y a ninguno de los demás le apetece llevarle la contraria. Así que, a los cinco minutos de ver correr el tiempo, Remus se tira a su colchón, saca un libro y se pone a leer; James hace lo mismo con uno de sus cómics muggles, esta vez de Spider-man y Peter descansa la cabeza en la almohada.
- Tienes que enseñarme a usar una de estas cámaras de fotos que usa Peter Parker - James le señala a Remus una viñeta -, podríamos hacernos fotos.
- Es un mecanismo muy sencillo... Podríamos comprar una cámara y luego...
- Perdonad pero no podéis hablar - Sirius da un paso al frente, coge el libro de Remus con una zarpa y el cómic de James con la otra -. Sois sospechosos de haberme robado. No tenéis derecho a divertiros.
- ¿Pero de qué vas? - James le da un empujón - No hemos cogido nada, tío. Tal vez la has perdido entre toda la mierda que hay en la habitación.
- ¿Y DE QUIÉN ES LA CULPA DE QUE HAYA MIERDA?
- No sé, ¿de la rata de Peter? - Remus ataca sin piedad y el agredido sale de un estado de sueño pasajero con un gemido "oye..."
- Remus, tienes todos los puntos para ser el ladrón, así que cállate.
- No me interesan tus chicas en ropa interior o sin ella, te lo he dicho antes.
- ¿Qué pasa? - Sirius coge a Remus del cuello de la camisa y sus narices quedan muy juntas. Respirando el mismo aire cargado de enfado - ¿Evans ya te enseña la suya?
- ¿Su qué?
- No me hagas ir por ese camino o Jimmy llorará.
- Sirius, que te den - James les aparta de un tirón y frunce el ceño - ¿Podemos dejar de discutir?
- Devuélveme mi revista.
- NO TENGO TU REVISTA.
- Chicos, ¿cómo es la revista?
- Igual Remus la ha guardado dentro de uno de sus libros de maricas - Sirius bufa.
- No son mari...
- Chicos - Peter insiste otra vez - ¿cómo es la revista?
- Homosexuales.
- Sirius, vete a la mierda.
- Chicos...
- MERLÍN, PETER - James se vuelve hacia él - CON UNA TÍA RUBIA EN...
Peter está de pie, con una revista blanca, "European Beauties" escrito en rojo pasión y una muchacha de pelo rubio y pechos prominentes en la portada.
- ¡MI REVISTA! LA TENÍAS TÚ TRAIDOR LO SABÍA. SABÍA QUE ERÁIS UNO DE VOSOTROS PERO DE TI PETER NO ME LO ESPERABA CLARO QUE NO ME LO ESPERABA. DE ESTOS DOS DESGRACIADOS BIEN PERO ¿TÚ?
- No... Yo...
- ¡Dámela! -Sirius se la arrebata, la presiona contra el pecho y suspira; tan fuerte que parece un búfalo.
- Pero Sirius... Que yo no... - Peter lloriquea - Estaba...
Ninguno le hace caso, ni siquiera al propio Peter parece importarle cuando Sirius se sienta en la cama y abre la revista. Remus y James se miran, de reojo, y lentamente se acercan a su amigo, curiosidad adolescente. Sienten que están rompiendo todas las reglas posibles cuando Sirius pasa una página y dos señoritas se descubren ante ellos. Los siguientes minutos son una sucesión de "ohhhhs" y "waaaas" y "y eso de ahí es... Ahhhhh" que acaban en risitas nerviosas y cortos "wow".
En la vida, como en todo, hay que compartir, y Sirius Black nunca consideró que su revista pornográfica fuera únicamente de su propiedad, así que no tuvo inconveniente en prestársela a sus mejores amigos. La única condición que puso fue que nadie la cogiera sin su permiso. Ninguno rompió la norma. Todos creyeron que Peter sí. Lo que nunca supieron fue que cierto elfo doméstico de nombre complicado, trabajador de Hogwarts por más de sesenta años la confundió con un periódico y la amontonó en la pila de hojas que Peter Pettigrew usaba para limpiar la jaula de Susan. Aquel día fue Sirius el que untó la pluma de tinta y escribió sobre un pergamino "octubre de 1973: Peter le ha robado la porno a Sirius. Delito de categoría menor (aunque yo creo que merece Azkaban por lo menos)". Ese pergamino no es uno cualquiera; la primera línea y bautismo de la idea dice "1972: James ha jurado que Lily Evans es mejor que el chocolate. Delito de categoría alta, la más alta de todas. Casi" y se lee en caligrafía curvada propia de Remus "imperdonable". Hay algunas más, sin fecha concreta, garabatos que tienen el mismo peso que los demás "Sirius se ha tirado un pedo y no lo ha admitido. Delito de categoría menor" o "Remus ha hecho los deberes voluntarios. Otra vez. Delito mayor (porque tío, lo hace continuamente)". Ese pergamino acabó teniendo muchas páginas. Cuando Sirius, James, Peter y Remus lo firmaron por última vez en 1978 decía "los Merodeadores dejan Hogwarts. Delito máximo. Esos capullos no saben lo que hacen". Guardó cada uno de los deslices que durante todos esos años tuvieron lugar entre las paredes del castillo. Supuestos delitos que atentaban contra la amistad, bromas demasiado pesadas, chicas que nunca se debieron besar y calzoncillos que habría que haber dejado en su sitio. Tiempo después lo llamarían "Registro y penas de Los Merodeadores", al día de hoy es más bien "¿VES PETER? ASÍ LA HISTORIA SABRÁ LO MAL AMIGO QUE ERAS".
Estuvieron observando la revista durante casi diez minutos; hasta que en una de las páginas apareció un hombre tan ligero de ropa como sus compañeras femeninas.
- Merlín - James se lleva la mano a la boca y repite -, Merlín.
- ¿Qué pasa, Jimmy? - Sirius le da un hombrazo - ¿Te gusta este hombretón?
- No... Pero... Es... ¿Está muy...? - Vacila - ¿Grande?
- ¿Grande? - Sirius ríe con la boca abierta - Es un tamaño normal, tío.
- No lo es. - Remus murmura bajito, con la mano derecha sujetando la izquierda y los ojos fijos en la imagen.
- A ver, que vosotros seáis... bebés todavía no quiere decir que los demás, o sea, yo, lo sea.
- Sirius, nos duchamos juntos, ¿te lo recuerdo?
- No te habrás fijado bien entonces, Lupin.
- Tú no tienes eso - insiste James -. Es más, ni te acercas a eso. Estás tan cerca de perecerte a eso como Snape de lavarse el pelo.
- ¡Está bien! - Tira la revista y se levanta, con esa mirada que dice al mismo tiempo "he pensado algo increíble" y que traducido al idioma de la coherencia grita a voces "he pensado algo estúpido" - Vamos a comprobarlo.
- ¿Comprobar qué? - En los ojos de Remus hay pánico, como si temiera tener razón averiguando qué es lo que su amigo está pensando.
- El tamaño - explica el otro -. Las medimos. Las cuatro. Y yo gano.
- No.
- Huelo el miedo.
- No.
- Alguien tiene miedo de salir perdiendo en la comparación, por lo que veo.
- No.
Y es no. Remus se niega en redondo a llevar a cabo esa estupidez, así que coge el libro que Sirius le había quitado rato atrás, se peina el flequillo y sale del dormitorio murmurando un "me voy a cenar. Cuando vuestro cerebro vuelva a su sitio. Bajáis"
Una vez se quedan en silencio los tres, hay un par de segundos hasta que James se levanta berreando "no pienso perder, imbécil". Peter simplemente acepta. El primer problema que surge es cómo tiene que medirse y sobre todo quién debe hacerlo. Tras varias vacilaciones y un poco de meditación James asegura que son amigos, pero no tanto, así que cada uno realizará su propia medición. Sin trampas. Con testigos.
El segundo problema y de un calibre más importante surge de Sirius.
- Está bien, pero... Medimos... ¿Medimos cuando está dura o con el banderín bajado?
- A ver, con vuestras caras feas lo siento pero mi banderita no se va a alzar - explica James.
- ¡Pero es que la mía viene con sorpresa! - Se enfada - Es todo pausado y de repente, ¡VIVA LA FRANCE!
- Que no.
Y de nuevo, es que no.
Se colocan en círculo, con el pantalón bajado y la varita en la mano "por fin ese hechizo para medir resulta útil", dice James. "También se necesitaba para aprobar el examen del año pasado de Encantamientos y...", asegura Peter. Es seguido de un "bah, chorradas". Al primer intento están nerviosos, y Sirius justifica el resultado en eso.
- Y una mierda - niega con la cabeza -, que no, que no, que tú no ganas, James.
- Te lo he dicho. Gano yo.
- ¡Otra vez!
Y se hace otra vez. De nuevo no se ponen de acuerdo, James continúa ganando, esta vez por tan sólo un milímetro, "ah, matemática pura. Sigo siendo el mejor". Sirius se enfada, con la varita en la mano derecha y la otra ocupada y la vuelve a medir.
- ¡JA, JÁ! - Berrea - Un milímetro más que tú, ¡gilipollas!
- Has hecho trampa.
Sirius jura que no es cierto, votan para ponerse de acuerdo y finalmente invalidan esa medición porque según Peter, "Sirius, te has tocado demasiado para conseguir ese resultado". Además James añade que no es justo porque cuando Sirius se toca lo hace como si lo hiciera su persona favorita en el mundo. El jurado, incluido Sirius, lo acepta.
No hay más oportunidades; James alcanza una pluma y toma nota del acontecimiento: "según La Medición de 1973 en la que Remus Lupin se ha negado a participar (porque es un cacas) en primer lugar queda James (por supuesto, quién va a ser), en segundo lugar Sirius (toma esa, pringao) y en tercer lugar, o último, como quieras, tío, queda Peter" Al segundo, Sirius le arrebata la pluma y con letra desigual casi perfora el papel "esta Medición no tiene ninguna validez porque no están todos los miembros presentes y exijo que haya una segunda competición".
Cuando bajan a cenar, Remus ya va por su segunda ración de puré de patatas; está sentado al lado de Mary y Lily y cuando los otros tres ocupan sus respectivos asientos les ignora con cierta vergüenza interna que dice "mis amigos se acaban de medir el pene en el dormitorio y yo tengo que hacer como si no lo supiera"; pero al rato, es incapaz de soportar la curiosidad.
- Y qué, ¿cómo ha ido?
- ¿Tú qué crees, Remus? - James coge una ganchada de boniatos de una bandeja cercana con excesiva felicidad.
- No sé...
- Ha ganado el lupas pero porque ha hecho trampa en el momento de medir...
- Yo no he hecho trampas, Sirius. Acepta tu derrota.
- ¿Qué habéis medido? - Mary se interesa y Lily levanta la cabeza de su plato con cierta curiosidad.
- Pues hemos medido... - Peter empieza y Sirius le da un codazo en el costado.
- ¡Las alturas!
- ¿Las alturas? - Mary frunce el ceño - Pero si James no mide más que tú.
- Por eso digo que ha hecho trampas, MacDonald. Se ha puesto de puntillas.
- Sois muy absurdos.
- Entonces Sirius, ¿asumes que has perdido? - Remus le vacila, con esa sonrisa rota que pone tan pocas veces que habría que fotografiarla, enmarcarla y registrarla en los libros de historia.
- Remus Lupin, algún día estarás presente en otra medición, te comerás las palabras y sufrirás la auténtica Revolución Francesa.
Y que Circe le hubiera perforado con un rayo si no tenía razón.
