Disclaimer: KHR ni KnB son de mi propiedad, este fanfic fue escrito con fines de entretenimiento.


Capítulo 5

—A04, A04... ¿me escuchas? —El Inter-comunicador parecía fallar. Un molesto sonido como si el viento golpeara el micrófono en la otra línea, calaba por el oído del guardia.

Gokudera se mostró desinteresado ante la mueca fastidiada del hombre a su costado. Parecía tener problemas con su comunicador.

—Te copio, B12, ¿sucede algo por tu zona? —contestó profesionalmente en tono bajo y con expresión seria, el guardia de pelo negro crispado y con enormes cicatrices en el rostro, que se encontraba a unos metros del de rulos plateados.

—Tenemos un problema, situación número 87, nivel bajo... ¿Podrías venir un momento? Deja a A96 a cargo de tu territorio.

—De acuerdo, voy para allá —afirmó cortando la comunicación y girándose al de pelo plateado y rulos finos—. A96, te quedas a cargo, novato. Asegúrate de mantener el área...

—... bien vigilada —completó el chico bomba con una molestia divertida, sonriendo juguetón—. Ya lo sé, anciano, no lo repitas.

El guardia bufó en su lugar. Aquel chico recién tenía un par de días en pleno funcionamiento como agente de seguridad, no entendía el peligro de ser un guardia en ese tipo de mundo. Parecía tomárselo todo en broma y hablaba como si aquello fuera un trabajo de medio tiempo más.

Sonrió para sus adentros. Aquel insolente niño sufriría cuando la realidad lo golpeara.

Sin esperar, el veterano hombre musculoso se retiró hacia donde lo solicitaban, mientras el peli-plateado resoplaba en fastidio. Era cansado e irritante actuar como un joven ignorante que no entiende la seriedad de las cosas... Si fuera por él, ya le hubiera metido diez bombas a todos sus "compañeros de trabajo" por donde nunca llega la luz, en cada ocasión que lo trataban como un mocoso idiota. Su único motivo para aguantarlo, era su adorado Décimo, al cual no podría ver a la cara si perdía el control con algo tan simple (por no mencionar que este lo congelaría sin dudarlo... Sí que su jefe había cambiado con los años...).

El muchacho, que no aparentaba más de veinticinco años, cubría su cuerpo con las ropas de guardia de seguridad. El negro atuendo contrastaba con la piel pálida, mas no enfermiza, del joven. Realmente... era guapo. Y eso ni el guardia veterano que acababa de irse (y que parecía verlo despectivamente) podía negarlo. Incluso con aquellos poco usuales rulos que se acoplaban alrededor de su rostro, se veía increíblemente bien. Si tan solo pudieran ver el cuerpo trabajado bajo el traje...

Todo pensamiento fue apartado bruscamente por su portador al notar un destello rojo por el rabillo del ojo. Era la cámara de seguridad, la cual indicaba que acababa de ser apagada.

Era hora.

Acomodó el gorro del uniforme y agachó la mirada, cubriendo sus ojos esmeraldas. El plan debía ir perfecto. Y aunque era su trabajo, la verdadera razón era que no quería ver otra vez la impotencia en los ojos de su jefe... Deseaba con todo lo que podía el poder ayudarlo a alcanzar su ambición de convertir a Vongola en lo que era en un principio.

Todo por el jefe que le había mostrado lo que era tener un lugar al qué pertenecer.

Todo por su Tsuna-sama.

La mirada determinada mantuvo fija su misión. Se marchó de su puesto y se dirigió tras bambalinas hacia donde estaban las "mercancías" de reserva. Cumpliría su parte del plan con el mayor esfuerzo y eficacia.

Solo esperaba que el friki del béisbol, el niño del ranking, la cabeza de piña y la cabeza de césped hicieran bien su parte.