Disclaimer: KHR ni KnB son de mi propiedad, este fanfic fue escrito con fines de entretenimiento.
Capítulo 6
Yamamoto Takeshi sabía que había sido descuidado. Una sonrisa nerviosa se formó al recordar la forma en la que casi había estropeado todo el plan cuando empezó a hablar con el otro guardia. No esperó que intentar mezclarse socializando lo llevaría a ser presionado para responder ciertas preguntas por varios deslices de boca que tuvo. Gokudera tenía algo de razón cuando decía que debía mejorar su habilidad para manipular las conversaciones.
El experto en béisbol soltó una pequeña risita al imaginar la expresión de aquel con quien compartía una extraña, pero fuerte amistad.
Al menos tuvo suerte de llamar la atención del otro guardia a la hora acordada. Si todo lo demás iba según lo planeado, Fuuta debía de haber hackeado correctamente –con la ayuda de Irie– la base de seguridad, mostrando un vídeo grabado previamente de Gokudera estando solo, vigilando el lugar, mientras la verdadera cámara se encontraba apagada.
Hayato posiblemente ya estaba en camino a donde estaban las personas que serían subastadas en los días próximos. Este tenía que evacuarlos de forma discreta con la ayuda del poder de Mukuro.
Todavía reía sin motivo cada vez que veía a esos dos y a Hibari actuar tan obedientemente (comparados a como suelen ser) cuando era una misión seria. Aunque nadie lo admitiera ni lo echara en cara, Tsuna daba miedo cuando entraba en modo jefe, y este no permitía ningún fallo. Todos sus guardianes eran testigos de ello.
Sin embargo, además de sólo cumplir órdenes, Takeshi entendía la razón del porqué esa misión era tan importante. Y concordaba con Tsuna en eso.
Recordando fugazmente el hecho de que en un principio él pensaba que todo aquello era un juego... Podía notar como todo había cambiado, pero no se sentía así. Ahora tenían muchas más responsabilidades, viajaban de forma frecuente a diversos países, incluso llegaban a matar si era necesario. Aceptaba que la vida que vivía en ese momento no era la más santa ni la mejor, pero tenía a sus amigos a su lado, y ellos lo tenían a él. Unos amigos bien extraños y raros, pero aun amigos después de todo.
El pelinegro compartía la vestimenta que todo el personal de seguridad usaba. Días antes había presentado su currículum junto con Hayato, haciéndose pasar por jóvenes ignorantes (y apuestos) que querían algo de dinero para comprar un departamento que compartirían estando en sus vidas de universitarios. Sabían que ellos necesitaban personal no-importante que podrían usar como chivo expiatorio si se presentaba algún problema. Tsuna les había dicho que era mejor destacar lo suficiente para no destacar.
Y sí, había funcionado.
Despejándose de sus cavilaciones, Yamamoto afiló la mirada al notar una figura con rostro robusto lleno de cicatrices aparecer por el pasillo, yendo en dirección a su compañero. No dudó. Ninguno de los arrogantes veteranos pudo siquiera notar que estaban inconscientes. Yamamoto Takeshi escondió toda prueba, y amarrando bien a sus sempais de trabajo, se dirigió al encuentro con el amante del boxeo. Ya había logrado dirigir la atención de los guardias para liberar a Gokudera. Ahora debía ir a proteger a los sujetos que estaban a punto de ser vendidos.
Realmente... el que los guardias hayan sido agrupados de dos ayudaba bastante en el plan.
Las cosas estaban yendo bien...
Tal vez... demasiado.
