El buscador de Slytherin
Londres es una ciudad fría y gris; en realidad, a vista de pájaro, parece un gigantesco entramado de edificios y comercios al que alguien ha colocado un filtro de tono azulado para que casi nunca brille el sol por completo. Pero justo ese día, el frío es especialmente intenso y las nubes están más bajas que nunca. En las calles apenas hay gente, y es que es tarde, y si no quieres que se te congelen los pies es mejor resguardarte en casa, quitarte los zapatos y calentarte con el fuego encendido de la chimenea. Todavía no es Navidad, pero los balcones y tiendas ya están decorados con bonitas luces de colores que hacen que se respire cierta festividad. Noviembre de 1979.
Tres figuras con capa se deslizan por una de las calles menos transitadas de la ciudad londinense; echan humo por la boca y tienen prisa. Su destino: un bar cualquiera en un callejón aleatorio. La puerta se abre.
Y ahora, queridos oyentes, disfrutemos de este invierno de frío extremo con el hit del año. Prepárense para bailar y agitar la melena al viento porque les dejamos con AC/DC. El hard rock nunca morirá y tampoco nosotros. Abran bien las orejas y disfruten de este temazo a las once de la noche. No bebas demasiado y si lo haces... ¡Procura no recordar nada a la mañana siguiente!
La radio está encendida; Highway to Hell rebota en cada pared del local y a las tres personas no parece importarles, porque sacudiéndose algunos copos de nieve se sientan en una de las mesas más cercanas a la barra.
- Todavía se sigue haciendo música buena, joder - el más corpulento de los tres sonríe con las dos filas de dientes al tiempo que mueve el pelo largo que le llega por los hombros -. Esto es lo que se necesita.
- He escuchado que ahora te pegas horas y horas con la radio encendida y que los vecinos van a echarte - el chico que está su lado, de pelo revuelto le da un codazo amigable.
- ¿Y quién te ha contado esa patraña?
- Yo - el otro se quita la capucha y deja al descubierto un rostro muy joven pero marcado por gruesas cicatrices.
- Pues eres un mentiroso, Lunático.
- Pero si cuando vamos en tu moto me haces lo mismo - el moreno protesta -. Es imposible escuchar ni el sonido del viento.
- Sois los dos unos estúpidos. Pero tú más, James.
- Yo es que siempre soy más que nadie, Canuto - James se vuelve hacia el camarero - ¡Tres cervezas aquí , por favor!
- ¿Qué tal está Lily? - Remus limpia con la manga de la capa una gota de alguna sustancia desconocida de la mesa de madera y esboza una mueca de asco - Me mandó una lechuza el otro día pero es que cierta persona que había decidido pasar el rato en forma de estúpido loquetúyasabes la asustó y...
- Pensaba que era un pajarraco sin más - se excusa Sirius.
- Bien - James sonríe y luego tuerce la boca -. Es una pesada. Quería venir con nosotros esta noche. Le he dicho que era noche de chicos y se me ha reído en la cara.
- Típico de Evans - Sirius saca un cigarrillo y lo enciende a la velocidad del rayo -. Pero haberla dejado venir, seguro que Remus y ella podrían hablar de sus cositas mientras tú y yo bebíamos hasta hartarnos.
- Me estaba preguntando... - Remus se lleva el dedo a la barbilla pensativo - ¿Por qué demonios te sigo aguantando después de tanto tiempo?
- Contestaría a eso, Lunático, pero está Cornamenta delante y es sensible.
- Seguro que es porque Remus es como el cloroformo y cuando se pone a leer te duermes al instante.
- No lo sabes tú bien, Jimmy.
- ¡Oye! - El rubio se molesta y casi ni se da cuenta de que el camarero deja tres jarras bien llenas sobre la mesa - Por cierto, me he comprado un libro precioso, se llama La Historia Interminable y creo que os podría gustar porque va de...
- ¿Y qué me decías de Evans, tío? -Sirius le pone la mano en la boca a Remus y mira a James con atención.
- Que últimamente se encuentra mal y me grita más que de costumbre "es que James, eres adulto no puedes seguir haciendo este tipo de cosas" y "es que James" y "es que James" ¡que el otro día me lanzó una maldición de mocos por poner los pies encima de la mesa de la cocina!
- Es que es insoportable que pongas los pies encima de la mesa de la cocina - apunta Remus -. En realidad de cualquier mesa.
- ¿Por qué lo dices? - Sirius esboza una mueca cuando coloca las dos botas, pesadas y sucias sobre la madera.
- Mira, cualquier día de estos te juro que te voy a...
- Y ayer vomitó.
I'M ON THE HIGHWAY TO HELL, OH THE HIGHWAY TO HELL
- Eso... - La piel de Sirius está blanca como la cal y sus ojos se hacen pequeños- Eso es porque le sentaría mal el estofado o algo. ¿Le diste de comer ciervo? Seguro que eso se le hace raro a la chiquilla.
- Vomitó. Tres veces. Y antes de ayer dos.
- Igual está enferma - apunta Remus con la boca entreabierta.
- O igual está emb...
- No, eh, no - James bebe un trago largo -. No sé si eso... Ay Merlín. Tenía que haberlo sabido. James Potter nunca falla. Nunca he perdido un partido. Nunca he fallado un tiro. Nunca se me ha escapado una snitch, ¡eso no tenía que ser diferente!
- En realidad sí que perdiste un partido.
- ¡Que te calles! ¿Pero qué voy a hacer? - Se angustia - Que Lily hace bien todo lo que hace, pero... ¿PERO YO?
- Y te ganó mi hermano. Regulus te ganó, James. Igual el retoño de Evans es también de Regulus. ¡VOY A SER TÍO POR PARTIDA DOBLE, JODER! - Golpea la mesa con la jarra y la cerveza le salpica el pecho.
- Remus, Lunático - James mueve la silla hacia él -. Ya que Sirius se encuentra bajo los efectos de la estupidez... Ayúdame.
- James... Se te da todo bien, esto no tiene que ser diferente... - Guiña un ojo - A no ser que te pase como en el partido que perdiste contra Regulus. Mira que perder contra Regulus...
- ¡ESO NO HABRÍA PASADO - se vuelve hacia Sirius airado - SI DESDE UN PRINCIPIO NO HUBIERAS AYUDADO A TU HERMANO EN ESAS PRUEBAS DE QUIDDITCH! ¡TRAIDOR!
- Eh, eh, Cornamenta, que de eso hace seis años. Relájate, que estamos en guerra.
- Además no le ayudó - interviene Remus - únicamente le animó.
- Y ESO ES AYUDAR.
- Creo que recordamos ese día de forma distinta, Jimmy.
- ¿Ah, sí?
James Potter sabe que Kennilworthy Whisp es un reconocido experto y un fanático del quidditch. Leyó Los asombrosos Wigtown Wanderers a la tierna edad de ocho años, Volaba como un loco a los nueve, y a los diez; Golpear las blugers: un estudio sobre las estrategias defensivas en el quidditch y Quidditch a través de los tiempos eran sus dos libros de cabecera allí en el Valle de Godric. El último todavía adorna el hueco que hay debajo de su cama en Hogwarts y todas las noches, cuando no consigue conciliar el sueño, le echa un vistazo. Las cubiertas fueron antaño verdes; ahora el marrón de la piel original se deja ver por las esquinas maltratadas con golpes, patadas y "Sirius, no lo toques es mío", durante los tres últimos años. La edición es lisa. Sabe que en la biblioteca hay una más nueva, con una snitch dibujada en dorado y el sello distintivo de que un libro es propiedad de Hogwarts, en el que advierte de que si osas romperlo, desgarrarlo, doblarlo, arrugarlo, estropearlo, mancharlo, emborronarlo, o arruinarlo, las consecuencias pueden ser tan desagradables que preferirás no haber sabido las partes de una escoba en tu vida. A James le gusta más el suyo. Le gusta mucho más porque en la portada, cuando su padre se lo regaló, dibujo con una pluma el escudo de los Chudley Cannons. Porque en el capítulo de "El desarrollo de la escoba de carreras", en la ilustración del resultado del conjuro del almohadón, inventado por Elliot Smethwyck en 1820, Sirius escribió en algún momento "esto es para que no se te clave el palo en el culo, que anda que no jode". Porque en una esquinita, al final del todo, un día se atrevió a escribir "Lily Evans" y decidió no borrarlo. Porque sorprendentemente, Remus introdujo, en el apartado que describe a su equipo favorito, un pequeño trocito de pergamino, que después él pegó a la hoja con un encantamiento permanente, en el que ponía con letra curvada "seguro que al año que viene ganan. Y como esto no tiene fecha, tendrá validez infinita". Porque es suyo y de nadie más. Y porque, qué diablos, es puñetero quidditch, y el segundo nombre de James es quidditch.
James Quidditch Potter, dijo el Sombrero Seleccionador.
Ese día es por la mañana, sábado, han desayunado y la comida se asienta en sus estómagos mientras reposan en la Sala Común de Gryffindor. Remus y Sirius juegan al ajedrez mágico al tiempo que Peter hace de juez y supervisor. De todos es sabido que Sirius Black es un tramposo cuando sabe que tiene las de perder y después de que la última vez Remus le sorprendiese intentando hechizar a su reina para que se suicidara, la principal norma de usar ese tablero de ajedrez, es que siempre tiene que haber alguien vigilando. James sin embargo, sentado en la silla restante, pasa las páginas de su ejemplar con avidez, intentando leer algo que se le haya podido pasar a lo largo de los años.
Tal vez una coma que le ofrezca el resultado de un partido perfecto.
Puede que un punto que contenga la fórmula secreta para ser el mejor jugador de quidditch de la historia de la magia.
- ¡Potter, Black! - Jack, el capitán del equipo de quidditch de Gryffindor y por lo tanto único puesto indiscutible se acerca a ellos con un pergamino en la mano - ¿Qué hacéis vestidos así?
- No sé - James se mira. Jersey del uniforme fruto de la pereza de elegir algo que ponerse. Vaqueros y zapatillas -, ¿debería haberme puesto algo con puntillas?
- Te dije que te pusieras los tacones de Peter, Jimmy.
- Emmm - Remus frunce el ceño -. Ese peón no estaba ahí. Sirius, ese peón no lo he colocado ahí.
- ¡LA EQUIPACIÓN! - Jack deja caer el pergamino sobre la mesa - Esta es la lista de todos los candidatos a entrar en el equipo y tengo que encontrarlos a TODOS porque Slytherin ha retrasado su proceso de selección dos horas y lo harán después de nosotros.
- ¡¿Entonces es en...?!
- En media hora os quiero en el campo de entrenamiento. A los dos. O a los tres. O... Eso, Peter Pettigrew. A ti también.
- Estoy totalmente seguro de que esa torre... - Remus sigue mirando el tablero perplejo.
- ¿Pero para qué tenemos que hacer las pruebas? - Sirius protesta con los brazos cruzados - Ya entramos en el equipo el año pasado.
- Estar en el equipo un año no implica estar al año siguiente. Hay que premiar el esfuerzo, Black. - Y se va escaleras arriba, hacia los dormitorios.
- En fin... - Sirius vuelve a centrar su atención en el juego - ¡Ja, já! Jaque mate, Lupin.
- ¿QUÉ? - Un alfil de Sirius obliga al rey de Remus a tirar la espada sobre los restos destrozados de su defensa de peones - No. Has hecho trampas. ¡Ni siquiera tenías ese alfil en juego hace un minuto!
- Pero qué mal perder que tienes, Remus.
- ¡Peter! - Se vuelve hacia el otro chico que parece confuso también - ¿Qué ha hecho? ¿Cuándo?
- No he visto nada...
- ¡¿Y para qué se supone que estás!?
- Merlín, Rem, que es solo un juego - y dice "Rem", y lo dice sin darse cuenta al mismo tiempo que coge a su amigo del cuello de la camisa y le empuja escaleras arriba, detrás de James, que sube los escalones de dos en dos.
Cuando los cuatro chicos están en el dormitorio, Sirius se quita la camisa por la cabeza con un gruñido y rebusca entre su baúl para encontrar el chándal que un año antes jurase no volver a ponerse en la vida. Se queja un buen rato, que si estos pantalones me marcan paquete de forma ridícula, que si las mangas me pican en las muñecas, que si la goma me aprieta en la cintura... Por su parte, Peter trata de atarse los cordones de las deportivas, con dedos temblorosos y sudorosos y gime en bajito.
James sin embargo, con calma se ajusta la camiseta por dentro de los pantalones y sonríe bien amplio cuando se coloca las gafas de jugar sobre el pelo. Remus le observa; en realidad parte de ese encanto que tiene James se resume en la imagen que ven sus ojos en ese instante. Un atuendo que le quedaría patético a cualquiera, los ojos entrecerrados a causa de la miopía, pero un aura de seguridad que se transmite con cada gesto. Es el poder del quidditch en James Potter. O el poder de James Potter sobre el quidditch.
Cuando los tres acaban de arreglarse, bajan corriendo de nuevo, y Remus va detrás con cuidado de no tropezarse con su propia capa al tiempo que tranquiliza a Peter, que al borde de las lágrimas berrea que otra vez va a quedarse fuera del equipo.
No tardan mucho en llegar al campo, y si no fuera porque hay un par de chicas de segundo bastante nerviosas dando saltitos en la hierba, serían los primeros. Remus suspira y les indica que se sentará en las gradas, como siempre, a observar. Los otros tres asienten; Sirius le da un codazo a James y se acerca con paso seguro a las dos chicas que les observan de reojo.
- ¿Así que queréis entrar en el equipo eh? - Pregunta con una voz que ahí y en el centro de Londres es excesivamente alta - Este y yo estamos ya en el equipo, pero tenemos que repetir las pruebas. Son las normas. Ya sabéis.
- ¡Sí! - Las dos se mueven inquietas - Tú... Tú eres James Potter.
- ¡Oh! - James empuja a Sirius con la cadera y se despeina el pelo delante de ellas - ¡En efecto! En carne y hueso.
- Y en estupidez - gruñe Sirius por lo bajo.
- TE VIMOS COGER LA SNITCH EN TODOS LOS PARTIDOS EL AÑO PASADO Y FUE INCREÍBLE Y POR ESO NOS QUERÍAMOS APUNTAR AL EQUIPO - grita la más pequeña de las dos, de pelo pajizo y ojos azules grandes.
- Bueno... ¡Eso no es nada! Ja, ja - ríe -. En realidad llevo volando en escoba desde que levanto un palmo del suelo... Soy muy bueno, la verdad.
- SÍ.
- Pero, ¿no sois las dos demasiado delicadas para un deporte como este? - James inclina la cabeza, poniendo esa cara de preocupación que a Sirius le gusta denominar como "te voy a reventar el jeto a puñetazos" - Podríais haceros daño. Dos chicas tan guapas como vosotras...
- Las chicas guapas también tenemos hueco en este equipo, Potter - una voz femenina surge a su espalda. No tiene que volverse para saber de quién se trata. No es como si pudiera olvidarse de ella. Claro.
- Ey... Noah...
- ¿Este año también nos harás ganar la Copa? - Le sonríe, pero por alguna razón, James prefiere dar un paso hacia atrás, resguardándose bajo el brazo de su mejor amigo - ¿EH? Seguro que tienes ganas de celebrarlo otra vez, ¿VERDAD?
- ¡Y con más cerveza de mantequilla que nunca, monada!
- Sirius Black eres...
- ¡Vamos chicos! - Jack aparece en ese momento, seguido de Gideon y Kirk, que hablan animadamente - ¡Es hora de empezar! En fila, en fila... Noah, por favor, apártate de Sirius, ¡Sirius apártate de Noah!
Un par de segundos después empiezan a llegar los nuevos candidatos y Martha llega corriendo y con el pelo por la cara un minuto más tarde. Jack les obliga a separarse según el puesto al que quieran optar, y James se sorprende cuando no hay nadie más para tratar de quitarle el puesto; "¿tengo que volar igualmente, no? Seguro que a la gente le gusta verme volar..." seguido de "Por supuesto que no, ¡ya no es necesario, James!". Una fracción de segundo después ya está malhumorado, sentado en un banco y con los brazos cruzados. Sirius por el contrario mira mal a un par de alumnos de cuarto y quinto respectivamente que mueven los bates en el aire con tanta fuerza que podrían partirle la mandíbula a alguien. A mí no, por supuesto. No soy un alfeñique.
Nadie habla cuando Noah se sube a la escoba y realiza unas anotaciones perfectas. James desde su sitio juzga, evalúa y concluye en que la chica ha tenido (por narices) que estar entrenando ese verano. Con alguien. Con alguien que se le da muy bien el quidditch. Por alguna razón un par de los movimientos le resultan extrañamente familiares, pero es incapaz de relacionarlo con ninguna persona con nombre y apellidos.
Las dos chicas de segundo saben, por lo menos, subirse a la escoba; pero desde luego su juego no es lo que podría llamarse limpio. James las mira con compasión y entrecierra un ojo cuando una de ellas se golpea la cabeza con uno de los tres aros del extremo derecho del campo. El turno de Peter es poco después, y en contraste con las chicas, no lo hace del todo mal. Sirius y James se llevan la mano a la frente cuando el chico deja caer una quaffle a pocos metros del suelo y se lanza en picado dándose un enorme trompazo.
El trabajo de Gideon y Sirius es impecable, y a pesar de que los otros dos candidatos no lo hacen del todo mal; superar al otro dúo es tarea complicada. Gideon se ha dejado el pelo más largo, patillas y barba creciente en el mentón; sus ojos azules chispean rebeldía y su cara llena de pecas es digna de prestarle atención.
La sesión finaliza mucho antes de lo esperado, y cuando lo hace, los tres chicos se encaminan hacia las gradas, donde Remus les espera, entre sonriente y cansado.
- ¡Ha sido muy bonito! - Dice con una sonrisa que grita "me he aburrido como un mono" por los cuatro costados - Especialmente... Especialmente cuando habéis hecho vuestras cosas y vuestros vuelos y vuestros aterrizajes.
- Merlín Santo, Lupin - Sirius se sienta a su lado -, menos mal que no te tienes que examinar de Quidditch porque te iban a poner el cero más grande de tu vida. Y esta vez sin uno delante.
- Ha sido un desastre, ¿verdad? - Peter se deja caer en el banco abatido - No es lo mío...
- ¡No ha estado tan mal! - James le da una palmadita en el hombro - Pero es difícil superar a las chicas y a Kirk... Y además Noah ha mejorado un montón... ¿Cómo será posible...?
- Porque Jack le ha estado dando clases - dice Remus sin entusiasmo -. Eso se dice al menos. Y yo les he visto más de un día entrenar en el campo durante estos meses.
- ¿QUÉ?
- ¡¿QUÉ?!
- Que yo les he visto más de un día entren...
- QUE YA LO SÉ PERO, ¿POR QUÉ IBA A DARLE CLASES JACK A NOAH? - James se lleva las manos a la cabeza - ¿POR QUÉ?
- No sé, James... La chica querría mejorar porque según dijo Mary MacDonald el año pasado el defecto de Gryffindor son sus pilladores - Sirius murmura "cazadores, Remus" - y lo mejor es pedirle ayuda al chico más experimentado del equipo. Es coherente.
- ¿PERO Y POR QUÉ NO A MÍ?
- No sé, Jimmy - Sirius le pasa el brazo por los hombros -, puede que porque la besaste y luego pasaste de ella. Anda que... Un hombre no hace esas cosas.
- No me toques las pelotas, Sirius.
- DÉJAME TOCÁRTELAS - Sirius se echa encima de él e intenta meterle la mano en el pantalón entre carcajadas.
- Cuando dejéis de ser animales - Remus señala el campo -, ¿ese no es tu hermano?
- Si tiene los ojos muy juntos es él - Sirius levanta el cuello con curiosidad -, es que nos viene de familia. Por lo del incesto generacional, ¿sabéis? ¡OSTRAS! PERO SI ES ÉL. Qué cabronazo.
- Últimamente vuestro vocabulario deja mucho que desear - Remus se queja con el ceño fruncido.
- El muy hijo de perra quiere quitarme el mérito de la familia, ya le vale.
- ¿Va a hacer la prueba de buscador? - Ahora el interesado es James - ¿Quiere perder contra mí o qué?
- Un Black nunca pierde, Potter. Seremos asquerosos, oleremos a polvo de panteón del siglo XVI, tendremos los pies planos y mentones tan grandes como nuestro ego, pero un Black, amigo mío, nunca pierde.
- No, si la dignidad la acabas de perder, desde luego.
- Cállate, que vuelves locos hasta a los pájaros.
Allí en el campo, figuras pequeñitas vestidas con un chándal de color verdoso se agrupan alrededor de un chico un poco más alto: el capitán de Slytherin. Hay más voluntarios que en las pruebas de Gryffindor "es porque se han ido dos tíos del equipo que estaban en séptimo", explica Sirius. Desde las gradas se distingue perfectamente al pequeño de los Black: delgado, no muy nervioso, al menos no lo parece, pelo corto oscuro y una escoba de entrenamiento propiedad del colegio. Es un segundo, pero se vuelve hacia ellos, con algo de desdén; elegancia más que otra cosa y luego vuelve a prestar atención a las indicaciones del capitán.
Cuando los cazadores hacen las pruebas, James y Sirius se ríen en las gradas a carcajada limpia; uno de los candidatos más jóvenes se cae de morros contra la hierba y varios dientes saltan al terreno de juego. También lloran lágrimas de diversión cuando uno de los golpeadores abre la caja de las bludgers y una de estas le persigue durante más de dos minutos hasta que el capitán consigue hechizarla y volverla a guardar.
- Chicos - Remus les da un codazo -, ¿no está prohibido ver las pruebas del resto de los equipos?
- ¿Eh? - Sirius suspira limpiándose los ojos - Sí, creo que sí, pero me importa bien poco.
- No quiero meterme en problemas.
Se levanta, se recoloca la capa del uniforme y la cinturilla del pantalón; porque a Remus siempre le van grandes los pantalones. Muchas veces Sirius dice que no importaría que se los hicieran a medida, que probablemente al día siguiente volverían a irle grandes. "Porque un Remus con la ropa no holgada es como un día sin pan, ¿entendéis?".
James es el primero en reaccionar y coge a su amigo de la cintura y le obliga sentarse encima de él, y como si fuera un niño pequeño le abraza tan fuerte que Remus suelta un ligero "agh", ahogado.
- Remus, tú te quedas.
- Que... Que me sueltes...
- ¿Te da vergüenza?
- No, ¡qué va! - Forcejean - Me encanta estar sentado en el regazo de un chico en público.
- Potter, ¿te has guardado la varita en el bolsillo o es que te alegras de ver a Remus? - Sirius señala con dedo acusador el pantalón de su mejor amigo y Peter y Remus entrecierran los ojos.
- No, es que te estoy mirando a ti, guapo.
- Me sonrojas - Sirius gira la cabeza y es entonces cuando se da cuenta de quién es el próximo en realizar las pruebas - CALLAD, CALLAD, QUE LE TOCA A RÉGULUS.
- Callad dice - Remus gruñe, sentado todavía encima de la rodilla derecha de James -, como si no fuera él el que está gritando, siempre igual...
Regulus se coloca la escoba entre las piernas, con cuidado, no muy despacio, pero tampoco excesivamente rápido; y es que parece que es consciente de que cada una de las personas que hay allí está fijándose en sus movimientos y desde luego no hay que ser un genio para saber qué es lo que está buscando.
El joven de los Black vuela bien; es evidente, sobre todo cuando James empieza a murmurar por lo bajo y a quejarse. No lo hace de la misma forma que el joven Potter, no con tanta soltura, no de una forma tan natural como él. Es algo más frío, más premeditado, técnico. Estudiado.
Sirius observa con la mano en el mentón al oponente de Regulus; un tío no muy grande de cuarto que se recoge el pelo largo en un moño en lo alto de la cabeza.
- ¿Por qué no se presenta ninguna chica al equipo de Slytherin? - Pregunta Remus curioso, observando que todos los presentes son del género masculino.
- Porque no dejan - explica James -. Creen que las chicas no tienen suficiente habilidad para montar en una escoba.
- Panda de imbéciles - añade Sirius -. Sobre todo ese, el del moño. Merlín, ¿en qué siglo los moños eran algo guay?
- En el mismo que los calcetines se llevaban por encima de los pantalones - ríe Remus en voz alta.
Sirius le mira y sonríe bajo, por la comisura izquierda, discreto, pero sincero.
Los dos buscadores están en el aire; Regulus por encima del otro chico. Y la snitch está en el terreno de juego. Vuelan en un par de círculos cerrados y se miran entre ellos, desafiantes.
- Potter, ¿la ves? - Sirius estira el cuello todo lo que puede.
- Entre los ricitos de Remus es complicado - el apelado aparta la cabeza hacia un lado -, pero no, todavía no.
- Avísame cuando la veas.
- Eso haré.
Pasa un minuto y todavía no hay señal de la brillante esfera. Todos saltan en el asiento cuando Peter exclama haber visto la snitch y James le da un puñetazo en la rodilla "es el puñetero reloj de Regulus, idiota". Los dos proyectos de buscador empiezan a ponerse nerviosos y la tensión se siente en el ambiente, como si se tratase de un verdadero partido de quidditch.
Y es un minuto, un minuto exacto después cuando...
- ¡Ahí! - Susurra James en voz baja - Justo ah...
Y es un minuto, un minuto y dos segundos después cuando...
Cuando Regulus Black gira el palo de la escoba y se lanza en una dirección tan rápido que casi tira de la escoba a su compañero Slytherin. Este, a ciegas sigue la misma dirección. Regulus se vuelve un segundo y frunce el ceño cuando el otro le propina un fuerte empujón que casi le hace caer de la escoba.
- ¡Pero será! - Sirius ya está en pie, con el puño en el aire.
Regulus mueve la boca, maldiciendo, pero no se da por vencido. Levanta el vuelo otra vez y con los ojos fijos en la pequeña pelota, persigue su objetivo. Porque eso es lo que les decía la señora Black a Sirius y Regulus día sí, día también. Les sentaba en la mesa del comedor, les apuntaba con la varita y lo repetía una y otra vez:
"Un Black siempre, y digo SIEMPRE, consigue lo que se propone. Así que más os vale ganar. GANAR. Siempre GANAR. Porque no seréis solo una vergüenza para la familia. Seréis una vergüenza para vosotros mismos"
Y Regulus quiere ganar. Quiere ganar a costa de cualquier cosa. La mano del otro está casi cerrándose alrededor de la snitch. Las alas rozan sus dedos cubiertos de guantes de cuero. Y Regulus se da cuenta de que está demasiado lejos. Entrecierra un ojo, como siempre que se esfuerza, y se aferra tan fuerte al palo de la escoba que cree que le van a sangrar los dedos.
Y entonces lo escucha.
- ¡VAMOS REG, HIJO DE PERRA!
Y no sabe por qué. Cómo. Es que ni siquiera se lo pregunta en realidad. Pero de dentro del pecho la energía brota de donde antes no había nada. Mueve el cuerpo hacia la derecha y golpea con el hombro el costado de su oponente, que sorprendido se desestabiliza. Y Regulus no va a dejar perder esa oportunidad.
Desde las gradas, los cuatro chicos de Gryffindor observan como el joven Black atrapa la snitch. Cómo aterriza entre aplausos y cómo los de su casa le dan la enhorabuena. Regulus no da las gracias. Es una norma no escrita de la dinastía Black: "nunca des las gracias y pidas perdón". James, Remus y Peter nunca esperan que Sirius les pida perdón por nada; tampoco es que le culpen. Como dice Remus "algunos tienen el hábito y otros no. Y sé que Sirius siente las cosas de verdad aunque no las diga". Así que normalmente, cuando el mayor de los cuatro se pasa de la raya, cruza la línea de lo permitido, simplemente les da un golpe en el brazo cariñoso, pone expresión de cachorro perdido y ellos saben que es todo lo que pueden esperar de él.
Regulus es igual; inclina la cabeza, un poco, y luego levanta la mano, agradecido. Pero sin palabras.
- Os lo he dicho, ¡un Black nunca pierde! - Sirius saca pecho con orgullo y se levanta para bajar de las gradas.
- Tu hermano es muy bueno, Sirius - Peter se coloca a su lado -, por un momento pensé que caería de la escoba...
- ¡Por supuesto que es muy bueno! ¡Já! Tiene mi sangre. Sangre podrida, pero sangre al fin y al cabo.
- Para odiar a tu familia estás demasiado emocionado, Sirius - Remus habla; camina al lado de James, que pelea con un mechón de pelo que el viento insiste en meterle entre las gafas.
- Regulus todavía puede salvarse, Lupin...
- Siempre me mira mal cuando me lo cruzo por los pasillos - gruñe James.
- Y a mí el otro día casi me escupe porque le recogí un libro que se le había caído al suelo. - Añade Remus dolido.
- James, no te miraría mal... - Sirius camina de espaldas y sonríe - Es que la gente cuando te ve por los pasillos se cree que te falta un hervor y sienten pena por ti.
- Gilipollas.
- Y Remus, es que no es por nada pero es bastante molesto que le recojas a la gente las cosas que se le caen.
- ¿Molesto? ¡Es un favor!
- Imagínate que se te cae un pergamino y Sucio Snape se te acerca y lo coge, ¿cómo te sentirías, Remus?
- Le daría las gracias.
- Mentirosillo.
- ¡Claro que le daría las gracias, Sirius!
- Bueno, Remus - ahora interviene James -, no sé yo eh... Es Snape. Seguro que te mancharía el papel con sus manos grasientas y - hace una mueca de asco y luego choca los cinco con Sirius.
- Ah - Remus frunce el ceño -, entonces me estáis comparando con Snape.
- ¿EH? - Sirius se detiene y abre mucho los ojos - NO, CLARO QUE NO.
- ¡Ni de coña, Remus! - Se disculpa James.
- TÚ NO ERES... Y TÚ NO VAS DE... ¡TÚ HUELES BIEN! - Sirius le da un puñetazo en el hombro.
Y ahí está su "Lo siento, Remus".
Recorren los jardines hacia la puerta principal del castillo, y solamente se detienen cuando el grupo de Slytherin les impide el paso. Ellos primero, por supuesto. Regulus va con ello, el capitán del equipo sigue alagándole "muy buena esa", "ha sido muy impresionante para alguien tan joven..." o "este año podremos ganar..."
- Reg.
El chico deja de caminar y se vuelve hacia su hermano con mirada severa que dice "Sirius. Estamos en público, ¿qué se supone que haces?".
- Hermano.
- Mmmm - Sirius vacila -, nada. Solo quería decirte que tampoco lo has hecho tan bien y que aquí el señor Potter - pasa el brazo alrededor de James - te va a patear ese culito noble que tienes.
- Entiendo.
- Pero que no lo has hecho tan mal, de todas formas.
El resto del equipo ya está cerca de la entrada; Regulus los mira por encima del hombro y luego pone los ojos en blanco.
- Sirius, sabes que esto no es necesario...
- ¿Esto qué?
- Esta escenita. Esto - se señala a los dos -, tú tratando de hacer que te importa un poco mi vida.
- ¡Pero si solo te he dicho que no lo has hecho mal! ¿Quién habla de que me importes?
- Oh - Regulus baja la cabeza y cuando la vuelve a levantar echa un vistazo a James, Remus y Peter. Uno a uno -, vale. Adiós, entonces.
Sirius frunce el ceño y se vuelve hacia sus amigos. James tiene el brazo apoyado en el hombro de Remus, con dificultad. Le mira seriamente, se baja la gafas a la punta de la nariz y esboza una mueca que dice "tío". A su lado, el propio Remus mueve la mano en el aire y hace una floritura que quiere expresar "Sirius, por favor".
El mayor de los Black suspira y luego sin siquiera girarse, grita:
- SEGUIRÍA VOTANDO POR TI, REGULUS.
Regulus se detiene un momento, sus hombros se encogen un segundo y luego sigue avanzando. Desde donde están los cuatro Gryffindor es imposible verlo, pero desde el otro lado, es difícil no distinguir la pequeña sonrisa que ilumina durante un par de segundos el rostro pálido del joven Black. "Votaría por ti, Reg". Recuerda perfectamente la primera vez que escuchó aquellas palabras.
Mansión de los Black, 1966: Sirius Black tiene 7 años y su hermano pequeño tan solo 6. Sentados en el suelo de la habitación de este último, juegan con los cosméticos que le han robado previamente a su querida madre. Regulus ríe cuando Sirius le empolva la nariz, "que me hace cosquillas". Su hermano le chista "que te calles o la harpía nos pillará". A Regulus Black no le gusta que la gente se meta con su madre, pero a Sirius se lo tolera. Porque es Sirius. Porque es su hermano mayor. Porque le quiere.
Regulus tiene el pelo corto, como siempre, pero Sirius se las arregla para pegárselo a la cabeza con un peine mojado y el resultado les agrada bastante a los dos. "Ahora sí, ahora sí que pareces el Ministro de Magia", dice el mayor.
- ¿Tú crees? - Regulus se mira en el espejo. Levita negra que su madre guarda para los entierros pero que a él le gusta usar a diario - ¿De verdad?
- ¡Por supuesto! Mírate, pero si pareces un señor mayor.
- Ministro Black - intenta poner voz grave pero a pesar de todo emite un sonido agudo -, ¿te gusta cómo suena? A mí me gusta cómo suena.
- Suena a señor mayor.
- ¿Crees que a madre le parecerá bien? Que quiera ser... Que quiera ser ministro.
- Seguro que sí - Sirius asiente -. Con tal de que tengas poder a esa señora le gustará todo lo que hagas. Eres su ojito derecho, ¿recuerdas?
- Lo siento, Sirius...
- ¿Sientes el qué?
- Que madre te gritara el otro día por mi culpa. Yo quería decirle que fui yo el que tiró el cuadro del abuelo pero es que me daba miedo y...
- ¡No te preocupes! - El Sirius niño sonríe ampliamente - Es mejor así, nos beneficiamos el uno al otro. Así cuando yo quiera galletas, se las pides tú, que seguro que te las da, y luego me las subes a mi dormitorio.
Regulus ríe en bajito y asiente. Se quedan en silencio un segundo y luego Sirius abre su boca, ya bastante grande.
- Pero tienes que prometerme que cuando seas Ministro de Magia no seguirás las ideas de madre sobre los muggles - se pone serio -. No me gusta cuando insulta a los niños del parque y eso...
- ¡Oh, no! No haré eso - Regulus le mira horrorizado -. Madre tiene razón en muchas cosas pero en otras no. Haré una ley para que los magos puedan usar coches de conducir de esos. A los muggles les gustan y parecen divertidos, ¿no crees?
- Y también motos.
- Y también motos, Sirius.
