De sentimientos va la cosa
Peter a veces piensa que si cualquier niño muggle recibiese, como le ocurrió a él tres años atrás, la carta de Hogwarts, su entusiasmo no tendría límites. Él mismo pasó dos noches seguidas sin dormir (bueno, puede que un poquito sí que durmiese), cuando un trozo de papel le dijo que pasaría los siete años consiguientes en la escuela de magia y hechicería más famosa de toda Gran Bretaña. ¿Quién no podría disfrutar de juegos de varitas, duelos clandestinos en los pasillos, sombreros de punta y compañeros con los que pasar el rato? Sin embargo, una de las cosas que Peter Pettigrew, junto a muchos otros alumnos, descubrió la primera semana que pisó el castillo de Hogwarts fue que a pesar de que la magia parece algo increíble, también es algo increíblemente teórico. Recuerda con amargura su primera clase de Historia de la Magia, con el profesor Binns; dos horas seguidas de mirar palabras sobre un libro de las que no entendía ni la mitad. Eso no fue lo peor, asignaturas como Encantamientos o Transformaciones que se suponían divertidas acabaron siendo un tostón y un gran obstáculo a superar. Tres años después, a Peter todavía le cuesta levantarse todas las mañanas a las ocho para poder llegar a tiempo a las clases. En realidad la mayoría de los días se quedaría debajo de las mantas e invernaría; porque a Peter no le gusta el frío. En una escala de cero a gustarle mucho muchísimo se encuentra en números negativos. Números negativos que son los que marcaría un termómetro si lo sacase por la ventana esa misma mañana.
- ... Y entonces le dije que le quedaba bien el pelo corto, que todavía es joven - la voz de James surge a través de la puerta, cuando él y Remus entran en la habitación, los dos ya vestidos y peinados (uno más que el otro) -, ¿eso te parece faltar al respeto?
- Bueno, James - Remus se ríe, y no parece que en su cara fina y con un par de cicatrices sean las ocho de la mañana entre semana -, creo que McGonagall es una mujer muy suya, y no creo que le haga gracia que le piropee un crío de trece años.
- ¡Pero que no la piropeaba!
- Glflaro gue la piropfeabas - Sirius se revuelve en su cama; calzoncillos, pelos en las piernas y baba en la comisura de los labios. Se limpia con las sábanas y parpadea un par de veces antes de continuar -. La miraste con esos ojitos que le pones a las chicas siempre.
- ¿Pero qué ojos? - James le tira un jersey de uniforme a su amigo - No sé de qué me hablas.
- ¡Esos! - Sirius se peina el pelo con ambas manos - Esos ojos odiosos de no haber roto un plato en tu vida. Esos ojos de sucia sabandija, Potter.
- No lo hago a idea - se queja -, ¿me los arranco?
- A Potter le gusta Minerva - canturrea Sirius mientras se empieza a vestir.
- ¡Qué pesado que eres!
- Oye Sirius - Remus se acerca a Peter y le golpea con el dedo mientras mira a su otro compañero -, no es por nada, pero el otro día me dijiste que a la profesora Sprout le sentaban muy bien ese par de orejeras que llevaba.
La carcajada de James es monumental, y Remus se le une, al tiempo que los gritos de protesta de Sirius inundan el dormitorio "PERO QUE YO NO DIJE ESO, MENTIROSO" y, después de más de tres minutos de batalla campal entre las camas, Peter ya es incapaz de seguir durmiendo y se ajusta la corbata con la mirada perdida en la pared, fruto del sueño.
Comparten desayuno, entre más discusiones y risas, y para cuando llega la hora de acudir a la clase de Defensa Contras las Artes Oscuras, Peter ya está bastante despejado, y sus compañeros mucho más que él. James le acompaña, en silencio, bostezando de vez en cuando; porque ese es el efecto que tienen los pasillos en su compañero de habitación. Efecto, que normalmente remite cuando aparece una cabellera roja, pero en esta ocasión, Peter está seguro de que ni la mismísima Lily Evans podría sacara James Potter del sitio en el que quiera que esté su mente en ese momento. Sirius y Remus caminan hombro con hombro, y el segundo habla con preocupación mientras el primero da tumbos, y a pesar de que Peter no le ve la cara, está seguro de que su expresión es de profundo aburrimiento, a juzgar por lo que alcanza a escuchar.
- En realidad, Sirius, no apruebo el sistema de castigo de Slughorn. Me parece muy bien que te haya castigado, yo también lo habría hecho. ¿Pero copiar muchas veces la misma frase? Es un castigo medieval. No se aprende, ¿entiendes?
- Entiendo, Remus...
- Pues si entiendes deberías quejarte - protesta el rubio -, deberías decirle que te haga copiar el temario. Seguro que si copias varias veces los ingredientes de una poción sacarás muy buenos resultados.
- Claro, Remus. La próxima vez que tenga las cejas pobladas de Slughorn encima de mí mientras se le hincha la vena del cuello al gritarme, le diré que quiero que me castigue de una forma más educativa, ¡anda ya!
Entran en el aula y cuando Remus se sienta en el primer pupitre, Sirius lo hace con él, y acto seguido, James y Peter ocupan los dos asientos justo detrás de ellos. El profesor Jeffrey llega tarde, para variar, pero en esta ocasión, aparece cargado con un montón de recipientes de plástico al tiempo que murmura que tiene una buena explicación. Después de casi tropezarse, deja todo sobre su escritorio y se vuelve hacia los alumnos recolocándose el pelo largo sobre el hombro.
- Remus, Remus, ¡recoge ese libro! Sí, sí, y vosotros también, Will, Lily... Eso, eso, ¡hoy no necesitaremos libros!
Si lo que esperaba el profesor Jeffrey en esa ocasión era una reacción normal y adulta, sin duda alguna no debería haber dicho la oración "hoy no necesitamos libros", delante de Sirius Orion Black. El chico se sube a la silla y aplaude con los brazos en alto; y James, desde su asiento empieza a silbar y a animarle para que continúe con su danza.
- POR FAVOR POR FAVOR - el profesor levanta las manos e indica con un gesto a Sirius que se calme -, no usar libros no significa que vayamos a montar una fiesta, Sirius.
- Pues vaya.
- Hoy iremos al Lago Negro - explica -, ¿qué os parece? ¿No es emocionante?
- ¿Al Lago Negro? - Lily Evans levanta la mano confundida - Pero señor, profesor, ¿no es un sitio peligroso para dar clase?
- ¡En absoluto señorita! - El profesor sonríe ampliamente y da un par de golpecitos en su escritorio antes de coger su varita y empezar a escribir en la pizarra - Hoy vamos a estudiar una de las criaturas más curiosas que a mi parecer existen en Hogwarts.
- ¿Vamos a estudiar a McGonagall?
- Sirius Black, me vas a obligar a castigarte.
- Vale, vale...
- Todo el mundo sabe que en Lago Negro viven...
- ¡SIRENAS! - Grita Mary MacDonald.
- Sí, sirenas sí pero...
- Y TRITONES - añade James Potter.
- Sí, sirenas y tritones pero...
- Y el Calamar Gigante, profesor - apunta Remus.
- Ya, ya sé que esas cosas viven en el Lago Negro, ¡pero no me refiero a eso! Son unos seres mucho más pequeños. Diminutos. Como un dedo meñique de largos y se llaman mudlergs
- ¿Eh? - Ignotus Lorean, un Slytherin de ojos pequeños sisea desde su pupitre compartido con Lucius Malfoy - Creía que estábamos estudiando Artes Oscuras.
- Defensa Contra las Artes Oscuras, Ignotus - le corrige el profesor -, y sí, ¡no te has equivocado de clase! Los mudlergs son fundamentales para esta asignatura, y antes de pasar a estudiar las bestias mayores a la vuelta de vacaciones de Navidad, quiero que todos comprendáis su existencia. Así que vamos, ¡grupos de cuatro! - Se les queda mirando y con cierta pesadez los alumnos empiezan a moverse - No, no, no, los grupos los voy a hacer yo.
Cuando el profesor Jeffrey señala con el dedo a Sirius, este se pega instintivamente a Remus y busca con la mirada a James y Peter.
- Oh, no, no, no... No quiero que tires al pobre Remus al lago... ¡Cloud, Mark y Ashley, por favor! Venid, venid - junta a los cuatro alumnos, que se miran con cierto desagrado y sonríe -, ¡qué bonita estampa!
Sirius gruñe por lo bajo. Mark Phillips es un Slytherin de los pies a la cabeza, Cloud Landon se queja de absolutamente todo lo que le rodea y Ashley Jones le parecería una buena compañera únicamente si fueran a estar solos y durante unos veinte minutos.
A Peter le toca con una emocionada Mary MacDonald, un asqueado Severus Snape y una chica de Slytherin que lleva el pelo recogido en un alto moño.
El profesor continúa haciendo los grupos, y después de tres minutos exactos, se acerca a donde Remus y James esperan pacientes y les señala a sus dos compañeros. James no dice nada cuando Lily Evans levanta la mano en forma de saludo, pero sin embargo le da un golpe en el hombro a William "Will" Spyke; ojos marrones, pelo del mismo color y tan solo un poco más bajo que Remus. El chico sonríe ampliamente a sus compañeros de Casa. A James le gusta Will; el joven Gryffindor es de padres muggles, "dentista y dependienta", les explicó uno de los primeros días en los que se conocieron. Y sobre todo, es un gran fanático de todo tipo de cómics y viñetas. Así que, tan fácil como que dos más dos es cuatro, William Spyke es compatible con James Potter.
El profesor Jeffrey les entrega a cada dos (Remus y Lily se ponen juntos y James y Will por otro lado; y a Sirius no le queda otra que juntarse con Cloud entre un montón de protestas por ambas partes) un recipiente vacío, y con un gesto de brazo les indica que se pongan las capas y que le sigan hacia los jardines. Hace frío en los terrenos de Hogwarts; pero tienen casi catorce años, su sangre arde en las venas y muchas ganas de no dar clase entre cuatro paredes, así que no les supone problema alguno, correr hacia la orilla y tras varias indicaciones de cuidado y alerta por parte del profesor de Defensa, empezar a intentar capturar los primeros especímenes.
En un par de intentos, James se hace con el suyo y Will y él observan el pequeño anfibio que aletea de un lado a otro en el ahora ya cerrado recipiente. Lily y Remus por otro lado miran el agua con cierto reparo.
- El agua no muerde, chicos - Will señala otro animalillo que acaba de dar un salto - ¡ahí hay uno!
- Uhmmm... - Lily entrecierra los ojos.
- Es que... - Remus se queja.
- Venga, Remus - Lily sonríe a su amigo cogiendo una de las pequeñas redes que tienen que usar -, si yo lo intento tú también, ¿vale?
- Está bien...
La pelirroja se pone de rodillas sobre la orilla y con un movimiento certero intenta atrapar a la criatura que parece que se burla de ella y desparece con una salpicadura. Lily es persistente, y le gusta que le salga bien las cosas, así que durante casi diez intentos prueba una y otra vez, hasta que finalmente le pasa la pequeña red a Remus. El chico no es mucho más habilidoso, pero con gran suerte, después de doce errores, consigue que un pequeño bicho caiga en su poder.
- ¡Fantástico!
- ¡Genial!
James los mira con los ojos entrecerrados y vuelve su atención a su propio trabajo, y a su compañero, que sentado en el suelo mira con curiosidad la actividad del inquilino en la caja de plástico.
- ¿Y ahora qué tenemos que hacer? - Pregunta Will observando al resto de compañeros.
En el grupo de Mary todos lo han conseguido satisfactoriamente; en el de Sirius... no tanto.
Cloud y Sirius no se ponen de acuerdo sobre quién tiene que utilizar la red; el primero insiste en que "con esas manazas es imposible que pilles ni un resfriado, Black", y el segundo grita a unos niveles y con una falta de vocalización que ni un inglés medio sería capaz de entenderle.
- Te vi el otro día leyendo un tebeo de Spiderman - Will llama la atención de James -. Creo que después de Navidad me traeré otro arsenal, por si quieres que te los deje.
- Eso molaría - James observa que el profesor Jeffrey les explica a unos Slyhterin que lo que tienen que hacer es apuntar en una hoja las medidas y todos los datos que puedan conseguir del animal -, mi colección es bastante reducida, ya sabes... No sé muy bien cómo comprarlos, ¿hay tiendas solo de eso no?
- Sí claro. Me resulta increíble que no sepas estas cosas - Will capta la mirada intensa de James que dice "llámame estúpido otra vez y te apaleo" y se apresura a explicarse -, me refiero a que es curioso, que igual que yo no sé nada sobre los magos, vosotros tampoco sepáis nada sobre los muggles. A pesar de que los dos mundos están muy conectados.
- Oh - James sonríe de nuevo -, ya. Es que yo vivo en un pueblo desde siempre. Y ya sabes... No es como si vendieran cómics en cada esquina.
- ¿De dónde eres?
- El Valle de Godric.
- ¡Wow! - Will abre mucho los ojos - Eso... ¡Allí nació Gryffindor!
- Eso se dice...
- ¿Es mentira?
- No lo sé, no estaba vivo en el siglo X, pero seguro que Dumbledore sí y te puede ayudar.
Se echan a reír y lo que les hace callar no es otra cosa que un chillido de Lily Evans.
James Potter en el año 1973 era un adolescente normal; cinco sentidos, alguno más desarrollado que otro. Mala vista, buen oído, olfato infame; gusto no muy exquisito pero correcto uso de la lengua. Sin embargo, hay algo con lo que se nace, y ese algo es el instinto. Años después, James Potter tendría un sentido humano muy desarrollado; eso en lo que todo el mundo justificaría su talento para jugar al quidditch, pero también, y en secreto, poseería un fino sentido animal. Los ciervos son presas de prácticamente cualquiera dentro del reino animal y fuera de él. Primeros escalones de la cadena alimenticia. Y sin embargo, son criaturas sorprendentemente protectoras. Es bien sabido, que los machos, cornamenta gigantesca, líderes de la manada son animales fieros cuando un ejemplar de su familia es amenazado. James Potter al día de hoy no sabe nada de eso, no hay gota de bestia en sus venas y lo único que considera familia está lejos en el Valle de Godric y un poco más cerca a unos cuantos pasos en la orilla del Lago Negro, y a pesar de todo, la voz de Lily Evans es como un silbato. Y sobre todo, el miedo en la voz de Lily Evans es una señal de aviso tan grande que se vuelve hacia ella tan rápido que Will da un salto.
Se sorprende, sin embargo, al encontrar a la chica, con el pequeño anfibio entre las manos, ojos verdes muy abiertos y una expresión que parece una mezcla entre un dolor de tripa muy fastidioso o un estornudo que no se atreve a salir.
Y luego simplemente ocurre.
Cuando James vio por primera vez a Lily Evans, ella llevaba el pelo más corto que la última vez que la vio en la tenue oscuridad de un salón. Cuando James vio por primera vez a Lily, tenía los ojos verdes tan grandes que le pareció que quedaban raros en esa cara de nariz tan pequeña; la última vez que los vio le pareció que nunca invirtió demasiado tiempo en dibujarlos. Que una habitación en el Louvre llena de pinturas sabría a poco.
Pasó mucho tiempo desde la primera vez que James Potter vio a Lily Evans hasta la última mirada que compartieron. Palabras de indiferencia, palabras de odio, palabras de amor. Palabras. Y palabras fueron lo que durante mucho tiempo James escuchó sobre Lily Evans: Lily, la chica más guapa del curso. Lily, la chica de los ojos bonitos. Lily, la prefecta pelirroja. Lily Evans, la más lista de su promoción. Lily Evans. Evans, Lily. Y sí, James Potter también gastó horas en admirar todas esas cosas; el pelo rojo, las pecas, la nariz, las manos finas, las piernas bonitas. Y los ojos. Los famosos ojos de Lily Evans. Pero, si a James, tanto la primera vez que vio a Lily, como la última vez que lo hizo, alguien le hubiera preguntado qué era lo que más le gustaba de ella, la respuesta no habría sido: sus ojos. No habría sido esa ni de lejos.
Porque Lily es ojos, y Lily es belleza, y Lily es gracia y Lily es curvas, y Lily es inteligencia en un frasquito pequeño dispuesto a golpearte con fuerza. Pero sobre todo, Lily es risa. Es carcajada. Es felicidad. Tal vez, durante todo el tiempo que Lily Evans, ángel caído del cielo pisó la Tierra, muchos se enamoraron de sus ojos, de su pelo, de su espalda, de la curva del cuello, de su nariz, de sus pecas... Pero tal vez, solamente James Potter se enamoró perdidamente de la risa de la chica, de la forma en la que los labios se le curvaban hacia arriba y pequeñas arrugas en la piel. De esos dientes no perfectos pero sí blancos y rectos.
Muchos adorarían esos ojos a la vista de cualquiera, ese pelo rojo de revista que a kilómetros se dejaba ver. Pero es que, a lo mejor, solamente James Potter, fue el único chico que verdaderamente vio a Lily Evans reír durante horas, el único que escuchó la risa cantarina en su oído en tantos lugares distintos que perdió la cuenta. James habría regalado los ojos de Lily a cualquiera con verla sonreír una vez más. Y probablemente, una de las razones por las que James, "Cornamenta", "eres estúpido", "es que no hay nadie más bobo que tú" Potter, nunca jamás dejó de ser ninguna de esas cosas, es porque siempre que lo era, la risa melódica, cristalina, repiqueteo de campanillas de Lily Evans, le llenaba por dentro. Y siempre, siempre, desde siempre y para siempre, James consideró que eso, que esa pequeña parte de Lily que sin embargo la hacía la chica más preciosa del mundo, era suya, y solo suya.
Y ahora Lily ríe. Se ríe mucho y muy alto; pero con una cara de incredulidad que no cuaja demasiado con la situación. Remus a su lado la mira preocupado y niega con la cabeza sin comprender.
- ¿Qué le pasa? - Will se acerca a ellos y James le sigue.
- No lo sé... ¿Lily? - Remus insiste.
Pero ella no contesta, con la mano en la boca continúa riéndose a carcajadas y los ojos llorosos.
- Igual te ha visto la cara y le ha entrado la risa, Remus.
La chica sigue con su tarea, pero frunce el ceño en dirección a James, que se disculpa levantando las manos.
- ¿Qué ha pasado? - Will trata de relajar la situación, pero con Lily riéndose es complicado hasta hablar.
- No lo sé - Remus se mira las manos desconcertado -, estábamos mirando el recipiente y entonces el mudlerg ha saltado y Lily lo ha cogido y no deja de reírse.
- A- A- Ayuda - Lily intenta apartar el animal que se le sube por el brazo.
Muchos hablarán de la heroicidad de James Potter tiempo después, pero sin duda alguna, lo de héroe le venía ya con el chupete. El chico, sin pararse a pensar si a Lily le puede molestar o no, atrapa al animal y lo tira de golpe al recipiente. Y es entonces, que los cuatro se dan cuenta de que no son los únicos que se encuentran en una situación similar.
Severus Snape, varios metros más alejado, se retuerce en el suelo casi incapaz de respirar. Sirius Black zarandea a Ashley que ríe a carcajada limpia. La misma escena se repite una y otra vez, entre uno o dos miembros de cada grupo.
James se vuelve cuando siente la mano de Remus en su hombro, conciliador. El chico se arrodilla a su lado y con cuidado, coge una de las pinzas que hay en el suelo y pincha con cuidado el cuerpo del anfibio. Segundos después una pequeña capa de polvo comienza a subir a sus narices y los dos chicos se apartan alarmados.
- Es el bicho - dice James -, es el bicho el que hace reír.
- Tiene una capa extraña alrededor de la piel que provoca las carcajadas - añade Remus -, tiene que ser algún tipo de defensa. Se habrá creído que Lily estaba intentando atacarle. Pobrecito.
- ¿Pobrecito? - Will se aparta de las dos cajas de plástico - Mírala, no puede casi ni respirar todavía.
Lily, con la boca tapada se recupera; ojos llorosos y mejillas sonrosadas. Con el paso de los minutos consigue volver a la normalidad y entre ella y Remus, comienzan a apuntar cosas en una libreta. James y Will no les imitan, en su lugar, se sientan en silencio, observando cómo el resto de grupos intentan averiguar lo que está pasando.
De vez en cuando, a James se le van los ojos a la pelirroja y a su amigo; se ríen juntos (y ahora por nada provocado por un estúpido anfibio mágico), Lily le toca el hombro dulcemente a Remus, y él le devuelve una sonrisa que jolín es encantadora y luego se miran y a cada mirada el estómago de James se retuerce y se enreda y si no tiene cuidado las tripas se le van a salir por la boca.
Pero no es nada. Remus y Lily son amigos. Remus me lo ha dicho. No son nada más que amigos. Amigos que les gusta toquiñearse y reírse como idiotas y quedar por las tardes para dar paseos como dos lunáticos enamorados. Pero solo eso. Amigos. s.
Se autoconvence de mala manera. Porque si no lo hace probablemente acabe debiéndose a la locura. Afortunadamente, la clase no tarda mucho en acabar, y James siente que deja un gran peso allí, en el Lago. Escondido entre la hierba. Porque, evidentemente, nunca jamás le dirá a Remus sobre esos estúpidos pensamientos que se le pasan por la cabeza de vez en cuando y que sabe que no tienen nada que ver con la realidad.
Sirius no tarda en unirse a él, vena del cuello hinchada y boca cargada de tacos y protestas: "esta gente es gilipollas, te lo juro. Es que más tontos y nacen por el culo", dice moviendo mucho los brazos, "y entonces va la tía y se empieza a reír, ¿sabes? Y le digo, oye mamarracha, ¿puedes hacer el favor de concentrarte en la tarea?, porque joder, no es que a mí me interesen mucho las clases, pero ya sabes que le tengo respeto al tipo este, Jimmy. Que no me ha hecho nada. Todavía tengo honor a pesar de apellidarme Black". Y después viene la segunda parte mientras continúan de vuelta al castillo "y encima el anormal ese de Cloud me viene y me dice que no sé hacer las cosas bien. Y me lo dice él. Zopenco. ¿Quién se cree? Tiene cara de imbécil. Con esos ojos juntos y la barbilla puntiaguda. Mucho ego, Potter. No sé cómo caben en el dormitorio con la cantidad de ego que tiene. No tendrá abuela, o eso espero. Joder".
Y repite el "joder" unas cuantas veces más. James no cree que Cloud tenga mucho ego, al menos no mucho más que Sirius. Pero claro, no tiene humor para discutir con su mejor amigo ahora, porque tiene otras cosas en la cabeza. Otras cosas de mayor importancia que una disputa estúpida entre estúpidos.
Es martes, así que, como cada martes, todavía tienen que pasarse dos horas en clase de Encantamientos hasta que llegue el turno de comidas y después dos magníficas sesiones de Cuidado de Criaturas Mágicas y Pociones.
El profesor Flitwick decide deleitarles con una clase teórica. Los ronquidos de Sirius Black acaban por alterar al pequeño petirrojo que el diminuto profesor ha comprado "para animar la clase" y Gryffindor pierde cinco puntos. Nadie hace mucho drama porque tres segundos después, Remus Lupin los recupera contestando correctamente a una pregunta que una Hufflepuff asegura que no aparece en su manual de hechizos. Lily felicita a Remus por su logro con una caricia en la espalda, y James se plantea meterse la varita hasta el cerebro.
Con suerte, la siguiente clase no la comparte con los dos cerebritos, así que no tiene que pensar en nada aparte del trozo de excremento de hipogrifo que la profesora les hace analizar durante casi dos horas. Es una ventaja tener a Sirius al lado, porque él se encarga de colocarse los guantes y rebuscar entre lo que es mierda pura para acabar por apuntar varias cosas en una hoja de papel y después tratar de molestar a Mary MacDonald con los restos que le quedan entre los dedos. "Eres un cerdo, Sirius Black".
Pelean, se gritan, pierden diez puntos y Peter acaba cantando eso de "los que de pequeños se pelan de mayores se morrean", lo que le vale un puñetazo en la barbilla cortesía de Sirius y un pisotón por parte de una enojada Mary. James, que es un chico sencillo al que le gusta disfrutar de las buenas oportunidades, se une a la fiesta con una colleja que resuena en toda Escocia.
Pociones es otro cantar, POCIONES, con mayúsculas. Con letras capitales. James preferiría beberse un vaso de escupitajos de leprechaun antes que pasar dos horas en las mazmorras con los cretinos de Slytherin. Y para colmo solamente tienen que preparar una estúpida infusión de ajenjo que se le acaba quemando. Definitivamente esa asignatura no es para él. La odia. Odia los vapores. Odia que se le rice el flequillo. Odia el olor a vómito que sale de los cajones de ingredientes. Odia el pelo de Snape, brillando grasiento en la oscuridad. Odia la madera de la mesa, quemada y rayada por los cuchillos de plata. Odia todas y cada una de las cosas que hay en ese aula. Pero lo que más odia, incluso más que el tufo a rancio que desprenden los sobacos de Severus Snape cuando pasa a su lado moviendo los brazos y diciendo "profesor, profesor, ya he terminado", ES QUE SE LE EMPAÑEN LAS PUÑETERAS GAFAS. Es puto miope. De nacimiento. No ve un pijo si no las lleva. Y le cansa tener que limpiarlas en la capa continuamente. Una y otra vez. Estaría más cómodo arrancándose los ojos y utilizándolos de lupas.
Esa tarde, deciden quedarse en la Sala Común. El plan es acabar los deberes, pero a la hora de pasar a la acción las cosas son muy distintas. Sirius está tirado en uno de los sofás, con un lapicero muggle que ha robado de algún lugar encima de los labios; juega a ver cuánto rato puede aguantar así. El récord está en cinco segundos. No es muy habilidoso que se diga, el tío. Peter aplaude cada vez que el lápiz cae a la alfombra, lo recoge y lo vuelve a colocar en su sitio. James y Remus están sentados en la mesa; el primero dibuja con su pluma en una esquina del pergamino y el otro repasa con el dedo lo que parece un libro muy gordo probablemente extraído de la biblioteca.
James levanta la vista para mirarle de vez en cuando, pero cuando se encuentra con sus ojos azules no le queda más remedio que volver a la tarea. Es inútil contar la cantidad de veces que ocurre eso, o que sin querer le golpea la pierna por debajo de la mesa y le pide perdón. Como si alguna vez hubiera tenido que pedirle perdón por algo así.
- ¿Quieres que te corrija la redacción? - Remus rompe el silencio y le mira con una sonrisa bien amplia. Y el corazón de James se encoje, y se retuerce.
- Sí, claro.
Y le entrega el pergamino. Así por lo menos tiene una excusa decente para observar a su amigo sin que parezca un desquiciado mental. Dedos largos recorriendo cada una de las líneas, labios rosados que se moja con la lengua cuando intenta cambiar alguna palabra con la pluma. Remus tiene la nariz larga; siempre lo dice Sirius: "la napia del Lupin". Pero a James le parece que hay algo mágico en el joven licántropo. Tal vez sea el brillo de la Luna en su piel que nunca acaba de desaparecer. Puede que sea el hecho de saber que una vez al mes es un ser completamente diferente y que todavía es un misterio para él. A lo mejor es simplemente que Remus es distinto a cualquier persona que haya conocido en su vida, y que para bien o para mal, eso le hace increíblemente especial. Espera que no sea porque le recuerda irremediablemente a Lily. A sus libros. A sus poetas. A su música. Incluso a su sonrisa. Remus no tiene malicia. Y James sabe que eso es lo mejor de él. Un día, Sirius le preguntó que qué haría si el secreto de Remus se viera expuesto y tuvieran que tomar una decisión. James no dudó en contestar que haría lo imposible por continuar al lado de su amigo. "Porque para eso somos amigos". Y es muy obvio y es una evidencia tan clara en su mente como el agua. Y mataría por Remus. Y se dejaría matar por Remus. Porque el mundo merece disfrutar de Remus Lupin más tiempo que de James Potter. Eso lo sabe. Lo sabe en silencio. Y no lo dirá nunca. Porque sabe que Remus se ofendería. Pero es que a Remus le ofenden las verdades. Le ofende que le digas que tiene los ojos bonitos, que esa cicatriz en el lado derecho del labio puede gustarle a las chicas, que tiene una voz como las que se escuchan en las radios muggles. A Remus le molesta que la gente le diga cosas bonitas. Y a pesar de que James trata de intentar empezar a comprender el por qué, en el fondo se niega a aceptar esa queja. Porque Remus es genial. Y cuando lo dice lo hace de todo corazón. Porque es el más Gryffindor de todos. Porque le quiere.
- Está bastante bien - el auténtico Remus le devuelve a la realidad -, yo he puesto prácticamente lo mismo pero...
- Pero...
- Pero sigues teniendo los mismos problemas de ortografía que siempre - esconde media sonrisa -, es más, diría que esto no es ortografía; ¡es horrorgrafía!
Durante casi cuatro segundos lo único que se escucha es el crepitar del fuego. Si hubiera grillos, habrían montado una orquesta. Pero no hay. Pero sí que tienen a Sirius Black. Que para el caso, sirve de algo parecido.
- MERLÍN SANTO, REMUS LUPIN - el muy bestia se quita un zapato del uniforme - MILES DE CHISTES EN EL MUNDO CON GRACIA Y VAS TÚ Y DICES ESA MIERDA - y lo lanza.
El zapato vuela por toda la habitación y Remus agacha la cabeza antes de que se la arranque.
- ¡¿Estás loco?!
- ¡Tú sí que me vas a volver loco!
James se levanta para coger con la mano el calzado y lo devuelve con toda la fuerza en dirección a Sirius, que al contrario que Remus segundos atrás, no puede esquivarlo y le golpea en la tripa.
- PERO TE MATO - berrea incorporándose y empujando a Peter con la mano izquierda.
James no piensa, ya no hay Lily y Remus, ya no hay Remus y Lily, únicamente hay "Sirius me quiere reventar la cabeza". Así que coge a Remus de los hombros y se coloca detrás de él.
- Oh, no, cariño - Sirius se ríe -, esta vez ni el blandengue de Lupin te salvará de una muerte lenta y dolorosa.
- ¿Pero por qué me metéis a mí en medio? - Remus sin embargo no hace nada para evitar que James le use como escudo.
- Tú lo has empezado, guapo.
- Disculpa, Sirius, pero el que ha actuado como un borrico has sido tú - frunce el ceño -; si los cromañones no tiraban zapatos es porque no llevaban.
- Te lo tendría que haber metido en la boca, a ver si la cierras algún día.
- Eres un desagradable.
- Y encima eres muy feo - James le vacila -, eres tan feo que nadie se atreve a decirte lo feo que eres. Feo. Más feo y no naces.
- ME CAGO EN LA PUÑETA TE VOY A PARTIR LOS HUESOS DEL CUELLO.
- Cómo si pudieras, ¡ja! La gente fea no puede romper huesos. Rompen espejos.
- ¿Sabes por qué no le gustas a Evans, Potter?
Juego peligroso.
- Cuéntame.
- Porque eres como yo, idiota - Sirius mueve las manos en el aire como si espanta moscas -, porque eres más bobo que bobo. Porque apenas sabes leer cómo vas a saber escribir. Sujetas la varita con la mano izquierda, ¿nadie te ha enseñado a usar la mano de verdad o qué?
- James es zurdo, Sirius.
- Y bobo, James es bobo.
- Te estás pasando - James deja caer los brazos a ambos lados.
- No me estoy pasando - Sirius le señala con el dedo índice -, te digo esto porque me importas tío.
- ¿Insultándome?
- ¡Abriéndote los ojos! No le gustas a Evans y no le vas a gustar jamás, ¿y sabes por qué?
- ¡PUES SI LO SABES DILO, COÑO!
A esas alturas de la conversación, James y Sirius tienen las narices casi juntas, y Remus se ha apartado un poco "por si las moscas". Si va a caer una bomba nuclear, no quiere estar en el radio de alcance.
- Porque no eres Remus.
PAM. Ni radio de alcance ni nada. En toda la cara.
- Vale - James se aparta. Con un nudo en la garganta. Quiere llorar, claro que quiere llorar, pero no piensa darle la satisfacción a ninguno de los que está en esa habitación -. No me has descubierto la Piedra Filosofal, Sirius.
- Entonces eres más idiota de lo que pensaba.
James no dice nada; de mala gana coge el pergamino que ha estado corrigiendo Remus y sube escaleras arriba, al dormitorio. Probablemente a enterrarse entre las mantas hasta que se le acabe el oxígeno y su cerebro muera en agónicos suspiros.
Suena como un buen plan.
Se quita las gafas antes de lanzarse contra el colchón y arremeter a puñetazos contra la almohada. Porque Sirius es idiota. Porque es gilipollas perdido. Pero es que tiene razón. Y eso es lo que más le cabrea de todo. Que el muy subnormal no está equivocado en nada. Tal vez sea hora de que asuma que no va a poder coger los mechones de pelo rojo de Lily entre los dedos, que no va a verla sonreír por las mañanas, que no podrá ver su espalda al descubierto, que nunca jamás la besará o la abrazará. Tal vez sea hora de ser realista, de dejar ese mundo de fantasía en el que lleva viviendo tres años y comprender que Lily y él no están hechos el uno para el otro. Al menos en esa dimensión.
Se limpia la nariz cuando escucha un pequeño ruido en la puerta. Pues no quiere hablar con nadie. Que les den. A todos.
- James.
La voz de Remus suena casi en su oído. Su reacción es taparse con la almohada.
- Escucha - al chico no parece importarle su reacción infantil -, Sirius es un poco... Bueno, un mucho, imbécil la mayoría de las veces. Sé que tú lo sabes mejor que yo, pero también sé que no estás tan acostumbrado a que su estupidez te toque de frente como lo estoy yo. Él no quería decir lo que ha dicho.
Si esperas respuesta lo llevas claro.
- Sirius no sabe nada de la vida, ni sabe nada de chicas ni de querer a alguien o que te guste una persona - sigue. El tío es persistente -. Sirius no sabe lo que es que te tiemble el pulso cuando ese "alguien" te pide que le prestes una pluma. No sabe lo que es que te montes cien historias diferentes en la cabeza por una única mirada compartida. Y por supuesto, tampoco sabe demasiado bien lo que es pensar que una persona es la más maravillosa del mundo, con sus defectos y virtudes.
Silencio de nuevo.
- Y yo sólo quería que supieras que Sirius no tiene razón y que si tú fueras yo entonces te darías cuenta de que a Lily no le gusto, y que gustar es una palabra que todavía se me escapa un poco - suspira. James le escucha suspirar -. James, no me gusta Lily. Bueno, creo que ella es maravillosa, creo que tiene una voz dulce y digna de escuchar, y esos ojos de los que siempre hablas son dignos de durar para siempre. Pero eso es todo. A Lily le gusta hablar de libros y cosas que me gustan y me apetece compartir esos momentos con ella. Me da calor tenerla cerca y siento cosas por ella que no son iguales a las que siento por vosotros. Pero James, no la quiero de la forma que crees que lo hago. Lily es mi mejor amiga. Ya está.
- Sí, Lily tiene los ojos bonitos. Pero me gusta más su sonrisa.
James se quita las sábanas y mira a Remus, a su lado. Juraría que tiene los ojos llorosos. Y por alguna razón no le gusta un pelo verle en esa situación.
- No quiero que pienses mal de mí, James - tiene que pararse para continuar -. Nunca jamás haría nada que te hiciera daño. No quiero hacerle daño a una de las personas que más ha hecho por mí en toda mi vida. No quiero. Y cuando Sirius ha dicho eso he tenido pánico de hacerlo.
- Pero es que Sirius es un idiota.
- Un poquito.
- Más te vale no haber llorado eh, Remus. Que los lobos no lloran. Sólo aúllan a la Luna.
- Sólo aullamos a la Luna - repite en voz baja.
- ¿Por qué los lobos aúllan a la Luna?
- Muchas historias dicen que es porque están perdidamente enamorados de ella y cuando la ven aparecer intentan comunicarse con ella sin éxito - Remus sonríe -, supongo que ni los animales entienden el idioma de los astros.
- Pero la Luna es la amante del Sol, eso lo sé yo.
- Sí, lo es. Y es triste, porque mientras los lobos aúllan a la Luna, la Luna no es capaz de estar con quien ama de verdad. Porque cuando Ella aparece, Él se marcha. Y cuando Él sale, Ella se esconde.
- Parece que no quieran estar juntos.
- Yo creo que a veces, cuando está nublado, el Sol se da paseos para ir a visitarla - Remus se deja caer en la cama - y hacen el amor detrás de las montañas y es por eso que luego llueve y salen arcoiris.
No hablan más. Al poco rato, la respiración lenta y calmada de Remus mece el silencio. Minutos después, la puerta se vuelve a abrir y Peter y Sirius entran con todo el cuidado que pueden. El primero se echa en la cama abrazando la almohada, pero Sirius no. Se acerca a la cama de James y le da un golpe en el hombro.
- Estés despierto o no lo estés, que... Que joder, no quería decir eso.
- Está bien.
- Estás despierto entonces.
- Y aunque no lo hubiera estado a poco me revientas el brazo, así que me habrías despertado.
- Pues eso. Que soy un poco gilipollas y Remus tiene demasiada razón a veces.
- Lo sé.
James nota la mano de Sirius en la cabeza, y cómo después desaparece, dejando tres palabras en el aire que le hacen sonreír "te quiero, Jimmy".
