SUMMARY: La vida está llena de momentos especiales, ya sean dulces, amargos, felices o tristes. Eso es lo que la hace tan especial. [Fic para el mini reto: Semana INTENSA del foro ¡Siéntate!]
DISCLAIMER: Los personajes de InuYasha y Co. no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi. La historia es propiedad mía y está hecha sin fines de lucro, sólo con el fin de entretener y despejar la mente, aprovechando de endeudarse en las actividades del sexy foro~
Recibió su Kusarigama de vuelta, sin poder evitar cortarse la palma de la mano. Ya tenía un par de heridas en el cuerpo, el dolor comenzaba a intensificarse, pero no podía rendirse. Debía derrotar a ese yōkai a toda costa. Después de todo, era un Exterminador.
— ¡Kohaku!
La voz de InuYasha le llegó distante, sabía que él cuidaba sus pasos, solía sentir su presencia cuando decidía entrenar en el bosque. De seguro estaba más al tanto de sus movimientos que su hermana, cuidándolo tan celosamente como ella lo haría. Pero quería dejar de ser una carga, quería valerse por sí mismo.
II
Novato
— ¡No intervengas! — Gritó, sabiendo que lo escucharía a pesar de los bramidos del demonio con que se enfrentaba. — ¡Esta es mi batalla!
Pudo sentir cómo el hanyō detuvo el ataque que ciertamente iba dirigido a su oponente, quien rió entre dientes al escucharlo, al parecer le divertía la idea del muchacho.
— Mocoso… ¿crees que tus débiles intentos me derrotarán? ¡Apenas eres un novato!
Apretó los dientes, sabiendo que era verdad. El combate nunca había sido su fortaleza y jamás llegaría a ser tan bueno como su padre, o su hermana. Ni mencionar el resto del grupo al que se había unido ella, todos tenían experiencia de sobra y eran guerreros fuertes e inteligentes – algunos más que otros. ¿Por qué se empeñaba en seguir esa lucha, en entrenar, en demostrar que podía ser un Exterminador?
Porque era la herencia de su familia. Muchas veces pensó que no servía para eso, su personalidad no iba para nada de la mano con la de un guerrero, pero con el tiempo se dio cuenta que no era así. Empuñó su Kusarigama, enfocando de nuevo la vista en el espantoso yōkai que lo observaba divertido a unos cuantos metros; levantó su arma y la volvió a lanzar, esta vez con mayor certeza y velocidad, golpeando al demonio en la mandíbula, aturdiéndolo. No esperó ni un segundo luego de recibir la cuchilla de vuelta, la volvió a arrojar directo al cuello de su adversario, cercenándolo con un limpio corte y derrotándolo por fin.
Se acercó al cuerpo inerte, para verificar que realmente estaba muerto, y luego se sentó de golpe en el suelo, estaba agotado y ahora las heridas que tenía se hacían más notorias y dolorosas.
— ¿Pretendes que te maten? ¡Sango no podría soportarlo! — InuYasha lo zarandeó bruscamente, molesto.
— Sólo quiero dejar de ser una carga.
El hanyō lo miró con seriedad, luego sonrió de medio lado y le palmoteó la espalda en un gesto de apoyo.
— No eres una carga, por el contrario: has mantenido a raya a varios demonios. Ya no eres un novato, pero tampoco puedes ir por ahí arriesgándote así.
— ¿L-Lo dices en serio?
— Claro que sí. Ahora ven, hay que curar tus heridas. A Sango le dará un ataque verte así.
Lo ayudó a levantarse y se encaminaron hasta la aldea, había sido una dura batalla y el novato merecía un descanso.
Palabras: 496.
¡He aquí la actualización de hoy! ¿Qué les parece? Yo adoro a Kohaku y creo que los complejos son algo de familia.
Gracias por los reviews, lamento no poder responderlos aún - hay un pequeño problema y no puedo visuarlizarlos, así que en cuanto se solucione, les agradeceré como corresponde -.
Besos babosos a todos, nos leemos mañana~
Yumi~
