CAPITULO 19
SENTIMIENTOS A FLOR DE PIEL
Albert desde el día en que Candy le contó sobre Terry, cerró su corazón intentando no dejar escapar sus sentimientos hacia ella. Ante todo la respetaba y no quería interponerse entre ella y Terry, además según Candy era su amigo también y aunque no lo recordaba no podía hacerle eso.
Candy ajena a la lucha interna de Albert, le había escrito a Terry para contarle que vivía con Albert,
Hola Terry
Me imagino que estarás ensayando mucho para tu papel de Romeo, aun no me puedo creer al gran actor que te has convertido.
Estoy muy orgullosa y muy feliz por tu logro, aunque tengo algo que contarte y ese mi principal motivo para escribirte.
Como te conté en mi última carta de que Albert había perdido la memoria, bueno sigue igual pero el problema es que el hospital ya no quiere seguir ocupándose de él, ya que no se sabe cuando podrá recordar su pasado.
Así que yo no podía dejarlo a su suerte, el siempre a cuidado de mi y ahora es mi turno, y por eso decidí buscar un apartamento para vivir junto con él y ayudarlo a recuperar su memoria.
Así que con ayuda de Archie, Stear y las chicas intentamos distraer a Albert, salimos de paseo y de picnic, aunque aun no recuerda le veo mejor física y anímicamente.
Espero que lo entiendas, bueno Terry mucha suerte en tus ensayos, esperare tu carta.
Candy
Mientras leía la carta Terry no podía dejar de sentirse un poco celoso de Albert.
-Siempre me he preguntado de la amistad tan especial que existe entre ellos, pero no debo sentirme amenazado por Albert yo lo conozco y sobretodo conozco a Candy. Además él esta enfermo y necesita cuidados, me gustaría poder ayudarla. Me tranquiliza que tenga ayuda del inventor y su hermano.
Entre tanto en Chicago, Albert y Candy poco a poco iban acondicionando el apartamento a su gusto y posibilidades.
-Que te parece si mañana por la tarde vamos a comprar algo de menaje para la cocina, aun faltan algunas cosas- le decía Candy
- Esta bien Candy- no era que le hiciera ilusión ir de compras, pero si le agradaba poder estar junto a Candy
Así que al día siguiente iban de camino a uno de los almacenes de la ciudad, se dirigieron a la sección de artículos del hogar, pronto Candy se detuvo a ver el menaje de cocina, pero Albert no se dio cuenta y siguió caminando
-Le puedo ayudar caballero- le dijo una chica estilizada de cabello rubio, que miraba de una manera coqueta a Albert.
Aunque Albert vestía modestamente no había perdido su atractivo y elegancia natural, y que no pasaba desapercibido para las damas.
-No, gracias señorita- mientras el seguía caminando
-Bueno me llamo Stacy, si necesita ayuda-
Entretanto Candy llevaba en sus manos unas tazas con las iniciales de ambos, y buscaba a Albert para enseñárselas.
-¿Donde estará?, seguro que esta aburrido- se sonrió imaginando la cara de fastidio que tendría, pero se le borro de su rostro al ver a la dependienta coquetear descaradamente con Albert.
-Pero… ¡Como puede ser tan descarada!, hmmm- Y se dirigió hacia ellos para salvar a Albert, según ella de esa chica tan atrevida.
-Es que como es raro ver a un caballero en esta sección, acaso vive ¿solo…? -
Albert le iba a contestar cuando detrás de él, alguien dijo:
-¡No!, vive conmigo, y gracias por su ¨preocupación¨ pero ya sabemos lo que vamos a comprar, no necesitamos su ayuda señorita- y tomo del brazo a Albert
-Pero Candy, ella solo trataba de hacer su trabajo- con una media sonrisa, porque le pareció divertida su actitud hasta un tanto infantil.
-Pues a mi no me lo pareció. Y hablando de otra cosa quería enseñarte las tazas que he encontrado con nuestras iniciales, no son ¿Bonitas?- lo decía muy contenta.
Albert a pesar de su esfuerzo no podía evitar quererla, era tan espontánea y encantadora, le sonrió y le dijo – Muy bonitas Candy tienes buen gusto…-
Y siguieron viendo otras cosas que les hacían falta, parecían una pareja recién casada, o eso llego a pensar la dependienta por la forma en que actuó Candy.
Al día siguiente mientras Albert regresaba del trabajo a media tarde, estaba entrando ya en el edificio de apartamentos cuando recordaba con una sonrisa lo que había pasado el día anterior en el almacén, y pensaba: Pareciera que Candy se puso un poco celosa de la dependienta, será que…, mientras abría el buzón para ver si había correspondencia y se encontró con una carta de Terry.
Eso hizo que volviera a la dura realidad, la tomo y pesadamente subió las escaleras, Que afortunado eres Terry… cuando entro al apartamento dejo la carta sobre la chimenea.
Poco después llego Candy se miraba cansada parecía que había sido un día muy duro
-Hola Candy, te veo cansada, te tengo preparado tu estofado favorito- mientras la miraba melancólico
- Mmmm, gracias Albert no hace falta que lo digas, huele muy bien. Me iré a cambiar rápido para cenar contigo
-¡Candy!- dijo Albert
-¿Si?-
-Ha venido la carta de Terry, que tanto esperabas- mientras se la llevaba para dársela
Pero Candy no espero y se la arrebato de la mano –¡Al fin! Que felicidad, me iré a mi habitación- Y corrió para leer lo mas pronto posible la carta de Terry, se sentó sobre la cama y la abrió.
Querida Candy
Al principio no me gusto mucho la idea de que vivas con Albert, pero tienes razón tienes que ayudarlo y siento no poder estar allí.
Confío en ti Candy, ante todo creo en tu vocación de enfermera y eso me tranquiliza.
Bueno te cuento que llevo muy bien los ensayos y ya se la fecha del estreno será dentro de un mes aproximademente.
En mi siguiente carta te enviare la invitación, quiero que me veas interpretando a Romeo que gracias a ti estoy sobre un escenario.
Espera pronto mi invitación
Con cariño
Terry
-No entiendo porque su preocupación de que yo viva con Albert, menos mal que lo comprendió porque de igual manera lo hubiera hecho. Terry debe entender que el me necesita y solo yo puedo ayudarlo - guardo la carta en su cofre.
Se cambio y salio para cenar el rico estofado, que le había preparado Albert.
Ya casi finalizaba el otoño pero eso no impedía que se fueran de picnic con Stear, Archie, y las chicas, Albert se sentía muy bien con la compañía de ellos. Había días que Albert esperaba a Candy para dar un paseo por la ciudad. Eso si unas calles mas arriba del hospital, para que no hubiera malos entendidos sobre todo con el director del hospital, ya que Candy finalmente le había contado la conversación que tubo con el Director.
Cada día que pasaba con Candy, Albert tenía que hacer un mayor esfuerzo en disimular lo que sentía por ella. Y trataba de no demostrar que le dolía mucho escuchar de Terry.
Y eso que Candy, últimamente solo hablaba de que pronto vería a Terry; ya que este ya le había enviado la invitación para su debut como actor principal en la obra de Romeo y Julieta en Broadway.
A Albert le gustaba verla así tan llena de vida pero una parte de el se sentía triste, pero ya había asumido su papel de amigo y escuchaba mil veces las historias de Candy con Terry
Una tarde mientras preparaban la cena, por enésima vez Candy hablaba de Terry de como lo había conocido en el barco. Estaba en su relato de la neblina cuando Albert continuo narrando la historia, eso hizo que Candy se molestara un poco
-No te burles de mi – dijo Candy
-OH no Candy, no era esa mi intención. Es que como me la has contado tantas veces que ya me la se- mientras se encogía de hombros, se acerco a ella y tomándola por los hombros le dijo:
-Perdóname Candy, continua por favor-
Ella sonrió y continuo- Pues como había neblina pensé que era Anthony ¿Te conté de él verdad?-
-Si Candy, fue tu primer amor que murió cuando cayó de un caballo- mientras seguía cortando unas verduras
-No, él no fue mi primer amor, sino mi Príncipe de la Colina y fue cuando yo tenia 6 años- mientras Candy rememoraba ese encuentro tan fugaz pero que la marco para siempre.
– ¡Vaya Candy a los 6 años!- lo dijo divertido - ¿Y que paso Candy?–
-Bueno solo lo vi esa vez y nunca mas volvió a la colina- lo dijo melancólica
– Habrá sido muy especial para que aun lo recuerdes-
- Si aunque lo vi solo esa vez fue suficiente. Sabes, siento que esta siempre cerca de mi y me protege, no se no me hagas caso- mientras terminaba de hacer la ensalada
Albert le sonrió y siguió su tarea, Eres especial Candy, como quisiera ser yo tu príncipe pensaba.
Candy preparaba su viaje con su habitual forma atolondrada estaba muy nerviosa ya que en un par de días vería a su querido Terry, Albert y sus amigos le habían preparado esa noche una fiesta en el apartamento, todos disfrutaron y pasaron un rato muy agradable.
Candy no cabía en felicidad mientras que Albert trataba de acallar su corazón…
Al día siguiente, Candy hacia las ultimas compras la acompañaban Annie y Patty. Albert estaba en su trabajo era un día raro ya que sabia que mañana partiría Candy, se encontraba triste y decaído.
Los compañeros del restaurante lo miraban hace unos días mas callado de lo normal
-¿Te pasa algo Albert?- le decía el cocinero
-No nada, es que últimamente no puedo dormir – la verdad es que en el trabajo no tenia que ocultar su verdarero estado de ánimo
Cuando llego Albert al apartamento, Candy estaba en su habitación terminando de arreglar su maleta, al escuchar la puerta salio Candy a recibirlo estaba muy feliz y espontáneamente lo abrazo y le dio un beso en la mejía. Albert no lo esperaba y cerro los ojos cuando Candy lo beso como disfrutando ese contacto.
-Hola Albert, ¿como te fue?- decía eufórica
-Hola Candy, ¿Que te pasa, porque este recibimiento?-
-Jajaja, es que estoy muy feliz y quiero que todo el mundo se sienta igual- su cara irradiaba felicidad
Albert la miraba embelesado, -Me alegro que te sientas así-
-Bueno me voy a terminar de arreglar la maleta-
-Muy bien Candy- el se quedo en el salón, el fuego de la chimenea ya no estaba muy fuerte y hacia frío por lo que la avivo colocando mas leña, se sentó frente a ella miraba el fuego o eso trataba de hacer pero en realidad trataba de calmar su corazón que aun latía aceleradamente, al sentirla tan cerca de él y mas cuando lo beso.
¿Por qué?… porque no soy capaz de detener esto que siento por Candy… estaba enfadado consigo mismo Será porque pienso que la perderé y se quedara con él… Mientras se pasaba la mano sobre su cabello, un tanto angustiado se levanto y se apoyo junto a la chimenea
¡Candy! Estas de mi tan cerca y tan lejos…
-¡Albert!, ven ayúdame por favor – Lo llamo Candy desde su habitación
Albert suspiro no quería verla en ese momento precisamente, ahora que estaba en su lucha interna –Ahora voy Candy- Suspiro profundo y puso una sonrisa en sus labios aparentando tranquilidad.
Estaba Candy peleando con su maleta en su cama
–Albert ven por favor, me puedes ayudar a cerrar la maleta. Aunque he sacado algunas cosas no soy capaz de cerrarla- mientras hacia una mueca de disgusto
-No te preocupes, Candy- el se acerco para cerrarla, pero Candy al ver que a Albert le costaba también le dijo
-Te ayudare- ella se acerco para bajar la tapa de la maleta para que Albert pudiera cerrarla mas fácilmente.
Eso hizo que entre ellos hubiera poca distancia, ella estaba concentrada en mantener la tapa, pero Albert no pudo evitar fijar su mirada en su bello rostro que tan peligrosamente la tenia a unos centímetros, él iba cerrando la cremallera de la maleta pero de repente se detuvo.
Candy lo volteo a ver extrañada y se encontró con sus ojos azules un poco oscurecidos y su rostro tenso
-¿Que pasa Albert?- decía Candy, pero el sin decirle ni una palabra se iba acercando mas y mas a ella.
Candy no se movía, entonces Albert se acerco un poco más hasta llegar a su oído y le susurró:
–¡No te vayas Candy!, te necesito…- diciéndolo con la voz ronca que erizo la piel de Candy, sin darle tiempo a que Candy dijera algo, el deslizó su nariz sobre su mejía hasta rozar su nariz con la de ella.
-¡Candy! Por favor quédate conmigo –
-¡Albert!- dijo ella en susurro y en lugar de apartarse cerro los ojos por lo que eso era una sutil invitación a besarla, entonces se fue acercando lentamente a sus labios, la tomo de la cintura para acercarla mas y su otra mano la deslizo sobre su espalda hasta llegar a su delicado cuello y poderla besar mas intensamente. Ella al principio no movía sus labios, pero a medida que Albert la besaba tan deliciosamente ella fue correspondiendo y coloco sus manos sobre el cuello de él.
Albert se sentía volar, no podía creer estar probando sus dulces labios, rozando su suave piel y lo mejor sentirse correspondido, su beso se fue intensificando y la fue inclinado delicadamente sobre la cama; ella seguía sin poner ninguna resistencia.
Se dejaron de besar para tomar un poco de aire, pero el empezó de nuevo a llenarla de pequeños besos comenzando por su boca luego por su mejia que estaban sonrojadas y continuo con su delicado cuello, sus manos acariciaban su cintura, Albert tenia miedo de seguir y no poder dejar de acariciarla; y es que Candy estaba abandonada a las caricias y sensaciones nuevas que Albert le hacía sentir.
Albert iba bajando más en su recorrido con sus besos, cuando se escuchó tocar la puerta…
Continuara…
Se que me van a matar pero hay que dar un poco de suspense a la historia, pero no se preocupen que no tardaré en subir el siguiente.
Gracias por todos sus comentarios y por tomarse el tiempo en leer, bueno que tengan un buen comienzo de semana. Un abrazo
