Aquella vez que tuvieron una buena idea (pero buena en el sentido de buena sin malicia)
En clase de Estudios Muggles, la profesora Carolyn Pickles decidió a principio de curso que no era necesario utilizar libros. Después de una ronda de "usted sí que mola" y "me cago en la leche, esto sí que es enseñanza", les informó de que en lugar de leer de manuales gruesos como puños, tendrían que coger notas y apuntes en clase. Escribir a mano. Con pluma. Con tinta. Que está húmeda. Que mancha todo el pergamino si por algún casual la rozas antes de que se seque. James ha probado a escribir del revés, a poner el pergamino en el aire, a escribir una letra, esperar cinco segundos a la siguiente, ¡incluso se ha planteado moverla con la varita! Pero es en vano. Al final de todas las clases todos sus apuntes son un borrón hijo neonato de su mala letra y de la maldita tinta corrida. En general, en otras clases no es ningún problema, porque tiene a Remus "copio todo" Lupin sentado al lado, o dispuesto a prestarle sus apuntes en cualquier momento. Pero esa clase es distinta. Porque Sirius no coge apuntes. Es que el tío no se molesta ni en sacar la pluma. Son esas cosas las que a James le ponen nervioso de Sirius. No la pachorra. No. No. Eso le da igual. Lo que le molesta es que sea capaz de hacer algo que él no y que encima no lo haga. Es lo mismo que aquel día que descubrieron que Sirius podía escupir las cáscaras de las pipas con una precisión que ni en las Olimpiadas Muggles (James está segurísimo de que eso tiene que ser un deporte). Y el mamarracho de él no usa ese maravilloso talento para echárselas en el pelo a Snape. Eso. Eso es lo que odia. Luego intentará hacer un juego de palabras, que no es lo suyo, y quedará como un bobalicón. Que es, básicamente lo que es.
La otra opción tiene el pelo recogido en una pequeña trenza en la nuca y el flequillo apartado de la frente con dos horquillas adornadas con un par de colibrís. Mary tiene buena letra. Como todas las chicas. Vaya. Está en el cormosoma que tienen distinto. Lo de tener buena letra, claro. En otras cosas no saben ni hacer la O con un canuto. Como en escupir. Las chicas no podrían escupir las pipas tan lejos como Sirius. Es más, no creo ni que las chicas escupan. Nunca he visto a ninguna escupir. O tirarse pedos. ¿Mary se tirará pedos?
Y James Potter, bobo por naturaleza y curioso por la misma razón no tiene ningún reparo en compartir sus dudas con la joven de cabello negro.
- Mary, ¿tú te tiras pedos?
Mary le mira como si no hubiera entendido demasiado bien la pregunta.
- ¿Qué?
- Ya sabes, que si... - hace una pedorreta con la boca y sonríe.
- Pero... Pero... - Mary se tiñe de rojo hasta la punta de la nariz - PERO TÚ CON QUIÉN TE CREES QUE ESTÁS HABLANDO.
Y le pega. En la cabeza. Con el tintero. Y "ya está, ya la has liado, mujer" y toda la clase mirando cómo el líquido negro se escurre por todo el escritorio, empapa la moqueta y de paso les mancha a los dos la túnica, que afortunadamente es del mismo color.
- ¡Chicos por favor!
Carolyn Pickles es mayor. O al menos es lo suficientemente mayor como para que alguien de 14 años la llame "mayor". Viste con túnica y sombrero distinto cada semana. Cuando explica, le gusta pasearse entre las mesas con los dedos en las sienes y si no hay completo silencio dice "que pierdo el hilo, chicos". Luego hay un par de segundos muy pero que muy largos y después continúa la clase. Hoy no es distinto, la mujer juega con un anillo de rubí que lleva en el dedo índice mientras dicta a la clase. Tras la interrupción, y un movimiento de varita acompañado de un fregotego alto y claro, la profesora continúa explicando qué es un cartero.
- Podría parecer un método mucho menos eficaz que las lechuzas, pero en realidad es bastante más higiénico - sonríe -, ¿cuántos de aquí no habéis visto un cartero en vuestra vida?
Varias manos se levantan en el interior de la clase. James evidentemente deja ambos brazos sobre el escritorio. Qué habría sido de él sin el cartero del Valle de Godric que en verano iba con pantalones cortos y una ridícula gorra de color amarillo. No necesitó magia para ocuparse de ese.
- Yo nunca, sita - Sirius levanta el brazo tan alto que se le va a desencajar -, mis padres son más de lechuzas. Y de cuervos, sita.
- ¿Cuervos? Señor Black, por favor... Los cuervos dejaron de usarse en el siglo XIX cuando hubo varios casos de magos que se levantaban con las cuencas de los ojos vacías.
- Jo, ojalá le pasase eso a mi madre.
- ¡Uf! - James siente la necesidad de chocarle la mano a su mejor amigo - Muy buena esa, tío.
- La llevo pensando un buen rato. - Sonríe el otro.
- Sois condenadamente idiotas. - Murmura Mary.
- Calla monadita.
- Monadita se lo llamas a tu madre, Black.
- Es que mi madre no es mona - se lleva un dedo a la boca -, bueno, aunque un gorila sí que parece cuando se enfada. Tienes razón, MacDonald.
- Hoy estás sembrado, tío - James aplaude en bajo (bueno, no demasiado) la gracia de su amigo, y solamente cuando la profesora les chista por segunda vez, deciden, los dos amigos, escuchar.
Ella se ha sentado ahora en su silla, piernas cruzadas y mirada seria.
- Este año he decidido que el examen final no contará el cien por cien de la nota de la asignatura.
- ¿EN SERIO? - Will Spyke se levanta de la silla y todo. La chica con la que comparte pupitre, una tal June Wallace; pelo naranja y ojos marrones entrecerrados bufa molesta.
- Sí, señor Spyke, pero no se emocione demasiado - se escucha un "mecachis" al fondo de la clase antes de que la mujer continúe -, van a tener que hacer un trabajo maravilloso. Educativo. Inspirador. ¡Van a llenar sus cabezas de algo útil, señores! Quiero que... - se pausa dramáticamente - ¡Quiero que aprendan a usar un aparato muggle!
- Buf.
- ¡Hala!
- ¡PERO QUÉ GUAY!
- ¡Sí, hombre!
- Venga, sí, claro.
- ¡MOTOS!
Al segundo la clase se vuelve un circo de adolescentes gritando por encima del hombro sus mejores ideas, que en muchos casos no se ajustan a lo que la pobre mujer, que les amenaza con silenciarles con un hechizo, quiere para la asignatura. Mary y Sirius se enfrentan; ella con el dedo acusador, él con el pasotismo pegado a la blusa.
- Que motos no.
- Que motos sí.
- ¿Y por qué motos no? - Sirius se cabrea. Y si Sirius se cabrea van a tener dos horas por lo menos de cabreo. Todo un placer - Podemos desmontar una moto, y analizar el motor, y las válvulas. También cambiar el aceite y luego conducirla. Que ruja.
- Que motos no.
- ¡Míralo por el lado bueno! ¡Podrías ponerte en bragas encima, te hacemos fotos con la cámara de Remus y seguro que sacamos unos knuts!
- Así nunca te la vas a ligar, compañero - James se ha sentado encima de la mesa, bajo la atenta mirada de la profesora Pickles, que le observa, dudando entre intervenir o no hacerlo. Opta por lo segundo.
- ¿LIGAR DE QUÉ? GILIPOLLAS. QUE ERES UN GILIPOLLAS.
- Nada, nada - James se ríe -, que simplemente digo que con esa actitud no le vas a gustar a las chicas.
- Pues para que te enteres, listo pan, Sirius Black no necesita preocuparse de eso, porque Sirius Black le gusta a todas. A TODAS. ¡A, te, o, de, e, a, ese! A TODAS.
- ¿A todeas?
- QUE TE CALLES.
- Pues a mí me gustas, Sirius.
Silencio. Mucho. Un pingüino en la Antártida ha sentido cómo la Tierra ha dejado de moverse.
- ¿QUÉ?
- Que a mí me gustas, Sirius - Mary MacDonald está seria. Con las manos en el regazo.
- Yo... Eh... Pues... Yo...
- Cuanto más lejos mejor, Black.
Lo más parecido a lo que siente Sirius en el cerebro en ese momento es la bomba que cayó sobre Hiroshima en Agosto de 1945. Las conexiones en el interior de su cabeza dejan de tocarse, y por un segundo, la sangre no le llega a ningún punto del cuerpo. Después de la explosión, toda esta sangre realiza una carrera contrarreloj hacia su cara, que se tiñe de un color más rojo que la bufanda que reposa sobre la silla. Se la han jugado. Los dos. Los dos idiotas han tenido que preparar la conversación para pillarle. Esto está más claro que una mañana de Julio.
James y Mary ya han chocado los cinco a la altura de sus narices, y esperan la reacción, (que confían en que sea exageradísima) de Sirius. Pero él no pretende darles el gusto. No. Por una vez en mi vida; yo: Sirius Black, no pienso enfadarme. Paso. Es lo que quieren. Pues si es lo que quieren no lo tendrán. Soy un noble. De los más nobles. Y sé comportarme. ¿Qué haría Remus en esta ocasión? Probablemente enfadarse. Pero no gritar. No, no puedo gritar. ¿Se reiría? Nah, eso es excesivo. Supongo que él diría algo como...
- Muy bien ideada la bromita, MacDonald - y trata de imitar esa cara que pone el joven licántropo cuando encuentra todos sus calcetines vueltos del revés -, pero no me ha dado ni para reírme un poquitín.
Poquitín. Sí. Remus dice ese tipo de palabras. Como poquitín o cachito o pedacito o picorcillo. Joder, ya no me acordaba de que el otro día dijo que "tenía un picorcillo en la planta del pie". Este chico...
- No... ¿No vas a gritar? - James parece sorprendido, pero por supuesto el muy imbécil no deja de sonreír. Expectante.
- ¿Por qué tendría que gritar? Tu amiga ha hecho una broma. No me río porque no es tan graciosa como para que me ría, pero tampoco me voy a enfadar.
¡Toma! ¡TOMA ESA! Idiota. Que eres un idiota. Y llevas el pelo metido por la patilla de la gafa y te hace parecer estúpido.
- Está bien, está bien... - James aparta la mirada y con la pluma de su amigo escribe sobre el pergamino "ideas para el trabajo de la mujer esta de las cosas muggles".
Sirius va a decirle que tenga la decencia de aprenderse el nombre Oh Dios, ¿me habrá poseído Remus de verdad? cuando se da cuenta de que tiene un par de ojos castaños fijos en él.
Mary MacDonald le mira habitualmente. Es ese tipo de personas. Como el bobo de James. Que no tienen inconveniente en clavarte los ojos de esa forma que pone nervioso a cualquiera. Pero esta vez es diferente. Porque la tía está sonriendo. Y a Sirius le hace que le suden un poco las palmas de las manos; como si hubiera hecho algo malo. Algo malo de verdad. Nunca se había fijado en que Mary tiene las orejas un poco de soplillo. Pero parece que le da igual. Al menos le quedan bien. Sí, Sirius piensa que Mary tiene unas orejas bastante bonitas. Todo lo bonitas que puede tener las orejas la tonta de Mary MacDonald.
- ¿Se puede saber qué miras? - Bufa al final. Incapaz de soportarlo más.
- Nada, nada.
Y ella apoya la mejilla en el hombro de James, que ni siquiera la mira porque todo lo que ha escrito se le ha emborronado (otra vez).
- Oye, os juro que voy a aprender a escribir con la lengua.
- Con la mala letra que tienes también podrías probar con la derecha - le sugiere la chica.
Y lo intenta. Y no, no se volvió a hablar de ese desastre casi peor que el hundimiento del Titanic.
- Entonces hemos dejado claro que no vamos a hacer el trabajo sobre una moto. - Mary toma el control y escribe con letra redonda y clara los nombres de los tres.
- Sigo sin entender la razón.
- ¡Porque sólo te gusta a ti!
- ¿Y entonces? - Sirius gruñe - ¿Qué diablos tenemos los tres en común? Porque este - señala a James con el pulgar - y yo podemos hablar de cien cosas, pero tú. ¿Tú? Já. ¿Quieres que hablemos de muñecas? ¿Hacemos nuestro trabajo de muñequitas y casitas de muñequitas?
- Nos gusta el quidditch - aporta James. Le da un golpecito a Mary para que lo escriba -, ¿qué hacen los muggles que se parezca al quidditch? Remus me habló del fútbol o algo así, ¿no? Le dan patadas a una pelota, ¡sólo una! Y la meten en una porquería del equipo contrario.
- Portería, James - Mary se ríe -. Sí, pero el fútbol es aburrido. Hay demasiados jugadores en el campo y no hacen nada... No entiendo cómo los tíos de la radio se pueden emocionar tantísimo comentando sus partidos.
- ¿Radio? - Sirius abre mucho los ojos.
- Sí, radio, Black, esa cosa de tamaño mediano que si le das al botoncito se escucha a gente hablar o ponen música o...
- ¡SÉ LO QUE ES UNA RADIO, GRACIAS!
- ¿Entonces?
- Que... ¿Cómo hacen los muggles para que se escuchen sus voces en esos aparatos? - Sirius frunce el ceño pensativo - Hay frecuencias en las que suenan Los Beatles y si mueves el botón están Los Rolling. Y no es como si pudieras meter a tanta gente en un sitio tan pequeño.
- ¿Y cuando la apagas? - James asiente convencidísimo - ¿A dónde se va todo? No creo que haya que meter a Los Beatles para que se escuchen Los Beatles, pero, ¿cómo hacen para que suenen Los Beatles sin tener a Los Beatles y encima que te llegue a ti estando en Escocia como en el centro de Londres?
- Es complicado - Mary se muerde el labio -, no estoy muy segura de cómo funciona. Hay unos señores en sus estudios y hablan con unos micrófonos como el que uso yo para los partidos de quidditch, y entonces el sonido se mueve por el aire como con ondas mágicas o cables... No lo sé. La música supongo que es porque la ponen ellos de los vinilos, ¿no?
- Eso tiene sentido - James vuelve a asentir.
- ¡A mí no me parece que tenga sentido alguno! - Sirius da un puñetazo en la mesa - ¿Ondas? ¿Qué diablos son ondas?
Podrían haber discutido durante horas si no fuera porque la profesora se acerca a ellos y con una mano en la cadera y ojos un tanto vidriosos les manda callar antes de comenzar a hablar.
- La radio es una muy buena elección, señores - mueve la varita y en la pizarra al fondo de la clase aparecen sus nombres en cursiva seguidos de la palabra "radio" -. Creo que encontrarán apasionante el funcionamiento de ese aparato. Además, me encantaría que se atreviesen a ir un poco más allá de la capa superficial de lo que les he mandado.
- ¿Eh? - James y Sirius abren la nariz confundidos.
- Que se lo curren un poco - murmura la profesora con un suspiro -, y márchense de mi vista antes de que le quite cinco puntos a su casa por sentarse encima del material escolar, Potter.
Cogen todas sus cosas, y tras ellos, los otros tres alumnos con los que comparten colores de corbata les siguen y como Sirius es el tipo de persona a la que le molesta que le pisen los talones, se para un instante para que les adelanten. Will Spyke, June Wallace y Sarah Turner no suelen ser amigos, pero han tenido que morir al palo de que sus verdaderos colegas han elegido otras optativas. En ese sentido, James y Sirius están contentos de no tener todavía aspiración alguna en la vida y tomar ese tipo de decisiones de acuerdo a una apuesta, a la cara en la que cae un sickle o simplemente a lo que tenga que venir.
- ¿Habéis escuchado lo de June Wallace? - Mary susurra con discreción.
- ¿El qué? - Sirius observa a la chica de cabello anaranjado que mueve el culo en su dirección.
- Dicen que está saliendo con Bert Darnell.
- ¿Y quién cojones es Bert Darnell? - Berrea Sirius. Mary chista y le da un pisotón.
- ¡Pero si está en nuestro curso!
- Tú también y no me di cuenta de que existías hasta que empezaste a acosar al mendrugo este.
- Oye, eso es muy desagradable por tu parte.
- Es que a Sirius se le dan mal los nombres - James interviene apaciguador -. Bert es el tío que lleva gafas y se le quedan los ojos pequeñitos pequeñitos, como a un topillo.
- Por favor, pégate una colleja de mi parte por haber dicho "pequeñitos" y "topillo" en la misma frase. Pero sí, sé quién es. El gacho ese que el año pasado se puso un jersey con el escudo de los Murciélagos de Ballycastle. Y el subnormal dijo que son el mejor equipo que existe.
- Han ganado la Liga 27 veces y... - Empieza Mary.
- ¡Y LOS CHUDLEY 21!
- Ya, pero...
- Los Puddlemere United les redujeron a la altura del barro este siglo, ¿entiendes, mujer?
- ¡Y LOS CHUDLEY LLEVAN SIN GANAR OCHENTA AÑOS!
- ¡Tú sí que llevas sin ganar ochenta años!
- Por favor - James los empuja y se coloca en el medio -, ¿y por qué dices que están saliendo?
- Tengo mis fuentes - la chica sonríe -, June comparte habitación conmigo y últimamente está bastante distraída. Todas nos hemos dado cuenta.
- ¿Y esa es tu mierda de fuente? - Sirius bufa.
- Eso y que se morrearon en el bajo de las escaleras la noche de Halloween, imbécil.
- Oh, - James asiente - ¿igual se meten mano en Astronomía esta noche? ¿Quieres que echemos un vistazo, Sirius?
- Joder, ¿crees que...?
Se callan. Porque Mary se ha parado en mitad del pasillo y parece a punto de vomitar un trozo de pelusa muy grande.
- ¿Se puede saber qué demonios estáis diciendo los dos?
- ¿Eh? - Sirius la mira preocupado - Ay madre, ¡ALGUIEN LE HA HECHO UN ENCANTAMIENTO DE LA MEMORIA A ESTA POBRE MUCHACHA! ¡AYUDA!
- ¡No es eso! - Se sonroja - ¿Estáis hablando de espiar a dos personas? ¿Estáis locos o simplemente sois unos pervertidos?
- Mmmmm - James se lleva un dedo a los labios.
- Uhmmmm - Sirius le secunda.
Se miran.
- Las dos, las dos opciones están bien - dicen al mismo tiempo.
- ¡Pues no! - Grita ella - Y además no hay clase de Astronomía. Que no os enteráis nunca jamás de nada. ¿Cómo va a haber clase? Hay que preparar las maletas para marcharnos. Si es que os vais a ir, claro. Me compadezco de quien tenga que aguantaros en Navidad.
- ¡Hala, Mary! - James pone cara de circunstancias y la coge del brazo - No seas así, mujer...
- ¿Podéis dejar de llamarme mujer?
- Es que estás amargada, mujer. - Sirius se cruza de brazos, postura de portero de discoteca.
- Cuando vuelva de vacaciones te traeré un regalo bonito - le susurra James al oído -. O mejor. Te daré una sorpresa. ¿Qué te parece? ¿Eh? Buena idea, ¿a que sí?
- Ay, déjame... - Y se intenta zafar sin éxito.
De camino a la Sala Común de Gryffindor hablan de las vacaciones, y de que Mary se quedará ese año en Hogwarts, con Lily, y que probablemente tendrán los dormitorios para ellas solas y podrán compartir habitación. Sirius se tiene que aguantar el comentario sobre dos chicas durmiendo juntas y explica que él pasará otro año en la Mansión Black comiendo galletas de jengibre con forma de cuervo, el animal emblema de la Familia Black. "Saben a rancio. Todo sabe a rancio. Ni siquiera me dejan poner villancicos y mi madre obliga a los elfos a cantar. Y no es por nada, pero incluso James lo hace mejor que ellos". El propio James también volverá a casa por Navidad y no puede evitar relamerse al pensar en los postres de la señora Potter, en los calcetines colgando de la chimenea y en los regalos probablemente demasiado grandes como para que quepan dentro.
Es Mary la que dice el santo y seña delante del retrato de la Dama Gorda: "whiskey de almendras".
- Cada día se curran menos las contraseñas - bufa Sirius al tiempo que pasa el primero.
- Algún día la contraseña será James Potter.
- Todo es posible - Sirius le pasa un brazo por el hombro -, también es posible que un día de estos amanezcas con una cara distinta y parezcas hasta guapo.
En la Sala Común hay varios alumnos de primero que estén, probablemente, acabando los deberes de la semana, para poder disfrutar de las vacaciones sin demasiadas preocupaciones. James quiere recordar si alguna vez fue así, si planeó algo con más de un día de antelación, y luego se da cuenta de que nunca jamás ha hecho la tarea obligatoria de Navidad. "Es fiesta, estamos de vacaciones, y en vacaciones la gente descansa" es su lema. Junto a los más pequeños, algunos de los alumnos de quinto andan atareados entre sus apuntes y más apuntes que cada vez se hacen más espesos y que seguirán aumentando conforme se acerquen las fechas de los TIMOS. Los TIMOS son el Título Indispensable de Magia Ordinaria; James ha escuchado hablar de ellos desde que tuvo que decidir qué asignaturas cursar en tercero. El señor Potter insistió en que las seleccionase en función de los TIMOS que quisiera realizar dos años después, ya que estos le abrirían las puertas a los últimos pasos de su formación para convertirse en un mago adulto. Como James no tenía ni puñetera idea, y al día de hoy la cosa no ha cambiado, de qué quiere ser cuando abandone las paredes del castillo, decidió seguir el criterio de la intuición y decantarse por las asignaturas que menos aburridas le parecían. Nadie con dos dedos de frente habría elegido algo llamado "Aritmancia" que suena a un mal dolor de estómago. Sin embargo, ahí están Remus y Lily, separados por una gran distancia, pero probablemente intercambiando dudas sobre sus gigantescos manuales encuadernados en piel de animal. Seguramente los dos sacarán Extraordinarios en sus TIMOS. James está casi seguro de que Lily tiene su futuro bien planificado: la primera hija de muggles en ser ministra de Magia, o tal vez la primera directora de Hogwarts, puede que una de esas profesoras que aunque pasen años siguen siendo atractivas para los alumnos y que saben más que lo que ha sabido nadie en la historia de la humanidad. Tal vez se convierta en la nueva Bathilda Bagshot y escriba, no sólo la Historia de la Magia sino la Historia del Mundo. Porque Lily tiene cara de escribir buenas historias, y James sabe que lleva siempre con ella un pequeño cuaderno en el que anota cosas que no tienen nada que ver con las clases.
Mientras se pierde en sus pensamientos, Mary ya le ha adelantado y se acerca a Lily, que con una amplia sonrisa, cierra el libro en gesto de que va a prestarle completa atención. Remus la imita y dirige una larga mirada interrogante a Sirius y James, una mirada que en él significa "¿qué tal la clase, chicos?".
James se adelanta y se sienta en el brazo del sofá que ocupa Remus y Sirius se queda de pie, observándoles a los dos.
- Nos han mandado un trabajo dificilísimo. - Dice este último.
- ¿En serio? - Es Lily la que contesta - ¿Tienes que hacer una redacción sobre todos las propiedades mágicas del número siete descubiertas por Bridget Wenlock?
- No, pero gracias por decir algo que no le interesa a nadie, Evans - gruñe Sirius -. Como iba diciendo, nos han mandado un trabajo de gran dificultad.
- ¿Qué es? - Pregunta Remus interesado
Y en esta ocasión es Mary la que habla, con cara de circunstancias.
- ¿No sabréis vosotros dos cómo funciona una radio?
La pregunta se queda en el aire durante varios segundos, hasta que Remus pensativo les pregunta si se refieren a la radio o a un estudio de radio. Ninguno sabe que contestar, y de hecho Sirius le murmura a James que a qué se refiere con "estudio de radio". Con calma, Remus, centro de atención, se esfuerza en tratar de explicar que todo lo que escuchan por la radio viene de un lugar llamado estudio en el que una serie de personas se encargan de crear, grabar y editar todos los programas que escuchan siempre. Les menciona las "ondas" de las que Mary habló en clase de Estudios Muggles y trata de que entiendan que es algo muy parecido a la magia pero que tiene una explicación bastante más lógica. "Son como vibraciones que de alguna forma se mueven por el aire, como cuando hacemos hechizos y que consiguen que el sonido vaya de radio en radio, incluso hasta la nuestra, la del dormitorio". Todos coinciden en que sí, que es lo más parecido a la magia que han oído hablar nunca.
Después de eso meditan durante un buen rato, si su trabajo consiste en desmontar una radio o si podría ser algo más. "Algo grande, tíos. Podemos hacer algo muy grande", dice Sirius.
A esas alturas de la conversación, los cinco están concentrados y Lily y Remus se sienten casi parte del proyecto. Mary es la que hace palabras la idea, y con la boca pequeña susurra "¿y si hacemos un programa de radio?".
- Podemos hablar de quidditch - es la primera vez que James abre la boca, y cuando lo hace evita encontrarse con los únicos ojos verdes de esa habitación.
- ¡O de motos!
- ¿Lo estás haciendo a idea, verdad? - Mary fulmina a Sirius con la mirada.
- Yo qué va.
- Podríais hablar con los profesores para que os contaran cosas de sus clases - interviene Lily -. Tú Mary podrías encargarte de hablar de resultados de quidditch, ya que comentas todos los partidos. Y Black, tú podrías... No sé, ¿qué se te da bien?
- Lo que se me da bien si quieres te lo enseño, pero no delante de todos estos, Evans.
- No gracias.
- Sirius tiene muy poca vergüenza - dice Remus -, podrías hablar con profesores y alumnos y conseguir testimonios para después hablar de ello en el programa.
- Eso es aburrido.
La verdad es que aburrido es un rato. Pero esa no es la mayor preocupación que tienen, porque James le lleva dando vueltas a algo en la cabeza durante mucho rato.
- ¿Pero y cómo vamos a conseguir hacer ondas de esas y tener un estudio y todo eso?
- Uhmmm... - Lily Evans entrecierra los ojos pensativa.
- Auhmmm - Remus se le une.
- Vaya... - Mary y Sirius murmuran al mismo tiempo.
- ¡Ya lo tengo! - Remus abre mucho los ojos; como siempre que una idea brillante cruza por su mente - Peter arregló la radio, ¿no?
- Sí, cogió el cacharro, movió unos cables y empezó a sonar - recuerda Sirius.
- ¿Y quién mejor que él para ayudaros con eso?
Remus tiene razón. Y Peter está en clase. Así que, pacientes, los cinco, esperan allí, sentados cada uno en una posición; cerca de la chimenea encendida. Con una caja de música en la que suena "hacia Belén va un hipogrifo", un clásico de cualquier Navidad mágica. Sirius y James tienen que hacer las maletas, guardar calzoncillos y calcetines y no olvidarse de nada, pero a pesar de ello no les importa quedarse allí un rato más. Fantaseando con el trabajo que les va a ocupar horas hasta final de curso, puede que simplemente contando los minutos para volver a Hogwarts.
Lily habla con Mary en bajito, de vez en cuando miran por encima el manual de la pelirroja en cuya portada pone "Numerología y Gramática". Aparentemente a Mary le hace gracia que los magos encuentren interesantes los números "con lo que odiaba yo las matemáticas". Lily le explica que no son solamente números, que es algo más, que es magia en las cifras. Y es en mitad de una de esas explicaciones que se da cuenta de que James la está mirando.
Hacia Belén va un hipogrifo rin rin
En realidad tampoco parece que la mire a ella, las observa a las dos, con sus ojos marrones detrás de esas gafas grandes. A Mary y a ella.
Yo me hice un hechizo yo me lo quité
Sirius le da un golpe a James en el brazo y este se sobresalta, ahí sentado, tan cerca de Remus que su rodilla le toca el codo. Y hablan. Hablan de algo que Lily no escucha, porque Mary se está quejando de que no podrá tomar el pastel de arándanos familiar ese año.
Yo te hice un embrujo y no te lo paré...
Remus se encoge en el sofá cuando Sirius intenta besarle en la mejilla "te echaré de menooooooooooooooooos" berrea. Y a Lily se le escapa una risa suave cuando de un empujón, James cae al suelo y Sirius y Remus se convierten en un enredo de piernas y brazos y "ay, Sirius que me haces daño, ay".
Cargado de golosinas.
Cuando esa tarde Peter Pettigrew llega a eso de las ocho de la tarde a la Sala Común de Gryffindor el fuego sigue encendido (no por nada se aviva con magia cuando la temperatura baja lo suficiente) pero la música ha desaparecido. Remus duerme con la cabeza apoyada en el hombro de James, boca cerrada los dos pero suaves movimientos de abdomen. Remus ha pasado su brazo por el de James y puede que no esté en el séptimo cielo, pero por su expresión la manga de su mejor amigo es de lo más cómoda.
Sirius, bocaza abierta y un ronquido que a veces se le atasca, está recostado en el suelo, jersey a un lado y camisa desabotonada en el cuello.
A Peter no le parece nada raro, tal y como James, Sirius y Remus son como la noche y el día, también es cierto que en ese sentido son almas gemelas. Una capacidad increíble para dormir en cualquier lugar y en cualquier situación. A Peter le cuesta más, por eso de que si adoptase la postura que tiene Sirius en ese momento tendría dolor de cervicales por dos largas semanas. Por lo menos.
Al otro lado de la habitación, y más cerca de la chimenea, Lily Evans y Mary MacDonald dormitan tranquilamente con un libro abierto sobre las piernas.
Cuando Peter despierta a todos con cierto reparo, las chicas abren los ojos sobresaltadas, pero los otros tres creen estar todavía en el dormitorio a las ocho de la mañana. "Va, chicos, que tenéis que hacer las maletas para marcharnos". Y es esa frase la que provoca un salto en James y Sirius.
Olvidarán por completo todos sus planes, y también olvidarán algún que otro calzoncillo debajo de la cama. Cuando James, Sirius y Peter, cargados con sus maletas se despiden en la entrada al castillo, envueltos en sus bufandas de color oro y rojo; Remus, Lily y Mary, vestidos de ropa de calle se despiden con un movimiento de mano y media sonrisa y un "feliz navidad, chicos".
Una vez en el expreso, Sirius se pegará un golpe en la frente y maldecirá.
- ¡Mierda! Ya sé lo que te teníamos que decir, Peter.
- ¿El qué? - Preguntará el otro.
- Cuéntaselo tú, Potter que se me seca la boca.
Pero James no contestará. Con la mano en la mejilla observará cómo el castillo se pierde en la distancia. Sonrisa en las mejillas y ojos brillantes detrás de las gafas.
- Jimmy, ¿te pasa algo?
- Me pasa algo genial, Sirius.
- Cuéntame, cariño.
- Que Lily me ha deseado feliz navidad.
