CAPITULO 21

SALIENDO DE LA OSCURIDAD

En una calle transitada de Chicago iba Albert pensativo, era una sensación extraña porque le dolía mucho ver a Candy sufrir de esa manera y verla llorar amargamente por su ruptura con Terry, pero a la vez no podía dejar de ver un atisbo de esperanza para él.

Detuvo su paso y mirando al cielo pensó: No debo aprovecharme que ahora esta frágil, ahora debo pensar en ayudarla y no confundirla. Mejor dejare que el tiempo haga su trabajo y cure el corazón de Candy… y siguió su camino.

Iba a comprar lo necesario para prepararle el estofado que tanto le gustaba a Candy y se apresuro hacer la compra ya que no quería dejarla sola mucho tiempo, salio del supermercado con cara de ensoñación ya que no podía negar lo feliz que se sentía que ella estuviera de vuelta Le comprare una tarta de chocolate eso la animara… pensaba

Pero el rechinar de unas neumáticos lo hizo voltearse y vio como un coche sin control se acercaba inevitablemente a él, todo ocurrió en segundos el coche embistió a Albert que lo lanzo unos metros cayendo al asfalto, aunque había sido un accidente aparatoso la buena suerte había hecho que no saliera con heridas graves.

El coche se dio a la fuga, la gente se arremolino alrededor de Albert que estaba semi inconsciente ya que podía escuchar el murmullo de las personas, pero poco a poco los oía mas lejano, luego sintió un dolor agudo en su cabeza y lo único que pudo decir antes de desmayarse fue -¡Candy!-

La casera de Candy y Albert vio el accidente y fue unas de las que se acerco para ver lo ocurrido, lo observo y dijo:

-Este muchacho es… ¡Albert!- ella conocía al Doctor Martín y se apresuro a buscarlo y sabia donde encontrarlo en la cantina de la esquina, este no se había ni enterado

–¡Doctor Martín han atropellado a un chico, por favor venga conmigo! –

Él sentado en su taburete habitual se levanto rápido y fue inmediatamente al lugar del accidente. Aparto un poco a la gente y lo reviso, vio que no tenia ningún hueso roto pero que si tenía una contusión fuerte en la cabeza, así que pidió a unos de los curiosos que estaban allí que lo llevaran a su clínica no muy lejos de allí.

Al ver que se lo llevaban a la clínica, la casera salio corriendo para avisarle a Candy ya que la había visto llegar esa mañana, toco varias veces pero nada, seguía insistiendo hasta que una Candy soñolienta le abrió la puerta, la casera sin perder el tiempo le contó lo sucedido, mientras Candy escuchaba el relato de la casera se puso pálida y tuvo que detenerse en el marco de la puerta ya que no podía creer lo sucedido.

-¿A donde se lo han llevado?- Le decía mientras unas lagrimas salían de sus ojos y la tomaba por los hombros a la casera

-A la clínica Feliz, esta a unas calles de aquí cerca del supermercado-

Candy sin decirle una palabra salio corriendo bajando las escaleras

-¡Candy, ¿No te cambiaras? vas en bata!- le grito

Pero ella no la escucho, en su mente estaba la imagen de Albert No… No puede ser, mi querido Albert espero que estés bien mientras sus lagrimas salían y no se percataba que todo mundo la miraba al verla vestida con ropa de cama.

Agitada por correr para llegar lo mas rápido posible llego a la fachada de una pequeña clínica, un poco descuidada pero sin pensarlo entro -¡Albert! ¡Albert! ¿Donde esta?- mientras lo buscaba con la mirada, pero se encontró con un señor regordete de aspecto bonachón que despacio se levanto de su silla.

-Tranquilícese señorita, él esta en esa habitación. El ahora esta inconsciente se dio un fuerte golpe en la cabeza por lo que solo nos queda esperar a que despierte- mientras tomaba café en una taza de latón.

-Inconsciente… pero- no termino la frase y se dirigió a la habitación, se acerco a la cama donde se encontraba

–Albert… despierta soy yo, Candy ¿Me escuchas?- mientras ponía su mano sobre su pecho y lo movía un poco como para que despertara pero él no reaccionaba.

-Por favor señorita, no sea impaciente. Ya se lo he dicho antes, hay que esperar a que despierte, ¿Es usted familiar de él?-

-Si… si soy familiar de él, me llamo Candy- dijo dudando si decir que eran sólo amigos pero no era momento para dar explicaciones.

-Yo soy el Doctor Martín, bueno en ese caso ya que usted esta aquí yo saldré un momento a comprar algo importante que he olvidado.-

-¿Cómo dice? Pero que clase de doctor es usted que deja a un paciente que acaba de tener un accidente, pero ni yo que soy enfermera nunca he visto algo así en el hospital- decía Candy enfadada

-Vaya que sorpresa usted enfermera, compadezco a sus pacientes. Se darán de alta rápido los que estén a su cargo suyo, porque vaya carácter jajaja- decía mientras se ponía la bufanda y se disponía a salir

Candy levanto su cabeza demostrando su enfado y viéndolo seria le dijo:

-¿No demorara mucho? Acaso ira a comprar un remedio para Albert-

-Ehhhh bueno… algo así. Vuelvo enseguida… - Como para decirle que voy a comprar una botella de whisky pensó para si, y se marcho rápido para no dar lugar a más preguntas

Ella volvió junto a Albert y se sentó en una silla para cuidar de él Esta tan pálido, parece que estuviera muerto… ¡NO!

Y su rostro reflejaba angustia y con sus manos tomo la mano de Albert y la puso junto a su mejia y dijo -Por favor Dios, que despierte-mientras unas lágrimas salían y sin pensarlo le dio un leve beso en su mano.

Que es ese sonido…. Es un tren…. Que ruido tan ensordecedor.. que son esos gritos…. Un remolino…. ¡Ohhhh! dio un grito Albert y se despertó sobresaltado se sentó sobre la cama estaba desorientado

-¿Donde estoy?- Mientras observaba ese sitio que no conocía, pero si le fue familiar un bello rostro que lo miraba entre preocupada y expectante -¿Candy?- mientras se tocaba la cabeza con su mano y se dio cuenta que estaba vendado

-¡Albert!, Has despertado gracias a Dios. ¿Cómo te sientes?- mientras lo abrazo con fuerza

Él aun ordenando su mente la tomo por los hombros y la miraba detenidamente -¿Candy donde estamos? ¿Qué ha pasado?-

En ese momento entro el Dr. Martín, dejo lo que había comprado en la mesa y fue rápidamente a ver a Albert –Por favor no se levante, recibió un golpe fuerte en la cabeza y se puede marear, lo voy a revisar-

Candy observo como el Doctor Martín atendía a Albert, por lo que se disculpo con él por su actitud anterior.

-Perdóneme por lo que le dije antes Doctor, es que estaba muy nerviosa al saber que Albert tuvo el accidente y se había golpeado la cabeza, y como el tiene amnesia no sabia que esperar- mientras miraba aliviada a Albert, al ver que había despertado y la reconoció.

-¿Así que él tiene amnesia? Bueno después de todo quizá no sea tan malo el golpe en la cabeza-

-¡Pero que dice!- le decía Candy desconcertada

-Si que ese golpe, podría acelerar que el recupere su memoria- mientras el doctor lo volvia a vendar

-Bueno muchacho tienes que guardar reposo un par de días y yo te revisare hasta entonces-

-Muchas gracias Doctor, me siento mejor. Y le pagare cuando vuelva es que no tengo nada… lo siento- lo decía apenado

-No te preocupes muchacho- mientras se sentaba y se servia un vaso del whisky que acaba de comprar

Candy y Albert se despidieron, iban camino a casa. Albert se percato que Candy iba solo con una bata de cama, se detuvo y se quito su suéter

-Tendrás frió y no quiero que empeores- mientras se ponía frente a ella para ponérselo

-Gracias Albert, la verdad que no me di cuenta de como salí, pero es que estaba tan preocupada por ti que no pensé en nada más- ella puso su manos sobre el pecho de Albert, le sonrió pero unas tímidas lagrimas empezaban a salir –Tuve tanto miedo Albert de que te había pasado algo grave y perderte- mientras sus lagrimas recorrían su rostro

El conmovido y alagado por su preocupación por él, le dijo:

-Gracias mi querida Candy por preocuparte por mi- mientras puso sus manos en el rostro de ella y con sus pulgares limpio suavemente sus lagrimas, ella cerro los ojos por un instante como disfrutando de la cercanía de Albert, luego lo vio y le sonrió -Intentare cocinar algo rico para cenar-mientras le guiñaba el ojo, ya que sabia que no era muy diestra en la cocina.

-Pero Candy iba ser yo quien tenía que hacerla, tu aun te recuperas de la fiebre-

-No Albert, estoy mejor. Ademas el doctor Martín dijo que guardes reposo, así que tranquilo que yo cuidare de ti-

-Esta bien Candy-

-Además nos recuperaremos juntos, ya que no me presento al hospital hasta dentro de dos días-

-En ese caso, no me opondré a tus cuidados- mientras la abrazaba y siguieron su camino a casa, iban por el puente que esta cerca del edificio de apartamentos y en una calle paralela a este circulaba un coche lujoso y su conductor dijo:

-Esa es ¡Candy! ¿Y quien es ese?- Y detuvo su coche a un lado de la calle y los siguió con la vista

-Pero a mi que me importa lo que haga esa mal nacida, soy Neal Leegan- se decía a si mismo, pero en realidad desde que hace unos meses Candy lo ayudo a escapar de unos maleantes que lo estaban molestando, no se la había podido quitar de su mente. En esa ocasión, tenía mucho tiempo de no verla desde el colegio en Londres y le sorprendió en la bella señorita que se había convertido.

Esa noche Albert no pudo dormir muy bien, pero no era por el golpe sino por lo que dijo el Dr. Martín que podía recuperar pronto la memoria.

-¿Y si la recupero? Recordare mi pasado pero eso puede hacer que me aleje de Candy para siempre, nose si tengo familia, o soy un delincuente que no merece a una chica como Candy- se levanto de su cama y abrió la ventana, mirando al cielo tratando de buscar una respuesta

A la mañana siguiente Albert se despertó un poco mas tarde de lo normal ya que casi no pego ojo pero fue el primero en levantarse Candy aun seguía durmiendo, se sonrió pensando en lo dormilona que era Candy. Abrió la ventana era un día despejado y soleado, respiro profundo y su mirada se perdió mientras tocaba su cabeza aun vendada –Ya esta bien, debo dejar que las cosas sigan su curso, no debo preocuparme por algo que no se cuando sucederá- cerro la ventana y se fue a preparar el desayuno.

Los días pasaron, Candy tenia que presentarse ya en el hospital, ella estaba recuperada totalmente de su resfriado

-Bueno Albert cuídate ¿Si?, ¿Iras a ver al Doctor Martín esta mañana?- mientras se ponía el abrigo para marcharse

-Eh... si, si Candy no te preocupes me acercare esta mañana-

-Nos vemos por la tarde- Candy se marcho y camino al hospital pensaba Es curioso al estar reciente mi ruptura con Terry no estoy tan triste como pensaba, el accidente de Albert ha hecho que no pensara mucho en él, espero que estés bien Terry… y siguió caminando hasta el hospital

Tal como le había dicho a Candy, Albert se fue a ver al Doctor Martín

-Buenos Días Doctor Martín- le dijo al entrar a la clínica

-Buen dia muchacho como te has sentido estos días- mientras se servia un vaso de whisky como ¨desayuno¨.

-Pues muy bien, me he mareado un poco pero nada más. Si le soy sincero he venido por la insistencia de Candy- mientras se sentaba y se sonreía

-Bueno me alegro escuchar tu mejoría, y hablando de Candy que son ustedes ¿hermanos?- preguntaba curioso

-Bueno… en realidad somos amigos, pero como sabe tengo amnesia y Candy como enfermera se ofrecio a ayudarme…- lo decía Albert un tanto sonrojado

-Jajaja no te incomodes chico, era solo curiosidad- al ver su reacción, el ya se había percatado que no eran hermanos por la forma de actuar entre ellos y las miradas que se hacían, en especial la de Albert hacia ella.

Entre tanto en el hospital Candy terminaba el vendaje de un chico que se había hecho una herida en un brazo, cuando una compañera de ella la llamo

-Candy tienes visita, te espera en el despacho del Doctor Leonard-

-¿En el despacho del Director?- dijo extrañada, camino al despacho pensó por un momento que seria Albert No, él no haría eso sabe que tenemos que guardar el secreto que vivimos juntos. ¿Entonces quien será?

Y cuando entro vio a Neal –¡Neal que haces aquí!, ¿Le ha pasado algo a la Señora Elroy o ha Archie?- lo dijo preocupada

-Calla nada de eso, quería que te vinieras conmigo a comer, vamos no me hagas esperar- le decía mientras la tomaba del brazo

-Suéltame, pero a ti que te pasa Neal, que te hace pensar que me apetece comer contigo. Ni aunque estuviera muerta hambre- lo dijo molesta y se soltó.

-Que dices, tu una huérfana rechaza ir a comer conmigo- mientras su ceño se fruncía por el rechazo de ella y la situación tan patética que se había convertido la supuesta cita que había planeado Neal.

-Como te atreves a venir aquí y molestarme no solo a mi sino al Director del hospital, vete no te quiero ver más- y se marcho sin darle oportunidad de que el dijera algo

Esa tarde Candy la paso muy malhumorada, no se le pasaba el mal sabor de boca que le dejo Neal, al salir hospital decidió dar un paseo antes de llegar al apartamento ya que no quería contarle a Albert de Neal no quería preocuparlo ya que solo habían pasados unos días del accidente.

Iba por la calle y decidió comprar unas frutas, pero para terminar ese día tan extraño el vendedor la llamo señora cosa que disgusto mucho más a Candy.

Iba refunfuñando por el día que había tenido cuando vio a Albert, que la esperaba apoyado en una farola –¡Albert!- A Candy le cambio totalmente la cara y el animo

-Pero que te pasa Candy, porque esa cara acaso ¿No has tenido un buen día en el hospital?- mientras la miraba dulcemente con sus ojos color azul zafiro

-Oh no es que el vendedor me dijo señora, ja una jovencita como yo- mientras subía su naricita respingada en forma de indignación

-Jajaja vamos Candy eso lo dicen todos, vine a esperarte porque se me hacia raro que aun no llegaras- el tomaba la bolsa de la compra de Candy y se fueron charlando amenamente hacia el apartamento

Pero no se habían percatado que alguien los seguía, -Otra vez ese...- decía entre curioso y celoso

Los días iban pasando ya no faltaba nada para que entrara la primavera, Candy cada día luchaba por ir dejando atrás su tristeza por su ruptura con Terry y Albert se recuperaba satisfactoriamente y se había incorporado de nuevo a su trabajo de lavaplatos. Todo parecía que volvía a la normalidad o eso aparentaba Candy que aun no le había contado a Albert que Neal Leggan la pretendía aunque ella lo había rechazado tajantemente pero él seguía insistiendo.

Un día en la mansión de los Leegan

-¡Neal! Porque has dejado plantada a mi amiga Megan, eres muy grosero con ella. Sabes perfectamente que ella gusta de ti- decía Elisa molesta

-Pues a mi no me interesa tu amiguita, me resulta aburrida- decía Neal con desprecio

-¿Acaso estas interesado en alguien que no me has contado, querido hermanito?-

-¡Cállate! No te metas en mi vida. Mejor ocúpate de la tuya ya que no veo que nadie te pretenda hermanita- lo decía burlón

-¡Estúpido!- y se marcho de su habitación, jurando que averiguaría quien era la culpable de que Neal rechazara a su amiga

Así que Elisa pendiente de los movimientos de Neal, un día vio que se arreglaba más de la cuenta. Ella lo conocía bien y eso era señal que se iba a ver con alguna chica.

-Neal ¿Vas a la cuidad?-

-Si, porque-

-Puedo ir contigo, necesito comprar unas cosas- sabiendo de antemano que se negaría

Dile al chofer que te lleve en el otro coche tengo otras cosas que hacer- y salía de la mansión

Y así lo hizo pero con la diferencia que no iba a comprar nada sino averiguar quien era la misteriosa chica, pero cual fue su sorpresa cuando vio a Neal con un ramo de Rosas a la entrada del hospital de Chicago.

-Pero a quien espera, se le ve tan nervioso-

Su disgusto fue monumental al descubrir que era a Candy quien esperaba

-¡Candy! Esto no puede estar pasando es una pesadilla, Candy esta engatusando a Neal quiere vengarse de nosotros esto no se quedara así. Eso si que no…- y se marcho furiosa no podía soportar esa escena, por lo que no se dio cuenta de como Candy nuevamente volvía a rechazar a Neal.

Ya en la mansión le contó lo sucedido a su madre la Señora Leegan, que esta al escuchar lo relatado por Elisa casi le da un soponcio

-Pero que pretende esa huérfana, que le hemos hecho para querer embaucar a mi pobre Neal tan inocente- lo decía mientras se sentaba ya que casi se desmayaba solo con la idea de tener a Candy como nuera

-Madre seguramente ella busca nuestra riqueza y apellido, ya que no pudo con nuestro querido Anthony, además me he enterado que la dejo Terry –

-Eso lo explica todo es una caza fortuna, pero no lo permitiré haré que se vaya de esta ciudad- dijo con los ojos llenos de rabia…. Y Elisa con una risa sarcástica asintió.

Una mañana mientras Albert estaba en el restaurante lavando los platos sintió un fuerte dolor de cabeza que se tuvo que detener en la encimera, por que sino caería al suelo pero su vista se nublo y de repente todo se le puso oscuro a Albert.

Sintió como si un remolino lo succionara hacia un túnel oscuro, sus fuerzas lo abandonaron y no pudo sostenerse más en pie y cayo al suelo, los cocineros se preocuparon al ver que Albert se había desmayado

Así que lo llevaron al cuarto de descanso, diez minutos habían pasado cuando se despertó sobresaltado reconoció el lugar así que eso lo tranquilizo.

Llevo sus manos sobre su cabeza, la tenía adolorida

-¿Que me ha pasado?- mientras ponía su mano en sus ojos que tenia cerrados ya que se había mareado al sentarse tan rápido y en ese momento en su mente empezaba a recordar toda su vida desde que el era un niño hasta ahora, era como ver una película estaba recordando momentos importantes unos tristes, otros alegres y divertidos, pero sobre todos ellos estaban los momentos vividos con Candy desde que la conoció siendo ella una pequeña niña y de como el destino se encargo de volverla encontrar en Lakewood.

Y a partir de allí fue como si el destino los unió con un hilo transparente y no los volvió a separar.

-Si, Candy yo te adopte y desde entonces te protegí, y estuve siempre cerca de ti por si me necesitabas… o seria yo el que te necesitaba. Porque mi vida y mis actos siempre fueron alrededor tuyo y ahora….- Se levanto despacio porque aun se sentía un poco mareado pero salio del cuarto de descanso

-¡Albert! ¿Te sientes mejor?- le preguntaba el dueño del restaurante, estaba realmente preocupado ya que le había tomado cariño, aunque era un chico reservado y poco hablador era muy trabajador y buen compañero.

-Si Sr Smith Gracias, necesito hablar con un usted-

-Muy bien vamos a la oficina-

-Sr Smith quería darle las gracias por haberme dado el trabajo, pero siento decirle que dejare el trabajo-

-¿Cómo? ¿No te sientes bien aun? si quieres tomate unos días para recuperarte, eres un buen empleado-

-Gracias y yo le agradezco su estima pero…- Se detuvo no podía decirle la verdadera razón. Que en realidad él era cabeza del clan Andrew la familia más rica de Chicago por no decir de América.

-Pero es por un asunto personal y aunque ha coincidido con lo que me ha sucedido esta mañana no tiene nada ver -

- Bueno Albert tu tendrás tus razones, sabes que puedes volver cuando quieras-

-Muchas gracias Sr Smith lo tendré en cuenta- Con una sonrisa le estrecho la mano y salio de la oficina de este, antes de irse se despidió de sus compañeros y se marchó.

Luego sin dudarlo se dirigió al parque de Chicago, camino hasta llegar a la orilla del lago como lo hizo unos meses atrás cuando se sentía perdido por no recordar.

Ahora era todo lo contrario una avalancha de recuerdos lo abrumaba, no por haberlas vivido sino porque no encontraba la manera de ordenar todo este rompecabezas pero había una pieza en especial que no sabia como encajarla y era la que tenia forma de corazón.

-¡Candy! que haré ahora, no quiero alejarme de ti. Ahora que tengo más claro que nunca lo que siento por ti-

Se tumbo sobre el césped y con unos ojos soñadores empezó a rememorar todos los momentos vividos con ella, lo feliz que se sentía viviendo con ella, era con la única que podía ser él realmente, con la única que podía compartir su gusto por la naturaleza y los animales. Ella que con sus bellos ojos y su linda sonrisa le ilumino muchas veces su vida.

Después de un rato el sol estaba sobre él era pasado el mediodía, y se levanto con determinación.

-¡Si! eso debo hacer, no debo retardar más esto-

Camino por las calles de la ciudad hasta llegar a la avenida principal, enormes edificios a ambos lados de la avenida daban una imagen imponente.

Vio que en la mayoría de ellos un símbolo le era familiar un águila dorada, él sonrió de medio lado y asintió como convenciéndose de lo que iba hacer y se detuvo delante del edificio más señorial donde en su fachada colgaba en letras doradas ¨Banco de Chicago¨ encabezado por el emblema de los Andrew.

Así que con una actitud tranquila pero segura dijo: -Ha llegado el momento- y entro al edificio pensando que entraba también a una nueva etapa de su vida ya sea para bien o para mal…

Continuara…

Siento mucho el retraso, gracias por esperar y por sus comentarios de verdad me gusta mucho recibirlos, el siguiente lo subiré el miércoles.

Ufffff respiro tranquila al leer que no se habían enfadado conmigo, por el sueño que tuvo mi querido Albert. Pero todo llegara hay que tener un poco de paciencia :), que tengan una bonita semana ;) Un abrazo