SUMMARY: La vida está llena de momentos especiales, ya sean dulces, amargos, felices o tristes. Eso es lo que la hace tan especial. [Fic para el mini reto: Semana INTENSA del foro ¡Siéntate!]

DISCLAIMER: Los personajes de InuYasha y Co. no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi. La historia es propiedad mía y está hecha sin fines de lucro, sólo con el fin de entretener y despejar la mente, aprovechando de endeudarse en las actividades del sexy foro~


Miró a los niños jugando a su alrededor, saltando en piruetas que estaba seguro, luego serían ágiles movimientos en el campo de batalla; mientras a lo lejos, dos de las mujeres más importantes de su vida recolectaban hierbas lentamente a la orilla del río, el brillo del sol de media tarde haciendo destellar con reflejos blancos los canosos cabellos.

El tono del pelo de sus amigos ya había alcanzado el suyo, pero eso sólo lo ponía de mal humor, porque significaba que habían envejecido y estaban prontos a dejarlo. Y él no podría soportarlo.

VII
Adiós

— ¿Sigues pensando en ese momento? — La cansada voz de su compañero de casi toda una vida lo sacó de sus pensamientos. Un gruñido ahogado fue su única respuesta. — Ya te lo hemos dicho, InuYasha, nuestra vida ha sido larga y cuando llegue la hora…

— Cállate.

— Callándome no evitarás que eso pase.

Volvió a gruñir en respuesta, ahora viendo como los más pequeños corrían a ayudar a las ancianas que eran su esposa y la de su amigo.

— Puedo evitar que me des otro discurso que no quiero oír.

El monje sonrió, acentuando las arrugas ya bastante marcadas en su rostro. Apoyó la huesuda mano en su hombro en el gesto que siempre tenía con él, de complicidad y confianza. Eso sólo lo irritó más, extrañaría compartir esos momentos con él.

— Oye, sé que no te gusta pensar en eso, a nosotros tampoco; pero no podemos escapar de la muerte. Sin embargo, somos tus amigos y jamás te dejaremos solo. Estaremos contigo siempre. Además, si no fuera por ti y la señorita Kagome… sólo puedo decir que les agradezco la vida que he tenido. Y no sólo yo.

La mirada azul destelló como siempre lo hacía, como si los años no pasaran por ella, antes de que Miroku se pusiera de pie pesadamente y se acercara a paso lento a su mujer, ayudándola a subir la colina. InuYasha sonrió de medio lado, limpiándose la lágrima que apenas había asomado en uno de sus ojos y negando con la cabeza. Había sentido hacía días la presencia de la muerte rondando, pero sólo ahora supo que no volvería a compartir otra tarde con su amigo. Se acercó al grupo, fingiendo que nada había pasado y le dio un golpe fraternal en el hombro a Miroku, intercambiando una mirada cómplice con él: el monje también lo sabía y no habían palabras para la despedida. Sólo esa simple mirada que lo decía todo.


Palabras: 414.


Ok, odiénme todo lo que quieran, porque yo misma lo hago. Si creen que fue fácil escribirlo, se equivocan: lloré a mares, pero fue lo que salió. La sombra de la muerte temprana - por lo menos para su gusto - de sus amigos es algo que siempre he sentido que lastimaría mucho a InuYasha. Además, creo que por temas de edad y bueno, naturaleza, Miroku sería el primero en morir y él no tendría miedo de ese momento, pero sí los demás. No quiero ni pensar en lo que pasó después, porque temo que sería demasiado doloroso para mí.

Como siempre agradecer a todos los que me leyeron, en especial a Nuez que pasó siempre por acá, y a Mor que me incentivó a anotarme en la actividad. ¡Las quiero mucho, chicas!

Espero que nos leamos pronto en algún otro proyecto. ¿Me dejarían un review para saber qué les pareció? Lo que pueda los respondo.

¡Un abrazo!

Yumi~