El regalo de James
Volver a las clases nunca le había entusiasmado tanto a James Potter. Bueno, entusiasmado lo que se dice entusiasmado tal vez no sea la palabra. Digamos que... Que no le desagrada del todo acudir a Encantamientos un lunes por la mañana. En efecto: Encantamientos.
- ¡Qué gusto acudir a nuestra lección mañanera con Flitwick! - Exclama estirándose - No me parece ni que hayamos madrugado.
- Porque nos hemos saltado la de Mr. Sexy, gilipollas. - Gruñe Sirius abrochándose los botones del pantalón de uniforme.
- No sé por qué me he dejado convencer - se angustia Remus a su lado -, ahora Mr. Sexy me odiará y me pondrá malas notas y... ¡No quiero caerle mal!
- Pero si ya le caes mal seguro - bromea Sirius -. A nadie le gusta que le laman el culo TANTO.
- Yo no le lamo el culo a nadie, Sirius.
- Te sorprendería lo que es capaz de hacer la gente por dinero.
- ¿Qué tiene eso que ver?
- No sé, Lupin - le guiña un ojo -, ¿quieres un galeón?
Llegados a ese punto Remus se enfada, coge su cartera y la bufanda y sale de la habitación dando un portazo. James pone los ojos en blanco y niega con la cabeza "es que nunca sabes cuándo parar, Sirius". Parece que por una vez en la vida, tal vez sea el efecto de la resaca, Sirius se siente un poquito culpable; tampoco demasiado, que para algo se apellida Black. Así que con un suspiro, grita "REMUS, ESPERA" y sale corriendo de la habitación.
Peter y James se quedan a solas. El primero acabando de ordenar sus libros en la cartera y el segundo abrochándose los botones de la camisa.
- Así que... - Empieza Peter - Así que Remus y tú estáis bien.
- Ahá.
- Habrá sido duro para ti, supongo - Peter pregunta con cuidado. Resguardándose en esa cortesía miedosa de siempre.
- No te creas, Pete - James le sonríe -. A ti también te habría perdonado.
- ¿Me perdonarías si besase a Lily?
- Bueno, es que eso no va a pasar, ¿sabes?
- ¿Por qué?
- Emmm... - James se revuelve el pelo - Porque... ¡Oye que llegamos tarde y Flitwick me encantará los cordones si interrumpimos su clase!
Afortunadamente Peter no le da importancia a la conversación y los dos se encaminan hacia el aula de Encantamientos. James reza por no cruzarse con Mr. Sexy, aunque eso de buscar una excusa va a ser la mar de gracioso. "Estábamos todos malos" o "depresión post-vacaciones de Navidad", aunque también puede sincerarse y decirle que no les salía del higo ir a su clase. Cuando llegan la puerta está abierta pero algunos alumnos todavía conversan en el pasillo. James busca con la mirada a Remus y Sirius y los descubre un poco más lejos discutiendo a voz de grito.
- Es que estoy harto de que me trates como a un animal, Sirius.
- Bueno es que en realidad un animal er...
- No me hables más.
- Merlín Bendito, Remus que era una broma.
- ¡Pues no me hacen gracia tus bromas de niño de parvulario!
- Pero que yo te quiero, como James.
- Tú eres bobo.
Pero ahí está. El perdón. James reconoce perfectamente la expresión de Remus cuando perdona a Sirius. No es la misma que utiliza con el resto de personas del universo. Aunque claro, tampoco nadie consigue tocarle las narices de ESA forma. Cuando Sirius la caga, Remus se pilla unos cabreos de impresión, se marcha como alma que lleva el Diablo, monta un drama y luego se cruza de brazos de esa manera que dice "pero te perdono porque eres tú, no porque crea que tienes menos culpa"; y entonces la comisura de los labios se le levanta por el lado derecho. Y es ahí, en ese segundo que Sirius vuelve a tomarse la licencia de bromear de nuevo. Porque todo vuelve a estar como siempre.
Los dos chicos entran en el aula y James va a alcanzarles cuando una mano se posa en su hombro.
- ¿Pensabas evitarme durante el resto del curso, Potter?
Se vuelve casi al segundo para encontrarse a Mary. Lleva el pelo oscuro recogido en una alta coleta; algunos mechones son demasiado cortos y se le han escapado hacia la zona de la nuca.
- Claro, es que como para aguantarte demasiado, MacDonald - James se da cuenta entonces de algo que tiene Mary que no estaba ahí la última vez. Extiende el brazo y con cuidado coge la pequeña snitch que cuelga del cuello de la chica -. ¿Te lo has puesto?
- Es que me gustaba mucho... - se sonroja un poco - ¡Pero no porque sea tuyo!
- Claro, claro... - la molesta él y se da la vuelta - ¿Vienes a clase o qué?
Mary asiente y los dos ocupan uno de los pupitres a mitad de clase. Peter se acerca a ellos y malhumorado se sienta en el asiento de detrás. Sirius y Remus se han sentado en primera fila y Sirius tiene medio culo fuera de la silla; probablemente esté sufriendo porque nunca jamás ha estado tan cerca de la mesa del profesor.
- ¿Por qué habéis faltado los cuatro a Defensa?
- Porque estamos malitos.
- Oye, James.
- Es verdad - el chico se aguanta la risa -, ayer Sirius estuvo a puntito de vomitar y Remus... ¿Ves lo pálido que está? Si es que vaya cuadro que somos.
Mary no se queda muy convencida, pero tampoco le queda otra opción que sacar su pluma desgastada y comenzar a tomar apuntes. James pasa del tema, pero se distrae dibujando sobre su pergamino. No es que Encantamientos sea TAN aburrida. La cosa es que como de costumbre sus pensamientos vuelan por otros lugares mucho más interesantes. En primer lugar está Lily Evans.
La verdad es que el drama de Remus tampoco ha sido tan drama si eso significa que de verdad Lily no está enamorada de él. Eso, en el cerebro de James puede significar dos cosas:
1. A Lily no le gusta nadie.
2. A Lily le gusta otro chico que no es Remus.
3. A Lily le gusta una chica que no es Remus.
Agh. La perspectiva de que a Lily le gustase Remus era horrible pero que a Lily le guste alguien que no sea Remus es mucho MUCHO peor. Porque las opciones no son demasiadas. Tal vez le guste el asqueroso de Snape. Por Merlín. ¿A quién en su sano juicio le gustaría eso? Es decir. El tío no es guapo. Y no es como si su personalidad gritase quiéreme. La verdad es que alguien ahí arriba la ha tomado con él. Pero Lily va con él a veces. "Y son amigos de infancia o alguna mierda así", recuerda James. Y todo el mundo sabe que esas "amistades de infancia" se hacen del roce, y del roce se pasa al cariño y cuando te quieres dar cuenta ya tienes las manos en el culo del otro. Pues no. James se niega a que Snape le ponga las manos en el culo a Lily. ¡O en cualquier otra parte!
Y la otra opción que se le ocurre es...
- Oye Mary - le gruñe en el oído y la otra da un salto.
- ¿Se puede saber qué te pasa? - Sisea ella con el ceño fruncido - Casi me da un infarto.
- Vale pero, ¿tú crees que le gustas a Lily?
- Oh, por Dios, James Potter.
- ¿Qué?
- ¿En qué granja te criaste para preguntarme eso?
- ¿Por qué? Me crié en el Valle de Godric y en una casa bastante grande, por cierto.
- Era una pregunta que no esperaba respuesta.
- Bueno pero que si crees que le puedes gustar.
- James - escribe "y es muy importante el movimiento de muñeca en..." -, es la idea más estúpida que he escuchado en mucho tiempo.
- Oh, vamos. No es tan absurdo.
- Es demasiado absurdo hasta para ti.
- Es que a veces te mira mucho.
- Tú también miras mucho a Sirius y no te he preguntado si te gusta.
- ¡Pero porque Sirius es mi hermano!
- Sí, claro.
- ¿Sí, claro? ¿En qué piensas?
- Algún día te lo contaré. Pero sólo cuando estés preparado.
Silencio. Continúa la clase durante un par de minutos.
- Oye, Mary.
- ¿Quéééééé?
- Nada.
Mary le mira durante un instante y después vuelve a prestar atención. Durante el día el cuerpo de James vaga por los pasillos y su mente vuela por encima de los terrenos de Hogwarts. Esa tarde en Cuidado de Criaturas Mágicas hace equipo con Peter mientras hacen una redacción de por qué usar la sangre de unicornio no es ético. En realidad se ocupa el pequeño Pettigrew por completo, porque James pasa la mayor parte del tiempo moviendo la varita en el aire.
- Ser joven para siempre - dice en voz alta.
- La verdad es que suena tentador - asiente Peter con la cabeza inclinada.
- Sí, la verdad es que suena tentador - murmura James. Nunca ha visto un unicornio en la vida real, claro. Todo lo que sabe es que tienen ojos oscuros como pozos vacíos sin fondo pero con luz intensa en lo más hondo. Que un cuerno te puede atravesar en dos y que los pelos de la cola sirven para hacer varitas -. Pero no creo que todo el mundo sea capaz de hacer algo como eso.
- ¿Por qué?
- No sé, Pete. ¿No has visto nunca un dibujo de un unicornio?
- Mmmm...
- Es como si cogieras a una chica preciosa y la... No sé. La obligases a hacer cosas que no quiere. Incluso peor.
- ¿Obligarla a hacer algo que no quiere? - Una gota enorme de tinta impregna el pergamino. Tendrán que empezar ora vez - ¿Como qué?
- ¿Qué más da lo que sea? Cualquier cosa que no quiera hacer. Como si es salir a dar un paseo a las diez de la mañana. Hacer que alguien haga algo que no quiere hacer es horrible.
- A lo mejor quiere hacerlo pero no lo sabe.
- Escucha - y James se inclina hacia él. Gafas en la punta de la nariz y la varita todavía en la mano. Los ojos pequeños de Peter Pettigrew no apartan la vista de ahí. De esa mano izquierda que se mueve peligrosamente. Ahora mismo Peter es uno de los mejores amigos de James. Dentro de unos años no será Peter el que esté en esa situación; puede que sea un mortífago de nombre extraño o simplemente alguien "del otro bando", pero la expresión será la misma. Cuando James Potter dice "escucha" y lo hace con esa mirada seria que se guarda para ocasiones especiales, ni el mismísimo Merlín osaría no prestarle toda la atención. Peter lo piensa. Que James a veces da como poco un poquito de miedo -, eso que acabas de decir es una grandísima gilipollez.
- Vale.
No vuelven a hablar más en todo el rato hasta que Peter termina y James le sonríe indicando que "seguramente sacaremos un diez de diez". Lo más probable es que no, pero al menos lo han intentado. O bueno, Peter lo ha intentado.
La siguiente clase es Pociones y los cuatro chicos se colocan en el mismo orden que siempre: Sirius, James, Remus y por último Peter. Ese día no hay que preparar ninguna poción y poco tiempo le falta a Sirius para levantarse y quejarse en voz alta: "encima de que esta asignatura es una broma usted la hace todavía más absurda", y eso le vale cinco puntos menos a Gryffindor.
- A veces deberías guardarte tus opiniones para la almohada, Sirius - protesta Remus.
- Mira quién fue a hablar. Porque, ¿sabes qué, Remus? A todo el mundo le interesa todo lo que sale de tu boca.
- Al menos pienso antes de hablar.
- ¿Oh, sí? ¿Lo haces?
James deja caer le cabeza sobre la mesa y el golpe suena tan fuerte que el grupo de chicas de Slytherin de delante se vuelven preocupadas. Preocupadas antes de darse cuenta de quiénes son, obvio.
- ¿Estás bien, James? - Le pregunta Remus.
- Tal vez estaría bien si dejarais de discutir el uno con el otro por un día.
- A empezado él - bufa Sirius.
- ¡Qué maduro, Sirius!
- Imbécil.
- Irritante.
- ¿Irritante yo? ¿Por qué no te grabas la voz con uno de esos cachivaches muggles? Entonces sabrás lo que es algo irritante.
- Eres un desagradable y no sé por qué te he perdonado por lo de esta mañana.
- Eres un desagradable y mimimimi - le imita Sirius con voz aguda.
- Está bien - Remus levanta la cabeza con algo que él considera un gesto muy digno -, yo no puedo más. James, no quiero seguir compartiendo espacio con este mendrugo.
- Y James, yo no quiero tener que compartir mi vida con este descerebrado.
- ¡Pues no lo hagáis! - James mira primero a Remus y luego a Sirius - Es más, por mí como si os matáis el uno al otro. De hecho si queréis voy a la Sección Prohibida y os saco un manual de hechizos asesinos y los probáis esta noche.
"Pues tampoco hace falta que te pongas así", dice Sirius. Y "vaya, James, qué humos", añade Remus. La discusión parece detenerse cuando a Sirius se le olvida que se han enfadado y le pide a Remus ayuda con una parte de su redacción. Tienen que pasar tres intentos de "Rem, eh, Remus, ¿por qué no me haces caso?" para que el chico caiga en la cuenta y se vuelva a cruzar de brazos murmurando que nunca jamás en la vida va a volver a dirigirle la palabra "porque eres un capullo integral". Cuando acaba la clase James no se siente ni siquiera aliviado, porque de hecho, eso implica tener que aguantar a los dos en el dormitorio discutiendo sobre TODO y NADA o convivir con uno de esos silencios incómodos que caracterizan sus enfados.
En realidad James está un poco harto de ese tipo de situaciones entre Remus y Sirius. La verdad es que no ha conocido a nadie tan cargante como Sirius Black pero tampoco a nadie que se deje enfadar con tanta facilidad como Remus Lupin. Y es que por un lado parece que el Universo los ha colocado en la misma habitación del castillo solamente porque son opuestos. Para que se peleen. Para que pasen las 24 horas del día quejándose de lo que hace el otro. Y el caso es que es siempre de esa forma, algo así como el 98% de los días del curso. Y sin embargo luego tienen ese 2% con un margen de error de un 1% en el que no pueden vivir el uno sin el otro. A veces James se pregunta si realmente Remus podría levantarse por la mañana sin Sirius metiéndose con la forma en la que se dobla las mangas de la camisa o de si Sirius no acabaría suicidándose si no tuviera a Remus al lado para recordarle que escribir en la pared del pasillo "Lucius Malfoy huele a pis de gato" va en contra de las normas.
Y puede que si no fuera porque Remus y Sirius se excedieron en sus discusiones ese día, James no habría bajado a la Sala Común esa tarde. Tampoco habría abierto su manual de Transformaciones por el último capítulo ni probablemente se habría cruzado con Mary MacDonald cuando ella volviera de pasar el rato con Lily Evans. "Subiré luego", dice la morena. Y luego se acerca a él.
James sigue a Lily con la mirada. Falda corta y jersey largo y las ganas de provocar infartos a cada paso que da. Lily Evans.
- ¿Estudiando? ¿Tú? - Mary se sienta en el brazo del sillón y le mira divertida.
- Soy más que una cara bonita - bromea mirándola.
- Pensaba que ya te habrías encerrado en el dormitorio - ella señala con la cabeza las escaleras de los chicos -, siempre lo hacéis después de cenar.
- ¿Nos controlas?
- No, pero el único que a veces se deja ver por aquí es Remus y creo que es porque se harta de vuestras tonterías.
- Pues hoy soy yo el que me he hartado de ellos.
- ¿Ha pasado algo? - Mary cambia de expresión. Cejas levantas y curiosidad. Y algo de preocupación.
- No, qué va - se encoge de hombros él, cerrando también el libro -. Lo de siempre. Sirius y Remus a veces me sacan de quicio.
- Sirius y Remus... - Sonríe de lado - No sabía que había problemas en el paraíso.
- ¿Paraíso?
- Oh, vamos - pone los ojos en blanco -. Sirius y Remus son un matrimonio, todo el día discutiendo. Lo dice la gente.
- ¿Qué gente dice eso?
- La misma que dice que Sirius y tú compartís cama y créeme que cuando te conocí estuve a punto de preguntarte si era verdad.
- Bueno... - James suspira - He dormido con Sirius más de una vez. No es un crimen. ¿No es un crimen, no?
- Depende.
Y ella se levanta, estirando los brazos hasta lo que parece el infinito.
- No, eh - James la coge de la falda y luego la suelta arrepentido -. Quiero que me expliques eso.
- James, las paredes tienen oídos, ¿no lo sabías?
- ¿Eh?
- Que no quiero hablar de esto aquí.
- Hablemos en otro sitio entonces.
- ¿Y qué sitio?
- Mary, - sonríe maliciosamente - creo que ha llegado la hora de darte mi verdadero regalo de Navidad.
La deja esperando en la Sala Común y sube hasta el dormitorio. Ahí la pelea continúa y ni siquiera se atreve a preguntar qué diablos están haciendo cuando entra y se encuentra a Remus tirado en la cama y a Sirius sentado encima de su espalda con sonrisa de victoria. James camina hasta su colchón y saca la capa de debajo, guardándola bajo el jersey; después camina hasta la puerta sólo para volverse una vez más.
- Que sepáis que la gente se piensa que sois un matrimonio. - Dice atropelladamente.
En su rápida salida solo escucha dos contestaciones.
- Matri, ¿QUÉ? - Por parte de Remus.
- Qué cojones pero si yo ya estoy prometido. - Por parte de Sirius.
Eso les dará una larga noche de conflicto. Baja las escaleras a la carrera y cuando se enfrenta otra vez a Mary sonríe ampliamente.
- Lo que vas a ver ahora es algo que sólo enseño a mis personas más cercanas, MacDonald. Algo misterioso y que ha pasado de generación en generación en mi familia y...
- Me estás asustando.
- ¡Tachán!
Y es dramático. Porque a James siempre le ha gustado el teatro. Y confesarles a Remus y Peter que tenía una capa invisible no le dio margen al dramatismo, así que ahora tiene la oportunidad de dejar a Mary con la boca abierta. Saca la capa y se cubre con ella. Y entonces...
- ¿QUÉ?
- ¿Te mola eh?
- ¿QUÉ HAS HECHO? - La chica mueve los brazos en el aire - ¿CÓMO?
James se descubre la cabeza y da un giro.
- Capa Invisible.
- Pero... - Ella se acerca y coloca la mano donde se supone que tiene que estar la tela bajo la que en realidad está el brazo de James - ¡Esto es increíble!
- Lo sé.
Mary se queda inmóvil; observando la cabeza flotante que es su amigo. El remolino de emociones que cruza sus facciones es ciertamente indescriptible. Pasa del blanco de la sorpresa al rojo más emocional y después a un tono oscuro que se ve reflejado en sus ojos marrones: malas intenciones.
- Circe Poderosa - da un salto -, ¿entiendes la cantidad de cosas que se pueden hacer con esto?
- Creo que sí.
- Salir por la noche sin que te vean, ir al... ¡TOMAR BAÑOS POR LA NOCHE! ¡CON BURBUJAS! O... ¡O espiar a la gente! ¡Ir a otras casas!
- Eh, eh, eh, tranquilízate - James se quita la capa y la coloca sobre su brazo -. Creo que tú y yo todavía no estamos en esa fase de tomar baños juntos.
Ella le ignora por completo porque de repente la tela marrón es cien veces más interesante.
Y entonces James levanta los brazos y es la primera vez que Mary MacDonald se mete debajo de la Capa Invisible. No será la última tampoco. Con cuidado James la coge de la mano y la obliga a seguirle a través del retrato. Lentamente recorren los pasillos y James se da cuenta de lo hábil que se ha vuelto debajo de esa capa. Caminar con Remus, Sirius o Peter debajo de ella es tan sencillo como respirar. Mary es más torpe, se choca con él a cada escalón que bajan y a veces se le olvida que no tiene que hablar en voz alta. A James le recuerda a esos primeros días en los que los cuatro conocían el castillo por la noche. Tenemos que volver a recuperar esta costumbre.
Tiene pensado llevar a Mary a un sitio donde nadie les escuche hablar, pero también a un lugar que la impresione. Porque no sé, si vas a coaccionar a tu mejor amiga para que rompa las normas del colegio pues es mejor hacerlo a lo grande. A Sirius y James se les ocurrió esa idea por primera vez en segundo. "Tío, no entiendo cómo los jugadores de quidditch soportan los partidos por la noche". Y así. "¿Has visto el campo de Hogwarts alguna vez desde cerca cuando no hay luces?". Y claro. Capa Invisible sobre las cabezas, risas malintencionadas y pasos rápidos hasta el campo. Fueron a la carrera de un extremo a otro y decidieron que si alguna vez conseguían que Los Beatles volvieran a estar juntos les pedirían tocar allí.
Ahora es Mary la que va a descubrir una de las razones por las que Hogwarts es mucho más de lo que la luz del sol deja ver. Ella se asusta cuando James la obliga a salir por la puerta de atrás del castillo; la que da a los invernaderos, la casa de Hagrid y el Bosque Prohibido. "Es que ahí hay cosas horribles, como hombres lobo" le susurra al oído.
James no puede evitar sonreír "a la gente le cae bien otra gente. Y a todo el mundo le gustan los perros, así que los hombres lobo tampoco pueden estar tan mal". Mary no se queda muy convencida pero calla porque tiene los nervios a flor de piel. Es ella la que empuja la puerta del campo con el hombro y juntos entran allí.
Al principio se quedan de pie, con la capa en el suelo. Mirando el cielo y las estrellas. El castillo a su espalda. Mary suelta algún silbido de vez en cuando y luego simplemente se echa a reír.
- Nunca pensé que vería el campo así.
- Es guay, ¿verdad? Sirius y yo teníamos pensado venir a jugar algún día.
- Os pillarán.
- Pero habrá merecido la pena - James se encoge de hombros -. Y bueno, ¿qué es lo peor que nos podría pasar? ¿Que nos expulsen? Si me expulsan con Sirius todo está bien.
Mary no puede evitar sonreír otra vez. Es fácil hacerlo con James al lado. Con toda esa inocencia o amabilidad o no sé, el caso es que es imposible no sentirse bien cerca de él. La chica se deja caer al suelo y él no tarda en acompañarla.
- ¿Ahora podemos hablar de lo que decías antes?
- Uhmmm... - Se nota que el tema es como para cogerlo con pinzas - No es que a mí personalmente me disguste ni nada por el estilo, pero no creo que tengas que hablar a gritos sobre las relaciones... Relaciones de personas iguales.
- ¿Personas iguales?
- Sí, como Lily y yo, por ejemplo.
- A ver, pero... - James entrecierra los ojos - ¿Está mal que hable de eso?
- A mí no me importa pero hay a gente que puede ofenderle.
- Vaya - él abre la boca en forma de "o" y luego la vuelve a cerrar -. Pero, ¿entonces no te gusta Lily, no?
- ¡Que no! - Ella le da un golpe en el hombro - ¿Y a ti Sirius?
- Oh, por favor - y repite "oh por favor" algo así como cuatro veces - ¿SIRIUS? Pero a quién en su sano juicio le puede gustar Sirius Black. Con ese pelo largo horrible y ese mentón... ¡Menudo mentón!
- Realmente no te enteras de nada, James - y se ríe en bajito ante la expresión interrogante del otro.
- Pues la verdad es que no - asiente él finalmente -. Si Remus no me hubiera contado que Lily y él se besaron no me habría enterado nunca.
- ¿Que Lily y Remus qué? - Los ojos oscuros de Mary se abren en la noche.
- Se besaron - repite él -; bueno, técnicamente ella le besó a él y luego se dieron cuenta de que no se gustan.
- ¿Y necesitaban besarse para darse cuenta de que no se gustan? - Infla las mejillas indignada - Por Circe, yo no necesito enrollar mi lengua con la tuya para saber que no me gustas.
- ¿Enrollar la lengua? - James se inclina hacia ella consternado - ¿Crees que se besaron con lengua?
- ¿Cómo se van a besar si no es con lengua?
- No sé, con los labios. Simplemente eso - murmura. Tan bajito que Mary tiene que acercarse un poco más para escucharle bien -, no creo que necesitasen más, ¿verdad?
- Mi madre siempre me dice que cuando bese a un chico lo haga bien.
- ¿Y a quién has besado tú, MacDonald? - Hay una burla escondida en esa pregunta. Y Mary querría contestarle que a más de los que él se puede imaginar. Pero sería mentira. No ha besado todavía a nadie. Tampoco se me ha presentado una buena oportunidad. Los chicos de por aquí no son nada del otro mundo.
- A ti no te importa, entrometido.
- Eso es que a nadieeee - canturrea.
- ¿Y qué hay de ti, eh? - Bufa ella.
- Pues a unas cuantas, Mary. A unas cuantas que quedaron bastante satisfechas.
- No me lo creo.
- ¿Y por qué no te lo crees? - Finge estar ofendido. Es una de esas habilidades que tiene James Potter: tener más cara que espalda.
- Pues porque para ti solamente existe Lily Evans - pone los ojos en blanco y se cruza de brazos -, Lily Evans respira, Lily Evans camina... Pues déjame decirte algo James Potter: la mayoría de las personas que tienen dos piernas tienen esa habilidad maravillosa de camin...
No acaba la frase porque James lo impide poniéndole la mano en la boca. Mary se debate entre darle un buen lametón o levantar la rodilla e hincársela en las tripas. Al final decide esperar pacientemente.
- Lily Evans será muchas cosas pero no veo que sea Lily Evans la que está ahora aquí y créeme que Lily Evans no sabe que tengo una Capa Invisible.
La sonrisa de Mary no es visible porque la mano de James sigue cubriendo su boca, pero sus ojos se estrechan en una mueca de alegría prácticamente indescriptible. Si James es sincero consigo mismo y con el mundo, la verdad es que Mary es guapa. No es el mismo tipo de belleza que tiene Lily Evans; belleza de libro. No tiene las facciones de una muñeca de porcelana ni va rompiendo corazones a su paso, pero tiene unos ojos marrones enormes en los que tranquilamente puedes bucear. Y además su mejilla izquierda se rompe una cicatriz que seguro que es causa de hacer el bestia con su hermano y que solamente la puedes ver si estás lo suficientemente cerca.
Mary no es Lily, pero la verdad es que Lily tampoco es Mary.
Porque Mary es una sonrisa continua y un ceño fruncido cuando has cruzado "esa línea". Y en realidad es Mary la que siempre está ahí cada día, y bueno, es ella la que apetece disfrutar de su compañía. Y ahora es Mary a la que le ha desvelado uno de los secretos que guarda bajo llave. Le ha enseñado la razón por la que él y sus amigos son los reyes del colegio, o la razón por la que lo serán. Se lo ha enseñado sin dudar ni un instante. Porque confía en ella. Porque de alguna manera no hay forma de que no pudiese poner hasta su vida en las manos de esa chica de labios finos y rosados. Ahí bajo la luz de la media luna Mary juega con las mangas del jersey. James se da cuenta entonces de que sus hombros están temblando y la cubre con la capa, obligándola a estar más cerca.
- ¿No se enfadarán tus amigos por haberme contado esto? - Dice ella en bajito.
- Es muy probable que Sirius se cabree pero es que Sirius siempre está cabreado.
- Pensaba que yo simplemente le caía mal.
- ¿Tú? - La simple idea parece absurda en la cabeza de James - De todas las personas en el mundo creo que tú no...
- ¿Qué pasa? - Mary levanta la cabeza ante el silencio.
- Uhm, nada... - James la vuelve a mirar. Cara pequeña, nariz respingona y pestañas largas - Que no le caes mal a Sirius, Mary.
Ser adolescente es complicado; hay cantidad de películas americanas que quieren reflejar lo que es tener las hormonas revolucionadas, pero la verdad es que en realidad no sabes lo que es hasta que lo vives. Y ser adolescente significa hacer tonterías, y significa pegarte un disgusto porque te ha salido un pelo en ese sitio en el que no tendría que haber, o simplemente es un enfado porque alguien se ha acabado la salsa de almendras. Mary y James son adolescentes y encajarían perfectamente en una de esas películas. Pero la vida real no es como el cine. Permanecen sentados durante un rato, en silencio, escuchando sus respiraciones y disfrutando de algo que puede tardar tiempo en volver a ocurrir. Después, y bajo la capa de nuevo vuelven en silencio a la Sala Común de Gryffindor. Una vez al pie de las escaleras de los dormitorios los dos se quedan inmóviles hasta que finalmente Mary se acerca a él y le pasa los brazos por el cuello.
James sonríe y la abraza con ese cariño que guardas en un compartimento especial. Siente la mejilla de ella contra la suya y después se separan.
- ¡Vaya! - Exclama ella con expresión de sorpresa - Parece que raspas ya y todo.
- ¿EN SERIO? - Susurra James llevándose la mano a la barbilla.
- No, era broma.
Y sube las escaleras corriendo. James se queda allí, con la capa en la mano y maldiciendo en voz baja. "Será idiota". "La verdad es que tendrían que empezar a salirme pelos, tío", piensa mientras abre la puerta de su dormitorio. En la oscuridad se escucha a Sirius roncar como una bestia y a Peter sorber los mocos. Ese ha subido hasta el cerebro.
Se quita el pantalón y la camisa y en calzoncillos y con cuidado se arrastra hasta su colchón.
- ¿Dónde has estado? - Susurra la voz de Remus justo a su lado.
- Por ahí - murmura tapándose con la manta -, dando una vuelta.
- ¿Has traído chocolate?
- Remus, hoy no te mereces chocolate.
Nota como el otro se revuelve entre las sábanas y se acerca a él todavía más. Huele a champú y pergaminos. Remus siempre huele a pergaminos.
- ¿Desde cuándo hemos invertido los papeles? - Le dice en bajo, casi en su oído.
- Desde que has decidido ser adolescente.
- ¡Pero tendrás valor! Llevas viviendo en la hormona desde que te conozco.
- Shhhh - James le empuja con una sonrisa -, haber besado a Lily te quita derecho a protestar durante todo lo que queda de curso.
- Eso no es justo, yo no la besé, ella me besó y...
- Las normas son las normas, Lupin.
- Tenemos unas reglas muy injustas, Potter.
- Puede que te baje la condena si dejas de discutir a todas horas con Sirius.
- Es él, sabes que es él - gruñe -, la tiene tomada conmigo.
- Pero eso es porque le importas, Remus.
- Oh, sí, claro, y tengo que creerme eso.
- De hecho no sabes lo que es que Sirius Black te quiera hasta que te mete la cabeza en el váter. - Gruñe una voz desde el otro lado.
- ¿Vas a meterme la cabeza en el váter, Sirius? - Le vacila Remus.
- Si no te callas ya pienso meterte debajo de la ducha con el agua bien fría. Y no pararé hasta que te oiga aullar todo el colegio.
Y ahí termina la conversación. James escucha cómo Remus se ríe antes de darse la vuelta y tratar de recuperar el sueño y no pasan ni diez minutos hasta que los ronquidos de Sirius vuelven a reinar en la habitación. Después simplemente cierra los ojos y piensa en lo mucho que le va a costar levantarse al día siguiente para ir a clase.
