Bueno, aquí está el segundo capítulo. Sé que dos capítulos tan seguidos no es propio de mí, es que hice los dos seguidos pero sólo me quedaba acabar este. Bueno, como ya sabréis los personajes no me pertenecen pero su historia sí.

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El calor despertó a Bella, la cual abrió los ojos sin moverse. Su hermano ya no estaba a su lado, desde la tienda de campaña oía el ruido de los soldados mientras se movían por el campamento. Se levantó despacio sin hacer más movimientos de los necesarios, hacía demasiado calor para ello, se acercó al apartado de la cabaña que era la supuesta ducha, tan solo había un barreño muy grande lleno de agua fría, la cual agradeció cuando se lavó con ella, usó el doble de desodorante de lo habitual y prescindió de la sobre camisa para salir, dio gracias a Dios por que la hubieran dado pantalones cortos como parte del uniforme.

Salió de la cabaña siendo cegada por el sol, pese al calor y brillo de este supo que no debían ser más de las nueve de la mañana estremeciéndose al pensar cómo sería estar allí al medio día. En la cocina encontró algo a lo que el ejército hacía llamar café, aunque más bien sabía a tierra quemada con agua. Dejó la taza medio llena en la cocina y fue a lo que llamaban "El hospital" Era una tienda de campaña con postes más regios que en el resto de los lugares, en el interior había quince camastros, de los cuales seis estaban ocupados por los soldados, la mayoría de ellos ya conscientes, Bella se acercó al único que no lo estaba.

Era un chico muy joven, lo era incluso más que ella misma, debía de tener poco más de dieciocho años. Tenía el pelo oscuro y la piel oscura, de estatura media pero aún tenía la constitución delgada de un niño. Tenía una herida en el costado, de un navajazo por lo que decía el informe, en el hombro derecho también tenía un balazo. En su rostro aniñado, pese a la piel bronceada, se le veía pálido e incluso un poco verdoso.

-La enfermera Swan, supongo.-Dijo una voz a sus espaldas.

Bella se giró, ante ella un hombre de unos treinta años le miraba sobre las gafas con sus inquisitivos ojos azules. Era un hombre de complexión media que no destacaría en la multitud si no fuera por esa mirada que se veía inteligente y avispada.

-Sí, Doctor…

-Doctor Benjamin Clark-Se presentó.-Pero puedes llamarme sólo Doc.-Bella enarcó una ceja.-Todo el mundo me llama así aquí.

-De acuerdo…Doc.-Sonrió ella con encanto.-Soy la Enfermera Isabella, pero puede llamarme sólo Bella, todo el mundo me llama así.

-De acuerdo, Bella.-Dijo él mientras con un dedo subía las gafas por su nariz.-Todo aquí es muy simple, cuando esté aquí eres enfermera, si no estoy aquí harás de doctora si hace falta ¿Lo tienes?

-Claro.-Dijo ella.

-Bien.-Hizo una pausa.-No utilices la morfina si no es absolutamente necesario, es decir, si están inconsciente o es algo que crees que puede aguantar por doloroso que sea, no uses la morfina. No nos sobra y tampoco nos envían demasiado, en general con casi todos los medicamentos, salvo los antibióticos que nos lo envían sin reparo, pasa eso, pero no te preocupes con gasas, alcohol, esparadrapo y demás puedes utilizarlo normal ¿Tienes experiencia quirúrgica?

-Más o menos.-Contestó ella con timidez.-He estado en quirófanos para humanos en infinidad de ocasiones, y en varias ocasiones me he visto obligada a operar a alguna vaca o caballo, ya sabe me he criado en un rancho. Pero jamás he operado a un humano.

-Bueno tienes más experiencia de la que imaginaba en cirugía, pero aún así recemos todas las noches porque no tengas que operar sin mí.

Bella asintió mientras llevaba de un movimiento su trenza a la espalda, deseaba no tener que operar, jamás lo había hecho con un humano, eso podía salir tan mal que… Daba lo mismo, ella tenía que hacer lo que se viera necesario para salvar vidas, o al menos intentarlo, para eso la habían mandado aquí.

-Encárgate de este joven.-Dijo señalando al único chico inconsciente.- Seth Clearwater, 18 años, llegó aquí unos días antes que tú. Balazo en el hombro derecho provocando la fractura de la clavícula, puñalada en el costado derecho, ningún órgano vital afectado. Por otro lado tiene las costillas flotantes fracturadas. Nada más, tuvo suerte de que Cullen volviera a por él, si no ya sería abono de la selva.

Y sin más dejó la tienda. Bella se acercó al joven, apenas dieciocho años y ya estaba en una guerra, apenas habría vivido Bueno, seguro que ha vivido más que yo pensó con amargura, ser la hija pequeña de cuatro hermanos en un rancho de Texas no te da la seguridad de que vas a llevar una vida llena de emociones, no había besado a nada más que un chico, y ni siquiera le gustaba el chico, maldito Mike Newton, le había robado su primer beso y encima se sorprendió cuando lo dejó.

Comenzó a cuidarle las heridas mientras tarareaba una canción, la herida del navajazo estaba levemente infectada, pero parecía que la herida de bala y las costillas mejoraban favorablemente, estaba ardiendo por la fiebre que le causaba la infección, le proporcionó antibióticos en vena y le puso un paño de agua fría en la frente. El trabajo con el resto de los enfermos fue rutinario aunque no menos costoso, jamás se habría imaginado que los soldados eran tan quejumbrosos, en su hospital había visto a mujeres y niños con heridas y enfermedades más graves que siempre tenían una sonrisa en los labios, aunque también era cierto que a nadie le apetecía sonreír aquí.

-Bella.-Saludó Emmet que entraba acompañado de Jasper a la tienda.- ¿Qué tal tu primer día?

-De momento bien, no hay ningún herido que corra peligro.-Dijo encogiéndose de hombros.-Pero me da a mí que esto no va a estar siempre así de tranquilo.

-Ten en cuenta que es domingo y que la misión que llegó el mismo día que tú salió bien, cuando llegue una que ha salido mal, o que se acerque un grupo de otro campamento que llegaron aquí porque no podían llegar al suyo esto va a parecer Troya.-Comentó Jasper mientras se ponía a tocar los utensilios médicos.

-¡Estate quieto!-Le reprendió Bella mientras le daba un golpe en la mano.- Y gracias por animarme, es mi primer día, deberíais apoyarme.

-Yo te apoyo.-Se quejó Emmet antes de darle un beso en la mejilla.

-Yo te apoyaría si te hubieras ido a un hospital normal, no a la guerra.-Le dijo francamente Jasper.- ¿Te has vuelto loca, Bella? ¿La guerra, en serio? Comprendo que quisieras ayudar a tu amigo ¿Pero como para arriesgar tu vida en Vietnam?

-El cuarenta por ciento del porqué de mi decisión fue ayudar a Alec, pero no fue sólo eso.-Se defendió ella indignada, sin pensar en las preguntas que eso suscitaría.

-¿Entonces cual es la razón principal?-Preguntó Jasper sabiendo que la había pillado, provocándole un fuerte sonrojo.

-¿Qué clase de vida llevaría si me quedara en el rancho?-Cuestionó.-Siempre he querido dejar la enfermería cuando me case para poder criar a mis hijos como mamá lo hizo con nosotros.-Explicó.-Pero antes de eso ¿Qué aventura podría vivir? ¿Qué les contaría a mis nietos? Que era una aburrida enfermera que no hacía nada en su juventud.-Dijo con los ojos brillantes de la emoción.-En cambio así podré contarle mis aventuras, cuando vuelva volveré al hospital hasta que me case, ese es mi plan.

-Si vuelves.-Pinchó el rubio.

-Jasper…-Se puso serio Emmet- Bella no hace trabajo de campo, seguramente vuelva, encontrará un marido ranchero y heredará ella el rancho porque ninguno de nosotros lo queremos.-La defendió y animó.-Tiene 21 años, puede tomar decisiones sin tener que consultarlo ni a nuestros padres ni a nosotros.

-Pero…-Fue a protestar Jasper pero se vio interrumpido por una especie de campana-Hora de la comida, uno de las grandes desventajas de la guerra, junto a la muerto, heridas irreversibles y los traumas, claro está.-Dijo sarcásticamente.

-Jasper,-Dijo Bella con una sonrisa divertida en los labios.-Deja el sarcasmo para los profesionales.

Y sin decir nada más se fueron hacia las cocinas, donde les servían la comida y luego cada uno se iba a comer a donde quisiera. La comida era una cosa asquerosa que ni los hermanos Swan ni Jasper podían comer sin poner malas caras, acostumbrados a la comida de Sue y de la señora Swan.

Estaban sentados en un carro, Bella en medio de los dos hombres, que miraban con recelo al resto de los soldados, para muchos era la primera mujer que veían a menos de 50 metros. El que estaba sentado justo en frente de ellos era Edward, el cual miraba a Bella disimuladamente, aunque así sin apartar la mirada de ella. No era la clase de mujer que veías a lo lejos y te girabas a ver, pero cuando estaba cerca su rostro deslumbraba. La risa de Bella lo sacó de sus pensamientos, Emmet estaba haciendo alguna tontería, y Bella, con una sonrisa dulce en los labios le reprendía.

La comida acabó y cada uno se fue a su puesto, algunos a limpiar las letrinas, otros a ordenar las provisiones, otros a lavar ropa, otros a hacer un reconocimiento a los alrededores, y algunos pocos hacían trincheras a última hora de la tarde, mientras las temperaturas descendían paulatinamente como el sol.

Bella cuidaba de los dos únicos chicos que quedaban en la enfermería, un joven de color que no paraba de hacer bromas, algunas demasiado sexuales para el gusto de la joven, pero aún así era tremendamente amable con ella; por otro lado estaba Seth, el cual se recuperaba de su infección, de sus heridas y de sus costillas rotas, las cuales le molestaban hasta para respirar.

-Joder.-Se quejó el chico al intentar incorporarse para tomarse la sopa que le traía Bella, la cual sonrió al oír en su voz, levemente infantil todavía, esas malas palabras.-De verdad, prefería que me hubieran dado dos balazos y un navajazo más a tener las dos putas costillas rotas, no puedo ni respirar en condiciones.

-Estate tranquilo, Seth.-Le tranquilizó Bella mientras ponía sobre sus rodillas la sopa y la cuchara.- En una semana podrás salir de aquí, y en otra podrás moverte como acostumbrabas, tan sólo tienes que tener paciencia.

-Tendría paciencia si no hiciera este calor.-Refunfuño.-No sé como sobreviven los vietnamitas.

-Supongo que estarán acostumbrados.-Le quitó hierro al asunto.-Pero deja de quejarte y tomate la sopa antes de que se enfríe, y date prisa que tengo que darte las medicinas antes de que me vaya a cenar.

El chico se tomó la sopa entre malas palabras contra el calor, contra sus costillas e incluso en contra de Dios, a lo que Bella se dio la vuelta para regañarle como buena hija de una mujer fervientemente católica.

Emmet fue a buscarla mientras cantaba una canción que ella no conocía, parecía un Blues, pero estaba destrozando la canción.

-Emmet deja de cantar.-Pidió Bella cansada de sus gritos.-Me duele la cabeza quiero tomar algo e irme a dormir sin tener pesadillas sobre tu voz.

-Mira que eres aburrida.-Hizo un mojín.

Jasper se acercó y comentó que había filetes de pollo, pensando que eso sería imposible de que lo estropearan demasiado, inocente que era. Cuando dio el primer bocado estuvo segura de que había perdido un diente, la carne no solo estaba dura si no que carecía de sabor, y cuando conseguías masticarla te quedaba una extraña masa de carne en la boca.

-Me rindo.-Dijo Bella mientras dejó el plato delante de ella, en el suelo, en el centro del corro del que se encontraba ella con su hermano y Jasper.-No sé cómo podéis comeros eso, es asqueroso.

-Bueno, yo mientras como pienso que es la comida de Sue.-Dijo Emmet con la boca llena.

-Yo como para tener energías.-Se sinceró Jasper- No soporto la comida de aquí, pero no me queda otra que comer.

-¿No vas a comerte eso?-Dijo alguien dentro del corro, dentro del cual los hermanos Swan y Jasper estaban levemente marginados, más atentos a sus propios asuntos.

-No, si lo quieres…-Dijo Bella mirando al chico que le había hablado, era un chico grande, de piel tostada y ojos marrones verdosos.

-Félix Vulturi.-Se presentó.

-Encantada. Isabella Swan.-No añadió nada más.

Bella no sabía que más decir, pese a que estuviera con Jasper y con Emmet no conseguía establecer grandes relaciones con otra persona que no fuera Doc o los enfermos, el resto de ellos se mostraban recelosos sin saber que decir. Cansada Bella bufó molesta y se excusó levemente para irse a su tienda de campaña, tampoco creía pedir tanto, ella no quería hacerse su amiga, tan sólo que fueran capaces de mirarla a la cara o incluso que la saludaran cuando se cruzaran.

Pero por supuesto ninguno de sus dos únicos apoyos se dio cuenta, como siempre era. Pero Cullen sí, y disimuladamente corrió detrás de ella hasta que la alcanzó y se paró frente a ella, cerca. Era interesante la diferencia de altura, Bella con su metro sesenta apenas le llegaba al pecho al más de metro noventa que tenía Edward.

-¿Le pasa algo, enfermera Swan?-Le preguntó él con una sonrisa juguetona en los labios al verla retroceder disimuladamente un paso.

-Nada señor Cullen.-Dijo.-Puede estarse tranquilo.

-¿Realmente esperaba que nada más llegar aquí la aceptaran con los brazos abiertos estos…palurdos?-Insistió él, provocando que ella se sonrojara.

-Porque, cielo, eres una mujer en un mundo de hombres.-Bella abrió la boca indignada, una mujer podía hacer todo lo que se propusiera, él la interrumpió.-No digo que no puedas hacerlo, pero has invadido nuestro territorio. Y a lo mejor si fueras como las otras enfermeras que no saben defenderse, a lo mejor ganabas simpatías, pero de todos modos no es sólo eso.

-¿Le parece poco? ¿Qué no me acepten por ser mujer?-Le fulminó con la mirada.

-Te pasa lo mismo que a tu hermano,-Bella lo miró confundida.-Vas irradiando dinero por donde andas, se os ve a los dos que venís de una familia muy rica, no me malinterpretes mi familia tiene dinero, pero vosotros seguro que tenéis más que mucho.

-Pues a Emmet lo aceptan, no es mu culpa ser la hija del dueño de Rancho Swan.

-¿Rancho Swan?-Dijo Edward sorprendido, el rancho más grande y rico de todo estados unidos y dueños de la mayor empresa de granja.-Pero él no es como tú de todos modos, tu eres una mujer guapa demasiado guapa para estar aquí, ellos están aquí protegiendo a niñas guapas y ricas, y tu vienes aquí, como si vinieras por pena, porque creyeras que te necesitamos. Eres el recordatorio de lo que jamás podrán tener incluso cuando salgan de aquí, ellos fantaseaban con casarse como una mujer como tú porque estaban lejos de la realidad, pero tú has venido como una bofetada de realidad para ellos, con tu comportamiento altivo y arrogante de niña rica mimada, que ha tenido a todo el pueblo detrás de sí desde que nació.

-¡Eso no es razón!-Se quejó ella.-Por un lado no soy una bofetada de realidad, soy una mujer normal y corriente, no vine porque creyera que necesitabais mi ayuda: vine para ayudar a un amigo y para vivir.-Dijo ella hecha una furia.-Y sobre lo de las clases sociales y mi comportamiento altivo…-Le señaló con el dedo antes de hablar.-Se ve que tienes dinero, puede que no tanto como mis padres pero lo tienes. Y sobre arrogancia osas a decirme tú, que te paseas como si este sitio fuera tuyo, eres arrogante y narcisista.

-No te…

-¡Cállate!-Lo silenció.-No te atrevas a negármelo, desde que he estado aquí me miras como si en cualquier momento fuera a lanzarme sobre ti, no eres tan atractivo ¿Sabes? Eres arrogante, narcisista y crees que el mundo es tuyo cuando no lo es.-Dijo ella.

-No quería ofenderte.-Dijo planamente.

-Oh claro que no.-Replicó ella con sarcasmo.-Tan solo me dices que soy arrogante, altiva, creída y una bofetada de realidad como halagos. Si eso es lo que les dices a las chicas que te gustan que sepas que vas mal ¿eh?

-Cree lo que te dé la gana.-Se había perdido, pensaba Edward, él realmente no pensaba esas cosas, simplemente no la aceptaba porque necesitaban tiempo para ello, ella no tenía nada de malo. Las chicas tontas de Houston caían rendidas al coqueteo que comenzaba con leves pullas, pero Bella no era así, debía habérselo imaginado, pero su orgullo le impedía disculparse.

-Eso es lo que haré.-Y sin más se alejó de él.

Una vez dentro de la tienda lloró, pero no de tristeza ni por sentirse herida, sino por rabia, de no ser aceptada, de no poder romperle su cara bonita a Cullen y por esa micro sociedad en la que jamás sería aceptada. Pero tan orgullosa como Cullen decidió no intentar integrarse, haría su trabajo lo mejor que sabría y se olvidaría de intentar entablar amistad.

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Hola, espero que os haya gustado.

Quisiera aclarar que Edward no lo hace por molestarla si no era su forma de iniciar conversación para ligar, pero que en realidad no pie