En el lugar equivocado en el momento equivocado
El pueblo de Hogsmeade es el único pueblo íntegramente mágico que queda en Gran Bretaña. En realidad son pocos los magos que deciden vivir allí. En primer lugar porque en los últimos tiempos se ha convertido más en un pueblo comercial que otra cosa y en segundo porque a veces resulta molesta la presencia de los jóvenes estudiantes de magia que pasan los fines de semana durante el curso en sus calles. A pesar de todo, todo el mundo sabe que por ejemplo Dorothy Doyle nunca abandonará su pequeña casa en la calle en la que siglos atrás se abrió el negocio de Dervis y Banges; ni por supuesto su propio negocio de chivatoscopios más baratos que pretende hacer competencia a dicha tienda. O el señor y la señora Hampton sobre los que corre el rumor de que son casi tan viejos como el colegio de Hogwarts.
Pero más allá de un sencillo pueblo, Hogsmeade es la única vía de escape de los alumnos del castillo; y en concreto para los estudiantes de tercero, es la primera experiencia fuera de los muros. Para James, Sirius, Remus y Peter, esa experiencia no es precisamente "primera" ni "novedosa", pero esta vez su visita al pueblo no será de forma ilegal y eso les vale como para sentirse emocionados.
En el cuarto los cuatro amigos se envuelven en cientos de capas que impedirán que el frío Enero les congele hasta los vasos sanguíneos. Remus se está ajustando el abrigo encima de dos pares de jerséis cuando recuerda algo.
- Peter, ¿me puedes pasar la autorización? - El chico señala la única mesilla que cabe en el dormitorio.
- Uhmmm... - Peter se estira para alcanzar el pergamino y no puede evitar leer por encima - ¿El nombre de tu madre es español?
- ¿Español? - Remus frunce el ceño desconcertado - Mi madre se llama Hope y es de Gales.
- Aquí pone Bianca Lupin.
La atención de los tres chicos está puesta en el joven de pelo rubio que con un gesto rápido le quita la autorización a su amigo. Remus la guarda en la bolsa y luego se encoge de hombros.
- ¿Qué? Es mi abuela.
- ¿Sirve que te lo firmen tus abuelos? - Gruñe Sirius - Con lo que me costó que la furcia de mi madre me firmase el puñetero papel.
- Sólo si son tus tutores legales, creo - Dice Remus -, ¿y tienes algún abuelo que te lo fuera a firmar?
- Tengo uno segundo que se quedó ciego en la Segunda Guerra Mundial mientras intentaba traficar en el campo de batalla. Se le quemaron los ojos y desde entonces odia a los muggles. Igual colaba si le decía que era una orden de asesinato en masa o algo así.
- Seguro que odiaba a los muggles de antes.
- Sí, bueno, la verdad es que sí - asiente Sirius -. De todas formas mis padres son como el resto del mundo; acabaron cediendo a mis maravillosos encantos.
- Yo sigo perplejo - James mira por encima de las gafas su autorización -, mi madre tiene nombre, tíos.
- Dime que no lo dices en serio - ríe Remus.
- No, joder... - El chico se encoje de hombros - Nunca la había llamado... ¿Dorea? ¿Desde cuándo mi madre se llama Dorea?
- Para mí siempre ha sido la señora Potter - apunta Sirius.
- Y para mí siempre ha sido "mamá".
- ¿Y has pensado que antes de casarse con tu padre ni siquiera Potter era su apellido?
Se quedan a cuadros. Sueltan varios "buf" seguidos de "bem" y acaban de vestirse. Y sólo cuando James abre la puerta consigue decir "a veces hay cosas que es mejor no pensarlas. Resulta siniestro". Peter y Sirius bajan las escaleras los primeros, todos cruzan el retrato y se encaminan hacia la entrada, en la que la mayoría de los alumnos se encuentras desperdigados mientras los pequeños de primero y segundo les envidian. Los jefes de las casas hacen todo lo posible para llamar la atención de sus alumnos, así que los cuatro se acercan a lo que parece la fila que lleva hasta la profesora McGonagall.
- Me siento como la primera vez que llegamos aquí - dice James.
- ¿Quieres que te vuelva a partir la cara como entonces?
- ¿Perdona? Si no recuerdo mal te la partí yo.
- Si no recuerdo mal - interviene Remus - hicisteis el idiota y os caísteis encima de mí.
- Y entonces te diste cuenta de que estábamos hechos los unos para los otros - sonríe Sirius.
- Y entonces me di cuenta de que eráis idiotas y que tenía que alejarme de vosotros.
- Y aún así mírate - James le coge del brazo -, no te has despegado ni un segundo.
Remus prefiere ni contestar, ¿para qué de todas formas? James no espera ninguna respuesta en realidad. Así que pone esa cara suya de "no me gusta lo que estás diciendo pero tienes razón" y espera pacientemente hasta llegar a la profesora.
El primero en entregársela es Peter, y después Sirius.
- Le estaré vigilando, señor Black.
- Me hará sonrojarme, profesora.
Entre risas James se acerca y le extiende el papel.
- Todo en orden, señorita. - Dice.
- ¿Ha acabado ya el trabajo que tiene que entregar el lunes, señor Potter?
- ¿Eh?
- El trabajo, señor Potter.
- No... ¿Lo acabaré mañana?
- Tendría que tenerlo ya acabado.
- ¡Nadie acaba los trabajos dos días antes! - Protesta.
- ¿Ah no? - McGonagall indica a Remus que se acerque - ¿Usted ha acabado el trabajo de mi asignatura, señor Lupin?
- Sí, profesora.
- ¿Lo ve, Potter?
- Es que Remus es especial.
La mujer les ignora y los cuatro esquivan al resto de alumnos para dirigirse a la salida por la parte de atrás del castillo.
- McGonagall me tiene manía - se queja James con las manos en los bolsillos.
- Yo creo que siente cierto aprecio por ti - dice Remus -. Se preocupa mucho por todo lo que haces.
- Eso es porque está loca.
- Yo creo que le caes bien - insiste el chico -. ¿Te has fijado en cómo te mira? A Sirius es como si quisiera arrancarle la piel y a ti es como si quisiera arrancarte la piel pero luego curarte las heridas.
- ¡Buen ejemplo, Lupin! - Bufa Sirius a su lado - La tía es una amargada y ya está. No le busques tres pies al hipogrifo, Jimmy.
- ¿A quién vas a hacer caso? A mí que entiendo a los adultos - Remus aparta a Sirius con el brazo -, ¿o a este descerebrado que tiene que estar castigado la semana que viene por ponerle la zancadilla a la profesora de estudios muggles?
- ¡No le puse la zancadilla! Se tropezó ella sola con mi pie.
- Que estaba en mitad del pasillo.
- Soy de piernas largas, Remus.
Podrían haber discutido durante horas, pero prefieren subirse a uno de los carromatos tirados por nada y aprovechar el poco calor que puedan tener. El viaje no es largo, en realidad es el mismo que realizan cada vez que van a la estación a coger el tren; sólo que esta vez es diferente. Porque no están dejando Hogwarts, sino que las posibilidades de divertirse aumentan de forma desproporcionada. Es cierto que el castillo es enorme, y que es muy probable que dejen los terrenos como magos adultos y que haya rincones secretos para ellos (a pesar de que se han hecho la promesa muda de que eso no sea así), pero un pueblo mágico siempre ofrece esquina en las que trapichear, tiendas que cotillear y por qué no, algún que otro negocio negro. Eso es lo que Sirius Black tiene en la cabeza cuando pone las botas sobre la nieve. James salta a su lado y sonríe estirando los brazos.
- Primero a Zonko, que necesito cosas.
- Jimmy - Sirius le coge de la bufanda y le obliga a acercarse -. Un día nos compramos una casa aquí, tío.
- ¿Aquí? Yo prefiero seguir viviendo en Godric.
- BUENO - gruñe -, ¡pues nos vamos a Godric! Y Remus, tú puedes dormir en una caseta en el jardín.
- Qué gracioso, Sirius.
- Yo puedo comprarme la casa de al lado - sonríe Peter -, si tengo dinero suficiente. ¿Creéis que tendré dinero suficiente?
- Siempre puedes acabar trabajando en una esquina si no te llega.
- ¡SIRIUS! - Brama Remus - ¿CÓMO ERES CAPAZ DE...
- ¡Me refería a vender relojes o vajilla o cosas así! - Levanta las manos - Tienes la mente sucia, Lupin.
- Ya, claro.
Así pues primero van a Zonko, pero antes de llegar allí, observan el escaparate de Tiros Largos Moda y James le reta a Sirius a comprarse uno de esos vestidos "que no llevaría ni tu abuela". Después de una discusión en la que Sirius defiende que su abuela es una harpía pero que tiene buen gusto para la moda y jamás llevaría una de esas cosas de flores y argumentando que no tiene suficiente dinero en los bolsillos, continúan su camino hasta la tienda de artículos de broma más famosa de toda Gran Bretaña.
La impresión es similar a la que les produjo Honeydukes pero con cierta sensación de legalidad. La presión de "no tendríamos que estar aquí" no pesa sobre los hombros y les permite acercarse con total tranquilidad a las estanterías llenas de productos. Remus coge un libro titulado "guía del pequeño bromista" y lo ojea por encima. Pues vaya tontería. ¿Pero a quién le puede hacer gracia esto? Y lo vuelve a dejar su sitio. Después de eso se acerca a donde Sirius, James y Peter están. El primero tiene unos pequeños caramelos guardados en una bolsa transparente.
- Tú no necesitas eso, Sirius - le dice James.
- ¿Qué es? - Pregunta Peter poniéndose de puntillas.
- ¿Polvos para eructar? - Lee Remus la etiqueta - ¿Quién pagaría por algo así?
- Yo desde luego que no - Sirius lo vuelve a dejar en su lugar -, pero aquellas varitas alrevesadas pintan bien.
- ¿Varitas qué? - Remus y él se acercan a un cesto lleno de lo que parecen varitas normales y corrientes.
- Devuelven los hechizos - explica Sirius -, en realidad solamente los sencillos, ¿sabes? No sé por qué no las perfeccionan.
- Puede que sea difícil.
- La verdad es que la mayoría de estos productos no merecen el dinero que valen. ¿Quince sickles una bolsa de caramelos de moco? Por eso los fabrico con los míos y me sobra pasta para comprarme una cerveza de mantequilla.
- Abre tú una tienda de artículos de broma - Peter aparece con un botecito de tinta invisible y otro de tinta reveladora -, tal vez triunfes.
- No es lo mío - ríe Sirius -, me gusta hacer bromas y me pondría nervioso ver cómo la gente usa mi sabiduría para cosas cutres.
- ¡Exacto! - James coloca una mano en el hombro de Sirius y otra en el de Peter - El libro que has mirado, Rem... Es una porquería. Encontré un ejemplar hace tiempo en el callejón Diagon y para ellos es original atarle los cordones a alguien cuando no se da cuenta.
- ¡Uhhhh! - Sirius finge estar asustado y pone los ojos en blanco - ¿Qué es lo siguiente? ¡¿Echar pócima del sueño en el zumo de calabaza!?
- ¡OH, NO! ¿ME HAS PINTADO BIGOTES CON TINTA IMBORRABLE MIENTRAS ECHABA UNA SIESTA? - Dramatiza James con cara de consternación.
Los cuatro se echan a reír y entre carcajadas deciden abandonar la tienda. Una vez en el exterior Sirius señala la entrada a Las Tres Escobas. En ese momento salen un par de magos con capas largas y gorros puntiagudos. Uno de ellos; cejas pobladas y guantes de piel de dragón, sujeta unos documentos en los que se distingue el sello del Ministerio de Magia. Los chicos se adelantan para ir a entrar y entonces una voz aguda suena sobre sus cabezas y algo invisible los empuja hacia atrás.
- NO SE ADMITEN MENORES.
Con los culos en el suelo, se miran incrédulos.
- ¡Esto es ilegal! - Berrea Sirius - ¡Soy un ciudadano con derechos!
- Sirius, por favor - Remus le da un codazo con las orejas rojas de vergüenza -. Que nos mira toda la calle.
- ¡QUE MIREN! - Y se levanta - ¿QUÉ PASA, EH? ¡SOY SIRIUS BLACK! ¿QUERÉIS UN AUTÓGRAFO O QUÉ?
Limpiándose la nieve de los pantalones los otros tres se levantan.
- ¡Se me había olvidado que tengo que comprar una pluma! - Dice de repente Peter - ¡Maldición!
- ¿Una pluma? - Bufa Sirius - ¿Y por qué no se la robas a algún desgraciado?
- Es que...
- Está bien que la quieras comprar, Peter. - Le concede Remus con una sonrisa - ¿Quieres que te acompañe?
- Le acompaño yo. - Dice James encogiéndose de hombros.
Remus está seguro de que hay más intenciones detrás de esa bienvenida buena voluntad de ayudar a Peter, pero tampoco tiene ganas de preguntar. Probablemente el chico vaya a aprovechar para comprarse un arsenal de artefactos de broma que le permitan volar la Torre de Ravenclaw y Remus prefiere mantenerse al margen y fingir que no ha podido evitar la tragedia que luego tener que sentirse culpable.
Así que se quedan Sirius y él solos. Remus mete las manos en el abrigo y respira. No es como si respirar fuera una actividad digna de mención, pero es que respira y le sale humo de la boca y le parece de lo más gracioso. Así que lo hace otra vez. Y otra. Ja-ja-ja.
- Remus por Merlín, ¿te puedes estar quietecito?
- Perdón.
Deja de hacerlo y mira a Sirius, que envuelto en su cazadora de cumpleaños esconde la barbilla en el cuello de cuero. Remus se da cuenta en ese momento de que le ha crecido bastante el pelo, de hecho podría hacerse una coleta o uno de esos moños que llevan los guerreros japoneses. Bueno, mejor no se lo digo porque como se le pase por la cabeza hacerse un moño apaga y vámonos. Además tiene más barba que antes. Probablemente se la esté dejando como marca de madurez. Son cuatro pelos mal puestos, la verdad. Y tiene una herida, justo en la mejilla. De jugar a quidditch o de alguna pelea con James, probablemente.
- ¿Vas a seguir mirándome mucho rato?
- ¿No te puedo mirar?
- Entiendo que quieras disfrutar de mi belleza pero coño, Lupin, que no tengo mocos en la nariz. No me hagas un escáner como ese.
- Apuesto lo que quieras a que no sabes ni lo que es un escáner.
- Pues sí que lo sé - levanta la cabeza -, sé que sirve para mirar los huesos de las personas.
- ¡Fastoso!
- ¿Qué cojones acabas de decir?
- Creo que es genial en italiano - murmura Remus -. No estoy muy seguro porque el italiano no se parece en nada al inglés pero juraría que sí.
- Pues suena más como a un insulto - también mete las manos en los bolsillos -, ¿ahora aprendes italiano?
- En mis ratos libres, sí.
- Qué empollón eres, de verdad. ¿Seguro que no lo haces para ligarte a otra chica?
- Pues claro que no. - Bufa Remus.
- Uy, eso ha sonado a que sí - y saca un brazo largo y se lo pasa por los hombros -. Ahora que no está Bobo Potter cuéntame. ¿Cómo besa Evans?
- No lo sé...
- ¿Lengua? - Insiste - ¿Hubo lengua? A mí me lo puedes contar; no se lo voy a decir a Jimmy.
- Punto uno - y Remus se para, en mitad de la calle central. Dedo acusador en el aire -: no, no hubo lengua. Y punto dos: Sirius Black, no hay ni un miserable aspecto de tu vida que James Potter no sepa.
- En realidad hay alguna cosa que James no sabe.
- ¿Ah sí?
Y hay sorna en la voz de Remus. Y joder que si eso le cabrea a Sirius. Porque Remus es un listillo. Es un puto listillo. En realidad el tío se las da de modesto y "no, yo no estudio por destacar, lo hago porque me gusta", pero eso es una tapadera. Probablemente en lo más hondo de su cabezota Remus quiera aprender todo lo que es humanamente posible para después gobernar el mundo mágico con puño de hierro. Merlín, seguro que lo primero que hará cuando sea ministro de magia será meternos a James y a mí en el trullo. Será traidor.
- Pues sí, traidor.
- ¿Traidor? - Remus se ríe. La boca entreabierta y los ojos divertidos. Es parte de su entretenimiento en el castillo: molestar a Sirius Black - ¿Por qué soy un traidor?
- Porque lo digo yo - gruñe -, y ahora me invitas a tomar algo. Por traidor.
- Si me cuentas eso que James no sabe te invito a una copita de alhelí.
- ¿Alhelí? ¿Qué coño es eso?
- Algo que se bebe, Sirius.
- ¿Sabes qué?
- Cuéntame.
- Que no te ha sentado nada bien esto de entrar en la adolescencia - gruñe Sirius. Sus pasos les llevan a un escaparate que deja ver un local en el interior -, y no lo digo solamente por los granos.
- Cállate - bufa Remus -, solamente tengo debajo del flequillo, así que no se ven.
- ¿Ajá? - Y en un movimiento brusco Sirius atrapa a Remus por detrás. Con la mano izquierda le sujeta los brazos y con la derecha le levanta el pelo de la cara - Ya veo, ya.
- SUÉLTAME.
- ¿Las palabras mágicas?
- Que te den.
- Esas no son las palabras mágicas.
Remus se zafa sin éxito. La mano de Sirius es grande y ha atrapado sus muñecas como un verdadero profesional del sigilo y el asesinato. Opta por empujarle con el culo, pero se encuentra con la resistencia del estómago del otro y finalmente desiste.
- Suéltame, por favor...
- Que no, Remus - Sirius se ríe en su oreja -, ¿tres años en un colegio de magia y todavía no sabes ni un sólo hechizo?
- QUE ME SUELTES.
Pero Sirius no lleva intención de hacerlo. Además sus ojos grises se detienen en el comercio al que han ido a parar: la Tienda de té de Madame Tudipié. La verdad es que ni Sirius ni Remus tienen ni la menor idea de qué es eso. Si fueran chicas deseosas de encontrar a su codiciado príncipe azul otro gallo hubiera cantado. Las ventanas están un poco empañadas pero no lo suficiente como para ver el interior. De decoración EXCESIVA y pegajosa el rosa se mete por los ojos y penetra hasta el cerebro. En ese instante un chico y una chica abren la puerta y una campana anuncia su llegada con un tintineo melodioso. Una vez dentro parece que se dirigen a una bruja de mediana edad y moño tirante que les señala una de las mesas. Mesa decorada con un mantel de encaje ROSA - evidentemente - y un par de velas que flotan en el aire. Velas para qué si es de día. Servilletas de encaje y azucareros de porcelana se unen a la colección y crean un ambiente ideal para disfrutar de lo que parece un San Valentín congelado en el tiempo.
- ¿Quieres entrar ahí, Remus?
- ¿Estás tonto? Esa gente está por lo menos casada - Es ahí cuando Sirius por fin le libera del abrazo y los dos chicos se asoman indiscretamente -. Mira esos.
Es una Gryffindor de cuarto y un Ravenclaw de quinto. Ella le coge de la mano y sonríe. Él la besa primero en la mejilla y después en la boca. Disfrutan de un té que suelta de vez en cuando nubes de humo en forma de corazón.
- Si alguna vez se me ocurre llevar a alguien a una cita a este sitio... Mátame, Remus.
- No está tan mal... - Remus estira el cuello para ver cómo una chica lloriquea en el hombro de su novio. O su ex-novio. O lo que sea - Bueno, puede que sea excesivo.
- ¿En serio, tío? ¿En serio crees que a una chica le puede gustar este antro?
- A las chicas les gustan estas cosas, Sirius - Se apartan y continúan el camino con los hombros pegados -. Además si alguna chica te pide que le lleves allí no te quedará más remedio que hacerlo.
- Es que nunca me va a gustar una chica que quiera ir a un sitio como ese.
- Por ahí se dice que uno no elige de quien se enamora, Sirius.
- Ya claro, paparruchas.
Remus no le lleva la contraria. No es como si él fuese el Dr. Amor ni nada por el estilo. Sabe lo que ha leído en los libros. Sabe lo que le contaba su madre cuando era pequeño. Lo que sintió ella cuando conoció a su padre en lo que parece una historia de cuento más que otra cosa. ¿Y no es eso lo que le pasó a James con Lily? Porque eso parece amor. Y fue de repente. De golpe. Sin ninguna advertencia. En realidad a Remus le da cierto pánico eso. Levantarse una mañana y darse cuenta de que se ha enamorado de la persona equivocada. Y seguro que le pasa eso. Vamos. Su vida es una tragedia griega; un poco más de drama al tema tampoco sería de extrañar. Se enamorará rápido. Se enamorará hasta las trancas. Se enamorará en un parpadeo y lo asumirá en una eternidad. Se enamorará con todo lo que conlleva. Y SEGURO, pero SEGURO que no será correspondido.
Sin casi darse cuenta han llegado al límite. Más allá del pueblo. Justo ese punto en el que ya no se puede continuar y todo es campo hasta la Casa de los Gritos. Remus y Sirius se apoyan en la valla y permanecen en silencio. Muchos críos de Hogwarts se acercarán hasta ahí y mirarán la gigantesca mansión en la distancia y pensarán en todos esos fantasmas que le dan el nombre de "la casa más encanta de toda Gran Bretaña". Inventarán historias de asesinatos y desapariciones y luego les costará dormir por la noche. Se apostarán a ver quién tiene narices a acercarse más. Ellos no. Sirius y Remus saben lo que hay y lo que no hay en esa casa. A Sirius a veces le cuesta creer que "eso" que les aterra a todos en el castillo no es más que un muchacho flacucho de casi catorce años al que - aunque no lo admita - le dan miedo las mariposas.
- Sirius - le llama -, cuando besaste a Natalie, ¿qué sentiste?
- ¿A Natalie? - El chico levanta los ojos hacia el cielo. Pensativo - No me acuerdo. No sé, ¿sabes cuando tienes mucha mucha hambre? Pues algo parecido en el estómago.
- Oh.
- Y con Anna fue diferente. La sensación se extendía hasta la garganta y el corazón me iba muy rápido, tío.
- Igual es porque te gustaba de verdad - dice Remus -, igual estabas empezando a quererla.
- Remus, por Merlín, que yo no sabía quién era ella hasta que me dio el palito dichoso ese.
- Uhmmmm...
- La cosa es que lo de besar está guay, ¿sabes? - Sonríe de lado - El tener a otra persona tan cerca... Y es divertido. Mejor que leer cómics. James dice que no pero eso es porque él es muy idiota.
- ¿A James le gusta más leer cómics que besar a chicas? - Parece que en los ojos de Remus hay una chispa.
- Sí, bueno, no sé, es que yo creo que es porque está obsesionado con lo de besar a Lily Evans. Eso o Noah Collins usa muy mal la lengua.
Vuelven a quedarse en silencio. Remus hunde la barbilla en su bufanda, queriendo enterrar la cara y no sacarla nunca más.
- Oh vamos, que te conozco como si te hubiera parido, Lupin - Sirius se agacha como él. Apoyando los brazos sobre la barandilla que les separa del camino a la casa -, ¿qué leches te pasa?
- Nada...
- Habla.
- Ufnnf...
- Coño, que me lo cuentes.
- ¿Se supone que el beso de Lily me tendría que haber gustado? - Pregunta al fin el un hilo de voz - Es la chica más guapa del curso y me ha besado, ¿no se supone que tendría que haber sentido mariposas o no sé, algún que otro gusano en el estómago?
- ¿No sentiste nada de nada?
- Fue raro - explica -, yo no me lo esperaba y ella lo hizo y no sé, era suave y ella huele bien pero...
- Igual es porque te sentías culpable por James.
- Puede que sea eso, sí.
Sí, será eso. Probablemente es eso. Sirius tiene razón.
- ¿Buscando intimidad o qué?
Sirius y Remus se miran. "¿En serio nos han seguido?", se preguntan en silencio. Al darse la vuelta se encuentran con Lucius Malfoy, envuelto en una bufanda larga y verde casi hasta los pies. Evidentemente, a su izquierda se encuentra el imbécil de Ignotus Lorean y a su derecha el animal de Mark Phillips.
- Algunos simplemente disfrutamos de la compañía de los seres humanos, Malfoy - sorprendentemente es Remus el que replica -. Sé que tú estás más acostumbrado al cálido tacto de tu mano derecha.
- ¿Te crees muy gracioso, Lupin? - Lucius se aparta el pelo casi blanco de la cara - Solamente porque tienes al idiota de Black al lado.
- Eh, que él solito te ha dejado mal, primo - ríe Sirius no le he ayudado.
- Algún día te...
- ¿Algún día qué, eh? - Sirius da un paso al frente. Puede que sea instintivo, el tipo de reacción animal, pero extiende el brazo izquierdo delante de Remus - Venga, somos dos contra tres. Atrévete.
- No quiero dejarte la cara hecha un cromo y que me hagan pagarte como nuevo.
- No eres más que un montón de palabrería barata, Malfoy - Remus bufa desde su posición -. Tú y tus secuaces que no saben ni hacer la "o" con un canuto.
- ¿Y este alarde de valentía, Lupin? - Ríe Malfoy.
- Digamos que me has pillado en un mal día.
Y sí, no sólo le han pillado en un mal día. También le han pillado en un MUY mal momento. Hace rato que tiene la varita entre los dedos; escondida en la manga. Sabe de sobras que puede desarmarlos con un movimiento de brazo. No es algo que gaste Remus Lupin normalmente, eso del ego. Pero tampoco es idiota. Y no lleva empollándose libros de hechizos durante años para que ahora un imbécil de alta cuna le venga a tocar las narices. Porque Remus será muchas cosas, pero no es peor que nadie. Y menos, pero que un Malfoy.
Podría quemarle el pelo, podría volver su ropa invisible, podría empujar su cuerpo contra los árboles e incluso podría hacer que le creciese la nariz hasta tocarle las puntas de los dedos de los pies.
- ¡Cómo te gusta ladrar eh! - Se vuelve hacia los otros dos chicos y ríen en grupo - Ten cuidado, no vayas a seguir el mismo camino que tu madre.
Sirius que en ese momento está de brazos cruzados casi se disloca el hombro para agarrar a Remus de la cintura y obligarle a retroceder, porque el joven licántropo tiene tal mirada de odio que podría convertir a alguien en piedra. Sin varita, sólo los puños por delante y el asesinato escrito en la cara.
- ERES UN HIJO DE P...
- ¡Llega la caballería!
A Lucius no le da tiempo a volverse antes de que su bufanda empiece a girar en el aire. Con su cuello detrás.
A su espalda James mueve la varita con el brazo extendido y sonríe pero sin ápice de simpatía.
- ¿Molestabas a mis amigos, Malfoy? - Pregunta acercándose a Remus y Sirius.
Al primero le chirrían los dientes y al segundo todavía le cuesta mantener la situación en orden.
- Mjmjmjm... - Lucius intenta hablar pero la bufanda se enrolla alrededor de su boca.
- ¿Qué dices? - James se encoge de hombros - No se te entiende.
- ¡Déjale en paz, Potter! - Berrea Ignotus, que junto con Mark, mueven las manos en el aire intentando romper de alguna forma el hechizo.
- ¡Si yo ya no hago nada!
Y es cierto. Lucius resbala en el suelo y cae de culo contra la nieve. No tarda ni un segundo en recomponerse y sacar la varita en dirección a James.
- Oh, guapetón - Sirius levanta la suya y se sorprende al ver a Remus, con el pelo revuelto, apuntando con brazo firme -. No creo que te apetezca hacer eso.
- ¡OS ODIO! - Se da la vuelta para marcharse, pero en un giro rápido de capa grita - ¡Desmaius!
- ¡PROTEGO! - La voz de Remus resuena por encima de cualquier otro ruido y el hechizo de Malfoy rebota contra una barrera invisible.
- ¡Me las pagarás, Lupin!
Y los tres Slytherin echan a correr en dirección al pueblo.
- ¿Quién se cree utilizando un hechizo como ese? - Bufa Sirius.
- Va contra las normas batirse en duelo - murmura Remus -, espero que no se lo cuente a nadie.
- ¿Bromeas? - James le pone una mano sobre el hombro - Si dice algo la mierda le salpicará también y además, él atacó primero.
- No, bueno, has sido tú, James - ríe por lo bajo Remus.
- Ya, ¡tecnicismos! - Sonríe - ¡Ese hechizo de protección ha sido una pasada, Remus!
- Lo leí en el manual de Encantamientos.
- Joder, menos mal que tenemos un cerebrito con nosotros.
- No soy un cerebrito...
- Pero eres muy listo, Remus - asiente Peter con la cabeza -. El mejor de nuestro curso. ¡El mejor de Hogwarts!
- El mejor de Gran Bretaña - y Sirius le coloca la mano en el lateral derecho de la cara y le obliga a apoyar la cabeza en su hombro -. Aunque yo tenía preparada la varita para metérsela por el culo a Lucio.
- ¡Y que le hubiera gustado! - Suspira Remus en tono alto.
- ¿Gustado? - James se revuelve el pelo - ¿A quién le va a gustar que le metan algo por el culo? Aunque bueno... Cuando vas al baño te quedas bastante bien. Igual al contrario también mola.
- Pues ya sabes, Jimmy - Sirius le guiña un ojo -. Pídele a McGonagall su varita que es bastante gruesa.
- Siempre tienes QUE SACAR EL TEMA, ¿VERDAD?
- Si no lo hiciera no sería yo, cariño.
Remus, Sirius y Peter acaban riéndose de James y sus desastrosos intentos de explicar "que lo mío con Minerva es puramente profesional". De alguna forma Sirius y James acaban tirados en la nieve, peleando con puñetazos en la tripa y cosquillas en el costado. Peter y Remus observan sin poder aguantarse las carcajadas cuando accidentalmente el pantalón de Sirius se baja y el culo queda al descubierto. Y cuando se cansan los dos amigos se quedan ahí tumbados, dejando que el frío les congele la piel, hasta que Remus se agacha y en voz baja les indica que no estaría mal ir volviendo hacia el colegio.
Así, los cuatro desandan el camino y cruzan el pueblo.
- ¿Podemos entrar a Honeydukes? - Pregunta Peter al pasar por la puerta de la tienda de dulces.
- ¿Para qué? - James estira el cuello para ver el interior - Prácticamente vives ahí. Les robas. ¿De verdad quieres entrar?
- Técnicamente no es robar porque... - Remus vacila.
- Es robar, Remus - ríe Sirius -, pero está bien. Porque robamos para dárselo a los pobres, como ese tío de los bosques.
- ¿Robin Hood? - Pregunta Remus - ¿Y quién se supone que son los pobres en esta situación?
- Nosotros... - y Sirius se lleva la mano al corazón - Un pobre noble rechazado por su familia por ser demasiado guapo, un pobre ciego con problemas de atención, un pobre hombre-lobo de pelo ondulado y un pobre desgraciado con los incisivos demasiado grandes.
- ¡No tengo los dientes grandes! - Se queja Peter lloroso.
- Y yo soy demasiado guapo, Sirius, pero mi familia no me ha rechazado - sonríe James.
- He ahí lo que decía de los problemas de atención.
A pesar de todo acaban entrando a Honeydukes. Y la sensación es diferente, sin la capa sobre los hombros y dinero en los bolsillos. Remus se compra un par de tabletas de chocolate y las guarda en la bolsa; Sirius se decide por unas moscas de café con leche y Peter llena una bolsa de diablillos de pimienta. Mientras sus amigos pagan, James se da cuenta de que hay algo en esa tienda que le llama más la atención que todos los caramelos del universo. Chupando una paleta ácida, Lily Evans habla con una de sus amigas insoportables y con Cloud Landon y Will Spyke. Los cuatro parecen encontrar muy divertido algo que ha dicho este último y James suspira apoyado en un mostrador de ratones de helado. ¿Por qué a Lily le cae bien todo el mundo menos yo? Y bueno, Sirius. Pero es que Sirius se porta mal con ella. ¿Pero yo? Es un pensamiento recurrente que aparece día sí, día también. No es una pregunta que se hace el James que está desenado poder coger la mano de Lily Evans, es una pregunta que se hace el James al que le gustaría que Lily no le girase la cara cuando la saluda por las mañanas. Su plan de demostrarle a todas hora su interés falló completamente, pero su nueva actitud más relajada tampoco parece haber cambiado las cosas. ¿Es por cómo huelo? Yo creo que huelo bien. James llega a pensar que puede que sea algo instintivo, como cuando los perros se odian tras verse por primera vez; que Lily no sabe ni por qué le odia, que es algo que le sale del alma. Y eso sería algo MUY malo. Es imposible. Nunca le he caído mal a nadie de esta forma. ¡Vamos! Soy adorable.
Y con un esfuerzo sobrehumano se acerca a sus cuatro compañeros. Automáticamente Lily pone esa cara que Sirius llama "tú estás cerca"; frunce el ceño y arruga la nariz. James tiene que guardar la calma para no dar media vuelta y parecer un completo imbécil.
- Perdonad - traga saliva -, ¿podéis dejarme coger una caja de calderos de chocolate?
La estantería está justo a la espalda de Lily así que ella se aparta con cuidado. Educada. Como siempre. A James le tiemblan las manos y las rodillas cuando se coloca al lado de la chica, casi rozándola. ¿A quién puñetas le importan los calderos? Aún así no le queda más remedio que coger un par de cajas que no servirían ni para emborrachar a un bebé y ponérselas en los brazos. La conversación entre los cuatro Gryffindor ha cesado y eso sólo puede significar que le están mirando con descaro.
- Estas paletas están demasiado ácidas - se queja entonces Lily -, me lloran los ojos.
- Eso es porque te la estás comiendo mal. - Se le escapa a James. Fantástico. Dile también que lleva una pestaña en la mejilla y termina de arreglarlo.
- ¿Perdona?
- Que... Que si chupas por arriba sabe ácida y si chupas luego por la parte pegada al palo sabe dulce y así está mejor - explica con cuidado.
Lily no contesta y le observa con los ojos verdes atentos. Es raro. Es muy raro tener a la chica mirándole de esa forma sin que haya un "Potter, eres imbécil" de por medio. James no ha hecho nada malo de momento. Ayudar a una amiga con problemas. Sólo eso.
Ella duda un par de segundos y sorprendentemente le hace caso. Primero por arriba y luego por abajo.
- ¿Qué tal? - Pregunta él.
- Tenías razón...
Yo siempre tengo razón, nena. Uy, no, mejor no.
- ¡Me alegro!
Y le da la espalda. Se apresura a donde Peter está pagando para evitar la tentación de decirle a Lily lo bien que le queda el pelo en esa trenza. O que es adorable cómo se ha atado la bufanda a la cintura porque tiene calor dentro de la tienda. Pero no. El nuevo James no es así.
- ¡Calderos de chocolate! - Berrea Sirius al verle.
Pagan y los cuatro amigos salen de la tienda. James prefiere callarse su encuentro: primero porque no sabe hasta qué punto está cómodo hablando de Lily con Remus delante y segundo porque Sirius es un completo imbécil y seguro que le diría alguna barbaridad. Pero quién es Sirius Black para hablar de todas formas. Si entiende menos a las mujeres que las instrucciones de una poción para aliviar las anginas.
Parece que la vuelta al castillo es infinitamente más larga que la ida, y es que por un lado todos tienen ganas de descansar pero por otro la idea de quedarse eternamente en ese pueblo mágico es muy tentadora.
Casi arrastrando los pies, los cuatro se tiran en sus respectivas camas.
- No quiero caminar nunca más en mi vida - murmura Sirius contra la almohada -, es más; voy a arrancarme las piernas.
- Qué planazo, Sirius - Bosteza James estirándose -. Yo no puedo esperar a volver. Y cuando digo volver no me refiero a volver con los profesores precisamente.
- ¿Por la noche? - Pregunta Peter.
- Cuando nos metan en Azkaban recordadme que pida que me pongan en una celda diferente a la vuestra - dice Remus quitándose el pelo rubio de la frente.
- A nadie le meten en Azkaban por salir a dar una vuelta por la noche, Lupin.
- Pero sí por estar en el lugar equivocado en el momento equivocado - le regaña Remus -, además no tengo ganas de volver a Hogsmeade hasta dentro de unos días.
- ¡Claro porque tú ya habías estado! - Exclama Peter - En Navidad, cuando te quedaste en Hogwarts, ¿verdad?
- Uhmmmm, sí - y entonces los ojos azules de Remus se abren y da un bote en la cama -, ¡pero si no os he dado vuestras cosas!
- ¿Nuestras cosas?
- ¡Los regalos de Navidad!
- Joder, Remus, eso de la puntualidad tú no lo llevas bien, ¿no?
- Shhhhhhhhhhhhhhhh.
Y se agacha bajo la cama. Con cuidado coge tres paquetes y extiende los brazos a sus tres amigos.
- Este es para ti, Sirius - le da una caja de cartón.
- ¿Me vas a regalar zapatillas?
- James - un paquete envuelto con esmero -, y Peter.
El primero en abrirlo es Sirius. Es una guitarra pequeña, similar a la que les gustan a los niños muggles.
- ¿Y esto? - Toca una cuerda y no sale ningún sonido.
- Puedes grabar todas las canciones que quieras y la guitarra las tocará sola - explica Remus.
- ¿QUÉ? - El chico mira el regalo con renovada curiosidad - ¿Dónde está mi vinilo de los Beatles?
El siguiente es Peter, que abraza a Remus cuando descubre una caja llena de herramientas completamente nuevas. En realidad solamente "parecen" nuevas. Remus pasó varios días usando hechizos para que fueran útiles otra vez.
El último es James, que tarda casi un siglo en desenvolver, argumentando que "el papel es demasiado bonito para romperlo", y es que el estampado son snitches sobre fondo naranja. Finalmente coge con las manos una caja de madera con un cierre de metal.
James, curioso, la abre y su boca hace una "o" gigantesca.
- Sé que te gusta dibujar - Remus baja la mirada -, y de verdad que tus dibujos son buenos. Y... Los muggles que pintan usan... Son lapiceros de colores, para que puedas pintar las cosas como son y no en blanco y negro y...
- Es increíble, Remus - deja a un lado el estuche de pinturas y se lanza a los brazos de su amigo -. Es el mejor regalo que me podías hacer.
Cuando Sirius les obliga a separarse "porque esto parece ya una puñetera fiesta pijama de chicas", los tres se disponen a guardar los regalos, pero Remus les detiene y saca de su funda el que ellos le diesen semanas atrás.
Cierra un ojo y fotografía a Peter sujetando una llave inglesa en una postura digna de la portada de una revista de mecánica, a Sirius enfadándose porque según él alguien le ha robado sus discos, y a James que con la lengua en la comisura de los labios utiliza el color rojo sobre un pergamino. Después, estira el brazo y salen los cuatro en la misma fotografía. Estará desenfocada y lo único que alcanzarán a ver aparte de las manchas de sus caras es el póster de una chica en bikini que Sirius se tomó la libertad de colgar al volver de vacaciones. Cualquiera habría dicho que la foto no valía para nada; otra persona la habría tirado a la basura y la habría olvidado para siempre. Sin embargo, dos semanas después, James y Remus se sentarían en una de las mesas de la biblioteca, pergamino por estrenar y la caja de pinturas abierta. Lily Evans ocuparía un lugar un poco más alejado, oculta bajo un manual avanzado de Pociones. Observaría desde allí, atenta a los dos chicos sin perderse un sólo detalle. Vería cómo Remus sacaba la fotografía y le indicaba a James con el dedo algo que no alcanzaría a escuchar, cómo James asentiría y empezaría a hacer trazos con gran soltura. Ella no podría ver el resultado; un enorme dibujo de los cuatro amigos, esta vez con todas y cada una de sus expresiones fielmente retratadas. Sin embargo, Lily Evans, nada pendiente de los ingredientes de un elixir para hacer el pelo más brillante, sonreiría de lado y nadie aparte de ella sabría porqué. James pasaría el brazo por el hombro de Remus y le besaría en la frente, y a Remus se le pondrían las orejas rojas. Lily Evans asentiría con la cabeza y escribiría algo en sus apuntes, y después pensaría que nunca jamás se arrepentiría de haber besado a Remus Lupin aquel día de Navidad de 1973.
Y la verdad es que nunca jamás lo hizo.
