Capitulo 4.

Los días pasaron y nadie volvió a molestarla, Jasper y Emmet no se llegaron a enterar del incidente, por lo que Bella tenía dos razones enormes por las que estar agradecida a Cullen, la primera era obvia, y la segunda era que gracias a su capacidad para guardar silencio no tenía que verse enfrentada a dos hombres extremadamente protectores, bueno en realidad a tres.

Desde el momento en que Jacob salió de la enfermería Isabella había tenido pocos momentos para sí misma, cuando no tenía a su hermano o a Jazz cerca, Cullen siempre estaba junto a ella, si no estaban con los tres a la vez. Su único momento de tranquilidad mental era cuando se duchaba, y habitualmente tampoco porque su hermano se encontraba fuera del baño, haciendo ruido.

Unos de esos días Bella se encontraba en la enfermería, moviéndose de un lado hacía otro, limpiando sangre, reponiendo el armario de vendas, yodo y alcohol, haciendo camas y pensando mentalmente que suministros debía pedirle a Doc, mientras al otro lado de la habitación Jasper, Emmet y Cullen jugaban a las cartas haciendo más ruido que un elefante en una cacharrería. Cansada del barullo, Isabella se encerró en el despacho de Doc para escribirles una carta a sus padres, llevaba aquí dos meses y medio, había recibido el doble de cartas de las que había enviado, no tenía tiempo suficiente para escribirles.

Pero por mucho que intentaba pensar en que contarles no podía, no porque no quisiera asustar a su madre, eso la traía sin cuidado, si no porque las voces traspasaban las puertas, y no podía más. Con mucho cuidado de no hacer ruido abrió la ventana del despacho, lanzó un cuaderno y unos bolígrafos por la ventana y con cuidado salió de allí.

Anduvo hasta que legó a un lugar tranquilo de la zona norte del campamento, estaba al borde de la selva y lo único que oía eran las voces de unos novatos, que un poco alejados hablaban en grupo. Se sentó bajo la sombra de un árbol y comenzó a escribir.

Queridos Mamá y Papá:

Llevo aquí casi tres meses, y he visto más sangre que la que he visto en toda mi vida, y debéis tener en cuenta que eso es mucho viviendo en una casa en la que estaba rodeada de chicos.

Cada vez que sale un regimiento vuelve más de la mitad heridos, aunque gracias a Dios la mayor parte de las veces sobreviven, en momentos como ese me pregunto qué hacen todos estos chicos aquí, hay algunos que son incluso más jóvenes de lo que yo soy.

Jasper está como siempre, con ese aire de dramatismo a sus espaldas, que ha tenido desde niño, tan sólo que un poco más marcado, aunque a medida que se acerca el día de vuelta a casa poco a poco veo como su cara se va relajando y el dramatismo se acerca a su nivel habitual.

Emmet… ¡Qué decir de él! Sigue estando igual de risueño y bromista que en casa, aunque eso aquí no está del todo bien visto, de todas maneras se encuentra bien, es un gran militar por lo que escucho aquí.

Todo el mundo es muy amable conmigo, Doc me está enseñando trucos para cuidar heridas en caso de emergencia, tal vez cuando vuelva a casa me especialice en heridas de urgencia, se me da reamente mejor que sacar sangre y colocar sueros. Seth, el joven que estuvo ingresado aquí durante mi primer mes, de vez en cuando se acerca a saludarme, somos buenos amigos. ¿Puedo tener yo amigos de guerra? Pese a que me encuentre en el foco bélico no participo en el conflicto. Me gustaría pensar que Seth es mi amigo de guerra, dicen que son la mejor clase de amigos, aunque cuando volvamos a casa no creo que nos volvamos a ver.

También paso bastante tiempo con el mejor amigo de Emm y de Jazz, Edward Cullen, pese a ser un tanto arrogante es un buen hombre. Me alegra de que los chicos se hayan conocido, es un amigo de guerra que les puede durar para toda la vida, ya que es de Houston, no demasiado lejos de casa. A veces pienso en todos los amigos de guerra que se convertirán en amigos por correspondencia o, como la inmensa mayoría, en los que se convertirán en un personaje del recuerdo.

Suelo pensar mucho, no tengo muchos amigos con los que hablar, y aunque pase mucho tiempo con Jasper, Emmet y su amigo Cullen, yo no entro en el tema de conversación, porque hablan de la guerra, pero no como se hace en casa, lo que ven siempre que salen fuera del campamento, o que los pierden allí fuera…Hablan de una forma tan diferente de la guerra… que hasta a veces me siento intrusa por oírlo. Aunque eso no es lo habitual.

Normalmente se limitan a hablar a gritos de cosas obscenas, de brutalidades, de… En resumen, que me siento encerrada en un vestuario masculino, echo de menos hablar con chicas en un tono de voz normal.

¿Pero sabéis lo que más echo en falta realmente? ¡Estar sola! Hace cerca de un mes que apenas tengo tiempo para mí. Siempre estoy con alguien a mi lado, y si fueran silenciosos… pero no. Siempre estoy con Emm, Jazz y Cullen, casi ni puedo oír mis pensamientos. He tenido que escapar por una ventana para escribir esta carta tranquila.

Desde algún lugar de la selva, echándoos de menos a vosotros, a mis hermanos, a las chicas, a Alec y a la soledad, sobre todo a esta última.

Bella.

Arrancó la hoja del cuaderno, la dobló y se levanto para volver a la enfermería a encontrar un sobre, cuando entró su hermano, Jasper y Edward seguían como les había dejado, tumbados cada uno en una camilla hablando a gritos, acompañados de capitán Banner, Doc y otros dos soldados. Bella maldijo por lo bajo, a ninguno de los tres hombres les hacía gracia que anduviera sola, de ahí su huida, había esperado que para su regreso se hubieran ido a hacer cosas… Pero no y en cuanto la vieron entrar se callaron.

-¿De dónde vienes?-Preguntó su hermano.

-No te he visto salir.-Apuntó Cullen consciente de que no tenía permitido interrogar del mismo modo que sus amigos.

-¿Qué estabas pensando al salir sola?- Preguntó Jasper irritado.

-Por orden. -Decidió ser sincera y coger el toro por los cuernos- Del límite con la selva de la zona norte del campamento. He salido por la ventana de Doc.-Doc se giró al oír su nombre, y el resto de los presentes se giraron a escuchar.- Estaba pensando en escribir una carta.

Y sin decir más entró al despacho a por un sobre. En cuanto volvió a la zona de camillas los tres hombres empezaron a gritarla como locos, incluso Cullen, siempre comedido e intentando no interferir, parecía haber sido poseído por el espíritu sobreprotector. "Podían haber atacado en ese momento y no te habríamos podido proteger" "Has perdido el juicio, deberían llevarte a casa de una patada" "Después de lo que pasó el otro día te aventuras a ir sola, es que quieres una paliza"

-¡BAAASTAA!- Gritó Bella fuera de control, tan alto que varios soldados se acercaron a ver qué pasaba. Los tres hombres que se alzaban en frente de ella se callaron al unísono.

-La mirada del mal-Susurró Emmet tan bajo que tan sólo Edward y Jasper le oyeron. Bella tenía los ojos achinados y miraba con toda su furia a los tres hombres, y por muy extraño que pareciera, esa mirada era aterradora, parecía la de una psicópata antes de matar.

-Vosotros tres, banda de babeantes y bobos babuinos, estoy harta ¡Harta! ¿Me oís?-Dijo acercándose a ellos lentamente.-Llevo cerca de un mes que apenas he tenido un momento en el que poder pensar tranquila ¿Por qué?-No les dejó tiempo de responder-Porque me paso el día acompañada de tres gandules extremadamente ruidosos. No podéis parar de gritar, moveros y decir burradas en un momento en todo el día.

-Intentaremos estar más callados…-Intentó mediar Emmet.

-El problema no es sólo que seáis ruidosos, es que llevo cerca de tres meses sin ver ni hablar con una mujer de cosas de chicas. Y lo que es peor, llevo cerca de tres meses en los que no paso ni dos segundos sola, necesito tiempo para mí, me siento acosada, me siento encerrada, necesito espacio.

-No creo que sea para tanto…-Dijo Jasper a la defensiva.

-Si no tengo tiempo a solas, antes de que acabe la semana, y estamos a sábado, juro mato a alguien, juro que no puedo más.

Y sin más salió de la enfermería, dejando a varios soldados, a Doc, al capitán Banner, a su hermano a Jazz y a Cullen con la boca abierta. Una vez en su tienda de campaña se tumbó en su cama, cerró los ojos y disfrutó de la soledad y del silencio.

Lo cierto era que tan sólo se sentía agobiada por esos tres, había encontrado buenos amigos en Doc y en Seth, e incluso a veces mantenía largas conversaciones con Banner. Las cosas mejoraban, Jasper estaba menos enfadado con ella por estar allí, Emmet seguía entusiasta y las cosas con Cullen estaban menos tensas. Pero necesitaba esto, la soledad, para ella el paraíso había sido imaginarse sola en su habitación, o sola montando a caballo por los prados de su rancho… Echaba más de menos la soledad que la comida.

Llevaba cerca de hora y media disfrutando cuando alguien entró en la tienda de campaña, Cullen, estaba sin afeitar, con el peo revuelto, la camiseta verde ajustada al cuerpo levemente sudada.

-Hola Bella.

-Hola.

-Siento mucho que te hayamos incomodado, no nos dábamos cuenta.

-Lo sé, sois unos ladrillos emocionales los tres.

-Te agradecería que te guardaras la agresividad.-Dijo con una media sonrisa.

-Yo…-Se puso seria.-Siento mucho si he sonado como una desagradecida, después de lo que hiciste por mí, pero realmente necesito tiempo para mí, no me dejáis ni a sol ni a sombra, y tenéis que comprender que no es fácil estar aquí para mí.

-Te comprendo.-Dijo él comprensivamente ganándose una sonrisa de Bella.-Sólo pensaba que te recompensaba verme, ya sabes…-Dijo señalándose.-Soy el mayor monumento de Vietnam.

-No eres tan digno de ver.-Mintió ella pésimamente, pese a ser una gran mentirosa.

-No mientas, cielo.-Bromeó Cullen.-El sonrojo te delata, no sé cómo no me derrito en este ambiente, los bombones no duramos mucho al calor.

-Eres un arrogante.-Dijo ella medio en serio medio en broma.

-No te ofendas, es la cruda realidad.-Se excusó él- Tu tampoco estás mal, pero no comprendes como me siento, se me lanzan las mujeres.

-Claro que sí, campeón.- Dijo Bella molesta, no le gustaba su alardeo de físico.-Vete a contárselo a quien le interese.-Comentó desdeñosamente.

Entonces él se acercó a ella, se colocó tan cerca de ella que ambos pudieron observarse sin perder detalle. Ella lo primero que observó fue su pelo castaño plagado de destellos rojizos, cobrizos y rubios haciendo un color único, estaba despeinado, pero de forma natural, como si no pudiera evitarlo. Bajo por sus cejas rectas y masculinas, sus ojos, verdes como la hierba de los pastos en primavera, moteados por verde oscuro como el bosque y azul como el cielo, su nariz recta y masculina, su piel clara bronceada por el sol, sus labios masculinos rodeados de una barba descuidada. Y su cuerpo, alto, fuerte y tan cercano al de ella que podía notar su calor, pero no tocarlo.

Él miró su melena castaña como el chocolate, con reflejos dorados en las puntas, recogido en una coleta alta y despeinada, algunos mechones se le pegaban a la pálida piel, que pese al tiempo al sol tan sólo se había quemado a punta de la nariz, sin rastro de bronceado. Su piel parecía porcelana, perfecta. Sus ojos grandes levemente almendrados rodeados de pestañas largas, eran del color del oro envejecido. Su nariz roja por el sol era pequeña, redondita y respingona. Su boca era pequeña, de labios carnosos del color de las cerezas de forma natural. Y su cuerpo le hacía temblar, debía medir 1'57 metros más o menos, pero tenía unos pechos firmes del tamaño perfecto, una estrecha cintura y unas trasero respingón, parecía un reloj de arena, lleno de curvas.

Y de repente, el sonido de la campana que indicaba la cena les trajo de vuelta estrepitosamente a la realidad.

-Lo que decía,-Rompió ella el silencio.-Eres un arrogante.

-¿Ser consciente de mi físico me hace arrogante?- Inquirió él de vuelta en Vietnam-¿O me hace arrogante el hecho de que no puedas decirme lo contrario?

Y sin más se fue por donde había venido. Ella con la respiración acelerada se sacudió la cabeza. No debía dejar que le afectara de esa manera, no era ni el momento ni el lugar para coquetear con hombres. Se apretó la coleta y se dirigió a por su cena

Él se reunió con sus amigos, preguntándose qué tendría esa chica para que se le secara la boca y se quedara paralizado.

-¿Está muy enfadada?-Inquirió Emmet.

-Creo que ya se le ha pasado un poco.-Dijo volviendo en sí.-Solo necesita que la demos espacio, debe ser muy duro pasar tanto tiempo rodeada de hombres, sin tiempo para sí.-Comento encogiéndose de hombros mientras se sentaban donde siempre a cenar.

-Ahí viene.-Dijo Jasper.

Bella se acercaba a paso rápido con la comida en la mano y una sonrisa en el rostro, dispuesta a no dejarle ver a Cullen lo mucho que le había afectado su cercanía hacía unos minutos.

-Hola chicos.

-Bella, Emm y yo queríamos disculparnos…-Comenzó Jasper.

-Déjalo, no importa, de todos modos vais a escuchar mi petición ¿no?-Los dos chicos asintieron.- Entonces genial, todo volverá a la normalidad. —Sonrió.

Pero eso, no se lo creyó ni ella.

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Hola a todo el mundo

Siento no haber actualizado más a menudo, pero es que primero estuve con los exámenes del curso y luego con la prueba de acceso a la universidad (Por cierto, he aprobado, soy oficialmente alumna de la complutense en Literatura General y Comparada). Y luego me he ido de vacaciones a un lugar donde no solo no había ni internet ni ordenador ni internet, tampoco hay cobertura telefónica para mi móvil. Ese lugar es mi pueblo, el cual me encanta

Aquí os dejo este capítulo espero que les guste e intentaré actualizar mucho más seguido.

Besos de colores