El ponche amansa a los lobos

Remus Lupin y James Potter son parte de los alumnos de Gryffindor que se detienen delante del cartel que ha aparecido en el tablón de anuncios de la Sala Común durante la noche. Es rosa, tiene corazones de color rojo en las esquinas y la caligrafía brilla como si fueran luces de neón. "Dos días para San Valentín", dice el título.

- ¿Qué demonios es una Cenicienta? - James pronuncia la última palabra con dificultad - ¿Y qué dice de un zapato?

- Cenicienta vivía con sus hermanastras y su madrastra y se enamoró de un príncipe y para conquistarle pidió ayuda a un hada madrina.

- ¿Un hada madrina? - Se ríe - ¡Todo el mundo sabe que las hadas madrinas no existen!

- Pero es un cuento que a los niños muggles les gusta - continúa Remus con su explicación - , el hechizo de Cenicienta acaba a medianoche así que tiene que salir corriendo en mitad de un baile con el príncipe y pierde un zapato de cristal.

- Pero si nadie lleva zapatos de cristal.

- ¡Es un cuento! Y luego el príncipe se dedica a buscar a la dueña del zapato por todo el reino y se casan y comen perdices, fin.

- ¿Y por qué alguien piensa que nos interesa esa mierda?

- Porque aquí pone "siempre puedes encontrar a tu príncipe azul" - Remus señala el cartel - San Valentín es una fecha importante para mucha gente; aunque, personalmente, me parece una soberana tontería.

- Al menos me regalan chocolate - se encoge James de hombros.

Se apartan del grupo justo a tiempo para que Sirius Black entre por el retrato con los ojos chispeantes. Mala señal.

- ¡TÍOS! - Se da un golpe en el pecho - ¡ESTE VA A SER EL MEJOR SAN VALENTÍN DE LA HISTORIA!

- ¿Vas a encontrar a tu príncipe azul? - Bromea James.

- ¿Qué mierdas dices tú?

- El cuento de Cindicienta.

- Cenicienta - le corrige Remus.

- Tíos, a veces me preocupa lo raros que sois - se acerca a ellos y con un gesto se sientan en uno de los sillones de la sala común -, este año voy... Voy a mandar una carta de San Valentín.

- Bromeas.

- Tienes que bromear.

- ¿Y quién es la desafortunada? - Pregunta James quitándose el flequillo que ya le empieza a cubrir los cristales de las gafas.

- La afortunada - sonríe - es Alice Greengrass.

- ¿Quién?

- ¿Alice Greengrass? - Remus frunce el ceño - Es más mayor que nosotros.

- Me gustan maduras.

- ¡Pero quién es!

- De esta altura - se pone la mano a la altura de los ojos -, pelo oscuro recogido en un par de trenzas, mejillas casi siempre rojas y lista como una zorra.

- Es listo como un zorro, Sirius - Remus ríe por lo bajo - y más vale que no se lo digas a ella en tu maravillosa carta porque te echará una maldición de varicela.

- ¿La conoces?

- Estudia mucho en la biblioteca - asiente -, se sienta con otra chica más de Gryffindor, Emmeline Vance y otro chico: Frank Longbottom, creo.

- ¿Y se la vas a mandar agarrada a la pata de Lennon?

- ¿Qué? No - bufa -, se la voy a hacer a mano y la voy a colar por debajo de la puerta de su dormitorio.

- ¿Y cómo se supone que vas a hacer eso? Las escaleras de las chicas no las podemos subir, listo pan - le recuerda James.

- ¿Crees que si le pido a MacDonald que me haga el favor me dirá que sí?

Durante un segundo la cara de James pasa de la incredulidad a "no pensaba que podrías llegar a ser tan idiota.

- Creo que eres un imbécil de campeonato - se levanta y vuelve sobre sus pasos hacia el cuadro de la Dama Gorda -, me voy a dar una vuelta.

- ¿Pero qué mosca le ha picado? - Gruñe Sirius cuando su mejor amigo ya no está - ¿Le va a mandar a Evans un vociferador diciéndole lo bonita que tiene la nariz?

- No creo. - Murmura Remus en bajo, completamente desinteresado en la conversación.

- ¿Crees que puedo empezar la carta con: exacto preciosa, hoy es tu día de suerte, ¡soy Sirius Black!?

- Podrías.

- Te he visto en el pasillo y estoy seguro de que sabes mejor que la empanadilla de calabaza.

- Eso le gustará, sí. - Los ojos de Remus se desvían hacia sus dos compañeros de curso: Cloud y Will, que hablan en bajito junto a la chimenea sobre un libro de lo que parecen coleccionables.

- ¿Le aclaro que eso significa que quiero besarla?

- Por supuesto - Cloud le golpea el hombro a Will y los dos ríen a carcajadas.

- Podría decirle que tiene un culo guay, ¿tiene un culo guay, Remus?

- Sí... - De espaldas Cloud se ha levantado y lee el cartel de Cenicienta.

- "Puede que pienses que no soy tu tipo pero créeme cariño, el amor no entiende de eso".

- Ojalá.

- ¿Qué?

- Uh - Remus se vuelve sobresaltado -, ¿qué?

- ¡No me estabas prestando atención! - Gruñe - ¿Se puede saber qué cojones mirabas?

- Nada, nada - sonríe apurado -, que no me gusta demasiado San Valentín, Sirius. Sólo eso.

- ¿No vas a darle a ninguna chica nada?

- Pues no, Sirius. Claro que no.

- ¡Sois unos sosos! - Se coloca el pelo largo detrás de las orejas - Me voy a buscar a Peter, que él sí que sabe lo que es el romanticismo.

Remus se queda sentado ahí, observando cómo Sirius se marcha, medio enfadado con ellos medio enfadado consigo mismo. No es que Remus no sea romántico pero es que todo ese tema de San Valentín y mandar cartas y recibirlas es absurdo. La mayoría de los chicos no las leerán y a la semana siguiente las chicas habrán perdido el interés por el destinatario. Lo único bueno de esa fiesta es el chocolate, y a él nunca le dan nada. Mejor pasar el día leyendo o algo así. Podríamos ir a Hogsmeade con la capa. Pero seguro que Sirius no quiere porque es un cabezón. ¿Alice Greengrass? ¿Cómo se le habrá ocurrido esa idea? Puede que sea porque a Sirius le gustan los retos, porque le gusta demostrarse a sí mismo las cosas y porque si fuera por él, trataría de pretender al calamar gigante. Y Merlín sabe que acabaría por conseguirlo.

James Potter DETESTA eso de ir solo por Hogwarts; la única razón es que se pega horas de su vida quejándose de la gente que lo hace. No porque tenga algo en contra de ellos, pero es que la mejor forma de disfrutar del castillo es en compañía. La mayoría de los alumnos se sienten de la misma forma que James y todo eso de la rivalidad de las casas desaparece cuando tienes que estar esperando tu turno en la cola de la lechucería o cuando a una de las escaleras le da por cambiar de sitio, llevarte a un pasillo sin salida y dejarte allí durante casi media hora. En esos momentos un Slytherin y un Gryffindor podrían ser los mejores amigos del mundo.

De hecho, James pasó en segundo una tarde entera atrapado en un tramo de pasillo que decidió quedarse estancado en un bucle infinito con un Slytherin de un curso más, que le entretuvo hablando de quidditch. Era de los Chudley Cannons y los dos opinaban que la estrategia utilizada por el equipo en los últimos octavos de final de la Liga era una auténtica basura.

Claro que eso tampoco impidió que James le diera un codazo al pasar a su lado meses después cuando Slytherin ganó la copa de las casas. Una cosa es llevarse bien y otra es ser Elfrida Clagg.

Ese día, con el enfado con Sirius todavía latiendo se encuentra con Will, Mary y Cloud. Los tres juegan a lo que parecen cromos de las ranas de chocolate en la mesa de Gryffindor en el Gran Comedor. Antes de acercarse comprueba que sorprendentemente Hufflepuff va a la cabeza en los relojes de puntos y se recuerda a sí mismo que es necesario que Gryffindor gane el próximo partido de quidditch o que Remus se pase dos semanas seguidas contestando las preguntas de las clases correctamente. Qué demonios correctamente: ¡haría falta que las respondiese con honores! Corona de laurel sobre sus rizos rubios y aplausos en el anfiteatro.

- Hola - saluda con la mano a sus tres compañeros y se sienta. Ahora de cerca se da cuenta de que no son cromos de las ranas de chocolate sino que se trata de algún tipo de cartas con corazones, tréboles y alguna que otra cosa extraña. Cada uno de los chicos sujeta entre las manos las cartas y las van dejando sobre la mesa.

- Ey, Potter - Cloud es el primero en contestar -, ¿qué se te ha perdido?

- ¡James! - Sonríe Mary.

Y por último Will, que está de espaldas, levanta una mano amistosa.

James echa un vistazo a las cartas de Will, que es el que tiene más cerca.

- ¿Qué hacéis?

- ¡Jugar a las cartas! - Responde Mary entusiasmada - ¿Quieres unirte?

- Mmm... - la verdad es que no le importaría, pero no tiene ni puñetera idea de qué hacer - Es que no sé jugar.

- ¡Cómo no vas a saber jugar! - Cloud se le ríe en la cara y James tiene ganas de pegarle un puñetazo, pero como en el fondo sabe que no lo dice con mala intención (o bueno, al menos no es del todo consciente de que cada vez que abre la boca ofrece más de diez motivos para asesinarle por la noche) se resiste de hacerlo.

- Tú no sabías cuando te conocí, Cloud - Will le recrimina - ¿qué es póker? ¿Algún tipo de especia? - Le imita. Y hay que destacar que lo hace bastante bien.

- ¡Will! - Protesta el otro con las mejillas un poco enrojecidas.

- ¡Es lo que hay!

Al final James decide unirse al grupo y entre Mary y Will se las apañan para que por lo menos entienda (y a la tercera ronda) que no hay que mirar las cartas del de al lado.

Pasan así casi una hora entre "pero no hagas trampas" y "¡Ay qué mala suerte que tengo!". Acaba ganando Will con una gigantesca diferencia, después Mary, luego Cloud con unos pocos puntos menos y por último James, que si hubiera jugado con dinero real ahora sería más pobre que las ratas. O que ese tipo que abrió una tienda en el Callejón Diagon en la que sólo vendía productos para cambiar las varitas de color y que provocaban la pérdida de los pulgares a los usuarios.

En esa situación se encuentran cuando una chica de sexto curso se acerca a ellos y con una amplia sonrisa deja caer un papel sobre la mesa.

- Hola chicos - tiene el pelo oscuro y rizado y la piel olivácea - vengo a contaros algo que puede que os interese.

Y les explica que han pensado hacer una fiesta de San Valentín ("algo pequeño y cuqui") en la Sala Común "para animar a los Gryffindor".

No es como si a los cuatro les emocionase demasiado la idea, pero por educación más que otra cosa escuchan por encima el maravilloso plan de cambiar las cortinas de la Sala Común a rosa chillón "con el consentimiento de McGonagall, por supuesto" y de servir galletas en forma de corazón. El resto "es sorpresa", explica y después se marcha no sin antes recordarles que evidentemente el propósito es que lleven pareja o que encuentren una allí.

- No tengo otra cosa que hacer que ir a esa mierda - suspira Cloud. La verdad es que desde luego una fiesta de querubines no es lo que más le pega al chico, piensa James. Ha participado en numerosas conversaciones con Cloud y nunca jamás le ha mencionado a ninguna chica de carne y hueso (por otro lado sí que es aficionado a hablar durante horas de las brujas revolucionarias en la Francia del siglo XVIII).

- Podría ser divertido - sonríe Will -. Hacer algo diferente por una vez.

- Me gusta mi monotonía, William.

- ¿Pondrán buena música? - Pregunta Mary pensativa.

- Si estás pensando en los Beach Boys... Eso no es buena música, Mary MacDonald.

- ¿Qué es buena música entonces, Cloud Landon?

- Elvis Presley.

- Eso es verdad - asiente Will con la cabeza y con todo su cuerpo.

- No tenéis ni idea de nada - gruñe la chica -. Los hombres no entendéis nada.

- Lo único que te gusta de esos tíos es que son guapos.

- ¡Pero si no son guapos!

- ¿Y Elvis qué? - Will se apoya en el codo - Mi madre dice que es guapísimo.

- Pero eso es secundario - se defiende el otro -. A mí me gusta por su voz.

- Ya, claro - Mary se cruza de brazos -, ¿algún día dejarás de generalizar con las mujeres, Cloud?

- No generalizo, simplemente no os entiendo.

- Yo tampoco os entiendo - James abre la boca - ¿por qué nunca decís lo que queréis claramente?

- Igual sí que lo hacemos pero sois idiotas y no os dais cuenta.

- O igual es que no os entendéis ni vosotras.

- ¡Que dejes de generalizar!

Hay un largo silencio y entonces James se da cuenta de algo. Y como siempre no se puede callar.

- Pues si no sois todas así, ¿vas a ir sola a esa fiesta o se lo pedirás a alguien, Mary?

- No sé de qué hablas - se sonroja.

- Me refiero a que si tú no usas segundas ni largas supongo que serás quien dé el primer paso.

- ¡PUES A LO MEJOR LO HAGO!

- Estoy seguro.

- ¡LO VOY A HACER Y TE LO REFROTARÉ POR ESA FEA CARA TUYA, POTTER!

Mary se levanta con el ceño fruncido y una sentencia en boca que no está muy segura de poder cumplir. Asegura que tiene una tonelada de deberes que hacer y se marcha.

- Creo que me he perdido en algún momento de la conversación - murmura Will.

- ¿Ves? Mujeres.

Se quedan los tres solos y el tema de la fiesta no vuelve a aparecer y James lo agradece, porque a pesar de que ha retado a Mary de esa forma no es como si él tuviera en mente pedírselo a ELLA ¿Y si hablo con Noah? Puede que no esté muy enfadada todavía.

A la media hora es Remus el que aparece y Will se encarga de ponerle al día de todo el tema de San Valentín.

- ¿Una fiesta? - Remus está sentado y James juraría que su postura es más tensa de lo normal - ¡Increíble! ¿No tienen suficiente con hacernos gastar dinero en cajas de bombones?

- ¿Cuándo has comprado tú bombones, Remus?

- Pues... ¡Da igual! Porque la gente lo hace.

- Es un día especial - dice Will -. Mi padre siempre le da flores a mi madre.

- La cosa es que Remus tiene razón - Cloud se vuelve hacia el apelado -. Son las compañías las que crearon esta fiesta. Un día el tío de Honeydukes se despertó y dijo: voy a inventar una fiesta estúpida y banal.

- Yo he leído que le número de rechazos sentimentales aumenta un 29% en San Valentín.

- Normal - asiente el otro -. Se te aparece un imbécil con una caja de bombones de licor con tu cara grabada en ellos y le cierras la puerta en las narices.

- ¡Pero antes le coges los bombones!

Se ríen los dos al unísono hasta que Remus recuerda qué hace ahí.

- He visto a Mary y parecía enfadada contigo.

- ¿Conmigo? - James arquea una ceja - ¿Cómo sabes que conmigo?

- Porque iba diciendo algo como "me cago en tu vida, James Potter".

- Oh, entonces sí que iba por mí.

- ¿Qué ha pasado?

- Que MacDonald se ha picado porque le hemos dicho que Elvis es mejor que los Beach Boys - explica Cloud.

- Bueno pero porque Elvis es Elvis - pone Remus los ojos en blanco.

- Exacto, y no hay nadie mejor que Elvis.

- No hay nadie mejor que Elvis si ignoras la existencia de Frank Sinatra - Remus ríe como si fuera la mayor obviedad del mundo.

- ¿Sinatra? No me esperaba esto de ti, Lupin.

- Es que es una caja de sorpresas - James le pasa el brazo por el hombro a su amigo, que le sonríe de lado con expresión agradecida.

Dos días después, Mary escucha la música escaleras abajo e inconscientemente mueve los pies tap tap taptap taptap y los dedos de las manos juegan con el trozo de papel que a cada vistazo que le echa le parece más y más absurdo. Para empezar no recordaba tener tan mala letra. Sobre todo las "eles", ¿por qué mis "eles" dan tanta pena? ¿Doy tanta pena como mis eles? Y si solamente fuera la caligrafía no llevaría media hora perdiendo el tiempo. Lo peor es el contenido; que parece sacado de una de las revistas que compraba en el quiosco y que hablaban de cómo conquistar a un chico en tres pasos muy sencillos.

1. Conoce su gusto musical y háblale de sus grupos favoritos.

2. ¿Le gusta el deporte? Hazte de su equipo.

3. ¿No se fija en ti? ¡Es hora de usar un poco de maquillaje!

Para empezar sí que comparten gusto musical en algunos aspectos, pero en otros no, y desde luego Mary no piensa dejar a un lado su evidente buen criterio para elegir lo que escucha solamente por un chico. Segundo: ¿PERO CÓMO ME VOY A HACER DE LOS PATÉTICOS CHUDLEY CANNONS? Y por último, es que ni por asomo va a utilizar maquillaje. ¿Qué sentido tiene gustarle a un chico si no eres tú misma?, piensa.

Así que arruga el pergamino y lo deja sobre la cama. Cogiendo otro y una pluma de la cartera. Suspira y se dispone a escribir cuando alguien da un par de golpecitos en el canto de la puerta.

- ¿Se puede? - Lily Evans sonríe con el pelo rojo recogido en una alta coleta y Mary esconde rápidamente las cosas mientras asiente - ¿Qué escondes?

- Nada. - Se sonroja.

- ¡Oh Dios Mío! - La chica se lleva la mano derecha a la boca - ¡ES UNA CARTA DE SAN VALENTÍN! ¿QUIÉN? ¿QUIÉN TE LA HA MANDADO?

- ¡Nadie! - Protesta Mary huraña - ¿Quién me va a mandar una carta a mí? Seguro que tú ya tienes cientos de ellas.

- La verdad es que no - se encoge Lily de hombros al sentarse -, pero Sabine tenía cuatro nada más levantarse. Venga, ¿quién ha sido?

- ¡Pero que nadie me ha mandado nada!

- Oh - y entonces los ojos verdes chispean -, entonces es una carta tuya a alguien.

- Que no...

- ¿A quién?

- A nadie...

- A Jack el del equipo de Gryffindor, ¿verdad? - Lily sonríe - Es muy guapo y seguro que podéis hablar de muchas cosas del quidditch. ¿Es él?

- ¡No es Jack!

- Entonces es Mr. Sexy.

- Lily, eso me costaría una expulsión.

- Cierto... - Y entonces levanta el dedo índice - ¡Uy! ¡Dime que no es Potter!

- ¡Claro que no es Potter! - Exclama Mary - Como si yo quisiera salir con James.

- A mí no me mires, yo tampoco - se queda en silencio un par de segundos y luego insiste -. No me lo vas a decir, ¿verdad?

- No, claro que no.

- ¿Pero por qué?

- Porque es patético y será todavía más patético cuando evidentemente yo no le guste, ¿vale?

- ¡Pero cómo no le vas a gustar!

- ¡Pero si no sabes quién es!

- ¡Pero tú eres monísima!

- Ya claro...

- De verdad, Mary - y la coge de las manos -, a mí me pareces muy guapa.

- Pero porque eres mi amiga - susurra -. Tú misma lo has dicho; Sabine ha tenido cuatro cartas esta mañana y seguro que hoy a ti se te declaran todos los chicos del curso. ¿Pero yo? ¿Qué soy yo? La tonta que comenta los partidos de quidditch y que nadie mira como si fuera una chica. ¡Pues soy una chica!

- ¡Claro que eres una chica! - Frunce el ceño Lily - ¿Y qué importa si estás loca por el quidditch y los balones y las faltas y fueras de juego o lo que sea que haya en ese deporte? ¿Y qué importa si no eres Sabine con su máscara de ojos y su pintalabios rojo y sus zapatos manipulados con magia para que tengan un poco de tacón? Si a un chico le importa más que lleves los labios pintados que una buena conversación entonces no es el chico adecuado.

- Pero ser guapa también importa para gustarle a los chicos.

- ¡No tiene que ser así!

- ¿Tú saldrías con Peter Pettigrew?

- Mary, eso es cruel.

- Era un ejemplo.

- No saldría con Peter Pettigrew porque para salir con un intento de James Potter frustrado mejor salgo con James Potter y desde luego que no quiero salir con James Potter. Y soy perfectamente consciente de que Potter es guapo, las cosas como son; pero no quiero salir con un espantapájaros con la cara bonita. ¿Entiendes?

- James no está tan mal.

- ¿Seguro que la carta no es para él? - Bromea Lily.

- Si fuera para él tendría claro que me diría que no porque hay cierta pelirroja de ojos verdes que es imbatible.

- Eres tonta, ¿eh? - Le da un apretón cariñoso - ¿Quién es entonces?

- ¡Que no te lo voy a decir!

- ¿Remus? Espero que no sea Remus.

- Evidentemente que no es Remus - Mary pone los ojos en blanco -. Es alguien complicado, pero no TAN complicado, Lily.

Y después de conversación sinsentido finalmente Lily claudica y se muerde el labio. "Está bien, entonces te ayudo a escribirla. Al fin y al cabo todos los tíos son iguales". Mary la mira durante un segundo y luego sonríe ampliamente y con renovada confianza atrapa la pluma y empieza la carta como es normal empezar cualquier carta:

Hola.

Sirius se mete la camisa por dentro bajo la atenta mirada de un Remus que tiene tal expresión de aburrimiento que parece que acaba de salir de una clase de Historia de la Magia (bueno, en realidad al ser Remus sería más exacto decir que es la misma expresión de aburrimiento que tendría si estuviera viendo un partido de quidditch en el que no jugase ninguno de sus amigos).

Al otro lado de la Sala Común Alice Greengrass bebe tranquilamente un poco de ponche y baila lentamente con una sonrisa en la cara. Junto a ella hay un par de chicas de su curso que lanzan miradas furtivas por la habitación.

- Nunca se queda sola - gruñe Sirius - y no me ha mirado ni una vez.

- ¿Por qué tendría que mirarte?

- No sé, todo el mundo me mira, ¿tú no me mirarías Remus?

- ¿Te soy sincero?

- No, la verdad es que mejor no - gruñe y se aparta el pelo de la cara -. Tengo que invitarla a algo.

- Pero si el ponche lo han hecho los elfos.

- ¡Calla! - Sirius resopla desesperado y busca la atención en su otro amigo, que no parece mucho más animado - ¿Me ayudas, Potter?

- ¿Yo? ¿A qué?

- Lígate a una de sus amigas y así me dejas camino libre. O lígate a las dos.

- No... - Murmura James cabizbajo - La verdad es que no tengo muchas ganas.

- ¿Es por Evans? Pero si no está ni aquí, tío.

- No, no es Lily... - Frunce el ceño - Es que... ¿No os parece que Noah y Jack están muy... juntos?

La cazadora y el capitán del equipo de Gryffindor se ríen. Él apoyado en la pared y ella mirándose cada dos por tres los pies.

- Creo que se gustan - dice Sirius.

- Gracias, tío - bufa James dando media vuelta para sentarse en uno de los sofás más apartados.

- Eres bastante insensible.

- ¿Por qué? La que le gusta es Evans, ¿no?

- También puede gustarle Noah.

- ¿Dos a la vez? - Se ríe Sirius - Lo siento lobito, pero eso es vicio.

- ¿El qué? - Una voz provocativa suena a su espalda.

- Y hablando de vicio... - Sirius se enfrenta a Cloud con los brazos cerrados - ¿Qué haces aquí?

- Juraría que estoy en la sala común de mi casa pero si tú, Black, consideras que no es así entonces te agradecería que me lo dijeras y así podría estar en la adecuada.

- Eres tan gilipollas que te metería la zapatilla en la boca.

- Eh, eh, que he venido a decirte que sé que estás intentando ligarte a Greengrass y que es mejor que desistas.

- ¿Y eso por qué?

- Pues porque Will es bastante amigo de ella y por lo que me ha dicho creo que Longbottom te gana por goleada - señala a un chico más mayor que ellos, de pelo muy corto y ojos amables que sirve un poco de ponche en el vaso de Alice.

- ¿Ese? - Sirius bufa - ¡Já! Vas a ver tú...

Y como quien se ajusta el cinturón Sirius Black se pierde entre la multitud y les deja a los dos solos.

- No se la va a ligar - se ríe Cloud.

- ¿Tú crees? Sirius es muy bueno en eso.

- ¿Ah sí? - El Gryffindor se lleva la mano a la nuca en un gesto involuntario. Cloud tiene el pelo largo y rubio (casi blanco), pero solamente en la capa superior; el resto es tan corto que casi puede verse la piel - Pues no entiendo la razón.

- No sé - susurra Remus en bajito.

Si es sincero consigo mismo, la presencia de su compañero es demasiado para él. Cloud es lo más parecido a lo que sintió al ver a Sirius por primera vez. El tipo de persona que sabes que te está mirando desde arriba (y no es cuestión de altura) y que en realidad no es para nada consciente de ello. Una sinceridad aplastante y abrasadora que en el caso de Sirius se traduce en una actitud protectora evidente y que por el contrario en Cloud se transforma en un humor ácido y sarcástico. Los dos se parecen más de lo que nunca jamás admitirán; un mal talante continuo. Un "me molesta todo, todo Y TODO". La diferencia tal vez sea que si le preguntas a Sirius "¿y por qué te molesta?" probablemente dirá "porque me sale de ahí" y si es Cloud el que contesta se saldrá por la tangente y acabarás escuchando una historia sobre algo más o menos relacionado que tenga que ver con la política británica mágica.

- ¿Te apetece tomar algo? - Sonríe Cloud a sabiendas de que la respuesta de Remus acaba ahí - Aunque odio San Valentín no te diré que no a un vaso de ponche.

- ¡C-Claro!

Y se sientan en un par de sillas vacías después de servirse el ponche color sangre y callados prestan atención a la música. Suena Celestina Warbeck y los dos chicos intercambian una mirada de desagrado. Cloud le cuenta que está acostumbrado a las canciones pastelonas de la bruja porque su madre es bastante aficionada y Remus se alegra de que su abuela sea "demasiado mayor para estas cosas".

- ¿Y dónde está Will? - Pregunta Remus casualmente.

- No me lo ha dicho pero sé que persiguiendo a cierta pelirroja - en ese momento Lily Evans y Mary MacDonald bajan las escaleras de las chicas -, no esa pelirroja no. La otra: June.

- ¿June? - Remus asiente - ¿Están...?

- ¿Juntos? - Cloud se ríe escandalosamente - Por supuesto que no. Will no es muy lanzado que digamos y la tía creo que es de las que esperan que las vayas a buscar a la puerta con un ramo de flores.

- Oh, vaya.

- ¿Y Evans? ¿Crees que está con alguien?

- Tengo entendido que no... - vuelve los ojos azules hacia Cloud inquisitivamente - ¿Estás interesado?

- Nah - le da un trago al ponche -, no es mi tipo.

- Pues es muy guapa.

- Como si tiene una máquina de hacer tortitas en el ombligo... Bueno, si tuviera una máquina de hacer tortitas en el ombligo entonces igual sí que me lo planteaba - suspira - ¿Y MacDonald? ¿Qué te parece MacDonald?

- ¿Mary? - Remus se sorprende a sí mismo respondiendo con demasiada naturalidad - Es muy maja y creo que es guapa pero... No es mi tipo tampoco.

- ¿Y quién es tu tipo, Lupin? - Se inclina alzando una ceja y Remus esquiva la mirada sorprendentemente interesado en lo que está bebiendo; que no tiene ni idea de lo que lleva pero se le ha subido un poco a la cabeza.

- Mmm... Grace Kelly.

- Eso no vale, tío - sin embargo no puede evitar reírse -, es que Grace Kelly... Es Grace Kelly.

- Muy guapa.

- Mucho.

Y así charlan un rato; entre trago y trago y cotilleo y cotilleo. Y sólo cuando James se acerca a ellos y llama la atención de Remus tocándole en el hombro, el joven licántropo recuerda que hay más gente a su alrededor.

- Remus, ¿has visto a Mary?

- No... - Niega con la cabeza - Hace un rato ha bajado con Lily pero... - señala a la pelirroja, que ahora habla tranquilamente con su grupo de amigas Gryffindor - ya no está con ella.

- Vale, vale, gracias.

James tiene un problema y se llama "estoy buscando a Mary MacDonald pero son las 12 de la noche y hay toque de queda y es imposible que se haya ido de la Sala Común porque estaría incumpliendo el reglamento pero no quiero que esté en su dormitorio porque entonces no podré hablar con ella".

Así que no demasiado convencido, se acerca al retrato de la Dama Gorda y después de discutir con ella durante cinco minutos sobre las razones por las que no tendría que merodear por el castillo por la noche, el cuadro se abre para él. Afortunadamente y por causa del destino o simplemente porque a Mary MacDonald las normas en ese momento le importan menos que nada, la chica se encuentra de pie, con la espada apoyada en la pared. Cuando se da cuenta de que alguien ha salido al pasillo, se limpia la nariz con la manga del jersey y gira la cara en dirección a las escaleras.

- ¿Mary?

- Oh - le mira entonces. Tiene las mejillas rojas, los ojos hinchados y el labio le tiembla levemente -. Eres tú.

- Ey, ey, ey - James se acerca a ella con expresión interrogante. Dios Mío es una chica llorando. No. Peor. Es Mary llorando. ¿Qué hago? ¿Qué se supone que hay que hacer cuando una chica llora? ¿Por qué llora? Ay -, ¿estás bien?

- Sí - asiente ella. Mal disimulo -, esa fiesta es un horror. ¿Celestina Warbeck? ¿Quién ha elegido la lista de reproducción? ¿Dumbledore?

- ¿Crees que a Albus le gusta Celestina Warbeck?

- P- p- puede - y entonces deja escapar un sollozo.

James no duda un momento y abre un brazo que ella acepta de forma natural. Apoya la cabeza en su hombro y se queda ahí, inmóvil y lloriqueando. No es que el chico sea un experto, pero sabe de sobras que abrazarla y acariciarle el pelo puede ayudar. Y la verdad es que lo hace, y al rato Mary no se aparta, pero sí levanta la mirada hacia él.

- Jo, qué malo estaba este ponche, ¿eh? - Y lo dice como si James fuera a creérselo. A creerse que todo eso es cuestión de una mala música y un ponche que sabe a hígados de troll por lo menos.

- Si te soy sincero la fiesta es una mierda. San Valentín es una mierda.

- ¿Lo dices por tu famoso poema en la pared o hay algo más? - Y sonríe un poco. Y James se da cuenta de que si tiene que contarle lo penosa que es su vida sentimental para hacerla sonreír aunque sea un poco, no le importa en absoluto ridiculizarse.

- Ojalá fuera otro poema idiota (aunque tengo que decir que tenía cierto estilo, eh), pero es algo más serio.

- ¿Lily?

- No... Digamos que a veces es raro ver a alguien que te gusta con otra persona, y sobre todo si esa persona no es un tío repugnante como... ¡Como Snape!

- ¿Qué tiene que ver Snape con todo esto?

- Pues que si Lily está con Snape es muy fácil odiarle y eso, pero si la chica está con otro chico que es genial pues no puedo pensar "joder, es un subnormal de cuidado, ella está confusa". En realidad pienso "joder, es mejor que yo".

- ¿Qué chica es?

- Noah Collins - no le cuesta decir el nombre. A ver, no le va a contar a ese tío de Hufflepuff que siempre se come los cereales con excesiva leche en el desayuno que le gusta Noah Collins, pero Mary es Mary.

- Oh, ¿Jack?

- Jack.

- Es una mierda ver a la persona que te gusta con otra, sí - asiente ella.

- ¿Eso es lo que ha pasado?

- Algo así.

- ¿Y ella no es un Snape, verdad?

- No... - Mary baja la cabeza - Es guapa y es amable y es muy lista y, ¡ojalá estuviera con la imbécil de Sabine por ejemplo! ¡Todo sería más fácil!

- ¿Pero él está con ella? - Hay algo en los ojos de James que intenta encontrar la pieza del puzzle que le falta. O el detalle que ha roto todos sus esquemas.

- No, no... No sé, al menos estaba prestándole atención.

- ¿Él a ella?

- Sí, todo el rato.

- ¿Ella a él no?

- No demasiado.

- ¿Entonces? - Mueve los brazos en el aire - ¿Por qué no has entrado en escena tú?

- Porque no soy Lily con su cara bonita, ni soy Sabine con sus tetas enormes o no soy tú que...

- ¿Mmmm?

- Nada, que no soy tú.

- Ya, ya sé que no eres yo - ríe él - la última vez que me miré entre las piernas juraría que tenía algo que tú no tienes.

- ¿Estás seguro de que lo tienes?

- ¿Estás intentando hacerte la graciosa?

- No qué va.

Pero sí. Y los ojos de ella vuelven a brillar como siempre; y parece que de repente San Valentín importa un poco menos y que la noche no está tan mal. Aguantan casi un cuarto de hora hablando tranquilamente hasta que los ojos rojos de la señora Norris aparecen en una esquina. Y lo más probable es que saliesen de esa sin perder puntos ni nada, porque al fin y al cabo están en una fiesta autorizada, pero por si las moscas, vuelven al interior de la Sala Común. El ambiente continúa exactamente igual. James busca a sus amigos con la mirada y se sorprende de ver a Peter ofreciéndole un vaso a una chica de un curso menos que no parece demasiado disgustada. Por otro lado y sorprendentemente Lily Evans, Sirius, Remus, Cloud y Will ocupan una de las mesas que las chicas Gryffindor se han encargado de colocar allí.

- ¿Peter está ligando? - Pregunta James tomando asiento justo al lado de Sirius, porque no se atreve en absoluto a siquiera intentar ocupar la silla contigua a la de Lily.

- Te lo creas o no es el único que está teniendo éxito esta noche - Sirius parece enfadado y con los brazos cruzados. No parece muy contento con su evidente fracaso con Alice y tampoco parece agradarle demasiado la presencia de Cloud. Para variar.

- De todas formas es la segunda a la que se acerca esta noche - Lily levanta un dedo y luego otro más -. Primero le ha pedido cosas a Sabine.

- ¿Cosas? - James abre la boca. Y ya no le importa que sea Lily la que lo haya dicho. Ni le importa estar mirándola fijamente porque cómo QUE LE HA PEDIDO COSAS.

- No sé, Sabine es muy exagerada pero - me está hablando directamente a mí - según ella le ha pedido... - se sonroja - le ha pedido...

- ¿Le ha pedido...? - La ayuda James sin éxito.

- Le ha pedido que si le podía enseñar el sujetador - Cloud es el que acaba la frase con una carcajada -. El tío ha apuntado fuerte.

- ¿Y le ha dicho que sí? - Mary parece consternada.

- No, claro que no - Lily la mira con expresión de "EVIDENTEMENTE QUE NO" -. Ya sabes cómo es Sabine, pero de ahí a enseñarle la ropa interior...

- En realidad es una técnica buena - Cloud abre los brazos - lanzas cincuenta redes y seguro que pica algún pez. Puede que sea un pez de lo más común pero un pez es un pez.

- Voy a tener que empezar a hacer eso - gruñe Sirius.

- Nahhhh - y por primera vez en un buen rato James se da cuenta de que Remus está ahí. Mejillas MUY rojas y sonrisa permanente. Es tonto. Ha bebido demasiado -, tú qué vas a necesitar eso.

- Últimamente ligo menos que Potter.

- ¿Sabes qué? - James le da un golpe en el hombro - Estoy seguro de que si tú echases cincuenta redes sólo te picaría un puñetero cangrejo de río al que le faltaran las patas.

- ¿Estás sugiriendo que quieres algo conmigo, Jimmy?

- Estoy sugiriendo que eres tan feo que me incomodas.

Y entonces pasa. Y es un segundito. Un fotograma de una película. Una mota de polvo. Pero ahí está. Lily se ríe. Lily se ríe y no disimula que se ríe. Y mira a James. Con los ojos verdes amables y una sonrisa. Y entonces el chico se da cuenta de que si su vida fuera en dibujos animados ahora mismo de las orejas le saldría humo y su corazón saltaría sobre la mesa para dar una lección magistral de 100 libras sobre cómo bailar claqué.

- Siiiirius no es feo... - Remus bosteza - O sea, es... No sé, es Sirius...

- Tú sí que eres un tío legal, Lupin - Sirius le palmea el hombro -. El mundo necesita más gente con buen gusto.

- Sirius tiene las orejas muy pegadas a la cabeza - James no se piensa dar por vencido.

- Pues ahora que lo dices... - Lily gira la cabeza e intenta verlas a través del pelo largo.

- Un poco pegadas sí que están - añade Cloud con malicia -, ¿es de nacimiento?

- Tu nariz rota sí que no será de nacimiento, Landon.

- A mí me parece que están bien - Remus frunce el ceño -, ni muy separadas ni muy juntas pero algo grandes. Como los perros o los lobos o los lobos y los perros. Los lobos tienen las orejas de punta.

- Esto... - Es James el que mira a su amigo entre divertido y preocupado - ¿Por qué no te vas a dormir, Remus?

- Es que no tengo sueño...

- Creo que será mejor que te acompañe a... - Cloud hace amago de levantarse, pero una manaza se coloca en su pecho.

- No te preocupes, ya lo subimos Jimmy y yo que nos queremos ir a dormir - Sirius coge a Remus del jersey y estira sin cuidado -. Vamos.

James no tiene ningunas ganas de marcharse, sobre todo porque Lily le ha hecho caso no una, sino DOS VECES SEGUIDAS y si eso no es estar en racha entonces no sabe muy bien qué es. Sin embargo una mirada a Remus le hace comprender que es mejor irse ya a la cama. Se despiden con un buenas noches y tiene que ser su día de suerte, o tal vez los astros estén alineados de una forma que solamente sucede cada cincuenta mil años, peo la pelirroja se vuelve, y James JURA que se vuelve hacia ÉL y dice un sencillo "buenas noches, chicos".

Se asegura de rozarle el brazo a Mary antes de subir las escaleras detrás de los otros dos. Sirius se ha encargado de coger a Remus por la cintura porque si de normal el chico suele tropezar varias veces al día en esas escaleras, en ese estado es un poco improbable que llegue hasta arriba sin partirse el mentón. Se las arreglan para tumbarle en la cama y ni se molestan en cambiarle de ropa a pesar de que murmura ciertas protestas.

- Que no me quiero ir a dormir con ropa de calle...

- Si tienes que cambiarte tú es muy probable que amanezca y sigas intentando saber de qué pie es cada calcetín.

- ¿Pero eso da igual no? - Remus frunce el ceño - Todos los calcetines son iguales.

- Mira, tenemos un Sherlock en el grupo.

- Yo quiero bajar, que me lo estaba pasando bien...

- La fiesta es una mierda y esa gente me crispa los nervios - gruñe Sirius - así que a dormir.

- ¡Siempre haces lo mismo! - Remus se levanta con cierta inestabilidad - A ti no te gusta algo y entonces... Entonces ninguno lo podemos hacer. Y yo quiero bajar y estar con Cloud y... Y con Lily y eso.

- Pues a mí no me da la gana - Sirius levanta la varita y en un segundo se quedan los tres a oscuras.

- Quiero que sepas... Que te odio - James entrevé cómo Remus se tira a la cama y ahoga la cara en la almohada. Él mismo se sienta sobre la suya y suspira.

- Segurísimo - contesta Sirius dándoles la espalda.

A partir de ese momento solamente hay silencio, y luego se rompe con la suave pero siempre inquieta respiración de Remus. James es consciente de que Sirius no duerme y en el fondo se siente tentado de hablarle, de decirle que cómo se sabe si le gustas a una chica pero a bueno le voy a ir a preguntar. Así que se calla y se tapa con las sábanas hasta la boca; pensando en Noah y en la forma en la que le besó en el partido de quidditch. Y también pensando en Lily y en cómo se imagina que besa ella. Y en eso se encuentra cuando la puerta se abre una hora después y Peter entra por la puerta, con un halo de felicidad alrededor que no encaja para nada en la atmósfera oscura de la habitación.

- Oh ven y remueve mi caldero, y si lo haces con esmero - Peter canturrea por lo bajo mientras abre la cama y se mete en ella - te herviré un amor caliente y fuerte y así esta noche será ardiente.

Al otro lado de la habitación se escucha un "grrrr" que quiere decir "que te jodan" en el idioma de Sirius Black. James comparte su opinión y se contiene para no expresarla en voz alta. Esa noche les cuesta dormir a los dos bastante. El amor como todo se basa en buenas y malas elecciones; algunas veces lo haces bien y otras lo haces mal. James y Sirius tienen ideas diferentes sobre lo que han hecho bien y mal esa noche. James cree que se ha equivocado en todo, que si no hubiera sido tan imbécil de pasar de Noah ahora mismo podría estar disfrutando de sus besos. Cree que si no se hubiera comportado con Lily como un borrego durante tres años seguidos ella no le odiaría. Sirius piensa que Alice está enamorada de otro porque es imposible que no haya caído en sus encantos. Ha hecho TODO lo que es humanamente posible hacer.

Sin embargo, lo que ellos dos no saben es que es al contrario, que aquel San Valentín lejos de ser el peor de todos y no significar nada abrió una pequeña ventana para uno y casi amenazó con cerrar una puerta para el otro. Pero evidentemente el amor, como todo es cuestión de tiempo y con el tiempo las cosas cambian y lo que esa noche les pudo parecer a los dos el mayor de los problemas amorosos que tendrían jamás, estuvo lejos de hacerlo. Y años después no habría Noah Collins alguna para James Potter y Sirius casi olvidaría que alguna vez le gustó Alice Greengrass y todo eso de "odio San Valentín" se traduciría en sendos "ni siquiera recuerdo qué día es San Valentín porque a tu lado cada día es una aventura que no querría compartir con nadie más y que no cambiaría ni por todas las tarjetas de proposición del mundo".