Radio 1.0
Aunque pueda no parecerlo, Sirius Black es un tipo de lo más corriente. Su felicidad muchas veces se basa en dormir hasta que la boca se le pone pastosa, desayunar un par de veces hasta quedarse completamente lleno y luego pasar el rato con alguna actividad divertida como puede ser el Quidditch o tal vez el Quidditch; y si está de todavía mejor humor: Quidditch.
Hoy no es diferente; silba From me to you por el tercer piso y se permite hasta saludar a un Lucius Malfoy que le fulmina con la mirada. ¿Pero por qué no hacerlo?, piensa Sirius. ¡Es un día maravilloso! La verdad es que pocas cosas podrían estropearlo; de hecho podría aparecer ahora mismo el fantasma del Profesor Binns por la esquina y decirle que tiene que hacer una redacción de veinte centímetros en cursiva sobre alguna leche histórica y puede que hasta no se lo tomase a malas. Y por si las cosas no fueran lo suficientemente geniales hasta el momento, cuando baja las escaleras del Gran Comedor llega el aroma de conejo MUY bien cocinado y puede que sea el mejor día de su vida.
Como siempre Remus, James y Peter están juntos sentados en el mismo lugar en la mesa. El primero ya parece haber terminado de comer porque lee por encima un ejemplar de El Profeta, y los otros dos se concentran en devorar el postre (una tarta de frambuesa para James y unas natillas para Peter).
- Podríais haber esperado, tíos - murmura al sentarse al lado de Remus.
- Hemos esperado cinco minutos - contesta el propio Remus sin levantar los ojos azules del papel - y ya sabes que lo primero son las normas.
Cierto.
"A partir de los cuatro minutos de espera, cualquier tiempo de comidas se da por empezado y si alguien no está es su puñetero problema. Que le den"
- Bueno, lo aceptaré porque hoy es un día maravilloso - sonríe y todo cuando coge con la mano la pata de un conejo en salsa marrón.
- ¿Qué ha pasado? - James trata de alcanzar con la lengua una mancha de nata que ha quedado en la punta de su nariz - ¿Se ha adelantado la fecha de tu boda? Dime que no porque yo no puedo ir con estos pelos.
- No, imbécil - arranca la carne de un mordisco -. ¡Esta semana no hay clase de Estudios Muggles! ¡FIESTA!
- ¿En serio? - Peter abre mucho los ojos - ¿No tenemos clase?
- ¡No! Así que he pensado que podríamos aprovechar el tiempo para ir a la Cas...
- Eh, eh, eh - James levanta las manos en gesto de "eh quieto parao ahí" -, sí que es cierto que no tenemos clase, pero no podemos ir a ningún lado.
- ¿Eres Remus?
- Vaya - Remus hace como que no ha escuchado -, aquí dice que al director del Departamento de Accidentes y Catástrofes Mágicas le ha dado un infarto.
- ¿Ese no es el tío que dirigía la oficina de Enlace con Muggles? - James frunce el ceño - Era más joven que mi padre.
- ¿Enlace con Muggles? - Peter se sirve un poco más de natillas y les mira interrogante.
- Cuando los muggles se dedicaban a cazar a brujas, nosotros tuvimos que escondernos y protegernos - explica Sirius -, mi madre siempre decía que todo aquel que siguiera confraternizando con los muggles después de lo que pasó en Salem no tiene derecho a vivir.
- El Ministerio creó el Estatuto Internacional del Secreto en el siglo XVII para que los muggles no supieran de la existencia de la magia y que los niños magos no tuvieran que crecer con miedo a que los matasen por no controlar sus poderes - Remus tiene esa mirada suya de "estoy diciendo algo muy pero que muy importante así que escucha" -. Este departamento es el que se encarga de mantener la existencia de la magia en secreto, de evitar que los muggles vean las cosas que no tendrían que ver y de mantener a la comunidad mágica a salvo.
- ¿Y si los muggles volvieran a tratar de matarnos? - Tiembla Peter.
- Eso no va a pasar, Peter - sonríe Remus -. Además, muchos de los magos y brujas salvaron sus vidas porque tenían sus varitas.
- Ya, pero hubo otros que no - James se pone serio -. A Nick por ejemplo se la quitaron y el estúpido de su verdugo dejó el trabajo a medias.
- ¿Nick? - Preguntan los otros tres al mismo tiempo.
- Sí, Nick Casi Decapitado - señala con la cabeza al fantasma que charla amablemente con unas alumnas de segundo -. ¿No os ha contado nunca lo que le pasó? - tres negaciones de cabeza unísonas - Nick salió de Hogwarts y se puso a trabajar en la corte de no sé qué Rey de por aquel entonces; se enamoró de una chica, o eso me dijo. Ella se dio cuenta de que era un mago y le pidió que le arreglase los dientes, pero como él era un patán se confundió en el hechizo y le dejó un colmillo puntiagudo. Ella le delató y ghghghshshshshghgh - se lleva la mano al cuello.
- Siempre creí que se había aparecido mal o algo así - bufa Sirius -. O que iba a caballo y había un cable entre dos árboles...
- ¡Vaya! - A Remus le brillan los ojos - Puede que le pregunte después más cosas. A veces se me olvida que tenemos figuras tan interesantes entre estas paredes.
- Bueno - Sirius interrumpe con una tos -, ¡pero tenemos fiesta esta semana!
- ¡Y dale! - Protesta James - Que no tenemos fiesta. La profesora Pickles dio la semana libre para que preparemos el trabajo de fin de curso así que tenemos que ir a tutorías y pasar muchas horas con Mary preparando la radio.
- Dime que es una broma de las tuyas, Potter.
- Que no, no lo es.
- Diablos, no sé qué es peor: tener que estar con la profesora en pocos metros cuadrados o con MacDonald.
- ¿Con Mary por qué? - Pregunta Remus interesado.
- Porque me mira mal últimamente. Más que de costumbre. El otro día juraría que fue ella la que me encantó los zapatos para que fueran los dos del pie derecho.
- Ah, no, ese fui yo - se ríe James -. Se me había olvidado por completo decírtelo.
- ¿Y por qué lo hiciste? Es más, ¿por qué sabes cómo hacerlo?
- No sé, Remus y yo lo averiguamos y eras el primo perfecto para probarlo.
- ¿Remus tú también? Increíble. El único del que me voy a poder fiar es Peter.
- Gracias, Sirius - y el nombrado se sonroja un poco, agradecido.
Cuando terminan de comer todos se separan y Remus se despide con su gigantesco manual de Runas Antiguas mientras ellos se encaminan hacia los jardines. La profesora espera sentada en una de las lindes del Bosque Prohibido, a la distancia que todo adulto consideraría de "seguridad", como si en algún momento un centauro pudiera salir de la nada y raptarlos y condenarlos a una existencia de esclavitud hacia su manada. Poco a poco los alumnos van llegando y ocupan los trozos de hierba que no están demasiado mojados por el aguanieve que cae por las noches. A pesar de que febrero quiere terminar, el frío permanece inamovible y los alumnos se envuelven en sus capas y esconden las manos en los puños del jersey. Hay pocas veces que James y Sirius hacen uso adecuado del uniforme, pero lo cierto es que cuando hace un frío "que se te pueden helar hasta las pelotas" ninguno de los dos es tan imbécil como para dejar de ponerse cada una de las capas reglamentarias. Incluso James, a quien le gusta ir remangado, opta por usar hasta camiseta interior (porque al fin y al cabo eso nadie lo sabe y estás más calentito). Mary se acerca a ellos como lleva haciendo todo el curso, pero con cierta expresión cansada decide ocupar el lugar entre Peter y James en lugar de su habitual entre Sirius y James. Evidentemente Sirius Black no tiene ni la menor idea de lo que le pasa a la chica para comportarse así, de modo que no dice nada y se concentra en la clase, que a pesar de no interesarle en absoluto, es menos complicada que las chicas.
James sin embargo mira a Mary por encima del hombro y no puede evitar bajar la cabeza y susurrarle al oído.
- Después de Pociones tenemos que ir al despacho de la profesora Pickles.
- Lo sé, no me lo recuerdes...
- ¿Es por Sirius? ¿Es porque ahora odias a Sirius?
- No odio a Sirius - sisea con el ceño fruncido -. Simplemente me irrita.
- Ya, pero siempre te ha irritado.
- Pues ahora me irrita más.
Peter levanta el cuello intentando hacer oído pero su tarea resulta en vano cuando uno de los bichos de siete patas que están estudiando se escapa de una de las jaulas y trata de comérsele los pulgares.
Al final de la tarde, cuando la clase de Pociones ha terminado, los tres compañeros suben las escaleras hasta el cuarto piso, en el que se encuentra el despacho de la profesora de Estudios Muggles. A diferencia del resto de profesores, ella ha decidido que no haya contraseña alguna o magia específica para acceder a la estancia. Una puerta de madera que permanece abierta y que cierran a su espalda cuando entran con un "buenas tardes, profesora Pickles".
Ella está sentada tras el escritorio. La habitación no es muy grande, decorada con pósters de grupos muggles de la época: uno gigantesco de Elvis Presley corona la estancia. Debajo del Rey del Rock hay una estantería en la que brillan algunos premios en los que se lee "ajedrez", "parchís" o "damas". Sirius se inclina hacia James y le pregunta si ese último tiene algo que ver con el número de mujeres a las que se habrá ligado la profesora.
Evidentemente no es así, pero no hay nadie allí para llevarle la contraria. Cuando se sientan en las tres sillas correspondientes, James se fija que ninguna de las fotos que hay sobre la mesa se mueven. Por lo tanto no han sido reveladas con la técnica mágica que las transforma en retratos vivientes. Es curioso ver tantísimas cosas no mágicas en la misma estancia. Hay tantas preguntas en su cabeza en ese momento que no sabe ni por dónde empezar. Para empezar, la profesora tiene encuadrada una equipación que no corresponde a ninguno de los equipos de Quidditch que él conoce, así que puede que sea ropa para jugar al baloncesto o al fútbol o incluso a ese deporte gracioso en el que los muggles colocan una red en el centro y tienen que pasarse la pelota sin que toque el suelo.
Para Mary es mucho más fácil identificar todos los objetos; en una de las estanterías hay una moledora de café del año en el que se creó el mundo por lo menos, también algunos ejemplares de revistas que recuerda que las niñas de su edad solían comprarse cuando iba al colegio (algo así como Corazón de Bruja pero versión muggle) y también un kit de plumas estilográficas que seguro que a Lily le gustarían un montón.
- Bueno, chicos - ella sonríe dejando a un lado un periódico gigantesco -, ¿eráis los de la radio, verdad?
- Más o menos - asiente Sirius.
- ¿Más o menos?
- Es que verá - James suspira -, en realidad ninguno de los tres tenemos mucha idea de cómo funciona una radio.
- MacDonald - se vuelve hacia Mary, que aparta la vista de una muñeca de porcelana -, ¿usted viene de familia muggle?
- Sí, a medias.
- ¿Y no sabe cómo funciona una radio?
- Sé cómo funciona un micrófono y sé que se graba en estudios y que tiene algo que ver con ondas y electricidad pero si le soy sincera no sabría ni por dónde empezar.
- ¡Para eso estoy yo! - Mueve la varita en el aire y delante de ellos aparece un trío de micrófonos viejísimos y una caja con gran cantidad de botones - Esto es todo lo que necesitan para hacer que una radio funcione en Hogwarts.
- ¿Esto? - Sirius arruga la nariz y toca uno de los botones, que evidentemente no hace nada - No se ofenda profesora, pero esto es chatarra.
- Es cierto que los micrófonos necesitan algún que otro retoque y que esa mesa de mezclas dejó de funcionar hace mucho tiempo, pero confío en que sean capaces de arreglarlo y comenzar a usarlo.
- Podemos usar reparo - sonríe Sirius.
- No, señor Black - niega ella con la cabeza -. Ninguno de estos aparatos puede ser tocado por la magia. Cuando acabe el curso comprobaré si han usado algún hechizo sobre ellos y si el resultado es positivo quedarán automáticamente suspendidos. La única magia con la que contarán será con el intensificador que controlaré yo y que hará las funciones de la electricidad convencional.
- ¡Pero eso no es justo! - Se queja James.
- Le recuerdo que está matriculado en Estudios Muggles.
- ¿Tampoco podemos usar magia para amplificar el sonido? - Mary se muerde el labio. Una cosa es hacer funcionar esos cacharros y otra muy diferente es que la señal llegue a todo el castillo. Los micrófonos del campo de quidditch funcionan con magia. Sin cables.
- Por supuesto que no.
- ¡Esto es tarea imposible!
- Nadie dijo que sería fácil.
Se quedan en silencio unos segundos; observando los tres micros, hasta que James se levanta y coge uno con la mano izquierda.
- Si hacemos que funcionen como una radio muggle normal, ¿tendremos aprobada la asignatura?
- Evidentemente.
- ¡Pues eso haremos!
Mary y Sirius se miran por primera vez y ponen los ojos en blanco. La tarea de por sí es complicada por no decir imposible. Es evidente que la profesora se está esforzando para hacerles la puñeta, pero al parecer James no capta ese matiz de la situación. Allí de pie parece que de repente todos los conocimientos sobre "aparatejos muggles" se le han metido en la mollera como por arte de magia.
Se despiden de ella: Mary sujetando un micrófono con cada mano, James con el otro y Sirius por último con la pequeña mesa de mezclas y la caja con cientos de cables que les ha proporcionado la profesora.
No es hasta que dejan todo sobre la mesa vacía de una de las aulas de prácticas que se dan cuenta del embrollo en el que se han metido.
- Tendríamos que haber elegido las motos.
- Que motos no.
- ¿Siempre la misma respuesta, MacDonald? - Y Sirius juraría que está sonando simpatiquísimo, pero la chica le gira la cara y empieza a separar los cables con cuidado.
Pasan un buen rato como esperando que se les aparezca el espíritu de Guillermo Marconi y les explique lo que tienen que hacer. Como las posibilidades de que eso pase son las mínimas, James se levanta exasperado.
- Necesitamos ayuda.
- No me digas... - Gruñe Sirius, que lleva un buen rato enrollando un cable alrededor de su dedo índice y esperando a que se ponga morado.
- Podemos hablar con Peter - dice el chico -. Se le dan bien estas cosas y por lo menos sabrá cuál es la diferencia entre ese cable verde y ese otro azul.
- Vale, pues voy a buscarle - Sirius hace ademán de marcharse pero James le pone la mano en el pecho y con un gesto de cabeza, indica que se marcha él. Esto provoca que Sirius se quede a medio levantar de la silla, con cara de imbécil y un dedo que amenaza con empezar a pudrirse como no recupere la circulación de la sangre pronto.
Incómodo. Sirius está visiblemente incómodo. Lo ha hecho a idea el imbécil redomado de James. Le he dicho que MacDonald no me aguanta y ahora me deja aquí con ella que lo más probable es que me meta uno de esos micrófonos por el culo sin piedad alguna.
Sin embargo ella parece estar demasiado concentrada en apuntar en una hoja todos los diferentes botones que tiene la pequeña mesa de mezclas, en un intento de tratar de entender algo. Sirius tose. Luego tose otra vez. Después se cruje la espalda. Más tarde murmura que por qué James tarda tanto. Y está a punto de empezar a hacer pedorretas con la boca por tercera vez consecutiva cuando Mary levanta la cabeza con los ojos encendidos de rabia.
- ¿PUEDES PARAR?
- Perdona, perdona - joder, nunca la había visto tan enfadada. ¿Y si le he hecho algo? Bueno, eso sólo se puede saber de una forma - ¿Te encuentras bien, Mary?
Y es evidente que ese no es el tipo de pregunta que Mary MacDonald esperaba porque sus dedos se crispan alrededor del micrófono y sus labios se convierten en una línea recta. Tarda varios segundos en reaccionar, pero cuando lo hace le mira con una sonrisa que no se parece a las que tiene habitualmente. No es que Sirius sea muy bueno en eso de leer a la gente (esa es la habilidad especial de Remus), pero si es sincero consigo mismo esa no es la Mary que conoció en su día. ¿Y si alguien le ha hecho algo? Tendré que partirle la cara a quien la haya tocado.
- No me pasa nada, Sirius... No te preocupes.
- ¿Seguro? Tienes mala cara. ¿Estás enfadada conmigo?
- No... Claro que no estoy enfadada contigo.
- ¿Es por Potter? - Gruñe - ¿Te ha hecho algo Potter? Mira, si te ha hecho algo Potter me lo puedes decir que le clavo los cristales de las gafas en...
- James no me ha hecho nada - parece que se ríe -, nadie me ha hecho nada.
- Remus me dijo un día que cuando las chicas dicen que no les pasa nada es que sí que les pasa algo y que normalmente ese "algo" tiene que ver con la persona a la que le dicen que no les pasa nada.
- No sabía que Remus era un experto en mujeres - vuelve a reírse.
- Sí que lo es - y Sirius parece ofendido -. A Remus se le dan muy bien las chicas, Mary. A Remus se le da muy bien todo. Pero las mujeres sobre todo. Él entiende a Lily y mira que Lily es rara como ninguna.
- ¿Y te has parado a pensar que tal vez es que Remus escucha a la gente? - Y Mary se inclina hacia él con las cejas levantadas - ¿Que igual el problema es que hay chicos que cuando una chica está hablando lo único que están pensando es "joder, qué bien me queda el pelo así" mientras se miran en su reflejo en las pupilas de ella? ¿Que igual el problema es que los chicos os empeñáis en ir detrás de las chicas que no os quieren ni para darles masajes en los pies y pasáis de las que de verdad os prestan atención?
- Oh... - Y Sirius se queda pensativo. Dedo en el mentón y todo. Y trata de unir las piezas del puzle. Intenta que todo cobre sentido y luego, así como así. LO ENTIENDE - ¡Mary! ¡Joder! ¡Ya sé lo qué te pasa!
- No tengo la regla, Sirius.
- No... Ya... O sea... Ya... No... No iba a decir...
- ¿Es lo primero que has pensado, verdad?
- Sí, pero no es eso lo que iba a decir.
- Adelante pues.
- A ti te gusta alguien - y Sirius respira hondo. El corazón le palpita bastante rápido y sí que es cierto que hay algo que le amarga en la boca cuando continúa -, te gusta alguien y mucho.
- ¿Ahá?
- ¿He acertado?
- No lo sé.
- ¿No sabes si he acertado o no sabes si te gusta alguien?
- No sé por qué estoy hablando contigo de esto.
- Porque... - Y Sirius entrecierra los ojos. Mueve la silla hacia Mary y le coge la mano derecha con la suya - Porque conmigo es con el único que puedes hablar, ¿verdad?
- ¿Qu... Qué? - Ella mira hacia otro lado con las mejillas sonrojadas.
- Llevas mucho tiempo guardándote esto, Mary - Está muy serio -. Y te entiendo. Entiendo lo que te pasa por dentro. Y... Joder, ahora entiendo todo. Lo de que los chicos siempre prestan atención a la que no les hace ni caso... Y tú... Tú eres la chica que has dicho que sí que está ahí siempre, ¿verdad?
- Pues...
- ¿Por qué no me había dado cuenta antes? - Se lleva la otra mano a la cabeza consternado - ¿Por qué no me lo habías contado?
- Pues... - Mary ya no es Mary; es un verdadero tomate de huerta maduro - No sé, no podía acercarme a ti y decírtelo porque... Estas cosas dan vergüenza, Sirius...
Mary no puede creer que Sirius Black esté siendo una persona tan madura, pero lo único en lo que puede pensar es que tal vez esos tres años de relación la hayan confundido y que en realidad el mayor de los Black sea el tipo de chico que no aparenta ser. Puede que ahí esté el misterio de por qué Remus es amigo de los borregos.
- Ya...
- Bueno...
- Sí...
- ¿Entonces?
- ¿Entonces qué?
- Pues que entonces qué, entonces qué hacemos.
- No sé... - Sirius sonríe de lado - Lo que se suele hacer en estos casos.
- ¿Un beso? - Y lo suelta de golpe. Mary no cree ni que sea su voz.
- ¿Un beso? - Sirius asiente - Sí, tenemos que conseguir un beso.
- ¿Conseguir?
- Sí, coño, aunque no lo parezca eso de besar no es muy lo suyo.
- ¿Lo suyo? - Y la chica siente como su estómago da una vuelta de campana - ¿Qué?
- ¿De James? - Sirius la mira como si no comprendiese - Que a James no le gusta besar a las chicas. Al menos no demasiado, creo.
- Y qué me importa a mí lo que le guste a James o le deje de gustar.
- ¡Hombre! - Y se ríe - Ya que estás enamorada de él lo lógico es que te interese, ¿no?
- ¿ENAMORADA DE QUIÉN?
- ¡De James! Joder, tú lo has dicho - coge aire -: has dicho que siempre está prestando atención a Lily lo que evidentemente te cabrea porque ella no le presta ninguna atención cuando tú eres la que es su amiga y la que le soluciona los problemas y la que le ayuda con todo y también a la que le gustan las mismas cosas.
- ¿CUÁNDO HE DICHO ESO?
- ¡Ahora mismo! ¡Pero si hasta has dicho que querías besar a James!
- ¿Que me quieres qué? - La voz del chico de pelo negro llega desde el marco de la puerta.
Puede que Mary MacDonald recordarse esa situación como una de las más vergonzosas de su vida durante muchos años. James en la puerta con los ojos como platos y una expresión de "no entiendo una puñeta" en la cara; Peter visiblemente emocionado de estar presenciando lo que sin duda será tema de conversación durante siglos; y Sirius tan desconcertado que se limita a mirar a Mary primero y después a James como buscando una explicación.
- ¡Yo no quiero besar a nadie!
- ¡No, Mary! - Y Sirius coge a la chica de la mano y la arrastra hasta donde James observa empezando a entender un poco - Es lo que sientes y quiero que sepáis que yo lo apruebo.
- Tú lo que eres es gilipollas, Sirius - James le da un empujón a su mejor amigo -. Y tú, ¿qué demonios le has dicho?
- No lo sé, te lo juro... No entiendo qué he dicho para que interpretara que tú...
- ¡Bueno, suficiente! - James agarra a Peter del cuello de la camisa - He traído a Peter para que nos ayude y de paso hemos dado una vuelta por la biblioteca para traer estos - y señala los dos tomos gordos que lleva su amigo entre los brazos.
- ¿Todo eso nos vamos a tener que leer? - Pregunta Mary angustiada y todavía lanzando miradas de horror a Sirius.
- En realidad no - Peter responde con voz nasal y los deja sobre la mesa -. Este ya me lo he leído yo porque fue el que me ayudó a reparar la radio hace un tiempo. No me importa empollarme este otro para saber qué son esos cables y conexiones.
Y así lo hace. Sentado en una silla y con los dedos en las sienes ninguno de ellos ha visto a Peter tan concentrado en algo en su vida. Mientras tanto James, Mary y Sirius se quedan en silencio. El primero juega con los mechones de pelo oscuro que son lo suficientemente largos como para hacerle cosquillas en el puente de la nariz, ella trata de no levantar la vista de una mancha del suelo y Sirius le da cien vueltas a lo que acaba de pasar todavía sin comprender nada en absoluto.
Media hora después, cuando Peter ya tiene media hoja llena de anotaciones y se ha atrevido a abrir la mesa de mezclas, mostrando otra cantidad industrial de cables, la puerta de la clase se abre y dos personas se asoman con curiosidad..
- Así que estabais aquí - Remus suspira con alivio. Como si hubiera temido que se les hubiese comido un troll o algo así.
- Sí, bueno - Sirius bosteza -. Mi cuerpo está aquí pero yo hace un rato que he dejado de vivir en este plano astral.
- ¿Plano astral? - A Lily Evans le parece divertido. Cabello rojo suelto y capa arrastrando por el suelo se acerca a ellos y sorprendentemente ocupa el sitio que hay al lado de James - No prestas mucha atención a las clases de Astronomía, ¿verdad, Black?
- Las uso para dormir.
- Es que se está tan cómodo en esas almohadas de plumas... - James añade somnoliento - Y tenéis que admitir que la voz de esa mujer es soporífera.
- Si te soy sincera un día me quedé dormida - y de forma mágica Lily Evans se dirige directamente a James Potter. Y no hay mirada de desprecio, ni insulto de por medio. Es ella manteniendo una conversación con él. Ya está -, menos mal que no ronco.
Pues claro que no roncas. Evidentemente que Lily no puede roncar. Eso lo sabe James como la alineación de los Cannons. Por Dios. Está ahí sentada con las piernas cruzadas y los calcetines altos y los zapatos del uniforme y las manos enredadas en el regazo y CLARO QUE NO PUEDE RONCAR.
- ¿Qué estáis haciendo? - Remus se ha quedado de pie, apoyado en la mesa en la que Sirius se toca el mentón distraídamente.
- Tenemos que arreglar ese trasto para clase de Estudios Muggles - Mary señala la mesa de mezclas - pero como no tenemos ni idea, pues Peter nos ha prestado su ayuda.
- ¿Sólo tenéis que arreglarlo? - Lily estira el cuello para observar el amasijo de placas de metal y cablecitos que Peter está separando - ¿Para qué?
- ¿Te... - a James le cuesta hablarle directamente. Decir "te acuerdas" y no "os acordáis" - acuerdas de todo eso de la radio que os contamos antes de navidad? Pues...
- ¡La radio! - Le interrumpe con los ojos brillantes - ¡Casi se me había olvidado!
- No, Evans, se te había olvidado por completo.
- Bueno - ella mira a Sirius con desagrado -, ¿os podemos echar una mano?
- No es por ofender, Evans... Pero no creo que ni el rubito ni tú tengáis conocimientos sobre nada que nos interese.
- Pues "el rubito" y yo tenemos padres muggles y a diferencia de la dinastía Black, llevamos escuchando la radio desde que no levantábamos un palmo del suelo.
- Mi padre escucha los 40 Magistrales - sonríe James.
- Eso es muy útil, gracias Potter.
- Oye Sirius - James pone esa mirada suya de "está Lily delante y va a quedar mal tu madre porque yo no" -, ¿ves eso que tiene Peter en la mano? ¿Y si te lo metes por el culo?
- ¿Destornillador? - Peter mueve la herramienta en al aire.
- Eso, métete el destornillidor por el culo, Sirius.
- Podríamos hacer una lista con las cosas de las que vais a hablar - interviene Remus apaciguador. Cualquier conversación en la que sus dos mejores amigos acaban por amenazarse con meterse cosas por el agujero de atrás no le agrada demasiado -. ¿Habéis pensado en algo?
- Quidditch - Mary y Sirius responden al mismo tiempo.
- Está... bien... - Lily asiente con la cabeza - ¿Tenéis algún pergamino por ahí?
- Aquí - un artista de circo no se había movido con más agilidad que James en ese momento. Se echa hacia atrás y rebusca en su bolsa -, y una pluma.
- Gracias - la chica escribe con caligrafía cuidada la palabra "quidditch" -, ¿y qué más?
- ¿Quidditch? - Ríe Sirius con la boca abierta. Como no hay reacción alguna gruñe - Es gracioso.
- Claro que sí - Remus le coloca una mano en el hombro que deja ahí un buen rato -, pero necesitáis otras cosas sobre las que hablar.
- ¿Cotilleos? - Mary se encoge de hombros - A la gente le gustan los cotilleos.
- No creo que a la profesora Pickles le gusten demasiado esas cosas - Lily niega con la cabeza -, ¿qué os parece una sección sobre... cosas importantes que han pasado en el castillo? Por ejemplo, el otro día se inundaron los lavabos del segundo piso, o... Dumbledore dijo que esta semana el ala este del quinto piso estará cerrada por reformas.
- ¿Por reformas? - James se lleva un dedo a la boca - No me trago que sean reformas. Seguro que es otra cosa. Tenemos que ir a ver.
- ¡No! - Lily se sorprende a sí misma quejándose así - Quiero decir... Haced lo que queráis pero ahora no es importante. ¿Apunto actualidad?
- Apunta, apunta - Mary da un pequeño salto -, ¿y qué os parece un consultorio?
- ¿Qué es eso?
- El Profeta tiene uno - Remus mueve la cabeza entendiendo -, se trata de una sección donde los lectores mandan cartas con problemas: dinero, amistad y...
- Amor - completa Mary -. ¿Os imagináis que los estudiantes nos contasen sus problemas?
- ¿Y para qué nos los van a contar? - Brama Sirius. Ya ni se le puede llamar "sentado" a la postura que ha adoptado.
- Para que los solucionemos, claro - contesta Mary -. Son cartas anónimas, sin firma, así que no tienen que preocuparse de que el resto del colegio sepa que las han mandado ellos.
- Nadie va a mandarnos cartas a nosotros.
Silencio. Sirius tiene razón y todos lo saben. Son tres críos de tercer curso que están haciendo un proyecto absurdo para Estudios Muggles; no es como si fueran Dumbledore y McGonagall queriendo divertir al alumnado. Y en realidad el objetivo del trabajo no es otro que conseguir que la gente les escuche durante dos horas. ¿De verdad tienen que darle tanta importancia al contenido?
- Pero podéis inventároslo - dice de pronto Lily. Todas las cabezas se vuelven hacia ella excepto la de Peter, que continúa con su trabajo -. Escribirlas vosotros.
- ¿Nosotros? - Sirius no entiende - ¿Para qué vamos a mandarnos cartas a nosotros mismos? No tiene sentido.
- Sí que lo tiene si fingís ser personas reales en las cartas. Contáis un problema falso, lo solucionáis y así puede que alguien se anime a mandar una consulta de verdad.
- ¿Pero eso no sería como hacer trampas? - James duda.
- Pensaba que eso no era un problema para ti, Potter.
Y James la mira. Bueno, decir que la mira sabe a poco. Es que la cosa es que Lily también le está mirando a él. Únicamente a él. Y James no está muy seguro de si esta nueva situación le gusta o le disgusta o le está llevando directo al camino de la amargura. Porque una cosa es ser totalmente consciente de que Lily Evans no le soporta y otra muy diferente es tener la impresión de que a ella ya no le cae tan mal pero que aún así preferiría besar a un sapo que a él. Se tranquiliza. O al menos lo intenta. Es complicado tranquilizarse con la chica más guapa del curso esbozando una sonrisa pícara que alguien tendría que haberle prohibido. Es que Lily es buena, es lista y es la típica persona a la que le molesta la gente que llega dos minutos tarde a la Sala Común después del toque de queda. Pero esa no es ESA Lily. Es rebelde, es juguetona y James no comprende de qué demonios va pero le va a obligar a decirle que pare. Oh, vamos. No está bien. No está bien que te presentes aquí con tus manos finas y llenas de pecas doradas y digas que hagamos trampas y luego quieras que no me entren ganas de pedirte salir hasta que se me sequen los labios, Lily Evans.
Es que no se lo cree ni bajo los efectos de una botella de Whisky de fuego caducada. No se cree que Lily no sea consciente del efecto que causa en él. De cómo se le seca la boca y el corazón palpita tan fuerte que retumba hasta en sus mejillas. De que el inglés no es su idioma cuando se dirige a ella. Merlín es que podría olvidarme hasta de mi nombre cuando existes tan cerca. Y a menudo se pregunta la razón de todo eso; si es algo físico, algo mágico o simplemente que es un idiota redomado. Si James preparase una poción de Amortentia la propia poción se convertiría en una adolescente de catorce años de ojos verdes. No tiene remedio. Podría bajar las escaleras de camino a la Sala Común y hablar con esa chica de la que no recuerda el nombre que tiene un año más. Podría llevarla de la mano a cualquier rincón del castillo en el que nadie les viese; y podría besarla, y podría respirar en su boca y podría disfrutar de cada segundo con ella. Qué demonios, es que podría arriesgarse a meterle la mano debajo de la camiseta y tal vez sonase la flauta. ¿Pero y qué? ¿De qué serviría eso? La besaría pensando en los labios de Lily, respiraría en su boca respirando en la de Lily, y cada segundo lo pasaría pensando en las manos delicadas de Lily recorriendo las líneas de un pergamino.
Soy imbécil.
"Pensaba que ese no era un problema para ti, Potter"
Ahí sigue la frase en el aire. La provocación. Y sea Lily o no lo cierto es que James no puede callarse ante algo como eso.
- Por supuesto que no es un problema - se sonroja sin casi darse cuenta -, es más, puedo fingir que soy McGonagall, ¿quieres que escriba una carta diciendo que soy McGonagall y que echo de menos el calor de Albus en mi cama? Puedo hacerlo. Puedo hacer lo que sea.
- Yo siempre he pensado que McGonagall bebía los vientos por Slughorn.
- ¿Slughorn? - Y Remus interviene - Lily, por favor... Pensaba que tenías más sentido común.
- ¿En serio todos pensáis que le gusta Dumbledore?
En serio que todos lo piensan.
Y discuten durante un rato. Y Lily y Mary acaban confesando que puede que les haga un poquito tilín Mr. Sexy. Y Sirius se queja "pero si lo único que hace es saber mucho y ser amable" y le acalla un suspiro tanto masculino como femenino. James se escusa en que el hecho de ser hombre no te impide apreciar cuando otro tío está al mismo nivel que tú y Remus prefiere escabullirse hasta donde está Peter y ayudarle pasándole las herramientas.
Apenas se dan cuenta cuando la noche empieza a comerse a la tarde. Premeditadamente James se las apaña para alejarse del grupo y comienza a curiosear entre los armarios del aula. Coge un libro viejo al que le faltan páginas y que en su día serviría en alguna clase de Transformaciones y empieza a ojearlo sin demasiado interés.
- ¿Qué es?
AH.
- No... No sé - se revuelve el pelo un poco nervioso -. Un libro.
- Eso ya lo veo - se ríe la chica y extiende el brazo para cogerlo -. He creído que es mejor dejar que Mary y Black arreglen lo suyo.
- ¿Lo suyo?
- Oh, sí. Parecían enfadados, ¿verdad?
- Ella está enfada con él - James mira a sus dos amigos. Cada uno con un micrófono en la mano -, pero el pobre Sirius no tiene ni puñetera idea de qué ha hecho mal.
- No me sorprende - suspira -, no es por ofender... Bueno, me da igual que te ofenda en realidad, pero no tenéis mucha empatía que digamos.
- Bueno.
Perdona Lily Evans pero no soy yo el que lleva mortificándote durante tres años por absolutamente NADA. Bueno, nada. Meterme de vez en cuando con ese amigo sucio y feo que tienes no es para tanto. Creo.
"Tal vez a ella le importe", dice una voz en su cabeza.
Bueno. Tampoco es que yo vaya a cambiar por agradarle.
Creo.
- ¿Bueno? - Y ya es ese tono de Lily otra vez. El tono "eres imbécil, Potter" -, ¿es todo lo que tienes que decir?
- Eh, no soy Sirius, ¿vale? Aunque para ti siempre vamos en conjunto no es así. Puede que te parezca cosa de magia, pero si Sirius le clava la varita en el ojo a Snape, se la clava él. No yo.
- Sé perfectamente que sois dos personas diferentes.
- ¿Ah, sí?
- PUES SÍ.
- No frunzas el ceño así.
- ¿Perdona? - Y Lily se pone un poco de puntillas para mirarle a los ojos con furia - ¿Me estás diciendo lo que tengo que hacer?
- No. Pero estás más guapa cuando no lo haces.
Estúpido James Potter. Lily es una chuca que tiene las cosas muy claras. Todo lo claras que las puede tener una adolescente con las hormonas revolucionadas. Ha intentado superarlo. Todo eso de odiar a James porque sí, eso de no soportarle cuando abre la boca en clase. No lo hace por él, lo hace por ella misma, porque se cree tan madura como para no dejarse llevar por esas niñerías. Y lo cierto es que durante todo ese rato ha estado cómoda, y se podría decir que ha sido divertido y que si lo miras desde una perspectiva diferente, James Potter no es del todo... Del todo tan horrible. No está las 24 horas del día metiéndose con la gente ni insultando a todo aquel que piensa diferente a él. Es idiota a ratos. Una clase de idiotez que es hasta tolerable. Lily ha empezado a ver eso que Remus aprecia con total claridad. Y así ha sido hasta que (para variar) él la ha cagado.
¿Cómo se atreve a acusarme así? ¿A DECIRME QUE SOY INTOLERANTE? Porque eso es lo que ha dicho. Claro que lo ha dicho.
Estúpido Potter.
Lo peor de todo es que eso son nimiedades al lado de la razón por la que está más cabreada. Él es capaz de sacarla de quicio y un segundo después mirarla a través de esas gafas gigantescas que sabe que le quedan bien y decirle que es guapa. ¿Y por qué lo hace? Todo sería más fácil si él fuese un cretino a jornada completa y no un tío impertinente que luego parece una persona completamente diferente. Pues no. Lily Evans no es como las demás chicas y no piensa dejarse engañar.
- Eso no es asunto tuyo.
Se gira y se encuentra con los ojos azules de Remus fijos en ella. No me toques la moral tú ahora, Rem, piensa. Porque el chico tiene esa mirada de siempre, de "Va, Lily, no te pases". Y ella claro que piensa pasarse. Porque Remus será su mejor amigo pero desde luego no tiene ni puñetera idea de cómo hay que comportarse con los hombres. De hecho Remus es el vivo ejemplo de cómo no hay que comportarse con los chicos. Ahí está, sentado junto a Peter y poniéndola nerviosa.
¿Pero qué me pasa?
Sacude la melena pelirroja y niega con la cabeza. Tal vez se haya pasado y tenga que pedir perdón. Sí.
Puede que...
- ¡LO TENGO! - Peter da un salto y aplaude - ¡LO HE CONSEGUIDO!
- ¿En serio? - James le da la espalda a Lily y se acerca a sus amigos - ¿Ya funciona?
- Creo que sí - mueve una de las ruedas de colores -, tengo que entender bien para qué sirve cada cosa pero en teoría creo que los micrófonos ya están conectados a la mesa de mezclas, que es la que funciona de... Mmmm... ¿Antena? Para que la señal llegue al receptor de la profesora y de ahí a todo el castillo.
- ¡Increíble, Peter! - Sirius le da un golpetazo en el hombro - ¡Eres genial!
- ¡Quiero probarlo! - Mary coge uno de los micros con entusiasmo.
- Pero espera - Peter levanta la mano -, primero hay que conectarlo en el sitio en el que lo vayáis a usar y hablar con la profesora para saber a qué hora se puede emitir. No podéis usarlo sin permiso.
- Es cierto - murmura James -, ¡pero lo hemos conseguido!
- Queda mucho trabajo por delante todavía - Mary sonríe tanto que se le forma un hoyuelo en el moflete izquierdo -. Pero esto es un buen comienzo.
- De aquí a la fama - James se recoloca las gafas y le pasa el brazo a Sirius por los hombros -: JAMES POTTER Y SUS DOS VÁSTAGOS.
- Dirás vasallos - ríe Remus.
- De vasallos nada, imbécil - Sirius le aparta de un empujón -. Aquí el que tiene la voz bonita soy yo. Una voz de hombre y no esa mierda de voz de ardilla que tienes, Jimmy.
- Mi voz encanta a las bestias como tú, Sirius.
- La verdad es que sí que a veces me pones un poquito, pero sólo porque tienes tono de mujer.
- Hazme cosas sucias, Sirius...
- Las que tú quieras, guapa...
- ¡Está bien! - Remus cierra los ojos y con mueca asqueada les golpea a los dos en el brazo - Tengo hambre.
- Yo te doy de comer, Remus... - James le plata un beso en la mejilla.
- ¡Deja de hablar así!
- ¿Por qué? ¿Te gusta?
- En absoluto.
- Claro que le gusta - berrea Sirius -, pero yo también quiero llenarme la tripa con un buen asado. O con un plato de patatas hasta el techo del Gran Comedor.
Recogen todo; lo llevan en los brazos de camino a la Sala Común. Allí lo meten en uno de los armarios que todos los alumnos tienen permitido usar y lo cierran con un sencillo encantamiento de privacidad.
De camino al Gran Comedor Sirius coge a James del bajo de la camiseta y le susurra cerca del cuello.
- ¿Entonces no le gustas a MacDonald?
- Juraría que no, pero ya sabes que mi encanto...
- No, tío, en serio. ¿No le gustas?
- Claro que no le gusto, memo.
- Vale.
Los demás se han quedado un poco adelantados, y cuando los dos amigos se acercan a ellos, se encuentran con una escena peculiar. La amiga de Lily, Sabine tiene las manos apoyadas en ambos lados de la cintura y sonríe con malicia.
- ... has caído más bajo de lo que pensaba, Lily.
- ¿Por qué ha caído bajo? - Sirius se cruza de brazos.
- Eh... - Sabine se sonroja - No, por nada... Hola, chicos.
- Si tienes algún problema nos lo puedes decir - James sonríe sin amabilidad.
- No, no... ¡Buenas noches!
Se escabulle escaleras arriba, rodeada de sus dos amigas. Siempre pegadas a ella.
- ¿Qué ha pasado? - Ruge Sirius.
- Que Sabine consideraba que nosotros éramos una compañía "patética" para Lily - explica Remus -, pero luego habéis llegado vosotros dos y se ha tenido que comer las palabras, supongo.
- ¿Y qué le has dicho? - Sirius insiste, mirando a Lily.
- Que erais mis amigos.
La pelirroja se encoge de hombros y agarrando a Mary del brazo entran las dos en al Gran Comedor.
Peter se queda inmóvil, Sirius apoya la barbilla en el hombro de Remus (que da un salto "Sirius, por favor no hagas eso") y James tiene que contener los fuegos artificiales que están estallando en su interior por el simple hecho de que Lily Evans ha utilizado la palabra amigo para referirse a él. O sea, no lo ha hecho directamente, claro. "Amigo" como término global, pero en esa globalidad él está incluido y con eso le basta.
- A ver, os he dicho que tenía ganas de comerme un buey, ¿por qué seguimos aquí parados?
- Porque el amor es una mierda - bufa James.
- Bueno... - Remus gira la cabeza hacia Sirius, que sin apartarse un milímetro gruñe "sois unos exagerados".
