Satisfacción (que también es una canción de los Rolling)

En contra de lo que parece de cara al exterior, Severus Snape es un chico con unos cuantos amigos; tampoco son muchos, pero desde luego son más de los que habría imaginado tener jamás. Estar en Slytherin le ha dado la oportunidad de ser él mismo y que nadie le asquee por ello. Le gusta poder hacer comentarios en voz alta que le salen desde el interior del pecho (le gusta Lily, es una buena amiga, la mejor que tendrá jamás, pero también es cierto que ella siempre tiene esa mirada de reproche cuando se va de la lengua). Pero así es Severus: es cínico, frío y sobre todo: tiene muy claro lo que le gusta y lo que no. La Sala Común de Slytherin no ofrece demasiada diversión, así que los alumnos de la noble casa de Salazar no tiene más remedio que tratar de buscar otro tipo de entretenimientos dentro del castillo. A Snape le basta con estar con su grupo de amigos.

Lucius Malfoy es lo que siempre ha deseado como un mejor amigo. Tampoco es que lo sean - al menos no se cuentan las cosas de la forma que hace con Lily -, pero los dos son conscientes de que tienen un pacto. Un día uno rasca la espalda y al día siguiente el otro le devuelve el favor. Lucius es el que tiene las ideas más claras, es el líder, es (aunque si se lo dijera le ofendería) el James Potter de Slytherin. Sin malinterpretaciones: Lucius es acicalado, tiene su cabello casi blanco finamente peinado y recogido detrás de las orejas, sus aspiraciones van más allá de ser el eterno centro de atención y por supuesto que sabe cómo comportarse en público. Sería una deshonra para la familia Malfoy compararle con un triste Potter, pero Severus a veces se sienta a pensar ese tipo de cosas. Lucius es el cabecilla, es el nombre que se escucha en los pasillos y es el que siempre está de pie dando las órdenes. ¿Eso es lo que es el asqueroso de Potter, no? Al menos esa es la impresión que da. Todos lo saben: Potter da las órdenes, Lupin prepara los planes y el bobo de Black los lleva a cabo. Es el tanque, es la carnada, es el idiota sin cerebro que no duda en saltar de una ventana a otra con una caída de cincuenta metros bajo los pies. ¿Y el tonto de Pettigrew? Eso es: un triste tonto que ha tenido la desgracia de caer cerca de esas tres mentes podridas y desquiciadas.

Ignotus Lorean no es la mente más brillante que ha conocido en su vida, pero tal vez sea esa estupidez visceral la que le convierte en lo que Malfoy llamaría "un perro perfecto". Y es que Ignotus es algo así, es el que muerde, el pájaro que se sujeta en el hombro de Lucius y repite todo lo que escucha.

Y luego está Rabastan Lestrange, que adora escucharse a sí mismo y según él le viene en la sangre. No es muy alto, de nariz puntiaguda y ojos de los que no se fiaría nadie, pero ostenta uno de los grandes apellidos y eso entre esas cuatro paredes es fundamental para que la casa Slytherin te tenga un poco de respeto.

Snape no tiene un apellido ni una reputación, pero ha conseguido abrirse un pequeño hueco en ese lugar que ahora es su familia. Lejos de su casa, lejos de su padre y lejos de la tumba de su madre. Lejos de todo lo que le pesa demasiado sobre los hombros, incluso en el corazón.

- Mi padre me acaba de mandar una lechuza - Lucius Malfoy se sienta a su lado en el Gran Comedor. Faltan varias horas para la comida así que todavía no hay nadie, a excepción de esos a los que les gusta hacer sus deberes allí en vez de la biblioteca o sus salas comunes -, ¿os lo podéis creer?

- ¿Que te ha mandado una lechuza? - Rabastan apenas levanta la cabeza de su tarea de Pociones - Creo que me lo puedo creer bastante.

- ¿Quieres que te aplauda? - Malfoy arrastra las palabras - Si fueras un poco más creativo tal vez te habrían puesto en Hufflepuff, Lestrange - coge aire -. Mi padre me ha conseguido entradas para la Liga de Verano de Quidditch que empieza este julio. Tenemos los mejores asientos, por supuesto.

- ¿Y para qué? - Ataca de nuevo Rabastan - Los mundiales fueron el año pasado. La liga es una basura.

- A ti ni siquiera te gusta el quidditch.

- Nunca he visto un partido de verdad en directo - Ignotus deja de escribir en su pergamino -, ¡tiene que ser guay! Nada que ver con las tontadas que hacen aquí.

- No hables del equipo de Slytherin... - Malfoy gruñe - Ese Black pensaba que tenía más agallas, la verdad. Dejar que te gane Potter... Con lo mal que juega Potter.

- Juega fatal - asiente Snape. Es casi automático. No había motivo para abrir la boca, pero cómo remediarlo si se produce como el respirar.

- Todo el mundo sabe que eso se solucionaría si impidiesen a las chicas entrar en el equipo - por fin Lucius se sienta -, solamente entorpecen el juego.

- ¡Totalmente de acuerdo! - Asiente Ignotus.

- Y hablando de chicas... - Rabastan arquea una ceja en dirección a sus espaldas.

Snape no necesita ni siquiera girarse para sentir la presencia de ella justo a su lado. Dulce y con olor a flores, encima de su hombro. Sin atreverse a ocupar asiento en esos bancos, como si estuviera prohibido y castigado. Lily sujeta una fiambrera entre las manos y espera pacientemente a que él se levante.

Severus conoce el ritual. Sus amigos no la soportan, pero a él no le importa; en silencio guarda sus cosas en la bolsa y sin siquiera despedirse se une a los pasos de la chica que ya ha echado a caminar hacia la salida a los jardines del castillo.

- Son bolitas de arroz - dice ella -, le pedí a la profesora McGonagall ayuda para esto. Le expliqué que era para una ocasión especial.

- ¿Ocasión especial?

- Sí, ¡te prometí una comida juntos!

- Ya ni me acordaba... - Sonríe recordando. Es cierto, meses atrás, casi antes de Navidad Lily le prometió que comerían juntos ya que no podrían compartir la festividad juntos - ¿Cómo has conseguido comida?

- McGonagall - explica mientras se acercan a uno de los árboles, que a causa del sol alto no proyecta demasiada sombra. Tampoco es que la busquen; todavía es marzo y hace algo de fresco -, ella le ha pedido a los elfos que me trajeran la comida. Ya sabes que nadie conoce dónde están las cocinas.

- Sería una irresponsabilidad que cualquier alumno conociese la entrada. Los elfos son criaturas muy serviciales y alguien idiota podría aprovecharse de ellos. Pedirles comida a todas horas...

- ¡Sería injusto para los demás! ¿Te imaginas poder comer lo que te apeteciese a cualquier hora del día?

- Bueno, ahora a mí me apetecen esas bolas de arroz.

Es sencillo complacerla, hacerla sonreír. Poquito al principio y luego más al final "esto es lo mejor que he probado en mi vida Lily", y comen hasta hartarse, beben un poco de zumo de uvas que ella ha conseguido también y después se tumban en la hierba, en silencio, dejando que el trino de los pájaros les adormezca un poco. Existiendo ellos dos y no el resto del mundo. Es lo que se siente cuando compartes momentos a solas con Lily Evans. Puede que sea porque sus ojos verdes te prestan total atención y entonces no hay nada más que ella y tú o puede que sea porque Snape siente ese cosquilleo cálido en la garganta cuando ella está cerca que no había experimentado antes de conocerla.

Cada día Lily está más guapa. Está más mayor y tiene los rasgos más finos y de cuadro. De cuadro porque si Severus Snape supiera dibujar la estaría pintando a todas horas. Con los colores adecuados, con los no erróneos pero sí diferentes, a puntos, a rayas, de espaldas y de frente; solamente sus ojos o las manos. Un cabello de su pelo. La peca que es más grande que las demás y que adorna el bajo de su oreja izquierda. Tal vez simplemente dejar una mancha dorada en el lienzo que le recordase al sonido de su voz. La quiere para él. A Lily Evans. No puede evitarlo. No puede evitar sentirlo, quererla, tenerla, abrazarla y no soltarla. Es casi obsesivo. Eso tiene algo que ver con una idea que le ronda en la cabeza desde hace bastante. Bastante = hace un par de semanas. Porque quince días en la vida de un adolescente pueden significar un mundo. La gente se enamora en dos segundos y rompe en tres.

- Últimamente has estado bastante tiempo con uhmmm - no quiere decir James Potter porque acabarán discutiendo. Quiere ser más discreto. No quiere que parezca que él le importa. Porque no es así. Nunca ha sido un peligro. Jamás lo será - Sirius Black.

- ¿Black? - Casi se ríe. Le suena a broma - Sí que es cierto sí. Estoy ayudando a Mary con un trabajo para Estudios Muggles y el destino ha querido que él esté en su equipo.

- No me gusta el destino demasiado entonces.

- Oh, vamos Sev. No se me va a pegar eso que odias tanto de Black y de Potter.

Lo ha sacado ella, no yo.

- ¿Que yo odio? Pensaba que tú tampoco los soportabas.

- Es cierto es cierto - se muerde el labio -, pero la verdad es que últimamente tampoco hacen eso que me incomoda. No se meten con nadie. Tal vez estén madurando. Tal vez Remus tenga razón.

- Lupin es su amigo, Lily. ¿Tengo que volver a decírtelo? ¿No has pensado que él puede ser un señuelo para que confíes en ellos? ¿Y si Potter te hace algo?

- ¡Merlín, Severus! James Potter será un idiota bien entrenado pero no creo que me quiera secuestrar y amordazar.

- Nunca se sabe.

- Lleva mucho tiempo sin meterse contigo.

Silencio.

Y silencio roto por una queja.

- ¿En serio? ¿En serio, Lily? O sea, que Potter y sus amiguitos llevan sin meterse conmigo un par de días, ¿y tú les perdonas todo?

- Severus - mirada fría. A Snape se le revuelve el estómago -. ¿Podríamos pasar tú y yo una tarde tranquila sin que el nombre de Potter saliese en la conversación cada dos minutos? A veces me da la impresión de que él y vuestra estúpida cruzada es lo único que te importa.

- No es eso... - No se atreve a cogerla de la mano así que se limita a mirarla todo lo cerca que sus nervios se lo permiten - Lily, tú me importas.

- Sé que te importo, Sev. Pero en cuanto Potter aparece por la puerta tu odio hacia él es más grande que la simpatía que tienes por mí. No puedes pegarte toda la vida basando tus acciones en cómo le afectará a James en su vida.

- ¿Lily?

- ¿Qué? - Arquea una ceja y cuando Lily Evans arquea esa ceja, justo la izquierda, es que es hora de que Severus cierre la boca.

Es un chico inteligente, así que no dice nada más sobre el tema. Pasan el rato en silencio y cuando empieza a atardecer ella se despide con un beso en la mejilla que se quedará ahí durante mucho tiempo; atrapado en Snape, grabándose a fuego en su piel. Severus la observa marcharse; paso rápido y cabeza gacha. Lily conoce a Potter desde hace tres años y nunca antes le había llamado por su nombre. A Severus no le gustan los cambios y este desde luego menos. Pudo obviar que el sabelotodo de Lupin pasase a ser Remus; de todas formas el muy energúmeno tampoco le molesta demasiado, al menos no en lo que a ganarse el corazón de Lily respecta. Pero no puede permitir que Potter pase a ser James. Lo siguiente es que el borrico de Black tenga nombre propio.

Ni de coña.

Esa tarde decide ir a la biblioteca, a apuntar algunas cosas sobre pociones. Le llevó un tiempo descubrirlo, pero cree que lo de preparar sustancias es algo que le viene en la sangre, que tiene un don. Le resulta sencillo elegir los ingredientes, dar las vueltas adecuadas, calentar el fuego a la temperatura perfecta. Algunos de sus compañeros dirían que las pociones no son magia, pero Snape sabe cosas: sabe que una poción puede matar, que una poción puede hacerte conocer el amor verdadero y que puede hasta resucitar a los muertos. Eso es magia. Magia mucho más poderosa que convertir un estúpido botón en una aguja. Experimenta. Algunos días en las mazmorras en alguna de las aulas de pociones o simplemente pensando en su habitación: calcula cantidades, prueba diferentes ingredientes; en resumen: crea magia.

La biblioteca de Hogwarts es un lugar acogedor, rodeado de estanterías y personas deseosas de aprender, pero también es una de esas habitaciones de Hogwarts en las que cada casa ha marcado unos límites. No hay una línea que impida a un Gryffindor sentarse en territorio Slytherin, pero si lo hace es probable que acabe con el culo lleno de almorranas. Ese día la mesa en la que Snape se suele sentar está casi vacía a excepción de Regulus Black. No se llevan demasiado bien. Evita el contacto visual cuando se sienta justo enfrente de su compañero y empieza a sacar sus libros de pociones avanzadas. Inevitablemente acaba por encontrarse con esos ojos claros fríos que observan con una ceja arqueada lo que alcanzan a leer desde su posición. Severus prefiere no atender a la provocación y empieza a estudiar con cuidado. Una parte de él disfruta verdaderamente con eso, la otra sabe que a Lily le gustan las pociones y de alguna forma u otra busca sorprenderla, maravillarla... Tal vez algo más.

Piensa en lo que le ha dicho ella y mudamente le da la razón. Es cierto que hace mucho que Potter y Black ni le dirigen la palabra; puede que se hayan cansado de él o que simplemente tengan cosas mejor que hacer. Ni por asomo se cree que esos dos maromos hayan podido madurar o convertirse en mejores personas. Seguro que tienen alguna distracción. A lo mejor el empollón de Lupin les ha drogado con alguno de sus utensilios sangresucia. Por lo que dice la gente el chico es bastante rarito y tanto tiempo que pasa en la enfermería y entre mejunjes tal vez le haya convertido en un experto del esoterismo. Le pega bastante eso de colocar inciensos e invocar a espíritus. Hay algo siniestro en esa mirada cansada que tiene.

- Oye.

Salta en su sitio. Traga saliva y mira de reojo a Regulus, que ha dejado el dedo índice dentro del libro que está leyendo y le observa con determinación.

- ¿Sí?

- ¿No tendrás una pluma, verdad?

- Emmm... - Rebusca en el estuche en el que guarda cuidadosamente la tinta - Sí, aquí. Toma.

- ¡Oh! - Ni siquiera sonríe; estira la mano y la deja hacia arriba como esperando que él sea quien deposite la pluma sobre ella. Y así lo hace - Mmm... Es una pluma bastante simple.

- Sirve para escribir.

- ¡Já! - Y de nuevo sin sonrisa. Baja a cabeza y para sorpresa de Snape, el chico hace un círculo alrededor de una palabra y subraya la frase entera.

Es una aberración, piensa. ¿Quién pinta en los libros? Por lo menos espera que sea de su propiedad y no de la biblioteca del colegio porque entonces estaría cometiendo una grave infracción.

- ¿Por qué rayas el libro?

- ¿Rayar? - Regulus entrecierra los ojos - Subrayo lo que me interesa.

- Pero... - Alcanza de refilón a ver el título del libro que el chico se apresura a cubrir con la mano izquierda Le comte de Monte-Cristo - No es un libro de texto.

- ¿Y qué? - Deja la pluma sobre la mesa y se levanta - Las cosas interesantes de verdad no están en tus estúpidos libros de texto, Snape.

- Los libros de texto enseñan.

- O adoctrinan.

- ¿Qué?

- En fin - se cuelga la mochila a la espalda -, nos vemos.

Severus se queda inmóvil. Regulus no es más que un crío y sin embargo hay algo sobre él que le pone los pelos de punta. En realidad una parte de él desearía pegarle un buen puñetazo, tal vez sea esa que inevitablemente no puede dejar de ver la estúpida cara de Sirius Black cada vez que le mira; pero otra parte muy fuerte tiene miedo. Y lo peor de todo es que es completamente irracional.

Así que se queda solo, continúa con su tarea; y solamente cuando está demasiado harto como para seguir trabajando, se levanta y sale de allí deslizándose, pasando desapercibido entre todos y cada uno de los alumnos con los que se cruza. Casi es la hora de cenar cuando llega a la Sala Común de Slytherin, y sus compañeros se encuentran a punto de salir de allí. Les pide que esperen y a toda prisa corre hacia su habitación para dejar todo lo imprescindible y salir pitando. Cuando vuelve solamente está allí Ignotus, de pie, con los brazos cruzados y dando golpes en el suelo con el pie derecho.

Severus no necesita preguntar dónde están sus amigos, porque sabe de sobras que "¿puedes esperarme?" no surte efecto alguno en Lucius Malfoy. Y mucho menos en Rabastan.

Los dos compañeros dejan atrás las mazmorras y suben las escaleras de camino al Gran Comedor. Una de las cosas que más le gusta a Snape de Hogwarts es el olor que impregna los pasillos a las horas de la comida. Tristemente no se extiende hasta las mazmorras, porque si así fuera, el chico tiene muy claro que se pegaría horas olisqueando sentado en uno de los sofás de la sala común. Lo cierto es que la comida que preparan los elfos es de primera calidad, y a esas horas de la noche, una sopa de verduras entra muy bien por el gaznate.

Otra de las cosas buenas que tiene comer en Hogwarts es que la comida aparece cuando se necesita y de esta forma Snape no tiene que preocuparse de si sus amigos querrán de una cosa o querrán de otra. Atrapa la comida con un tenedor, se la sirve en el plato y a nadie le importa. Hay suficiente para todos.

Lucius se suele quejar de los sabores, de que "antes la comida la hacían mejor. Me lo ha dicho mi padre". Severus no sabe si es verdad, o si tan siquiera es posible que exista alguna comida mejor que la que saborean todos los días, pero tampoco cree que necesite conocerla. En su casa su madre solía cocinar, encender los fogones y sentarles a su padre y a él a la mesa con una gran sonrisa. Luego pasó lo que pasó y desde entonces Severus agradece un plato que no esté frío. Así fue como se acercó la primera vez a Lily. Tenía hambre y ella estaba sentada en el parque con un bocadillo en las manos. la niña le ofreció un bocado como si no le costase nada compartir y entonces empezaron a hablar.

Tiempo después ambos descubrieron que eran especiales y a partir de ese momento el vínculo que se creó podría haber sido indestructible. Ahora es más complicado, porque Lily se ve rodeada de chicos y chicas que son como ella, y Severus no está muy seguro de que teniendo esa amplia variedad vaya a elegirle a él.

- ¿Qué tal tu cita con Evans, Severus? - A Lucius le gusta hacer ese tipo de preguntas, como si quisiera de verdad que le contestase. No es una broma para nada. No es un pique entre colegas; principalmente porque a él nunca le parecería bien que una chica como Lily estuviera con Severus.

- No era una cita - se sonroja sin remedio. Ojala. -, pero bien.

- ¿Y tú, Lucius? - Rabastan es la única persona en esa mesa que podría formular la siguiente pregunta sin mearse en los pantalones - ¿Cómo te va con Narcissa?

- Pues... - Desvía la mirada - Muy bien, ¿por qué no me iba a ir bien? Estamos hechos el uno para el otro.

- ¿De verdad? ¿Incluso después de que mi querido primo Sirius se vaya a casar con ella?

- Eso no va a pasar. Ella me quiere a mí.

- Juraría que tiene algún que otro nombre en mente - los cuatro chicos giran la cabeza hacia la joven Slytherin. Narcissa lleva el pelo oscuro suelto y juguetea con el mechón plateado al tiempo que mira al capitán del equipo de quidditch. No es de extrañar, que incluso aunque ella es una chica de cuarto, un alumno de sexto esté interesado en ella. Se podría decir que es de las chicas más guapas de toda su casa; o si no lo es, toda esa elegancia que posee la sube unos cuantos puestos en la lista - ¿Ves?

- De eso nada - y Lucius se enfurruña. Si no fuera por ese tipo de situaciones, Snape casi pensaría que el chico es inhumano. Demasiado frío. Por lo menos no deja de ser un adolescente de catorce años al que la chica que le gusta no le hace ni puñetero caso. Por lo menos Lily es mi amiga.

Y eso es un punto muy a su favor. Narcissa por el contrario no es como si no soportase a Lucius, pero sí que es evidente que le encuentra mortalmente aburrido. Y es curioso, porque alguien tan popular como el joven Malfoy no tendría que causar esa impresión. A Snape no le parece que a Narcissa le guste el tonto de Black, incluso después de enterarse por boca de Rabastan que había un compromiso de por medio. Ella es demasiado sofisticada y él demasiado de revolcarse en el fango un día de lluvia. Hay otra persona sin embargo que debería preocuparle a Lucius, según el criterio en "hombre que te pueden robar al amor de tu vida" de Severus Snape. Nadie se fija en él, no al menos en ese sentido, nadie le presta atención cuando es amable, en general, con el banquillo femenino. Pero ahí está, siempre rodeado, y ahí está, hablando ahora con "la chica de Lucius", cruzado de piernas y con esa expresión de que todo lo que hay a su alrededor le aburre como una clase de Historia de la Magia.

Regulus es y será para Snape, siempre la mayor amenaza de la casa de Slytherin. Hay varias razones:

1. Es guapo (objetivamente, claro. No es que Severus entienda de eso, evidentemente. Pero si lo miras, tiene cada cosa en su sitio, y si se dejase crecer el pelo podría parecer una chica bastante guapa).

2. Es rico.

3. Juega a Quidditch.

4. Es del tipo misterioso.

Lo del "tipo" es una teoría que Severus ha desarrollado en sus horas de perder el tiempo encerrado en su habitación. Todos los chicos tienen un "tipo". Por ejemplo: Remus Lupin es del tipo intelectual. Eso a muchas chicas les gusta. James Potter es del tipo gracioso que no haría reír ni a su madre. Lucius Malfoy podría ser del tipo que se hace el interesante y él, él mismo es... Severus es del tipo...

Lo peor de los tipo misterioso es que las chicas parecen tener especial interés en ellos. En descubrir qué es eso que se oculta tras la sonrisa o la expresión seria. No es que Regulus oculte nada aparte de que lleva ropa interior de seda. Severus lo sabe. Eso le ha dicho Rabastan. Creen que es cosa de los Black, pero prefiere no imaginarse a Sirius Black en ese contexto.

- ¿Y Regulus Black? - Trata de sonar despreocupado - ¿No te preocupa Regulus Black?

- Regulus Black me preocuparía si Narcissa fuera un periódico - se ríe. A Severus no le gusta que se ría de Regulus. O sea, a ver, no es que NO LE GUSTE, es que le da muy mal rollo que lo haga.

- ¡O un pastel! - Ríe Ignotus.

- Wow, está claro que no has pillado la broma en absoluto - Lucius deja la servilleta a un lado y simplemente su amago de levantarse les indica a los demás que es hora de dejar el Gran Comedor y volver a la Sala Común.

Al tiempo que abandonan el lugar, a Severus todavía le da tiempo de echar un vistazo a la mesa de Gryffindor, donde Lily parece divertirse al lado de Mary MacDonald. Sirius Black le ha dado un manotazo a James Potter y sus estúpidas gafas gigantescas se han caído dentro de la crema de calabacín.

Lo bueno de la Sala Común de Slytherin es que no hay que subir escaleras, hay que bajarlas, y eso cuando llevas todo el día estudiando es una de las mejores sensaciones del mundo. Cuando por fin entran, la habitación principal está bastante llena, así que deciden subir al dormitorio.

Cada uno en su cama se quedan en silencio. Es difícil mantener conversaciones en esas literas, pero hay una idea que le ronda por la cabeza a Snape desde que almorzó con Lily y es incapaz de aguantar más tiempo.

- Quiero que les demos su merecido a los Gryffindor.

- ¿A todos? - Ignotus se revuelve enfrente de él.

- No, no a todos. A ellos.

- ¿Y eso? - Escucha la voz de Lucius - Hace mucho que no me provocan ni Potter ni Black.

- Sí, pero tú siempre dices que son sangresucia y que eso es suficiente para tomarla con ellos.

- Vaya, Severus - la litera cruje cuando el joven Malfoy se sienta -, no sabía que eras tan cruel.

- No soy cruel eso es...

- No, no... - se deja caer al suelo y sonríe - Eso está bien. Lo cierto es que puede que a la gente se le haya olvidado quien manda. Es hora de actuar.

Y Severus no puede evitar sonreír tan fuerte que le duele la mandíbula.

Los Gryffindor entrenan los martes y los jueves a partir de las cinco y media de la tarde. No es ningún secreto porque a principio de curso todos los equipos se organizan el campo de quidditch para que no haya ningún imprevisto y que todos puedan estar preparados para los partidos. Cada equipo tiene un vestuario; uno para chicas y otro para chicos.

Lucius Malfoy y Severus Snape están de pie al lado del campo de quidditch, tratando de parece lo menos sospechosos posible, cuando el equipo de Gryffindor al completo pasa por delante de ellos.

- ¿Buscáis algo? - Gideon Prewett es el primero en darse cuenta de su presencia - Si queréis tomar nota y luego contarles a los de Slytherin lo que habéis visto lo podéis hacer.

- Ni así nos conseguiríais ganar - James se ríe. Gafas grandes en la cabeza y ojos marrones al descubierto -. Aunque para eso Snape tendría que aprender a escribir.

En ese instante aparece el capitán y con una expresión de disculpa que tampoco es demasiado sincera, coge a sus dos jugadores del cuello de la sudadera y los obliga a continuar entre protestas.

- Ese Jack se cree que es mejor que la mayoría de la gente - gruñe Lucius cuando se han perdido de su vista -. Capullo.

Se dan la vuelta y desandan el camino que han seguido los Gryffindor.

El plan es sencillo: entrar en el vestuario, coger la ropa de Sirius y James y encantarla para que sea un par de tallas más pequeña. Nada que se aprecie a primera vista cuando vuelvan de entrenar pero que le impida colocársela después. Es todo un clásico, pero si se hace bien es una broma bastante digna. No es que los idiotas merezcan más tiempo de pensar algo más elaborado.

Sacan las varitas y recorren el pasillo a lo largo y hasta la última estancia, donde hay un pequeño escudo con un león de color rojo intenso. Snape se aclara la garganta y murmura "alohomora" y con un suave tssssss la puerta se abre para los dos.

Es un vestuario como otro cualquiera, con espejos, bancos y varias duchas al fondo. Los chicos del equipo han dejado sus pertenencias sobre esos bancos y sin demasiado cuidado, la verdad. Lucius se acerca a un montón de ropa de color oscuro y coge con desagrado una camiseta de manga corta "LED-ZEPPELIN" y por supuesto un dirigible estampado detrás. Agita la varita y empieza a realizar su tarea, y lo mismo con los pantalones.

Severus por el contrario se sienta para coger una camiseta lisa de color azul cielo con un bolsillo en el lado izquierdo del pecho. Es de James Potter. Lo sabe porque es la camiseta que llevaba un día que le clavó el codo en el costado cuando el profesor Slughorn les estaba repartiendo las instrucciones para hacer una poción endulzante.

Toma ya. Te vas a enterar. A ver quién es el que se ríe ahora.

- Ya verás la cara de idiotas que se les quedan - ríe en voz alta.

- Cara de idiota la que tienes tú, Snapia - una voz conocida suena a su espalda y sus manos se quedan inmóviles -. ¿Has visto, Sirius? S... Napia, porque tiene la nariz muy grande.

- Lo había pillado, Jimmy - Sirius Black tiene la varita en alto y señala a los dos Slytherin -, ¿qué demonios estáis haciendo aquí?

- Comprobar que todo estaba en orden - Lucius, precavido tiene preparado un hechizo de defensa y está pensando en la forma más fácil de salir corriendo de esa habitación -. Quién sabe, hoy en día cualquiera podría colarse aquí y...

- ¿Qué has hecho? - Se acerca al Slytherin como alma que lleva el diablo y le coge del cuello de la camisa - ¿QUÉ HAS HECHO?

- Si me tocas un pelo me chivaré.

- No creo que puedas chivarte si te meto la cabeza por el culo, Malfoy - James juega con su varita entre los dedos y habla sin quitarle los ojos de encima a Snape -. O tal vez le coja la cabeza a él y se la meta por tu culo. Ese tipo de cosas refuerzan amistades.

- ¿QUE QUÉ HAS HECHO? - Sirius suelta a Lucius y coge su ropa, buscando cualquier cosa que sea diferente.

- Busca bien, igual Snape se ha hecho cacas en tu pantalón.

Severus nunca jamás, en ninguna circunstancia habría contestado a esa provocación. Lleva siendo así desde el primer día: ellos dicen y él calla. Pero de qué va a servir todo ese numerito si no consigue lo que quiere. Que Lily se dé cuenta de que James Potter vale menos que un knut.

- ¿No se te ocu... ocurre nada mejor, Potter?

- ¿PERDONAAAAAAAAAAAAA? - Alarga tanto la "a" y abre tanto los ojos que se le van a salir de las órbitas.

- Que eres gilipollas.

- Mira por donde - se ríe -, el imbécil este me está vacilando, Sirius.

- ME DA IGUAL LO QUE HAGA, MIRA - levanta la camiseta negra -, ¿QUÉ LE HA PASADO A ESTO?

Sujeta su camiseta en el aire con una expresión de indignación que sinceramente a Snape le provoca la risa. A James también parece hacerle gracia porque no puede evitar llevarse la mano derecha a la tripa "¡siempre me la puedes dejar a mí!" y "ES MI CAMISETA FAVORITA, JODER".

Se ponen a discutir y es entonces que Lucius aprovecha para mover ficha y acercarse a Snape con la intención de marcharse. Pero Severus no está dispuesto a que eso quedé ahí; tiene que conseguir que Lily lo vea. Que Lily se dé cuenta con sus propios ojos.

- Eh, Potter - coge aire -. Lily me ha dicho que no te soporta y que hagas el favor de dejarla en paz.

- Si Lily quiere decirme algo ya lo hará ella - suena seco, sin embargo. Perfecto.

- Dice que dejes de creerte su amigo porque no lo eres.

- Hostia, Snape - Sirius se pone una mano en la cintura y parece que disfruta -. ¿Te crees que eso es novedad?

- Y me ha dicho que eres feo.

- Eso no te lo ha dicho - los dos Gryffindor se ríen al unísono.

- Nadie diría que Jimmy es feo, por favor - y Sirius coge a su mejor amigo de la cara y estampa un fuerte beso que casi coincide con la comisura de sus labios -. ¡Si es una monada!

Lucius y Severus se miran con expresión de asco. Si ese no es el camino entonces tendrá que recurrir a la frase que provoca las peleas en todas las películas que ha visto.

- Y que tu madre es puta.

Silencio.

Sirius Black se queda inmóvil y la expresión de James se congela.

Al principio cree que ninguno de los dos va a hacer nada. Después observa la expresión de Sirius y cree que para rato va a ser capaz de volver a mirarse al espejo. Está casi seguro de que se le va a echar encima y partirle la cara en dos, tal vez en tres. Sin embargo, el chico permanece quieto y lo único que hace es mirar a su amigo. James. Y tal vez ese sea el error de Severus: mirar primero a Sirius.

A James le da tiempo de sobra para dar los cuatro pasos más rápidos de su vida y lanzarse con todas sus fuerzas contra Snape. Es rápido, es eficaz y le hace ver las estrellas. El puño se estampa en su mejilla con tanta fuerza que durante un segundo cree que se lo está imaginando. Nunca antes nadie le ha hecho eso y está seguro de que duele mucho más de lo que parece. Aunque tampoco tiene demasiado tiempo para pensar en todo el daño que le hace porque la varita de James Potter se acaba de incrustar en su pecho y empieza a quemarle el jersey.

- Repite eso y te juro que acabaré contigo y...

- ¿Sí? - No sabe de dónde sale tanta valentía.

- ¡PERO TÚ ERES IMBÉCIL O QUÉ TE PASA!

- James, James, James, ¡JAMES!

Y nunca lo habría imaginado, pero es gracias a Sirius Black que sale de ahí sin un brazo roto o algo peor. Sirius coge a James de la cintura y lo arrastra hacia atrás con todas sus fuerzas. James no parece querer ceder pero finalmente se deja llevar y cierra los ojos tratando de aguantarse las ganas de pegarle otro buen puñetazo a Snape.

Todo ha funcionado a la perfección.

- Eres la peor persona que he conocido, Snape - sisea James por lo bajo.

- ¡La peor persona eres tú! - Casi lloriquea. Se señala la zona roja en la mandíbula que pronto hará moratón - ¡Y pronto Lily lo sabrá también!

Durante toda su vida recordará la cara descompuesta y de horror que se le quedó a James Potter en ese instante. La satisfacción que recorrió todo su cuerpo. La sonrisa que duró el resto de la tarde. Por primera vez en su vida Snape se dio cuenta de que a veces la felicidad viene de la mano de la infelicidad de los demás y que cuando tiene que ver con ellos, con Black, con Lupin, con el otro... pero sobre todo con Potter... no hay escala para describir la alegría que le llenaba.

Lucius y él abandonan los vestuarios a toda prisa, casi corriendo no vaya a ser que se les ocurra a los otros seguirles.

- Vaya, Snape - Lucius se detiene cuando llegan a la puerta del Gran Comedor, todavía a varias horas de la cena -, ¿estás bien?

- Sí... Bueno. Ha sido un buen puñetazo.

- Potter es un imbécil de campeonato pero te lo tenías bien merecido.

- Supongo.

Sabe que sí. Sabe que es simplemente culpa suya. Pero eso es algo que una persona dentro de ese castillo no lo sabe: Lily Evans.

La encuentra en un pasillo. La aborda. Le explica lo ocurrido; la emboscada, cómo James la tomó con él. Le enseña el golpe. Ella se lleva las manos a la boca y le acaricia suavemente. Él se muere de gusto por dentro. Lily le sugiere ir a la enfermería. Severus se niega a hacerlo para no tener que dar explicaciones. Se sientan en un banco y ella no le suelta, no se aparta de su lado. Si Snape tuviera que congelar su existencia en el algún instante sería ese. Manos cálidas contra sus mejillas, los labios entreabiertos de Lily muy cerca de él. Queriéndola besar. Sin atreverse. El amor bullendo en su estómago. El puñetazo perdiendo importancia. La culpabilidad siendo una sombra.

- Te lo dije, Lily - susurra bajito -. Te lo dije.

- Lo sé.

Y Lily le abraza y eso es todo lo que necesita. Hacia un lado Severus cierra los ojos y disfruta en cada fibra de su ser. Es feliz. Hacia el otro lado Lily mira el pasillo en el que la gente camina sin parar. Se muerde el labio un poco y luego apoya la barbilla en el hombro de su amigo.