Un nuevo club

La idea surge una tarde cualquiera. Podría haber sucedido en otro momento o podría no haber sucedido nunca jamás. El caso es que Lily Evans levanta los ojos verdes de su biografía no autorizada de Los Beatles y busca a Remus con la mirada. El chico se muerde un dedo nerviosamente mientras acaba de leer las últimas páginas de su capítulo.

- Remus - le llama aún a sabiendas de que no va a obtener respuesta. Pero lo intenta de nuevo -, Remus. Reeeeemus.

- Dime, dime.

- ¿Sabías que John Lennon es el único Beatle que no es completamente vegetariano? Aquí pone que George fue el primero en serlo, en 1965 y que Paul se le unió después. Ringo es vegetariano por problemas de salud. Vaya.

- Hay gente a la que le tientan demasiado los placeres de la carne - bromea.

- No, en serio, Rem - ella se pone seria. Se aparta los mechones rojos de pelo que le cubren los ojos -. ¿Has pensado alguna vez en ser vegetariano?

Remus está por decirle que no necesita otra cosa más en su vida que le convierta en el tío raro de al lado. Ya tiene suficiente.

- No, nunca.

- Pues no me parece una mala idea. En realidad nunca me ha parecido bien lo que hacen con los animales. Y podemos vivir sin comer carne. ¿Podemos, verdad?

- Podemos, Lily. Pero hay algunas vitaminas que...

- Pero Los Beatles son vegetarianos y hay mucha gente que es vegetariana y no se mueren por ser vegetarianos.

- No, claro que no te mueres pero...

- ¡Y le estás haciendo un favor al mundo!

- ¿Te vas a hacer vegetariana?

- No... - Duda - No lo sé. ¿Te harías vegetariano conmigo, Rem? Y así le demostramos a todo el mundo que está mal comer animales.

- Es que... - vuelve la vista a su libro. Después a los ojos de ella - Es que me gusta mucho el pastel de carne.

- ¡Maldita sea! - Se enfurruña y centra su atención en una fotografía de los cuatro de Liverpool - Oye, Remus.

- Dime, Lily.

- ¿George Harrison es tan guapo porque lo miro mucho o porque ya era así de guapo de antes?

- Lily, ¿qué es lo que te pasa?

- Agh - cierra la biografía de golpe y se pone seria -. Me aburro. Sé que no tendría que aburrirme porque tenemos muchas cosas que hacer y mucho que estudiar y vaya, todavía no he acabado los deberes para mañana y en serio que tendría que hacerlo, pero es que... ¿Qué hace la gente aquí cuando se aburre?

- ¿Qué hacen mis amigos cuando se aburren?

- Por ejemplo.

- A Sirius le gusta dar vueltas por el castillo a ver si encuentra algo que se le ha pasado por alto. A James, aunque no lo parezca, le gusta salir a los jardines e ir de paseo. A veces le acompaño. Peter tiene su club de Gobstones.

- ¿Club de Gobstones? - Y se le iluminan los ojos.

- Sí, ese juego aburrido en el que...

- ¡No, no! ¡No me interesan los Gobstones! - Se levanta. Se alisa la falda y abre los brazos - ¡Un club!

- ¿Un club?

- Un club de... ¿qué nos gusta hacer?

Remus se encoge de hombros, luego se da cuenta de que desde que Lily y él se conocen hay dos cosas que han hecho que su amistad se hiciera más fuerte.

- ¿Libros? ¿Música?

- Ya hay un club de música - explica ella -. Me habría unido pero no sé cantar bien ni tocar ningún instrumento así que... ¡Pero un club de lectura es una idea maravillosa!

- ¿Un club de lectura? ¿Cómo un club de lectura de verdad?

- No, como uno de mentira.

Remus le da un golpe con la palma de la mano en el hombro. Él estuvo en uno de esos clubs de lectura que organizaban en la escuela primaria. Se reunían después del colegio para hablar de libros, pero pronto se hartó de tener que comentar una y otra vez las mismas cuatro novelas de edad doce años recomendada y decidió que era más divertido leer otras cosas y en soledad.

Si no lo hubiera hecho probablemente su libro favorito seguiría siendo la fábula de la liebre y la tortuga. Y vale, que es una buena fábula y todo el mundo tiene que leérsela, pero tampoco es como si se fuera a poner a comentar las intensas páginas con ilustraciones hechas con carboncillo que tiene su edición.

- Es perfecto - continúa Lily -. ¡Cómo no lo había pensado antes! Podríamos pedirle a McGonagall que nos dejase un aula vacía de vez en cuando. Una de esas desde las que se ven los jardines, ¡ay, no! ¡Podríamos salir a leer a los jardines!

- ¿Incluso en invierno?

- Oh, cierto. Bueno, pues entonces lo del aula con buenas vistas es mejor. ¿Quién creerás que querría estar en el club? Tal vez debería empezar por preguntarle a Severus...

- Eh, eh, eh - Remus alza las palmas de la mano. Su corazón dice "ni por asomo vamos a ir pedirle a Snape que se una a nosotros" pero su boca dice -: vas demasiado rápido, Lily. Primero tienes que pedir permiso. Y comprometerte a que sea algo que vaya a funcionar. Tendrías que llevar una lista de libros. Libros que la gente pudiera leer. De los que hay en la sección muggle de la biblioteca.

- ¡Entonces vamos a ver a McGonagall!

- No es tan fácil - Remus se cruza de brazos pensativo -. Tendríamos que pensar una excusa para que nos dejase entrar en su despacho. Tal vez si le pregunto a James se acuerde de la contraseña... Mmmm... Pero entonces tendríamos que pensar una razón académica para que no nos mande a la mierda.

- ¿Remus? - Lily se está riendo - Vamos a pedirle permiso a una profesora para hacer un club de lectura, no a fugarnos de Stalag Luft.

Durante un segundo Remus se plantea que a Lily se le haya ido la cabeza. ¿Entrar al despacho de McGonagall sin más? Después se da cuenta de que en algún momento de su vida su cerebro empezó a funcionar como el de un delincuente juvenil y no como el de una persona decente dentro de la sociedad. Oh.

- No sé en qué estaba pensando.

- Será la costumbre.

- Será.

Piensa en lo mucho que ha cambiado su manera de pensar desde que puso el primer pie en ese castillo. En cómo de repente cualquier actividad se convirtió en ir de puntillas, en ser sigiloso, en que nadie le viera, en mantener un secreto tras otro, esconderse en la oscuridad, reírse en cada esquina y compartir momentos con las sábanas por encima de la cabeza. Se siente extraño llamar a la puerta de la clase de Transformaciones "Remus, si queremos encontrar a McGonagall lo mejor es ir a su aula. Allí pasa la mayor parte del tiempo" y que la mujer les reciba con una cálida sonrisa.

Ni un "¿qué quiere, Black?" u "¿otra vez aquí, Potter?".

- Hola, pasen, pasen, ¿ocurre algo?

- Buenos días, profesora - Lily se sienta en la misma silla que ocupó James días atrás cuando a él y a Remus les pillaron intentando cambiar en el libro de texto de June Wallace los pasos para cambiar de color el zumo de uvas. A Remus no le apetecía, de hecho se negó en redondo, pero después, y sorprendentemente se encontró a sí mismo alterando las palabras para que provocasen una explosión no muy grande en vez de lo exigido por la jefa de su casa. Evidentemente perdieron unos cuantos puntos, McGonagall consideró que Remus se había visto coaccionado y les mandó limpiar las cortinas que cubren las ventanas de la entrada al Gran Comedor durante tres días seguidos -, veníamos para pedirle un favor.

- ¿Un favor? ¿De qué tipo?

- Pues verá - y Lily se aparta el pelo rojo de la cara -, es que... A Remus y a mí... Bueno, eso no es relevante. Es que habíamos pensado... En realidad lo he pensado yo pero...

- Suéltelo, Evans, por favor.

- Quenosgustaríapodertenerunclubdelecturaenelcastillo.

La profesora se echa hacia atrás y parece que sonríe y todo. Remus está seguro de que no. Porque McGonagall solamente sonreiría si pudiera arrancarle los pelos de la cabeza a James. Uno a uno. Eso está clarísimo. Lo dijo Sirius el año anterior.

- ¿Un club de lectura?

- Sí, o sea, no exactamente para poder leer... Elegir un libro y comentarlo y podría ser de todas las casas, claro. No necesariamente Gryffindor. Aunque también podría ser solamente de Gryffindor. Pero hay gente en otras casas que podría estar interesada. Y me comprometo a responsabilizarme de todo. Y Remus también.

- ¿Usted, Lupin? - Y arquea una ceja. Remus siente el peso de tres años de ser siempre el cuarto en discordia. El que calla pero agacha la cabeza - ¿De verdad?

- Sí, profesora.

- Espero poder fiarme de usted - otra vez esa mirada -. Pero señorita Evans: un club no puede estar formado por dos personas.

- Ya... Es que... Habíamos pensado preguntar a alguna otra persona pero...

- He pensado en poner algún cartel - explica Remus -. Informativo. En el tablón de la entrada. Eso podría atraer a la gente.

- Sí, bueno - jolines sí que me guarda rencor por lo del otro día -. También podrían hablar con alguien que tuviera contactos.

- ¿Quién?

- ¿Conocen a Alice Greengrass?

No.

Cientos de estudiantes en el colegio y

- Sí, sí, la conocemos - asiente Lily -. Cursa un año más que nosotros.

- La señorita Greengrass dirige el club de música - explica -. Ella misma me pidió hace un par de años lo mismo que ustedes así que no hay nadie mejor para que les explique lo que tienen que hacer.

- ¿Y no necesitamos la aprobación del profesor Dumbledore?

- Eso ya lo arreglaré yo, ¿no le parece, señor Lupin?

- Sí, profesora.

Se levantan al mismo tiempo y Lily agacha la cabeza en un saludo cordial. Remus se mete las manos en los bolsillos del pantalón y trata de escabullirse de ahí lo más rápido posible. Es inevitable que cuando se quedan los dos solos en el pasillo, la pelirroja se vuelva hacia él.

- Nunca había visto a la profesora McGonagall comportarse así contigo.

- Es que es posible - vacila. Gira el cuello -... Es posible que hiciera algo malo el otro día.

- ¿Algo malo? ¿Lo del libro de June?

- Ehhh... Sí... Puede que fuera eso.

- ¿Remus?

- Bueno...

- ¿Qué hicisteis después?

Vale. Es posible que cambiaran el libro de June Wallace, es posible que al James de ese instante le pareciese la idea más divertida del universo. También es posible que al James que le tocó después limpiar las cortinas a mano, se le ocurriese otra "brillante idea". Puede que Remus apenas se quejase. Puede que incluso admitiese que su plan no estaba del todo mal "si no nos pillan, claro".

¿Pero quién iba a pensar que saldría TAN MAL?

Y sobre todo, ¿quién iba a pensar que McGonagall les tenía vigilados?

Tal vez ella no seguiría tan enfadada si no hubieran decidido utilizar la magia. Si Remus no hubiera creído que eran ambos capaces de realizar un hechizo exterminador de dixies, que es básicamente lo que les habían pedido desde el principio pero al estilo muggle. Si los dos amigos no hubieran levantado la varita más convencidos de lo que deberían haber estado. Puede que incluso no estuviera TAN enfadada si el hechizo de Remus no hubiera rebotado en la tela y golpeado su sombrero prendiéndole fuego. Es más, juraría que se habría salvado de esas miradas acusadoras si no hubiera sido porque James consideró extremadamente gracioso todo eso y Remus descubrió que su risa era contagiosa.

Mal momento para hacerlo.

Así que así está el tema. McGonagall perdió su sombrero favorito y ellos dos tendrán que asumir las consecuencias de sus "infantiles" actos.

- No, nada - miente -. De verdad.

- Está bien - no se lo cree pero tampoco parece interesada en saber más -. ¿Buscamos a Alice?

Remus asiente. No conoce a Alice de nada que no sea verla en la biblioteca de vez en cuando. No es que se pueda decir que tienen una relación de amistad; es más, nadie les llamaría siquiera conocidos. Últimamente no le queda otra que ser consciente de su presencia porque el pesado de Sirius no deja de hablar de ella y de lo bien que le queda el uniforme, de lo bien puestas que tiene las tetas y de que según le han dicho "besa muy muy bien". Remus no tiene ni idea si eso es verdad y desde luego no le quita el sueño. No le gusta demasiado la idea de que Sirius vaya haciendo el juglar por el castillo. Eso es más cosa de James y Lily. Estaba seguro de que se le pasaría, de que sería una chica más, pero parece que el joven Gryffindor se lo ha tomado como un verdadero reto. Probablemente no quiera rendirse en conseguir el amor de Alice porque James le soltó un "pero si no tienes cojones ni a decirle hola", y claro, cuando el orgullo está de por medio Sirius recuerda que es un Black y que en el idioma de su familia no está la palabra perder.

Sin embargo, Lily parece muy segura de dónde encontrar a su compañera de casa porque le casi arrastra escaleras arriba y decidida se encamina hasta una puerta que permanece cerrada. Es el aula que utilizan los del club de música. Remus se planteó bastante en serio lo de solicitar el ingreso cuando se enteró de su existencia en primer curso, pero claro, luego recordó que lo de tocar el piano no se le da muy bien y que su voz hace llorar a los gatos y desechó la idea.

Está sentada en una silla. No es el dato más importante del mundo que esté sentada en una silla pero es que no es que Remus tenga un interés impetuoso en ella. A ver. Alice Greengrass tiene el pelo castaño oscuro; del tipo de cabello que crece liso y después decide ondularse. En este caso cae a ambos lados de su rostro, llegando hasta la zona de su pecho. Y si Remus fuera Sirius probablemente estaría pensando en sus tetas, y en que es una de esas chicas que tienen formas redondas. Sin duda todo lo contrario a una Lily a la que ahora le brillan los ojos mientras contempla la habitación de cabo a rabo.

No es que por no parecerse a Lily no sea guapa. Porque Alice tiene una cara agradable. Redondeada, con la barbilla acabada un poco en punta pero simplemente apreciable de frente. De perfil Alice es una nariz redonda, como una bola y sobre todo es unos labios carnosos que decora con pintalabios de un tono rosado.

Cuando se acercan, la chica levanta la vista hacia ellos y detiene sus ojos azules primero en Remus. Pestañas largas con máscara y sombra magenta. El chico se pregunta cuántas horas echará al día a ese maquillaje (porque en serio que es un buen maquillaje. El tipo de maquillaje que no lo parece de lo bien utilizado que está).

Sujeta una guitarra acústica entre las manos y no deja de mover los dedos por los trastes ni un segundo. Tiene las manos bonitas, uñas arregladas y esos dedos musicales cortos pero habilidosos. Remus tendría que estar sordo para no reconocer esa canción; además ella canta demasiado bien como para juzgarla por estar interpretándola. Tiene la voz dulce, rasgada cuando a ella le apetece y desde luego Oh Darling podría sonar muchísimo peor en otra boca que no fuera la de Los Beatles. Pero ella consigue que sea agradable, que al chico le den ganas de moverse de un lado a otro, como un columpio, como un verdadero imbécil.

- ¡Qué genial! - Lily rompe en un aplauso cuando la otra termina la canción - Me encanta esa canción.

- ¿Eh? - Alice deja a un lado el instrumento - ¿En serio?

- ¡Por supuesto! Los Beatles son mi grupo favorito.

- Buah - se ríe -, a mí no me gustan nada. Estaba tocándola porque Frank quería incluirla en nuestro repertor... Oye, chico, ¿estás bien?

Remus se da cuenta de que la atención de las dos chicas está sobre él. Puede que haya sido automático, que su instinto se lo haya pedido, pero su mano derecha se agarra el jersey en la zona del corazón y sus ojos piden una explicación lógica a las palabras que acaba de escuchar.

- S... S... Sí, pero... ¿cómo no te pueden gustar Los Beatles?

- No sé... Es eso de muchos tíos cantando a la vez, ¿sabes? Me da un poco de repelús.

- ¡AY REPELÚS!

A Lily le entra la risa pero decide dejar el tema a un lado y con toda la fuerza que tiene se lanza a la piscina con Alice.

- Hemos venido porque necesitamos tu ayuda.

- ¿Mi ayuda? ¿Sois de segundo, verdad?

- Sí...

- ¿Apuntes? Si queréis apuntes no tengo ninguno porque por alguna razón siempre me desaparecen las cosas. Juraría que los elfos domésticos la tienen tomada con mis cosas.

- No, no... Soy Lily Evans y este es Remus Lupin. Hemos ido a hablar con la profesora McGonagall para abrir un club de lectura y ella nos ha dicho que tú tal vez...

- ¡Un club de lectura! - Se levanta. Es un poco más alta que Lily - ¡Esa es una idea muy buena!

- Pero necesitábamos saber qué teníamos que hacer porque tú abriste este club el año pasado y...

- ¡En efecto! - Asiente y sonríe orgullosa - Ahora mismo tenemos veinte personas en la banda, ¡y eso es mucho! Sobre todo porque cuando empecé a hablar del club a la gente todo el mundo lo consideró una pérdida de tiempo. Hay hasta una chica de Slytherin.

- Eso es muy guay.

- Es total - Remus no recuerda haber escuchado esa expresión en su vida. De todas formas todavía está en proceso de asimilación de que haya algún ser humano sobre la faz de la Tierra que no soporte a Los Beatles -. ¿Cuántos miembros sois?

- Remus y yo...

- ¡Oh! - frunce el ceño - Esperad...

Les dedica otra sonrisa. Es calmada. Se marcha caminando con cuidado y se acerca a hablar con un chico que Remus identifica como Frank Longbottom. Le dejó una pluma de tinta imborrable el año anterior para hacer el título de una de sus redacciones de Historia de la Magia. Lo recuerda porque al pobre muchacho (sí, de verdad que Remus se compadeció de él) se le cayó el tintero sobre el resultado final y ni las lágrimas ni los golpes con los pies en el suelo solucionaron lo que estaba destinado a ser un trabajo repetido desde cero. De todas formas es un chaval bastante trabajador y habitual en la biblioteca. De hecho Remus le ha visto varias veces leer literatura muggle sin ningún reparo y sin duda era uno de sus posibles en la lista ahora vacía de personas que puedan pasar a formar parte de su club.

Los dos chicos hablan. Sonríen. Se gustan y se notaría desde Urano y Remus se pregunta por qué Sirius - maldito borrico - sigue insistiendo en interponerse entre dos personas así. Se fija en que cuando ella le habla se aparta el pelo de la cara tantas veces que pierde la cuenta, que él se sonroja y mueve las manos en el regazo con nerviosismo.

- ¿Crees que saldrán juntos?

- Lily Evans, eres una cotilla.

Pero Remus también tiene curiosidad. Si son novios tiene la excusa perfecta para que Sirius deje en paz a Alice de una vez por todas. Si no lo son, está condenado a "PERO ES QUE YO SOY MÁS GUAPO QUE ESE TÍO" durante muuuuuchas semanas.

Vuelven a donde están ellos y el chico les tiende la mano.

- Frank Longbottom - se presenta -. Alice me ha contado lo de vuestro club y que sepáis que me parece una idea perfecta.

- ¿De verdad? - Lily se contiene para no dar un salto.

- Sí, de hecho me gustaría unirme a vosotros - asiente. Pelo corto. Pecho ancho y seguro que una capacidad torácica adecuada para el instrumento de viento que tenía hasta hace unos minutos en las manos -. Si no os importa, claro.

- ¡ESO SERÍA...! ¡BIEN!

- Y a mí también me gustaría - añade Alice.

- ¡Cuatro miembros, Remus! - Lily le mira como si él hubiera sido el causante de tal situación de conveniencia - ¡Cuatro!

- Necesitaréis diez por lo menos para que McGonagall os deje tener un aula propia - explica la chica -. Una vez que tengáis eso solamente tendréis que escribirle a McGonagall una lista con los nombres, quién es el responsable, qué necesitaréis y qué vais a hacer en el club.

- Esa norma es principalmente para que no haya ningún club que diga hacer cosas que no haga. Por ejemplo, que finja ser un grupo de estudio - Frank frunce el ceño - y se dedicasen a trapichear con material escolar. Contrabando.

A Remus se le ocurren un par de nombres que estarían encantadísimos de entrar en ese club. A Lily también porque bufa y se cruza de brazos.

- Hay gente para todo.

Se quedan un rato en la sala de música. Lily y Alice se sientan cada una en una silla y la segunda trata de enseñarle unos cuantos acordes en la guitarra. Resulta que a Lily se le da francamente mal y apurada acaba cogiendo un triángulo y acompañándola con una sonrisa. Remus se queda apartado, mirando de reojo el piano al que nadie se atreve a acercarse. Se acuerda del que hay en la Casa de los Gritos y vuelve a plantearse la alocada idea de tratar de afinarlo y que suena bien. Seguro que a los chicos les haría mucha ilusión que les tocase alguna canción sencillita.

- ¿Sabes tocar? - Frank Longbottom es moreno, de ojos con grandes párpados y unas orejas de soplillo que cubre con un corte de la época digno del mismísimo Mick Jagger.

- N... No - tartamudea -. No, yo... El Himno de la Alegría como todo el mundo y ya está.

- ¿Seguro? - Está sonriendo y por alguna razón algo en el estómago de Remus se tranquiliza - Porque te he visto mirar ese piano de cola como si fuera una chica abierta de piernas y...

- ¡No! O sea, no, no, yo... - Se avergüenza. No es que el sexo no sea algo natural para él. Ni siquiera tendría que haber reaccionado de esa forma ante la mención de algo así. Se pasa el día entero en una habitación en la que Sirius esconde revistas porno. Ha escuchado más de una vez a sus amigos alegrarse la noche y una vez alcanzó a oír la conversación de dos hombres por la calle que hablaban de todo lo que es tabú para los niños de primaria. Pero ahí, delante de Frank Longbottom sus mejillas arden y la lengua se le queda enganchada en el paladar.

- Seguro que a tu novia le gustaría que le tocases algo - ahora señala a Lily con la cabeza y parece hasta un poco triste.

- Ella no es mi novia - explica -, ella y yo sólo somos amigos.

- Oh - asiente -. Alice también es muy buena amiga mía.

Remus "doctor amor" Lupin pone los ojos en blanco. Que él diga que Lily es su amiga tiene bastante credibilidad, pero cuando Frank mira a Alice y se atreve a asegurar que no hay nada más que una amistad, la cosa es de risa. A Remus le sorprende que Sirius no se haya dado cuenta de eso, de cómo se observan el uno al otro cuando no se están mirando, cómo inconscientemente parecen moverse en sincronía a los pasos del otro, cómo Alice se ríe de todo lo que Frank dice. Les da un año COMO MUCHO para compartir saliva.

Tal vez sólo necesiten un empujón.

- Es una chica muy guapa - murmura Remus -, Alice, digo.

- Sí... Y canta genial.

- Tenéis mucho en común, por lo que veo.

- Sí, me encanta que nos gusten las mismas cosas.

- ¿Y tú qué instrumento tocas?

- Se me da decente el clarinete, ¿por qué? - Le mira interesado y con una ceja arqueada.

- Oh, por nada por nada - Remus sonríe ampliamente y se da la vuelta -. Porque es curioso pero cuando antes estabas tocando juraría que le prestabas más atención a ella que al clarinete.

- ¿Q... Qué?

- Creo que nos tenemos que ir.

Es cierto. Lily se está despidiendo de su nueva amiga y se acerca a ellos dos, así que la conversación tiene que darse por concluida.

Remus sonríe satisfactoriamente y casi camina dando saltitos cuando salen de la habitación.

- ¿Por qué estás tan feliz?

- ¡Porque vamos a tener un club de lectura!

- Ya, claro.

- ¿Por qué nunca me crees, Lily Evans?

- Porque cuando abres la nariz así es que estás mintiendo.

- ¿Eh? - Se cubre la cara con las manos - Eso no es cierto.

- Sí que lo es.

- Pruébalo.

- No quiero sacarte tus más profundos secretos.

- Yo no tengo secretos...

- ¡No para mí! - Le coge del brazo y sonríe. Y Remus suspira. Y vuelve a poner los ojos en blanco y se deja llevar escaleras arriba.

James Potter se ducha. Se enjabona los brazos y después la cabeza y en ningún momento cierra el grifo del agua caliente. Hace frío y para nada quiere desperdiciar uno de los momentos del día que más le relajan.

Bueno, que "casi le relajan". Ducharse es agradable si Sirius Black no decide compartir baño contigo. No hay escapatoria. James se trata de escabullir con la toalla en la espalda y su mejor amigo tiene un radar que le grita "ey tío, James se va a duchar. Siente la necesidad de limpiarte justo ahora".

Él usa agua casi ardiendo, empaña los cristales, canta tan fuerte que siempre se quedan solos. Canta con la cabeza echada hacia atrás, el pelo de media melena cubriéndole los ojos y se deja resbalar con los pies por el suelo en los solos. Grita que está en la carretera hacia el infierno y hace esa estupidez de tocar la guitarra en el aire.

A James le hace gracia, le observa con el pelo mojado pegado a la cabeza y una sonrisa en los labios.

- ¡SIRIUS, CUIDADO! - Señala horrorizado y el otro se asusta tanto que tiene que quedarse quieto a recuperar el equilibrio.

- ¿QUÉ PASA QUÉ PASA?

- UNA CULEBRILLAAAAAH no, perdona, que es tuyo. - Se ríe. Se ríe de él y a gusto.

- Eres gilipollas, Jimmy - le mira de arriba a abajo -. Como si tuvieras algo de lo que presumir.

- Cuando nací la comadrona dijo que nunca había visto un ejemplar como el mío.

- De feo, joder - le señala -. Cuando mi madre me bañó por primera vez se asustó tanto que mi abuela se creyó que nos atacaba el Príncipe Negro[i] otra vez.

- Merlín, ¿cuántos años tiene tu abuela?

- Mala hierba nunca muere, hermano - cierra el grifo y alcanza su toalla -. Por eso yo voy a vivir tanto.

James no le contesta y empieza a vestirse. Pantalones vaqueros largos y camiseta de manga larga que se sube a los codos. Sirius sacude la cabeza como un perro y suspira.

- Si algún día me muero quiero que sea por tratar de huir sin éxito de una avalancha de chicas.

- ¿Si algún día me muero? - Se ríe el otro.

- Hombre, es más que evidente que soy algo así como un dios, Potter. Y los dioses no mueren ni a tiros.

- Bang - James estira el brazo, pulgar hacia arriba y dedos índice y corazón extendidos. Y luego guiña el ojo.

- A veces eres adorable - Sirius le revuelve el pelo y va a continuar hablando cuando se escuchan un par de golpecitos en la puerta y una cabellera rubia se asoma.

- Espero que no estéis desnudos porque... - Remus saluda con la mano - Uf, menos mal.

- Finge que no estás decepcionado...

- ¿Dónde has estado? - es el turno de James de sacudir la cabeza.

- Con Lily por ahí.

- ¿Haciendo qué? - James no quiere sonar agresivo, pero lo cierto es que a Remus le da un poquito de miedo la forma en la que le mira. Luego le sonríe para arreglarlo y para qué darle importancia. De todas formas tenía pensado contárselo.

- A Lily se le ha ocurrido abrir un club de lectura - explica -, así que hemos ido a pedirle permiso a McGonagall.

- ¿Un club de empollones? ¿Un club para empollar? ¿Es eso, Remus? ¿Un club de empollones?

- Para tu información, leer no es de empollones, Sirius.

- Seguro que todos los tíos que entren ahí irán con los pantalones por los sobacos y calcetines blancos.

James se ríe y levanta la palma de la mano. Chocan los cinco y Remus frunce el ceño.

- Antes de encontrarme con vosotros he hablado con Cloud y no es ni un empollón, ni lleva los pantalones por los sobacos ni tiene calcetines blancos. Creo.

- ¿Cloud Landon? - Sirius alza los brazos con gesto de cabreo - ¿Otra vez?

- ¿Otra vez qué?

- ¿Cuántas veces te tengo que decir que ese tío no es trigo limpio?

- ¿Pero tú qué sabes, Sirius? Ni siquiera le conoces. Te pasas el día prejuzgando a la gente, para bien o para mal.

- Eso no es cierto...

- Un poco sí, Sirius. Hasta yo te caí mal el primer día.

- ¡Eso es diferente! Tú... ¡Cloud es un capullo, Remus!

- Dime por qué y dejaré de ser su amigo.

- Ah, que ahora sois amigos.

- Oh por Merlín...

- Primero te vas con Evans, cosa que puedo tolerar porque al fin y al cabo es una chica y un hombre tiene sus necesidades - a su lado James bufa -, pero Cloud... ¡Pero si no hace otra cosa que quejarse!

- Pues ya tenéis algo en común, ¿no crees? Además, ¿por qué te importa tanto?

- ¡No me importa TANTO! - Escupe la palabra y se da media vuelta.

Remus le ignora y se dirige a James

- Y después hemos ido a la sala de música para hablar con Alice Greengrass y resulta que ella también quiere participar.

- Jo, pues podríais haber hecho un club de quidditch para poder apuntarme...

- Juraría que el club de quidditch es el equipo de quidditch, James...

- Remus, ¿qué has dicho? - Sirius habla de nuevo.

- Que el equipo de quidditch es el club de quidditch.

- ¡No, coño, lo de antes!

- ¿Que Alice Greengrass... - se para voluntariamente. Tuerce la boca y decide continuar - nos va a ayudar...?

- Sí, ¿y has dicho que ella está en el club de música?

- Sí, pero...

- ¡Tenemos trabajo que hacer!

Sirius se pega el pelo a la cabeza y camina hacia la puerta. Un segundo antes de salir del baño se gira hacia los otros dos, "Jimmy, ¿vienes o qué?".

Remus observa a James con una ceja arqueada.

- Yo no tengo la culpa, Remus.

- No he dicho que la tengas.

- Me estás juzgando con tu ceja izquierda.

- No es verdad - pero se ríe -. Además, ¿de qué no tienes la culpa?

- De que Sirius sea tonto del bote.

- Ah, ya.

Y James desaparece para ir a buscar a Sirius. De cara al resto del mundo se supone que tiene que entender al cien por cien todo lo que hace su mejor amigo. Y generalmente lo hace. Pero justo en ese momento la verdad es que no alcanza a comprender demasiado por qué Sirius sigue obsesionado con Alice. Algo en el fondo de su ser le dice que ya no hay un deseo real detrás de sus acciones y que simplemente está tratando de ganar lo que desde hace unos días ya es una simple apuesta.

James espera que sea eso.

- ¿Te puedes dar prisa, Potter? - Le grita desde el otro extremo del pasillo.

- ¡Que ya voy!

No quiere darse prisa. Lo único que quiere ahora mismo es forzar una situación en la que pueda decirle a Lily que su idea del club de lectura es la mejor idea de todas las ideas que se han tenido en Hogwarts. Ojalá le gustase leer de la forma en que les gusta a Lily y Remus, pero es que tiene poca capacidad de atención y una habilidad para distraerse que es digna de trofeo.

Cuando se pone al lado de Sirius este le mira un segundo y luego toma aire. Parece que esté a punto de ir a la batalla en lugar de ir a charlar con una chica menor de edad.

- A ver, ¿cómo le entro?

- No sé, dile que qué tal toca el flautín.

- Tío, no puedo preguntarle que si me puede tocar el flautín.

- Hombre, no se lo digas así exactamente.

- Bueno, ya improvisaré, como siempre hago.

James no considera que la improvisación sea uno de los talentos de Sirius Black, pero cuando abren la puerta del aula de música éste camina como si tuviera bajo los pies un montón de rosas rojas. Un par de chicas se giran para mirarle y después al propio James, que saluda con una leve inclinación de cabeza. Sin embargo, Alice Greengrass permanece de espaldas y habla tranquilamente con una Ravenclaw de su edad.

Sirius no pierde el tiempo y se acerca a ella, estira el brazo y le toca el hombro.

- Hola.

Alice le observa. Desde las botas hasta un mechón del pelo que está fuera de lugar. James se alegra de haberse mantenido al margen. Hay algo en esos ojos que le recuerda a la forma en la que McGonagall te mira cuando llegas tarde a una de sus clases.

- Hola - contesta amablemente -, ¿buscabais algo?

A ti, guapísima.

Se siente hasta ridículo de pensarlo. Y hasta casi un poco incómodo. Como si estuviera engañando a su madre (en el caso de que su madre fuera un ser humano decente).

- Pues... ¿Música?

- ¿Te gusta la música?

- ¡Me encanta la música!

- ¡Eso es justo lo que queremos en nuestro club! - Sonríe y todo - ¿Sabes tocar algún instrumento? Siento preguntarte esto pero es que son las normas del club y...

- La guitarra - Sirius asiente con la cabeza -, aunque no demasiado bien.

- Eso es suficiente. Y tu nombre es...

- Sirius, Sirius Black.

- Oh - Alice vuelve a mirarle, como si le viese por primera vez y después se gira hacia James -. Entonces tú eres Potter. James Potter.

- Ahá.

- ¿Y por qué están dos de las estrellas del equipo de Quidditch en mi club? - Justo entre ceja y ceja se forma una arruga.

- ¿Estrellas? - James se despeina el pelo un poco - Yo no nos llamaría tanto...

- Bueno, ¿qué hacéis aquí entonces?

- Porque yo sé tocar la guitarra y...

- ¿Y tú?

- Yo... Yo quedo bien cuando sacan las fotos de los grupos. Ya sabes. Subo las ventas.

- Comprendo.

- Y si quieres puedo dar palmas.

- Chicos... - Se aparta el pelo de la cara - Estoy muy ocupada como para perder el tiempo con tonterías, ¿vale?

- ¡Pero que yo me quiero apuntar de verdad! - Protesta Sirius - Va, venga. Enróllate.

"Enróllate" no parece la mejor manera para convencer a Alice, pero la chica observa a Sirius durante dos segundos, evalúa las consecuencias de sus acciones y después se encoge de hombros.

Sirius no está para nada preparado cuando ella le casi lanza una guitarra acústica al pecho. Al principio no sabe qué hacer; aprendió algunos acordes hace un tiempo, pero sus dedos se agarrotan en los trastes, no responden cuando quiere colocarlos de cierta forma y juraría que su dedo meñique no está conectado con ninguno de los hemisferios de su cerebro. Sin embargo es Sirius Black, y ha dicho que sabe tocar la guitarra así que no le queda más remedio que sentarse en un taburete, colocar el instrumento sobre las piernas y coger aire (por si luego se le olvida respirar).

Alice se queda de pie, brazos cruzados y ojos que juzgan. James se sienta junto al piano y contiene las ganas de pasar la palma de la mano por todas las teclas. No lo hace porque Sirius comienza a tocar una canción que conoce bastante bien.

No es perfecto; de hecho se confunde más de una vez y suelta algún que otro "mierda, joder", pero James es incapaz de no tararear Stand by me y dar golpecitos con el pie en el suelo. Se da cuenta en ese momento que le gusta tanto la música que no podría vivir sin ella. Algo así como la magia. De hecho siempre ha pensado que la música es un invento muggle para superar que para ellos una varita es una simple ramita de árbol. Incluso Sirius, que no tiene ni puñetera media idea de lo que está haciendo consigue sacar sonidos de un trozo de madera hueco y con cuerdas. Hay algo muy mágico en eso. James no sabe tocar ningún instrumento, no sabe cantar; si le dieran unas maracas acabaría por perder el ritmo y es capaz de confundir Blackbird con Penny Lane si le apuras (bueno, eso tal vez sea exagerado). Pero le gusta sentarse, tumbarse y escuchar así calladito, murmurando la letra para que nadie más se dé cuenta y disfrutar de esos pequeños momentos que a su juicio podrían superar al mejor espectáculo de magia hecho por el mismísimo Merlín.

Y Sirius termina.

- Ya está - gruñe -, es que creo que me estoy repitiendo porque en realidad no me la sé demasiado y...

- No, no, - Alice parece más convencida, incluso sonríe -. Ha estado muy bien, Sirius.

- ¡Gracias! ¡Por supuesto que ha estado genial! ¡Já!

- Lo mejor han sido tus caras - interviene James. Mano derecha levantándose el flequillo -, no se sabía si es que estabas muy concentrado o con problemas para cagar.

- ¡Eres imbécil!

- Bueno vamos a ver - Alice alza los brazos -, no quiero gritos aquí, Sirius. ¿Te apetece quedarte hasta que terminemos la sesión?

- ¿EH? ¡Claro! ¡Por supuesto!

Sirius no suelta la guitarra y se acerca al grupo de personas que además de haberle estado observando, se encuentran en sus propias tareas de composición o interpretación de piezas musicales. Cada uno va a lo suyo y a los pocos segundos Sirius se concentra en intentar estirar más el dedo anular en uno de los acordes.

A los diez minutos James le toca en el hombro, cansado le dice que va a ir a buscar a Remus y "hacer algo divertido" y que "ya le contará qué tal". Sirius asiente y luego se pierde por completo en la nueva tarea.

Casi ni se da cuenta de que el tiempo pasa volando, de que tocar la guitarra es más entretenido de lo que jamás podría haber imaginado. Levanta la cabeza cuando la chica Slytherin se marcha; y es entonces cuando se da cuenta de que lleva ahí más de una hora encerrado en sí mismo. Se fija en Alice, sentada en el piano de cola. Y a su lado está Frank Longbottom.

Sirius está a punto de levantarse, de intervenir.

Pero algo le retiene.

Alice se ríe tanto que los ojos se le cierran. Ella no se da cuenta, pero Frank se sonroja cada vez que la chica le pone la mano encima de sus dedos para indicarle qué teclas tiene que presionar. Es raro que Sirius se esté dando cuenta de algo como eso pero en realidad habría que estar muy ciego para no darse cuenta de que esos dos se gustan un montón.

Mierda.

"Son absurdos", piensa Sirius. Es evidente que no están juntos y sin embargo cada vez que uno se da la vuelta el otro se lo come con la mirada. ¿Tan idiota es la gente? ¡Como si no fuera obvio cuando le gustas a una tía! Ese Longbottom no parece tener muchas luces. Tíiiiiiiiiiiiiiio que te está mirando otra vez.

Joder.

Qué mendrugo.

Decide marcharse de allí. Le están poniendo de los nervios. No porque se gusten. Más bien porque aparentemente ninguno de los dos es consciente de que al otro le gusta. Se acerca a ellos con las manos en los bolsillos y antes de despedirse de Alice escucha un trozo de la conversación:

- Así que... ¿club de lectura, eh?

- Sí... ¡puede ser interesante! Los dos juntos... Ya sabes, siendo amigos en otro club.

- Sí, siendo amigos.

Joder, están muy estropeados.

Sacude la cabeza y sale al pasillo. Con lo fácil que es darse cuenta de esas cosas. Bueno, para él es más fácil porque EVIDENTEMENTE le suele gustar a todo el mundo. Menos a Alice, por lo que se ve. De todas formas no le importa; era un capricho y si se lo para a pensar no es que ella sea tan genial. No ha caído en sus encantos y tiene capacidad para juzgarle. Cosa que no le gusta un pelo.

Sube las escaleras hacia la Sala Común y cuando levanta la cabeza se encuentra con una personita que se detiene al verle.

- ¡Black! - Mary MacDonald levanta la mano en forma de saludo.

- ¿Qué quieres, MacDonald?

- Venía para comprobar si se te había tragado la tierra.

- ¿A mí, por q... - gruñe - ¿Pero es que no hay nada que el tonto de Potter no te cuente?

- Aparentemente no - se ríe.

- De verdad, yo no le he educado para que sea tan debilucho frente a las hembras - suspira. Suben los escalones juntos -, no sé qué le has hecho, MacDonald.

- Si estás insinuando algo...

- Que nooooooooooooooooooooooooo - alarga las os, de hecho se queda sin aire, lo coge otra vez y continúa un poco más- oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo, ¿cómo se te puede ocurrir eso?

Mary arquea una ceja y luego sonríe de lado.

- No sería la mayor estupidez que se te ha ocurrido, Black.

- ¿Estupidez?

- ¿Club de música?

- Sí, joder, me gusta la música, ¿qué pasa?

- Nada, nada y... - baja la cabeza - ¿Hay alg... o en ese club que te llame la atención?

- Pues sí, la guitarra - levanta el puño -. Me he divertido un montón.

- Qué guay...

- Mary, ¿puedo hacerte una pregunta?

- ¿Eh? - Ella traga saliva - Claro.

- ¿Tú notas cuando le gustas a un chico?

- Uhmmmm... No sé, creo que nunca le he gustado a un chico.

- ¡Hala, mentirosa!

- ¿Qué?

- ¡Que eso es imposible!

Se sonroja.

- Bueno... ¿Por qué lo preguntas?

- Porque, ¿sabes quién es Alice Greengrass?

- Sí - Sirius no se da cuenta pero las cejas de Mary han jugado a encontrarse en el centro de su nariz durante un instante.

- Pues es que está coladita por ese tal Longbottom y él de ella, ¡y no se dan cuenta!

- ¡¿EN SERIO?!

- ¿VES? ¿Es que cómo no se pueden dar cuenta? Sólo hay que verlos...

Mary se queda en silencio. Observa a Sirius de reojo. Le sorprende que alguien como él se haya dado cuenta de una cosa como esa, siendo que el resto del tiempo no se entera de la misa la mitad. Llegan al piso del cuadro y echan a andar hacia el retrato.

- MacDonald.

- ¿Mmmm?

- ¿De verdad que nunca le has gustado a ningún chico?

- Ay, Black, yo qué sé. Al menos ninguno me lo ha dicho.

- Pues qué tontos.

- ¿Qué dices?

- Que es de tontos que te guste alguien y no lo digas.

- Uhmmm...

- Bueno, aunque también te puede pasar como al tonto de James y que la chica que te gusta te pille manía.

- También.

- ¡Así que anímate!

- No estaba desanimada.

- Uhhh... - Sirius se lleva la mano a la cabeza y desvía la mirada - O sea, que... Quiero decir... Que siempre le he dicho a James... Bueno pues... Que dentro de lo que cabe... Que tú no eres... O sea, joder, que para ser una chica no estás tan mal y que... que seguro que le gustas a más de uno. Seguro que sí... Porque eres... O sea, que no eres fea, ¿vale? Y eso es un cumplido, de verdad que lo es y... ¡y eso!

- Emmm... - Mary no se mueve. De hecho se mueve más la armadura a su derecha que ella - Está... ¿bien?

- Me alegro que esté bien, sí.

- ¿Vale?

- Sí.

- Bueno...

- Uhmmm...

Y habrían seguido a la eternidad si no fuera porque en ese instante el cuadro de la Dama Gorda se abre y Remus, James y Peter aparecen por él dispuestos a ir a cenar. Mary da un saltito y se despide de ellos para ir a buscar a Lily.

Sirius se coloca entre James y Remus y vuelve a la carga una vez más.

James suspira exasperado.

Remus pone los ojos en blanco.

Peter asiente convencido.

Sirius insiste:

- ¿Pero cómo no pueden darse cuenta de que se gustan?


[i] (1330 -1376)