El personaje de la semana

Un martes a las cuatro de la tarde, con demasiado frío fuera para estar en mayo y las llaves de un aula vacía del tercer piso en el bolsillo, Sirius Black ha decidido que lo único que le apetece hacer hasta que anochezca es tocar la guitarra. Sentado con las piernas abiertas sobre la tarima de madera elabora una canción que ninguno de los presentes es capaz de reconocer, pero eso no parece importarle en absoluto mientras mantiene los ojos fijos en las cuerdas. Tan concentrado, en esa postura, Remus Lupin casi lamenta no tener una cámara a mano para inmortalizar la forma en la deja que los mechones oscuros del flequillo caigan sobre la frente, cubriéndole los ojos casi por completo, haciendo que parezca todavía más absorto en lo que está haciendo. Ataviado en su chaqueta de cuero y con unos pantalones negros que dejaron de ser de su talla hace ya un par de años y que dejan al descubierto parte de los tobillos, es complicado distinguir si ha puesto especial empeño en parecer una copia en miniatura de Elvis o si tener el aspecto de una estrella de rock juvenil es una característica que viene ya implícita en su naturaleza. Aunque sostiene una púa entre los labios y hay varias más desperdigadas por el suelo, ha terminado por preferir tocar con las manos, y rasga las cuerdas con los dedos desnudos, y el movimiento es tan hipnótico que Mary MacDonald pasa unos largos diez minutos observándole medio ensimismada antes de decidirse a quejarse.

- ¿Piensas parar en algún momento?

Y hay silencio durante un segundo. Una nota suave nace y se apaga en la punta de los dedos de Sirius y éste levanta la vista de la guitarra y mira a Mary como si le estuviese hablando de física cuántica.

- Cuando las ranas críen pelo, más o menos. - y se dispone a continuar tocando cuando James interviene y le interrumpe.

- Joder, Sirius, esa expresión es de anciano, tío.

- Tus gafas sí que son de anciano.

- ¿Qué les pasa a mis gafas?

- Hombre - dice Peter - igual te toca cambiártelas pronto… Tienen un par de añitos, ¿no?

- Además seguro que se te han roto un montón de veces - añade Mary, riéndose - Yo creo que te vas a tener que comprar otras este verano.

- ¡Sí, hombre! No voy a pagar por unas nuevas siendo que estas están perfectas y mi madre puede arreglármelas cuando le dé la gana.

- Serás mi mejor amigo pero, de verdad, Jimmy, qué cutre eres.

James insiste en que sus gafas no están tan mal y accede a cambiárselas sólo si Sirius decide cortarse de una vez por todas la "melena esa de hippie que llevas". Él únicamente contesta con una mueca y un gesto con los brazos demasiado dramático que quiere dar a entender que se ha ofendido más de lo que realmente lo ha hecho.

- Chicos, no es por aguaros la fiesta… - empieza a decir Remus - Pero… ¿No estábamos aquí porque teníais que hacer un trabajo?

- Pf. - bufa Sirius - Qué coñazo eres, de verdad. Siempre hablando de trabajos y deberes y bla, bla, bla. Ahora vas a tirarte quince minutos hablando de lo irresponsables que somos y lo importante que son la constancia y la dedicación en los estudios…

- Pues la verdad es que no. Ni siquiera estoy matriculado en Estudios Muggles. Es vuestro trabajo, no el mío, así que si no lo hacéis es cosa vuestra.

- No te enfades, Remus - dice James.

- No me enfado.

- Además, tiene razón, Sirius… Tenemos que ponernos en serio con la radio de una vez por todas, tío.

- ¡Pero si todavía tenemos un mes y medio!

- Pero un mes y medio pasa enseguida y, además, si no avanzamos nada McGonagall no va a volver a dejarnos las llaves del aula para que vengamos cuando queramos y… - insiste Peter.

- Además, hemos hecho venir a Remus y a Peter hasta aquí para que nos ayuden - añade Mary.

- Manda narices - se queja Sirius - te levantas una mañana tan tranquilo y a lo que quieres darte cuenta todos tus amigos se han convertido en ancianos.

- Pero Sirius…

- Que sí, venga, vale, vamos a quitarnos ese puñetero trabajo de encima de una vez. - gruñe.

Se levanta del suelo, se sacude el polvo de la parte trasera de los pantalones y se apodera de una de las sillas. James ha agrupado unos cuantos pupitres en el centro de la sala y ha depositado sobre ellos todo el material del que, de momento, disponen para realizar su proyecto de fin de curso para la clase de Estudios Muggles. Tres micrófonos con sus respectivos auriculares, un par de altavoces, una pequeña mesa de mezclas y un transmisor, todos ellos unidos por una maraña de cables que parecen haberse enredado por arte de magia y que Peter ha desistido en tratar de devolver a su estado original. Todos los demás se sientan alrededor, rodeando los aparatos.

- ¿Hemos comprobado ya que todos estos cachivaches funcionan? - pregunta Sirius.

Peter asiente con la cabeza.

- El tercer micrófono se escucha un poco peor que los demás pero nadie tiene por qué darse cuenta.

- Pues entonces ya está, ¿no? ¿Qué más tenemos que hacer?

- Pensar de qué narices vamos a hablar, por ejemplo. - contesta Mary, algo malhumorada.

- Y qué vamos a decir - añade James - y cuánto rato, y cómo, y todas esas cosas.

Por tercera o cuarta vez en un periodo de tiempo muy corto, Sirius adopta esa expresión que dice algo así como "no me puedo creer que sea amigo de alguien con tan pocas luces."

- Pues vamos a hablar de quidditch. De qué si no.

- Pero Sirius… - niega Remus - Ya lo hablasteis, y llegamos a la conclusión de que no podéis hablar solo de quidditch.

- Pues ya me dirás tú, entonces. En este maldito castillo no pasa nada más que los partidos de quidditch.

- ¡Claro que pasan cosas! - defiende Mary.

- Dime una.

- Uhm…

- El otro día Frank Longbottom perdió a su gato y todos los que estábamos en la Sala Común le ayudamos a buscarlo juntos - explica Peter - y fue divertido.

- Y a mí qué cojones me importa que el puñetero Longbottom haya perdido su puñetero…

- ¡PUES CLARO! - exclama James - ¡¿Cómo no se me había ocurrido antes?!

- Madre mía. Y ahora James tiene una idea - se lamenta Mary - nos va a salir el peor trabajo de toda la historia de los trabajos.

- Que no, boba. Que es una buena idea y no va demasiado en contra de las reglas.

- ¿Demasiado?

- Bueno, chicos, qué os parece si hacemos una… - coge aire antes de terminar la frase - Sección de objetos perdidos.

Mary, Sirius, Remus y Peter se miran entre ellos, sin estar demasiado seguros de si aquello es algún chiste demasiado complicado que no han sido capaces de entender y deberían reírse o si lo está diciendo de verdad.

- Oye, que lo digo en serio.

- Pues yo también lo digo en serio, Jimmy: vaya mierda de idea.

James alza una ceja, se quita las gafas, se retira el pelo que cae sobre la frente con la mano derecha y vuelve a colocárselas sobre la nariz. Después cruza los brazos sobre la mesa.

- Pensadlo. Le pedimos a Filch que nos traiga las cajas de objetos perdidos que tiene en su despacho. Miramos qué hay dentro. Nos quedamos lo que más nos guste y el resto lo anunciamos por la radio. Con un poco de suerte quizás incluso ayudamos a alguien de verdad y ganamos todos.

- ¿De verdad te crees - replica Mary, con una media sonrisa en los labios - que Filch va a dejar la caja de objetos perdidos en vuestras manos?

- Quizás en las nuestras no, pero en las de Remus seguro que sí - puntualiza Sirius.

- ¿Por qué siempre tengo que ser yo quien hable con los adultos?

- Porque eres el único empollón de esta sala, rubiales.

- Que te den, Sirius.

- El caso es que si que es una buena idea - apoya Peter - ¿Nunca habéis pensado en la cantidad de cosas que tiene que tener allí Filch?

- Muchísimos artículos de broma, eso seguro - dice James. - Y chuches.

- Y cosas personales que podamos usar para chantajear gente.

- ¡Sirius! - gruñe Remus - Si pensáis utilizar lo que encontréis en objetos perdidos para extorsionar alumnos, no voy a ayudaros.

- De verdad te lo digo, Remus, le quitas toda la diversión a mi ya de por sí no demasiado apasionante vida.

Así que ya tienen dos ideas: hablar de quidditch e ingeniárselas para que les dejen echar mano de la caja de objetos perdidos. Desde luego, es mejor que nada, pero Mary sigue sin estar convencida del todo de que tan solo eso vaya a bastar para conseguir una nota decente.

- Bueno, ¿y qué más?

- Yo ya he dicho mi parte, y Jimmy la suya. La única que no ha aportado nada eres tú, MacDonald.

- ¡Oye!

Pero lo cierto es que sabes que es verdad: ella todavía no ha dado ninguna idea. Durante unos instantes mira al infinito, frunciendo el ceño, pensativa, y luego vuelve a hablar.

- Ya sé. Podríamos entrevistar a alguien.

- Eso es una buena idea - puntualiza Remus - es interesante y original.

- Vale, pero, ¿quién va a dejar que le entrevistéis? - pregunta Peter.

- No sé. Todo es cosa de preguntar. James, Sirius, ¿qué os parece?

- ¡Genial! ¡Es muy buena idea, Mary!

- Supongo que no está mal para ser una idea de una chica - masculla Sirius.

Se toma eso por un sí y sonríe, satisfecha.

- Vale. Pues entonces solo nos falta saber a quién entrevistamos…

- ¡A ALBUS! - contesta Sirius, sin apenas pensárselo.

- Sí, hombre. Que te has creído que Dumbledore va a perder su valioso tiempo hablando contigo.

- Además, ¿cómo que "Albus"? ¿desde cuándo tienes esas confianzas con él? - ríe James - ¿Hay algo que no nos hayas contado, picarón?

- Hombre, claro, tío. Nos hemos hecho íntimos. Ahora sé que la varita no es lo único que tiene largo.

- ¡Sirius, por favor! - exclaman Mary y Remus, al unísono, y luego este último añade - Qué asco, por Merlín.

- ¿Qué le pasa a Merlín? ¿También quiere que le dé mambo?

- ¡¿Quieres parar de decir guarradas?!

- Si te escandalizas con esto, MacDonald, es porque James no te ha contado sus aventuras con Minerva.

- Y me encantaría contároslas, de verdad, porque son apasionantes, pero, en serio… A quién entrevistamos, chicos.

- ¿Flitwick? - sugiere Peter.

- Pero no sé qué le vais a preguntar a él - murmura Remus - quiero decir, es un tipo majo, pero no sé si es muy interesante…

- Bueno, pues - continúa Sirius - ¿Y Slughorn?

- No, tío. - contesta James.

- ¿Filch? - insiste.

- Qué va.

- ¿Un elfo de la cocina?

- ¿Eres tonto?

- ¿La señora Norris?

- Por el amor de Dios…

- ¡Ya lo tengo! - grita Mary, visiblemente entusiasmada - ¡Lo tengo!

- No digas que la señora Pomfrey, por favor, te lo suplico…

- ¡TENEMOS QUE ENTREVISTAR A MR. SEXY!

James abre la boca para replicar, casi por acto reflejo; pero antes de llegar a pronunciar una sola palabra, reflexiona un instante y mira a Mary, sorprendido.

- ¡ESO ES UNA IDEA GENIAL! - brama, entusiasmado - ¡ADEMÁS ÉL SEGURO QUE NO NOS VA A DECIR QUE NO!

- ¡Y LE PODÉIS PREGUNTAR COSAS PERSONALES! - añade Remus.

- Por Circe, pero por qué demonios gritáis - gruñe Sirius - y lo que es más importante, Remus, por qué narices quieres saber cosas personales de ese tío.

- No sé. Curiosidad. ¿Nunca os habéis preguntado...?

- ¿Si tiene novia? - termina Mary.

- ¿Si tiene novio?

- ¿Cuántos años tiene?

- ¿Dónde se compra esas camisas tan suaves?

- ¿Qué perfume usa?

- ¿Si prefiere dormir con o sin calcetines?

- ¿Si es rubio de verdad o teñido?

- ¿Por qué no se pone pajarita más a menudo?

- Os juro que nunca voy a entender de dónde sacáis tanto fanatismo por ese gacho, tíos, os lo juro - se queja Sirius - que no es para tanto.

- Eso es que estás celoso - sonríe Peter.

- Te voy a dar yo a ti celos…

Discuten un rato, como de costumbre. Últimamente, Sirius discute con casi todo el mundo. Ninguno de sus amigos comprende del todo el motivo de su mal humor, si es que algo le aflige o simplemente es una mala racha sin ningún motivo en particular pero, sobre todo para James, que no está acostumbrado a no comprender qué se pasa por la cabeza de su mejor amigo, se está empezando a hacer un tanto molesto.

Por suerte, Remus les ordena que dejen de pelearse. Y añade:

- A ver, chicos, recapitulemos: tenéis la sección de quidditch, objetos perdidos, la entrevista y… ¿Qué más? Recordad que tiene que ser un programa de por lo menos quince minutos…

- Pues sugiere tú algo, listo - le espeta Sirius.

Remus pone los ojos en blanco, se estira las mangas del jersey para que le cubran también los puños y cruza los brazos sobre la mesa. Frunce el ceño en una expresión que dice algo así como que tiene una idea en mente pero todavía no está lo suficientemente formada como para que sepa expresarla con palabras. Así que los demás le conceden unos diez segundos en los que esperan pacientemente, en silencio, y finalmente Remus habla y la idea no es especialmente impactante ni particularmente emocionante, pero se acepta unánimemente como buena:

- Podríais hacer una sección para hablar de las actividades extraescolares de Hogwarts. Los clubs y todo eso.

- Claro - dice James, con tono pícaro - y de paso hacemos publicidad de vuestro club de lectura, ¿no, pillín?

- Puede ser una buena idea, sí.

- Ya te vale.

Parece un trato razonable. Ellos tienen otra sección más para su programa de radio, Remus consigue más participantes para su club de lectura y James le hace un favor a Lily y está un paso más cerca de ganarse su simpatía. Podría decirse que ganan todos así que Mary asiente con la cabeza, Sirius la inclina y esboza una media sonrisa, James levanta un pulgar en el aire y Peter dice "pues entonces, adjudicado."

Después James decide que tiene hambre y Sirius se ofrece para bajar a las cocinas a por algo de comer. Le observan desaparecer debajo de la capa invisible y marcharse y volver veinte minutos después con los bolsillos llenos de pastel de calabaza, tabletas de chocolate y restos de empanadilla. Extiende el botín sobre la mesa y los cinco Gryffindor comen con tanta ansia que durante unos minutos no se escucha ni una sola palabra en la habitación.Y un poco más tarde, cuando de la abundante cantidad de comida ya solo quedan unas pocas migas, su atención se desvía hacia diversos temas que no tienen nada que ver con lo académico: quidditch, la Copa de las Casas, los Beatles o los planes que tienen para las vacaciones. Finalmente, cuando ya queda poco para las ocho de la tarde, deciden que es altamente improbable que vayan a avanzar algo más en el trabajo y se retiran a la Sala Común hasta la hora de la cena, bajo la promesa de utilizar los próximos tres días para reunir todos los materiales, información y personas necesarias para grabar el programa ese mismo sábado.

No las tienen todas consigo pero, sorprendentemente, lo logran.

Por supuesto, no sin dificultades.

El viernes es, oficialmente, el día más estresante de todas sus vidas. No solo por tener que ultimar todos los detalles del trabajo y dejar todo listo para el día siguiente sino porque la noche anterior, James, Sirius, Remus y Peter habían considerado mucho más productivo quedarse hasta por lo menos las cuatro de la mañana discutiendo sobre superhéroes que dormir. Así que la mañana siguiente amanecen cuarenta y cinco minutos más tarde de lo que deberían, con una clase a la que asistir escasos quince minutos después y la absoluta convicción de que, en el contexto adecuado, Spider-Man podría ganar a Batman sin apenas ningún esfuerzo.

En los descansos entre clases, a la hora de comer y durante toda la tarde, James y Mary retocan el guión. Cada vez que terminan de escribir una página completa, se la enseñan a Remus, que corrige faltas de ortografía, incoherencias gramaticales y expresiones coloquiales por otras que suenan mejor. De vez en cuando, reúnen todo lo que llevan escrito y lo leen en voz alta, tratando de imitar la voz de los comentaristas de quidditch y de los presentadores de los programas musicales que escuchan a veces los fines de semana. Mary tiene mucha más práctica así que consigue recitar la primera parte completa del programa sin trabarse en tan solo dos intentos; a James le cuesta por lo menos cinco pronunciar correctamente la palabra "confrontación". No obstante, asegura que piensa practicar cuando nadie le esté mirando para que su voz suene "mejor que la de Paul McCartney".

Mientras tanto, Peter consigue convencer a Filch de que le conceda la custodia de la caja de objetos perdidos. Le cuesta un buen rato pero él no se mete ni de lejos en tantos líos como los demás, así que al final el conserje termina por otorgarle un voto de confianza. Dentro encuentra, como era de esperar, poca cosa: plumas, pedazos de pergamino, libros de la biblioteca que nunca fueron devueltos, gomas y horquillas para el pelo, un botecito de colonia con olor a lavanda y un par de calcetines que nadie se explica cómo han llegado allí. Aparte de eso, hay un par de cajas de bengalas del Doctor Fillibuster, cromos de las ranas de chocolate y unos cuantos cómics que James se apresura a guardar debajo de su cama. Todo lo demás lo dejan donde estaba, aguardando al día siguiente.

A Sirius le toca la tarea más complicada: convencer a Mr. Sexy de que les ayude. Tiene que hacerlo él porque es el único que no tartamudea cuando intenta hablar con él cara a cara y también el único lo suficientemente valiente para plantarse en la puerta de su despacho a las cinco de la tarde y sin avisar. Mary ya había tratado de pedírselo en dos ocasiones pero ambas habían terminado con la joven tartamudeando incoherentemente ante un muy sorprendido profesor Jeffrey que intentaba hacer sus mejores esfuerzos por ayudarla a tranquilizarse sin saber que él mismo era el problema. El intento de Remus no fue mucho mejor: se acercó a él caminando decidido y más seguro de sí mismo de lo que sus amigos le habían visto en la vida, pero antes de comenzar a hablar se tropezó con el escalón de la tarima del aula y pasaron veinte largos segundos hasta que se levantó del suelo con dificultad, las mejillas sonrosadas y la absoluta convicción de que no pensaba volver a hacer algo parecido nunca jamás. Dado el escaso éxito de ambos, ni Peter ni James quisieron probar siquiera. Cansado de discutir, Sirius sentenció que la única forma de sacar aquello adelante era que se encargase él mismo.

Está convencido de que aquello es pan comido, pero eso no evita que le tiemble un poco el pulso al llamar a la puerta. El profesor Jeffrey le recibe amablemente, acepta la propuesta sin poner ninguna pega e incluso invita a Sirius a un té y un par de galletas.

Cuando vuelve a la Sala Común con una sonrisa triunfal en los labios y los ojos brillando como si acabase de ganar un mundial de quidditch, todos los demás pueden por fin respirar tranquilos.

El sábado escogen las cinco de la tarde como una hora prudente para comenzar con la grabación del programa, y acuerdan reunirse veinte minutos antes en la puerta del aula vacía del tercer piso que ya han establecido como lo que James llama "su cuartel general".

- Nuestro cuartel general es la Casa de los Gritos, tío. - puntualiza Sirius.

- Ya, pero ese a Mary no se lo podemos enseñar, así que nos apañamos con esto de momento. Considéralo una subdivisión de nuestro cuartel general principal.

- Lo que tu digas, colega.

Al profesor Jeffrey no le citan hasta las seis, para tener tiempo de ensayar, prepararse, y decidir quién va a ser el afortunado que tenga la oportunidad de hacerle las preguntas.

- Mary no - se apresura a decir James - porque se va a poner a sudar y a tartamudear y no va a pronunciar más de tres palabras seguidas.

- ¡Oye!

- Es verdad - asiente Sirius - pero es que a ti te va a pasar lo mismo, Jimmy.

- No sé de qué me hablas.

- Pues que tú también estás un poco loquito por sus huesos.

- Vaya cosas tienes… - dice James, y niega con la cabeza - De todos modos, igual es mejor que le entrevistes tú. Por eso de que tienes una voz más profunda y tal.

El método que han elegido para conseguir que el resto de habitantes del castillo puedan escuchar el programa es sencillo: Peter ha instalado un receptor de radio en cada una de las Salas Comunes - tres de ellos tomados prestados del almacén de material de la clase de Estudios Muggles, y la última, la colocada en la Torre de Gryffindor, es aquella que él mismo reparó el curso pasado - y ha sintonizado la frecuencia que emiten sus transistores. En teoría, Remus sería el encargado de supervisar que la emisión se realiza correctamente y todo el mundo puede escucharlo sin problemas, pero cuando el reloj marca las seis menos cuarto, el joven hombre lobo todavía no ha aparecido por ningún lado.

- ¿Dónde está el bobo de Remus? Nos prometió que vendría…

- Remus nunca llega tarde a propósito, Sirius. Tendrá un buen motivo… - contesta James.

- ¿Y si no viene? - pregunta Peter, preocupado.

No les da tiempo a plantearse qué sucedería en esa situación hipotética porque en ese mismo momento se abre la puerta. Los cuatro chicos esperan encontrarse a alguien de pelo claro, ojos azules y nariz afilada detrás de ella y en su lugar se topan con una larga melena rojiza y piel pálida salpicada de pecas.

- ¡Lily! - exclama Mary - ¿Qué haces aquí?

- He… Venido… - habla con dificultad, respirando a duras penas, como si hubiese subido corriendo todo el camino desde el vestíbulo al tercer piso - Remus me ha dicho que… Estaba enfermo… Y he venido lo antes que he podido a ayudar… Lo siento, chicos.

- Oh.

En otra situación, Sirius y James hubieran insistido, y no hubieran descansado hasta saber de forma detallada qué es lo que le sucede a Remus y cómo se encuentra en ese momento; aquel día, sin embargo, no tienen ni un solo segundo para dedicar a tales pesquisas. Un tanto preocupados, principalmente nerviosos y estresados y bajo la promesa de ir a verle a la enfermería en cuanto terminen, Mary, James y Sirius se colocan en sus respectivos asientos, Peter toma el control de la mesa de mezclas y los cuatro esperan pacientemente a la llegada del profesor Jeffrey. Éste aparece puntualmente a las seis y un minuto, ataviado con un traje de chaqueta de color púrpura, una corbata grisácea, el cabello recogido en una trenza - como de costumbre - y oliendo levemente a canela.

- ¡Buenas tardes, profesor! - saludan, al unísono.

- ¡Buenas tardes, chicos! - sonríe él - Menudo chiringuito tenéis aquí montado, ¿eh? ¡Os lo habéis trabajado un montón! Bueno, ¿comenzamos?

Y comienzan.

Y no son conscientes de ello, pero mientras hablan, el castillo escucha. En distintos lugares de éste, alumnos de todos los cursos se acercan con curiosidad a los transistores y guardan silencio para ellos. Les recibe una voz para muchos conocida, agradable y familiar.

- ¡Buenas tardes, Hogwarts! - exclama Mary, con la misma emoción con la que introduce los partidos de quidditch segundos antes de que los jugadores salten al campo - ¿Cómo va eso? ¿Estáis sacándole partido al fin de semana? Espero que sí, porque el lunes va a ser un día terrible: las primeras clases comienzan a las ocho de la mañana y, además, hay verdura para comer. Qué lástima. En fin: ¡bienvenidos a Radio Hogwarts, el primer programa de radio que haya pisado jamás este castillo, creado por alumnos y, por supuesto, también para alumnos! Me llamo Mary MacDonald, y me encuentro en el estudio con mis dos amigos y compañeros: ¡James Potter y Sirius Black!

- ¡Hola a todos y todas! - saluda James, tratando de imitar el entusiasmo de Mary - ¿Cómo va eso, colegas?

- Hey, tíos. - se limita a decir Sirius.

- Además de eso, tenemos a un invitado muy especial. ¿Os atrevéis a intentar adivinar quién es? - continúa Mary - Espero que no, porque, bueno, ¡no podríamos escucharos de todos modos! Si queréis saberlo, tendréis que estar atentos a la emisión… Pero antes, y para comenzar, ¡nuestra sección de quidditch!

Entonces Mary guarda silencio durante unos segundos y deja que James se explaye sobre las últimas clasificaciones de la liga de quidditch. Después informan de las puntuaciones de los equipos de las distintas casas, y debaten un rato sobre quién tiene más posibilidades de ganar la liga de las Casas aquel año. El profesor Jeffrey les observa atentamente, como si estuviera terriblemente intrigado por algo, y sin pronunciar una sola palabra ni apenas moverse del sitio.

- ¡Eso ha sido interesantísimo, chicos! ¡Seguro que nuestros oyentes están de acuerdo! - sigue hablando Mary, sonriente - Hablando de cosas interesantes… ¿Nunca os habéis preguntado qué misterios albergarán dentro de la caja de objetos perdidos de la oficina de Filch, el conserje? Seguro que sí: todo el mundo ha fantaseado alguna vez con husmear ahí dentro y quizás apropiarse de todas esas pertenencias ajenas abandonadas a su suerte por sus dueños… Por desgracia, chicos, robar está mal y no podemos apoyar que lo hagáis. Pero si habéis perdido algún objeto preciado en las inmediaciones del castillo, y no os habéis atrevido a acercaros a la oficina del conserje a preguntar por él, ¡no os preocupéis! En nuestra sección "La Caja Misteriosa" os informaremos de qué objetos extraviados hemos encontrado últimamente para que podáis recuperarlos fácilmente. ¡Solo tenéis que contactar con alguno de los miembros del programa!

- Por ejemplo - sigue James - el dueño de este maravilloso ejemplar de Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos tiene que estar echándolo mucho de menos. Lo entiendo, tío: es un libro muy chulo. Además, las cosas que hay garabateadas en los márgenes también son bastante interesantes: no sé quién será esa tal Lisbeth, colega, pero si sigues dibujando su nombre rodeado de corazoncitos en tus libros de texto seguro que pronto te corresponde.

- Hablando de chicas - dice Sirius - también tenemos aquí una de esas cosas que usáis para pintaros la cara. Es así como… Como una paleta de acuarelas pero con colores menos bonitos. Y con un espejo dentro. No tengo muy claro para qué sirve ni de qué esta hecho, pero…

- Es sombra de ojos, Sirius - susurra Mary, alejándose del micrófono para intentar que no se escuche en la grabación y fallando en el intento.

- Pues no entiendo por qué las tías usáis todo esto para poneros sombra en los ojos pudiendo usar gafas de sol.

- Hostia, tío - interviene James, aguantándose la risa como puede - eres más tonto que un plato de mocos, te lo juro.

- ¡Chicos! ¡Que esto es para un trabajo de clase! - exclama Mary.

- ¿Y qué?

- ¡Que no digáis tacos! - y después se aclara la voz y sigue hablando, con toda la normalidad que puede - Bueno, si alguien ha perdido su sombra de ojos, puede pasar a recogerla cuando termine el programa…

Ocupan al menos cuatro minutos más enumerando todos los objetos perdidos, incluído el misterioso par de calcetines. Consiguen terminar la sección sin apenas ningún percance más allá del hecho de que Sirius se olvida frecuentemente de que tiene que acercarse al micrófono antes de hablar y su costumbre de recostarse en la silla con los brazos detrás de la cabeza le da a Mary más de un dolor de cabeza.

- Y ahora - exclama ella - ¡Lo que todos habéis estado esperando! ¡La entrevista a nuestro invitado misterioso! El personaje de hoy no lleva mucho tiempo entre los muros del castillo, pero los alumnos ya han aprendido a apreciarle como si llevase aquí toda la vida… Sí, en efecto, seguro que ya os lo imagináis. Tenemos aquí en el estudio de Radio Hogwarts a... ¡El profesor Jeffrey!

- ¡Buenas tardes a todos y todas!

- Muchas gracias por venir, profesor.

- ¡No hace falta darlas! Estoy encantado de colaborar con proyectos de este tipo. Es fascinante que jovenzuelos como vosotros sepan llevar adelante por sí solos tareas tan interesantes, enriquecedoras y divertidas como esta. ¡Una radio! ¡Ni más ni menos! En mi época, los muchachos apenas podíamos soñar con algo parecido… ¡Ja, ja!

- Bueeeeeeeeeenoooooo - empieza a hablar Sirius, alargando las vocales muchísimo más de lo necesario - pues, eso, para comenzar… A ver…

Comienza a rebuscar entre sus notas. Por algún motivo no recuerda donde ha puesto la hoja que recogía todas las preguntas que tenía que hacerle al profesor y todas las personas de la habitación contienen la respiración durante un segundo hasta que por fin, la encuentra.

- ¡Ah, sí! - exclama - La primera pregunta es, bueno, ya sabe, que por qué eligió ser profesor de Defensa contra las Artes Oscuras. Tiene que ser un trabajo jod… duro, muy duro.

- Sí, lo cierto es que sí, pero, verás…

- ¿Es que ya no puede vivir con sus alumnos? - le interrumpe - ¿O es que gana mucha pasta gansa?

- Verás, Sirius, el dinero no es importante cuando te dedicas a algo que te gusta. Posiblemente ganaría unos cuantos cientos de galeones más a final de mes si trabajase en otra cosa pero, a fin de cuentas, la satisfacción que me otorga saber que estoy inculcando valores y conocimientos importantes en vuestras pequeñas cabecitas es mucho más valioso que cualquier enorme fortuna escondida en Gringotts.

- ¡Ya le habéis oído, chicos! ¡Vaya palique tiene, el tío! Y bueno, uhm, pues… ¿Qué es lo mejor de currar en el castillo? A parte de nosotros, los alumnos, claro.

- La verdad es que la sopa de setas que hacen los elfos a veces los fines de semana está de rechupete.

- Seguro que a nuestros oyentes les gustará saber cuál es su comida favorita, profesor - interviene James.

- ¡Oh! Esa es una muy buena pregunta. La verdad es que suelo comer de todo pero, a la hora de la verdad, no hay nada más rico que unos buenos macarrones con queso.

- Ya te digo, tio - afirma Sirius - tú sí que sabes.

- Vale, pero… ¿Son mejores los macarrones con queso de Hogwarts o los que se hace usted en su casa? - insiste James.

- Aunque las dotes culinarias de nuestros elfos domésticos son exquisistas (un saludo para los elfos, por cierto, por si alguno nos está oyendo: ¡buen trabajo, chicos), bueno, la verdad es que me gustan mucho más los macarrones con queso de mi madre.

- No me fastidie, profesor - dice Sirius, extremadamente sorprendido - que todavía vive con su madre.

- ¡Por supuesto que no! - contesta el profesor Jeffrey, y Mary hubiera jurado que incluso se sonroja un poco - Pero tengo que reconocer que hasta hace bien poco sí que lo hacía.

- Vaya, vaya… - murmura James, sorprendido. - Disculpe la indiscrección, señor, pero… ¿Cuántos años ha dicho que tiene?

- Uy, me da un poco de corte decirlo…

- ¡No se apure, profesor! - se apresura a decir Mary - No hace falta que lo diga si no…

- ¡No, no! ¡No te preocupes! No hay ningún problema, chicos. Tengo veintinueve años. ¡El doble que vosotros ahora mismo! ¡Ja, ja!

Mary traga saliva. Lily traga saliva. En algún lugar del castillo, Remus traga saliva también.

- ¡¿Veintinueve!? - exclama James - Permítame un cumplido, señor, pero se conserva usted de maravilla…

- Vaya, vaya, señor Potter, con esa habilidad para el cumplido tiene usted que llevarse a todas las jovenzuelas de calle.

- No tanto como me gustaría, profesor, pero gracias.

- Ay, ¿y eso por qué? ¿Hay alguna jovencita especial que te haya robado el corazón?

- Si yo le contara a usted…

- Estamos entre amigos, James, no tienes que tener vergüenza de…

- ¡Bueno! - interviene Mary, fingiendo aclararse la garganta - Es que resulta, profesor, que la entrevista se la estamos haciendo a usted, no a James…

- ¡Oh! ¡Claro, claro! ¡Por supuesto! Espero que puedas perdonarme, a veces soy tan despistado…

- La siguiente pregunta es: ¿No considera usted que una asignatura tan interesante como Defensa contra las Artes Oscuras debería tener muchas más clases prácticas y prescindir de cosas tan inútiles como los deberes y los exámenes?

- Lo cierto es que no, Sirius. Aunque es muy importante que sepáis realizar los hechizos que estudiamos en clase, la verdad es que no es lo único que tenéis que aprender… Además, estudiar un poco de vez en cuando no viene nada mal para vuestros cerebros, que todavía están en desarrollo. Sé que memorizar y leer os parece muy aburrido pero, con la intención adecuada y echándole ganas, creedme, ¡estudiar puede ser muy divertido!

- Sí, hombre, lo que usted diga.

- ¡Sirius! - exclama Mary - ¡Controla lo que dices!

- Vale, vale, agh, de verdad, qué pesada eres cuando quieres… Bueno, profesor Jeffrey, por cierto… Aquí llega la pregunta más importante de todas: ¿Quién cree que va a ganar la Copa de quidditch este año?

- Tengo que defender a mi casa ante todo - se ríe - así que voy a decir que Ravenclaw. Lo cierto es que tengo que reconocer que no sé mucho de quidditch pero, aun así, me han dicho que los Gryffindor se lo estáis poniendo difícil esta temporada.

- No tiene usted ni la menor idea - murmura James.

- ¡Estoy impaciente por conocer el resultado del próximo partido!

- Y ahora, una pregunta un poco más personal, señor. ¿Tiene usted mujer o novia o algo parecido o prefiere ser un alma libre?

- Ehm… Pues… La verdad es que…

- ¡SIRIUS! - repite Mary, esta vez casi gritando - Bu-bu-bueno, la v-verdad es que nos est-amos quedando sin ti-tiempo… Será mejor que despidamos ya esta sección, ¿verdad? ¿Verdad, Sirius?

- Uhm. Sí, claro. Esto… Eeeeeh… Eso es todo de momento, oyentes. El profesor Jeffrey estará muy ocupado y tendrá que volver al trabajo. Esperamos que os haya gustado la entrevista.

- Muchas gracias por dejarme participar en vuestro programa, chicos.

- Muchas gracias a usted, Mr Se...ñor.

El profesor Jeffrey se levanta de la mano, les sonríe a todos y se despide con la mano. Cuando desaparece tras la puerta, el programa continúa. Mary informa a los alumnos de las últimas novedades y próximas actividades de los clubes y las extraescolares del colegio y, de paso, insiste en que el recién formado club de lectura está buscando miembros. Después despide el programa con un recuento de los puntos que cada casa ha obtenido de momento para la Copa de las Casas y, después del saludo final - un cálido "buenas noches, Hogwarts. Buenas noches." - Peter se las apaña para que empiece a sonar Revolution, de los Beatles. Cuando la última nota se apaga y los transistores y la grabadora están ya desactivados pueden por fin respirar tranquilos, quitarse los auriculares, estirar piernas y brazos y, lo más importante de todo, hablar con tranquilidad.

- Casi mato a Sirius un par de veces - comenta Mary - pero lo cierto es que creo que nos ha quedado un programa muy chulo.

- Tú siempre quieres matar a Sirius - puntualiza James - así que si esa es la única pega de todas creo que nos van a poner un diez.

- ¿Tú que opinas, Lily? - pregunta Mary.

- A mí me parece que ha estado genial - sonríe ella.

Satisfechos, cansados, emocionados, deciden que ya desmontarán el equipo y limpiarán el aula al día siguiente. Mary y Lily se marchan directas a la Sala Común para poder relajarse un rato. Peter ha trabajado duro y también está exhausto así que también le dejan marcharse, pero Sirius insiste en que antes de nada, James y él tienen que hacer una visita a la enfermería.

- No te preocupes, tío. - intenta tranquilizarle James - Seguro que no pasa nada y Remus está bien. Ya sabes que se pone malo cinco de cada siete días de la semana, no es novedad…

- No lo entiendes, Jimmy. ¿Se te ha olvidado qué época del mes es?

- Oh.

Parece que hace un poco más de frío en el pasillo, de repente. Durante unos segundos, ninguno de los dos dice nada.

- Me molesta un poco saber que tiene que pasar todas esas noches horribles ahí solo, James.

- A mí también.

- Y saber que no hay nada que se pueda hacer.

- Sí…

- Maldita sea, joder. Es injusto.

James quiere decirle que sí, lo es. Es injusto. Injustísimo, de hecho. Que alguien como Remus no se merece pasar por algo así. Que si pudiera efectuar algún tipo de hechizo o cocinar alguna poción mágica que le permitiese sufrir en su lugar, lo haría. Podría decir muchas cosas de ese estilo pero decide que es mejor callárselas, de momento. En lugar de eso, pasa un brazo sobre los hombros de su mejor amigo y utiliza las pocas fuerzas que le quedan para esbozar una sonrisa.

- Es verdad, pero, ¿sabes qué? No te preocupes. Creo que tengo una idea.

- ¿Una idea?

- Sí. Pero necesito tu ayuda. ¿Puedo contar contigo?

- Me ofende que me lo preguntes, tío.

Continúan caminando hacia la enfermería, deseando con todas sus fuerzas que Remus todavía esté despierto para poder recibirles.