Nuevos planes

Mary adora todo lo que tiene que ver con el quidditch. El sonido de las escobas cortando el aire, los gritos de las gradas, los insultos en el campo... El olor de la hierba e incluso el de las pelotas en el juego. Sin embargo, hay otras cosas que no tienen que ver con el momento en el que el árbitro hace soplar el silbato. Ahora mismo James está sentado en su cama y Mary le ayuda a colocarse los protectores de hombros. La chica nunca ha usado uno de esos uniformes de quidditch y algo escondidito en el fondo de su corazón lo desea con toda su alma. Es una lástima que su cuerpo tenga la mala costumbre de convulsionar y querer echar hasta la última papilla cuando está cerca de una de esas escobas mágicas. Así que se conforma con eso, con estar todo lo cerca que puede de su deporte favorito. Ser amiga de James ayuda bastante.

- Tienes el pelo demasiado largo, James.

- ¿De verdad? - Está orgulloso. Mary sabe que lleva un tiempo queriendo aparentar que es rebelde. Estrella del rock juvenil - ¿Lo dices en serio?

- Si me apuras pronto podrás hacerte una coletita pequeña - le agarra el pelo oscuro con la mano -. Sí. Ya puedes. Y con el flequillo también, ¡hala!

- Eh, eh - sacude la cabeza -. No me toques el pelo, que me pone nervioso.

- O sea que yo no puedo tocarte el pelo pero tú puedes pasarte el día entero sobándotelo.

- Mi pene y mi pelo tienen las mismas normas, Mary.

- Eres horrible.

De hecho Mary piensa que James es horrible en muchos aspectos: los que se ven al principio y los que descubres al final. Y unas cuantas veces se pregunta por qué sigue siendo su amiga, por qué se levanta por las mañanas con ganas de verle y por qué no le ha pedido a su madre que le compre un hámster de mascota que igual le iba mejor en la vida.

Aunque James Potter es especial.

Mary ha hablado con Lily de James. Ella probablemente lo negaría pero eso es así. Cuando se convierta en la comentarista de quidditch más famosa de la historia de la magia y los niños de generaciones venideras la estudien entonces, ahí, en letras grandes algún pirado transcribirá la conversación que tuvieron las dos chicas dos días antes en el Gran Comedor.

- Yo es que sigo sin entender qué le ven.

- ¿A quién?

El panorama era el siguiente: dos chicas de segundo de pie hablando con un animado James. Hablando o babeando, qué más da. Sirius bufando visiblemente molesto y Remus bastante divertido, escondiendo la sonrisa detrás de una copa de jugo de uva. Y el tío lo disfrutaba. Disfrutaba sacando la pluma, disfrutaba cogiendo el papel y disfrutaba escribiendo su autógrafo con caligrafía horrorosa.

- A Potter. - Lily pronuncia el apellido siempre con rabia. Con cierto rencor por algo que ni las estrellas ni los planetas entienden.

- Es gracioso.

- Es un bufón.

- Pero es majo - Mary podría decirle más cosas pero sabe que en ese tema y al lado de Lily es mejor ir de pies juntillas -. Y es bastante listo, aunque no lo parezca.

- ¡Exacto! Tienes a Remus, que es visiblemente más inteligente pero ninguna chica le hace caso - lo vivía. Pelo rojo moviéndose con furia - y sin embargo tienes al tonto de Potter que el otro día dijo en clase que si era posible hacer que a alguien se le pusieran los mocos duros envuelto en un harén.

Y Mary se rió. Serían los mocos duros. El harén o la forma en la que la nariz de Lily se abría intermitentemente al hablar. Pero lo cierto es que la situación era bastante graciosa.

- ¿Pero por qué te preocupa tanto? - Le preguntó - A mí me cae fatal Raymond y no sé ni cómo se apellida ni cuántas chicas le cortejan y mucho menos sé qué talla de capa tiene.

- A ver, eso es porque un día se la dejó y pensé que era la de Remus y...

- No será que...

- ¡Pues claro que no!

- ¡Te gusta!

- Mary, por favor.

- Lo dices como si fuera algo malo - y se mordió el labio -. Como si fuera algo malo que te gustase James Potter.

- Es que es algo malo. Mírale. Prepotente. Y... ni siquiera es TAN guapo.

Mary sí que cree que James es muy guapo. O sea, ahora mismo está apartándole un mechón rebelde de delante de los ojos y cree que no es justo, de hecho, tener unas facciones tan agradables. Lo que le pasa con James es que la mayoría del tiempo le ve como a un hermano. Como a un hermano pequeño en ocasiones y como a un hermano mayor otras tantas. Sin embargo hace ya un tiempo que se ha dado cuenta de que el color de ojos de su amigo se parece al de la miel y que tiene muchas pequitas justo debajo de los ojos de color marrón clarito que antes no existían. Sí que alguna vez se ha puesto nerviosa cuando él la ha cogido de la cintura pero lo asocia a todo eso de las hormonas y la adolescencia. Tiene que ser eso. Porque en el fondo no deja de ser James.

Claro. Es James y para nada es...

- Joder pero otra vez aquí metiéndoos mano.

- ¿No sabes llamar, Sirius?

- Oye, Mary - sisea el nombre de la chica -, ¿desde cuándo eres tan maleducada? Para ti soy Sirius Black. Puede que Black. Me gustaría que usases Señor Black. Y me sentiría halagado si dijeras Genialísimo Señor Black.

- ¿Y qué te parece si te llamo Bobo Black? Eso te pega más.

- Es su nombre de verdad - interviene James colocándose las gafas -, lo pone en su partida de nacimiento.

- Y en la tuya pone "ojala no hubiera dejado que el señor Potter me sirviese esa última copichuela de anís porque esto ha sido un error".

- Y en la tuya pone que hueles mal.

- Y en la tuya que tienes brazos de pollo.

Y siguen así un buen rato. Mary se queda sentada observando. Lo que decía: que James es muy guapo. Y luego está el otro. Sirius. La chica se pregunta cuál es la verdadera razón de que sean amigos. O puede que ahí esté el quid de la cuestión. Cuando se lleva la mano a la barbilla la mente de Mary MacDonald viaja por unos sitios que ni siquiera sabía que existían.

Sirius acaba de coger a James del pantalón, justo donde se encuentra su ombligo y obliga a su mejor a mirarle a los ojos "eres un tonto, Potter, ¿me escuchas? Un tonto". Y James parece que no quiere escucharle, gira el cuello noventa grados con exasperación "oye vale ya, que te apesta el aliento". Y entonces el puño de Sirius se levanta y antes de que pueda impactar Mary decide abrir la boca.

- ¿Sabéis que hacéis una pareja muy sexy?

Y la reacción la deja perpleja.

Sirius suelta inmediatamente a James y mete las manos en los bolsillos "pero de qué vas, MacDonald". Sus ojos claros viajan del rostro de la chica al de su mejor amigo y luego al suelo.

James por el contrario se queda muy callado y sacude la cabeza al tiempo que se agacha para atarse las botas del uniforme.

- Simplemente pienso que sois buena pareja.

- ¡Él es mi hermano! ¿LO ENTIENDES? - Sirius se altera. De hecho Mary nunca lo ha visto tan nervioso en su vida - ¡SANGRE!

- Lo entiendo, lo entiendo - ríe ella -. Pero la otra parte todavía no se ha pronunciado.

- Él piensa lo mismo, coño.

- Déjale hablar... ¿James?

El chico se cruza de brazos. Se vuelve a quitar las gafas para frotarse el ojo izquierdo y luego simplemente las sostiene con la mano. Abre la boca para contestar y luego la cierra arrepentido. Dos intentos más y finalmente se decide.

- Si tuviera que enamorarme de un tío. O sea, si fuera... Es decir, estoy completamente seguro de que si me enamorase de algún chico... Me enamoraría de Sirius - y se vuelve hacia el apelado -. Yo saldría contigo, tío.

- Pero Jimmy por Merlín qué te has fumado.

- Eso es muy bonito - Mary casi susurra -. Muy bonito.

- Oye, ya vale de mariconerías, me cago en Circe - Sirius empuja a James con el codo -. Tú, mujer, largo que me tengo que cambiar y a diferencia de James yo sí que tengo cosas que te podrían asustar.

Mary ni contesta. Mira a los dos amigos y una vez más se pregunta por qué el universo ha decidido que le tienen que gustar los chicos. Su vida sería mucho más tranquila si lo único digno de su interés fuera el quidditch. Pero no. Ha leído muchas veces en los libros que tiene su madre en casa que el amor es irracional e impredecible. Mary tampoco sabe a ciencia cierta si lo que siente es amor; espera que no lo sea. James siempre dice que está enamorado hasta las trancas de Lily y eso ella lo respeta con todo su corazón, pero muy en el fondo hay una vocecita que le dice que el chico no tiene las ideas muy claras. Es imposible estar enamorado a los trece años, ¿no? Ni con catorce. De hecho la gente enamorada es esa que ya está casada y con hijos. Sus padres están enamorados. Incluso hay padres casados que no están enamorados, como los de su amiga muggle Julia. ¿Cómo es posible que James tenga tal facilidad para decir en voz alta que su corazón le pertenece a Lily? Sí. Él dice que es porque ella es lo primero en lo que piensa cuando se levanta y lo último antes de irse a dormir, pero Mary no se lo acaba de creer del todo. Duda mucho que en una cabeza tan desordenada como la de James, Lily sea un elemento tan importante. O igual sí y ella es estúpida.

Piensa en Sirius Black. A Sirius le gustan las chicas. A Sirius le gustan todas las chicas, por lo que se ve. Pero no está enamorado de ellas. De ninguna. ¿A cuántas habrá besado? Seguro que a muchas más de las que parece. O tal vez menos.

A Mary le gustaría saber lo que se siente cuando besas a un chico. A veces cuando está con James le mira y él se ríe o le pone la mano en la cabeza y está tan cerca que a ella le surgen preguntas. No es que James le guste de esa forma, por supuesto que no. Pero tiene los labios bonitos y huele bien y está segura de que sería una buena manera de descubrir qué son los chicos y por qué vuelven locas a muchas mujeres. El problema es que hay una persona en especial con la que le gustaría descubrir todo eso. Y las probabilidades de que acabe besándole son las mismas que las de sacar un diez en Encantamientos. Lily ya ha besado a un chico. Lily besó a Remus. A Mary no se le habría ocurrido jamás besar a Remus Lupin. No por ser Remus Lupin sino más bien porque... ¿Por qué iba a besar a Remus Lupin? Habría considerado antes la posibilidad de lanzarse a Mr. Sexy que a Remus. Remus es mono. Es lo que en general se conocería como un chico cuco. Pero no deja de ser Remus y sus libros y Remus y sus cosas y Remus y esa forma en la que mueve las manos cuando quiere explicar algo y no encuentra las palabras.

Mary MacDonald piensa en los chicos más de lo que parece.

Y Mary piensa en un chico en concreto más que en el resto de chicos del castillo.

Pero ese chico no parece querer dedicarle a ella ni un segundo de su ajetreada existencia.

- MacDonald, que te pires. - Repite Sirius con enfado.

- ¿Te molesto? - Responde enfadada.

- Es evidente.

- Que te den, Sirius. Que te den. - Mary odia Sirius Black.

Coge con una mano su bolsa y con la otra le hace una caricia a James en el hombro. Después cierra la puerta con toda la fuerza que tiene y el dormitorio de los Gryffindor se queda en silencio absoluto.

- Algunas veces te pasas de desagradable, colega.

- San Potter.

- No joder, Sirius... - James se ajusta las muñequeras - ¿Qué es lo que te ha hecho Mary exactamente?

- Pues... - Bufa. Se quita los pantalones - ¿Qué es lo que no ha hecho? ¡Intenta robarte!

- ¡Pero qué dices!

- Lo que oyes, Potter. Esa chica no es trigo limpio. ¿Has visto cómo te mira? Intenta robarte. Luego robará a Remus. Y a Peter. Y quiere que me quede solo y amargado.

- Exacto, eso es lo que busca. Me lo dijo el otro día en la biblioteca.

- Mentiroso.

- ¿Mentiroso por qué?

- Porque tú nunca estás en la biblioteca, mendrugo.

James le ignora y espera mientras el otro se viste apoyado en la pared. No se puede creer que Sirius sea tan borrego a veces. Y mira que es tener problemas graves que James Potter te diga que eres un borrego. Pero es que Sirius a veces le saca de quicio. Él y su actitud de desprecio a todas las personas que le importan. Por otro lado se alegra de ser la excepción a la regla. Se alegra de ser especial para Sirius Black.

- Sé que no tendría que estar abriendo la boca por esto pero... - empieza.

- Pues si ya sabes que no tendrías que decir nada para qué lo dices.

- Porque por una puñetera vez en tu vida tendrías que hacerme caso, Sirius.

- ¿Yo a ti?

- Sí.

- ¿Desde cuándo eres Don Consejos?

- Podrías dejar de ser tan desagradable. Por extraño que te parezca el resto de personas del universo que no somos nosotros no entienden que un "que te den" salido de tu boca es un "te quiero".

- Eso no es verdad.

- ¿El qué?

- Que cuando digo "que te den" es "que te den".

- Deja de hacerte el chulo delante de mí.

- Oye mira Jimmy, sé perfectamente lo que estoy haciendo, ¿vale?

- Yo creo que no.

- ¡Pero por qué te importa tanto!

- ¡Porque tú me importas, tío! ¿Tienes idea de lo imbécil que pareces?

- Y me lo dice el que babea por Evans, por favor James.

"Por favor, James", suena extremadamente serio para ser una conversación entre los dos.

- Yo soy amable con Lily.

- E igual ese es el problema - insiste -, ¿por qué no pruebas a ignorarla un poco?

- No estamos hablando de mí, estamos hablando de ti así que no desvíes el tema.

- Mira, colega, si tuviera mal de amores iría a hablar con Remus, no contigo.

Eso le duele. Bastante.

- Está bien - se gira para salir de la habitación -. Vete a hablar con Remus porque evidentemente él la conoce igual que yo.

- ¿A quién conoce?

- Que te den, Sirius.

- Yo también te quiero, Potter.

Ese día el partido acaba demasiado rápido. Ravenclaw y Gryffindor se pelean por las quaffle durante lo que parecen cinco minutos y después James Potter empieza a berrear que tiene la snitch.

Remus Lupin lo celebra medio en silencio medio divertido junto a Peter y luego bajan los dos a esperar a sus compañeros.

Cuando James aparece está exultante, pelo más despeinado que nunca, sin gafas y jersey rojo sobre los vaqueros. A Remus le recuerda a una de esas estrellas a la salida de los conciertos, cuando un montón de personas se les acercan para hacerles fotos. En este caso no hay fotos pero sí un grupito de chicas que le dan la enhorabuena e intentan de paso arrimarse. James lo disfruta hasta que ve a Remus y Peter esperando y se acerca a ellos sin dudarlo.

- Sirius sigue frotándose ahí abajo así que será mejor que volvamos al castillo.

- ¡Yo le espero! - Exclama Peter sonriente.

- Tú verás...

Así pues Remus y James echan a andar hacia el castillo. Remus se presta para cogerle la escoba mientras el otro sujeta el uniforme sudado. Se da cuenta también de que el grupito de admiradoras les sigue de cerca. Más de lo que es normal. Y se ríen.

- Oye, ¿no te molesta?

- ¿Ellas? - No se corta un pelo en echar la vista atrás y provocar murmullos - Tampoco demasiado.

- Por cierto... - Remus sujeta con más fuerza la escoba - Yo no entiendo de quidditch, pero has estado increíble ahí arriba, James.

- ¡Tú sí que molas!

Y es por esos pequeños gestos que Remus le aprecia. Las chicas se quedan atrás cuando les dan esquinazo en el tercer piso aprovechando uno de los pasadizos secretos que lo único que permite es una vía rápida hasta el cuarto piso. Hay gran cantidad de pasos de ese tipo y Remus cree que deberían apuntarlos porque cualquier día se equivocarán y acabarán en los bajos fondos de alguna mazmorra o en el despacho de Dumbledore o incluso en el de McGonagall y eso sí que sería algo horrible. Cuando llegan a la Sala Común de Gryffindor solamente hay una persona allí.

Cloud bebe un zumo tranquilamente delante de la chimenea y juguetea con los mechones de pelo rubio que le caen sobre la nariz. James coge su escoba de las manos de Remus y señala las escaleras con la cabeza "te espero arriba".

Asiente en la conversación en silencio y se despide.

Se acerca a Cloud y saluda con la mano.

- Ey, Lupin.

- ¿No has ido a ver el partido?

- ¿Para qué? - No sonríe. Es una de las cosas buenas de Cloud; que sonríe cuando de verdad tiene que hacerlo.

- James ha estado espectacular.

- ¿Y Black?

Remus es sincero. Sirius de por sí ya es espectacular. Magnífico encima de una escoba que se le va quedando pequeña y saludando a cada fémina que hay en las gradas, pero en este partido en concreto su presencia no se ha notado demasiado. Al menos en lo que al deporte respecta. Así que se encoge de hombros y contesta.

- Bien, como siempre.

- Tiene que ser una gran suerte eso de tener de amigos a dos de los tipos más populares de por aquí - parece que ni le ha interesado la respuesta anterior. Se acerca un poco más hacia Remus -, ¿quieres?

- No... Gracias.

- Yo no voy a ver el quidditch porque es aburrido. Pensaba que a ti tampoco te gustaba.

- Pero a mis amigos sí y sé que les hace ilusión que les vea.

- Eres demasiada buena persona, Remus Lupin - suspira -. Yo soy demasiada mala persona, la verdad. Pero es como que va inherente al alma. No puedo evitarlo. Nací así y así me moriré.

- No creo que seas mala persona...

- Eso es que no me conoces muy bien.

Cloud tiene los ojos grandes, pero siempre entrecerrados, como si sospechase de algo o de alguien las veinticuatro horas del día. Remus nunca le ha visto relajado. Espalda siempre tensa y manos crispadas. Siempre hay alguna cosa que le enfada ya sea que la sopa está muy caliente o que alguien se ha dedicado a cambiar de sitio los sillones de la Sala Común. La cosa es encontrar algo sobre lo que montar una revolución. Pero no, lo cierto es que no le conoce realmente. No sabe qué es lo que busca. No sabe siquiera cuál es su color favorito. Probablemente el negro. Ni siquiera sabe si tiene hermanos o hermanas o si le gusta dar la vuelta a la almohada en verano para dormir por el lado fresquito. Aunque en realidad a todo el mundo le gusta eso, o eso cree.

- Tal vez podría...

Pero no llega a terminar la frase porque el cuadro de entrada se abre con fuerza y una voz muy conocida inunda la habitación.

- Pim, pam, pum, Pettigrew. Esos Ravenclaw se han hecho cacas encima.

- ¡Pim, pam, pum!

- ¡REMUS! - Ya está... - ¡EH! ¿QUÉ HACES?

Vivir, Sirius Black. ¿Tampoco puedo hacer eso?

- Pensaba que había entrado un huracán pero veo que solamente eres tú, Black - Cloud no pierde la ocasión de buscar la riña -, ¿qué tal el partido?

- Como si a los de tu clase les importase.

- ¿Los de mi clase? - Cloud se ríe - ¿Ahora pertenezco a un grupo concreto?

- Sí, al de los gilipollas.

- Sirius, en serio... - Remus ni se toma la molestia en acabar de protestar. Sirius le pone de los nervios. Él y su sentido de la territorialidad. Meando encima de cada uno de ellos. Queriendo que todo sea tuyo. Bueno, pues malas noticias, Black, Remus Lupin no es de nadie.

- Bueno, pues este gilipollas estaba siendo educado, pero ahora que me has tocado las narices lo único que te puedo decir es que mejor nos dejes a solas. Molestas.

- Sirius nunca molesta - entra Peter a la acción.

- A mis oídos no ha llegado lo mismo...

Sirius le tira a Peter la escoba a la cara en un gesto malhumorado y se acerca a los dos chicos. Remus cree que se los va a comer, fauces abiertas y ceño fruncido, pero en su lugar, levanta un dedo acusador hacia el pecho de Cloud.

- Me provocas, Landon. Y quien juega con fuego acaba por quemarse.

- Te equivocas, Black - las narices de los dos están tan juntas que a Remus le gustaría intervenir, "pero para qué", se dice a sí mismo. Hay a gente a la que le gusta el follón constante y por suerte o desgracia para él esos dos están hechos del mismo material -. No me podría importar menos lo que hagas con tu vida. Pero por otro lado yo parezco importarte demasiado.

- Me importas lo mismo que un chicle pegado a la suela de la zapatilla.

- ¿Entonces por qué no nos dejas en paz? - Y Cloud pone una mano en el hombro de Remus, que da un saltito de sorpresa - ¿Mmmm?

- Pues claro que os voy a dejar en paz - chasquea la lengua y mira a Remus con los labios formando una línea recta -. Cuando te apetezca volver con nosotros subes al dormitorio.

Remus no contesta y espera a que los dos hayan subido las escaleras. Se puede imaginar lo que va a pasar ahí arriba. Sirius gritando algo así como "traición", James intentando calmarle con su aire apaciguador y Peter sin saber muy bien de qué lado ponerse. A Remus no le parece que tener de amigo a Cloud sea algo malo. Es un Gryffindor como ellos y que él sepa su historial está más limpio que el de cualquiera de sus mejores amigos. ¿Qué es lo que le cabrea tanto a Sirius, entonces?

Se da cuenta de que la mano de Cloud sigue en su hombro cuando vuelve a la realidad. Se aparta un poco y mira el fuego con desaliento.

- Remus, - dice su nombre suavemente, con los ojos fijos primero en las llamas y luego en el rostro del otro Gryffindor - ¿por qué te preocupa tanto lo que piense Black?

- No me preocupa - no miente -. Me da igual lo que piense Sirius, en realidad.

- ¿Entonces?

- No quiero que James piense que les quiero dar de lado, sólo eso.

- ¿No va Potter siempre con MacDonald por ahí?

- Sí...

- ¿Entonces? - Repite la pregunta ahora con más seriedad.

- Pero no es James quien me dice que no me acerque a ti.

- Pues lo que decía - suspira -, que te preocupa lo que piense Black.

- Te prometo que no.

Cloud asiente con la cabeza y se aparta el pelo rubio de la cara. Remus puede entender por qué Cloud le cae mal a mucha gente. También puede entender por qué le cae bien a mucha otra. No viste el uniforme; camisa de color granate oscuro remangada hasta los codos. No puede evitar pensar que Sirius también suele hacer eso. Igual tiene algo que ver con la gente que tiene mal humor permanente.

- Oye, Lupin.

- ¿Qué?

- ¿Haces algo este fin de semana en Hogsmeade?

James ha tirado toda su ropa a la cama y no podría estar más cómodo en calzoncillos. Es lo bueno de compartir cuarto con tres tíos más y lo bueno de no tener a la señora Potter encima diciéndole que ese no es el aspecto que un muchachito de bien tiene que tener. Se coloca el paquete un poco y luego se rasca la cabeza mirando la pared. Mueve la varita y un trozo de pergamino gigantesco se pega al muro como si alguien lo hubiera cubierto de pegamento.

Aunque pueda parecer absurdo, James Potter no cree en la clarividencia, ni tampoco en la legeremancia ni en muchas de esas absurdeces como los posos de té que te dicen quién es el amor de tu vida o las estrellas que forman la palabra "futuro" en el cielo. Cree en la magia que es capaz de hacer, en volar, en las transformaciones, en crear una explosión con un gesto de muñeca. Pero por otro lado sí que cree un poco en eso de los sextos sentidos. No es que James Potter pueda leerle la mente a nadie pero hace un rato ha sentido el cerebro de Remus burbujear. Justo al cruzar el pasadizo. Y eso le ha hecho recordar cosas. Cosas que normalmente están en ese área de su cerebro a la que no le hace demasiado caso.

Ahora mismo mueve la pluma, untada en tinta imborrable, sobre el pergamino gigantesco y dibuja con cuidado lo que en su cabeza tiene sentido que sea el dormitorio en el que se encuentra en ese preciso instante. A James le gusta dibujar, pero le gusta hacerlo con cuidado, con detalles, sin prisa pero sin pausa. Se cuida de que lo que está destinado a ser un plano quede lo más fiel a la realidad posible. Por eso, por su lentitud y dedicación, tan sólo ha terminado el dormitorio de los Gryffindor cuando la puerta del mismo se abre con fuerza.

- ... de puta. ¿Sabes? Joder, me hierve la sangre.

- ¿A quién estás odiando ahora, Sirius?

No le contesta; en su lugar le fulmina con la mirada y tira todo lo que lleva en los brazos. Sin embargo Peter sí que abre la boca con los ojos desorbitados.

- ¡¿Qué estás haciendo?!

- Pues...

- ¿POR QUÉ HAS QUITADO MI PÓSTER DE LOS ROLLING?

- No lo he quitado lo he dejad...

- ¿PERO TE HAS VUELTO LOCO? ¿POR QUÉ EMPAPELAS NUESTRO DORMITORIO?

- A ver, Siri...

- ¡POTTER! MÁS VALE QUE TENGAS UNA EXPLICACIÓN MUY BUENA PARA HABER DESTRUIDO MI SANTUARIO O DESCUBRIREMOS SI ESAS OREJAS QUE TIENES PLANEAN CUANDO TE TIRE DE ESTA PUÑETERA TORRE.

- En primer lugar el de las orejas grandes eres tú - los ojos de James brillan peligrosos -. Vengo de una familia con buenas facciones y los genes se han portado muy bien conmigo. O eso se dice en los pasillos e incluso en algún despacho. En segundo lugar, este no es tu puñetero santuario, es NUESTRA habitación y por lo tanto tengo derecho a hacer lo que me salga de la punta del nabo.

- Uy que me lo cargo.

- ¿Por lo de que eres el feo de la relación o por lo de mi nabo?

Sirius se cruje los nudillos y murmura algo como "voy a recoger la cosecha..." y antes de que James pueda reaccionar, su amigo se le ha lanzado como una auténtica bestia. Peter cierra un ojo cuando la cabeza de James impacta con la pared, y cierra otro cuando la rodilla de James golpea el estómago de Sirius haciendo que se doble en dos.

Peter no se atreve a intervenir así que decide con cuidado mirar lo que ha estado haciendo James todo ese rato. A su espalda escucha a los dos amigos golpearse en la entrepierna "joder, Potter, que me vas a dejar sin descendencia" y "como si alguien quisiera reproducirse contigo". A Peter ni le va ni viene quién quiera o deje de querer reproducirse con Sirius así que coloca el dedo regordete sobre las líneas que hay en el pergamino. Son finas y cuidadas y por alguna razón en una cosa tan sencilla como esa, en unos trazos simples y muggles, siente en el interior algo grande: algo mágico.

- James, ¿es un mapa?

- Pues... - Jadea desde la cama con Sirius a horcajadas sobre él - Joder, que me clavas... Sí, esa... Era la intención. ¡Dios, quítate de encima!

- Vive el sueño, Potter.

Sirius probablemente se habría levantado, de hecho estaba a puntito de hacerlo, pero la puerta se abre y Remus entra con cuidado. Se queda de pie ahí, observando la escena y Sirius piensa que tiene las cejas muy quietas. Sin expresión. Así que decide seguir encima de James. Es consciente de que su mejor amigo va solamente con un par de calzoncillos y que si su madre viese la escena le molería a palos. Pero qué más da. Se refrota un poco antes de gruñir.

- ¿Y para qué estás haciendo un mapa, eh?

- Porque... - Le cuesta hablar pero se ha dado por vencido - Siempre estamos recorriendo el castillo de memoria y hace dos semanas me quedé encerrado en una mazmorra sin querer.

- ¿Y cómo saliste? - Pregunta Peter con interés. Ahora sí se vuelve hacia ellos.

- Porque no soy un imbécil y sé usar hechizos que abren puertas.

- Oh.

- A mí me parece una buena idea, James - sonríe Remus -. ¿Pero piensas dibujar el castillo entero?

- Esa es la idea...

- Pues es una idea horrorosa - bufa Sirius -, ¿quién te crees, Pintoretti?

- ¿Quién coño es Pintoretti?

- Mal vas para dibujar un mapa entero del castillo si no sabes quién es Pintoretti.

Hay veces en las que ignorar a Sirius Black es la mejor de las opciones. Y esta es una de esas veces. Remus se sienta en su cama pero no aparta los ojos medio entrecerrados de la escenita que Sirius sigue manteniendo. James ha optado por poner los brazos detrás de la cabeza y acostumbrarse. Es bueno adaptándose.

- Pero el castillo es gigantesco - acierta a decir Peter -, ¿cómo vamos a dibujarlo entero?

- Podemos repartirnos los pisos. O las zonas - sugiere Remus -. Tampoco tenemos que terminarlo para mañana. Tenemos todo el tiempo del mundo, ¿no?

- Vaya, vaya... - Sirius le mira medio divertido - ¿Y de dónde vas a sacar el tiempo para andar garabateando mapitas si también tienes que estudiar y estar con otros?

Todos entienden que por "otros" se refiere a Cloud. A Remus no parece importarle y se encoge de hombros.

- Me haré un horario. Puedo dedicarle varias horas al día a esto.

- ¿Entonces os lo estáis tomando en serio de verdad? - Abre James los ojos. Sorprendido. Vale que le parece la idea más guay del universo, pero también una tarea de lo más complicada. Es un mapa de uno de los lugares más encantados de Gran Bretaña. No es como dibujar el plano de su habitación. Son palabras mayores.

- Yo creo que sería una buena idea - asiente Peter -. Además, ¡seguro que nos hacíamos famosos por hacer un mapa del castillo! Nadie ha hecho uno antes.

- Famosos... - bufa Sirius - ¿Quién se hace famoso por un puñetero mapa? No es como si alguien lo necesitase, ¿sabéis? Le preguntas a los cuadros y santas pascuas.

- Pero los cuadros no saben todo lo que nosotros sabemos - James le da un golpecito en el pecho -. ¿Qué pasa si alguien quiere ir a la Casa de los Gritos? ¿O a Hogsmeade? De repente tengo la sensación de que tengo que transmitir mis conocimientos a la siguiente generación. Como un dios.

- Bueno, tampoco es para tanto - ríe Remus -. Y no te olvides de que la Casa de los Gritos es secreta. No podemos dar esa información.

- Cierto - asiente el chico revolviéndose el pelo -. Bueno, de momento vamos a dedicarnos a dibujar el castillo entero y después ya pensaremos en otras cosas. Como hacer caricaturas de la madre de Sirius en las esquinas.

- Conociéndote terminarás por llenar el puñetero mapa de pollas - por fin el joven Black se levanta de encima de su mejor amigo y se estira -, y las generaciones venideras pensarán que eres un inútil. Lo que no se aleja mucho de la realidad.

James le da un puñetazo en el hombro antes de levantarse para colocarse al lado de Remus y mirarle seriamente a los ojos.

- ¿Quebrantaremos muchas normas, Rem?

- Unas cuantas - el chico se moja los labios con la lengua -. No sabría decirte cuántas pero supongo que muchas. Las suficientes para que nos castiguen lo que queda de curso. Y parte del siguiente.

- ¿Tantas como para que nos echen?

- No tantas.

- ¡Votos a favor! - Exclama levantando la mano - ¡¿Quién vota por hacer el Mapa de Los Merodeadores?!

- ¿Mapa de Los Merodeadores? - Sirius pone los ojos en blanco - ¿Pero todavía sigues con esa mierda?

A Sirius le molesta toda esa patraña de los nombrecitos. Ha visto a Peter escribir el nombre en sus pergaminos como quien escribe el de los Chudley. Ha visto a Remus y James hablar a veces de lo "chulo" que suena y de "cómo va a flipar la gente cuando nos conozcan así". Pues a Sirius no le gusta. No le gusta un pelo. Los tontos de Los Merodeadores.

Los Merodeadores bobos.

Los Merodeadores gilipollas.

Los Merodeamierdas.

Se ríe ante la ocurrencia.

- Es un nombre muy guay - murmura Peter -. Y parecemos más importantes de lo que somos.

- Habla por ti, Pettigrew - Sirius se lanza a su cama con fuerza -, yo soy más importante que el mismísimo Albus Dumbledore.

- ¿En qué te basas, Black? - Remus juega sin darse cuenta con un mechón de pelo de James. Al otro no parece importarle. Sirius presta atención.

- En cada esquina del castillo se escucha mi nombre, Lupin.

- ¿Lo dices porque últimamente hay un olor muy fuerte a cañerías?

- Eso sólo se huele cuando pasas tú.

- Uhm, pues juraría que era tu esencia. Eau de Sirius.

- ¿Ahora sabes francés, lobito?

- Algo.

- Bueno, bueno - James levanta las manos apaciguador -. Todavía tenemos que discutir lo importante.

- ¿Qué? - Preguntan los otros tres al mismo tiempo.

James se toma su tiempo. Se recoloca las gafas en la punta de la nariz. Sonríe por lo bajo y cuando les mira, los ojos marrones brillan de forma perversa. Esa malicia que suele cubrir con la enorme y amable sonrisa.

- ¿Quién va a hacer el plano de los baños de las chicas?