Lily Evans también sabe planear cosas

El último fin de semana del curso en Hogsmeade es para los jóvenes del castillo uno de los eventos más importantes del año. No más excursiones, no más cervezas de mantequilla, no más cotilleos susurrados a través del cuello de la camisa y no más compras absurdas. Para Los Merodeadores es también una fecha esperada y especial. Claro que para unos más que para otros.

Remus y James están de pie delante del espejo del cuarto de baño de los Gryffindor. A su espalda varios chicos se duchan y hablan en voz alta sobre los exámenes, quidditch y chicas. James se lava los dientes y Remus se pasa un peine por el cabello rubio que se le enreda debajo de las orejas. Mientras lo hace se da cuenta de que James lleva un buen rato sin mover la mano y que sus ojos están fijos en la pared blanca.

- ¿Ocurre algo? - Le da un golpecito en el hombro.

- Repíteme otra vez eso de que vamos a ir a Hogsmeade con Lily.

Y Remus vuelve a explicárselo. Es casi la cuarentava vez que lo hace. "Que Mary le dijo que había quedado con vosotros. Yo le dije que si quería venir. Dijo que no le importaría. Y ya".

- ¿Y no dijo nada de mí? - Escupe en el lavabo - ¿Nada de nada?

- No lo sé, James. Puede que no estuviera escuchando.

- Sabes, si fueras Sirius me dirías algo como "por supuesto que no dijo nada sobre ti, inútil".

- Bueno, pero no soy Sirius.

- Y yo tampoco soy Sirius así que... - Se deja caer sobre Remus y le abraza a la altura del pecho por detrás.

En el reflejo del espejo, Remus puede ver cómo los ojos del color de la miel de su amigo brillan con maldad. No tiene escapatoria.

- ... ¿Por qué Cloud y tú sois tan amiguetes?

- ¡Oh, vamos!

- ¿Qué? - Apoya la barbilla en su hombro - No soy Sirius. No me voy a mear encima de ti. Puedes tener más amigos.

- ¿Pero por qué todo el castillo está interesado en Cloud y en mí?

- A ver, no te pases... Sólo nos interesa a cuatro gatos, pero sí. Continúa.

- ¿Sabes cuando Sirius y tú habláis de quidditch durante horas?

- Uhmmm... ¿Sí?

- Pues Cloud no hace eso.

- No - James pone los ojos en blanco -, pero siempre está quejándose de todo. Un día le escuché quejarse del pastel de higos. ¡Del pastel de higos!

- Es que es excesivamente dulce.

- ¡Cómo yo!

Le da un fugaz beso en la mejilla y Remus se sonroja hasta la nariz. Pero eso James ya no lo ve, porque agacha la cabeza y sacude el pelo, arreglándose el flequillo que le cubre toda la frente.

A veces Remus cree que James no se da cuenta de las cosas que hace. No se da cuenta del efecto que tiene sobre las personas. Remus nunca se ha quejado del contacto físico. Principalmente porque nunca jamás nadie aparte de su madre le ha abrazado, besado o tratado con la intimidad que lo hace su mejor amigo. Y lo agradece. Y se echaría a llorar ahora mismo si no fuera, bueno, si no fuera extremadamente raro. Porque para James un gesto como el que acaba de hacer es una minucia y para Remus lo es todo.

Es cierto que la primera vez que James le cogió de la cintura casualmente en mitad del pasillo mientras Sirius les hablaba de que por alguna extraña razón le salían bolisas entre los pies, a Remus le recorrió por toda la columna una sensación que no había experimentado en la vida. El calor se le subió a las mejillas y después se encontró sorprendentemente cómodo. Y desde ahí a nadie le extraña que James le acaricie distraídamente el pelo, que se caiga dormido sobre él o que incluso alguna vez le bese. A Remus no se le pasa por alto que solamente lo hace con él.

Con Sirius es diferente. Sirius y James se meten mano. Se manosean. Sirius le da una palmada en el culo a James y el otro le lanza un beso en el aire como si fuera una señorita despidiéndose de su amado desde un barco hacia las Américas. A veces las manos de Sirius se meten por debajo de la ropa de James y éste protesta y acaban en un revoltijo de pies y manos confiadas.

Sirius a Remus no lo toca.

Le saluda con la cabeza. A veces le golpea el hombro con el puño cerrado. Eso es todo.

Por eso Remus aprecia lo que hace James por él. Por eso mentiría si dijera que más de una vez no ha buscado casualmente el calor del cuerpo de su amigo. Y probablemente se avergonzaría si tuviera que admitirlo delante de cualquiera. Pero qué se le va a hacer. Para un niño como él que nunca ha tenido un mejor amigo, ni siquiera un amigo de verdad, tener a James es como si le hubiera tocado la lotería. Le quiere. No lo dice en voz alta pero le quiere. Y es por eso que a veces Remus mira a Lily y no entiende cómo ella no puede querer a James. De hecho, muchas veces se sienta en el alféizar de la ventana y piensa cómo el mundo entero no quiere a James.

Después recuerda que James Potter con Remus Lupin es un James Potter diferente al que el resto del colegio ve. Es menos fácil de soportar.

- ¿Me estás escuchando, Rem?

- Uh... - Vuelve a la realidad. James le mira con las cejas arqueadas.

- ¡Siempre igual! ¡Nunca te interesa lo que te cuento! - Se hace la víctima. A Remus le entra la risa un poco y tontea dándole un golpe en el pecho a su amigo.

- No seas dramático. Siempre te escucho.

- Hasta cuando te conté aquel sueño que tuve con Dumbledore.

- ¿Cuál? - Se acuerda. Claro que se acuerda.

- Jolín, pues ese en el que me invitaba a comer habas y entonces se convertía en esa tía mía que vive en... - James observa cómo Remus se empieza a reír a carcajadas gradualmente - ¡Claro que te acuerdas!

- ¡Por supuesto! Pero era más divertido escucharte contarlo otra vez.

- Eres perverso, Remus Lupin - lo dice como un cumplido.

Lily se arrepiente de haberse vestido con vaqueros y una camisa fina de manga larga. No es que no le guste su apariencia; de hecho encuentra bastante bonito el estampado de flores que lleva ahora mismo. Pero es que por algún motivo a Mary se le ha ocurrido que hoy es el día para deslumbrar más que el Sol. Está guapísima. Y es lo primero que le dice nada más verla. Se ha recogido el pelo negro en una coleta pequeñita en lo alto de la cabeza y decorado el peinado con varias horquillas. Una de ellas es una snitch dorada y la otra una lechuza de color pardo.

Además lleva un vestido. No el típico vestido que se compraría Lily. Liso, de color azul claro y con mallas cortas negras por encima de la rodilla. Ninguna otra chica en Gryffindor se vestiría así.

Las dos chicas esperan en el patio exterior del castillo, de pie y disfrutando del calor del sol. Han pasado un invierno bastante gélido que se ha alargado, pero la primavera ha entrado con más fuerza que nunca.

- Podríamos comprar sorbetes de fresa - sonríe Mary -, y luego podríamos tomárnoslos en algún sitio desde el que se vea el castillo.

- Acuérdate que están ellos - ellos.

- Me acuerdo... ¿Crees que...? - Se queda en silencio y juguetea con el doble de la falda del vestido - Bueno, da igual.

- ¿Qué? - Si Mary cree que lo va a dejar pasar entonces va buena. Sabe por dónde van los tiros. O eso cree.

- No, de verdad que no es nada.

- ¡Ah bueno! - Levanta la mano un segundo después en el aire - ¡Remus! ¡BLACK!

- ...¡¿Qué?! - Mary vuelve a recolocarse el vestido y se gira nerviosa - ¿Dónde está...? ¡LILY EVANS!

Evidentemente no hay ni rastro de Remus ni de Sirius. Lily se pregunta cómo de nerviosa tiene que estar Mary para no haberse dado cuenta de que ella jamás saludaría con tantísimo entusiasmo a Sirius Black. Es más: no lo saludaría. Ni con entusiasmo ni sin él. Se empieza a reír y Mary agacha la cabeza con las mejillas sonrojadas.

- ¿Me lo vas a contar ahora o no?

- Ughhhh - Mary se acerca a ella y con cuidado la coge de las manos - Pero me tienes que prometer que no se lo dirás a nadie.

- Palabra de Gryffindor.

- Espero que eso sea suficiente, porque sé de algunos de esta casa que cambiarían un secreto por un trozo de empanada de calabaza.

- A mí no me gusta demasiado la empanada de calabaza, así que te prometo no decir nada.

- Está bien...

Lily jamás ha visto a Mary tan poco segura de lo que va a salir de su boca. Normalmente es espontánea, charlatana, cercana e incapaz de ahorrarse el comentario innecesario. Es lo que la hace tan fácil de tratar. Pero ahora mueve las manos con nerviosismo, no deja de balancearse de un lado a otro y empieza la frase tres o cuatro veces antes de decidirse.

- Pues la verdad es que... Esto... Es muy posible que... Lily. Creo que - baja la voz a un murmullo -, creo que me gusta Sirius Black.

En ese momento Lily no lo sabe, pero esa no será la última vez que escuche de la boca de alguien esa frase tal cual: "creo que me gusta Sirius Black". Y no será una vez más, ni dos, alguna que otra más. Y todas y cada una de las veces no lo entendería en absoluto. Pero como es Lily Evans no le queda otra que ser comprensiva. O intentarlo.

- No voy a mentirte diciéndote que no lo sabía - se ríe.

- ¿Qué? - Mary frunce el ceño - ¿Se nota?

- Mary, por favor. Sólo hay que tener ojos.

- Entonces que alguien le regale un nuevo par a él.

- No es por nada Mary, pero es que justo has ido a buscar al chico menos sensible y empático de todo el castillo. Hasta Potter se ha dado cuenta.

- ¿James? - Abre los ojos horrorizada - No, qué va. Él no sabe nada...

- He visto cómo os mira a los dos y tendrá tantas ganas de que se lo cuentes como las tenía yo.

- ¿Y crees que James le habrá dicho algo a Sirius? - Murmura preocupada.

Lily tarda mucho menos de lo que cabría esperar en contestar.

- No.

Se quedan en silencio un buen rato. Los pajarillos cantan sobre sus cabezas. Alguien los ha encantado para que entonen una melodía de The Who. Algún alumno de séptimo probablemente.

Así que es verdad que a Mary le gusta Sirius. No es algo que le parezca mal. Vale que de todas las personas del castillo podría haberse fijado en cualquier otra. En ese chico de cuarto que tiene las patillas gruesas y se le dan bien los Encantamientos, por ejemplo. Pero no, tenía que gustarle Sirius Black. Lily no tiene nada en contra del chico, pero sí contra su... Filosofía de vida.

Por otro lado entiende lo que ha visto Mary en él. A su gusto tiene una cara muy cuadrada pero en la Sala Común normalmente se habla de él. Lily desconecta pero es difícil no escuchar hablar del prominente y masculino mentón de Sirius Black o de sus bonitos ojos grises parecidos a los días de tormenta. Tiene otras cosas en las que pensar.

Aunque ahora mismo no lo tiene demasiado claro. ¿Es normal que a los catorce años no me haya gustado ningún chico? Hace muchos años estaría ya casada y con hijos y ahora mismo lo único en lo que puede pensar es en que puede que haya escrito el verbo "haber" sin hache en la última redacción para Mr. Sexy. Tal vez tenga que forzarse un poco a sí misma y tratar de ser adolescente. Su madre siempre le dijo que estaba desperdiciando ser una niña así que a lo mejor no tiene que dejar pasar la nueva etapa que ha llegado.

- Lily - Mary llama su atención de nuevo -, ¿puedo hacerte una pregunta?

- Claro - sale de su ensimismamiento -, si la puedo contestar...

- ¿Crees que yo le gusto a él?

Pues lo cierto es que Lily no tiene ni idea. No conoce de Sirius Black nada aparte del nombre que aparece en su carné de identidad y tampoco está del todo segura. Podría haber contestado o al menos intentarlo, pero entonces distingue el pelo clarito de Remus en la distancia; y cómo no, a su izquierda camina Pettigrew y a su derecha Potter y Black, que bromean sobre algo. Algo cruel, seguramente.

Observa con detenimiento. Remus se ha vestido con una camiseta de rayas blancas y verdes oscuras y sobre ella un cardigan de color tierra que no es apropiado para la primavera. Eso, junto a las botas y la bufanda que le tapa hasta la nariz devuelven a la chica a los días pasados de marzo. Sirius a su lado es todo lo contrario. Camiseta de manga corta, lisa, de color negro y sin ningún estampado. Lily está segura de que se tiene que estar muriendo de frío, o lo hará pronto, pero también está segura de que tiene demasiado orgullo para admitirlo. Desde su sitio, se le escucha quejarse de Remus a distancia "... con esa mierda en el cuello en el puñetero verano" y Remus "Sirius, no es verano".

"CUANDO HACE CALOR ES VERANO".

El último en el que se fija es en James. Y no demasiado. Viste pantalones blancos horribles y claramente el jersey que lleva es de Remus. Seguramente el fondo de su armario valdrá tanto que Lily podría irse de vacaciones con sus padres y su hermana varios meses. Sin embargo ahí está; sonriente, con un jersey sencillo de color azul claro y radiante.

- ¡Creo que lo vamos a descubrir ahora! - Sonríe y coge a Mary del brazo para acercarse a los chicos.

Remus las saluda a las dos con la mano, igual que Peter. James se esfuerza por musitar un débil "hola" en dirección a Lily y Sirius encuentra más interesante un grupito de chicas Hufflepuff que en finos tirantes se ríen sentadas en el otro extremo del patio.

Cretino.

Automáticamente y sin que nadie lo acuerde, Peter, James y Sirius se quedan atrás y Remus, Lily y Mary caminan delante en dirección a Hogsmeade. Todos están de acuerdo en que a veces es mejor pasear; y ahora que el buen tiempo lo permite, por qué no hacerlo.

Lily, Remus y Mary están bastante acostumbrados a sus respectivas presencias, porque todos forman parte del club de lectura. Es una buena ocasión para charlar animadamente sobre los libros que pretenden leer ese verano.

James camina con las manos en los bolsillos del pantalón y Sirius a su lado ha gruñido trece veces contadas desde que salieran de los terrenos de Hogwarts.

- Oye, tío - Sirius estira el cuello hacia abajo para susurrarle al oído a su mejor amigo -, ¿MacDonald lleva un vestido?

- Mis reducidos conocimientos de moda dicen que sí.

- ¿Por qué?

- No sé, Sirius - pone los ojos en blanco -, ¿por qué el cielo es azul? ¿Por qué Peter se come los mocos? - "¡EH!" - ¿Por qué nací tan guapo? Son preguntas sin respuesta.

- Eres tan tonto que no sé por qué te pregunto nada.

- ¿Pero qué quieres que te diga? Lleva vestido porque le apetece. Porque le gusta. Como si quiere ponerse un kilt. Cómo si yo me quiero poner un kilt. ¡Qué más da! Está guapa, además.

- Tsk.

Sirius no cree que esté guapa. Está tal vez... Resultona. Sí. Resultona. MacDonald no puede estar guapa. Es como... No sé, pero no está guapa. No puede estar guapa. Ella no.

Cuando llegan al pueblecito a Peter se le antoja tomar un café con miel y entonces surge la primera discusión del día.

- Pero yo quiero beber un batido - protesta Mary -, creía que íbamos a tomar un batido de fresa.

- Hace mucho calor para beber café - la respalda Lily.

- Nunca hace mucho calor para beber café - sonríe Remus.

- Y nunca está de más que se te quede mal aliento, ¿eh, Lupin? - Sirius le da un codazo a su amigo.

- No se me queda mal aliento.

- ¿Tú estás seguro de eso?

- Yo... ¡Sirius! - Remus se sonroja y esconde la cara en la bufanda - Eso no es verdad.

- Yo no sé si es verdad o no, solamente lo comentaba.

Lily está a punto de contestar. Contestar de malos modos, de hecho. Pero alguien se le adelanta. La mano de James sale disparada a la nuca de Sirius y se escucha un golpe sordo.

- Deja de ser garulo, que tenemos invitadas.

- Yo te mato.

Lily no se lo espera. Le pasa algo similar a cuando te viene un bostezo en mitad de clase y no puedes evitar abrir la boca. La carcajada empieza en la garganta y suena excesivamente alta en mitad de la calle.

James se vuelve hacia ella con rapidez y sus ojos castaños la observan divertidos. Maldición. Maldición. No.

- ¡Bueno! - Se aclara la garganta, pero todavía siente la mirada clavándose en su piel. Divertido - Yo me voy a ir con Mary a tomar un batido de fresa.

- Y también nosotros - asiente James -. Si Peter quiere un café que se lo haga a mano en la habitación.

- Pero sin manchar, por favor - murmura Remus -. Suficiente tenemos con la rata.

- ¿SIEMPRE TIENES QUE SACAR A SUSAN EN LA CONVERSACIÓN? - Peter berrea más alto de lo que Lily está acostumbrada a escucharle. Por las caras y risas de Sirius y James, parece un tema recurrente. La rata de Peter.

- No la sacaría si no apestase.

- ¡CASI LA MATASTE UNA VEZ!

- Y ya te dije que lo sentía, pero eso no quita que sea un animal antihigiénico.

- Los calcetines de Sirius también lo son y nadie se queja - interviene James.

- Y el aliento mañanero de Remus también.

- ¡PERO VALE YA!

Mary y Lily se miran y ponen los ojos en blanco. Una mirada que dice "chicos" y que las lleva a adelantarse hacia una pequeña cafetería situada en una esquina.

La mayoría de los alumnos de Hogwarts nunca se plantean ir a ningún sitio que no sean las Tres Escobas a tomar algo (tal vez ese local horroroso que parece sacado de una tarjeta de San Valentín) y son un poco idiotas de hacerlo, porque hay otros rincones bastante interesantes en el pequeño pueblo escocés.

Uno de esos locales es el que dirige un matrimonio en sus cincuentas. Y cincuenta años para un mago son como quien dice tres días.

Es un local bastante pequeño, que huele a ambientador de pino cuando entras y con mesas de madera con bancos adosados colocadas en las paredes. Y estas paredes parecen una ventana al mundo, porque están llenas de cuadros y fotografías de magos y brujas en diferentes lugares del mundo. Lily reconoce París y también Roma y ¿es eso Egipto?

El ambiente es acogedor y tranquilo hasta que llegan ellos. Lily no culpa del todo a los chicos; en general la gente de su edad habla demasiado alto. Otra cosa es que James Potter tiene la mala costumbre de querer ser EL QUE MÁS en casi todo. Así que su voz todavía aflautada y con gallos de vez en cuando entra como un vendaval y hace que un par de magos adultos se vuelvan sorprendidos.

Ocupan una de las mesas en el siguiente orden:

Peter, Sirius y Mary.

Remus, Lily y James.

De hecho Lily casi se rompe la cadera para conseguir que su amiga esté al lado del inútil de Black. Remus a su lado la mira con sorpresa cuando casi hasta sonríe a James por haber tomado la decisión de sentarse junto a ella.

Lo que una tiene que hacer.

Pero es perfecto.

Es el tipo de situación que dos personas que te gustan tienen que aprovechar para colocar las piernas juntas, para rozarse las manos sin querer. Cualquier pequeño gesto basta.

Solamente se levanta cuando ve a James en la barra peleándose con los seis batidos. Se acerca a él y coge tres de mala manera y el chico agradece con una sonrisa. Lily no se da cuenta de eso, claro que no, pero el pelo de la nuca de James se eriza cuando sus dedos se rozan casualmente.

Está más preocupada de Sirius y de Mary.

Cuando vuelve para sentarse nota la mirada escudriñadora de Remus sobre ella. Sabe que tiene preguntas y que no puede hacérselas porque están delante de todos los demás. Gracias a Merlín sabe que su amigo es bastante discreto, y con suerte ya se huela que es lo que está pasando. Al fin y al cabo Remus es más listo que el resto de chicos que conoce.

O eso espera.

El caso es que el resto de la "velada" no sale exactamente como a ella le hubiera gustado. Para empezar Mary no está muy dispuesta a hablar y las pocas veces que lo hace, se dirige directamente a James o a ella. Parece como si su cuello se hubiera agarrotado y hubiese algún impedimento físico que no la dejase mirar directamente a Sirius Black.

Además, (y a Lily le molesta bastante) Peter ha decidido que dedicarse a hacer burbujas con la pajita es divertido. Lily casi le da un beso a James cuando le pega un berrido para que deje de hacerlo.

Bueno, no le habría dado un beso EVIDENTEMENTE. Algo así como una felicitación.

Por carta.

Y a kilómetros de distancia.

Así que cuando terminan los batidos, la única tensión romántica resuelta que hay es la de Remus con un panecillo dulce que James no se ha querido acabar y que el rubio disfruta con ganas. Lily también lo quería pero no era para nada adecuado que ella, Lily Evans, mordiese del mismo sitio en el que James Potter ha puesto su boca.

- Oye Evans - y entonces Sirius Black la mira fijamente -, ¿tú qué quieres ser cuando te vayas de Hogwarts?

- ¿Yo?

Lily de pequeña quería ser veterinaria. Luego jardinera. Después profesora. Y un poco más tarde escritora. Hoy sabe que ser profesora y escritora son dos cosas compatibles.

No cree que haya algo más bonito que enseñar. Admira a los profesores porque son capaces de transmitir conocimientos y es un proceso similar a la magia.

- No - ironiza -, la otra Evans.

- Uhm, pues me gustaría ser maestra.

- ¿Como McGonagall? - James a su lado la mira con los ojos muy abiertos.

- ¡Uy! - Sirius se ríe y parece que se le va a salir la lengua de la boca - Me parece que acabas de fortalecer las fantasías de Jimmy con ese gremio.

- ¿Qué?

- Nada... - James niega con la cabeza y se despeina la parte de atrás de la cabeza.

- No, en serio, ¿qué estás diciendo, Black?

- Será mejor que paremos aquí porqu- Remus intenta intervenir pero Sirius ya ha empezado y no va a parar.

- Que a Potter le ponen mucho las profesoras, Evans. ¿No has visto con qué ojos melosos mira a McGonagall?

- Uhmmm... - La boca de Lily es una línea recta.

- Por eso tiene tantas tutorías con ella.

- ¡Bueno ya vale o qué! - James le pega a Sirius una patada por debajo de la mesa - Has sobrepasado el límite de ser gilipollas por hoy.

Lily mira a James pero no demasiado y todos están de acuerdo en que ha llegado el momento de pagar y marcharse de allí.

Cuando salen al exterior, Lily se da cuenta de que el plan que lentamente había ido creando en su mente no está funcionando del todo como ella esperaba. Y eso es un problema, porque no está acostumbrada a que las cosas le salgan mal. No ha sido capaz de dirigir la conversación hacia un punto en el que Mary y Sirius puedan intercambiar opiniones y desde luego la posibilidad de que se queden solos está fuera de su alcance. Y entonces se da cuenta de que la razón de que nada esté saliendo como debería tiene nombre, seguramente segundo nombre y apellido. James Potter es una extensión más del cuerpo de Sirius Black. Si caminan los dos van juntos. Si opinan los dos hablan al mismo tiempo. Si James quiere subirse al tejado de una de las casas y saltar, Sirius subirá con él o le esperará para hacer de colchón.

Jamás en mi vida había visto algo así.

No siquiera Petunia en el colegio era tan codependiente de sus mejores amigas. Y eso que las llevaba a casa día sí día también para criticar a todo el mundo y comer galletas untadas en leche fría. James y Sirius son todavía peores. Si no fuera porque es imposible juraría que hay una cuerda invisible que los une. Incluso después del numerito en el bar y el "gilipollas" ahora actúan como si nada. Es horrible. No entiende cómo Remus lo soporta.

Lo único que tengo que hacer es separar a James de Sirius.

Brillante. ¿Y cómo hago eso?

- Lupin – Sirius mira a Remus durante varios segundos -, ¿no te tenías que comprar una estúpida libreta?

- Oh – Remus se lleva el dedo índice a la nariz. Gesto habitual en él cuando recuerda algo de vital importancia -, es cierto. Increíble que te hayas acordado, Sirius.

- Es que eres muy pesado – bufa el otro.

Está bien. Tengo que actuar.

Lily respira hondo y mira a James de reojo. Se está riendo junto a Remus por algo que probablemente no tenga demasiada gracia. El pelo se le ha despeinado un poco más conforme ha ido avanzando la mañana; lo que le da a Lily la idea de que el chico se esforzó para tratar de peinarlo. Por algún motivo se compadece un poco de él. Aunque bueno, sería una tortura para ella si el pelo creciese en su cabeza en quince direcciones diferentes, pero en un chico como James puede hasta ser… O sea, que tampoco llama la atención de lo mal que le queda.

No se atreve así que decide seguirles hasta la entrada de la tienda. Remus casi dando saltos se apresura a entrar, pero antes de ir directo a la sección de libretas se vuelve hacia Peter.

- ¿Me acompañas?

- ¡Claro!

Y desaparecen.

A pesar de que no es la tienda más popular de Hogsmeade, hay varios alumnos de Hogwarts que Lily reconoce pero que no tiene el valor a saludar. Evidentemente le tienen que sonar las caras de todos porque vive en un internado, pero no sabe dónde está la línea que marca a quien puedes saludar y a quién no.

Sí que reconoce a Gideon Prewett, porque su cabellera roja destaca al lado de una estantería llena de plumas.

- Eeeeey tío – se vuelve hacia Sirius y chocan lo cinco -, ¿qué haces tú aquí?

- Remus, tío, que le encantan estás cosas…

- Joder, yo he venido con Ellen Toot, pero ha desaparecido por ahí…

- ¿Te la estás ligando? – James y Sirius se acercan a su compañero de equipo con los ojos muy abiertos.

Lily sabe quién es Ellen Toot. Quinto curso y bonita cabellera plateada hasta mitad de la espalda. Ravenclaw orgullosa y habitual en la biblioteca. Se pregunta qué tendrán en común Ellen y Gideon.

Lo que Lily no sabe todavía es que hay veces que en una relación no hay que tenerlo todo en común para que funcione. Que casi siempre las almas gemelas no lo son porque los dos opinen que Jane Austen es la mejor escritora de todos los tiempos.

- Llevamos saliendo dos semanas – bufa -. Lo dije en el entrenamiento de la semana pasada.

- No estaríamos escuchando – asegura Sirius -. Joder, ¡vaya campeón!

Lily pone los ojos en blanco y mira a Mary. Esta permanece impasible observando lo que parece una goma de borrar que hace desaparecer palabras enteras con sólo un toque del dedo.

Últimamente tiene la impresión de que todo el mundo a su alrededor se pasa el día hablando de novios y de novias y de besos y de quién te gusta o te deja de gustar. Y ella tiene que conformarse con ser una Celestina. Que no es que le desagrade del todo. Pero por lo que está comprobando se le da bastante mal.

- Bueno tíos, la voy a buscar. Nos vemos esta noche en la cena.

LILY EVANS HAZ ALGO AHORA.

- E- Eh… - Se aclara la garganta - ¿No sabréis si aquí venden… perg… aminos que cambien el color de la tinta cuando escribes en ellos?

Bingo.

Es lo primero que se le ha venido a la cabeza. Nunca jamás ha usado uno de esos y no sabe qué utilidad tienen, pero recuerda que la profesora McGonagall les dijo en primer curso que no quería ninguna redacción escrita en ellos.

- ¡Yo lo sé! – James levanta la mano inconscientemente y luego avergonzado la baja – O sea, que si quieres puedo…

- Claro – Lily sonríe -, necesito comprar uno.

El chico asiente con la cabeza y luego se vuelve hacia Mary y Sirius.

- Mirad algo por ahí… O algo.

- Ugh.

Lily le habría pegado un puñetazo a Sirius Black en toda esa nariz grandota que tiene, pero decide darse la vuelta y seguir a James, que la mira de reojo mientras se dirige a unas escaleras que van hacia abajo.

Sorprendentemente Lily no ha estado nunca en esa parte de la tienda, así que le sigue con sincera curiosidad.

Es un sótano sin estanterías; las paredes están pintadas de colores diferentes y con gigantescos dibujos que Lily encuentra preciosos. En las paredes y en mitad de la estancia, conformando pasillos hay mesas acristaladas y otras en las que los diferentes objetos descansan al alcance de cualquiera. Allí no hay ningún cliente así que James se toma la libertad de coger un aparato de aspecto peculiar que parece un sacapuntas pero que probablemente no lo será. Después señala una de las mesas al final de la habitación.

Lily sigue la dirección de su dedo y se acerca al lugar en el que hay varios pergaminos de aspecto corriente.

- ¿Para qué los necesitas? – James se coloca a su lado y Lily da un pasito a la izquierda con precaución.

- Es… Son cosas que no tienen que ver con clase.

- ¡Oh! – James asiente con la cabeza. La lleva mirando un buen rato a los ojos. Lily se ha dado cuenta y cuando James lo hace también, desvía la mirada a los pergaminos – Yo los uso a menudo.

- ¿Para qué? – Frunce el ceño – Los profesores no dejan usarlos.

- Usé uno con McGonagall una vez – idiota… - Y me dijo que a ser artístico me fuese al Louvre.

- ¿Al Louvre? – A Lily le parece divertido pensar en McGonagall observando los cuadros muggles expuestos allí. Y evidentemente James no entendería a qué se refe…

- Sí, el museo – coge uno de los pergaminos con la mano izquierda -. Creo que iré este verano con mis padres.

- ¿Al Louvre? – Suena a "qué se te ha perdido a ti en un museo" y casi se arrepiente un poquito.

- Sí, es que me gustan los cuadros y el arte – juguetea con el flequillo y Lily observa interesada -. No sé.

- Pensaba que solamente te gustaba el quidditch.

Es como si hubiera una Lily Evans en su interior que se esfuerza por tratar de dejar mal a James Potter. La Lily original no lo desea del todo, pero esa Lily pequeñita tiene uñas y dientes y ataca sin piedad.

- Me encanta el quidditch – sonríe ampliamente -. Pero el quidditch es cosa de magos, ¿sabes?

- Uh…

- Sí, o sea. Mira, Lily – dice su nombre y la chica tiene que desviar la mirada a otro punto que no sea la cara de James, que está bastante cerca de la suya -; los magos y las brujas lo tenemos mucho más fácil que los muggles en todos los aspectos. Todo eso de mover la varita y que los platos estén limpios es jugar sucio. Y ellos no pueden volar en escobas. Pero en el arte los magos y los muggles somos iguales. Está el papel, estás tú y está lo que quieres expresar. Por mucho que utilices la varita si no tienes nada que transmitir el resultado va a ser una auténtica mierda.

Y Lily Evans se queda sin palabras. Intenta abrir la boca para protestar. Porque es lo que siempre hace cuando James se dirige hacia ella. Porque es así como tienen que ser las cosas; pero es que todas esas palabras que acaba de escuchar, incluso la última "mierda" no tienen nada de malo. De hecho, son geniales.

Es lo mismo que siente Lily respecto a la literatura o la música. El arte en todas sus formas es magia, lo mires por donde lo mires. Es la única magia que muggles y magos comparten y en la que son iguales. Nadie podría decir que Los Beatles no estudiaron en Hogwarts o en un colegio público de Liverpool. Y nunca antes había expresado ese pensamiento en voz alta y ahora… Ahora no necesita hacerlo porque James lo ha hecho por ella.

- ¿Y… Y a ti te gusta pintar entonces? – Le ha visto varias veces garabateando en clase. Pero siempre ha pensado que es el síndrome del alumno vago.

- Bueno, me gusta intentarlo – se sonroja -. Remus me regaló una caja de pinturas en Navidad así que desde entonces puedo utilizar colores. Y bueno, hace un tiempo descubrí estos pergaminos. Y si dibujas sobre ellos todo lo que hagas tendrá los colores del arcoíris y a algunas personas les sientan bien esos colores.

- ¿A quién has dibujado?

Lily, no te muestres tan interesada, por favor.

- A Remus – James cuenta con los dedos – a Sirius… a Peter… Y… Y ya.

- No tiene que ser muy divertido dibujar a Sirius Black.

- Te sorprendería lo inspirador que es por las mañanas.

Y Lily se ríe. Y no se arrepiente.

Sirius Black no es tonto. Ha visto la expresión de Lily Evans desde que se han encontrado con las chicas. Y vamos a ver, ¿desde cuándo Remus tiene interés en quedarse a solas con Peter? Todo es sospechoso. Muy sospechoso. Pero como Sirius Black no es tonto, SE HA DADO CUENTA.

Mira a Mary, que lleva demasiado rato observando una pluma que le hace cosquillas en la nariz.

Y yo que pensaba que James era idiota.

Pues parece que no.

EVIDENTEMENTE Remus ha planeado con Evans que se queden James y ella a solas. O SEA, que después de todo, a la pelirroja le gusta su amigo el cuatrojos. SERÁ POSIBLE.

Y encima para colmo, mientras ellos hacen manitas (probablemente) él ha tenido que quedarse con MacDonald, que no está muy seguro de si es cómplice del plan o simplemente víctima como él.

- Sirius – Mary se vuelve hacia él sonriente -, ¿por qué no nos vamos a dar una vuelta? Estos tardan mucho…

ASÍ QUE ELLA TAMBIÉN SE HA DADO CUENTA.

Asiente con la cabeza y los dos salen de esa tienda que le está empezando a dar urticaria. ¿Por qué ir a una tienda como esa teniendo cincuenta sitios en los que hincharte a comer? Cree que a MacDonald le gustan esas cosas.

Bueno, tampoco pasa nada por preguntar.

- Oye, ¿quieres zampar algo? – Intenta que no suene como un mugido, pero en él es un poco complicado. Qué le va a hacer. Es su forma de hablar.

- ¡Claro! ¿Por qué no compramos manzanas de caramelo?

- ¿Eso?

- Están ricas.

- Ya, pero…

- ¿Qué pasa?

- No sé, que es lo que comen los críos y…

- Vamos a comprar manzanas de caramelo – Mary le estira de la manga.

Sirius se da cuenta de que tiene la mano pequeñita. Como todas las chicas, joder.

No, pero la mano de Mary es diferente. Es pequeñita de no poder llegar a cubrir un Fa sostenido en la guitarra.

Tal y como ella desea, se acercan a Honeydukes y con el sonido de la campanita entran los dos. A pesar de que Sirius no lleva mucho dinero encima, acaban por hacerse con un par de bolsas de caramelos que desaparecen en la boca si no los acabas de chupar en treinta segundos, una caja con bombones de chocolate rellenos de frutas y sus dos respectivas manzanas.

Una vez fuera caminan juntos y en silencio. En la cabeza de Sirius se repiten canciones de Los Beatles como si estuviera sonando la radio. Es una forma de no pensar qué decirle a Mary. Es que se acaba de dar cuenta de que es la primera vez que están los dos a solas de verdad. Sin James.

Y joder, que no deja de ser una chica. Con cosas de chicas y todo eso.

Decide romper el hielo.

- Increíble lo de Evans y James eh.

- ¿El qué? – Mary da un mordisquito a su manzana y se relame los labios.

- Pues ya sabes…

- No, no sé.

- Si no eres capaz de darte cuenta tú solita no voy a ser yo el que te lo explique – bufa.

- Pues vale.

Mary se encoge de hombros y da un par de saltitos hacia delante, dejándole atrás. No ha sido elección de Sirius en absoluto, pero por alguna razón, siempre que caminas sin rumbo por Hogsmeade, acabas en esa pequeña explanada que sube a la Casa de los Gritos. O la Casa Cuartel de Los Merodeadores. Pero eso Mary no lo sabe.

- Me da miedo ese sitio – chupa la manzana -, ¿a ti no?

- No – ha contestado muy rápido, así que se aparta el pelo con la mano que tiene libre y continúa -, a mí no me da nada miedo.

- Pues es siniestra… - Mary da un pasito hacia él y Sirius se tensa – Oye, ¿tú crees en los fantasmas?

- MacDonald, hay fantasmas en el puñetero castillo.

- O sea ya, pero en los fantasmas como los de las pelis. De los que dan miedo y te atacan y todo eso. Los que hay allí.

- Allí no hay fantasmas.

- ¿Por qué estás tan seguro?

Mary levanta la ceja izquierda. Y lo hace de manera bastante cómica porque Sirius le pone la mano en la cabeza y le da un suave golpe.

- Pues porque no existen, esa casa está vacía, idiota.

- La gente dice otra cosa…

- Si quieres nos intentamos colar – Sirius se agacha para ponerse a su altura -. Mira, tú te subes a mis hombros y…

- ¡No! – Mary se sonroja y desvía la mirada – No quiero.

- Eres una miedica – se ríe -. Miedica.

- No es que sea miedica, es que no soy tonta.

Le vuelve la cara y camina lentamente hasta sentarse sobre una piedra. Sirius suspira y con menos quejas de las que se habitúan en él se coloca a su lado, en la hierba, media cabeza por debajo de ella.

Es raro ver a Mary desde abajo. No es que los contrapicados favorezcan a la gente, pero en esta ocasión la chica, mirando a lo lejos y apartándose un mechón largo de pelo negro de la nariz está… Adorable.

- Oye MacDonald…

- Podrías llamarme por mi nombre de vez en cuando – ni siquiera le mira.

- Bueno… Mary, ¿qué vas a hacer este verano?

No sabe por qué hace una pregunta tan interesada. No es como si Sirius Black se interesase por lo que hace la gente o deja de hacer. Y menos lo que hace una chica. Y en verano.

Seguro que la manzana llevaba algo de licor y ya no está en plenas facultades.

- Creo que estaré en casa. Aunque mi hermano me ha dicho que si tenemos suerte podríamos ir a ver algún partido de quidditch a América.

- ¿QUÉ? - Sirius abre mucho los ojos - ¿A los Estados? ¿A los Unidos?

- No, a los separados.

- Hostia, ¿también hay de esos?

- Sirius...

- ¿Qué?

- ¡Que claro que a los Estados Unidos! - Mueve los brazos en el aire. Exasperada - Allí el quidditch se juega de forma diferente. Son mucho más bruscos, ¿lo sabías?

- Tsk, pues claro, tonta.

A ver, eso no lo sabía exactamente. O sea, Sirius sabe muchas cosas. Es un tipo "cultivado", como le gusta decir a él, pero siempre hay datos que se te escapan un poco. A él le interesan los jugadores y sus nombres, todo lo de las técnicas de juego se hace un poco más complicado. Las europeas las tiene controladas. Cruzar el charco es todavía algo en lo que está trabajando.

- Oye... - Y vuelve a ser Sirius el que empieza la conversación -, ¿y las lechuzas pueden cruzar el mar? Ya sabes, desde allí a aquí.

- Es una buena pregunta.

- ¿Pero pueden o no?

- Pues no lo sé, Sirius.

- Bueno, te tendré que mandar las cartas durante el tiempo que no estés en Estados Unidos.

- ¿Me quieres mandar cartas? ¿Tú?

- Pufff, pufff - se encoge de hombros y busca con la mirada cualquier cosa que no sea Mary -, pues pufff, o sea, pufff, no sé, si no quieres no, claro.

- ¡No, no, no! - las mejillas de Mary enrojecen un poquito - Yo quiero que me escribas.

"Vale, la conversación se está poniendo rara", piensa Sirius.

- Vale. Bien. Guay.

- Sí.

Y silencio otra vez.

¿PERO QUÉ ME PASA?

Él, Sirius Black, gurú de las palabras, dueño y señor de las conversaciones fluidas, se encuentra ahora mismo más concentrado en que no le suden las manos que otra cosa. Y lo más importante de todo: no entiende la razón.

- ¡Por fin os encontramos! - A su espalda resuena la voz de James Potter - Un poco más y os escondéis en el sótano del Cuar... de la Casa de los Gritos.

- Eso habría sido temerario, James - a su lado Remus camina con las manos en los bolsillos de los pantalones.

Sirius los observa un segundo, como si no supiera de dónde vienen o qué puñetas hacen ahí. Luego se da cuenta de que tiene que ir siendo hora de regresar al castillo.

El tiempo vuela a veces.

Mary se levanta y corre automáticamente hacia James para ponerse a su lado. Los dos echan a andar charlando.

Remus se queda de pie, con los brazos en la espalda y dando golpecitos en el suelo con el zapato. Sirius no le dice nada cuando se colocan hombro con hombro. En los ojos azules de Remus está escrito que es un sabelotodo. Y ahora mismo lo está disfrutando como un condenado.

No necesitan hablar para mantener una conversación. Es una de esas cosas que puedes hacer con tus mejores amigos o las almas gemelas y tal, eso Sirius lo sabe. Lo ha leído en algún lado.

Sin embargo cuando han pasado cinco minutos, Mary y James se ríen de alguna broma y Remus sigue más callado que un muerto, Sirius le pega un golpe con el hombro y murmura en voz baja.

- ¿Se puede saber qué haces?

- ¿Yo? - Remus levanta las manos mostrando inocencia - Si yo estoy callado.

- Por eso mismo, ¿qué insinúas?

- Eres un paranoico.

- Me pones de los nervios, de verdad.

- Que yo no he dicho nada.

- ¡Pero hablas con los ojos!

Y Remus se ríe. Se ríe como un condenado. Y Sirius le pegaría un capón en la cabeza, pero son ese tipo de cosas que nunca le haría a Remus. Por si se rompe y todo eso.

- Eres tonto - pero acaba por reírse también.

- Ya, bueno.

Y echan una carrera en la que por una vez Sirius se deja ganar hasta donde una exasperada Lily les recibe con ojos de súplica y un Peter que se ha comprado una bolsa gigantesca de nubes de regaliz.