- Tío, me estoy meando.
- ¿OTRA VEZ?
- Hace por lo menos veinte minutos que no meo, Jimmy.
- Tienes la vejiga del tamaño de un cacahuete - James se queda en silencio unos instantes y luego abre mucho los ojos -. Oye, ¿el cacahuete es lo de dentro, en plan los dos trocitos, o es todo lo de fuera incluyendo la cáscara? O sea, porque lo de fuera en conjunto es un cacahuete pero las dos bolitas, ¡o incluso tres si eres afortunado! también se llaman cacahuetes.
- Hay demasiado pis en mi interior como para que pueda pensar una respuesta coherente a esa pregunta, tío, lo siento.
- No te preocupes. Se lo preguntaré a McGonagall. Ella parece que sabe de estas cosas.
- ¿De cacahuetes?
- Sí.
- Bueno, pues me acompañas a mear y se lo preguntas de paso.
- No pienso acompañarte hasta el castillo otra vez para que vayas al baño, Sirius. Haber bebido menos zumo de calabaza.
- MacDonald, acompáñame tú.
Es el último día antes de que terminen los exámenes. A pocas horas de que Remus y Lily se enfrenten a su examen de Aritmancia y que Peter prediga el futuro de la humanidad en su prueba de Adivinación, James, Sirius y Mary se aburren como ostras. Los tres se sintieron muy afortunados al saber que la profesora Pickles no les exigía presentarse al examen final de la asignatura debido al Extraordinario que sacaron en su trabajo radiofónico — significando eso que iban a terminar el curso tres días antes que el resto de sus compañeros — pero su alegría pronto se vió empañada por el hecho de que de nada te sirve tener todo el tiempo libre del mundo si el resto del puñetero castillo está con las narices metidas en los libros todavía.
Sirius, James y Mary se encuentran en los jardines del castillo: mientras sus tres amigos dan los últimos repasos a sus respectivas asignaturas bajo la sombra de un árbol, ellos permanecen tumbados en la hierba, mirando al cielo sin saber muy bien qué hacer.
Y entonces Mary, haciendo caso omiso de la petición de Sirius, levanta el brazo en el aire y señala una nube.
- Mirad, esa nube parece un perro.
- ¿Estás segura de que tienes bien la vista, MacDonald? Igual eso de juntarte tanto con James Topotter te está dejando un poco ciega.
- ¡Que sí que parece un perro!
- A lo mejor un chihuahua, pero desde luego no un buen perro.
- ¿Y cómo es un buen perro, señor Black? - Mary habla con sorna.
- Un perro grande. Poderoso. Gigantesco. Como el de las puertas del Infierno.
- Nadie querría eso de mascota.
- Eso es porque, como he dicho en sucesivas ocasiones, Mary MacDonald, eres una quejica y una miedica.
- Ya te gustaría a ti.
- Además, un buen perro seguro que me acompañaría a mear.
- Merlín, Sirius, qué pesado - se queja James - Vete a mear al lago si tantas ganas tienes.
- Pues igual lo hago.
- Presumes de ser valiente, Black, pero seguro que no te atreves - sonríe Mary, pícara.
A su espalda se escucha una tosecilla ronca. Ninguno de ellos necesita volverse para saber lo que van a encontrar. A pesar de todo, Sirius estira el cuello para mirar al causante.
- Mirad, si vais a estar de cháchara, por favor…
- Pesao, Lupin.
- Me parece muy bien que vosotros ya hayáis terminado los exámenes pero Lily, Peter y yo estamos intentando repasar los nuestros y…
- Que sí, chico, que ya lo sabemos. Vete a la biblioteca, yo que sé. Nunca sacas las narices de ese sitio, ¿por qué hoy tienes que estudiar cerca de nosotros?
- Hace bueno y nosotros estábamos antes aquí, Sirius. Tienes unos maravillosos terrenos para poder sentar tu perezoso trasero.
- Y he elegido este punto concreto para ponerlo así que si te molesta ya sabes - Sirius levanta el dedo corazón en dirección a su amigo y luego vuelve a echarse sobre la hierba.
Remus abre la boca para contestar pero sus labios se cierran en una línea perfecta. Se puede escuchar el enfado a distancia.
- Tío - le dice James - Taspasao.
- Si se pica, que se rasque.
Se sobresalta cuando nota a Mary muy cerca de su oído, pero la chica simplemente se ha acercado para poder hablarle y que nadie más le escuche.
- ¿Sabes? No entiendo por qué insistes en tratar tan mal a la gente cuando en realidad eres buena persona.
- ¿¡Qué puñetas dices!? - gruñe él - Yo no soy buena persona.
Se miran a los ojos. Un momento corto pero intenso. Después Sirius finge recolocarse el pelo como excusa para apartar la mirada, pero ella le sigue observando.
- Lo eres. Un poco. Solo que no lo sabes. Y comportarte como un cretino no te ayuda a darte cuenta.
- Que me dejes tranquilo, MacDonald.
- Pues vale. Tu sabrás.
- Pues sí, yo sabré.
- Pues eso.
- Pues venga.
- Pues muy bien.
- Oye - interrumpe James, malhumorado - si vais a comportaros como mis padres cuando cumplieron sesenta años de casados, que sea cuando no esté yo delante. Bobos.
- Hostia, Jimmy, ¿tantos años llevan juntos tus padres? ¿Cómo es posible aguantar a una persona durante tantísimo tiempo? Seguro que cuando nos vayamos a vivir juntos querré tirarte por la ventana al tercer día.
- Porque no todo el mundo es tan insoportable como tú, Sirius. - contesta Mary - Ni tan quejica, por cierto.
- Te voy a matar un día de estos.
- Eso es lo que tú te piensas.
James vaticina que podrían seguir discutiendo eternamente si se lo propusieran, y no tiene ningún tipo de ganas de soportarlo - no por el hecho de que discutan. Eso le da igual. Pero es que mientras lo hacen, no le están prestando ningún tipo de atención, y eso a James le saca un poco de quicio - así que decide que es hora de hacer algo para remediarlo.
- Oye, Sirius, tío, ¿no te estabas meando? Vamos al baño antes de que mojes los pantalones, que no quiero tener que prestarte unos míos.
Funciona mejor de lo que pensaba. Sirius asiente con la cabeza y se levanta, Mary le imita, y los tres echan a andar hacia el castillo.
Mientras Sirius está en los lavabos, Mary y James esperan fuera, apoyados en la pared y sin decirse nada. Es muy probable que ambos estén pensando lo mismo pero ninguno se atreve a decir la primera palabra. Mary quiere contarle a James algo. James quiere que Mary le cuente ese algo. El problema es que a pesar de que tienen confianza cien por cien el uno en el otro hay cosas que a un adolescente le cuesta decir. Y Mary ya se considera adolescente.
Como ella parece más interesada en la ventana que en cualquier otra cosa, James suspira y dice en voz alta lo que lleva guardándose desde antes de exámenes.
- ¿Qué tal en Hogsmeade?
Mary da un respingo.
- B-B-¿Bien?
- Gracias por dejarme a solas con Lily - sonríe -. La situación no ha cambiado mucho pero por lo menos no me escupió en la cara ni nada por el estilo.
- Lily nunca te escupiría. Tal vez una patada en la entrepierna. Eso le pega más.
- Fue muy genial por tu parte. Muy solidario. Tener que aguantar al idiota de Sirius taaaaaanto rato solamente para que yo pasase un rato con Lily.
- Oh - Mary se ríe incómoda -, ¡no es nada!
- No, no - James le pone una mano en el hombro y la mira fijamente -. De verdad. De verdad de la buena, Mary Macdonald. ¡Menudo sacrificio!
- Oye…
- ¡Dime! - No puede ser más idiota y teatrero - ¿No irás a ir a pedirme que me marche para que puedas sujetarle el pito a Sirius, no? ¡Sería también un gran favor por tu parte!
- ¡JAMES POTTER! - La cara de Mary se pone roja en un segundo.
- ¿Qué?
- ¡CÓMO TE ATREVES!
- ¿A qué?
- ¡A DECIR ESA BARBARIDAD!
- ¿Cuál?
Mary frunce el ceño. Todo el pasillo les está mirando. Está acostumbrada de todas formas; cuando caminas al lado de James es bastante habitual. Pero ahora mismo la gente cuchichea y oh por Dios no.
- Nada, da igual - suspira y se apoya otra vez en la pared.
- Bueno pero, ¿te lo pasaste bien en Hogsmeade o no?
- James… - Le mira a los ojos y se da cuenta de que ya no hay burla. Le está preguntando sinceramente y con amabilidad. También es consciente de que no le está preguntando por Hogsmeade precisamente - Bien… Aunque supongo que con una visita no te da para conocer el pueblo entero.
- Es bastante pequeño - él se encoge de hombros -. Quiero decir, no tiene muchos misterios. Es lo que ves y poco más. Algún callejón en el que se mean perros y ya.
- ¿Estamos hablando de Hogsmeade todavía? - Pregunta confusa.
- ¿De qué íbamos a hablar?
Un grupo de chicas Slytherin pasa a su lado. Mary no les presta ninguna atención pero James se distrae por completo de la conversación para observarlas. No le resulta raro, al principio; al fin y al cabo, desde hace ya unos meses, a su amigo le cuesta mantener la atención fija en lo que está haciendo en la presencia de cualquier chica de su edad medianamente atractiva. Lo que le inquieta un poco más es que las chicas tampoco apartan los ojos de él. Generalmente, las chicas miran a James. Él casi nunca se da cuenta, claro, pero es una cosa que sucede. En clase o por los pasillos, le dirigen miradas tímidas o esquivas; parece ser que lo encuentran atractivo. Pero aquellas Slytherin no le están mirando como le suelen mirar todas las demás. Le están señalando directamente, sonriéndose, e increpando a una de ellas - la que parece, si no se equivoca, la líder del grupo - a que se acerque a hablar con él.
Se trata de una alumna de cuarto que Mary ha visto muchas veces. No porque le interesen los alumnos de Slytherin en particular sino porque el colegio es lo suficientemente pequeño como para tener que esforzarte para no recordar las caras con las que te cruzas todas las mañanas. Además es una de esas que no pasan desapercibidas, "La élite" de los Slytherin. Una Black.
Es ese el principal motivo por el que le sorprende cuando la chica se acerca a ellos dos con la misma seguridad que una de esas modelos que salen en las revistas.
Pelo negro tan largo que da vértigo, liso y brillante. Y la piel tan pálida y fina que parece una muñeca. Una muñeca con mucha confianza en sí misma; como si fuera consciente de que es bonita y no tuviese ningún reparo en demostrarlo. Como la mayoría de las chicas de su curso, se ha sujetado la falda para que quede más corta que lo que indica el reglamento. Pero lo que realmente le llama la atención de ella son sus ojos. Nunca antes se había parado a observarlos realmente, pero son exactamente iguales a los de Sirius. Bueno, si Sirius usase máscara de pestañas para alargárselas hasta el infinito.
- Buenos días, James.
¿Buenos días, James?
James, por su parte, parece nervioso. Dios mío, James, no me digas que te gusta, por favor. La idea se le pasa por la cabeza durante un ínfimo momento y la simple imagen le da escalofríos, pero la descarta rápidamente. Su amigo está actuando raro, eso está claro, pero no es para nada el tipo de comportamiento extraño que tiene cuando se encuentra al lado de Lily. No es raro como si estuviese viendo a la chica con la que quiere casarse. Es otro tipo de raro. Más bien tenso, como el día antes de un partido de quidditch.
- Buenasssss. - ¿BUENAS? ¿Pero de qué se conocen estos dos? ¿Vacaciones de verano en casa de los Black o algo así?
- ¿Dónde está Sirius?
Suena cortante y directa. Por la pregunta Mary asume que evidentemente tiene que ser algún tema relacionado con la familia de Sirius. A lo mejor le han echado de casa de una vez por todas y han escogido a su prima como mensajera de la buena noticia. O puede que su fortuna se haya triplicado por esas inversiones en explotación de elfos domésticos de la que Sirius le habló hace un tiempo.
- ¿Y por qué tendría que saberlo yo?
- Porque si no fuese porque conozco a Sirius desde que nació pensaría que sois siameses.
- Ohm. Ya. Bueno. Pues no está aquí, ¿no lo ves? A no ser… Que se haya vuelto invisible sin que yo lo sepa. Entonces igual está aquí. Pero como creo que no es invisible me parece que no.
Mary los observa conversar y le sorprende la naturalidad que parece existir entre ambos. No tenía ni idea de que se conocieran siquiera. Lo más curioso de todo es que sin darse cuenta los dos chicos han empezado una batalla silenciosa en la que no parece haber un claro ganador. Algo así como una competición por quién es el que tiene el ego más grande. Sus posturas defensivas y altivas son clavadas y Mary está segura que esa es la atmósfera que tiene que crearse cuando dos divas de la música se enfrentan.
También se da cuenta de que Narcissa ni siquiera ha reparado en que ella se encuentra ahí de pie, al lado de James. Así que a lo mejor es ella la que se ha vuelto invisible y no se ha dado cuenta.
- No me sirves para nada, Potter.
Y es en ese momento que James suelta un "mierda" por lo bajo que solamente escuchan las dos chicas. Es suficiente para que Narcissa se gire por completo y descubra a un despreocupado Sirius Black salir del lavabo de chicos. Sacude las manos en el aire y luego se las limpia en el pantalón y Mary se pregunta por millonésima vez qué es lo que ha visto en él.
La sensación es similar a la que tiene lugar en las películas románticas, cuando el tiempo se detiene y todos los figurantes hacen pasillo a la preciosa chica para que pueda llegar a los brazos de su amado. Y dice "similar" porque Narcissa camina hacia Sirius con cierto enfado y a éste se le mezcla una expresión de sorpresa con cierto terror que Mary no había visto nunca. Es sólo un instante, un segundo después ya ha adoptado su pose chulesca que dice "aquí mando yo". Pues bueno, a su prima no parece impresionarle mucho porque se cruza de brazos y le espeta algo que ni Mary ni James son capaces de escuchar desde allí.
- Será mejor que nos vayamos - James la coge de la manga de la camiseta, pero Mary niega con la cabeza.
- ¿No esperamos a Sirius?
- Es que… Esto puede tardar horas, creeme. Seguro que Remus y estos nos echan mucho de menos.
Si hasta este momento a Mary le parecía que James estaba raro, esa frase lo ha acabado de confirmar. Es evidente que hay algo que ella desconoce, algo que tiene que ver con Narcissa Black y Sirius y puede que sea por su vena cotilla o porque le ha picado el gusanillo de la curiosidad, pero no tiene ni la menor intención de moverse de allí hasta descubrir qué diablos está pasando.
- Pero yo creo que deberíamos quedarnos.
- Y yo creo que el sistema educativo de los magos está anticuado y aquí me tienes - le vuelve a estirar del brazo -, venga, Mary.
- ¿Pero qué te pasa? - Gruñe dando un tirón y James desiste poniendo las manos en alto.
- Como quieras.
Ahora Narcissa los está señalando con un dedo furioso y eso le aporta a Mary la excusa perfecta para dar un par de pasos al frente y escuchar la conversación. James bufa y se coloca a su altura.
- ¿Le habías dicho al tonto de Potter que te cubriera? ¿Eso habías hecho?
- ¡Estaba meando, tía! - Sirius pone los ojos en blanco - No te evito, ¿vale? Igual son los astros. ¿Has pensado en subir a la Torre de Astronomía? A lo mejor encuentras respuestas.
- ¡No me tomes el pelo!
- Bueno, pues dime una vez qué quieres, que no tengo todo el día.
- Sí, claro - se ríe ella, y su risa suena un poco perversa, como de supervillana - estoy segura de que tienes muchísimas cosas que hacer encerrado dentro del castillo con tus amigotes.
Sirius alza una ceja.
- Si quieres que nos llevemos bien tú y yo, espero que no te atrevas a decir ni una sola palabra en contra de mis amigos, Narcissa.
- No te equivoques, Sirius. Que yo sea tu prometida no quiere decir que tenga ninguna intención de que seamos amigos.
Prometida.
La palabra retumba en la cabeza de Mary de la misma forma que cuando estudia Encantamientos y descubre un nuevo término. No tiene ningún sentido por mucho que se lo busque y lo primero que piensa es que lo ha escuchado mal. Se vuelve hacia James que la observa con… ¿preocupación?
Oh.
Mary no es una chica que llore fácilmente. No lloró cuando su hermano se sentó en su escoba de juguete y la partió en dos. Tampoco lloró cuando su abuela se murió. Y por supuesto no tiene intención de echarse a llorar ahora. Sin embargo siente algo en la garganta que quema y quiere salir así que decide soltar un poco de aire y cerrar el puño con fuerza.
Un paso hacia atrás es la señal que James necesita para empujarla con el hombro un poco más lejos. A una distancia de seguridad sonora confiable, los dos amigos se miran una vez más y antes de que Mary pueda decir nada James escupe una explicación que nadie le ha pedido.
- Prometida, ¿eh? - Se ríe. Y no es una risa de verdad. Pero Mary lo aprecia - En realidad es una de esas cosas de familias ricas y anticuadas, ¿sabes?
- Sí, sí. De esas cosas que pasan en las películas viejas.
- Claro, claro. Que no es que sean novios ni nada. No son novios.
- Me ha quedado claro. La futura señora Black y Sirius no son novios.
- ¡Exacto! - Pausa - O sea, ¡no! ¡No digas la señora Black!
- Ostras, James - Mary mira un reloj de muñeca que no lleva -. Me acabo de dar cuenta de que he quedado con Lucy Cooper porque quería reclamar un trabajo a Mr. Sexy.
A James no le da tiempo a contestar porque la chica se despide con una mano en el aire. Ella desaparece en la esquina del corredor y James se rasca la cabeza, confuso. A ver. Para empezar todo el tema del compromiso se le hace igual de extraño a él que al resto de seres humanos de clase media de ese castillo. Aunque los Potter pertenecen a una de las familias mágicas más importantes y sus ancestros fueron tipos relevantes para la comunidad mágica, todo eso del matrimonio de conveniencia y entre gente de la misma sangre acabó hace mucho tiempo. Sí que es cierto que algunos de sus familiares más cercanos han continuado con la tendencia. Qué diablos, él mismo está directamente emparentado con los malditos Black. Pero no deja de ser raro. Se le atraganta un poco pensar en un Sirius enano y sin palas sentado en el suelo y hurgándose la nariz mientras su querida señora madre firma unos papeles perfumados que sentencian la vida matrimonial de su hijo. Con su prima.
De locos.
Si sus padres le hubieran hecho algo así sería una auténtica mierda, porque a ver cómo se lo iba a explicar a Lily.
- Ey - una manaza se posa sobre su hombro y no necesita volverse para saber que Sirius está a su lado. Huele a demasiada colonia, además - ¿A dónde ha ido MacDonald?
- No sé, a ver a Mr. Sexy, creo.
- ¿Para qué?
- No lo séeee - le quita la mano y echa a andar con las manos en los bolsillos -, ¿soy la niñera de todo el mundo hoy o qué?
- Madre mía, ¿¡pero qué cojones os pasa a todos hoy!? Estáis de un irritable que no hay quién os aguante. Qué habré hecho yo para merecer esto.
- Mira, tío, ya está: se me ha ocurrido una idea.
Sirius se olvida de su enfado y mira a su mejor amigo, expectante, esperando que le desvele un plan perfecto para una nueva travesura o una forma más eficiente de molestar a la Señora Norris.
- Soy todo oídos, Jimmy.
Sin embargo, la emoción no dura demasiado, y su cara cambia automáticamente cuando James empieza a explicarse.
- ¿Por qué no te vas a dar un paseo por ahí y así te relajas? Seguro que te va bien, ¿eh? Estás teniendo un mal día, colega. Primero Remus se enfada contigo, luego Narcissa, y ahora Mary… Yo creo que es mejor que te despejes un poco antes de que hagas algo para cabrear a Dumbledore y te eche del colegio y pongan a ocupar tu cama a Cloud Landon o alguien así.
- ¡¿Compartir habitación con ese tío!? Por encima de mi cadáver. Escúchame bien, James Potter: le daría un beso en los labios a Snape antes de dejar que el inútil de Landon apoye su culo sobre mi… - no acaba la frase porque deja de hablar antes. Se queda en blanco unos instantes, abriendo mucho los ojos, procesando la información que su mejor amigo acaba de otorgarle - Eh. Espera un momento. ¿Mary se ha enfadado conmigo?
- ¿Qué? ¿Cuándo he dicho yo eso?
- Hace medio segundo, tío.
- ¿Yo? ¡Qué va! ¡Ja, ja! - finge reírse, incómodo - ¿Ves? Te estás imaginando cosas. Mira, yo creo que necesitas un poco de aire fresco. Vete a tomar el sol un ratito a los jardines y ya, si eso, nos vemos después de comer, ¿eh, amigo?
Antes de darle tiempo a responder, o a comenzar siquiera a entender por qué se está comportando tan extraño, James da media vuelta y se apresura a marcharse de allí, dejando a Sirius solo y desconcertado en el pasillo.
Se siente un poco mal por ello, pero está casi seguro de que sabrá perdonarle. De todos modos, Sirius es incapaz de enfadarse con él durante más de dos horas seguidas. Siempre que ha intentado retirarle la palabra ha terminado aburriéndose demasiado sin él como para continuar con ello. Incluso aquella vez, el año pasado, en la que James se cayó saltando de la cama y aterrizó sobre uno de sus vinilos de los Rolling, partiéndolo por la mitad.
Mientras camina hacia las escaleras, se repite a sí mismo que no está siendo malo con Sirius. Que solo es que tiene asuntos importantes que atender.
Seguro que lo entenderá cuando se lo explique. Seguro.
Pero es que está preocupadísimo por Mary.
James Potter no es una persona lo que se dice muy avispada en todo lo que se refiere al amor. A veces piensa que toda la chispa que tuvo para saber que Lily Evans es el amor de su vida impide que entienda los sentimientos románticos del resto de seres humanos del planeta. Sin embargo, habría que ser muy estúpido para no darse cuenta de que a Mary le gusta Sirius. No es porque esté acostumbrado a que a muchas chicas les guste su mejor amigo, es que simplemente conoce a la joven bruja demasiado bien. Además es diferente, no es el tipo de babeo estándar de muchas chicas que se cruzan con ellos por los pasillos; es algo más intenso. El tipo de "gustar" que te impide dormir por las noches, como si tu cama estuviera llena de chinches.
Pero también es verdad que a pesar de que lleva muchísimo tiempo queriendo hablar con Mary sobre el tema de forma directa, todavía no ha encontrado la forma. Querría hablarlo con Remus porque él es el que tiene más tacto con las chicas, pero es que cree que lo de Mary hacia Sirius es algo así como un secreto como para que se tome la libertad de cascárselo a alguien más.
Así que en este mismo instante, cuando camina por el pasillo está rebanándose los sesos para encontrar una forma de que la situación no sea incómoda. Y que Mary acabe de descubrir lo de Narcissa no es precisamente un buen comodín.
- Potter. - habría ignorado cualquier voz. Pero justo esa no. Que es ley.
La profesora McGonagall avanza hacia él lentamente y nunca ha tenido tan claro por qué su forma de animaga es un gato.
- Profesora - la saluda, cual militar.
A ella no parece hacerle gracia pero esos tres años juntos les han servido a ambos para tolerarse mínimamente. A James le cae bien Minerva y Minerva piensa que él es un grano en el culo. Pero uno de esos a los que con el paso del tiempo les coges cierto cariño.
- Llevo buscándole toda la mañana, ¿dónde diablos se había metido?
- En el baño - explica -. Y por ahí. Ya sabe. Respirando el aroma de la libertad. ¿No tiene ganas de salir de este castillo? ¿Tiene planes para el verano?
- Eso no le incumbe - pero ahí está la sonrisilla. Un triunfo para Jimmy -. Por favor, si me acompaña…
- Pero tengo que…
Ojos amenazadores y James comprende que Mary tendrá que esperar.
El camino hacia el despacho de McGonagall le trae recuerdos de una fatídica noche el año anterior en la que los energúmenos de sus amigos le obligaron a fingir que se había meado encima a altas horas de la madrugada. ¿En qué estaba pensando?
Se cruza con varios alumnos de Gryffindor que le miran interrogantes y James se apresura a adoptar la postura de alguien importante. No tiene que dejar que la gente piense que es un idiota al que castigan todo el rato. No. Él tiene reuniones con McGonagall porque es un tío importante y será un señor relevante para la comunidad mágica en el futuro.
Así que con la cabeza bien alta persigue la capa de la jefa de su casa hasta la puerta de su despacho, que se abre por arte de magia y se cierra a su espalda de la misma forma.
No necesita señal para ocupar la silla delante de la mesa de la bruja. A esas alturas de la vida el despacho de McGonagall es el que mejor se conoce. Por haberla cagado muchas veces y porque aunque nunca lo admitirá delante de nadie, ella es su profesora favorita. En realidad tendría que ser la profesora favorita de cualquier persona con dos dedos de frente. James tiene dos dedos de frente y un flequillo rebelde que se la cubre.
Allí espera, con las puntas de los pies apoyadas en el suelo y observando un punto fijo en la pared. No recuerda haber hecho nada malo últimamente y ese es su problema. En otras ocasiones sabía perfectamente el origen de su llamada. Igual Minerva sólo quiere desearle buenas vacaciones.
Qué maja.
- A ver, Potter… - Se sienta en su silla menos majestuosamente que habitualmente y le mira a través de las gafas - ¿Qué voy a hacer con usted?
- Ehhhh…
- Voy a ponérselo fácil - suspira -. ¿Qué tal le salió el examen de Pociones?
- Bua - hace una pedorreta -. Si me lo permite, señorita… Fue una auténtica mierda. A mí eso de dar vueltas a sopas no se me da bien. Igual es por ser zurdo. ¿Lo ha pensado?
- ¡No es por eso!
- Entonces no me explico que sea tan tonto.
- Las Pociones son una rama de la magia muy interesante, Potter - se aparta un mechón solitario y rebelde de delante de la oreja derecha -. Y poderosa. ¿Las odia?
- Con toda mi alma, señorita.
- Y por eso las ha aprobado con un cinco.
- ¿UN CINCO? ¡Já! - Se ríe - Pensaba que me había ido al hoyo este año, se lo juro.
- Al hoy… Potter, por favor. Las Pociones… Y el profesor Slughorn me mataría si escuchase esto… Son exactas y teóricas. Sólo tiene que estudiar y aplicar. Por las barbas de Merlín, ¿por qué no sabe hacer una poción de nivel básico y luego supera mis exámenes con dieces?
- Porque su asignatura me gusta.
No tiene que pensarlo dos veces. Es una respuesta evidente y le parece increíble que Minerva no haya sido capaz de llegar a esa conclusión ella solita. A James se le da bien lo que le gusta, o le gusta lo que se le da bien. Pero el resto… Imposible. Piensa en tener que empollarse un manual de preparación de pociones y se le eriza hasta el pelo largo que tiene en el sobaco.
- No le mentiré diciendo que eso me halaga pero como su tutora académica me preocupa su futuro.
Seguro que ningún otro alumno considera eso adorable pero a James se le encoge el corazoncito y todo.
- Pero yo quiero ser buscador, profe. No necesito batir tripas de morsa ni saber en qué año nació el profesor Dumbledore. Hace mucho, eso seguro.
- Tiene que pensar alguna salida más. Admito que es usted un buen buscador pero eso no le asegura un trabajo.
- Bueno pues si no soy buscador… Intentaré quitarle su puesto de profesor de Transformaciones en Hogwarts.
- Tú no puedes ser profesor - bufa McGonagall. Desaparece el usted y James sonríe.
- ¿Y por qué no? Me tiene miedo, lo sé. Soy brillante. Seguro que me haría animago en… En dos semanas o algo así. Los muggles tienen un libro con gente que hace cosas de forma extraordinaria. Yo saldría allí.
- Nadie puede convertirse en animago en dos semanas.
- ¡Pues tres!
- Tampoco.
- Oh, vamos… Seguro que a usted no le hizo falta mucho más.
No sabe descifrar la expresión que cruza el rostro de la profesora durante un milisegundo, pero lo siguiente que tiene delante es a una mujer con las cejas muy levantadas.
- Para convertirse en animago hay que llevar una hoja de Mandrágora debajo de la lengua durante un mes. Además de otras muchas cosas, claro.
- ¿En serio? - A James se le escapa una risa parecida al sonido que hicieron los sapos con los que trabajaron en la última clase de Cuidado de Criaturas Mágicas - ¿Llevó una hoja de Mandrágora debajo de la lengua durante un mes?
- ¡Eso no importa! Siempre me cambias de tema.
- Es que me gusta hablar con usted, profesora - James sonríe sinceramente -. Creo que es la única que nos entiende de verdad - se inclina sobre el escritorio -, pero no se lo diga a Mr. Sexy, que el pobre seguro que se siente mal.
- ¿Mr…Se…? - Se da cuenta de quién están hablando mientras habla y se levanta de la silla - Mire, Potter. Será mejor que al año que viene se ponga las pilas con las asignaturas que ha aprobado por los pelos o no le dejaré cursar Transformaciones conmigo en quinto. Ni presentarse al TIMO.
- ¡Eso es ilegal! - Se levanta él también - Probablemente…
La bruja se ríe brevemente y le señala la puerta con la mano. James abre la boca para protestar pero sabe que de poco le va a servir. En su lugar se revuelve el pelo e inclina la cabeza al tiempo que camina de espaldas.
- Que tenga un buen verano, profesora.
- Igualmente, Potter.
Sale de allí con la sensación de que le ha pasado algo bueno, cuando en realidad le acaban de dar una sentencia de muerte. ¿No poder cursar Transformaciones? ¿Un profesor puede hacer eso? Tendrá que preguntarle a Remus porque seguro que es imposible. Ilegal. Antidemocrático.
Pero por una vez no es momento de preocuparse de sí mismo sino del objetivo que tenía antes de que McGonagall le abordase en el pasillo.
¿Dónde estará Mary?
Lo tiene crudo si se ha encerrado en el dormitorio pero no es propio de ella. Principalmente porque si está teniendo una crisis amorosa preadolescente no querrá que sus compañeras lo sepan.
Bingo.
Gira sobre sus talones y se encamina a paso rápido hacia la entrada principal. Cuando esquiva a un grupo de alumnos de primero y se cuela por la puerta se da cuenta de que está extrañamente risueño para lo poco que queda para las vacaciones. No. No pienses en eso.
Continúa hacia la derecha para bordear el castillo y dirigirse hacia el campo de Quidditch. El único lugar al que Mary MacDonald iría para estar sola. Porque no hay nunca nadie allí cuando no hay partido y porque al igual que él, la chica es capaz de oler el deporte en cada brizna de hierba, en cada soplo de aire y eso es sorprendentemente tranquilizador.
De hecho agradece la ocasión porque sino probablemente se habría olvidado de acercarse por allí una vez más. Hace mucho calor y a pesar de ir en manga corta y haberse remangado los pantalones hasta el tobillo, James agradece cada brisa que le da en la cara en su paseo.
Encuentra a Mary de pie, mirando al cielo desde el exterior del campo; lugar desde el que se pueden ver los aros de gol perfectamente y a los jugadores, si hubiera un partido ahora mismo.
James se acerca a ella lentamente y se coloca a su lado, con las manos enlazadas en la espalda.
- Es lo que más echo de menos en verano - suspira -. Mataría por tener un campo de qudditch en casa.
- Seguro que si se lo pides a tus padres te construyen uno - bromea ella sin abrir los ojos ni cambiar la expresión relajada.
- Probablemente, pero no tendría mucha gracia. Creo que es este sitio; escucho los gritos de la gente en mi cabeza cuando paso por aquí, los nervios de antes del partido y la euforia de después.
- Me pasa lo mismo con el micrófono. Aunque seguiré ensayando en casa con los ojos cerrados.
- ¿Cómo?
- Te imaginas un partido - ahora sí que le mira - y te inventas los comentarios.
- Qué guay, yo también me imaginaré que vuelo en escoba entonces.
Mary le da un golpe suave con el hombro que es más bien un vaivén del movimiento de cuerpo que hace. De un lado a otro. James observa que el pelo le ha crecido hasta los hombros y no entiende qué es lo que le impulsa a hacerlo pero estira la mano y le pone el dedo índice a su amiga sobre la mejilla sonrosada.
- ¿Qué haces? - le dirige una mirada de reojo confusa.
- ¿Desde cuando estás tan guapa?
- ¡Qué dices! - Se aparta de él con las manos sacudiéndose en el aire - ¿Tienes fiebre?
- No te puedo ni piropear - James se mete las manos en los bolsillos del pantalón y luego le entra la risa.
Durante un segundo Mary le mira como si tuviera algún tipo de problema, pero después se une a él en una larga carcajada que termina en suspiro.
- Tengo algo que contarte - murmura no muy convencida.
- Soy todo oídos. Lo que no quiere decir que tenga las orejas grandes.
- No creo que yo tenga tiempo de echar de menos el quidditch este verano.
- ¿Te vas a encerrar en los vestuarios?
- Sabes que ahora mismo se está jugando la Liga de Verano de equipos británicos - ignora el comentario estúpido del chico -. Y bueno… Desde mi cumpleaños mi hermano me prometió llevarme a un partido profesional porque hace mucho que no vamos… Y el otro día me dijo por carta que había decidido que fuéramos a la final en agosto.
En los ojos de James se produce el Big Bang aproximadamente.
- ¿QUEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEÉ?
- Sí… Tengo muchas ganas…
- ¡ES GENIAL! ¡Me lo tienes que contar todo! ¡TODO!
- De hecho… - La chica baja la cabeza - Hace días que le doy vueltas a la idea de deciros que estaría guay que vinierais pero no quería que sonase como una cita.
- ¿Qué? - James le da una palmada en el hombro - ¿Pero cómo voy a pensar que quieres tener una cita conmigo?
- No, contigo no.
Silencio.
- ¡Acabáramos! - se lleva la mano a la frente - ¡Por los pantalones de Merlín! ¿Me he convertido en ese amigo al que tu madre dejaría dormir en tu cama, verdad?
Ella se ríe dulcemente y no quiere responderle que tiene más razón que un santo.
- En fin. Creo que deberías invitarle - dice James finalmente -. Le encantará. Te dirá que te quiere probablemente.
- Espero que eso no ponga celosa a su prometida - contesta Mary con sarcasmo.
- ¡Esa es la actitud!
Mary sonríe de nuevo y James sabe que está haciendo un buen trabajo. Un minuto después Mary le ha empujado y retado a ver quién llega antes al interior del campo. Van a la par pero ella hace trampas y "no habíamos dicho que no se pudieran poner zancadillas". Se tiran a la hierba, importándoles tres cominos que sus uniformes se manchen.
Sí que lo voy a echar de menos, sí. Piensa James.
Sirius no se queda solo demasiado a menudo cuando está en Hogwarts. Algo lógico, teniendo en cuenta que comparte dormitorio, zonas comunes, clases y comidas con sus tres mejores amigos. Incluso cuando Remus y Peter están ocupados con otras cosas (lo que para Remus suele significar o bien pasar tiempo con Lily Evans o bien estudiar, y en ocasiones una combinación de ambas, y para Peter es reunirse con su club de Gobstones, ir a clase de Adivinación o ver películas muggles con Will Spyke en las pocas veces que la profesora de Estudios Muggles les cede sus aparatos no mágicos para ese propósito) James no se separa de él en casi ninguna ocasión. Se ha acostumbrado tantísimo a su presencia, a sus comentarios - frecuentemente - estúpidos sobre la gente que pasa, a las ocurrencias, las ideas para travesuras, los planes para lograr escabullirse de las clases de la tarde de forma más efectiva y, en general, la forma en la que siempre suele saber qué hacer para convertir una tarde aburrida en un día memorable, que sólo cuando no está toma conciencia de lo aburrido que es Hogwarts como sitio para vivir.
Uno pensaría que vivir en un castillo más antiguo que su bisabuela y su tatarabuela juntas ofrecería millones de posibilidades de diversión distintas pero, en la práctica, sin la compañía de sus amigos, para él el colegio se convierte en tan solo una especie de jaula para animales muy grande. Una jaula decorada con cuadros mágicos, en la que habitan elfos y fantasmas, donde las escaleras se mueven y hay una alta probabilidad de que algo explote en un futuro cercano, pero una jaula al fin y al cabo.
Así que vaga por los pasillos, sin tener muy claro a dónde ir. Está tan callado y de un humor tan lánguido que la inmensa mayoría de las personas que pasan a su lado mientras camina apenas reparan en su presencia. Recuerda lo grande y fascinante que le pareció Hogwarts la primera vez que puso un pie en él; y lo poco que él y James tardaron en conocer al dedillo todos los rincones y escondites del gran edificio. Y piensa en Londres, y en sus cientos de tiendas, en sus bares llenos de gente que cuenta las historias más disparatadas, y su metro lleno de muggles que corren apurados de un lado a otro. Si estuviese en Londres ahora, en ese preciso instante, posiblemente no tendría tiempo de aburrirse. Durante un momento desea con todas sus fuerzas poder aparecerse lejos de allí y pasar la tarde fuera, manoseando vinilos en tiendas de música y engatusando a la señora mayor de la panadería frente a su casa para que le deje comerse algunas de las magdalenas que le sobran al final del día.
Después lo piensa otra vez. ¿Realmente me gustaría estar en Londres en vez de allí?
No, probablemente no.
En realidad le gusta vivir en Hogwarts. Al menos, con la compañía adecuada. Lo que pasa es que está teniendo un mal día. De hecho, algo más que un mal día. Un día terrorífico. La madre de todos los jodidos malos días. Uno de esos en el que todo el mundo parece estar ocultándote algo, o huyendo de ti como si hubieras hecho terrible. Primero Remus, luego Mary y James. Y el encuentro con Narcissa.
En serio, ¿qué demonios les ha picado a Mary y James?
Decide sentarse en un banco, en un pasillo del quinto piso aparentemente vacío. Poco después, alguien se sienta a su lado.
- Ey.
Hostia. Lo que me faltaba.
Gira la cabeza para encontrarse mirando directamente a los ojos a su hermano Regulus. Y enarca una ceja, a modo de saludo.
- ¿Qué haces aquí? - insiste él.
- Pensar.
- ¿En qué piensas?
- Si quisiera que lo supieses estaría hablando, tío.
- Tan encantador como siempre. - sonríe Regulus. - No sé qué ven en ti las chicas.
- Por lo menos en mí ven algo. A ti no se te acercan, ¿eh, hermanito?
- Eso es lo que te crees tú, - contesta, con una sonrisa pícara - Te sorprenderías.
- Espera, ¿¡qué!? ¿¡Mi hermanito pequeño sale con chicas!?
- Técnicamente, Sirius, solo tienes un año…
- Pensaba que nunca llegaría este día. Maldición, os hacéis mayores tan rápido…
- ¡Sirius! - exclama, y gira un poco la cabeza, levemente sonrojado. - Métete en tus asuntos.
- Has empezado tú. Oye, Reg, yo sé que no soy el mejor hermano de todos, pero si alguna vez necesitas consejos para ligar…
- Merlín me libre de aceptar consejos sobre cómo tratar a las mujeres de ti.
Se recoloca el flequillo, repeinado hacia atrás, y Sirius se toma un momento para observar a su hermano. Lleva el uniforme impoluto, sin una sola arruga, todos los botones limpiamente abrochados y la corbata atada en un nudo tan perfecto y elegante que él mismo no sería capaz de conseguir. Y la camisa metida por dentro de los pantalones, pero, por algún motivo desconocido, no le hace parecer un perdedor.
Serán los genes.
- Oye, que yo no trato mal a las mujeres.
- No, qué va. - sonríe - Narcissa está encantada contigo.
Sirius gruñe.
- ¿Ya te lo ha contado?
- Sí. Acabo de cruzármela.
- No entiendo por qué narices tiene que pasar una semana en nuestra casa, tío. De verdad. ¿Para qué? ¿Dónde va a dormir?
- Pues porque es tu prometida. Y qué más da donde duerma. No es como si en casa no hubiera unas diez habitaciones que nadie usa.
- No entiendo por qué tenemos que seguir adelante con esta gilipollez.. Es ridículo. Es de idiotas. No puedo odiar más esta puñetera familia.
- Mira, Sirius, sé que te resulta difícil con esa bocaza tan grande que tienes, pero deberías callarte y seguirles el rollo. Y cuando seáis mayores y tengáis edad de decidir, les decís a papá y mamá que pasáis del asunto y ya está. Y hasta entonces, estáis comprometidos. Fin de la historia.
- ¡Pero es innecesario! ¡Y ni siquiera queremos casarnos!
- Tú no sabes lo que ella quiere, Sirius.
- ¡Venga ya! Si me odia. Lo sabes de sobra. Me ha odiado siempre, y ahora me odia aún más porque en realidad quería que le tocase casarse contigo.
- Ya. Bueno. Pero por desgracia naciste tú primero, así que estáis predestinados.
- ¡Y una mierda! Además, Remus siempre dice que a Narcissa le gusta Lucio.
- ¿Lucio?
- Lucius Malfoy.
Regulus le mira, extrañado.
- ¿Y cómo sabe Lupin eso?
- Pues porque es Remus. Te sorprendería la cantidad de cosas que sabe, el tío.
- Pues me parece que en esto se ha equivocado. A Narcissa no le gusta Lucius.
- ¿Y tú cómo lo sabes? A no ser que sea porque estáis juntos. Si estáis juntos, hermanito, me lo puedes decir, de verdad.
- ¡¿Pero qué dices!? No. Pero no sé. Así, entre nosotros: Lucius es demasiado blando para ella.
- Si se entera de que has dicho eso, tío, va a llamar a sus padres y va a hacer que te echen del colegio.
- Confío en que me guardarás el secreto.
- Qué remedio. - Sirius se encoge de hombros - Solo porque eres el único en casa que aún me aguanta y si no, los veranos serían un suplicio.
- A veces. Te aguanto a veces.
El último día de su tercer curso en Hogwarts, James Potter baja al Gran Comedor, muy orgulloso de sí mismo y conversando con Will Spyke. El chico le ha abordado cuando salía de la Sala Común y llevan un buen rato celebrando no muy en silencio el evidente triunfo de Gryffindor en la Copa de las Casas. Es normal que estén tan felices que parece que es Navidad, porque es la primera vez que Gryffindor es ganador desde que ellos empezaron a ir al colegio y, por si fuera poco, el triunfo del equipo de Gryffindor en el último partido de quidditch ha servido para conseguirlo y poner la guinda al pastel. Guinda que fue la snitch que atrapó James y que sabe tan dulce como la empanada de cabello de ángel que pretende comer ese mediodía.
- Mis padres van a mandar a mi hermana a un campamento de brujas - le cuenta Will cuando cruzan la entrada del castillo -, quieren que al año que viene entre bien preparada a Hogwarts.
- ¿Qué sentido tiene un campamento de magia para menores?
- No sé, creo que les enseñan cómo coger la varita correctamente y a mezclar ingredientes de Pociones y… No sé, tío. A hacer amigos.
- Pues yo este verano espero hacer el vago como el que más.
- Yo también, pero tengo que practicar Encantamientos - baja la cabeza -. El profesor Flitwick va a colgar mi cabeza en su despacho al curso que viene.
- ¿Te fue mal el examen?
- Le quemé el poco pelo que le queda pero eso es lo de menos. Casi me hago desaparecer un dedo y me soltó una charla sobre la seguridad y la magia.
James se ríe cuando entran los dos al Gran Comedor. Caminan juntos porque todos los de tercero se han sentado juntos ese día. Un ritual. Will toma asiento al lado de su mejor amigo Cloud, que está convenientemente sentado al lado de Remus, así que James simplemente ocupa el lugar vacío al lado de Sirius, justo enfrente.
- ¡Campeooooooooooooooones! - su mejor amigo levanta un puño que James golpea sin piedad - CAMPEOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOONESSSSSSSSSS
- Black, ¿puedes dejar de gritar cada vez que llega alguien? - Lily Evans, sentada al lado de Mary y June Wallace, gruñe en alto.
- Eres la única que no me ha chocado el puño, Evans. Más te valdría irte a la mesa de los que no son campeones.
- Yo tampoco te he chocado el puño, Black.
- Lo sé Landon - se vuelve hacia Cloud -, pero hoy te lo perdonaría casi todo. De buen rollo, tío.
- De buen rollo.
James cree que está soñando y Remus también porque le mira con los ojos como platos. Hasta donde ellos saben no hay alcohol en la bebida. La otra opción es que esos no sean Cloud y Sirius y que alguien haya estado preparando poción multijugos ilegalmente.
Como la idea es descabellada, se centran en el profesor Albus Dumbledore, que en una elegante túnica púrpura abre los brazos sonriente.
Lo siguiente es un discurso largo que todos dejan de escuchar a mitad, incluso Remus, que acaba en una inocente guerra de migas con Peter Pettigrew. Y finalmente, cuando nadie se lo espera, la música aparece de la nada y la decoración del Gran Comedor se vuelve escarlata. Y les ahogan los aplausos.
Gideon Prewett y su pelo rojo se suben a la mesa con el apoyo de los gritos de un grupo de alumnos de Gryffindor y varios de otras casas y el chaval comienza a berrear el himno de su casa.
- SIEMPRE ENFRENTAMOS A LOS ENEMIGOS, EL CORAJE ES EL SÍMBOLO DE NUESTRA CASAAAAAAAAAAAAAAAAA . LLEVAMOS EN ALTO LOS VIVOS COLORE DEL FUEGO QUE ARDE EN LOS CORAZOOOOOOOONEEEEEEEEES.
Y a esas alturas, toda la mesa vocea la letra con mayor o menor acierto. Incluso Nick Casi Decapitado da palmadas con la cabeza colgando a un lado.
Es más, hasta Lily Evans chilla con todas sus fuerzas.
Sirius le pasa el brazo por los hombros a James e intercambian una mirada que dice "será la primera pero no la última"; un deseo de triunfar en la vida. La motivación suficiente como para conseguir todo lo que se propongan. Les brillan los ojos y dejan de creer en lo imposible.
Brindan los cuatro Merodeadores a la vez y es Remus el único que espera a beber su zumo de uva para poder entonar la última línea:
- … LLÉVATE EL ESPÍRITU DE HOGWARTS CONTIGO. ¡Y QUE GRYFFINDOR GUÍE TU CAMINO!
Atacan la comida sin piedad. Remus se sirve ensalada de verano, como el que le espera por delante. Caluroso y largo, pero interesante. Nota un suave golpe en el codo y se encuentra con los ojos claros de Cloud.
Sin duda ha sido el descubrimiento del año. Le observa, todo vestido de oscuro y se le hace raro. Estar todos ahí juntos y vestidos casualmente, sin los uniformes, remangados y con las horas contando para subirse al tren e ir a sus casas. Cloud viste casi siempre de negro y en aquella ocasión no es diferente. Una camiseta negra que cae grande sobre sus brazos delgados y con manchas rosadas. Se da cuenta entonces que no ha dejado de mirarle ni un segundo así que le ofrece un trozo de pan como ofrenda de disculpa y como excusa para hacer la situación menos incómoda.
A Cloud parece hacerle mucha gracia porque lo acepta y niega con la cabeza al tiempo que se ríe y sigue comiendo.
Un poco más lejos Lily Evans se encuentra sorprendida en una conversación con James Potter con el comodín de Mary en medio de los dos.
- Insisto en que se lo digas - repite él por centésima vez desde que se han sentado.
- Insisto en que no quiero - susurra Mary.
- No creía que diría esto nunca pero estoy de acuerdo con Potter.
- ¡BAM! - James da un golpe en la mesa y sonríe - ¡Feliz verano!
- ¡No quiero que suene como una cita! ¡Y no gritéis!
- Oh, vamos - Lily gesticula mucho señalando a Sirius, que evidentemente vive ajeno a todo aquello varios metros más lejos. Se ha levantado a felicitar a Gideon por su actuación -. Mary, es un cabezahueca, no va a darse cuenta de nada. No se da cuenta de nada nunca. No se ha dado cuenta todavía.
- ¡O igual sí!
- Creeme que no - interrumpe James -. No entiende por qué te enfadaste el otro día y juraría que se sorprendería menos de que le dijeses que estás enamorada de Peter que si te le declarases.
- ¿Ves? - Lily la coge de la mano - ¡Díselo, Mary! Por Merlín, no sé ni por qué te estoy ayudando con esto porque… Sirius Black - arruga la nariz -... pero aún así. Tienes que decírselo. Es quidditch, dirá que sí seguro.
- Te besará incluso - apunta James.
- Calla - gruñen las dos chicas a la vez.
Y es en ese momento que él levanta las manos, coge un plato lleno de muslos de pollo y se pone en pie para ir a buscar a Sirius.
Lo encuentra con el resto del equipo. Jack sostiene a Noah de la cintura, Gideon, Sirius y Kirk comparten un plato lleno de patatas con picante y Martha es la primera que se da cuenta de que el joven de gafas se acerca.
- ¡Corre, James! - Grita la chica - Estábamos diciéndole a Jack lo buen capitán que ha sido.
- Y estamos pensando en decirle a McGonagall que le suspenda algo para que pueda quedarse un año más - Gideon levanta un pulgar en el aire.
Y entonces James se da cuenta de algo que no había pensado hasta ese instante. Jack se va. El equipo de Gryffindor se queda sin capitán y sin su guardián.
El muchacho, alto y corpulento los observa uno a uno y les da un golpe en la espalda. Tan adulto. Tan genial.
Sirius finge que se le escapa una lagrimilla, pero James lo conoce lo suficiente como para saber que la tristeza es real. Jack ha sido como un hermano mayor para todos ellos y un capitán que ha conseguido que el equipo sea lo que es al día de hoy. Qué diablos, sin él ni siquiera podrían llamarse "equipo".
- Chavales - Jack sonríe -. Quiero que al año que viene ganéis otra vez esa maldita copa. Por mí y por vosotros.
- ¡VAMOS A METERLES BLUDGERS HASTA EL ESTERNÓN, JACK!
- Relájate, Prewett - pero se ríe -. Os voy a echar mucho de menos.
Y hasta ahí llegan las bromas. Noah se le lanza al cuello con los ojos llenos de lágrimas y Martha se tapa la cara con las manos. Sirius gira la cabeza hacia la mesa de los profesores y los otros tres intercambian miradas largas.
- Y nosotros a ti, Jack - Kirk, que normalmente no habla mucho, es el único capaz de decir alguna palabra -. Ni siquiera estaríamos en el equipo si no fuera por ti.
A James le viene a la cabeza aquel día en el que se presentó en el campo de quidditch, con muchísima confianza en sí mismo pero cientos de dudas. Es increíble que hayan pasado tres años. Tres años llevando el uniforme granate con orgullo y dejando el nombre de su casa bien alto. Aprendiendo. Es consciente de que el equipo no será lo mismo sin Jack, tampoco cuando se vayan los demás y sólo queden Sirius y él dentro de unos años. Es más, piensa en todos los equipos de Gryffindor que están por venir y se pone triste.
La idea de no volar en su escoba en ese campo se le agarra a la garganta como un depredador.
- ¡YA ESTÁ BIEN, JODER! - Sirius vuelve a mirarles con los ojos un poco enrojecidos - ¡QUE SOMOS CAMPEONES! ¡A BRINDAR!
Y James se alegra de que sean amigos. Y se alegra de la capacidad que tiene Sirius para quitarle importancia a cosas como esas. Gracias a él el grupo vuelve a recuperar el ánimo y todos los alumnos de cada una de las casas se llenan los estómagos sin excepción. Los temas de conversación vuelan; el verano, los viajes, los deberes, el aburrimiento, las ganas de volver o los que no van a volver más.
Mary espera a que la gente vaya marchándose a sus habitaciones a coger las maletas para acercarse a Sirius. Sin embargo, el chico siempre está rodeado de gente y ella cada vez con menos fuerza de voluntad para abrir la boca. Lily a su lado le presiona el brazo en silencio de vez en cuando; un gesto silencioso, porque Remus, Cloud, June y Will están junto a ellas.
Y para su mala suerte, cuando Sirius se acerca a ellos para marcharse por fin, agarra a Remus del brazo y James y Peter se unen a la comitiva de camino a los dormitorios.
- ¡Mary! - Lily le da un golpe.
- Jolín.
Los Merodeadores entran en su dormitorio con los estómagos bien llenos. James se lanza a su cama y para sorpresa de todos Remus le acompaña con un suspiro largo. Sirius y Peter se miran y les imitan con rapidez.
- Este verano - jadea Sirius bocarriba - más os vale escribir. Si no lo hacéis os mandaré a los cuervos de la familia Black para que se os coman los ojos.
- Pero si eres tú el que nunca escribes, Sirius - gruñe Peter -. Despídete de mis cartas cada dos días, amigo.
- ¡Vaya faena!
- ¡Oye!
- Yo pretendo irme con mi abuela unos días de vacaciones - sonríe Remus con los ojos cerrados -. A la playa.
- ¡Cógenos conchas! - Grita James.
- ¡Tráeme arena!
- ¡Tráenos biquinis! - Berrea Sirius.
- Te traigo un biquini si te lo pones tú, ¿vale? - Le vacila Remus.
- Bueno, pues no os riáis mucho porque estoy seguro de que me quedaría fantástico.
- Y podríamos disfrutar de tu culo peludo - eso hace que James se gane un almohadazo en la cara.
No hablan mucho más. Cabecean un poco hasta darse cuenta de que tienen que empezar a empaquetar las cosas o les llamarán la atención. Cada uno de los chicos saca su baúl y comienza el lío de todos los años. "¿Eso es tuyo en serio?", "eh, me lo has robado", "ni se te ocurra meterme eso en el puñetero baúl porque no lo has lavado en todo el curso". Y cuando terminan largos minutos después y observan la habitación, lo más ordenada que estará jamás en su presencia empiezan a notar el sentimiento de cada año: el curso ha acabado.
Peter coge su rata con una mano y mueve la varita para guiar el baúl con la otra. Sus compañeros hacen lo mismo y bajan con cuidado a la Sala Común. Allí todavía quedan los más pequeños, que no están muy seguros de qué pasa con las cosas que te olvidas durante el verano, y los más mayores, que quieren grabarse en la retina el aspecto de la habitación.
James, Sirius, Remus y Peter apenas echan un vistazo antes de salir por el retrato. Se despiden de la Dama Gorda con un cortés saludo y luego bajan por las escaleras hasta la entrada.
Se colocan en la larga fila de alumnos que esperan para salir al exterior y coger su carromato hasta la estación.
- ¡Chicos, chicos!
Se vuelve hacia la voz y descubren a Mr. Sexy corriendo hacia ellos con una sonrisa.
- ¿Qué tal, profesor? - Sonríe Sirius.
- Me estoy despidiendo de todos mis alumnos y no os encontraba por ningún lado así que… ¡Feliz Verano! - Mueve la varita en el aire y caen unas pocas serpentinas sobre sus cabezas.
- Igualmente profesor - corean los cuatro aguantándose una carcajada.
Cuando el hombrecillo se marcha para llamar la atención de unas chicas de quinto, los chicos estallan.
- Madre mía, qué hombre. - Dice Sirius.
- Es muy atento. - Asiente Remus.
- Es un buen partido. - Apunta James.
- Creo que nos tenemos que ir. - Les recuerda Peter.
Y así es. Avanzan en la fila y al rato se encuentran sentados en la carroza, dejando el castillo a su espalda.
Es raro en ellos no hablar mucho, pero es lo de siempre en el último día. Silencio melancólico y apurar los últimos minutos en decirse todo lo que no se han atrevido a contar antes.
Aquel año el Expreso de Hogwarts les espera brillante y echando humo.
Cuando suben James lanza su baúl al interior y ayuda a Remus a subir el suyo. Después los dos amigos recorren el pasillo en busca de su compartimento.
Sirius y Peter tardan un poco más porque el primero insiste en que se ha dejado la varita en el castillo. Tres minutos después la encuentran en el interior de su calcetín, pegada al muslo.
"¿Cómo te la guardas en un sitio como ese?", le pregunta Peter. "Joder, es que en la oreja se me caía y dicen que en los bolsillos es peligroso".
Para cuando ellos dos encuentran a Remus y James, estos ya se han esparcido en el compartimento. Remus mira por la ventana con la barbilla apoyada en la mano y James se limpia las gafas en la camiseta de color azul.
- ¿No sabéis esperar o qué?
- Teníamos miedo de quedarnos en el andén y que Hagrid nos obligase a hacer de guardabosques durante todo el verano - explica James.
- Además estabas muy ridículo buscando la varita en el interior de tus pantalones - murmura Remus con media sonrisa en la cara.
- Imbéciles.
Durante el viaje Peter les obliga a escribir en varios papeles el plan que tienen para el verano y así asegurarse de que los tiene controlados y sabe a dónde mandar su lechuza. Sirius insiste en que va a viajar a Florida todas las vacaciones y finalmente escribe Grimmauld Place y dibuja una calavera al lado.
Se prometen ir a comprar las cosas de Hogwarts juntos ese año porque suponen que tendrán que comprarse túnicas nuevas y todo.
"Y si se os ocurre cualquier cosa me la decís", insiste Peter, "novias, tesoros o lo que sea".
- Mi única novia este año va a ser la mugre de debajo de los muebles de mi casa - suspira Sirius.
- La única novia que quiero no me soporta.
- Y hablando de tu novia…
Lily Evans y su cabellera roja pasan por la puerta y a James le falta tiempo para levantarse y lanzarse al pasillo.
- ¡LILY!
Ella parece dudar pero finalmente se vuelve.
- ¡FELIZ VERANO!¡Que te lo pases muy bien!
Lily se queda quieta, observando la cara de felicidad de James y a ella misma se le escapa media sonrisa.
- Feliz verano, Potter.
Pone los ojos en blanco cuando le escucha empezar a componer una oda hacia ella y su felicitación y continúa por el pasillo en busca de Severus Snape.
Lo encuentra en un compartimento casi al final del expreso, con algunos de sus amigos de Slytherin, así que le hace una señal por el cristal y prefiere esperar apoyada en la pared.
El chico sale en menos de un minuto y la saluda con la mano.
- ¿No me vas a felicitar por haber ganado la Copa de las Casas? - Bromea Lily.
Snape no contesta. La mira incómodo y después baja la cabeza buscando el suelo con los ojos.
- No te enfades, Sev…
- No me enfado - es mentira -, pero ya sabes que he trabajado duro para ganar y…
- ¡Nosotros también!
- Ya bueno, pero tampoco tienes que restregármelo por la cara…
- Era una broma - contesta seca.
- Lo sé pero a veces las bromas son de mal gusto.
- No era una…
- Y duelen.
- Pero…
- Has dicho "nosotros".
- ¿Qué?
- Has dicho "nosotros también" y no sé desde cuándo tú eres un "nosotros".
- ¡Me refería a la casa de Gryffindor, Severus!
Vuelve a no contestar.
- ¿Sabes qué? - Lily se mete la mano al bolsillo del pantalón y saca una rana de chocolate - ¡Para ti! Pensaba comer dulces juntos gran parte del viaje pero se me han quitado las ganas. Feliz verano, Sev.
Severus Snape se queda con la rana de chocolate en la mano observando como su mejor amiga le da la espalda y desaparece entre otros estudiantes.
Quita el envoltorio y descubre el cromo coleccionable: Dumbledore.
- Mierda.
Cuando Mary escucha abrirse la puerta se espera a cualquiera antes que a Lily Evans. Básicamente porque se ha marchado de allí hace menos de cinco minutos.
- ¿Y June y Sarah? - Pregunta por las otras dos Gryffindor de su curso.
- Oh, han ido a por algo de comida al carrito - explica Mary -. No les he pedido nada para ti porque pensaba que no volverías pero podemos compartir mis grageas.
- No soy muy aficionada a las grageas - admite la pelirroja -. Y creo que no tengo ganas de tomar nada.
- ¿Qué ha hecho esta vez El Serpiente?
- Por Dios, no le llames así.
- Tienes que valorar el esfuerzo que hago para no usar los motes que corren por la Sala Común.
- Simplemente se ha enfadado porque hemos ganado la copa…
- Qué cretino - Mary estira los brazos evitando la mirada severa de su amiga -. Te lo digo en serio, Lils. No es porque sea Slytherin. No todos los Slytherin me caen mal, pero ese chico tiene algo… Algo raro.
- ¡Que está solo! - Se queja Lily - No tiene amigos. Bueno, no tiene amigos que merezcan la pena. Malfoy y sus colegas le presionan mucho y no puede ser él mismo y tanta presión le ha cambiado el carácter. No era así cuando nos conocimos.
- La gente cambia, Lily.
- Lo sé… - La chica mira al exterior. Humo de la locomotora y campos y más campos - Lo que pasa es que no quiero que tengas razón. No quiero que él cambie.
Se quedan en silencio. Mary agradecería que June y Sarah volviese en ese mismo instante. Que abriesen la puerta con los brazos llenos de chocolatinas y pudieran cotilleras sobre cómo besa Will Spyke. Sin embargo las chicas no aparecen y Lily está visiblemente alicaída.
- Mira, Lily - empieza a decir, pero no tiene ni idea de cómo continuar. ¿Qué se le dice a una persona en esta situación? Todo lo que se le ocurre parece sacado de una novela rosa, de esas que lee su abuela antes de echarse la siesta - A lo mejor Severus está pasando una mala época, ¿sabes? Igual estaba enfadado y lo ha pagado contigo, pero ya verás como tarde o temprano se da cuenta de que lo que ha hecho está mal.
- Eso espero…
- Y si no, pues, mira, ¡que le den! Yo seguiré siendo tu amiga pase lo que pase.
Mary se inclina sobre Lily y le da un abrazo: largo, cálido y un poco torpe. Pero, a pesar de que no sabe muy bien dónde poner los brazos, y de que están en una postura un tanto incómoda, puede notar a Lily sonriendo sobre su hombro mientras lo hace, así que supone que ha conseguido que se sienta, por lo menos, un poquito mejor.
La verdad es que no abrazo a Lily tanto como debería.
- ¿Sabes? - susurra Lily, todavía sin separarse del todo de ella - Estaba pensando en que… me alegro muchísimo de que nos hayamos hecho amigas de verdad este año.
- Yo también, Lily. - contesta ella. - Yo también.
- Y Sirius tiene mucha suerte de gustarle a una chica como tú.
- ¡LILY!
- ¿Qué pasa? - ríe ella; es una risa medio dulce, medio perversa - Es verdad. Te gusta Sirius, Mary.
- ¡VALE, PERO NO LO DIGAS EN VOZ ALTA! ¡QUE TE VA A OÍR ALGUIEN!
- ¡Pues igual está bien que te escuche Black de una vez por todas!
- YO NO QUIERO QUE ÉL ME ESCUCH…
No termina la frase porque, en ese momento, la puerta del compartimento se abre y vuelven a aparecer sus dos compañeras de clase, June y Sarah, con los brazos llenos de dulces de todos los tipos. June explica que sus abuelos llevan mandándole propina por lechuza todos los fines de semana desde que empezó el curso y no se había gastado ni un solo knut en ninguna de las visitas a Hogsmeade, así que podía permitirse comprarse casi todo lo que había en el carrito. Los dejan caer sobre uno de los asientos, y hay suficientes ranas de chocolate como para que todas ellas puedan comerse un par.
Mary está todavía demasiado nerviosa por la conversación que acaba de tener con Lily como para pararse a saborearlas, así que simplemente las desenvuelve y juguetea con los cromos entre las manos. A lo mejor si me concentro en mirar la cara de Gwenog Jones durante mucho rato los chicos dejan de ser estúpidos y no tengo que preocuparme nunca más por ellos.
Por suerte o por desgracia, el viaje a Londres se les pasa volando. En parte gracias a los dulces y la conversación animada de las cuatro chicas y en parte porque el conductor del Expreso tenía una cuestión importante que atender en Escocia aquella tarde y, por tanto, quería llegar a su destino lo antes posible para efectuar de inmediato el viaje de vuelta. Así que pisó el acelerador un poco más que de costumbre y consiguió realizar el trayecto en tan solo cuatro horas y cuarenta y cinco minutos, en lugar de las cinco horas y media a las que los estudiantes estaban acostumbrados. En una primera instancia, a los jóvenes magos les pareció perfecto haber llegado a su destino antes de tiempo porque eso significaba que iban a reunirse con sus padres y hermanos cuanto antes; pero la alegría inicial se desvanece un tanto cuando se dan cuenta de que éstos últimos no han sido avisados del adelanto en los horarios y, por tanto, la inmensa mayoría de familias no han acudido todavía a recoger a los alumnos.
Así que pronto el andén 9 y ¾ se llena de niños y adolescentes nerviosos que, arrastrando sus equipajes y alguna que otra mascota, aguardan impacientemente la llegada de sus familiares. James, Sirius, Remus, Peter, Mary y Lily se reúnen en uno de los laterales de la habitación y se sientan en el suelo a charlar para hacer la espera más amena. Como era de esperar, el señor y la señora Potter son unos de los primeros en llegar al andén y, cuando les ve aparecer, James suspira con pesar. No es que no tenga ganas de pasar tiempo con sus padres (de hecho, tiene tantas que jamás lo reconocería en voz alta) pero a ellos va a verles todos los días durante todo el verano, y todavía faltan tres largos meses para volver a reunirse definitivamente con sus amigos de nuevo.
- Bueno, bueno, parece que yo me tengo que ir ya - dice, y se despide de cada uno de sus tres compañeros de habitación con un abrazo fraternal. A Mary le da un beso en la mejilla y le revuelve un poco el pelo, con una sonrisa, después de prometerle que la llamará de vez en cuando. Y cuando le toca el turno a Lily se la queda mirando sin saber muy bien qué hacer.
Sí que es cierto que en los últimos días la chica se ha mostrado más simpática con él pero tampoco está seguro de cuál será su reacción si intenta darle un abrazo o un beso en la mejilla. Tampoco tiene muy claro, para ser sincero, cuál sería su reacción si Lily Evans le dejase hacer cualquiera de esas dos cosas.
Así que extiende una mano educada que la pelirroja mira durante varios segundos. Luego Lily coloca dos dedos, índice y corazón sobre la muñeca del chico y alarga la caricia hasta la punta del dedo anular de James.
Eso acompañado de una ligera sonrisa hace que el corazón en su pecho se ponga a botar.
Los padres de Peter son los siguientes en llegar, y después los de Lily. Remus se marcha caminando a casa por su cuenta, como de costumbre, así que, al final, solo quedan Sirius y Mary.
Sirius está distraído, jugueteando con un hilillo suelto que hay en una de sus zapatillas. No parece especialmente emocionado ante la perspectiva de las vacaciones. Mary supone que tampoco tendrá ningunas ganas de ver a sus padres, en general, así que se está tomando la espera con calma. Pero para ella, están siendo los minutos más incómodos de su vida. Aunque se esfuerce por repasar la lista mental de los momentos más embarazosos que ha vivido jamás, ninguno se acerca remotamente al nivel de bochorno que está sintiendo en ese momento. Ni siquera la vez que, de pequeña, fue al cine a ver una película de miedo con su hermano y le vomitó encima a la señora que estaba sentada en el asiento de al lado.
- Joder, qué puto calor - suelta Sirius entonces.
- ¿Quieres que te abanique? - contesta Mary, porque es lo primero que se le pasa por la cabeza, y al instante se arrepiente de haber pronunciado esas palabras. ¿Te has ofrecido a abanicarle, MacDonald? ¿¡En serio!? ¿¡En qué estabas pensando?
- No te veo mucha cara de elfo doméstico. - Y parece que se hace mucha gracia a sí mismo porque suelta una carcajada seca.
- ¿Siempre te ríes de tus propios chistes?
- Cuando no están James ni Peter para reirme las gracias sí, prácticamente siempre. Es que soy gracioso, joder. No es mi culpa que no sepas apreciarlo.
- Y ummm, Sirius... ¿qué has pensado hacer este verano?
- Ni idea. Escuchar música en mi cuarto. Acosar a James con lechuzas todos los días para que me saque de casa alguna vez. Yo que sé, tío. El verano es aburridísimo. Lo único bueno es ir a Londres de vez en cuando, pero ir solo tampoco tiene gracia.
- Y… - coge aire. Sabe que no va a tener otra oportunidad mejor que esa de decírselo. Reformula la frase en su cabeza lo que parecen un millón de veces antes de atreverse a pronunciarla; e incluso cuando lo hace, se esfuerza por sonar despreocupada. Como si no llevase todo el día pensando en decírselo. - O sea… Qué… ¿Qué te parecería ir… a la final de la Liga de Quidditch?
- Pues la verdad es que estaría de puta madre. El día que me toque la lotería, me compraré todas las entradas de la final de ese año y haré que los equipos jueguen solo para mí.
- ¿No podrías hacer eso ahora?
- Seguramente mis padres tienen suficiente dinero como para comprar el estadio entero, pero nunca jamás me iban a dejar tocarlo, así que me parece que no. A no ser que amenace a alguien. Soy un Black. Podría funcionar… - se rasca el mentón, pensativo, y Mary le maldice por desviar la conversación de esa forma.
- Bueno… yo no puedo comprar el estadio entero pero… ¡voy a ir a la final este verano!
- ¡No jodas! ¿¡En serio!?
- ¡En serio!
- No te puedes hacer a la idea de cuánto te envidio en este momento. ¡Joder! ¡La final de la liga! Vendería el alma de James por poder verla aunque fuese de lejos.
- No hace falta que vendas el alma de James porque… - ¿pero cómo es posible que no se haya dado cuenta todavía de lo que le estoy ofreciendo? - tengo una entrada… para ti, si quieres. Sólo si… quieres.
- Quiero que sepas que si es una broma es una de muy mal gusto y no voy a volver a dirigirte la palabra en mi vida entera.
- No es una broma, Sirius.
- ¿NO? - Se pone de pie como si le quemase el trasero - ¿ESTÁS SEGURA?
- Totalmente segura. Tan segura como de que John Lennon es el mejor de todos los Beatles.
- ¿¡ME ESTÁS DICIENDO... - exclama, en voz tan alta que prácticamente todos los estudiantes que todavía no se han marchado a sus casas pueden oírles - ...ME ESTÁS DICIENDO QUE TIENES UNA ENTRADA DE SOBRA PARA LA FINAL DE LA LIGA DE QUIDDITCH Y VAS A DÁRMELA A MÍ?!
- Eso mismo te estoy diciendo, Sirius. - Mary nota como se le sonrojan las mejillas. Le tiemblan un poco las piernas. Está tan nerviosa que ni siquiera es divertido - Si no te importa venir conmigo, claro.
- ¡Cómo me va a importar! - El chico se lleva las manos a la cabeza, enredando los dedos en el pelo - ¡Estoy alucinando, tía! ¡BENDITO SEA POTTER EL DÍA QUE ME DIJO QUE ERAS TRIGO LIMPIO!
- ¿Te dijo que era "trigo limpio"?
- No, joder, dijo alguna ñoñería de las suyas pero me has entendido - carraspea e intenta poner voz de pito - "en serio, Sirius, que no es como las demás. Te lo juro. Es fantástica"
- ¡No puede ser que James te dijese eso! ¡Qué vergüenza!
- Dios mío, la final de quidditch. Voy a llorar. Te juro que voy a llorar aquí y ahora - detiene todo el movimiento de su cuerpo en un instante -. Espera. Espera. ¿Cómo vamos a ir? ¿Haremos noche? ¿Tú y yo solos? ¿Tengo que hablar con tus padres?
- No lo sé. No lo sé todavía... Supongo que iremos con mi hermano. Nos puede llevar en moto.
- ¿¡TU HERMANO TIENE UNA MOTO!?
- De hecho, tiene dos - ríe ella - y con sidecar, y todo.
- Dios mío, Mary. Creo que te voy a pedir matrimonio.
- No puedes - bromea ella; aunque, en el fondo, el estómago acaba de darle un vuelco - Ya estás prometido, Sirius.
- Que le zurzan a Narcissa. Eres una tía genial. En serio. ¡VAMOS A IR A VER LA FINAL DE QUIDDITCH! NO ME LO PUEDO CREER.
Mary tiene la sensación de que la conversación podría haberse alargado eternamente, y Sirius podría haber estado profiriendo exclamaciones de asombro durante horas; pero después de que éste pronuncie esa última frase, la chica ve a sus padres y a su hermano acercándose hacia ella entre la multitud, indicando que es el momento de marcharse.
- Bueno, Sirius… - murmura ella, mirando al suelo. - Me tengo que marchar. Pero ya nos escribiremos para hablar de esto, ¿vale?
- ¡Pues claro! Esperaré impaciente tus cartas.
- Vale. Bu-bueno… Pues nada… Hasta lue…
No acaba la frase porque los brazos de Sirius la atrapan dejándola casi sin respiración. Nota cómo los pies se le levantan del suelo y tiene que ser lo más parecido a lo que la gente llama "abrazo de oso" que vaya a experimentar en su vida. El chico susurra un último gracias en su oído antes de soltarla.
Después la observa alejarse entre las personas que todavía quedan en el andén, y pronto pierde de vista su pelo oscuro. A falta de algo mejor que hacer, y ya que todos sus amigos se han marchado, Sirius decide buscar a su hermano. No le hacen falta más que un par de minutos para localizarle, sentado con las piernas abiertas sobre su baúl, con la bufanda de Slytherin todavía sobre los hombros y charlando distraídamente con Narcissa.
- Hola. - Saluda en tono grave.
- Uy, Sirius - Narcissa le mira largamente -, ¿qué es esa expresión?
- ¿Qué?
- Sí, - Regulus le mira por primera vez -. Tienes cara… como de idiota.
- ¡Chaval!
- No, no - Regulus levanta una mano en señal de disculpa -. No tu cara de idiota habitual. Esa no nos llamaría la atención, ¿verdad?
- Exacto. - Asiente ella.
- Que os den.
- Bueno, pero cuéntanos qué te pasa, ¿no? - insiste su hermano - ¿Por qué estás tan contento?
- No estoy contento. No sé de qué me hablas.
- ¡Pero si estás sonriendo todo el rato! ¿Te crees que soy tonto?
- No sé, hermanito. Es que presiento que este va a ser un buen verano. ¿No crees?
