Me, Myself and I

II

Por Aomine Daiki.


En esa pose tranquila y silenciosa, Tony luce como una bella flor marchita. La palidez del cuerpo acentuada por el rojo quemado de los labios y el caoba apagado que se torna oscuro bajo la luz de una mañana nublada hacen que Stark imite la decadencia de una rosa que ha sido desprendida de la tierra fértil. La hermosura de sus facciones sigue intacta, el enervante aroma que brota de la herida al centro de su pecho descubierto se propaga a lo extenso de la habitación. El arreglo foral dispuesto en la cavidad abierta de éste se nutre de las fibras musculares y de esa sangre que sigue irrigándolo inútilmente. Y Rogers cree que es tiempo de regarlas aún más, de hidratar sus tallos semi vivos, por lo que introduce los dedos ―índice y medial― en aquel agujero para arañar las paredes y así aumentar el flujo sanguíneo. Su acción no genera respuesta alguna en Tony, ver la tempestad apagada y quieta hace que Steve crea que todo esto ha valido la pena. No hay belleza más grande que la que guarda el sueño, y no hay otra cosa que el capitán desee más que el ver a Tony en paz.

Rogers saca los dedos para pintar con ese líquido bermejo los labios de Stark. Quiere darles brillo y suavidad. Quiere besarlo una, dos, cien mil veces. Disfrutar del sabor dulce, picoso y ferroso. De embriagarse con su fragancia que huele a locura, destrucción y muerte.

Steve se inclina sobre Tony, lleva puesta una cara de plena satisfacción que intenta suavizar con una sonrisa que no puede ocultar su exaltación. El contacto de su boca con la ajena es suave, gentil, amable a comparación del regocijo enfermo y torcido que este le genera.

"Buenos días, Tony"

La baja temperatura en la figura cansada del hijo de Howard contrasta con la calidez de su sangre emanada. Esa que quema la cordura del capitán América.

Steve quisiera que el saludo le fuese devuelto pero entiende que la baja de plaquetas y el proceso de inflamación trabajando alocadamente en cerrar la enorme herida causada por su mano mantienen a Anthony en espera.

"Es inusual el tenerte tan callado"

Los ojos azules que miran a Stark son tan claros como el cielo de esa mañana de verano. Hay una candidez, un amor tan loable que nadie podría imaginar que el dueño de estos pudiera ser capaz de empuñar el cuchillo situado sobre el tocador, ese que lleva en la hoja un suave aroma a manzana, y clavarlo sin titubear en el antebrazo de Tony Stark.

El filo entra con facilidad, abriéndose paso en la carne, rosando los nervios y mandando un estimulo rápido al cerebro donde éste lo codifica como dolor, dolor que arrebata al millonario de su sueño, arrancándolo de las garras de esas crueles quimeras para traerlo a una realidad más perversa que la que su subconsciente creara entre pesadillas. Tony abre los ojos, de golpe, las pupilas contraídas y los labios ensangrentados, sin heridas, se separan para dar paso a un fuerte gemido que le rasga la garganta.

"¡Ugh―"

La réplica llega en conjunto de un intento por espantar aquello que lo ha herido. Casi como si fuese un mosquito molesto e irritante. Pero no se trata de un insecto alado, ni nada semejante o parecido. Es un cuchillo de mango negro, ébano, si sus ojos acuosos no lo engañan lo que lo está lastimando. Su primer impulso es sacárselo pero una fuerte mano lo detiene. Lo prensa enérgico de la muñeca y la debilidad que le sigue a su condición es suficiente para que no pueda oponerse.

"Ngh"

Tony aprieta la boca, pujando, intentando liberarse sin conseguir nada realmente.

"¡Maldita sea, suelta―"

"Ese vocabulario, Tony"

"¡Ah!"

Las palabras se le cortan, el sonido de esa voz lo hiela. Un simple tono, una modulación afable y severa, basta para que Stark quiera devolver las entrañas y perder toda energía apenas acumulada en sus miembros.

"¿No te dije que cuidaras tus palabras?"

Steve contiene su mano con la propia mientras adentra en su carne un poco más el cuchillo. Esa firmeza con que lo penetra le hace pensar a Tony que el capitán tiene pensado atravesarlo por completo.

"No es como si ahora se escucharan a los ancia―mm―nos"

Rogers gira a la izquierda luego a la derecha al tiempo en que sigue introduciendo la hoja. Lamentablemente no le ha parecido graciosa la respuesta, pero si lo suficientemente hilarante como para deformarle el ánimo a una postura preocupante.

"Tony"

"Ngh, deten―, ¡ah!"

Stark se inclina hacia adelante, buscando con ello mitigar algo del dolor que siente. El aroma de su propia sangre lo marea y los deseos de vomitar se acrecientan.

"Esta no es la forma en que pretendía empezar nuestra primera mañana juntos"

"Ah―h"

Steven corta verticalmente un centímetro o dos antes de sacar el cuchillo. Manchando las blancas sábanas y el piso de madera de esa pequeña y acogedora casa. El acto le da un alivio inmediato a Tony y una diminuta tristeza al capitán. El cuchillo vuelve al buró con el plato repleto de manzanas sin cáscara. Imitando la sangre que escurre por su hoja una especie de salsa de frambuesas.

"Ha― ha― ha―"

Rogers visualiza una silla de madera roja a unos metros, camina hasta ella para arrastrarla a pasos de la cama en la que Tony sigue doblado, jadeando e intentando devolver las lágrimas que se le agolparan a los conductos de sus ojos. Se sienta, con las piernas abiertas y el cuerpo doblado hacia adelante. Las manos entrelazadas y los codos de estas encima de las rodillas firmes y quietas. Tiene una postura cansada, pensativa y de cierta manera triste.

Stark puede verlo, entre el flequillo desordenado que le bloquea la mirada. Tembloroso intenta recostarse pero cuando lo hace se da cuenta de las flores dispuestas en su regazo. No las había notado.

"¿De dónde―"

Steve parece adivinar sus pensamientos, y antes de que la mente de Tony empiece a divagar éste le responde.

"Yo las traje"

Tony no lo mira, tampoco lo hace Steven, ambos permanecen en sus posturas.

"¿Sangre?"

Los tallos están cubiertos y los pétalos de algunas por igual. Hay una gran variedad, desde narcisos hasta gardenias. Todas ellas con mensajes sutiles que hablan de su desastrosa personalidad. El perfume generado por la presencia de estas es refrescante, dulce y horripilante. La angustia que le genera lo hace palparse el pecho, justo donde su reactor se encuentra. Pero hay algo anómalo, algo curioso, extraño ubicado en esa parte de su cuerpo. Tony puede sentir la ausencia del metal y la calidez de algo brotando de aquel sitio ahora vacío.

Temeroso palpa el círculo hueco, los ojos bien abiertos y las pupilas contraídas hacen juego con la boca torcida y la expresión abrumada en su cara.

No está, el reactor en su pecho no se encuentra. El artefacto que lo mantiene con vida no está ya más.

Va a morir.

La información le azota el cerebro, un potente mareo repta de los pies a la cabeza. Un terremoto desmorona su fortaleza y el tornado de un delirio lo enloquece por segundos. Asustado mira en todas direcciones, no hay salida, no hay respuesta ni alternativas. Está desesperado. La respiración se le corta y justo cuando siente la asfixia enroscarse en su garganta la mirada se topa con la de Steve. El azul del cielo se deforma hasta crear un color tan frío como el metal. No hay amabilidad en ese par de iris, tampoco gentileza o bondad. Son como el océano, cruel e insurrecto.

"Ha― ha― ha―"

La hiperventilación empeora su condición, la mirada de Rogers lo empuja deliberadamente a la locura y el horror de todo esto lo estruja. Tony mira entre espasmos el agujero en su cuerpo. Puede ver la carne fresca y restos de hojas verdes en su interior. Steven, ¿lo ha usado como florero?

La simple idea lo asquea y cuando vuelve a ver a Rogers con una expresión débil, frágil y trastornada, manteniendo esa mirada helada las nauseas ganan. Vomita, sea lo que sea que hubiese en el interior de sus entrañas. Las flores se manchan con ese líquido ámbar. El olor de los ácidos gastrointestinales, la sangre y las flores que no son más que cadáveres andantes, ahoga la cabaña. Desde la recámara hasta la pequeña sala donde una chimenea guarda las cenizas de una fogata que ardiera a finales de febrero. Cuando el invierno no hacía más que despedirse en silencio.

Steve aguarda, con el ceño fruncido, apretando las manos, ocultando la boca detrás de sus puños, en silencio a que Tony termine de delirar.

Las arcadas finalizan, y Stark ha dejado escapar esas lágrimas que se mezclaran con la pesada saliva. Está hecho un caos. Y aún en su decadencia alza la cabeza para fijar la vista al frente e ignorar a Rogers que no deja de observarlo con una profunda tristeza bien oculta.

"¿Y Rhodes?"

La voz no le tiembla y cuando siente un sabor ferroso barnizando sus labios.

"Probablemente muerto"

Steve responde sin emoción alguna. No hay enojo, ni ira, ni amabilidad, ni alegría u seriedad.

Tony ahoga un gemido y aprieta la tela de las sabanas.

"¿Dónde estoy?"

No reconoce ese lugar. Y encuentra repugnante la limpieza y lo pulcro del lugar en contraste con su situación.

"A salvo"

Quiere reírse, mofarse hasta el cansancio. ¿Qué le pasa a este sujeto?, ¿qué hay de malo en su cerebro?, ¿por qué a él?, ¿por qué Rogers?

El cinismo del capitán le crispa los nervios y Tony, bajo la rabia e ira, toma un puñado de aquellas flores cubiertas en sangre y vomito para arrojárselas con desprecio a Steve. Los cuerpos aún en flor golpean la cara del capitán, quien solo cierra los ojos sin moverse de su lugar. La mezcla ferrosa y ácida se corre cerca de la boca y el perfume agrio le penetra las narinas. Es el sabor y el olor que tiene el dolor, la ira y rabia de Tony Stark. Es una combinación deliciosa, excitante, a la que Rogers no puede negarse.

Excitándose al instante. Sintiendo su hombría endurecerse con descaro.

"Siempre has sido malo haciendo bromas, Rogers"

La voz rencorosa le saca una sonrisa. Y Steve no cree que sea conveniente levantarse aún.

"No soy tan bueno como tú"

Tras su respuesta, el capitán cambia de postura. Recargándose en el respaldo de la silla. Pasando los dedos por su cabellera mientras suspira pesadamente.

"Te necesito. Te necesito conmigo para que sigas vivo"

Steve echa la cabeza hacia atrás mirando los diferentes tonos del techo. Ese mismo iluminado por el sol veraniego de esa mañana de julio.

"Si te rehúsas, tu reactor no volverá y morirás"

Esta vez el timbre en su voz cambia, vuelve a ser aquel tono serio, sincero y fuerte que bien conoce Tony. Pero no, no puede ya confiar en Steve, no, porque es un mentiroso, un asesino y un traidor.

"¿Es esta tu forma de declararte?; lo siento pero no me van los tíos de la tercera edad con delirios psicópatas"

"Deja de ser tan terco, por favor. No entiendes. Ellos no me darán otra oportunidad para convencerte"

"¿Hah?, ¿ellos?"

Es allí cuando Steven cree que este es el mejor momento para dejar la silla y ponerse en pie. Al hacerlo, Stark le sigue atentamente. Camina por la habitación hasta dar con el disco metálico con que atracara el departamento de los Avengers la noche anterior.

"Así que decidiste hacer tu propia versión. Bastante ordinaria, por cierto"

"No fui yo. Fueron ellos, quienes me lo dieron"

Alza el disco para que Tony pueda verlo a la perfección. Ciertamente no es como el que su padre Howard diseñara, tampoco tiene esos ridículos colores que muestran su absurdo patriotismo. Muchos menos se encuentra al centro la estrella que se volviera tan característica de él. Es tan distinto, en todos los sentidos. Principalmente por esa calavera con tentáculos al centro.

"Hydra"

Tony pronuncia venenosamente y Steve siente su miembro palpitar.

"¿Ahora entiendes, Tony?, quédate a mi lado. No huyas. Yo te protegeré. De Hydra, del mundo, de todos"

Una risilla se le escapa a Stark, eso y una mueca mordaz.

"¿Y de ti?"

Y la pregunta que suelta sólo provoca que la locura de Rogers explote del frenesí.

"Oh, Tony, ¿aún no lo entiendes?"

Sin decoro Steve se lanza contra Stark, clavándole el disco en la garganta para sofocarlo.

"U―ugh"

"Yo nunca te haría daño. Nunca"

Dejando que la saliva se le escurra por los labios al multimillonario, esos que siguen pintados con su sangre, para que entonces así Rogers pueda bebérsela.

"N―nunca te l―lo per―ugh―donaré, N―Rogers"

Haciéndole la persona más feliz del mundo.


"¡¿Qué diablos pasó aquí?, ¿hola?, ¿hay alguien en casa?, ¿Stark?"

Un departamento derrumbado no era precisamente lo que Scott esperaba encontrar tras haber deliberado por más de 72 horas sobre el sillón de su casa acerca de sí hacerle una visita o no al narcisista multimillonario Anthony Edward Stark. Eso y también sobre el hecho de si a Tony le agradarían las flores.

"Desconocía lo intensas que pueden ser las fiestas de los vengadores"

Aquella fue su impresión una vez que se adentró al departamento. Los escombros dejaban en claro que alguien o algunos habían llevado al siguiente nivel sus reuniones sociales. Y es que habían reducido a un montón de escombros todo el lugar. Pero eso no era lo que tenía realmente sorprendido a Lang, no, sino el hecho de que no hubiera nadie en casa.

"Mierda, no quiero saber quién van a ser el encargado de limpiar todo esto"

Caminando con cierta precaución, sin olvidarse ni un momento del ramo de flores que llevaba consigo, le dio vuelta a todo el departamento. Conforme avanzaba la idea de que hubiesen realizado una fiesta se le esfumaba al ex convicto pues sin rastro alguno de botellas, comida, platos o algún adorno ridículo o excéntrico marca Tony Stark, que sustentase su idea le era imposible mantenerla. Menos cuando notó un par de enormes manchas rojas en la alfombra y paredes dispersas de forma siniestra. Eso y que un intenso aroma a sangre parecía correr por todo el lugar.

Se movió precipitadamente al detectar que dicho olor provenía de cierta dirección. Corrió entre las ruinas con la total intención de dar con aquel sitio.

No supo que hacer cuando descubrió el origen de aquel aroma. Lo que de su boca intentaba salir no se semejaba a una risa, tampoco a ungrito, era algo más fuerte y terrible que cualquier otra emoción que su cuerpo, hasta ahora, tuviera fortuna de conocer. Y es que encontrar el cuerpo del teniente coronel James Rhodes en una postura anómala, con la mirada entre abierta y el brillo de sus pupilas apagado no era precisamente lo que esperaba hallar. La sangre acumulada justo debajo de él tenía un aspecto espeso, pesado, y su aroma estaba dejando su dulzura para convertirse en un algo terrible, tétrico y espeluznante. Tragó duramente antes de acercarse a él. Ahogando un gemido cuando al tocarlo lo sintió tan helado como la nieve en invierno.

"Hey, teniente, hey"

Intentó llamarlo, una, dos, cinco veces a pesar de saber la respuesta. Todo esto solo porque no quería admitir que el coronel estuviese muerto. Tampoco que no hubiera nadie en casa, que Tony Stark, el mejor amigo de este hombre, no se encontrara allí para llorarlo. Y porque tampoco quería empezar a preocuparse por ese narcisista más de lo que ya lo estaba haciendo.

"Maldición"

Maldita sea la hora en que había decidido caer por los encantos de Stark. Y el momento en que se le ocurrió aparecer en su departamento con la intención de sorprenderlo.

Pensó en levantar al teniente pero decidió dejarlo en esa postura y solo cerrarle los ojos. Inspiró hondo, sacó el celular, buscó en su lista de contactos y oprimió el botón de llamar. Esperó en la línea a que le respondieran y entonces dijo:

"Tenemos un gran problema, hay que avisarle al capitán, pajarito"


Continuará…


N/A.- Bueno, este capítulo tiene dos versiones, pero al final me quedé con ésta, creo que la otra no reflejaba bien lo que quería hacer. Pues no resultó TAN gore como yo quería, pero ahahah, los próximos van a ser una tortura china. No me gusta pegarle a Tony pero la idea de uno con los intestinos de fuera siendo violado por Steve es demasiado tentador para mí. Y bueno yo no soy taaaan fan de Ant-Man pero me gusta la idea de shipearlo con Tony. Aunque será un amor unilateral. Mmm, por allí preguntaban acerca de Bucky y demás, claro que van a salir, esto no se puede quedar así. Pero, ¿qué van a hacer nuestros héroes si el único que sabe la verdad de Steve ya la palmó?, yo solo diré: Good luck, bitches!, y hasta la próxima.