Me, Myself and I

III

Por Aomine Daiki.


La mañana tiene un inusual resplandor. Los tonos dorados que despide ―que rayan en un delicado tono ocre y marrón―le brindan un aspecto nítido a la imagen que le es devuelta por las aguas coloridas de un masala chai torpemente preparado. Tony puede ver claramente que las conjuntivas están severamente marcadas por un tinte bermejo que acentúa el color marrón de sus iris. El negro de sus ojeras parece alargarle las pestañas y acentuar la palidez que se ha robado el ligero tueste en su piel provocado por el Sol. Le duele la cabeza, tanto, que no exagera cuando piensa que en cualquier momento podría estallarle. Quiere llorar, pero no sabe sí de dolor o impotencia, o ambas. Pero no puede, no debe. No durante el desayuno ni cuando Steve está a unos metros cocinando mientras tararea una canción irreconocible.

Levanta la taza, la mano le tiembla. El intenso perfume penetra sus narinas provocando que tuerza la boca.

"…El aroma es horrible"

Dice sin importarle moderar la voz. Frunce la frente cuando la taza se le ladea lo suficiente para salpicarle la muñeca. No puede, es incapaz de llevarla hasta su boca sin que la taza deje de sacudirse. La bebida está hirviendo y sus labios cuarteados lo resienten. Las heridas que aún no le sanan le dificultan beber correctamente. Un pequeño sorbo basta para que deje sin delicadeza alguna el té sobre la mesa. Es asqueroso, no solo el color o el olor, sino que todo esto. La rabia le repta sinuosa, acechándole. Implantando una arrebato que no tarda en consumar golpeando la porcelana con toda la fuerza que posee. Haciéndola añicos al mandarla contra el bufetero situado a su derecha.

"¡¿Tony?!, ¿qué-"

Rogers reacciona de inmediato, bajando la llama de la estufa, dejando de lado la pala y acercándose lo necesario para darse cuenta de lo que ha sucedido.

Stark le mira con esas pupilas contraídas, con los labios tensos y las cejas arrugadas. Lo está retando, le está diciendo que aún no se ha rendido, que no cederá. Sin embargo la respuesta de Steve no es la que Anthony esperaba, no, esos hermosos ojos del color de los mares caribeños no llevan calidez sino frialdad. Son oscuros y siniestros. Distantes, escalofriantes.

"Hah, ¿dónde están tus modales?, ¿no prometiste comportarte en la mesa, Tony?"

El capitán, situado a la orilla de la mesita, analiza con cierta parsimonia los restos de la porcelana ―todavía húmedos― regados por el piso de madera. El tono de voz suena melancólico, incluso triste, pero Stark sabe que son puras patrañas y que cuando Steven usa ese tono algo espantoso está por seguirle.

"No está bien desperdiciar la comida"

Y aún así, aún así, Tony no puede dejar de luchar, de resistirse, de pelear a pesar de que Rogers es alguien importante. Alguien que no está al mismo nivel que Rhodes, Pepper o Bruce. Que ocupa un espacio en su interior, de forma que no entiende y que ahora con todo esto se le complica más comprenderlo. Por ello echa ladea el rostro, intentando evadir al capitán, y así responder de forma sardónica pese a que solo está empeorando las cosas.

"Tú lo has dicho. Comida. Eso que ves allí no es más que agua suc- ¡hmph!"

Y las represalias llegan, los fuertes dedos de Steve apretándole la mandíbula lo callan. Hay una fuerza excesiva, la justa para impedirle seguir hablando y dominar los movimientos de la cabeza.

"Ngh"

La curvatura de esos labios rojizos asusta mientras que las gélidas ondas de felicidad que nadan en la mirada azulada paralizan. Tony hace trabajar su cerebro en los mil y un escenarios que pueden depararle.

"No haces más que causar problemas, Tony. Lo disfrutas, ¿no es así?, te fascina llamar la atención. Pero ¿sabes?, no puedo estar atento a ti todo el tiempo, mucho menos terminar de hacer el desayuno si tú no te comportas. Por ello"

Steve hace una pausa antes afianzando su mandíbula para levantarlo de la silla sin dificultad alguna.

"Suel-"

Tony clava las uñas en esa mano pero no consigue absolutamente nada, ni siquiera una mala mueca. Tampoco cuando lanza un par de patadas a los costados del soldado. Es como si un pequeño e indefenso conejito intentara zafarse de las fauces de un caimán.

Rogers lo arroja violentamente contra el piso, allí donde los fragmentos del a taza se encuentran. Instintivamente Tony mete las manos buscando tras ello amortiguar la caída, sin embargo esto solo causa que los restos de la taza se le claven en las palmas. No hay dolor debido a la rapidez y fuerza con que Steve lo ha tirado.

"Vas a ayudarme a limpiar esto"

En aquella posición, a gatas, Steve le empuja la cabeza hasta obligarlo a besar el suelo. La madera está mojada, los microfragmentos contra sus labios se sienten como una pequeña alfombra de diminutas astillas.

"Abre la boca"

Stark se niega queriendo desviar la cabeza pero la poderosa mano de Rogers no lo deja.

"Ábrela"

Pero pese a ello Anthony sigue mostrando resistencia, obligando al capitán a ser más rudo con él. Por lo que Steven opta por aumentar la fuerza y estrellar el rostro del multimillonario contra el suelo.

"¡Ah!"

Un grito es lo que Rogers estaba buscando para filtrar los dedos en la boca de Tony.

"Ugh―"

Sin delicadeza, con los dedos de la mano contraria, restriega el rostro de Stark sobre los pedazos de la porcelana.

"Usa la lengua. No quiero tener que mezclar esto con tus huevos revueltos, Tony"

"Mmm"

Anthony sabe que terminará cediendo en algún punto, porque entiende que sin su traje no puede hacer nada y que su inteligencia no parece no funcionar con un sin ceso como el capitán América. Que el sarcasmo que le fluye por las venas es algo que ni esos trozos de imitación de porcelana china pueden rasgarle y que este sentimiento deforme y repugnante que le carcome el sistema límbico se irá con ese olor a tocino y pan tostado. Que los rayos de esta hermosa mañana, esos que acarician las flores afuera de esta casa de madera, volverán al día siguiente a mostrarle en las aguas oscuras de un té mal preparado su rostro lleno de arañazos. Y que el agua caliente le lastimará la lengua rasgada y que no serán huevos revueltos esta vez, sino algo mucho más suave, algo que pueda alimentarlo. Tal vez solo tal vez podría tratarse de un buen puré de manzana.


Scott no podía creer lo bello que el amanecer podía lucir desde los enormes ventanales del departamento de los vengadores. Ni tampoco que algo tan bello pudiese convertirse en algo tan triste. Había pasado la noche en el lugar, con el cuerpo de James Rhodes tendido sobre uno de los sofás que logró sacar de los escombros. El teniente coronel lucía como si estuviese disfrutando de una grata y tranquila siesta. Si no fuese porque nunca más despertaría, Lang gustoso lo hubiese apodado: Sleeping beauty, aunque no entrara en sus cánones de belleza como sí lo hacía Stark. Stark, ¿dónde diablos estaba?, ¿cómo es que hasta el momento no había dado señales de vida?; esto no estaba bien, en lo absoluto. No cuando se trataba de James Rhodes.

Además tenía que pensar en cómo iba manejar todo este asunto. Ya que no creía que el club de los defensores del planeta y la prensa tomaran muy a bien la muerte del teniente y la desaparición del multimillonario. Por ello solo le restaba aguardar a la llegada de Falcon y el capitán América. Este último era un amigo cercano del ingeniero, y aunque habían tenido sus diferencias, fuertes, bastante fuertes, seguían estimándose o algo parecido. Aunque para ser sinceros Scott estaba seguro de que lo que Steve Rogers sentía por Tony no era precisamente amistad. Bien, la competencia iba a ser dura, pero no es como si eso le desmotivara. Quizás porque incluso él mismo sentía simpatía por el capitán.

Suspiró antes de apartarse de los ventanales para sentarse a unos metros del cuerpo de Rhodes. No quería seguir pensando cuando no tenía información suficiente pero le era meramente imposible. Sin embargo alguien allá arriba pareció apiadarse de él porque no pasaron ni 5 minutos cuando Samuel ya estaba entrando al departamento. Lo primero que le vio hacer fue buscar con desesperación por todo el lugar algo en concreto. Se detuvo cuando pareció encontrar aquello que tanto intentaba localizar. Pudo ver ese rostro arrugarse, los labios fruncirse y los puños apretarse lo suficiente como para que sus venas saltaran. Estaba conteniéndose, y Lang apartó la vista.

"Lo moví de lugar. Creo que allí su sueño será más cómodo"

Se levantó para caminar de nuevo a los ventanales.

"¿Hablaste con el capitán?"

Bajó la vista para mirar con desinterés el poco tráfico que empezaba a vislumbrarse por las calles.

"No, aún no me he puesto en contacto con él"

"Debemos apresurarnos, no podemos dejar que pase más tiempo"

"Lo sé"

Cerró los ojos por un instante, suspiró de nuevo y volvió a abrirlos para toparse con Samuel ya a su lado.

"No sé qué como lo vayan a tomar los demás. En especial Stark"

Wilson lucía cansado, molesto y triste, todo al mismo tiempo y Lang entendió que aunque no eran precisamente cercanos el teniente seguía siendo alguien importante. ¿Quizá porque ambos tenían muchas cosas en común?

"Lo sabremos cuando lo encontremos"

"Aa, por lo pronto llamaré a Steve"

Samuel sacó su móvil del bolsillo de la chaqueta que llevaba puesta todo ante la melancólica mirada de Scott, quien no podía apartar de sus pensamientos la imagen de Anthony Stark.


El exquisito perfume de un ramillete de gardenias dispuesto sobre la mesita volaba por toda la cocina, llevando un tinte extraño en él. Dentro de su dulce oleada se escondía un aroma agrio que apenas si se percibía. Y esta mezcla peculiar tenía encantado a Steve quien se encontraba lavando los platos del desayuno con cierta alegría.

La luz del Sol entrando por las ventanas mantenía la calidez del lugar. Había una calma inusual en el ambiente, se sentía como sí lo ocurrido minutos atrás nunca hubiese pasado. Y era esa tranquilidad, esa calma lo que volvía atroz esa imagen que en otra situación podría pasar por una de las más bellas del mundo.

El ritmo acalorado se rompió tras el sonar del móvil de Steve. Parecía ser una canción de los 50's, o eso creyó Tony pese a su momentánea incapacidad.

Rogers cerró la llave del fregadero, se sacudió las manos y se acercó a la mesita para tomar el celular.

"Aquí Rogers, ¿diga?"

Al otro lado del auricular sonó la voz de Samuel Wilson, y Steve no pudo evitar esbozar una sonrisa torcida. Seguramente lo estaba contactado por "aquello" y no se equivocó.

"Entiendo. Iré para allá"

Sin soltar el móvil se quitó el delantal, lo colocó en el respaldo de una de las sillas y se detuvo a lado de la mesa.

"¿Eh?, ¿Tony?, quizás esté durmiendo en este momento"

Respondiéndole a Sam mientras sus ojos zarcos admiran con deleite a un Stark recostado, de lado, a lo largo del piso de madera, con sangre corriendo de sus comisuras labiales y el bello rostro cubierto de finos araños. Los pómulos amoratados y las palmas brillantes por la porcelana incrustada en ellas. Dormido, respirando sosegadamente, luciendo adorable e indefenso.

"Aa. Estaré allá en una hora y 45 minutos"

Steve cuelga sin dejar de mirar a Stark un solo momento.

"Debo salir"

En cuclillas extiende la mano para tocar suavemente ese cabello ondulado que se eriza rebelde ante sus ojos.

"Al parecer el desayuno te cayó de peso"

Para pasarse a los labios y separar tan un poco el inferior y así descubrir un puntilleo blancuzco y radiante ―producto de los trozos de la taza resquebrajada― entremezclado con la sangre y adherido a la mucosa bucal.

"Descansa"

Se lo dice con ternura mientras se yergue para tomar una de las gardenias del florero y desojarla sobre el rostro dormido de Stark.

"Volveré para la hora de comida, Tony"

Conteniendo sus deseos por penetrar con su masculinidad esa garganta llena de heridas abiertas.


Continuará…


N/A.- No, esto no es suficiente, yo quería que Tony se comiera toda la taza pero bueno ya será en otra ocasión. Por el momento nadie a muerto, aparte de Rhodes, quizás el próximo capítulo mate a alguien (?); ok no. Bueno esto va algo lento por no decir MUY LENTO, pero espero inspirarme más para el otro. En fin, les dejo, no sin antes desearles un bonito día.