Me, Myself and I

V

Por Aomine Daiki.


13 horas, 43 minutos y 15 segundos le bastaron a Scott para comenzar a odiar el hecho de haber abierto la boca. Y es que por más que lo intentaba no lograba dar con el paradero de Tony Stark. Algo le estaba faltando pero desconocía el qué. Exasperado se revolvió los cabellos, mirando con enorme frustración el radar que desarrollara horas atrás sin entender muy bien ya lo que estaba haciendo. Sí, dijo que estando en su territorio podría ser capaz de construir algo que les permitiera localizar a Stark pero la verdad es que empezaba a adentrarse en un círculo vicioso de constantes dudas causantes de baja moral y destructoras del raciocinio. Se mordió los labios sin apartar la vista del monitor, el cual no dejaba de hacer una búsqueda, no solo en el mapa del país sino que de todo el mundo. Era imposible que Stark no apareciera, no cuando portaba a todos lados el dispositivo de iron man a menos bien de que ese no fuese el caso. Si resultaba ser así las cosas se iban a complicar enormemente. Sobre todo por el hecho de que no existían rastros de evidencia que pudieran guiarlos, tan solo un poco, en cierta dirección. Quería, en serio que sí, dar con una solución pero la impotencia creciendo a cada minuto solo estaba arruinándole la lucidez de sus pensamientos. Y no fue hasta que Clint, quien no le había quitado la vista de encima desde que llegaran, se movió de su posición para hablarle que logró relajarse tan solo un poco.

"¡Hey!, hombre oruga, ¿todo bien?"

La repentina pregunta lo arrancó fuertemente de su torbellino de dudas provocando que diera un respingo. No era mucho tiempo el que llevaba sumido en sus interrogantes ni en su anhelo por dar con Stark para que sus ojos ya mostraran signos de agotamiento al tener un par de ojeras bien marcadas y las conjuntivas demasiado rojas.

"¿Eh?, perdón, ¿dijiste algo?"

No entendió en sí lo dicho por Clint, solo había escuchado el sonido de su voz sacándolo de balance. A Barton no pareció molestarle el hecho, menos cuando se percató de su condición.

"Luces destruido"

Eso si lo entendió, por lo que se limitó a sonreír de lado.

"No te equivocas"

Lo dijo con cierto sarcasmo al ladear la cabeza. Porque ¡Dios!, sí que le pesaba. Clint le miró detenidamente tratando de encontrar algo, y fuese lo que fuese Lang estaba demasiado abatido como para cuestionar el qué. Entre cerró los ojos intentando enfocar la cara de Hawkeye pensando que así vería un poco de las intenciones que parecían estar revoloteando en esa cabeza pero Barton no se lo permitió, no, porque prácticamente se las estaba soltando sin delicadeza.

"Te gusta, ¿no?"

Scott se quedó quieto por segundos. Después se enderezó y sus cansados ojos se abrieron de par en par. ¿Tan obvio era?, pensó por instantes en fingir ignorancia y el no haber comprendido la pregunta pero ¿para qué?, no es como si no fuesen a enterarse. No sí tenía planeado confesarse y pretender a Stark. Suspiró pesadamente antes de desviar la vista. Se masajeó el puente de la nariz y echó la cabeza hacia atrás para mirar de reojo a Clint y así responderle con una sonrisa cansada.

"Tengo mal gusto, ¿sabes?"

La expresión seria, fría, de Hawkeye no cambió ni siquiera cuando éste le dijo: "Tú lo has dicho"; tras ello el arquero le dio la espalda para jalarse una de las pocas sillas situadas en el lugar. La giró para sentarse con el respaldo pegado al pecho.

"Si tus ganas de revolcarte con Stark nos llevan a encontrarlo tal vez podría mostrar signos de apoyo"

Scott le miró la espalda, Clint parecía estar ahora más interesado en las paredes de la habitación que en él. Se quedó así por un par de segundos antes de desviar los ojos al lado contrario y poner una mueca rara que no permitía distinguir exactamente el sentimiento que le estaba cruzando de momento.

"Descuida, no es que me importe, sin ofenderte, que tu y todos estén del lado del capitán. Incluso yo mismo pertenezco a su facción"

Claro que no le interesaba en lo más mínimo, no, ya que estaba al tanto de lo que significaba enamorarse de Tony Stark. No solo porque el hombre era por sí solo un enorme problema, sino porque estaba consciente de quienes eran sus rivales. James Rhodes ya no estaba, y aunque no le alegraba la muerte del teniente debía admitir que la lista de obstáculos había disminuido. Sobre Pepper Potts no pensaba siquiera considerarla, la señorita estaba lejos de entrar en la contienda por razones que aún no lograba encontrar y la verdad agradecía que Stark y ella no siguieran manteniendo un contacto íntimo. Por lo tanto solo restaba Steve Rogers, el magnífico capitán América, el peor rival de todos. Y es que, ¿cómo competir contra el sumun de la perfección hecha y derecha?, sin embargo el competir contra alguien tan perfecto no era el verdadero problema aquí ya que este residía principalmente en el hecho de que Tony Stark parecía sentir una fuerte atracción por el capitán, y contra eso ¿cómo iba Scott a luchar?; tal vez si le demostraba que su cerebro era mejor y que no era un bruto en la cama, aunque si Tony lo prefería podía comportarse como uno, éste le diera una oportunidad.

"Si te rompen el corazón conozco un par de lugares que pueden ayudarte a sacarte de la cabeza al idiota de Stark"

"Gracias"

Lang respondió con un tono entre abatido y divertido. No entendía bien porque todo esto le causaba una especie de risa cansada y triste. Imitó a Clint al jalarse una silla para dejarse caer en esta. Estos días iban a ser toda una tortura. Y aunque su lado masoquista, porque lo tenía, lo estaba disfrutando quería que la luz llegara a su cabeza y le permitiera idear algo para dar con Stark de una vez por todas.


Pasaban los días sin rastro alguno de Tony, Lang había puesto su vida y alma en mejorar cada que podía el radar mientras que los demás vengadores optaron por buscar y contactar a todo aquel que pudiera serles de utilidad. Pero nada, seguían sin dar con el paradero del multimillonario.

"No recuerdo cuando fue la última vez que dormí en mi cama"

Natasha dijo masajeándose el hombro derecho. Desde que llegaron al laboratorio de Lang nadie absolutamente nadie había regresado a casa. De una forma u otra se instalaron en la habitación, durmiendo donde podían. Comiendo y rompiéndose la cabeza con mil ideas fallidas.

"¡Hey!"

Romanoff miró de reojo a Steve, quien observaba con fingido interés un artefacto circular dispuesto sobre una mesa desordenada y llena de circuitos.

"¿Estás bien?"

Rogers no le respondió ya que se hallaba sumido en sus pensamientos. Y era obvio porque cuando tomó aquel artefacto lo apretó tanto que sin intención alguna terminó rompiéndolo. El ruido producido del metal colapsando llamó la atención de Scott quien dijo: "¡Hey!, no toquen nada"; a lo que el capitán respondió con un: "Lo lamento", bastante torpe. Esa escena hizo que Natasha esbozara una sonrisa y decidiera acercarse.

"Veo que no necesitas responder a mi pregunta"

"¿Ah?, ¿cuál pregunta?"

Steve la miró confundido y ella mantuvo la mueca en sus labios dándole con ello a entender que era lo que estaba cuestionando.

"Lo siento, es solo que yo"

Entendía, lo entendía, después de todo Romanoff y los demás estaban al tanto de lo importante que Tony era para Steve. Así que el verlo ausente, preocupado e irritado, aunque esto último procuraba ocultarlo, era algo normal.

"Creo que deberías ir a casa"

"¿Qué di-"

"Lo necesitas. Ve. Si durante tu ausencia logramos conseguir algo sobre Tony te lo haré saber de inmediato"

"No soy el único afectado. Todos están resistiendo, no puedo retirarme"

"¿No dijiste que tenías un perro?, el pobre debe estar triste y hambriento"

Rogers quería seguir alegándole pero tras ese pequeño intercambio de palabras pareció entender lo que ella quería decirle realmente. Después de todo era mentira que tuviera una mascota pero si esa era su forma de llamar sutilmente al descanso él bien podía aceptarla. El silencio y la sonrisa resignada le dijeron entonces a Natasha que había ganado la contienda.

"Pero volveré"

"Lo sé. Descansa, grandulón"

Con una palmada en la espalda le dio el último empujón a Steve quien tomó su chaqueta de cuero no sin antes pedirle algo: "Despídeme de los demás"

"Dudo que se percaten de tu ausencia. Todos estamos al límite"

"Tengan cuidado"

"¿Con quién crees que estás hablando?"

Un intercambio de sonrisas y miradas los animaron, Natasha entonces pudo sentirse un poco más liviana y optimista al ver la silueta de Rogers perderse por la puerta principal.

"¿Qué le dijiste para convencerlo?"

Samuel, quien al parecer no estaba tan destruido como los demás, se le acercó mirando en la misma dirección que ella.

"Que su perro lo extrañaba"

"¿Perro?, pero él no tiene uno"

"Exacto"

"¿Hah?"

Sin entenderla Falcon torció la boca sacándole una risilla ahogada. Iban a encontrar a Tony, aunque se llevaran toda una vida, y cuando lo lograran Steve sería el primero en extender la mano para ayudarlo. Y Romanoff se encargaría de ello.


Hoy se completaban siete días desde su último encuentro con Tony. Realmente no había sido su intención abandonarlo tanto tiempo pero algo en su interior así lo había dispuesto. Estaba ansioso por verlo, por saber qué imagen le esperaba en esa casita de madera a las orillas de un hermoso lago en mitad de las montañas verdes y frondosas por las lluvias del verano.

El viaje se sintió como una eternidad. Haber estado fingiendo por tanto tiempo resultaba agotador. Si no hubiese sido por Natasha su raciocinio habría estallado y probablemente ya hubiese aniquilado a todos en ese cuarto. En especial a Lang quien parecía ser el más interesado por dar con Tony. Al principio creyó que solo se trataba de la buena voluntad de éste pero no, el bastardo estaba enamorado de Stark. De Tony, de su Tony. Y eso era un verdadero problema, porque Rogers bien sabe que no existe nada más peligroso que un hombre enamorado.

"¿No crees lo mismo, Tony?"

Lo dijo ya frente a la casa, esa que lucía tranquila y serena bajo los rayos de una tarde ocre y calurosa con una voz melancólica y una sonrisa abatida. Caminó por ese césped ya ligeramente crecido, observando a su paso el agua del lago moverse con el ritmo de un viento tranquilo. Abrió la puerta, se sacó la chaqueta para colocarla en el perchero y con absoluta calma levantó la vista para recorrer con ella la casa. Con lentitud avanzó a la sala, esta lucía exactamente igual, después se condujo hasta la recámara encontrándola vacía. Miró la cama tendida y la jarrita llena de flores ya marchitas. Esas que estuvieran alimentándose con la sangre de Tony por un tiempo. Verlas apagadas le hizo pensar en recolectar nuevas. Y con esa idea se adentró al baño decidido a tomar una ducha. Se tomó el tiempo necesario para asearse de los pies a la cabeza. El agua llevándose la suciedad y refrescándole el cuerpo lo hizo sentirse ligero. Una vez aseado salió con una toalla envuelta en la cintura. Pensó por vagos segundos en cambiarse pero prefirió dirigirse a la cocina. De esta emanaba un aroma fuerte, penetrante y amargo. No le extrañó dicho olor a diferencia de lo que se encontró a lado del refrigerador.

Allí se encontraba Anthony, sentado, con las rodillas pegadas al pecho, temblando severamente con el grillete de la larga cadena unida a una de las patas del refrigerador. Con los cabellos desordenados. Los labios de un intenso rojo quemado. Con las ojeras tan negras como las costras de lo que parecían ser arañazos en sus brazos. Tenía los ojos alertas y las pupilas contraídas. Estaba demasiado absorto en algún punto del piso como para notar su presencia. Lucía asustado, no, aterrado y Steve se preguntó el por qué. Entonces miró en la misma dirección que esos ojos caobas para hallar un puñado de hormigas circulando con rapidez sobre un charco de algo que parecía ser sangre. Esto le hizo enarcar la ceja, desconocía que Stark le tuviese pavor a los insectos a menos de que...

"Tony, hey, Tony"

Se acercó lo suficiente para que su llamado lo alcanzara. Usó un tono suave esperando con ello no sobresaltarlo ni empeorar su situación. Porque esa respiración acelerada y el aspecto abatido, delirante, le decían que Tony no estaba bien, ni un poco. Probablemente todo esto se debía al hecho de haberlo abandonado por tantos días sin considerar el alimentarlo o cuidar de sus heridas. Estaba al tanto del hecho que Tony no había vuelto a probar bocadillo alguno desde que lo obligara a tragarse los fluidos de su corrida, quizá la falta de alimentos y agua debieron provocar un colapso en su sistema nervioso.

Suspiró al no conseguir respuesta alguna, y fue allí que optó por extender la mano hasta él. Justo en el instante en que las puntas de sus dedos hicieron contacto con el cuerpo de Stark, éste reaccionó violentamente. No pareció dudar en atacarlo al lanzar arañazos a diestra y siniestra, igual que un felino.

"¡Uwaah!, ¡ahhh!, ¡no... no me toquen!, ¡aléjense!, ¡uwaah!"

Los gritos sonaron roncos, la voz rasposa, daba la impresión de estar sufriendo cada vez que emitía sonido alguno. Seguramente las cuerdas bucales seguían dañadas y las heridas en la garganta seguían sin sanar. Incluso quizás habían empeorado. Pero no estaba seguro de ello.

"N-Tony, cál-"

"¡No, no, no!"

La mirada delirante y la frialdad en esa piel alcanzada a notar cuando las palmas chocaron contra su desnudo pecho le dijeron que en efecto, Tony estaba delirando. Hizo todo lo posible por contenerlo y a pesar de las nulas energías el multimillonario no se la puso fácil. Menos cuando a éste le dio por morderle la mano izquierda. Eso lo tomó por sorpresa y sin quererlo lo abofeteó al intentar quitárselo de encima. La acción lo mandó a volar con demasiada facilidad, estrellándolo contra el refrigerador. Los eslabones de la cadena chocaron entre sí atizando con ello el miedo de Tony.

"¡Ugh!"

Stark apretó los dientes conteniendo un grito de dolor. El impacto terminó por debilitarlo y éste optó por arrinconarse con desesperación mientras miraba con horror a Steve.

"Tony, yo, lo siento no quise..."

Rogers buscó calmarlo nuevamente pero nada, la expresión de Stark se lo decía todo. El ver reflejado su rostro en esos cristales caoba y descubrirse igual que aquellas hormigas danzando en sangre le dolió tanto que se aborreció por momentos.

Se quedaron así un tiempo, Tony temblando, respirando agitado y con el corazón retumbándole en la orejas. Steve hincado, con el agua escurriéndole de los cabellos y la toalla cernida firmemente a la cintura.

"Tony"

Le habló pesadamente, con la cabeza baja.

"¿No crees que últimamente ha estado haciendo mucho calor?"

El aludido no respondió, parecía no reconocer que a quien le hablaba era a él.

"Estoy seguro que lo has notado también"

El ritmo de sus palabras junto al timbre de voz le cambió. Ya no sonaba amable ni herido, sino todo lo contrario. Esbozó una sonrisa torcida antes de alzar la cara y mirar fijamente al otro.

"¿No tienes sed?"

Tras ello se puso de pie, acortó la distancia entre ambos y sujetó fuertemente de los cabellos a Tony. Lo obligó a salir de su refugio importándole poco que lo arañara de nuevo y arrastrándolo fuera de la esquina esa.

"N-no, no, no"

Irritado lo levantó en el aire para entonces prensarlo del cuello. El acto no le costó nada, Tony había bajado de peso considerablemente. Apretó tan fuerte que pudo sentir las apófisis de las cervicales moldearse en su palma. Su acción obligó a que Stark abriera la boca y cuando esto sucedió Steve dejó caer la toalla de su cintura. El acto lo excitó tanto que su miembro no tardó en endurecerse y erguirse. Fue entonces que forzó los dedos en la boca. Miró vagamente en el interior de esta, en efecto las heridas no estaban completamente cerradas, la mucosa oral no brillaba y apenas si había restos de saliva. La entrada de la garganta estaba exageradamente rojiza producto de la resequedad. Iba a dolerle, estaba seguro, pero le importó poco. Soltó los cabellos y antes de que Tony callera lo atrapó en el aire de nuevo, justo al nivel de sus caderas. Aprovechó el grito ahogado para introducir violentamente su erección en la boca ajena, sintiéndola rasposa y caliente. La sensación era totalmente distinta a la de la última vez. Si tuviera que describirlas la primera se asemejaba a las aguas cálidas de una playa caribeña, en cambio la segunda a un desierto extremadamente caluroso y seco. Quemaba, pero no por ello dejaba de satisfacerlo.

"Bebe"

Le ordenó.

"U-ghn-"

Ignoró los golpes, ni siquiera le preocupó que Tony pudiera morderlo. Quería penetrarlo, arrancarle la resequedad a esa garganta. Humedecerle los adentros. Arrebatarle la sed. Devolverle la lucidez a su cerebro.

Pero sobre todo volverse a ver en esos hermosos ojos y saberse reconocido por aquel hombre otra vez.


Continuará...


N/A.- Muchas gracias a todas las personas que tan amablemente me han regalado un poquito de su tiempo para leerme pero un agradecimiento especial a aquellas que me han dejado sus comentarios. Realmente los aprecio sobre todo porque cada vez que subo un capítulo temo mucho el cómo puedan reaccionar debido a que estoy haciendo un caos con personajes que sé aman mucho. En fin, me alegra saber que no soy la única que disfruta del gore (?). Sin más que agregar les dejo. Nos vemos en el siguiente, el cual abrirá con gore y la primera pista para que den con Tony y el culpable.

Pd. Si alguien tiene alguna idea perturbadora que quiera compartir conmigo para el fic hágamelo saber. Dos mentes perversas son mejor que una.