El beso no es una solución milagro

Cuando Emma tocó, contuvo la respiración. Se preguntaba si sus padres habrían cambiado, si Neal estaría con ellos. La puerta se abrió, había tras ella un joven rubio de ojos grises, sonriendo. Le recordaba un poco a Emily en su postura.

«¡Buenos días, Neal!» dijo la rubia sonriendo

«¡Hermana!» respondió el pequeño rubio precipitándose hacia sus piernas.

«Wow…has crecido, ¿eh?»

«Sí, mamá me dice que no paro y que voy a acabar como Jack»

«¿Ah sí, y dónde está mamá?» preguntó Emma

Fue David el que avanzó hacia ella, sonriendo y la tomó en sus brazos. Siempre se sorprenderá ante el hecho de que ese hombre que apenas parece mayor que ella sea su padre. Después llegó Snow, también enarbolando una gran sonrisa, que se acercó para acariciar su mejilla. Realmente no necesitaban palabras para mostrar los sentimientos, sus ojos se conectaban los unos con los otros.

«¿Cómo está mi mujercita?» preguntó Snow, aún divertida cuando esta última se sonrojaba ante su apelación.

«Bien, estoy bien» respondió la rubia

«¿Regina te ha…hablado?»

«Sí»

«¿Y…entre vosotras…mejor? Después de todo este tiempo…» suspiró la morena

«Sí, va bien…hemos hablado…de todo eso»

Emma hizo un gesto demasiado vago con el brazo, mientras se quitaba su gorro y sus guantes.

«Tú sabes, ella ha estado tan frágil…Durante mucho tiempo, creí que nunca se atrevería a ir a buscarte…No es que David o yo no quisiéramos, pero teníamos que recorrer todo el reino…»

«No os disculpéis, comprendo…»

«Bien, entonces, ¿qué pasa con el problema del portal? Porque nosotros…»

Snow no tuvo tiempo de acabar la frase cuando Emma la interrumpió.

«Tenemos otro problema con la magia, la creación de portales es secundario»

La voz de Emma era segura y directa, lo que sorprendió a sus padres que tenían en la cabeza a la joven vulnerable de hacía diez años, sin darse cuenta del cambio que todos esos años habían podido provocar en ella.

«¿Cómo es eso?» preguntó Charming de repente inquieto

«El hecho de querer abrir la ciudad ha provocado un problema, visiblemente la magia ha salido al mundo…en fin, al mío…»

«Oh…» dijo Snow sorprendida

«En resumen, Regina y yo hemos podido utilizar la magia sin problema en los dos lados de la barrera»

«Efectivamente es un gran problema…» suspiró David cruzando los brazos.

Durante este tiempo, el pequeño Neal observaba a su hermana mayor intentando comprender lo que pasaba a su alrededor.

«Creo que Regina y yo vamos a centrarnos en ese tema, dentro de un momento Belle y Gold irán a vernos»

«¿Has visto a…Belle?» preguntó la pequeña morena

«Sí, y por cierto, ¿por qué no me lo habíais dicho? Quiero decir, ¡no es algo increíble! Tampoco me habíais contado…de la ruptura entre Robin y Regina, ¿me quedan más cosas por descubrir?» dijo Emma de repente exasperada por las omisiones de sus padres.

«Cariño…Solo creímos que había que descargarte de todo eso…Después de todo lo que habías vivido…y Killian»

«¿Qué pasa con Killian?»

«Está en la ciudad» le respondió David

«¿Qué? ¿Habéis traído a Killian?» replicó la rubia agresivamente

«En absoluto…Vino por sí solo hace algunos días con su barco»

«A ver…como por azar, en fin os lo digo ahora, no vale la pena de que me lo restreguéis por la cara o que intentéis convencerme de algo sobre él…Se acabó»

«Lo sabemos, Emma» dijo dulcemente Snow «Él no es tu…Gran amor…Creo que nos habría gustado convencernos de ello, no es que Killian sea malo, pero creo…que no es muy respetuoso con sus compromisos»

«Sí…se puede decir así»

El rostro de Emma estaba serio y tenso.

«¿Henry y Emily están aquí?» preguntó de repente Neal

«Sí…sí están aquí, los verás mañana, hombrecito»

«Gracias, sois muy amable, hermana»

«¿Habla siempre así?» preguntó Emma a los Charming

«Le inculcamos…buenas maneras, es un príncipe, así que…» justificó David

«Ah, ya veo, sí….yo no soy el ejemplo adecuado de princesa de buenas maneras»

«Pero tú eres tú, cariño» respondió Snow, besando a su hija.

Las palabras pretendían ser tranquilizadoras, Emma amaba de verdad a su hermano, pero él disfrutaba de todo el amor que ella no había recibido cuando era niña, todas esas pequeñas atenciones que harían que Neal se convirtiera en un chico equilibrado, que encontraría fácilmente sus palabras, que nunca se vería presa de un repentino tartamudeo, o nunca sería vulgar. Nunca sería como ella, atraída por la oscuridad, por las malas compañías, los ladrones, los piratas…las reinas de Mal…Emma sonreía interiormente, había tenido un gusto pésimo para elegir a sus compañeros, a menos que estos no estuvieran, a fin de cuentas, muy próximos a ellas…Un princesa caída, una aprendiz de bruja, una niña abandonada.

En diez años, Emma había pasado página sobre eso, lo único que había sido para ella un éxito era lo que Regina le había ofrecido. Tenía un buen trabajo en Nueva York y aquí, en Storybrooke, era Sheriff. Regina le había quitado todo, y después se lo había dado todo, era una relación extraña y particular. Ella le había enseñado magia y le había echado la culpa por sus primeros intentos catastróficos. Había un largo camino amargo entre las dos mujeres, hecho de acercamientos repentinos y de heridas, los hechos siempre las habían lanzado a una contra la otra.

«Espero que encontremos una solución» dijo Snow, sacando a su hija de sus reflexiones internas.

«Voy a volver a casa de Regina» respondió Emma cogiendo sus guantes y gorro «Y voy a pasar primero a ver a Ruby y a Granny…»

«¿No te…quedas aquí?» preguntó su madre intrigada

«Yo…no hay sitio aquí, está Emily y además…todo va a ir bien, no te preocupes»

«¡No es eso, es que me gustaría ver a mis nietos!» se enervó de golpe Snow

«Vas a verlos…» suspiró la rubia «De todas maneras, debo trabajar con Regina»

Emma dejó el apartamento antes de que Snow emitiera una nueva queja sobre que no se instalara en el viejo apartamento. Besó a su hermano que le hizo una reverencia, ella se pellizcó los labios para no dejar escapar una risa. Salió rápidamente del apartamento que le recordaba demasiado a una época en la que era una joven sin autonomía y totalmente dependiente de la situación.


Al llegar al café, se cruzó con Leroy que le dio un abrazo, cosa bastante…sorprendente para Emma, que se contuvo para no poner expresión de repulsión por la barba del hombre que le pinchaba, y que tampoco él parecía haber envejecido; pensó que tendría que preguntarle a Regina la edad media de vida de un enano. Entonces, vio a una alta morena delante de una mesa ocupada en servirla, pero no se trataba de Ruby. Encontró a Granny sentada al fondo leyendo el periódico, y se dirigió hacia la anciana. Esta le sonrió y la tomó en sus brazos, explicándole que Ruby estaba en la perrera y que trabajaba con Whale que, a veces, ofrecía sus servicios como veterinario. Emma supo que la morena venía al mediodía a comer, entonces la esperó delante de un café mientras charlaba con Granny. En la barra, Blue la miraba de forma extraña después de haberla saludado. Cuando Ruby apareció, se abrazaron y la emoción sincera de las dos mujeres hinchó el corazón de Granny.

«¡Pensaba que nunca te volvería a ver, amiga!» dijo la loba

«¡Parece que Storybrooke está en mi piel!» replicó la rubia riendo

Mientras las dos mujeres estaban intercambiando anécdotas, Emma sintió una mano en su hombro y la cara de Ruby cambió bruscamente.

«¡Buenos días amor de mi vida!» dijo el moreno por encima de su hombro

Emma giró la cabeza, conocía esa voz, sus entonaciones.

«Killian…»

Este desalojó a Ruby, sentada frente a Emma.

«Nos vemos más tarde» dijo la morena alejándose

«Killian…estaba hablando con una amiga, ¿qué quieres?»

«Verte amor, así como a mi hija»

«Vaya, te preocupas de tu hija, primera noticia»

«Venga…querida, hemos tenido momentos difíciles los dos, debíamos hacer un "kit-kat" como dicen en tu mundo»

El moreno guiñó un ojo a la rubia que permanecía de hielo frente a él.

«Escucha, Killian, no te culpo por todas tus locuras, yo he tenido también mis malos momentos, me apoyaste en su momento…Te lo agradecí, pero hoy…Rehago mi vida, Killian, y sin ti»

«Querida, vamos, ¿quién podría sostenerte mejor que yo…?»

Cuando Emma iba a injuriar al pirara por sus palabras, Snow y Charming entraron en el restaurante. Dejaron que su hija arreglara sus historias, pero Snow mantenía un ojo sobre esta que parecía visiblemente enervada.

Emma se levantó, seguida de Killian, para dirigirse a la barra a pagar la cuenta. El moreno se acercó mucho más a ella.

«Venga, querida, no te pongas así…Nos hemos divorciado, pero ¿sabes la cantidad de parejas que se reconcilian y se vuelven a casar?»

«No será nuestro caso, Killian»

«¿Por qué lo complicas todo?» preguntó el pirata separando los brazos

«No complico nada, Killian, ya no te amo»

«Ah, esto me recuerda a nuestros comienzos…¿Tengo que correr detrás de ti otra vez, Emma? ¿Eso te excita?»

«Killian, si pudieras pensar cinco segundos con otra cosa que no sea con tus partes nobles, verías que lo que dices es una mierda. Ya no te amo, punto…búscate a otra persona»

«Pero, querida…¡Nunca amaré a otra!»

El pirata se acercó y pegó sus labios a los de Emma. Fue el peor momento que eligió Regina para entrar en el restaurante. De golpe, se quedó estupefacta y asombrada, un sentimiento de asco profundo comenzó a invadirla. Dio medio vuelta y cerró la puerta tras de sí. Las lágrimas que comenzaban a despuntar indicaban que la cólera iba a dejar paso a la desolación.

Emma había escuchado que alguien iba a entrar, pero en lo que tardó en despegar sus labios del hombre, ya era demasiado tarde para arreglar la situación.

«¡Mierda!» dijo ella al reconocer a la morena de espaldas

«¿Qué?» dijo con voz melosa el pirata

«Pero, ¡suéltame, joder! Si no, te arrestaré por acoso…»

«Pero, yo…»

Y un primer puñetazo de la rubia hizo su aparición, mandando a paseo al pirata.

«¡Joder, Swan!»

«¡Sal de mi vida!» gritó Emma

Puso pies en polvorosa y corrió hacia la salida. Ruby miraba la escena e intentaba recoger los pedazos, creyó comprender vagamente. Cuando Killian intentó levantarse y salir corriendo detrás de Emma, recibió un segundo puñetazo en el rostro, este totalmente inesperado.

«Pero, ¿qué…?» dijo él

«Por solidaridad femenina» respondió la loba.

A lo lejos, Tink, que no había perdido migaja, avanzó y asestó un golpe en la rodilla de Killian.

«Esto por la última noche, cretino…Te valió la pena invitarme al restaurante y hablarme de las estrellas para volver a intentar conquistar a Emma hoy»

«Hey…Tú rechazaste el resto del baile, querida…»

«¿Crees que soy una hada fácil? ¡Me la colaste una vez, no dos, pirata de agua dulce!»

Mientras Killian pensaba salir del establecimiento, recibió otro golpe más fuerte en el otro lado del mentón. Miró a su agresor y descubrió a Whale.

«¿P…por qué?» preguntó el moreno, totalmente desorientado

«Nunca he podido sentirlo»

El pirata divisó entonces a Granny que se inclinaba hacia un lado, ella tampoco se había perdido nada de la escena.

«¡Es el momento de hacerte gay, Killian!» dijo ella riendo.

El pirata se levantó completamente enfadado, en el momento en que iba a asestar su propio puño en el rostro del doctor, sintió una mano firme agarrarle el brazo.

«¿Charming?»

«Sí…Y tú eres un buen pirata que vas a irte por donde has venido…lejos de mi hija»

«Pero, yo…»

«Shutt…Killian, has tenido tu oportunidad, ahora deja que rehaga su vida»

«Pero, mi hija…»

«Le enviarás una postal como haces habitualmente, estoy seguro que ella lo superará»

Y David acompañó al pirata a la salida e incluso, hasta el puerto.


Mientras todo eso pasaba, Emma corría sin aliento detrás de Regina; supuso que había vuelto a la mansión, pero al estar las dos agotadas, no podían utilizar la magia. Y Emma agradeció al cielo por eso, porque logró alcanzarla, y vio a la morena a lo lejos meterse en la casa. Llegó jadeante y abrió la puerta, nada de magia, tenía la llave y también agradeció al cielo por eso.

«Stop…Regina, joder, stop»

«No creo que la palabra "joder" sea el término que debería poner junto a mi nombre, ni en la misma frase además» respondió fríamente la morena.

«Regina, lo que has visto…»

«¿Un justo regreso de las cosas? Ver eso después de siete años, ¡qué placer!»

«Me besó a la fuerza…»

«Como la primera vez, sin duda…» suspiró Regina

«No, es que no me lo creo»

«¿Creer qué?»

«Pero…De hecho siempre has estado celosa de él»

«…»

Regina abrió la boca buscando qué contestar, pero no encontró nada. La cerró rápidamente, dejando que el silencio respondiera en su lugar. Emma aprovechó para subrayar.

«La primera vez no me di cuenta, lo achacaba a tu carácter hosco, o no sé qué delirio sobre el fin maravilloso que, sin duda, se me había reservado…Fue Neal, a continuación, Killian…»

«Escuche, querida, sus delirios concernientes a sus ex me dan absolutamente igual, constató su pésimo gusto en compañeros después de siete años…Y no voy a hablar del mono volador»

Su boca estaba seca, sabía que Emma tenía razón, pero prefería morir antes que confesar que desde hacía bastante tiempo un extraño sentimiento se apoderaba de ella siempre que veía a la bella rubia en brazos de un hombre.

«¿Co…cómo sabes eso?»

«Henry…» suspiró la morena

«También él…Pero Regina, ¡asúmelo de una vez!»

«¿Asumir qué? ¡Que no estoy ciega! ¿O que no soy fan de sus novios?»

«Estás celosa…increíblemente celosa de mis ex…» dijo Emma riendo, se llevó la mano a su boca y rio dulcemente.

«Estoy contenta de que esté dispuesta a reír. Así que, venga, vaya a ver a su hombre con una mano menos, pero bueno, para lo que le sirve…»

«Regina, para…»

Emma se acercó a Regina.

«¿Qué paré qué? ¡Me hablas de nosotras dos, estoy a punto de comprender mis sentimientos y me haces vivir esto! ¡Váyanse al infierno tú y tu familia de…!»

No tuvo tiempo de acabar su frase, porque Emma la agarró por la muñeca y se acercó para besarla. Pero una sonora bofetada se abatió sobre la mejilla y la comisura del labio de la rubia, del que se escapó un hilo de sangre. Se quedó atónita ante el gesto de Regina. Esta la miraba, sus ojos marrones llenos de lágrimas.

Fue ese triste espectáculo el que se ofrecía a los ojos de Emily que acababa de entrar en la estancia. No había visto toda la escena, pero suficiente para sentir la terrible tensión entre las dos mujeres. Ella las miró, Emma solo tuvo tiempo de girar su cabeza para ver a su hija derrumbarse en el suelo. Solo tuvo tiempo de gritar el nombre de su pequeña y lanzarse hacia ella, y Regina la siguió en su gesto, pero era demasiado tarde, Emily tocó el suelo, inconsciente. Henry corrió por las escaleras, no había escuchado a su hermana bajar, pero había oído la violenta pelea entre sus dos madres y había decidido no mezclarse.