Las revelaciones

Regina se había despertado poco a poco, escuchaba retazos de conversación provenientes de la cocina. En un primer momento, se había sentado en el filo del sofá, preparada para llamar a Emma, después, al ver su falda arrugada, se levantó lentamente y comenzó a estirarla para borrar las arrugas. Se acercó a la cocina preocupada por los pliegues no deseados, sin prestar atención a lo que se estaba diciendo. No se había puesto sus zapatos, aunque nadie la hubiera escuchado llegar. Se detuvo justo frente a la cocina, pegada a la pared, por eso nadie la veía. Escuchó el discurso de Miss Swan, llena de replanteamientos y de una horrible falta de confianza en ella. Regina estaba desconcertada, ella pensaba que Emma estaba más segura que ella y menos asustada. Ella había decidido poner fin a esa compasión de la Salvadora cuando la respuesta la sorprendió, ¿qué haría falta para que Emma estuviera tranquila? No, por supuesto que ella no había previsto enamorarse de una mujer, y mucho menos de una mujer como Emma Swan y sin embargo…Se colocó en el umbral de la puerta, y ese hecho desveló su presencia.

«¿Y cuál es?» una pregunta para LA pregunta…

«Yo…Euh…Os voy a dejar» dijo Snow decidiendo dejar que su hija se las apañara frente a Regina.

«Oh…Mierda…¿Desde hace cuánto que estás escuchando?»

La rubia se mordió el labio inferior.

«Regina, buenas noches, Henry está arriba con Emily» soltó Snow rápidamente antes de salir.

«Adiós, Snow. Sí, Emma, llevo hay bastante tiempo»

«Ok…ok…Euh….La cuestión, bueno la cuestión es…sobre todo tus sentimientos hacia mí…Esto…es tan repentino…»

«¿Repentino? ¿De verdad Emma? ¿Nuestra relación se le aparece tan de improviso en su nueva dimensión?»

«Euh…»

«No, porque escuchándola, al final, parece que yo caigo fácilmente por el primero que aparece, ¿cómo dice usted? Cito: "un tipo con un arco y flechas…y una sonrisa encantadora", ¿es así como califica mi anterior relación?»

«Yo…No, por supuesto que no Regina…Yo no…En fin, imagino que tendría sentimientos más profundos…que, bueno en fin…»

«Sí, en fin, ¿está dejando sobreentender que yo soy una veleta? ¿Que cambio de persona como de camisa?»

«No…solo que yo soy una mujer y que hasta ahora yo creía que eras heterosexual…»

«No, deje de mentir, de hecho ¿usted desde el principio lo vio siempre así, que yo estaba con Robin por razones…superficiales?»

«¡No, Regina! No, no he pensado eso, todo lo que quería es que fueras feliz, con Robin o con quiera fuera…Te veía tan relajada, más amable, más agradable…Yo…Parecías tan convencida de que ese hombre era el amor de tu vida que yo no me veía…de buenas a primeras…diciéndote algo…sobre el tema, además mi familia te había hecho ya demasiado daño como para eso…Y Robin es una buena persona…

«Emma…Espera…¿No dijiste nada porque yo parecía enamorada de Robin?»

«Yo…No sé si hubiera tenido el valor de todas formas…»

«Emma…respóndeme francamente, ¿en aquella época por qué razón saliste con Killian? ¿Lo amabas?»

«Bueno…Lo encontraba…paciente conmigo, insistía mucho, quería conocerme, me prestaba atención…No estaba enamorada como una loca, pero me intrigaba, yo quería saber…después, en ciertos momentos, lo quise…»

«En ciertos momentos» repitió Regina inclinando la cabeza, no muy segura de entender

«Bueno, sí, quizás no estaba loca por él como tú parecías estarlo por Robin, ¡no es una gran noticia de todas maneras!»

«Pero Emma…esto no puede ser, ¡me estás diciendo que saliste con él por despecho amoroso! ¿Yo ya te gustaba hace siete años?»

Regina miró intensamente a Emma, como nunca en su vida había mirado a nadie. La rubia se sentía traspasada por esas dos órbitas marrones que la escrutaban. Sabía que no podía ni mentirse a sí misma, ni a Regina.

«Sin duda…» resopló, a penas en un tono audible.

Regina se sentó en la isla central.

«Emma…¿Por qué…por qué lo has guardado para ti…?»

«Yo…intenté hablar contigo…saber en qué punto me encontraba, estaba tan perdida…»

«¿Cuándo te diste cuenta de que…de que era algo serio?»

«Oh, después de la historia de Pan…»

«Ya veo…Voy a decirte Emma, la primera vez que te vi, me sentí en peligro, por Henry, por supuesto…Porque te encontraba atractiva y una mujer bonita, sentí que tenía una rival…Pero ese no fue el sentimiento más perturbador…Eras atrayente y me enervabas tanto…Me aferré a la idea, durante mucho tiempo, de que eras la enemiga, la rival…No quería ver tu lado bueno…Pero fue caso perdido…Más quería odiarte, más quería denigrarte…tú hacías todo para ayudarme, para apoyarme…»

«Entonces, ¿por qué tú…en fin, no probaste suerte? No sé, ¿soy tan aterradora? Yo, nunca me habría atrevido…»

«Porque…porque…Tink me hizo esa maldita revelación, ese famoso tatuaje…de Robin…Si hubiera sabido…»

«¿De qué hablas? ¿Qué tatuaje? No entiendo nada…» dijo Emma, asombrada, preguntándose si era la fatiga o la hora tardía que le impedían comprender.

«Bueno…» suspiró Regina «Cuando perdí a Daniel…yo estaba hundida, conocí a Tink y quiso ayudarme presentándome…"al amor de mi vida" según sus revelaciones y con la ayuda del polvo de hadas. Me dijo que el hombre o la persona, en fin quién sabe…tendría un tatuaje y cuando conocí a Robin…bueno, cuando lo conocí mejor, porque francamente en el Bosque Encantado él no me llamaba especialmente la atención…en fin, él tiene ese tatuaje, entonces…Le di su oportunidad…pero…era yo la que tenía otra oportunidad en ese momento…o eso creía»

«Entonces, si comprendo bien…» recapituló Emma mirando el suelo para concentrarse «¿Saliste con ese tipo porque tenía un tatuaje?»

«No solo es eso, estaba soltero, disponible en ese momento, con un pequeño…al final todo me empujaba a creer que él solo me esperaba a mí…me pareció lógico, lo encontraba…atractivo, generoso…en fin…no desprovisto de encantos para un hombre» explicó Regina que comenzaba a pensar que iban a ponerse a pelear otra vez.

«De acuerdo, pero me montas toda una historia porque YO le di una pequeña oportunidad a Killian mientras que tú, solo por un tatuaje…como una bestia marcada a fuego o como un código de barra "Holaaa, soy tu amoooorrr verdadero" has seguido a ese tipo…Ok…Me calmo…Está claro que…no hay motivos para cuestionar esto ahora…»

Emma quería una verdadera explicación, pero cuantas más respuestas eran dadas, más emociones la invadían, ¿era cólera, celos, tristeza o simplemente miedo de tener, al final, la respuesta más evidente de todas?

«Bueno, sí, puede parecer estúpido, pero en el Bosque Encantado, en mi mundo…Hay ciertas reglas, cuando una revelación de esa talla es hecha, no hay nada que pueda cuestionarla, el polvo de hadas no miente nunca…Emma…al traer a Marianne, arruinaste eso…de verdad…Ya no te guardo rencor, en serio…Por lo que se ve la magia tiene otras…salidas para mí y me alegro de eso…»

Regina sentía que la rubia estaba a punto de una crisis nerviosa y optó por mantenerse lo más calmada posible y lo más tranquilizadora si eso era aún factible.

«De acuerdo, entonces para ti…hay opciones, ¿soy yo una opción…una especie de tercera oportunidad?»

«No, Emma…es más fuerte, y es lo que me desestabiliza actualmente, tengo la impresión de que me he equivocado desde el comienzo…No comprendo, si tú eres mi amor verdadero…No sé, yo…en fin, estaba cegada por mi odio hacia tu madre…»

«Y yo no tenía confianza en mí misma…Realmente hemos arruinado la cosas desde el comienzo»

«Pero Emma…tú sacrificaste lo que sentías por mí, creyendo que no era recíproco…Yo escuché esa historia del tatuaje….Desperdiciamos nuestra oportunidad al principio…Pero yo…»

Emma se había apoyado en el borde del poyo mientras pensaba en todo eso…Eran dos mentirosas…dos cobardes, dos imbéciles completas, su hijo tenía toda la razón…La magia no es nada sin la verdad. La verdad de ambas es que se habían amado desde la primera mirada, pero metidas en una espiral infernal, no se habían tomado la molestia de ver el lazo que las mantenía, y cuando todo se había tranquilizado, habían huido la una de la otra…Deseándose mutuamente, y en secreto, la felicidad.

La magia había hecho la mitad del camino, pero el resto debía venir de ellas, esencialmente de ellas…aceptar que la otra sea, a la vez, lo bello y lo feo, el verdugo y el salvador, el bien, el mal…Un sutil paleta gris de emociones, entre la pura ternura y la pasión bestial.

Regina se acercó a Emma e invadió, sin remordimientos, su espacio vital. ¿Cuántas veces lo había hecho? ¿Cuántas veces una caricia, una palabra amable habría podido reemplazar a los insultos, provocaciones y golpes? Diez largos años perdidos para nada, si no es para ver la dura verdad de las cosas, no hay gran amor sin confianza, sin creer en el amor y en la otra, y sin perdón.

Regina posó su mano en la tensa muñeca de Emma, tomó una lenta inspiración. Cuando los labios de la morena encontraron los de la otra mujer, el planeta o los mundos habrían podido derrumbarse que nada las habría perturbado en ese momento. La mirada de Regina había capturado la de Emma, a partir de ese momento, ellas lo sabían, no habría más obstáculos, pero sobre todo, ya no era posible dar marcha atrás. Las lágrimas de Emma que se deslizaban por los labios de la ex Reina no la desanimaban en su gesto. Regina sabía que si el amor que sintió por Robin había sido sincero en la media en que ella habría hecho de todo para creer en ello, este que compartía con Emma era un amor antiguo, oscuro y tortuoso, su salida a la luz revelaba una belleza sin comparación.

Emma no era otra oportunidad cualquiera, no era un regalo de consolación, había sido y era aún su mejor oportunidad de tener un final feliz.