Tiempo de sensatez
Al día siguiente, la mañana estuvo cargada de emociones diversas. Emma presentó a sus "jóvenes" padres a Emily, que se sorprendió de que su madre nunca los hubiera presentado antes. Regina explicó a su hija que Emma quería protegerla del "complicado" mundo que era el de los cuentos. La pequeña no estaba muy convencida, pero Neal propuso diversos juegos y el descontento de la niña dio paso al descubrimiento de esa nueva familia que no dejaba de agrandarse. Snow ya había mostrado, un año antes, su impaciencia por conocer a Emily, pero Emma rechazaba sin parar sus intentos, queriendo dejar a la niña resguardada de los tormentos de un mundo que estaba lejos der ser encantado.
La rubia ayudó a Regina en la casa, se tomaron el tiempo se descansar y conversar; si las cosas habían cambiado radicalmente entre ellas, una sola noche no bastaría para instalar la confianza total entre las dos mujeres. Emily no estaba, y Henry mantenía aún las distancias con Regina. Esta última fruncía el ceño, y Emma notó que había algo sin esclarecer o en absoluto evocado mientras intentaban tener algo de reposo.
«Emma…»
La rubia tragó en seco, sentada al lado de la morena en el sofá.
«¿Sí?»
«Quería decírtelo y después…estuvimos metidas en medio de tantas cosas, quería decirte que lo lamento»
«¿El qué?»
«Haberte golpeado, la bofetada…Es inexcusable, y más delante de Emily»
«No te he excusado» dijo Emma impasible, extendiendo el brazo y cogiendo su taza de chocolate caliente
«Bien» respondió secamente Regina, poco confiada en la réplica de la rubia
«Lo que quiero decir es que nunca más toleraré que me pongas la mano encima, ahora estamos juntas, sabes que te amo y que nadie se meterá entre nosotras, ningún incidente debe generar violencia entre nosotras»
«Estoy de acuerdo»
«No he acabado, ahora quiero que "hablemos", nada de arreglar las problemas con la violencia, ni en la ciudad, ni entre nosotras…Quizás tendremos inconvenientes, pero no quiero que mis hijos piensen que la magia o la violencia lo puede arreglar todo…Nunca»
La mirada era fría y determinada y se hundió en la mirada de la morena, que respondió con una sonrisa.
«Es todo completamente correcto, querida, estoy de acuerdo en eso»
Emma suspiró aliviada, no le gustaba enfrentarse a Regina, ni afirmarse de esa manera tan abrupta, pero sabía que durante toda la vida tendría que estar pendiente para que la ex Reina no diera marcha atrás. También sabía que Regina la cuidaría y que nunca más sería presa de las dudas, nunca más la de más edad la abandonaría.
La morena pensaba que Emma había "crecido", al preferir poner delante el bienestar de sus hijos antes que nada y al no tolerar que las alcanzase una degradación de la relación, estaba orgullosa de Emma y orgullosa de su elección, involuntaria o no, de compañera. Henry salió de su habitación y tomó asiento al lado de sus madres.
«Queridas madres…díganme…¿nos quedamos aquí?»
Regina y Emma se miraron la una a la otra.
«Sí» dijo la rubia moviendo la cabeza.
«Ya no nos vamos a separar más» recalcó la morena
«Yo, por el contrario, voy a tener que dejaros» rio el joven
«¿Qué?» dijo Regina
«Ma'…no he acabado mis estudios y tengo intención de hacerlo, y Storybrooke University no existe aún que yo sepa»
«Sí» respondió Emma calmadamente
«Por supuesto, Henry…» replicó muy suavemente la otra mujer
«Oh, ¡no pongáis esas caras! ¡Parecéis dos abuela a las que les dicen que ya no tendrían más visitas!»
«¡Eres cruel!» dijo Emma riendo, dándole un ligero puñetazo en el brazo a su hijo que se reía de ellas.
«¿Vendrás…los fines de semana?» preguntó Regina ligeramente más angustiada
«¡Por supuesto! ¡No tengo intención de vivir sin volver a probar tus legendarias lasañas! Y además tendré que presentaros a Helen»
«¿Helen?» gritaron las dos mujeres a la vez
«¡Sois muy divertidas! ¿Sabéis? No camináis, corréis…» dijo Henry revirando los ojos, después se levantó para escapar de las miradas falsamente asesinas de sus dos madres «¡Me voy a Granny's, he quedado con Ruby para ir al cine!»
«Bien» dijo Regina mientras lo agarraba por una manga y lo obligaba a agacharse para darle un beso
«¡Mamáaaaaa!» se quejó él.
Emily miraba a través de los barrotes de las escaleras las interacciones de su extraña familia, sin saber muy bien si ella había encontrado su lugar. Regina sintió una mirada escrutadora en su nuca y no eran Emma ni Henry, que hablaban en su frente. Se giró y cruzó la mirada de la pequeña que se sobresaltó al ser pillada en flagrante delito de espionaje familiar.
«Emily, ¿quieres venir aquí, con nosotros?» preguntó Regina lo más suavemente posible, sonriendo
La niña bajó los escalones restantes y se colocó a su lado.
«¿Qué dirías de ir al cine con tu madre y conmigo?» le preguntó la morena
«¡Genial! Pero, ¿qué vamos a ver?» respondió razonablemente la pequeña
Emma se rascó la cabeza, esperando poder escapar de otro visionado de la Reina de las Nieves.
«Bien, actualmente, hay para elegir»
Entonces, Regina se atrevió a coger la mano de la pequeña y la incitó a seguirla al salón para mostrarle la programación. Emily estaba derecha como una vela, totalmente impresionada por la morena.
«Cariño, relájate, no voy a comerte» le sonrió Regina
Emily respondió dejando ver sus dientes de una manera algo crispada e intentó acercarse a esa mujer que se suponía que también era su madre. Desde el encuentro de sus magias, cada una se había quedado en su esquina, observándose.
«Entonces, ¿qué eliges?»
«No lo sé» respondió tímidamente la niña que llevaba en la mano un cepillo para el pelo.
«¿Qué haces con el cepillo?»
«Mamá se ha olvidado de cepillarme el pelo esta mañana» respondió la pequeña, ligeramente triste.
«Hey…» dijo Emma avergonzada, que se estaba poniendo roja por el temor de pasar por una mala madre «Lo siento, ángel mío…yo…»
«Bueno, no es nada grave, ¿me permites?» preguntó Regina cogiendo el cepillo de la mano de la niña
Emily no decía nada y cuando Regina cepilló el pelo de su hija por primera vez, las dos sintieron unas emociones similares, pero un silencio se instaló suavemente entre ellas. Emma observó la escena, mientras que Henry le hizo un guiño y la besó en la mejilla, dejándola en su contemplación. Mientras la una sociabilizaba con la otra, Regina pensó en todos los momentos que no había vivido con Emily y su madre. En todos los cumpleaños y Navidades perdidos por su estúpido orgullo; por supuesto, a menudo había vacilado en llamar e ir a ver a la rubia. Su estúpido coche amarillo, los rizos dorados de Emma y su voz o su presencia le habían faltado. Qué idiota había sido, pensó. Regina entrecerró los ojos para retener las lágrimas amargas de su ausencia. Emma había percibido el cambio de ritmo entre las pasadas del cepillo por los cabellos de Emily. La pequeña miraba atentamente la programación del cine de la ciudad, dudando aún de su elección. Emma entonces se acercó subrepticiamente, y pasó su mano por la espalda de la morena, adivinando, sin duda, los tomentos del corazón de su alma gemela. Regina giró la cabeza en búsqueda de la mirada esmeralda de su compañera, testigo silenciosa y comprensiva de su malestar. La pequeña hizo, finalmente, su elección, decantándose por una película de animación de super héroes.
La sesión transcurrió calmadamente ese fin de la tarde. Emma dejó a Emily al lado de Regina, dejándolas charlar y encontrar su ritmo; aunque una punzada de celos tiraba de ella pues estaba compartiendo la atención de su hija, sentía a Regina feliz y relajada en ese corto lapsus de tiempo y por nada del mundo hubiera querido estropear eso. Emily era curiosa y a veces hacía preguntas incisivas. Emma se había sobresaltado cuando había evocado la muerte de Daniel o preguntas sobre Cora. Regina había respondido a cada una de las preguntas de su hija, ya que se trataba de eso. Emily descubría esa madre misteriosa, con una vida más larga que la de Emma, una vida en la que hubo una "Reina Malvada", un monstruo sanguinario que ella ya no era. Emily necesitaba desmitificar y comprender, como pudiera, por qué un "malvado" podía convertirse en "bueno", y aún más si esa persona era su otro progenitor. Las cosas eran muy complicadas, pero Regina se tomaba su tiempo para explicárselo como podía.
La tarde acabó en Granny's. Mientras Henry le contaba a Emma la película que él había visto, Emily leía el libro de cuentos de su hermano, intentando comprender, pero se quedó dormida contra el cuerpo de Regina. Emma dio una sonrisa a la mujer morena que acariciaba los cabellos y el rostro de su recién descubierta hija.
Las dos se dirigieron con la niña a la habitación. Una vez la pequeña acostada y Henry también en su cuarto, Emma hizo preguntas sobre cómo se iban a organizar las cosas, si era necesario volver al mundo encantado o crear portales, a pesar de todo. Regina la hizo callar dulcemente dejando un beso posesivo en sus labios; Emma retrocedió, sorprendida.
«Cariño, ¿y si vemos eso en los próximos días? Ahora, solo quiero compartir momentos contigo y nuestros hijos»
«Ok…Pero todo esto me inquieta, tengo miedo de hacer alguna tontería, y…»
«Recibirás clases particulares de magia» dijo Regina riendo suavemente
«¿Con quién?» levantó una ceja la rubia
«Conmigo…enseguida, en mi habitación» indicó la otra mujer tomando la mano de su compañera.
«Pero yo…no he acabado de recoger la cocina…» protestó la rubia, no muy convencida ella misma de su contestación.
«Miss Swan, por una vez que la autorizo a no acabar su trabajo…» dijo la morena con voz ronca
«Cierto, cierto…» cedió Emma con media sonrisa, tirando el paño sobre la isla central, mientras que la morena cogía su muñeca y la arrastraba tras ella «Realmente has dicho "cariño"…wow…» continuó ella, casi impresionada por las palabras de la morena.
«¿Prefieres que te llame de otra manera?» preguntó Regina a mitad de las escaleras.
«Mmmm, no, creo que me acostumbraré rápido a esa apelación, aunque "Miss Swan" en tono autoritario no está carente de encanto…» dijo Emma llevándose un dedo a los labios en una pose pensativa.
Regina sonreía con todos los dientes, sabiendo que no tardaría en llamar a su compañera con un mogollón de apelativos o nombres, durante toda la noche…Incluso hasta casi la mañana. Una vez cerrada la puerta tras ella, Emma no pronunció una palabra cuando Regina la empujó hacia la cama y la desvistió con deseo y sonrisa depredadora. El calor de la excitación ascendía de manera fulgurante a medida que su Reina la besaba en sus mejillas, en sus labios, en su cuello…La pasión la embargaba. Había deseado tanto a esa mujer desde que finalmente había regresado, había tenido ideas pocos castas hacia Regina desde el momento en que finalmente había cedido a las ideas de su hijo sobre el tema. Ese pensamiento la había, en definitiva, torturado, se había enfermado intentando descolgar ese maldito teléfono, para llamarla…Pero toda palabra le parecía insuficiente, cada palabra que tenía en la mente le había parecido estúpida…y había renunciado. Renunciado hasta que ella estuvo ahí…tan cerca de nuevo.
Regina se dio cuenta, con asombro, de la pasividad de su nueva compañera, ahí echada, languideciendo bajo los besos que esta le ofrecía.
«Emma…» suspiró Regina para atraer a su amada a ella
Inclinó la cabeza intentando capturar la mirada esmeralda.
«Estoy aquí» respondió la rubia sonriéndole ligeramente
Agarró el rostro de su compañera entre sus dos manos y la besó con pasión. Regina respondió con la misma fogosidad, lamiendo los labios entreabiertos de su compañera, buscando enternecer el gesto. Emma, subyugada por la caricia de esos labios sobre los suyos, cerró los ojos, dejó que su Reina, su Regina tomara posesión de su boca, de su lengua, de su cuerpo.
La morena desabrocho botón a botón la blusa, movimientos perfectos se encadenaban, cada prenda de ropa acabó en el suelo, dejando a Emma vulnerable, desnuda y entregada en su cama. Cuando la rubia abrió los ojos, se deparó con dos retinas ardientes dirigidas hacia su cuerpo; el deseo que emanaba de la mirada de Regina la hizo estremecerse un poco, nadie la había mirado de esa forma tan intensa. Se sentía bien, cubierta por esa mirada.
Regina deslizo sus dedos sobre la piel de la rubia y se tomó su tiempo esta vez para descubrir y cartografiar la menor curva, memorizar cada lunar en la piel de la mujer abandonada a sus atenciones. Escuchaba cada suspiro de su entregada presa, se inclinó sobre la rubia y su boca reemplazó a sus dedos, besando la piel que se erizaba ante el contacto. Regina deslizó su mano sobre el abdomen de la rubia que sintió cómo su vientre se contraía de placer bajo el roce de la mujer morena, que ahora besaba y acariciaba su torso. La carnosa boca había capturado la cúspide de su seno, dominando la pálida piel de Emma, que se despertó al ser lamida, succionada hasta que un gemido se escapó de su propietaria. Emma escuchó una ligera risa divertida de su compañera, que segura de su efecto, entonces atacó su otro pecho, rozándolo con la palma de la mano, acariciándolo y frotando el pequeño botón rosa rígido por la excitación.
A continuación, después de otro beso aún más apasionado, donde la lengua de la morena fue ligeramente aspirada por su compañera, Regina realmente ya no podía más, deseaba alcanzar sus fines con la rubia, rápidamente, porque no estaba segura de aguantar más tiempo dada su excitación…Y al mismo tiempo no quería eso, quería que fuera lento, tierno, posesivo. Regina sabía perfectamente cómo debían ser las cosas, lo presentía, tenía la certitud de que Emma también quería lo mismo. Se sorprendió adivinando el deseo de la rubia y de ser la instigadora del más mínimo placer sentido por la Salvadora.
Dejó que sus instintos la guiaran, dejó que sus manos acariciaran, buscaran, que sus ojos alimentaran su imaginación, ya de por sí desbocada. Deslizó sus dedos entre las piernas desnudas, la blancura de la piel de su compañera la atraía, le gustaba ver las manchas rojizas en los hombros de Emma. La rubia abrió los ojos y miró, con toda la intensidad del deseo que le era posible transmitir en la mirada, a la otra mujer. Esa visión cortó la respiración de la morena. Emma separó lascivamente las piernas, atrayendo hacia ella a la que era el amor de su vida. En un primer momento, Regina se quedó sorprendida, y después de algunos segundos, se dejó hacer; la rubia la aprisionó entre sus piernas y la desvistió. Ella se deslizó a lo largo de todo el cuerpo de Emma y la sensación renovada de sus pieles tocándose era casi semejante a una quemadura que la recorriera entera, una placentera quemadura. Emma no deseaba sino una cosa, pertenecer enteramente a Regina, ser su cosa, su ser, su complemento, quería sentirla en todos lados, sobre ella y en ella. Deslizó su mano por los cabellos de la morena, jugando delicadamente con ellos. Ese gesto acabó por electrizar a la morena que se presionó contra la rubia, se sentía de nuevo Reina, Reina de un nuevo reino llamado Emma y que deseaba conquistar ardientemente. Dejó que su mano, y después sus dedos recorrieran la extensión de los muslos para perderse en el calor de la empapada intimidad de su Princesa. Regina acabó por morder ese hombro y su constelación roja para acallar sus propios gemidos; las piernas de Emma la mantenían con fuerza, mientras que las uñas de la rubia se hundían en la carne de su espalda, sin duda le quedarían marcas…Pero no le importaba. La posesión fue dulce y erótica, el ritmo de las dos mujeres se armonizó al cabo de los segundos, de los minutos…Minutos que pronto se hicieron horas sin que se dieran cuenta.
