Hola chicas. Gracias por la acogida que ha tenido este fic. Este es el último capítulo: OHHHHHHHHHHH. Jajajajaaja. Hay un dicho que dice "Lo bueno si breve dos veces bueno". En fin, espero que disfrutéis de este último capítulo. El próximo fic francés que empezaré a traducir es de la misma autoría que este, y se titulará Pasado perturbador, es mucho más largo (32 capítulos, creo) y mucho más turbio. Ah, y es AU.

Por cierto, las autoras del fic me han dicho que os agradezca todos los comentarios, ya que se los han leído todos y están muy contentas.

Un hermoso gesto.

Cuando Regina extendió el brazo hacia su compañera, se encontró a una Emma agitada y ya despierta, que parecía frotarse la muñeca frenéticamente. Cerró y abrió los ojos para descubrir a su rubia mirándose fijamente el brazo.

«¿Hay algo que te preocupa?» preguntó ella, jugando con los mechones rubios entre sus dedos, mientras que Emma la miraba sonriendo dulcemente

«Sí» respondió esta sin ambages.

«Te escucho, ya sabes, me has dicho que debíamos "co-mu-ni-car-nos", así que hagámoslo, ¿quieres?...» dijo la morena sonriendo, pero ligeramente inquieta por su compañera.

«Bueno, no quiero herirte, en fin…Es curiosa esta historia del tatuaje, quiero decir…en fin, ahora tengo un dichoso león en el brazo, no comprendo cómo ha podido pasar…» dijo Emma mirando su muñeca.

«Te gustaría tener una respuesta, Emma, pero no la tengo, yo tampoco lo entiendo, creo que la magia lleva a cabo extraños arreglos, en fin, yo no me quejo…»

«Ya, pero sin esto…Yo…Bueno…Quizás tú no me…habrías…»

«Stop, Emma. No, estaría igualmente contigo con o sin esta "cosa" tatuada en tu muñeca, no necesito de esto para saber que te amo. Aunque no hubiera aparecido, nuestro beso ha demostrado que yo no necesitaba esta "señal" que el destino podía haber forzado. ¡Forzado!…Porque yo te he amado desde hace mucho tiempo, lo que me faltaba era el valor…el valor de reconocer que las cosas eran más…complicadas y que te amo como nunca he amado a nadie…»

«¿Cómo?» preguntó al rubia, bastante emocionada por las palabras de Regina

«Como…Nunca amé a Robin ni a Daniel, Emma…Me siento totalmente sobrepasada por mis sentimientos…No puedo controlarlos y…no intento hacerlo»

Emma nunca habría podido creer que escucharía palabras tan claras sobre lo que la mujer que tenía delante sentía en ese momento. Era evidente que ella misma no había sabido hacer frente a parecidos sentimientos, poderosos y devastadores a la vez. La pasión había sido el miedo compartido, abandonarse a la otra, ser más vulnerable que nunca, eso había sido impensable para ambas…No habían tenido tiempo de medir cuánto se habían amado y se amarían todavía…Incluso después de siete años. Emma se sintió conmocionada por las palabras de la mujer que delante de ella se contenía para no llorar, quizás lágrimas de alegría, de temor o de reconocimiento. Agarró el brazo de Regina y la atrajo hacia ella, la morena se dejó hacer. Emma la besó con mucha pasión. Regina suspiró y rompió el beso.

«Sé quién podría decirnos la razón…en fin, ¿cómo ha sido posible?»

Emma miró con curiosidad a su compañera.

«Azul…Ella debe saber lo que ha pasado o al menos tener una pista…»

«OK…Pero ¿y si acabamos lo que habíamos empezado?» replicó la rubia con expresión traviesa.

«Emma…»

«¡Shhh!»

La rubia empujó a Regina hacia ella y se pasaron la mañana ente besos y caricias que despertaron de nuevo sus sentidos. La sensualidad del toque de Emma sobre el cuerpo de la morena acabó por hacer que se doblegara ante las dulces caricias de la otra mujer.


Más tarde, avanzada la mañana, las dos mujeres explicaron a su hijo que iban a ver a Azul. Él hizo una mueca, un poco desencantado.

«¿Por qué buscar explicaciones todavía? Estáis juntas, os habéis confesado vuestros sentimientos, ¿por qué complicar las cosas? Aún más…» suspiró él

«Henry…» dijo Regina «No buscamos complicar las cosas, solo no queremos más malas sorpresas, y creo que tu madre quiere estar tranquila sobre este asunto»

«Ya no quiero estar separada de Regina, de la forma que sea, conocemos nuestros sentimientos, pero no tenemos control sobre el destino o la magia…O lo que sea que decide y distribuye las cartas de manera aleatoria…»

«Lo entiendo mamá» dijo Henry poniendo su mano sobre el hombro de Emma «Busca la respuesta, pero piensa que, de todas maneras, incluso sin la aparición de ese tatuaje, mamá es tu "amor verdadero" y nada puede quitaros eso…»

«Lo sé» respondió la rubia sonriendo a su hijo

«Nos vemos en Granny's, ven con Emily, ¿ok?» dijo la morena

«Ok, madres, cuídense» dijo el moreno, dejando a sus madres en su búsqueda.


Azul sorbía su té y para ser sinceros, nada podía sacarla de la lectura en la que estaba inmersa, es decir, el libro de cuentas de su pequeña comunidad. Se sobresaltó cuando Regina y Emma hicieron aparición, apresadas, en el umbral de la puerta.

«¡Por Dios! ¿No podéis anunciaros como todo el mundo?»

«Sería necesario que sus queridas "hermanas" escucharan cuando tocan a la puerta, ¿aún no tienen la intención de poner un timbre?» replicó rápidamente Regina

«Eso dependerá de los fondos que tengamos este año» dijo Azul sonriendo

«Wow…ok, calma, todo el mundo, no estamos aquí para hablar de timbres o…de fondos» anunció la rubia

«Muy bien» dijo Azul aún impasible «¿Qué deseáis?»

«Respuestas» respondió honestamente la morena

«Las escucho» declaró la mujer mientras sentaba.

Emma se acercó al escritorio del hada y se levantó bruscamente la manga.

«Me gustaría comprender cómo esto ha podido aparecer así como así»

«¿Qué queréis que os diga exactamente?»

Regina suspiró, dejó el libro de su hijo sobre la mesa de la mujer y la abrió en una página concreta.

«Aquí, se ve que Robin tiene ese tatuaje, Tinkerbell me dijo claramente que se trataba de la persona que se me había prometido como mi Amor Verdadero»

«Ya veo. Bueno, debería estar contenta, al menos su elección…» dijo ella señalando a Emma con expresión casi despectiva «es la buena, el sacrificio de Robin no ha sido en vano»

«¿Qué?» gritó Emma

«¿Qué sacrificio?» preguntó Regina casi en el mismo tono

«Oh, no hay nada por lo que enfadarse, ese pobre chico vino a verme hace algunas semanas cuando usted…» dijo ella señalando con el dedo a Regina «…se marchó a buscar a Emma a Nueva York. Me dijo claramente que sufría por usted, por verla en la situación en la que la había metido, que no podía continuar así, que había hecho, de cierta manera, su elección, o al menos las cosas le habían caído encima, porque Marianne amenazaba con dejar la ciudad si él no tomaba una posición…Sin duda ante su ausencia, una oleada…de valor lo ha empujada a hacerme ese pedido»

«¿Qué pedido?» preguntó Regina casi de manera amenazadora

«Me pidió que borrara el tatuaje de su brazo. Le dije claramente que eso no era posible, que era necesario que usted albergara en su corazón a otra persona para ocupar su lugar…cosa que…bueno, ignoraba que fuera posible que vosotras dos fuerais…en fin, ya saben…»

«Entonces, ¿no lo borró?» preguntó Emma

«Sí» replicó Azul «Al final probé, él me pidió que comprobara si era posible saber, con el polvo de hadas, si él era el único y verdadero amor verdadero de Regina. Entonces acepté preguntarle al polvo y le pedí que volviera al día siguiente. Me preguntó si Regina tendría una posibilidad o no de ser feliz sin él. Yo le contesté afirmativamente. Me preguntó "¿Quién?", me negué a responderle, sonrió tristemente y extendió su brazo. Accedí a su petición. Le expliqué que con el tiempo las cosas se atenuarían, que mantendría el recuerdo de Regina, pero que los sentimientos se borrarían.

«Ya veo…» dijo la morena

La noticia la conmocionó, pero no tanto como habría podido hacerlo, visiblemente las cosas comenzaban a encauzarse.

«¿Entonces, de golpe, esta cosa aterrizó en mi brazo? Una pequeña pregunta…¿Hay una lista de espera para convertirse en el amor verdadero de Regina?»

Esta última miró a la rubia completamente estupefacta.

«No, porque comienzo a estar harta de eso y de su magia sin corazón» retomó Emma «me gustaría saber si soy un número en una lista o si hay otro tipo o chica que ocupará el puesto si esto no funcionara. Si ese maldito libro se divierte jugando con nuestras vidas, va a acabar en el fuego»

La rubia estaba casi fuera de sí, pero se contenía, una de las razones por las que se habían ido de Storybrooke era esa, la magia le había complicado la existencia y tenía de nuevo la impresión de convertirse en un personaje, antes que en un ser vivo con la capacidad de hacer sus propias elecciones.

«No» dijo firmemente Azul «Es muy raro tener una vida tan larga como la de Regina y trascender un reino por una maldición, lo que explica que ella tenga más posibilidades de encontrar a alguien. No hay azar, Miss Swan, el libro se escribe a medida que las personas viven y lo llenan con sus emociones, es el testigo y el único lazo con la magia, puede destruirlo si quiere, pero…la magia continuará para siempre actuando para que los corazones solitarios encuentren el amor»

«Claro, por supuesto, dicho así, en fin…» resopló Emma

Cogió el libro de Henry y se giró hacia la morena.

«Emma…vayámonos de aquí, ¿quieres?» dijo Regina cogiendo la mano de su compañera, después se giró y se dirigió a Azul «No quiero que intervengáis más en mi vida sin preguntármelo, deseo que no aceptéis más este tipo de cosas y os prohíbo que borréis el tatuaje de Emma…»

La voz de Regina tenía una entonación que recordaba mucho a la ex Reina Malvada.

«Ni se me pasaría por la cabeza» respondió Azul mientras se volvía a servir una taza de té.

Emma siguió a su reina en cólera o al menos lo hacía creer, porque en realidad estaba aliviada por el hecho de que nunca más nada se interpondría entre ellas. Las dos desaparecieron, regresando con su familia al Granny's.

Cuando Azul volvía a sus cuentas, una sombra hizo su aparición cerca de ella.

«¿Tampoco usted sabe llamar a la puerta?» preguntó ella

«No se lo ha dicho todo» respondió Lumière

«No, no creo que sea muy necesario ahora»

«Provocar agujeros en la nueva maldición de abertura de su ciudad para hacer volver a Emma, empujar a Regina para que fuera a buscarla…con sus respectivos esfuerzos, ¿qué gana en realidad usted, Azul?» preguntó el hombre apoyado en la pared.

«Esta ciudad nunca se abrirá totalmente al otro mundo, no sería juicioso y mientras tenga algo que decir en esto, así será»

«Ha saboteado deliberadamente este proyecto»

«La realidad es que tenemos una gran demanda de personas que quieren venir a Storybrooke, aunque hay otras que desean irse. Parece que esta ciudad se ha convertido en símbolo de posibles redenciones…No puedo hacer nada contra eso y no lo deseo, por el contrario la magia de nuestro mundo debe quedarse aquí. El otro mundo se volvería mucho más violento si aliamos tecnología y magia. Lo anunciaré en la próxima reunión del ayuntamiento»

«Ya veo, lo hace para proteger a la comunidad»

«Lo ha comprendido todo»

«Pero si Emma no hubiera seguido a Regina, ¿qué hubiera pasado?»

«Siempre he sabido que estaban unidas, que el destino de ambas, hicieran lo que hicieran…las reuniría, ignoraba en su momento en qué medida. Cuando pregunté al polvo de hadas por Robin, tuve la certeza de que había hecho bien»

El hada esbozó una sonrisa y cerró su libro. Lumière le devolvió la sonrisa y miró por la ventaba.

«Una pequeña ciudad tranquila»

«Haremos de todo para que así sea» replicó suavemente Azul.


Algunos días más tarde, Robin anunció a todos su marcha a Nueva York con su mujer y su hijo. Todos le desearon buena suerte. Ninguna palabra fue intercambiada con Regina o Emma, cada uno guardaba las distancias. Sin embargo, cuando Robin quiso traspasar la línea, Emma se dirigió a él, dándole las llaves de su apartamento, ella le explicó brevemente que sería para él un lugar sereno para acostumbrase a la ciudad y encontrar un nuevo comienzo. El hombre la miró y le agradeció discretamente con una sonrisa y un movimiento de cabeza. Regina le dio una sonrisa discreta, ella se había quedado cerca del coche amarillo. La pareja se alejó y atravesó la línea, dejando a los pocos habitantes al otro lado, con sus preguntas o su alivio. Emma entró en su coche y ajustó el retrovisor.

«¿Remordimientos?» le preguntó a Regina

«Ninguno» respondió la morena con toda sinceridad.

La rubia no percibió ni dudas ni mentiras en la respuesta de la morena. Posó su mano sobre la de su mujer antes de meter la primera.

«Volvamos a casa»

«Buena idea. Dime, ¿a Emily le gusta la tarda de manzana?»

Emma sonrió sacudiendo la cabeza

«¿Qué? ¡Le pondré canela si quieres!»

«Mientras sea canela» dijo riendo la rubia

«¡Idiota!» dijo la morena golpeando el brazo de su compañera

El coche amarillo se alejó en dirección al centro de la ciudad de Storybrooke. Número de habitantes incierto, pero los extranjeros son bienvenidos.

FIN